A CAMINO ENTRE LA LUZ Y LA OSCURIDAD: EL ORIGEN DE CAPA Y PUÑAL

A principios de los años ochenta, el tráfico de drogas en Estados Unidos alcanzó la categoría de epidemia. La cocaína se abarató un ochenta por ciento, lo que facilitó su acceso a las clases marginadas de las grandes ciudades, mientras que los excedentes eran reciclados para dar lugar a una nueva sustancia, el crack, que podía adquirirse por apenas dos dólares y medio. Las calles se llenaron de yonquis y las familias de muertos, cundió la inseguridad ciudadana y los medios de comunicación lanzaron alarmistas mensajes que alcanzaron a toda la población. En paralelo, en la cultura popular, en los cómics de Marvel, irrumpieron dos personajes que nacían de esa ebullición: Capa y Puñal.

 

Bill Mantlo fue el guionista machaca por antonomasia de Marvel durante toda la primera parte de su carrera. Todoterreno capaz de componer historias competentes en tiempo récord, por sus manos pasó la plana mayor de los iconos de la editorial en algún momento dado, junto a los personajes que no quería nadie. Lo mismo se encargaba de Hulk, Iron Man o Spiderman que asumía la difícil tarea de dar trasfondo e interés a licencias jugueteras compradas por la editorial, como Rom o Los Micronautas, o firmaba decenas de números de relleno. Era prolífico, era rápido, era correctísimo y la chavalería disfrutaba de sus historias sin que llegaran a alcanzar la categoría de brillantes, encuadradas en la más pura ortodoxia superheroica.

 

Asentada su carrera, sin embargo, agudizó su narrativa y se atrevió a abordar temas que le preocupaban de manera personal. En la colección secundaria de Spiderman, mientras hacía vibrantes sagas en las que el trepamuros se enfrentaba contra Electro o el Doctor Octopus, introdujo pequeños capítulos que abordaban problemas del mundo real, como la facilidad con la que podía comprarse un arma en Estados Unidos, el vigilantismo ciudadano o el tráfico de estupefacientes. Sus protagonistas eran siempre individuos marginales, que se escurrían por las fisuras del sistema o habían sido injustamente tratados por él, cuando no se habían convertido en sus víctimas.

Fue en esa época en la que creó a Capa y Puñal, un concepto que aunaba este último tema, el empobrecimiento de la infancia y la fuga de adolescentes de su casa. Se trataba de dos adolescentes, Ty Johnson y Tandy Bowen, el primero de raza negra y extracción humilde, la segunda blanca y nacida en una familia adinerada, que se habían fugado de casa y acababan en manos de las mafias del narcotráfico. Los experimentos con drogas que llevaban a cabo con ellos les transformaban en superhumanos, pero siguiendo la tradición atormentada que abanderaban los mutantes por aquel entonces, o el propio Spidey desde dos décadas antes, esos poderes no suponían sino una maldición para ellos, además de acarrear una dependencia el uno del otro, lo que no era sino una bastante explícita metáfora acerca de la adicción que causaban las drogas.

Resueltos a que otros escaparan a su destino, Capa y Puñal atacaban a los narcos, pero también a los adictos, que caían en una insondable oscuridad al enfrentarse a él o alcanzaban la purificación tras sufrir los puñales de ella. Donde la prensa y la policía veía a dos nuevos individuos tomándose la justicia por su mano, Spiderman contemplaba a un par de chiquillos que necesitaban ayuda. En el proceso, el lector del trepamuros, en su mayor parte adolescente, contemplaba escenarios, personajes y actitudes que no solían ser propias del entorno del Hombre Araña: callejones cubiertos de basura, vagones de metro cubiertos de pintadas, edificios abandonados, menudeo de drogas… eran cómics duros, que mostraban la cara más terrible de América y que nunca terminaban con un final feliz.

 

 

El debut de la pareja se produjo en Peter Parker, The Spectacular Spider-Man #64 USA (1982). Como expresó el autor en un artículo publicado en la revista oficial Marvel Age, era el resultado de un largo paseo impulsado por un bloqueo literario, que le llevó hasta la Isla de Ellis, la cual había servido de puerta de entrega a Estados Unidos para millones de inmigrantes, entre ellos sus propios abuelos. “Capa y Puñal vinieron a mí”, explicaba Mantlo, “Llegaron de noche, cuando todo estaba en silencio y mi mente estaba en blanco. Llegaron completos, definidos con sus poderes y atributos, su origen y sus motivaciones. Estaban llenos de ese miedo y miseria, hambre e impotencia que me había asustado en la Isla de Ellis. Escribí el guión y, al día siguiente, llamé a Tom DeFalco. ‘Escucha’, dije, ‘acabo de terminar la mejor historia que he escrito nunca’. No estaba impresionado. Hasta que la leyó. La reacción de Ed Hannigan fue similar. Me alegro de que fuera Ed quien dibujó mi trabajo. Los primeros bocetos atraparon el sentido de los personajes y lo que trataba de expresar en el guión. Por su visualización y por el impulso creativo que imprimió al diseño de Capa y Puñal, Ed Hannigan será siempre acreditado como cocreador de los personajes. Se lo merece”.

Con Capa y Puñal, llegaba a La Casa de las Ideas una nueva generación de vigilantes callejeros, producto de la década de los ochenta, en que la heroína arrasaba los barrios marginales de las grandes urbes, como El Castigador había sido fruto de la Guerra de Vietnam. La crudeza, autenticidad y dramatismo de la pareja caló entre los lectores, mientras que Mantlo permaneció enamorado del concepto. Tras su excelente debut, en forma de historia completa y cerrada de apenas un único número, Capa y Puñal regresaron unos pocos meses después, en los Spectacular #69 y 70 USA (1982), para entrar en conflicto con el mundo del héroe y atacar a uno de sus más olvidados villanos, Cabello de Plata, que llevaba largo tiempo sin aparecer. Una tercera aventura involucró a la pareja de vigilantes, en Spectacular #81 y 82 USA (1983), esta vez envueltos en la caza de una pieza mayor, nada menos que Kingpin, mientras que El Castigador, también entraba en escena, en un ejercicio con el que Mantlo estableció diferencias con la pareja de adolescentes. Mientras El Castigador se significaba como un despiadado asesino más allá de toda redención, Capa y Puñal seguían siendo, a ojos de Spiderman, dos niños necesitados de cariño, perdidos, víctimas de su destino y que todavía podían salvarse.

Antes de que acabara 1983, Mantlo continuó la saga de Capa y Puñal en una fascinante serie limitada de cuatro números, ya sin Spiderman y con Rick Leonardi como dibujante, ante la imposibilidad de que Hannigan pudiera abordar el proyecto. La miniserie dotaba a los protagonistas de individualidad, más allá del entorno arácnido, a la par que construía su universo de secundarios y recontaba el origen de la pareja, de cara a aquellos que no lo hubieran leído en Spectacular. El de las miniseries era un formato en alza dentro de Marvel. Había comenzado a emplearse apenas un año antes, a mediados de 1982, y desde entonces se había popularizado de cara a lanzar historias cerradas de héroes que, en un principio, no podían sostener una colección abierta por sí mismos, o como método para sondear el mercado de cara a la posterior cabecera sin fecha de finalización.

 

Rick Leonardi también estuvo presente, junto a Tony Salmons, en un largo número de la revista Marvel Fanfare, que editaba Milgrom, y que vino a extender el interés hacia el dúo protagonista. A su vez, Capa y Puñal continuaron siendo habituales en Spectacular, pasaron por las páginas de Power Pack y Chris Claremont y Bill Sienkiewicz los tomaron prestados para una aventura de The New Mutants que amplió aún más su público potencial. Apenas unos meses después de esto último, a mediados de 1985, estrenaron por fin su título abierto, de nuevo con Mantlo y Leonardi al frente. Su empuje comercial no fue, por desgracia, el esperado, y la colección cerró tras once entregas bimestrales, antes de reciclarse en una nueva cabecera, Strange Tales, donde compartió espacio con el Doctor Extraño, y una tercera colección, de nuevo en solitario, pero con el significativo título de “The Mutant Misadventures of Cloak And Dagger” (Las desventuras mutantes de Capa y Puñal), que trataba de explotar la pertenencia de la pareja al Homo superior. Para entonces Bill Mantlo y Rick Leonardi hacía mucho tiempo que no estaban presentes, los años noventa habían llegado y estos personajes parecían, en definitiva, un recuerdo de otro tiempo.

Con todas las circunstancias adversas, a través de apariciones especiales aquí y allá, algún especial voluntarioso, miniseries ligadas a eventos puntuales y larguísimas ausencias, Capa y Puñal han llegado hasta la actualidad, para transmutarse incluso en teleserie. Bien metidos en el siglo XXI, estamos ante un concepto que muy pocos conocen, pero quienes lo hacen guardan un inmenso cariño hacia este dúo de contrastes y contradicciones, noble representante de aquella época en que el cómic de superhéroes daba tímidos pasos a la búsqueda de ese otro público y esas otras historias que acabó encontrando no mucho más tarde. Por eso es buen momento para (re)descubrir tanto el debut de Capa y Puñal como aquella mítica miniserie, por no hablar de su especial en Marvel Fanfare, hasta ahora inédito en España. Además de un perfecto medio de acercamiento a sus protagonistas, estas páginas siguen suponiendo una sugestiva lectura que, tanto tiempo después, mantiene su fuerza y vigencia.

 

artículo originalmente aparecido en 100 % Marvel HC. Capa y Puñal: sombras y luz

UNIVERSO VENENO: EL NOMBRE QUE ENVENENA NUESTROS SUEÑOS

En el principio, Spiderman era algo único. ¿Un adolescente superhéroe, preocupado por problemas económicos y sentimentales, que solía ser derrotado muy a menudo? No se le había ocurrido a nadie, hasta que llegaron Stan Lee y Steve Ditko. Y a la gente le apasionó. Tanto, que no tardaron en surgir versiones del concepto, ya fuera libres o literales. Se dice que el fracaso es huérfano, pero que el éxito tiene muchos padres, pero lo cierto es que, en el mundo del cómic, lo que el éxito suele tener es muchos hijos. O, lo que es lo mismo, muchos personajes derivados. El Hombre Araña cuenta con tantos que, en 2015, en Marvel montaron “Universo Spiderman”, una saga en la que aparecían todos ellos… ¡y salieron más de cuarenta, sólo con los personajes protagonistas y sin tener en cuenta todos los que estaban de fondo!

