VENENIZADOS: LA INVASIÓN DE LAS PONZOÑAS

Venenizados es la culminación del más destacable proyecto dedicado a celebrar el trigésimo aniversario del nacimiento del Protector Letal. Se trata de una saga en forma de trilogía, cuyo primer acto tuvo lugar en “Universo Veneno”, con la presentación de Las Ponzoñas, continúo en “Veneno X”, la aventura en que Eddie Brock, su aceitoso compañero y el Equipo Azul de La Patrulla-X llevaron la lucha contra Las Ponzoñas hasta el espacio, y culmina ahora, en este volumen, que recoge la llegada de esta especie hasta la Tierra, donde cuenta con una enorme comunidad superheroica a la que… venenizar.

Hubo una época en que Veneno llegó a ser más popular incluso que el trepamuros original. Eran los alegres años noventa, con David Michelinie como guionista de The Amazing Spider-Man y primero Todd McFarlane y luego Erik Larsen y Mark Bagley como dibujantes. Cada vez que Eddie Brock visitaba la serie junto a su alter ego, las ventas se disparaban. Ahí afuera había cientos de miles de lectores que no querían saber nada de Peter Parker ni de su maravillosa vida con su escultural esposa Mary Jane, pero que saltaban sobre la serie al contemplar la impactante imagen de Veneno. ¿Cuántos eran esos aficionados? Quién sabe si llegarían al millón de fanboys: los que compraron el número de debut de la primera serie limitada de Veneno, allá por 1993. El lanzamiento de Venom: Lethal Protector fue, a la postre, lo que decretó el fin de la edad dorada del personaje. Para que pudiera protagonizar sus aventuras, en Marvel lo domesticaron. Y pese a que contaría con un montón de miniseries más, su estrella nunca volvió a brillar como en los comienzos.

 

Todo vuelve y, tres décadas después, Veneno goza una vez más del favor del público, en un año decisivo para el personaje, toda vez que se estrena la película que lo eleva en la gran pantalla a la categoría de protagonista, y en las viñetas Donny Cates lo redefine manteniendo su esencia intacta. En Marvel no quieren un personaje que se parezca a Spiderman, sino que, como en los primeros y grandiosos tiempos, esté a la misma altura que el amistoso vecino. Es el motivo por el que decidieron dotarlo de un evento proporcional a “Universo Spiderman”, que en 2014 reuniera a todas las versiones del trepamuros: un evento a cuyo tercer acto llegamos ahora.

 

“Universo Veneno” presentaba a Las Ponzoñas, el equivalente a su vez de Los Herederos. Si estos perseguían y asesinaban Arañas para hacerse con su fuerza vital, algo similar hacen aquellas con los simbiontes unidos a superhumanos. Eddie y un montón de Venenos de diferentes realidades lucharon contra Las Ponzoñas a lo largo del Multiverso. La batalla se extendió hasta el espacio en “Veneno X” y ahora culmina el enfrentamiento, cuando Las Ponzoñas llegan hasta la Tierra y lanzan su órdago contra la plana mayor de los superhéroes que la habitan. Desde La Patrulla-X a Los Vengadores, desde Los Campeones hasta, por supuestos, Spiderman, todos están invitados a la fiesta, revestida con los ropajes de una superproducción, por más que la acción se restrinja a los límites de este cómic: no hay tie-ins ni crossovers con ninguna otra cabecera. Ni siquiera con la protagonizada por Veneno, que en el momento de publicarse esta miniserie en Estados Unidos vivía la transición hacia la nueva etapa escrita por Cates.