Hubo un tiempo en que Veneno también era único. Los que estábamos allí podemos dar testimonio de ello. La década de los ochenta agonizaba y en el horizonte imaginábamos algo diferente en los cómics. Spiderman se acababa de casar con Mary Jane y había un nuevo dibujante en Amazing, Todd McFarlane, que nos dejó clavados al asiento nada más contemplábamos sus páginas. Hacía un Spidey alucinante, retorcido y muy detallista, pero no era lo único: rompía las viñetas, buscaba perspectivas que te dejaban con la boca abierta, dedicaba páginas enteras a enseñar al trepamuros saltando por los tejados de Nueva York, y además su Mary Jane estaba tremenda, lo cual tiene su importancia cuando apenas sumas catorce años y te dicen que lees demasiados tebeos.

 

Y entonces… llegó el villano que anunciaba esa ansiada modernidad. Llegó Veneno. Era el malo de The Amazing Spider-Man #300 USA (1988), uno que no habíamos visto antes, lo cual ya era de por sí bastante llamativo. Un número tan redondo de la principal serie arácnida hubiera merecido de un Doctor Octopus, de un Duende (El Duende Verde estaba muerto en aquel tiempo y era una época en que en Marvel todavía se tomaban la muerte casi en serio), quizás de un Lagarto, de un Buitre o incluso de un Camaleón, por aquello de tratarse de un número conmemorativo y que El Camaleón fuera el primer villano al que hiciera frente el trepamuros, pero… ¿alguien nuevo?

 

Sólo que Veneno no era del todo nuevo. Su traje ya lo conocíamos. Era el simbionte alienígena que se trajera Spidey de las Secret Wars, y que ahora se había asociado con una mala bestia hipermusculada con buenos motivos para odiar al trepamuros, ya que le había desacreditado al desenmascarar al Comepecados. ¿Sabes? Habíamos leído todas esas historias de las que partía el personaje de Veneno, pero sin embargo seguimos viéndolo como algo distinto. ¿Por qué? Pues porque nunca antes se habían combinado tantas circunstancias inéditas a la hora de presentar una amenaza para Spidey. Apunta: sabía quién se encontraba bajo la máscara del trepamuros, recordaba a él y disponía de la mayoría de sus poderes, pero era mucho más corpulento, y paseaba la actitud de un auténtico hijo de perra. Octopus tenía sus planes de dominación, El Buitre robaba bancos y El Lagarto quería repoblar la Tierra con lagartitos, pero Veneno… sólo quería aplastar a esa maldita araña, y entonces sería feliz. ¿Hay algo que dé más miedo?

 

No, no había nada comparable a Veneno, sólo detalles que habíamos visto aquí y allá, en otros personajes. El simbionte con unas gotitas del propio Spidey, un puñadito de Juggernaut, un poco de Hulk… Nos atrapó desde aquel Amazing 300 USA, y atrapó a tantos aficionados que, a partir de ese momento, sus apariciones eran las más celebradas de todas. Sólo que más pronto que tarde… se empezaron a hacer repetitivas. Cada regreso del personaje seguía el mismo esquema, y a Michelinie y Todd McFarlane primero y Erik Larsen después se les agotaron las maneras de sacar a Veneno y que pareciera algo distinto a la anterior ocasión. Para entonces, el personaje era tan popular que en Marvel decidieron darle miniseries, en las que estaba un poco descafeinado, porque ya no le dejaban ser tan hijo de perra como en sus batallas contra el trepamuros.

 

¿Sabes lo que hicieron en ese momento? Se sacaron a “otro” Veneno de la manga, uno todavía más bestia, asesino y brutal que Eddie Brock. Se llamaba Matanza, estaba inspirado por el Anibal Lecter de El silencio de los corderos y volvió a flipar a la peña. Hasta hicieron una macroaventura con él, y después un videojuego. Pero Matanza no era suficiente, así que detrás llegó todo un planeta de simbiontes, y más tarde Toxina, y más tarde el simbionte estuvo sin huésped y más tarde empezó a pasar de mano en mano. En algún momento u otro, estuvo ligado a Angelo Fortunato, Mac Gargan, Flash Thompson y Lee Price, antes de regresar con Eddie Brock.

 

Treinta años después del nacimiento de Veneno la obviedad salta a la vista: nos hemos hecho viejos. Pero el Protector Letal está en plena forma. Marvel ha reivindicado la vigencia y la fortaleza del personaje de la mejor manera que podía haber hecho, devolviéndonos al Veneno original que tan buenos momentos nos diera tres décadas en el pasado, y que todavía hoy en día nos recuerda ese escalofrío que tuvimos la primera vez que lo contemplamos con nuestros ojos. ¿Sabes qué? La memoria también hace que el tedio progresivo posterior sea un recuerdo vago. Nos quedamos con la parte buena y menospreciamos la mala. Queremos volver a disfrutar de Eddie como Veneno. No hay otro como él.

 

Esta aventura, con la que se celebran esos treinta años en los que vivimos cubiertos por la brea negrísima de Veneno, nos recuerda la exclusividad de Eddie Brock de una manera un tanto paradójica: mostrando lo que ocurre cuando éste viaja a un mundo donde se han reunido un montón de Venenos para luchar contra una amenaza común. Ahí están, claro, todos esos Venenos que hemos conocido a lo largo de este tiempo, pero también otros que nunca antes se habían presentado. Y es entre sus iguales donde Eddie se alza como el primero y mejor de todos. Nos recuerda por qué nos quedamos con él antes que con cualquier otra versión, por más que Gargan fuera un serial killer de pesadilla, o por más que empatizáramos con Flash Thompson, o por más que nos cause tanto desasosiego un Peter Parker que nunca logró desembarazarse del simbionte. Ay, Eddie es como el primer amor, y aunque podamos tener una cita como ésta, en la que quedamos con todas las otras chicas con la que alguna vez estuvimos, el primer amor envenena nuestros sueños más que ningún otro.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Universo Veneno

SPIDEY: TU SPIDERMAN

Seguro que sabes que Spiderman fue creado por Stan Lee, ¿verdad? Pero a lo mejor, si no eres lector habitual de cómics, nadie te ha contado que el dibujante Steve Ditko fue también fundamental para la concepción del Mejor Personaje de Ficción Jamás Creado. Esto último es una verdad tan indiscutible que debe ponerse en mayúsculas, y por eso lo hemos hecho.

 

Lo que quizás no sepas es que el primer cómic en el que apareció Spidey se publicó en Estados Unidos… ¡en 1962! No es que no hubieras nacido en aquel entonces, es que ni siquiera había nacido yo, que a carroza no me gana ni la de La Cenicienta. En 1962 no había tele a color, ni Internet, ni pelis de superhéroes, ni móviles, ni videojuegos de ningún tipo. El mundo era totalmente distinto al que existe ahora. Era habitual que un chico de dieciséis años vistiera con corbata. Que los adultos llevaran sombrero y miraran con condescendencia a los adolescentes. Spiderman desafiaba aquello y, nada más llegar, triunfó. ¿Sabes por qué? Pues porque supo dar voz a sus lectores, hablarles de tú a tú, ser un superhéroe con el que pudieran identificarse de verdad. Porque las cosas que a ellos les pasaban eran muy parecidas a las que sufría Peter Parker… ¡y a veces incluso a Peter le iba peor que a ellos! Sí, la generación de “la década prodigiosa” se entregó en cuerpo y alma al trepamuros. ¡Era tan popular como el Che o como Bob Dylan! ¿No te suenan? ¡googlea!

 

Desde entonces, y a lo largo de todas las décadas que han pasado desde entonces, muchas otras generaciones han conectado con, repetimos, por si no te había quedado claro la primera vez, el Mejor Personaje de Ficción Jamás Creado. La manera de llegar al trepamuros no siempre es a través de la versión original del personaje, aquélla que empezó en 1962 y que todavía sigue adelante hoy en día, con un Peter Parker convertido en empresario de éxito y bien metido en la treintena: un Spiderman que dejó muy atrás sus días de aprendizaje.

 

Los hay que conocieron a ese Hombre Araña primordial por cualquiera de las series de dibujos animados con las que ha contado el personaje. Ha habido un montón, desde la primera, que era muy sencillota y que hoy probablemente provocaría que te cayeras de espaldas, pero que a mí me pilló bien pillado, porque nunca había visto a Spiderman en movimiento, hasta la actual Ultimate Spider-Man, ésa en la que hacen un montón de chistes con versiones chibi del héroe, sin olvidar un extrañísimo show de los ochenta, en que el trepamuros compartía protagonismo y casa con otros dos héroes, El Hombre de Hielo y Estrella de Fuego, o la teleserie de los años noventa, que fue una fábrica de seguidores para Spidey como pocas. Y claro, los hay que su primer contacto con el trepamuros vino a través de cine: ¿Tú de quién eres, de Tobey Maguire o de Andrew Garfield? ¿Quizás de Tom Holland? ¿Hay alguien en la sala que sea de Nicholas Hammond? ¿No? Ya me figuraba. Actores muy distintos entre ellos. Más jóvenes o más mayores. Más guapos o más del montón. Y todos fueron Peter Parker, y quizás nunca dejen de serlo, aunque lleguen a cumplir los cien años.

 

Todo esto que te cuento también vale para los tebeos. Hace tres lustros, Marvel lanzó la “versión Ultimate” del trepamuros, y fue uno de los mayores éxitos de su historia. ¿Y sabes que éste no es el primer cómic en titularse Spidey? Entre 1974 y 1982, Marvel, en colaboración con el programa de televisión The Electric Company, publicó Spidey Super Stories, un tebeo orientado a que los más jóvenes se aficionaran a la lectura, en el que se ofrecían pequeñas historias del trepamuros elaboradas por expertos en pedagogía. Quizás ninguno de los relatos publicados allí llegara a la categoría de legendario, si bien solían ser bastante divertidos, pero muchos de sus compradores pasaron luego a leer las aventuras “canónicas” del lanzarredes, y a sumergirse en toda la complejidad de su rico mundo.

 

Y es así como llegamos al moderno Spidey.