 

Cullen Bunn, guionista todoterreno de Marvel que ha consagrado sus esfuerzos en el entorno mutante, pero en títulos tan diferentes como Wolverine, Magneto, X-Men: Blue y varias miniseries best-seller de Masacre, sigue a los mandos de la nave, en una empresa a la que le ha tomado la medida y que se diferencia mucho de su anterior acercamiento al personaje, cuando sustituyó a Rick Remender en el momento en que el simbionte estaba ligado a Flash Thompson y las historias tenían un cariz muy diferente al actual. Le acompaña una estrella del dibujo que ya venía reclamando desde hace tiempo una mayor proyección dentro de la compañía. Nos referimos al español Iban Coello, artista espectacular a la vieja usanza, con una capacidad impresionante para las escenas de acción y que sabe aproximarse a los iconos de Marvel desde su imagen clásica por excelencia. Cuando Coello dibuja a Lobezno, Spiderman o el Capitán América, los vemos a ellos, y no a una derivación moderna de esos héroes.

 

El proyecto, hasta este punto, volaba por libre: Tanto el prólogo de “Universo Veneno” como la trama de la historia propiamente dicha tenían lugar al margen del resto de La Casa de las Ideas; “Veneno-X” tampoco suponía menor problema, puesto que Bunn era guionista tanto de X-Men: Blue como de los episodios de Venom ligados a la saga. Distinto ha sido el caso de “Venenizados”, para la que ha sido necesaria la complicidad y cooperación de buena parte de guionistas y editores del Bullpen, no tanto para establecer derivadas con otras series, que como decíamos antes no existen, sino de cara a que la aparición de los muchos superhéroes que nos vamos encontrando a lo largo de la historia encaje con la situación de cada uno de ellos en este preciso momento, en que el Universo Marvel se encuentra en un periodo de cambio. A este respecto, el único detalle cronológico a tener en cuenta es que la acción se sitúa antes de los sucesos de “La muerte de Thor”, y de ahí la participación de Jane Foster con su martillo.

 

Pese a la presencia de todos esos personajes-reclamo, a Bunn le puede el amor hacia los suyos, y dedica grandes momentos a Kid Kaiju y Elsa Bloodstone, a los que tratara en Monster Unleashed!, a La Patrulla-X Azul, con los que todavía se mantiene ligado, o incluso a Flash Thompson, convertido en Anti-Veneno tras los sucesos de “Veneno Inc.”, y al que escribiera en su anterior encarnación como Agente Veneno. Hay espacio para que todos brillen y tengan su espacio bajo el foco. “Muchos héroes van a ser reclutados para esta pelea”, indicaba el autor a Josh Weiss, de Marvel.com. “Y, sin embargo, derrotar a Las Ponzoñas no será fácil, porque no tienen ni idea de a qué se están enfrentando. Algunos pueden ser víctimas de estos invasores. No todos van a salir ilesos de la contienda”.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Venenizados

VENENO: PROTECTOR LETAL. LA PRIMERA DOSIS

Un millón de copias. Eso fue lo que vendió, o al menos se imprimió, de Venom: Lethal Protector #1 USA (1993). Eran los felices noventa. La década del exceso en el cómic, elevado a todas las categorías que quepa imaginar. No fue ninguna sorpresa que la puesta de largo de la figura más carismática de la caterva de villanos arácnidos alcanzase semejantes cifras. Veneno era incluso más popular que el propio Spiderman, de manera que bastaba que ese reflejo oscuro del Hombre Araña apareciera en la colección de éste para que legiones de chavales que habitualmente no se la llevaban a casa corrieran a hacerse con el número en cuestión. El editor Danny Fingeroth sabía que estaban allí, que querían a Eddie Brock y su aceitoso amigo en una serie para ellos solos, y cuando les dio aquello que tanto ansiaban, la multitud enloqueció.

 

La decisión de que Veneno protagonizara su colección personal fue el resultado de un progresivo agotamiento de las fórmulas que habían llevado al éxito al personaje, lo que dificultaba que sus encuentros con el trepamuros continuaran siendo tan emocionantes como en los comienzos sin caer una y otra vez en la repetición, sumado a un fandom abundante que no entendía de cansancios ni de moderaciones. Las circunstancias en las que el simbionte alienígena de Spiderman había adquirido independencia y una nueva dimensión ya eran de por sí llamativas. La criatura surgió de las primeras Secret Wars, cuando Spidey se trajo a la Tierra un nuevo traje que, en realidad, estaba vivo; su diseño singular causó una buena impresión entre los lectores, lo que permitió mantenerlo en activo más tiempo del inicialmente previsto, hasta que finalmente fue necesaria cerrar la trama y contar la última tentación del simbionte, la de salvar a su huésped antes de sacrificarse a sí mismo.