 

Por lo que hemos comentado hasta aquí, seguro que ya conocías al Hombre Araña con anterioridad, ¿verdad? Pero con este cómic la factoría de Stan Lee se propone que descubras lo motivos que le hacen un personaje tan genial. Para ello, propone regresar a los días en los que Peter Parker estaba en la escuela secundaria, acababa de picarle la araña radiactiva y aprendía cómo ser un buen superhéroe. Bajo ese planteamiento, el hábil guionista Robbie Thompson nos narra historias extraordinariamente divertidas, que juegan a imaginar las andanzas de Pete en la actualidad. No es necesario que sepas mucho más, y de hecho, cuando después de leer estas aventuras te decidas a saltar a la versión central de Spiderman (porque no dudamos que vas a hacerlo), podrás comprobar que Thompson ha introducido unas cuantas diferencias en su visión del arácnido. No estamos ante tebeos que pudieran ser insertados entre las viejas historias de Stan Lee y Steve Ditko, sino frente a una curiosa fórmula en la que se mezclan aspectos de aquéllas, detalles de Ultimate Spiderman, hallazgos de las películas, porque Gwen nunca fue al instituto con Peter, etc… ¡siempre que mole, aquí lo encontrarás!

 

Enseguida te dejo que abandones estas aburridas palabras y pases a maravillarte con el cómic, pero antes quiero llamar tu atención sobre los dos artistas que lo ilustran, muy distintos entre ellos, pero capaces de dejarte con la boca abierta, por motivos también diferentes. El primero se llama Nick Bradshaw, y acomete la mitad del tomo. Fíjate detenidamente en su estilo. Nick es un loco de los pequeños detalles. Sus páginas están llenos de ellos: la arquitectura, la ropa, las facciones de los personajes, los trajes de héroes y villanos, las multitudes… el dibujante siempre toma el camino más largo, y además coloca el punto de vista de manera que produzca las viñetas más espectaculares que te puedas encontrar. En Estados Unidos, quedaron tan fascinados que ofrecieron una edición especial de estos tres números, a tamaño gigante, para que los lectores se pudieran recrear en cada escena. ¡No descartes que en España también acabemos haciéndolo!

 

A continuación, entra André Lima Araújo, con un estilo de cierta raigambre europea, algo inusual en el campo de los superhéroes. Araújo pone el acento en los elementos más extraños del héroe y su mundo, a la vez que lo humaniza. Atención a las ropas, a las texturas, a las posturas, no sólo de Spidey, sino de casi cualquier individuo que te encuentres aquí: parece como si el dibujante estuviera fotografiando la realidad. Detente también un momento a observar la manera en la que estructura las páginas. Algunas veces cuenta una historia por sí misma, otras te obliga a dirigir tu mirada por la plancha como si fuera un pinball y hay ocasiones en las que consigue clavar ambos hallazgos. No te quedes sólo en las extrañas formas de sus protagonistas: deja que conduzca tu mirada a través del papel, como si estuvieras balanceándote junto a Spidey.

 

Hay muchas maneras de mirar a Spiderman. Cada lector, cada generación, puede tener la suya propia, y cuando pasan los años, esos aficionados siempre miran con cariño a ese primer momento en que quedaron atrapados por el trepamuros. Ojalá este sea tu Spiderman. Ojalá te fascine tanto como me fascinó a mí, hace más tiempo del que quiero recordar. Ojalá te acompañe nuestro héroe a partir de este momento. Porque entonces Peter Parker será, para siempre, uno más entre tus mejores amigos.

 

Artículo publicado originalmente en 100 % Marvel. Spidey nº 1: Primer día

 

EL PRÓLOGO DE UNIVERSO VENENO: UN SIMBIONTE COMBINA CON TODO

Las digresiones en el Universo Marvel no suelen durar mucho tiempo. Sabemos que Steve Rogers siempre volverá a ser el Capitán América, que Los 4 Fantásticos son los inquilinos naturales del Edificio Baxter, que Daredevil patrulla las calles de La Cocina del Infierno o que Lobezno es el mejor en lo que hace. Puede que durante una temporada esas circunstancias cambien, a favor de situaciones nunca antes vistas, que sirvan para alentar el interés de los lectores y animar el escenario, pero en La Casa de las Ideas rigen las leyes de la química por las que los elementos tienden recuperar su estructura natural, por mucho que se vean alterados durante un espacio acotado de tiempo.

 

¿Cuál es el estado natural de cada uno de los iconos que conforman el Universo Marvel? El que esté aceptado por la inmensa mayoría de público. No se puede luchar contra eso, así que no debería sorprenderte que Peter Parker vuelva a estar sin blanca, después de una temporada al frente de una multinacional tecnológica, que Tony Stark se prepara para volver a calzarse su armadura o que los mutantes vuelvan a ser perseguidos y odiados por el mundo al que prometieron proteger. Mientras tanto, todos ellos han pasado por momentos interesantes en sus vidas, como esa vez que hiciste aquello tan loco… que no podía durar demasiado.

 

El caso de Veneno no es diferente al de los demás. Porque nos dicen Veneno y nos viene, como un resorte, la imagen arquetípica que construyeran David Michelinie y Todd McFarlane para aliñar el The Amazing Spider-Man #300 USA (1988. Marvel Héroes. El Asombroso Spiderman: La leyenda empieza de nuevo). El impacto que tuvo el personaje en aquel momento fue tan enorme que los fans siempre desean recuperar el escalofrío que supuso darse de bruces con aquel enemigo imponente y aterrador. Por eso, y pese a que Veneno sea en su planteamiento una creación muy limitada, con una enorme descompensación entre lo carismático de la imagen y la simpleza de Eddie Brock, todo fanboy quiere recuperar aquella electrizante primera impresión que sintió al leer su debut. Los guionistas han intentado evolucionar sobre el punto de partida, y ahí están ante un concepto muy sencillo de alterar: basta que el simbionte alienígena pase a otras manos para encontrarnos a un Veneno diferente. Es así como hemos tenido desde versiones extremas del original, como es el Veneno que encarnara Mac Gargan, hasta interpretaciones benévolas, como fue la del Agente Veneno, pero una vez que el público lo ha probado todo, Marvel acaba volviendo a la casilla de salida: al Protector Letal.

 

En el trigésimo aniversario del nacimiento de Veneno, y después de tantas variaciones como las que hemos conocido en lo que va de siglo, en el Bullpen han pulsado ya la tecla que conduce a los fundamentos. Ahora hay una nueva colección abierta con intenciones de evocar al Veneno de los tiempos de Michelinie y McFarlane, al tiempo que se preparan diversos encuentros con populares superhéroes. Toda esa efervescencia tiene lugar en el año en que se estrenará la primera película del personaje, un hito con el que ojalá se olvide el mal sabor de boca que dejó su encarnación en Spider-Man 3. Ante la cercanía del blockbuster, Marvel Comics ha propiciado un conjunto de celebraciones, y “Universo Veneno” representa la siguiente de ellas.

 

Esta saga, como ya se avanza en el título, busca representar para el Protector Letal lo mismo que significara “Universo Spiderman” para el trepamuros: una gran aventura con la que volver a colocar el foco sobre el personaje. El entusiasmo del editor Devin Lewis llega al punto de calificarla como “¡La aventura de Veneno más grande de todos los tiempos!”, y a establecer una curiosa analogía: “Si ‘Universo Spiderman’ era el Salvad al soldado Ryan de Spidey, ‘Universo Veneno’ será La jungla de cristal de Veneno”. Como en la saga arácnida previa, este microevento juega a la ópera coral y a poner sobre el papel las que bien podrían ser las ocurrencias delirantes de un apasionado fanboy. Después de todo, “Universo Spiderman” ya representaba el sueño de infancia de un true believer de pura cepa llamado Dan Slott. Allí el tema recurrente era el de las versiones del Hombre Araña y aquí la diversidad de individuos a los que se puede ver ligado el simbionte alienígena. En el fondo, el concepto es el mismo: montar una fiesta alrededor de un montón de variantes del mismo personaje famoso.

 

Como es evidente, el destino del Veneno original es el de encontrarse en el camino de ese infinito número de contrapartidas y que todos se unan para hacer frente a un enemigo común. Los Herederos ya no están disponibles, pero en su lugar tenemos a una nueva y misteriosa especie cuya ferocidad haría palidecer al clan de Morlum. Como ocurriera en “Universo Spiderman”, el prólogo de la aventura consiste en un puñado de especiales en los que se nos presenta a algunas de las más representativas encarnaciones. Como ya avanzábamos al comienzo de este artículo, la filosofía de la historia viene a decirnos que los simbiontes son la mejor prenda con la que vestir, porque todo el mundo consigue que le combinen bien, aunque los responsables de “Universo Veneno” han elegido fundamentalmente a personajes caracterizados por su amor por la violencia. Lobezna, Masacre-Gwen, el Piloto Fantasma, El Viejo Logan, Masacre… Los distintos especiales se lo reparten entre autores consagrados, tan interesantes como Matthew Rosenberg, Roland Boschi o Simon Spurrier, y algunos de los que no teníamos noticia hasta este proyecto. Todos ellos nos ayudan a calentar motores para el espectáculo que nos aguarda en la saga propiamente dicha. Ey, ¿te has fijado en ese pringue negro que ha empezado a salir por todas partes? No, no son hilillos de plastilina.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Universo Veneno. Prólogo

PACTO INTERGENERACIONAL: MARVEL ANTE EL RETO DEL LEGADO

Desde los tiempos de Marvel Now! hasta la actualidad, La Casa de las Ideas se ha atrevido a potenciar un conjunto de nuevos personajes derivados de algunos de sus más clásicos y respetados iconos. El objetivo no era, en absoluto, sustituir a Thor, Hulk o el Capitán América, sino introducir jóvenes héroes que conectaran con la diversidad, complejidad y riqueza del siglo XXI. Desde La Antorcha Humana de Los 4 Fantásticos hasta La Patrulla-X de la Segunda Génesis, desde James Rhodes en el papel de Iron Man a Ben Reilly como Spiderman, la editorial siempre ha buscado dar continuidad a sus personajes mediante versiones puestas al día de los mismos que, en muchas ocasiones, ponían el acento en minorías étnicas. La fuerza centrífuga del Universo Marvel termina por colocar las cosas en su sitio y tras “Imperio Secreto” ese momento parece haber llegado: Con Marvel Legacy, ha llegado la hora del back to the basics, y una pregunta resuena en el ambiente. ¿Seguirán adelante esos nuevos héroes, como Kamala Khan, Miles Morales, Riri Williams o Amadeus Cho, o por contra caerán en el olvido?

Generaciones es un proyecto inusual. Lo podemos definir por lo que es, un conjunto de especiales autoconclusivos en que los héroes de legado entran en contacto con sus respectivas contrapartidas adultas en un momento del pasado de éstas, pero también por lo que no es: no estamos ante un evento por sí mismo, aunque parte de los acontecimientos que han tenido lugar en el evento de mayor envergadura que ha tenido lugar en el último ciclo editorial; los especiales tampoco forman parte específica de las colecciones de ninguno de sus protagonistas, pero impactarán en el futuro de todas; no encajan en la filosofía seguida por La Casa de las Ideas en estos años, pero tampoco terminan de hacerlo en la anunciada Marvel Legacy. Generaciones surgió del discurrir de “Imperio Secreto”. Al comienzo de la saga, mientras un corrompido Capitán América arrasaba con su país, sus amigos y todo lo que hasta entonces representaba, el auténtico Steve Rogers, con sus principios morales y su heroísmo intactos, se materializaba en un misterioso lugar, conocido como Punto de Fuga, donde parecían terminar amigos y enemigos que habían sido afectados por el Cubo Cósmico, ya fuera de manera directa o por las acciones llevadas a cabo por el Capi después de haber sido afectado por este artefacto. En el décimo capítulo, Steve lograba acceder a nuestra realidad y enfrentarse a su yo alterado. Tras la batalla final, algunos de los héroes que habían participado de la misma se veían transportados al Punto de Fuga. El hecho ocurría en una viñeta, y en la siguiente ya estaban de vuelta, al más puro estilo de las clásicas Guerras Secretas. ¿Qué había ocurrido entre una y otra viñeta? La respuesta está en estos especiales, originalmente publicados en Estados Unidos durante los dos últimos meses de “Imperio Secreto”. De cara a este volumen, y aunque la lectura de cada episodio funcione de manera autónoma, hemos optado por el orden de publicación seguido en Estados Unidos.

 

HULKS: AMADEUS Y BRUCE

En el primer especial de Generaciones, el actual Piel Verde retrocede a los tiempos del Hulk iracundo de pantalones morados siempre perseguido por el ejército. Greg Pak, guionista que alcanzara la fama con una de las aventuras más celebradas de Bruce Banner, “Planeta Hulk”, pero que también está detrás de la creación de Amadeus Cho, con la ayuda de Matteo Buffagni en los lápices, afronta este encuentro de sus dos personajes fetiche, que encaja a la perfección en las tribulaciones que ha venido padeciendo El Alucinante Hulk. Al contrario que su antecesor, Amadeus se caracteriza por mantener un estricto control sobre sus transformaciones y controlar así a la bestia interior. Sin embargo, algunas circunstancias ocurridas durante sus aventuras, especialmente después de que Banner fuera asesinado en el curso de “Civil War II”, le están empujando por una senda incierta. La criatura furiosa, hasta ahora confinada en el maletero de un coche metafórico conducido por Cho, está ahora libre y condicionará su futuro. Con toda probabilidad, su destino se verá alterado tras “Imperio Secreto”, una vez responda a la llamada de socorro que llega de Sakaar.

CHICAS MARAVILLOSAS: JEAN Y FÉNIX

Venida desde el pasado junto al resto de sus compañeros de los Cinco Originales, nadie como la joven Jean Grey ha luchado para escapar de su destino: el de transformarse en huésped y víctima de la entidad cósmica todopoderosa que conocemos como la Fuerza Fénix. Con esos condicionantes, la actual Jean se cruza en el camino de su equivalente adulta en un momento muy concreto de su existencia, el periodo que va desde que La Patrulla-X es dada por muerta, al final de The X-Men #113 USA (1978), hasta el reencuentro de Jean con sus compañeros, en The X-Men #126 USA (1979). Es también el periodo en que Mente Maestra trataba de corromperla, de cara a que se uniera al Club Fuego Infernal. Falta, por lo tanto, muy poco tiempo para que sufra su primera muerte, en el curso de “La saga de Fénix Oscura”. Cullen Bunn, guionista de Jean en Patrulla-X Azul, y R. B. Silva, uno de los dibujantes de la misma, con un estilo que fusiona elementos de Stuart Immonen y Frank Cho, conducen la experiencia, que tendrá continuidad tanto en la serie propiamente dicha de Jean como en La resurrección de Fénix, acontecimiento a publicar en los primeros estadios de Marvel Legacy.

 

LOBEZNOS: LAURA Y LOGAN

Desde que sustituyera a Lobezno tras la muerte de éste, Laura Kinney ha protagonizado una excelente colección con guiones de Tom Taylor, quien ahora escribe este especial en que la mutante se encuentra con su mentor en un contexto familiar, el de Tokio y las luchas contra interminables legiones de ninjas, para componer una trama sencilla, con predomino de la acción, pero bajo la que late un subtexto poderoso, centrado sobre la relación paterno-filial de los protagonistas. El español Ramón Rosanas (Hombre Hormiga) ilustra esta historia, en la que encontramos unos pocos detalles que permiten contextualizarla durante un amplio periodo. Lobezno viste su uniforme amarillo, pero estamos en una época en la que ya ha adoptado a Akiko y todavía está viva Mariko, por lo que cabe situar el relato entre la recuperación del traje clásico y la muerte del gran amor de Logan.

 

THORS: JEAN Y ODINSON

Jason Aaron, el autor que escribiera las aventuras del Hijo de Odín durante una aclamada etapa y lleva un tiempo equiparable narrando la saga de la mujer digna de sostener Mjolnir, procura la reunión de ambos, en una época a la que ya se ha aproximado antes en sus relatos: cuando la humanidad era joven y Odinson todavía no era capaz todavía de blandir Mjolnir. Dibuja Mahmud Asrar, un profesional todoterreno, injustamente minusvalorado, que después de pasar tanto por Vengadores como por Patrulla-X, tendría que haber alcanzado ya la categoría de estrella. En estas páginas, combina su personal lápiz con claras influencias tanto del Thor de Simonson como del de Coipel. El cómic toma también como referencia el enfrentamiento que tuviera este Thor primigenio con Apocalipsis, en un episodio retrospectivo de Imposibles Vengadores, para luego apuntar, más que ningún otro de los especiales aquí reunidos, hacia el futuro inmediato: las últimas páginas enlazan directamente con Marvel Legacy: Alfa.

 

OJOS DE HALCÓN: KATE Y CLINT

Durante la unánimemente aclamada etapa de Matt Fraction y David Aja, Kate Bishop se situó como la perfecta compañera de batallas del Ojo de Halcón original, un papel en el que ha ido ganando importancia, hasta quedarse ella como única protagonista de la más reciente temporada de la serie, con Kelly Thompson (Fuerza-V) como guionista. Esta misma autora encara el cruce entre Kate y un Clint Barton en los inicios de la carrera de él, cuando todavía no había completado el viaje que le llevaría desde su ambivalente posición de los primeros tiempos hasta las filas de Los Vengadores. Stefano Raffaele, sólido dibujante que al igual que Asrar merecería mayor consideración, coreografía un especial que pone el acento sobre la complicidad de ambos héroes y que nos deja unos cuantos momentos deliciosos y un final memorable.

 

IRON MEN: TONY Y RIRI

Quizás el especial más extraño de todos los aquí reunidos.  Brian Michael Bendis fue el guionista de que, después de haber escrito sus aventuras durante una temporada, se atrevió a sustituir al Hombre de Hierro original por una adolescente superdotada con muy mala suerte en la vida. Aquí, se permite el lujo de romper con la estructura utilizada por el resto de sus colegas. Hubiera sido muy sencillo conducir a Riri, por ejemplo, a la época en la que Tony estaba inmerso en una de sus crisis alcohólicas, pero en lugar de eso ha optado por llevársela a un posible futuro lejano y enseñarnos qué ocurre allí. Como efecto secundario, el guionista arroja jugosas pistas, no sólo acerca de lo que aguarda a Riri a la vuelta de la esquina, sino sobre lo que cabría esperar de otros actores fundamentales del Universo Marvel. El viaje está parcialmente ilustrado por Marco Rudy, un singular artista, en las antípodas de lo que cabe esperar en un cómic de superhéroes, con el que ya coincidiera Bendis durante su etapa en La Patrulla-X.

 

CAPITANES MARVEL: CAROL Y MAR-VELL

De todos los héroes de legado con que cuenta La Casa de las Ideas, la Capitana Marvel quizás sea la que tenga su papel más consolidado. El Capitán Marvel, héroe de quien ha tomado su manto, lleva muerto y enterrado desde 1982, y pese a que su resurrección se haya insinuado en muchas ocasiones, lo cierto es que Mar-Vell parece haber adquirido la condición de muerto intocable, con mayor utilidad en la tumba que fuera de ella. En el otro extremo, Carol Danvers está muy asentada como Capitana Marvel, hasta el punto de que va a protagonizar la primera película de Marvel Studios con una mujer como cabeza de cartel. La guionista de su actual colección, Margareth Stohl, ha escrito una aventura en la que Carol se une a Mar-Vell en el periodo en que éste se encontraba confinado en la Zona Negativa y sólo podía escapar de allí cambiando su posición con Rick Jones. Dibuja Brent Schoonover, con un peculiar lápiz con trazas clásicas y al mismo tiempo underground.

 

MS. MARVELS: CAROL Y KAMALA

En esta historia, Carol Danvers repite protagonismo, pero ahora es ella quien recibe la visita de su sucesora. Kamala Khan probablemente sea el personaje de la factoría que durante la actual década haya alcanzado una mayor relevancia, capacidad para construir legiones de lectores y solidez para garantizar su permanencia. G. Willow Wilson la creó, junto a la editora Sana Amanat, sin tener para ello que quitarse de en medio a la heroína de la que tomaba su nombre, lo que le garantizó la confianza del fandom. La acción se enmarca en el contexto de la primera serie abierta que protagonizara la Ms. Marvel original, allá por la segunda mitad de los setenta, y tanto el lápiz de Paolo Villanelli (Escuadrón Supremo) como la paleta de color de Ian Herring así lo refrendan. Para la ocasión, se ha recuperado a Ave de Muerte, una de las villanas que se enfrentara con Ms. Marvel en sus años dorados, así como el genuino sabor del Daily Bugle de aquel entonces.

 

SPIDERMAN: MILES Y PETER

Brian Michael Bendis se mantiene como narrador fundamental de las andanzas del joven trepamuros e incorpora este especial a su discurrir biográfico, de tal manera que funciona en conjunción con recientes números de la serie abierta o con la miniserie Spidermen II. El autor, esta vez sí, se ciñe a la estructura de la mayor parte de especiales del proyecto, con Miles Morales aterrizando en la Universidad Empire State cuando Peter Parker acababa de matricularse y todavía no había establecido lazos con Harry Osborn o Liz Allan. La visita al pasado, centrada de manera casi total en los héroes bajo la máscara y con escenas de acción meramente testimoniales, nos recuerda las partes menos amables del Peter Parker primigenio, deja un poso agrio en el sentir de Miles y abre las puertas a un importante cambio en su vida. Ramón Pérez, un indie captado por Marvel hace algunos años y que sigue colaborando intermitentemente con la editorial, se mimetiza con la época evocada en el cómic, hasta el punto de casi calcar algunas icónicas viñetas de Steve Ditko o acudir en unas pocas páginas a su célebre plancha dividida en nueve viñetas.