 

Pero David Michelinie tenía una idea para seguir adelante, la de una mujer con buenas razones para odiar a Spiderman, después de que hubiera perdido a su hijo nonato y a su marido en el curso de un incidente villanesco en el que el trepamuros tenía un papel menor. Unida al simbionte, podría cancelar el sentido arácnido del héroe, lo que la convertiría en toda una amenaza. Apareció entre sombras en unos pocos episodios, sin que pudiera determinarse su naturaleza; se perdió de vista durante un tiempo, en el que el escritor saltó de la menos relevante Web Of Spider-Man a la fundamental The Amazing Spider-Man, y cuando por fin estuvo lista para reaparecer, el editor Jim Salicrup convenció al guionista de que optara por un antagonista masculino. Así nació Eddie Brock, un periodista del Daily Globe desacreditado, después de publicar las confesiones del supuesto asesino de Jean DeWolff que luego resultaron ser falsas. Culpaba a Spiderman de su desgracia, y era suficiente motivo para odiarlo desde lo más profundo de sus entrañas. Michelinie se había inspirado en la figura de Jimmy Breslin, el reportero que creía estar en contacto con alguien que decía ser el famoso asesino múltiple apodado el Hijo de Sam, y que luego resultó un fraude.

 

Con todo, quizás Veneno nunca hubiera tenido un éxito tan contundente de no ser por la revolucionaria interpretación gráfica que Todd McFarlane hizo del villano. Apenas dos números después de desembarcar en la franquicia, tuvo la oportunidad de presentarlo para The Amazing Spider-Man #300 USA (1988), un episodio con una fuerza tan gigantesca que se alzó como el comienzo de una nueva era, mientras Veneno era señalado como el heraldo de los nuevos tiempos. Era gigantesco, contundente, terrible, implacable, aterrador y dotado de un sentido del espectáculo que lo asemejaba con el Joker… muchos pensaron que el trepamuros había encontrado a su mayor enemigo moderno, y lo cierto es que ningún villano de Spidey producía tal aclamación popular desde mucho, mucho tiempo atrás.

 

Spiderman regresó a lo más alto de la cadena alimenticia de Marvel, catapultado por el arte de McFarlane, las historias sencillas pero efectivas de Michelinie, los suéteres ajustados de Mary Jane… y los periódicos enfrentamientos contra Veneno, que enseguida comenzó a definirse como un protector de inocentes. Tal apelativo, en el momento de esgrimirse, no hacía sino añadir un mayor grado de psicopatía al personaje. Y sin embargo, guionista y editorial ya estaban allanando el terreno para que Veneno alcanzara la posición de protagonista. Siguió siendo la salsa que, al menos una vez al año, mejor aliñaba el Amazing de los dibujantes estrella cuando a McFarlane le sustituyó Erik Larsen y cuando a éste le sucedió Mark Bagley. En tiempo ya de este último, en The Amazing Spider-Man #361 USA (1992), se presentó a Matanza, serial killer surgido de la fusión de un auténtico psicópata de libro al que Eddie Brock había conocido en la cárcel con un nuevo simbionte, nacido del original. Para detenerlo, Spidey debía reclamar la ayuda de Veneno, lo que dejaba abierta la puerta a una evolución de éste.