 

CAPITANES AMÉRICA: SAM Y STEVE

Marvel dejó para el final la que probablemente sea la mejor pieza del proyecto, una épica odisea protagonizada por Sam Wilson que hace las veces de epílogo a la larga etapa escrita por Nick Spencer en los últimos años y que ha encontrado su cénit en “Imperio Secreto”. Al tiempo que nos presentaba un Capitán América corrupto, el Steve Rogers pervertido por Kobik, Spencer también ofrecía otro Capitán América: Sam Wilson, sustituto del original, que ha mantenido una fidelidad inquebrantable a los ideales del mito y ha pagado un alto precio por ello. Este relato, con un lápiz muy inspirado a cargo de Paul Renaud, que ya acompañara a Spencer en momentos puntuales de su etapa en el abanderado, ensalza aún más si cabe la figura de Sam, a la par que subraya el verdadero significado del héroe de las barras y estrellas. Una verdadera joya.

 

Marvel presento Generaciones como un derivado de “Imperio Secreto”, pero también como una avanzadilla de Marvel Legacy: el proceso por el que tendrá lugar la progresiva vuelta de los héroes clásicos. Generaciones se erige como una celebración del pasado de la factoría, pero también como una afirmación de la importancia que han adquirido los jóvenes héroes en estos años. El compromiso de la editorial pasa por mantener a los unos por más que regresen los otros. Es ahora, por tanto, cuando Miles, Kamala, Riri, Amadeus y todos los demás serán puestos a prueba como nunca antes. ¿Perdurarán por sí mismos, mientras conviven con los iconos que tomaron como modelo? El futuro de Marvel, su capacidad para mantenerse fresca y espontánea, para acoplarse al sentir de los tiempos y atraer al nuevo público llamado a renovar las canteras de aficionados quizás dependan de que esa respuesta sea afirmativa.

 

Artículo originalmente aparecido en 100 % Marvel HC. Generaciones.

LA HORA DEL CASTIGO: FRANK CASTLE DIBUJA SU CÍRCULO DE SANGRE

Todo empezó en las páginas de The Amazing Spider-Man #129 USA (1974). Desde la portada, un implacable francotirador vestido de negro y con una gran calavera en el pecho cuyos dientes se confundían con la cartuchera apuntaba con un rifle al trepamuros. Aquel personaje era distinto a todo lo que habían visto hasta el momento los inocentes lectores de la época. No era un villano, ya que perseguía la justicia por encima de todo, pero tampoco un héroe, puesto que se distanciaba de los métodos empleados por éstos. Sin máscara, sin poderes y sin nada que le detuviera, El Castigador abría un nuevo tiempo para el cómic.

 

Gerry Conway, escritor por entonces de la serie arácnida, fue el responsable de la llegada de El Castigador. Contó con la ayuda de John Romita, quien diseñó su aspecto final y tuvo la brillante idea de convertir el pequeño cráneo en el pecho que había imaginado el guionista en una gigantesca calavera que ocupaba todo el torso. El nombre inicial que iba a tener el personaje era El Asesino, pero Stan Lee propuso a Conway que lo cambiara por El Castigador: el creador del Universo Marvel ya lo había utilizado antes, para nombrar a un robot que utilizaba Galactus, pero hacía años que no aparecía y nadie se acordaba de él.

 

En aquella época, triunfaban las novelas de El Ejecutor, escritas por Don Pendleton. Su protagonista era Marc Bolan, un ex-combatiente impulsado a luchar contra el crimen tras el asesinato de su familia. En su antihéroe, Pendleton personificada el vacío y la desorientación padecida por Estados Unidos después de Vietnam. Muchos de los veteranos que volvían a casa se encontraban con un país que había cambiado para siempre y que no les recibía como héroes, sino como asesinos. El Castigador compartía muchos rasgos con El Ejecutor, pero Conway negaba una influencia directa. “Creo que era algo más general”, matizaría al respecto. “Había ese zeitgeist en aquel momento, una idea de un vigilante que podía ser héroe o villano, y de ahí también procedía El Ejecutor. Había un sentimiento general, de que aunque la sociedad no quisiera admitirlo necesitábamos a esa clase de ángeles vengadores que se posicionaran al margen de la ley”.

“Mientras estaba escribiendo aquella primera historia”, recordaba el escritor al respecto del debut de su criatura, “me di cuenta de que estaba más y más interesado en el personaje, no necesariamente en la historia. Era un signo de que era un buen personaje o una mala historia. Admiraba su sentido del honor. Incluso al final de la aventura, cuando comprende que ha sido manipulado. Aunque no considere a Spiderman un aliado, no le ve como un enemigo ni trata de matarle. La respuesta dentro de la editorial y entre los lectores fue tan fuerte que decidimos recuperarlo. A veces, te cruzas con personajes que cobran vida por sí mismos más allá de tus intenciones iniciales. Eso fue ciertamente lo que pasó en aquella ocasión”.

Faltaba todavía muchos años para que El Castigador alcanzara la aceptación generalizada. A los guionistas del género les costaba trabajar con un vigilante difícilmente digerible por todos los públicos. En sus comienzos, incluso buscaban rocambolescas explicaciones a su comportamiento, como que las balas que disparaba eran en realidad de plástico y no mataban. La realidad era mucho más cruda, como vino a demostrar el propio Conway, en una historia corta aparecida en Marvel Preview #2 USA (1975), un magazine en blanco y negro orientado a los adultos. Allí se detallaba su origen, el de un excombatiente de una guerra que no se llegaba a mencionar, pero que obviamente era la de Vietnam, que volvía a casa con su familia, sólo para contemplar cómo ésta era asesinada por la mafia después de que accidentalmente fuera testigo de un crimen. Por sorprendente que pueda resultar ahora, Conway no llegaba a aportar el nombre real del personaje. En Marvel todavía no se planteaban que un tipo que ni siquiera tenía superpoderes cargara con una cabecera sobre sus hombros. Un vampiro o un hombre lobo tenían ventaja sobre un asesino. El único intento serio al respecto fue el Marvel Super Action #1 (enero de 1976), un nuevo magazine en blanco y negro que estaba encabezado por El Castigador. Nunca hubo un segundo número.

 

Si la presencia posterior de El Castigador junto a otros héroes edulcoraba su imagen, tal situación habría de cambiar a comienzos de los años ochenta, gracias a Frank Miller. En Daredevil #183 y 184 USA (1982), el genial autor que había insuflado nueva vida al Hombre sin Miedo comparaba los métodos del Hombre sin Miedo con los de El Castigador en un relato sin concesiones en el que ambos justicieros persiguen al responsable de la muerte de unos niños. Mientras que Miller veía en El Castigador a un justiciero enfrentado a crímenes horrendos que comprende el dolor de las víctimas, no ocurría lo mismo con Bill Mantlo, el guionista que escribiría las siguientes aventuras de Frank Castle, de nuevo junto al Hombre Araña, en Peter Parker, The Spectacular Spider-Man #81-83 USA (1983). Con la memoria puesta en la película Taxi Driver (1976), Mantlo identificaba a El Castigador con el personaje encarnado por Robert DeNiro: un psicópata cuyas acciones tienen más que ver con la enfermedad mental que con el propósito de hacer justicia.

 

Entre 1985 y 1986 se publicó al fin la miniserie de cinco números que da título a este libro, y que marcó un antes y un después en la historia de El Castigador. Por primera vez desde su paso por los magazines, el personaje protagonizaba una aventura en solitario. Su función ya no consistía en servir de referencia para que Spiderman, Daredevil o el Capitán América quedaran moralmente por encima de él. El guionista, Steven Grant, fue quien por fin dio un nombre real, el de Frank Castle, y completó la caracterización. Grant llevaba diez años dándole vueltas al personaje y al cómic que quería escribir con él. “No es un superhéroe”, pensaba al respecto. “Es alguien que está emocionalmente muerto. Ése es el problema que tenían la mayoría de guionistas con él. Cuando escribes sobre un personaje, se supone que tienes que examinar su vida interior. Bueno, pues El Castigador no tiene vida interior. No tiene profundidad emocional, porque no tiene emociones. Eso fue lo que me atrajo de él. Estaba más interesado en la novela negra y él era un personaje del género: un buen vehículo para decir cosas que yo quería decir y no era capaz de hacerlo en ningún cómic de superhéroes”.

Las propuestas de Grant habían sido rechazadas una y otra vez, pero todo cambió cuando entró en juego Mike Zeck, dibujante del mayor éxito de la historia de la compañía, la maxiserie Secret Wars. Así lo recordaba luego el artista: “Cuando Grant se acercó a mí para compartir su percepción de quién era El Castigador y la idea que tenía para una serie limitada, supe que el personaje por fin había sido definido, al menos en lo que concierne a mis gustos. Me subí a bordo al instante. El sentimiento de conocer al personaje hace que dibujarlo sea más disfrutable. Menudo regalo me hizo Grant con El Castigador”.

 

Zeck, que había vivido una pesadilla con las fechas de entrega de Secret Wars, pudo relajarse y disfrutar de nuevo con su trabajo, hasta el punto de que el primer número de la miniserie alcanzó las mayores cotas de calidad de su carrera. Se trataba además de un episodio doble, lo que obligaba a una mayor dedicación. El calendario, pese a todo, volvió a caer sobre el artista, de manera que el último número, que también iba a ser doble, tuvo que dividirse en dos. No pudo terminarlo, y el final de la miniserie recayó en manos de Mike Vosburg, un dibujante que trató de mimetizar a su antecesor, sin llegar a conseguir los grados de excelencia de éste. Pese a todo, “Círculo de sangre” conquistó a un público al que había cogido con la guardia baja. Frank Castle se enfrentaba con el infierno de las cárceles, con una auténtica guerra de bandas o con la corrupción institucionalizada. Nada de disfraces, ni de máscaras, ni de superpoderes. De paso, quedaba aclarado que su anterior comportamiento paranoico se debía a la toma involuntaria de drogas, lo que además servía de arranque argumental. Ante las impresionantes ventas y excelentes críticas cosechadas por la miniserie, El Castigador consiguió poco después su propia colección, en la que no se implicaron ninguno de los dos autores, si bien contaba con el mismo editor, Carl Potts, otra figura que sería capital en la historia del personaje.

Cuatro años después, Grant y Zeck regresaron a casa, unidos por su amistad y por el amor hacia Frank Castle, para realizar una secuela, esta vez en formato álbum, con papel de calidad y un color directo para el que Potts contó con Phil Zimerman, el que había sido responsable de que los lápices para las cubiertas que hizo Zeck en “Círculo de sangre” tuvieran un aspecto todavía más impresionante si cabe. Dicen que no hay dos sin tres, pero en este caso nunca se cumplió tal axioma. Zeck fue requerido para dibujar a Frank Castle en un buen número de portadas, que también se incluyen en este volumen, a modo de extra, y ambos volvieron a reunirse en los cuatro números de Damned, para Image, pero la segunda historia de El Castigador que idearon fue también la última, dejando a los fans con el mejor recuerdo imaginable, y al personaje con una herencia sobre la que edificar su leyenda posterior.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel HC. El Castigador: Círculo de sangre

LA SAGA DEL CLON: EL MONTAJE DEL DIRECTOR

EL ORIGEN DE LAS ESPECIES

La más polémica aventura de la dilatada trayectoria de Spiderman se publicó entre 1994 y 1996, a lo largo de unos doscientos tebeos. Sin embargo, para entender todas sus implicaciones, hay que retrotraerse hasta mucho tiempo atrás. En concreto, a los años setenta, y es ahí donde ha de empezar nuestra historia. Por aquel entonces, el Hombre Araña ya tenía a sus espaldas una larga trayectoria compuesta por diversas etapas. Estaban los años fundacionales, con Stan Lee y Steve Ditko a los guiones, en los que Peter Parker era un adolescente apocado que aprendía el oficio de superhéroe; y estaba la época dorada, con John Romita a los dibujos, durante la que la serie había añadido un importante componente romántico, gracias a la llegada de las dos chicas entre las que se dividía el corazón del protagonista, la carnal y excitante Mary Jane Watson frente a la dulce e inocente Gwen Stacy. Sería esta última la elegida por Peter Parker, pero también la que encontraría un destino fatal a manos del peor enemigo del héroe, en una aventura publicada en 1972 y escrita por Gerry Conway, un guionista de apenas diecinueve años que acababa de recibir la serie de las manos del mismísimo Stan Lee.

 

La muerte de la novia del héroe, lo que hoy en día ha llegado a convertirse casi en un tópico, era por aquel entonces un imposible. El impacto que causó en los lectores fue incomparable, hasta el punto de que muchos sintieron la pérdida como propia. La conmoción llegó a tal nivel que, dos años después, todavía eran muchos los que reclamaban el regreso de Gwen Stacy mediante cualquiera de los muchos trucos que se utilizan en los cómics de superhéroes para recuperar a los personajes populares. Sólo que Marvel en general, y Gerry Conway en particular, se negaban a ofrecerles eso. En su lugar, el escritor tejió una saga que puso a prueba la cordura de los aficionados arácnidos.

 

Un buen día, en la puerta de Peter Parker, apareció Gwen. ¡Estaba viva! Sólo que no era la Gwen de siempre, que, como muy pronto se comprobó, seguía muerta y enterrada. Esta otra Gwen era un clon creado por Miles Warren, un profesor que se había obsesionado con la joven y que, como no podía ser de otra forma, se había convertido en un villano deseoso de acabar con Spiderman, que respondía por el nombre del Chacal. En el climax de la aventura, Spiderman descubría que el de Gwen no era el único clon que el Chacal había concebido: también realizo un clon del propio Spiderman: el arma perfecta para acabar con el trepamuros. La saga se resolvería en Amazing Spider-Man #149 USA (1975. Spiderman: Los imprescindibles nº 7). En sus páginas, tanto el Chacal como el clon del lanzarredes encontraban la muerte, mientras que la doble de Gwen decidía buscar su propio camino, lejos de la sombra de su doble genético, y Peter entregaba al fin su corazón a Mary Jane, cumpliéndose así el verdadero objetivo de Conway a la hora de desarrollar este argumento.

 

 

EL REGRESO DEL CLON

Salvo por menciones ocasionales, y la aparición puntual del clon de Gwen en un Anual, no se volvió a profundizar en el asunto del clon durante los siguientes veinte años, Muchos guionistas preferían no tocar ese argumento. A principios de los ochenta, Roger Stern llegó a planificar una historia en la que el clon de Gwen había envejecido aceleradamente, para morir finalmente en la paz de un monasterio, pero decidió abandonar la trama antes siquiera de sentarse a escribirla. A lo largo de ese tiempo, Peter Parker contrajo finalmente matrimonio con Mary Jane, a la vez que el Hombre Araña alcanzaba nuevas cotas de popularidad, que llevaron a Marvel a multiplicar exponencialmente el número de sus series. A mediados de los años noventa, la sensación de que Spiderman ya no resultaba tan atractivo para los lectores se había hecho fuerte, y con ella, llegaría también la intención de buscar la manera de arreglar las cosas. Los autores y editores, con toda la buena intención del mundo, querían quitar lastre al héroe, hacerlo de nuevo divertido y romántico, devolverle su soltería, su espontaneidad y su infelicidad crónica.

 

En ese contexto, Terry Kavanagh, uno de los escritores de las diversas colecciones arácnidas, propuso en una reunión de trabajo celebrada en 1993 que trajeran de vuelta al clon: no al de Gwen, sino al del propio Spidey, un regreso que provocaría todo un cataclismo a todos los niveles. Conscientes de las posibilidades que dicho argumento ofrecía, toda la oficina arácnida decidió apoyarlo decididamente. Tom DeFalco, Director Editorial de Marvel en aquel entonces, no sólo daría luz verde a la saga, sino que se sentiría tan entusiasmado con ella que incluso decidiría sumarse a los autores de la misma.

 

Inicialmente, el arco argumental se desarrollaría a través de las cuatro colecciones que el lanzarredes protagonizaba. Dicho y hecho: en Web of Spider-Man #117 USA (1994. Spìderman vol. 2, nº 6 de Forum), el clon entraba en escena, bajo el nombre de Ben Reilly. Había logrado sobrevivir a los acontecimientos del Amazing Spider-Man #149 USA, llevaba cinco años “recorriendo América”, y tomaba la decisión de regresar al descubrir que tía May estaba grave. En los meses siguientes, Ben se alzó como la gran estrella de las series arácnidas: convertido en un nuevo superhéroe, la Araña Escarlata, luchó contra los peores enemigos del lanzarredes y se ganó la confianza de los aficionados, que veían en él a un Peter Parker que no había gozado de la buena suerte del que conocían, pero había sabido construirse a sí mismo y sobreponerse a sus desgracias. A su vez, el verdadero Peter era arrastrado por la oscuridad y la depresión, apareciendo cada vez más antipático ante los lectores.

 

 

El plan de guionistas y editores consistía en que la saga concluyera después de seis meses (unos veinticinco tebeos, teniendo en cuenta la gran cantidad de colecciones arácnidas)… Pero las cosas no salieron como tenían pensadas. Las ventas enseguida comenzaron a aumentar. Los autores se divertían con su trabajo como nunca habían hecho, y ese entusiasmo se transmitía en una gran historia-río plagada de sorpresas y conspiración, que dejaba siempre con el deseo de que llegara el próximo número. En la editorial también se entusiasmaron, a su manera. Amaban al clon, y lo querían presente tanto tiempo como fuera posible. Fue en ese punto donde empezaron los problemas. Ante la petición de retrasar la conclusión de la saga, se tuvo que improvisar, alterar decisiones ya tomadas, incorporar nuevos autores poco experimentados y estirar los argumentos deprisa y corriendo, con la consiguiente multiplicación de incoherencias y el bajón en la calidad de la saga, que fue perceptible después del Amazing Spider-Man #400 USA (1995. Spiderman vol. 2, nº 12), un emocionante episodio en el que se narraba la muerte de tía May y tras el que los guionistas se quedaron sin nada interesante que contar, pero muchas páginas que rellenar.

 

La puntilla llegó cuando se hizo necesario poner fin a “La saga de Ben Reilly”. En el ánimo del equipo creativo estaba que Peter se retirara a causa de su próxima paternidad y Ben tomara su lugar, aunque sólo de forma momentánea. Sin embargo, los convulsos tiempos que vivía Marvel influyeron en contra de la ejecución de esas intenciones. La dirección de la compañía cambió, y el nuevo director no tenía claro a qué carta jugar con Spiderman. Decidió, sin demasiados elementos de juicio, que Ben sustituyera a Peter de manera permanente, estableciendo incluso que el que había sido Peter durante veinte años era en realidad el clon, mientras que Ben se alzaba como el auténtico.

 

La respuesta de los aficionados fue rápida y unánime. No querían a Ben Reilly como Spiderman, ni mucho menos querían que el Peter Parker al que habían seguido durante dos décadas fuera calificado de impostor. La saga, cerrada en falso, todavía tendría que continuar durante unos meses más, hasta que, finalmente, en Peter Parker: Spider-Man #75 USA (1996. Nuevo Spiderman nº 12 de Forum), se llevó a cabo la corrección. El catalizador fue un inverosímil regreso de la muerte por parte de Norman Osborn, que se descubría como la mente maestra detrás de cuantas desgracias le habían ocurrido al Hombre Araña en los años anteriores. Peter volvía a vestir las telarañas, Ben Reilly moría heroicamente, a la vez que se aclaraba su condición de copia, y el embarazo de Mary Jane terminaba en tragedia: no habría bebé que cuidar y que obligara a dejar aparcado el uniforme arácnido. Y por si fuera poco, al cabo de unos meses, tía May también estaría de nuevo en danza.

 

 

En definitiva: Las cosas volverían a estar en su sitio, pese a que el daño padecido fue demasiado grande. Durante la etapa de Ben Reilly como Spiderman, las ventas descendieron de manera preocupante, en un contexto general ya de por sí átono. Muchos eran los aficionados que habían retirado su apoyo al nuevo Hombre Araña, furiosos por lo ocurrido. En la Casa de las Ideas decidieron que nunca más se volvería a hablar de clones ni a poner en duda que Peter Parker sea Spiderman. Y pese a todo, el icono tardaría todavía varios años más en recuperar el pulso, mientras que algunas de las consecuencias de lo ocurrido permanecerían activas, hasta el punto que Norman Osborn es, a día de hoy, una pieza fundamental del Universo Marvel.