 

En realidad, Michelinie, pretendía que, llegados al Amazing #400 USA, Eddie muriera y fuera sustituido por otro anfitrión, el primero de muchos… pero cuando un guionista hace planes en Marvel, el destino se ríe en su cara: aquellos no serían las ideas que se llevaran a cabo, sino otras muy distintas, impulsadas por Danny Fingeroth, el editor que había sustituido a Salicrup para continuar con todas las fórmulas empleadas por éste. Con Matanza como nuevo villano favorito, Veneno pudo seguir el nuevo camino que se le abría por delante. El guionista ideó una suerte de prólogo de lo que habría de venir, que culminó en el Amazing#375 USA. El consabido enfrentamiento entre Spidey y su peor enemigo se saldaba con algo tan imaginable que no podía estar más alejado de la personalidad del héroe: Peter aceptaba un pacto con Veneno por el cual ambos se comprometían a no meterse con el otro. Algunos lectores protestaron, pero el terreno quedó expedito para que el villano tuviera serie propia… ¿o quizás ya no era tan malvado?

 

El planteamiento que latía detrás de “Protector Letal”, el subtítulo de la miniserie, era precisamente el de instaurar a Eddie Brock y su querido simbionte como una especie de antihéroe extremo. Michelinie y Bagley se implicaron de tal manera que ellos mismos se encargaron del producto, aunque el dibujante fue sustituido a partir del cuarto número por Ron Lim, famoso por su trabajo en la Marvel cósmica de Jim Starlin. Así fue como Veneno tuvo una retorcida actitud justiciera, más en la línea de El Castigador que de Spiderman; su propia ciudad, San Francisco; sus propios enemigos, El Jurado; a Spidey como invitado especial, e incluso un infausto peinado para Eddie Brock que delataba, más que ninguna otra circunstancia, la fecha de publicación del cómic. Como decíamos al principio, el lanzamiento constituyó un pelotazo propio de la época: siguiendo los trucos comerciales del momento, hubo dos ediciones, una masiva, la del millón de ejemplares distribuidos, con cubierta de aluminio impresa en rojo, y una segunda edición, limitada a 11.000 ejemplares, con cubierta impresa en dorado. Curiosamente, la versión más buscada de todas ha terminado por ser una variante involuntaria de la primera, con fondo oscuro en portada, resultado de un error de imprenta que apenas afectó a unos pocos ejemplares. El signo de los tiempos.

 

Venom: Lethal Protector no fue más que el comienzo de una larga sucesión de miniseries que se sucederían durante los cinco años siguientes como si de una auténtica serie abierta se tratara, aunque ya con autores distintos a los que habían iniciado el fenómeno. La Venenomanía, como se llegó a llamar, había estallado.

 

 

A CAMINO ENTRE LA LUZ Y LA OSCURIDAD: EL ORIGEN DE CAPA Y PUÑAL

A principios de los años ochenta, el tráfico de drogas en Estados Unidos alcanzó la categoría de epidemia. La cocaína se abarató un ochenta por ciento, lo que facilitó su acceso a las clases marginadas de las grandes ciudades, mientras que los excedentes eran reciclados para dar lugar a una nueva sustancia, el crack, que podía adquirirse por apenas dos dólares y medio. Las calles se llenaron de yonquis y las familias de muertos, cundió la inseguridad ciudadana y los medios de comunicación lanzaron alarmistas mensajes que alcanzaron a toda la población. En paralelo, en la cultura popular, en los cómics de Marvel, irrumpieron dos personajes que nacían de esa ebullición: Capa y Puñal.

 

Bill Mantlo fue el guionista machaca por antonomasia de Marvel durante toda la primera parte de su carrera. Todoterreno capaz de componer historias competentes en tiempo récord, por sus manos pasó la plana mayor de los iconos de la editorial en algún momento dado, junto a los personajes que no quería nadie. Lo mismo se encargaba de Hulk, Iron Man o Spiderman que asumía la difícil tarea de dar trasfondo e interés a licencias jugueteras compradas por la editorial, como Rom o Los Micronautas, o firmaba decenas de números de relleno. Era prolífico, era rápido, era correctísimo y la chavalería disfrutaba de sus historias sin que llegaran a alcanzar la categoría de brillantes, encuadradas en la más pura ortodoxia superheroica.