 

EL MONTAJE DEL DIRECTOR

Tres lustros después de la publicación de “La saga de Ben Reilly” los ánimos se han calmado, en gran parte porque una gran cantidad de nuevos lectores siguen ahora las aventuras de Spiderman, y muchos de ellos se preguntan en qué consistió aquello tan polémico. Mark Millar, en una viñeta de su excepcional Marvel Knights: Spiderman (2004), fue el primero en el siglo XXI en atreverse a escribir, negro sobre blanco y con todas las letras, el nombre maldito: Ben Reilly. Las bromas, los chistes privados, las alusiones a los clones introducidas por lo bajini en los diálogos de Spiderman se fueron haciendo cada vez más ocasionales, sobre todo por parte de Brian Michael Bendis, en Nuevos Vengadores. Fue éste el guionista que se atrevió a ofrecer su propia versión de la “maldita” saga, en Ultimate Spiderman, y con resultados más que satisfactorios, prueba de que la idea no era mala por sí misma, y que su ejecución mejoraba en extremo cuando se dejaba a los autores hacer su trabajo.

Pero el detonante del proyecto que tienes en tus manos vino, curiosamente, a causa de las excelentes ventas logradas por el primer volumen recopilatorio de “La saga de Ben Reilly”, un tochazo de más de 400 páginas publicado por Marvel en Estados Unidos que apenas sería el primero de los muchos volúmenes necesarios el evento completo. Si había tanta gente dispuesta a hacerse con la más denostada aventura de Spiderman, quizás habría un puñado de lectores deseosos de conocer algo muy especial…

 

Y así es como llegamos a este volumen. Tom DeFalco fue el Director Editorial de Marvel que aprobó la elaboración de la historia, allá por 1994. Howard Mackie fue el guionista que tuvo que concluirla, dos años después. El dibujante Todd Nauck todavía no había entrado en la industria cuando todo esto ocurrió, pero ha dibujado a Spiderman durante algún tiempo, y su estilo recuerda en cierta forma a algunos de los autores de la aventura primigenia, como el ya olvidado Steven Butler, o el ahora inaccesible Mark Bagley. Entre todos ellos han compuesto un producto verdaderamente inusual, una “versión del director” de la saga original o, como prefiere definirlo DeFalco, “una oportunidad para dos viejos escritores de Spiderman para demostrar que todavía pueden lanzar algunas interesantes telarañas”.

 

 

¿Contiene este tomo “La saga de Ben Reilly” que le hubiera gustado escribir a los guionistas originales? Es probable que no. Para empezar, porque han pasado quince años, la memoria es débil y muchas notas de las reuniones de entonces se han perdido para siempre. Para continuar, porque faltan piezas fundamentales de aquel equipo, como J. M. DeMatteis, el guionista que mejor definiera a Ben Reilly, o Terry Kavanagh, el tipo que, pese a sus escasas habilidades como escritor, debe llevarse el mérito de haber tenido la idea original. Y para finalizar, porque aquellos elementos que configuraron los cómics que vieron la luz durante esos dos años han determinado mucho de lo que aquí se cuenta. Sorprende, por ejemplo, que DeFalco y Mackie recurran aquí a Norman Osborn, puesto que la única figura en la sombra que se les pasó por la cabeza en un principio fue la de Miles Warren, y la opción de resucitar a Norman no llegara hasta mucho tiempo después.

 

Por el contrario, estos seis números que condensan, redefinen y alteran aquel caudal infinito de tebeos sí se acerca, en espíritu, a lo que podía haber sido pero no fue “La saga de Ben Reilly”: una trascendental aventura de Spiderman con un principio, un nudo y un desenlace planificados con coherencia. Las cosas son como son, y no como nos hubieran gustado que fueran, pero hay que alabar este sorprendente experimento que se lee como un desquite por parte de sus autores: otra una manera de decirnos que las cosas se podrían haber hecho mucho mejor. Quién sabe si este proyecto será el germen que lleve, algún día, a reposicionar en el escenario a Ben Reilly. Tantos años después, con la perspectiva que da el paso del tiempo, va a ser verdad eso de que algunos le echamos de menos.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Spiderman: La saga del clon

EL SPIDERMAN QUE SE ADELANTÓ A SU TIEMPO

Todo empezó cuando Stan Lee y John Byrne pensaron hacer una novela gráfica que describiría cómo iba a ser el Universo Marvel cien años en el futuro. Los dos autores no se pusieron de acuerdo y el proyecto quedó desechado. Byrne aprovecharía algunas de las ideas, que verían la luz bajo el título de 2112, una novela gráfica de la que luego se derivaría la que fue una de sus obras más personales e interesantes: Next Men.

 

Por su parte, Tom DeFalco, el Director Editorial de Marvel en aquel preciso momento, se quedó con la idea básica de “El Universo Marvel que existirá dentro de un siglo” y, a partir de ahí, lanzó una ambiciosa línea editorial encabezada por cuatro nuevos personajes: Spiderman, El Castigador, el Doctor Muerte y Ravage. La factoría repartía el riesgo con dos apuestas seguras, un villano que jugaría a la ambiguedad y un personaje totalmente nuevo que escribiría Stan Lee y que incluso se planteó la posibilidad de que dibujara Steve Ditko, aunque el acuerdo no llegara finalmente a buen puerto. Curiosamente, La Patrulla-X no formaba parte del ticket inicial, signo de que La Casa de las Ideas buscaba con su nueva propuesta desvincularse de los entonces omnipresentes mutantes.

 

Joe Cavalieri, el editor de la nueva línea, preparó una Biblia sobre el Universo del Mañana, pesimista, ciberpunk y con eminentes influencias cinematográficas y literarias, desde Blade Runner a las novelas de William Gibson. Era un mundo controlado por grandes corporaciones en el que los iconos superheroicos del siglo XX habían desaparecido. En los bocetos preliminares, planearon que el nombre de la nueva franquicia fuera Marvel 2092, porque 1992 sería el año en que se lanzarían los cuatro títulos iniciales. Cuando cambiara el calendario en el mundo real, también lo haría en los cómics del futuro, pero se desechó tal posibilidad al considerar que podía ser confusa para el aficionado. Se acudió entonces al año 2099.

 

Antes que un personaje, Spider-Man 2099 fue un nombre que llenar con la propuesta más atractiva que sedujera a Cavalieri. Éste dio indicaciones básicas acerca del trepamuros futurista: debía trabajar en Alchemax, el conglomerado empresarial por excelencia de la época, y debía conseguir sus poderes a causa de un accidente. Cuenta la leyenda que un joven guionista, que escribía la adaptación al cómic de la teleserie Ren & Stimpy o realizaba relatos ocasionales para Marvel Comics Presents, se postuló como para la colección. Se llamaba Dan Slott, y perdió en beneficio del ya consolidado Peter David, uno de los pocos aspirantes que prefería desvincular a Spider-Man 2099 de Peter Parker. “Cogí todo lo que sabía sobre el Spider-Man de nuestra época y no sólo lo ignoré, sino que traté de ir en la dirección contraria”, explicaría. “Quise que se llamara Miguel O’Hara para que reflejara la pluralidad cultural del siglo XXI. Fue en honor a un amigo mío llamado Miguel Ferrer y cuyo apodo es Miggy, como mi personaje. O’Hara Siempre fue el primero de la clase. Está contento de saberlo absolutamente todo y ese conocimiento no sólo le proporciona satisfacción, sino que le convierte en un engreído que observa a todo el mundo con arrogancia. Seguro de su inteligencia, desprecia a todas las personas que conoce, discute las órdenes de sus superiores, elige novias a las que pueda superar en inteligencia y presume de ser el mejor y el más listo. Cuando decide ponerse la máscara de Spider-Man, Miguel comprende que nada ni nadie es lo que parece. Su madre es una loca que le desprecia, su hermano un terrorista, Alchemax un diablo corporativo… y él, que creía contar con respuestas para todo, reconoce que ni siquiera sabía qué preguntas formularse”.

 

Un año antes de que el director James Cameron tuviera la misma idea en su tratamiento de guión para la fallida película del trepamuros, el Spider-Man 2099 ya contaba con lanzarredes orgánicos, en lugar de mecánicos. “Como deferencia al Comics Code y al buen gusto”, bromeaba el guionista, “me tomé la libertad de colocar los espolones en los antebrazos y no en el trasero, que es donde los pondría la naturaleza”. El resto de sus poderes parecían una versión extrema de los de Peter Parker. En lugar de pegarse a las paredes, Miguel se sujetaba a ellas con unas garras retráctiles, mientras que la visión circular sustituía al sentido arácnido

Rick Leonardi, artista excepcional con experiencia tanto en dibujar al cabeza de red como en participar en el diseño su uniforme negro, creó el traje del nuevo héroe y fue su dibujante fijo durante los dos primeros y brillantes años. Leonardi apostó por ofrecer una vestimenta poco habitual, pero que siguiera pareciendo un traje de Spider-Man. De hecho, empezaba siendo un disfraz del Carnaval de Río para luego convertirse en uniforme de batalla. Los autores también se desmarcaron con su galería de villanos, que incluía desde un buen puñado de imaginativos personajes creados desde cero hasta versiones de los clásicos, como El Buitre, Veneno o El Duende Verde. No obstante, el mayor enemigo del trepamuros acabó siendo Tyler Stone, presidente de Alchemax y que en un momento dado se revelaba como el padre de Miguel.

 

Spider-Man 2099 fue, sin lugar a dudas, la serie de bandera de una propuesta que hubiera merecido mejor suerte. Conforme Marvel entraba en la terrible crisis de los noventa, el presupuesto de Cavalieri se fue viendo reducido, lo que impedía contratar autores de relieve. Los recortes mataron a la franquicia, que se cerró tras algunos tímidos intentos de reflotarla. Spider-Man 2099 llegó a contar con cuarenta y seis entregas, así como un Annual y un especial. Antes del fin, tendría un último momento de gloria de la mano de sus creadores, cuando Miguel viajaba al pasado, nuestro presente, para encontrarse con su homólogo del siglo XX, en el especial Spider-Man 2099 Meets Spider-Man. Allí, David planteaba una premisa atractiva: a lo largo de los siglos habrían existido sucesivos Hombres Araña. Algunos de los cuáles llegaban a dejarse ver en el especial. ¿A alguien le resulta familiar?

 

A lo largo de los años, la línea 2099 tuvo algún intento de relanzamiento, sin acierto ni fortuna. Aquí es donde entró en juego Dan Slott, ya constituido como guionista arácnido por excelencia en los últimos años, y que primero rescató al Hombre Araña 2099 para el videojuego Spider-Man: Shattered Dimension, donde ya aparecía junto a Peter y a la versión Noir. La experiencia dejó a Slott tan satisfecho que abrió la puerta a una saga todavía más ambiciosa, que reuniera a todos los trepamuros que habían existido alguna vez: “Universo Spiderman”.

 

Antes de eso, Slott fue también quien optó, en el curso de Spiderman Superior, por traerse a Miguel hasta el presente, esta vez para que se quedara aquí y tratara de impedir que una Alchemax recién nacida llegara a transformarse en la temible compañía que él había conocido. Era una brillante manera de cerrar el círculo y encontrar el vínculo hasta entonces invisible entre ambos héroes, puesto que Tiberius Stone, el fundador de Alchemax, había trabajado en Horizon Labs, la empresa en la que también estuviera Peter. Es en ese contexto, en el que Peter David vuelve a casa y, veinte años después, retoma al personaje en una nueva serie, que nada más empezar se ve unida al desarrollo de “Universo Spiderman”. No podía ser de otra forma, porque, como buen futurista, Spiderman 2099 se adelantó a su tiempo. Al margen de parodias y What Ifs, fue la primera versión que existió del trepamuros original. Podría decirse que gran parte de lo que ahora está sucediendo en la Franquicia Arácnida empezó con Miguel O’Hara, en un lejano 2099 al que ahora podemos mirar con saludable nostalgia.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Spiderman 2099 nº 1

EL OTRO SIGNIFICADO DE BLUE

 

Blue [Blu:} ADJ. Azul; cielo; triste, deprimido/a; to feel… estar tristón/ona, tener pena; enamorado. (Collins English-Spanish Dictionary. Harper Collins, tercera edición. 1998).

 

Tengo un viejo amigo que se llama Peter.

 

Le conozco desde hace más años de los que pueda recordar. Vino conmigo al colegio, al instituto, a la universidad, a las clases de post-grado y al trabajo. Podría mirar hacia cualquier momento de mi vida, y sería completamente diferente a cualquier otro, pero siempre encontraría un denominador común: Peter estaba allí, a mi lado. A lo largo de todo este tiempo, le he visto estudiar, pasar cursos, enamorarse, sufrir la pérdida de unos cuantos seres queridos, casarse, separarse… Y, mientras tanto, yo también terminaba el instituto, empezaba la carrera, pasaba cursos, perdía series queridos, me enamoraba…

 

¿Queréis que os cuente un pequeño secreto? Bueno, en realidad no es pequeño, pero no lo podéis revelar por nada del mundo. Aunque Peter parezca un chico de lo más normal, no lo es. Cuando tenía dieciséis años le picó una araña radiactiva que alteró su composición celular. Imaginaros a aquel chico que se había pasado toda su vida acurrucado entre sus tíos, con los que vivía desde que sus padres murieron cuando era muy pequeño, siempre escondido en sus libros de ciencias y tras aquellas enormes gafas… Imaginaros a aquel chico que, de la noche a la mañana, tenía en sus manos un asombroso poder que le permitía trepar paredes, saltar de tejado en tejado, moverse como una auténtica araña humana… Imaginaros la sensación. Peter pecó de orgullo, pero cualquiera de nosotros lo hubiera hecho. Qué diablos, tan sólo quería utilizar esos poderes para conseguir algo de dinero con el que ayudar a sus tíos. Entonces dejó escapar a un ladrón que podría haber detenido fácilmente. Y ese ladrón fue el que asesinó a su tío Ben. Peter comprendió, por las malas, que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Desde entonces, viste la máscara del asombroso Spider-Man.

 

Y como Spider-Man ha luchado contra terribles villanos, ha estado al borde de la muerte en múltiples ocasiones, e incluso ha ayudado a salvar al mundo en otras cuantas. Pero, a pesar de todo ello, Peter ha seguido siendo un chico como otro cualquiera. Un chico que se ha hecho mayor, como yo. Un chico que ya no tiene dieciséis años, que ya no va al instituto, que ya no mira al mundo con la inocencia que un día tuvimos y, no sé cuándo, perdimos. Peter, ay, como yo, merodea peligrosamente la treintena. Siente cómo los últimos quince años han pasado en un suspiro, siente que se le han escapado de las manos sin que apenas se diera cuenta. Ya no tiene “toda la vida por delante”, como cuando estaba en el instituto. Los días pasan deprisa, y cada vez se parecen más los unos a los otros. Como dice la canción, cada año parece más corto. Nunca encuentras tiempo. Los planes se quedan en media página con palabras sin sentido garabateadas.

 

Y entonces, miras hacia atrás. Miras hacia tu Edad de Oro. Todos tenemos una. Es esa época en la que todo era perfecto. Es esa época en la que eras inmensamente feliz, aunque ni siquiera tú lo supieras entonces, y sólo puedas descubrirlo con el pasar del tiempo. Para Peter, esa época es su primer año de universidad, cuando tenía dieciocho años y conoció a Gwen y Mary Jane, las dos mujeres más importantes de su vida, aunque él ni siquiera lo imaginaba. Fue la época en la que compartió gratis un piso con Harry, su mejor amigo. Fue la época, nunca lo creeríais si le conocierais ahora, que Peter iba por ahí en moto.

 

¿Qué fue de la antigua moto? Creo que al final acabó empeñándola, una de aquellas veces que estaba tan pelado de dinero que hubiera vendido hasta su última camisa. Eso también lo aprendes con los años. Sí, es cierto que hay gente que acaba triunfando, acaba ganando un pastón increíble, conduciendo un coche increíble y viviendo en una casa increíble con un perro y unos niños y una mujer increíble. Pero no es nada que vaya a pasar ni a Peter, ni a mi, ni a nuestros amigos. El dinero va y viene. El trabajo va y viene. Las chicas van y vienen. Pero a lo que iba…

 

Gwen. Se hubieran casado antes de cumplir los veinticinco. Eran de ésos. Toda la angustia existencialista que había atenazado a Peter durante su adolescencia acabó enterrada tan pronto como ella se instaló en su vida. Tiene gracia, porque Gwen le echó el ojo a Peter desde el primer día de clase, pero no puede decirse que entonces se llevaran bien. Él estaba distraído (intentando conseguir el antídoto que salvara la vida de su tía May, enferma debido a la transfusión que él mismo le hubiera hecho… pero eso es otra historia), y cuando Peter está pendiente de una cosa, se olvida de todo lo demás. Gwen interpretó aquella actitud como desaire, pero eso sólo sirvió para aumentar su interés hacia el bueno de Pete. Al final, un tipo que siempre había tenido que sudar la gota gorda para llevarse a la chica, la consiguió casi sin darse cuenta. Podrías pensar que una chica como Gwen se debería haber fijado en cualquier otro tío, o que Peter simplemente habría estado demasiado ocupado pateando el culo del Doctor Octopus como para descubrir que ella estaba allí, pero no ocurrió. Acabaron juntos, porque no podía ser de otra forma, como si la magia hubiera tenido algo que ver.

 

Mary Jane. Como si no hubiera bastante con Gwen. Hacía meses que tía May andaba conchabada con su vecina, Anna Watson, para que los niños de la casa se conocieran. Los niños eran, claro, Peter por parte de tía May… y Mary Jane por parte de tía Anna. Peter, el muy cabestro, sospechaba que Mary Jane debía ser una gorda, calva e insoportable tonta, por eso había hecho lo imposible por escaparse de todas las citas a ciegas que las dos amorosas tías habían preparado para sus los encantadores sobrinos. Pero Mary Jane no era ni gorda, ni calva ni mucho menos tonta, aunque alguno pudiera pensar que aquella pelirroja irresistible no debía tener demasiadas luces en su linda cabecita. Las tenía, vaya si las tenía. ¿He dicho ya que parecía mágica la manera en la que Peter y Gwen habían acabado juntos? En esa misma época, Peter conoció por fin a Mary Jane, y fue uno de esos encuentros que quedan grabados a fuego en la memoria. Fue verla y querer saberlo todo de ella, y no entender cómo había pasado todos esos meses esquivándola. Y ya teníamos el lío en la cabeza del pobre Peter, dividido entre dos mujeres maravillosas. Como Betty y Verónica con Archie, pero esta vez no era un tebeo para críos. Era la realidad.

 

Ah, y también estaban Harry y Flash, espectadores boquiabiertos de lo que pasaba. Flash conocía a Peter desde el instituto. Bueno, sería más apropiado decir que Flash llevaba siendo la peor pesadilla de Peter desde el instituto. Con el tiempo, habían aprendido a soportarse, pero Flash no podía comprender que la rubia bebiera los vientos por el canijo Parker, y que él encima apareciera un buen día con la pelirroja. El mundo se había vuelto loco. Flash no entendía que su momento había pasado, en apenas un abrir y cerrar de ojos. Aquella no era su Edad de Oro, era la de Peter. La suya había empezado y terminado ya, cuando todos le miraban como una gran estrella del fútbol. Para lo que le serviría.

 

Harry. Harry nunca tuvo una Edad de Oro. O quizás fue tan breve que apenas pudo apreciarla. En aquella época, el niño rico luchaba por el amor de su padre, sin saber que su padre era un psicópata cuya maldición arrastraría a ambos a la tumba. Pensó que encontraría su consuelo en Mary Jane, pero aquello no funcionaría. Funcionó lo de Peter con Gwen, y envidió a su amigo más que a nadie en el mundo. Su amigo, el que le había ayudado a estudiar, el que había aceptado compartir piso con él para no sentirse tan solo como estaba. Al menos Harry no sabía lo que vendría luego, y ese es el mejor consuelo que pueden esperar quienes le conocieron.

 

Ha llovido tanto desde entonces… Gwen murió. Mary Jane se casó con Peter. Harry también murió. Flash acabó hundido en una botella, sin comprender el motivo por el que los días de la estrella de fútbol habían terminado. Como había terminado aquella Edad de Oro. Aquellos años en azul. Azul enamorado, como estaba Peter, no sólo de Gwen, o más tarde de Mary Jane, sino de una época irrepetible. Azul nostálgico, entristecido, como es el poso amargo que deja el recuerdo de aquello que se ha perdido para siempre. Recuerdos en azul brillante, porque, sin buscarlo y sin saberlo, el brillo en los ojos de una chica había hecho de su vida algo maravilloso.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Age nº 16