 

Asentada su carrera, sin embargo, agudizó su narrativa y se atrevió a abordar temas que le preocupaban de manera personal. En la colección secundaria de Spiderman, mientras hacía vibrantes sagas en las que el trepamuros se enfrentaba contra Electro o el Doctor Octopus, introdujo pequeños capítulos que abordaban problemas del mundo real, como la facilidad con la que podía comprarse un arma en Estados Unidos, el vigilantismo ciudadano o el tráfico de estupefacientes. Sus protagonistas eran siempre individuos marginales, que se escurrían por las fisuras del sistema o habían sido injustamente tratados por él, cuando no se habían convertido en sus víctimas.

Fue en esa época en la que creó a Capa y Puñal, un concepto que aunaba este último tema, el empobrecimiento de la infancia y la fuga de adolescentes de su casa. Se trataba de dos adolescentes, Ty Johnson y Tandy Bowen, el primero de raza negra y extracción humilde, la segunda blanca y nacida en una familia adinerada, que se habían fugado de casa y acababan en manos de las mafias del narcotráfico. Los experimentos con drogas que llevaban a cabo con ellos les transformaban en superhumanos, pero siguiendo la tradición atormentada que abanderaban los mutantes por aquel entonces, o el propio Spidey desde dos décadas antes, esos poderes no suponían sino una maldición para ellos, además de acarrear una dependencia el uno del otro, lo que no era sino una bastante explícita metáfora acerca de la adicción que causaban las drogas.

Resueltos a que otros escaparan a su destino, Capa y Puñal atacaban a los narcos, pero también a los adictos, que caían en una insondable oscuridad al enfrentarse a él o alcanzaban la purificación tras sufrir los puñales de ella. Donde la prensa y la policía veía a dos nuevos individuos tomándose la justicia por su mano, Spiderman contemplaba a un par de chiquillos que necesitaban ayuda. En el proceso, el lector del trepamuros, en su mayor parte adolescente, contemplaba escenarios, personajes y actitudes que no solían ser propias del entorno del Hombre Araña: callejones cubiertos de basura, vagones de metro cubiertos de pintadas, edificios abandonados, menudeo de drogas… eran cómics duros, que mostraban la cara más terrible de América y que nunca terminaban con un final feliz.

 

 

El debut de la pareja se produjo en Peter Parker, The Spectacular Spider-Man #64 USA (1982). Como expresó el autor en un artículo publicado en la revista oficial Marvel Age, era el resultado de un largo paseo impulsado por un bloqueo literario, que le llevó hasta la Isla de Ellis, la cual había servido de puerta de entrega a Estados Unidos para millones de inmigrantes, entre ellos sus propios abuelos. “Capa y Puñal vinieron a mí”, explicaba Mantlo, “Llegaron de noche, cuando todo estaba en silencio y mi mente estaba en blanco. Llegaron completos, definidos con sus poderes y atributos, su origen y sus motivaciones. Estaban llenos de ese miedo y miseria, hambre e impotencia que me había asustado en la Isla de Ellis. Escribí el guión y, al día siguiente, llamé a Tom DeFalco. ‘Escucha’, dije, ‘acabo de terminar la mejor historia que he escrito nunca’. No estaba impresionado. Hasta que la leyó. La reacción de Ed Hannigan fue similar. Me alegro de que fuera Ed quien dibujó mi trabajo. Los primeros bocetos atraparon el sentido de los personajes y lo que trataba de expresar en el guión. Por su visualización y por el impulso creativo que imprimió al diseño de Capa y Puñal, Ed Hannigan será siempre acreditado como cocreador de los personajes. Se lo merece”.

Con Capa y Puñal, llegaba a La Casa de las Ideas una nueva generación de vigilantes callejeros, producto de la década de los ochenta, en que la heroína arrasaba los barrios marginales de las grandes urbes, como El Castigador había sido fruto de la Guerra de Vietnam. La crudeza, autenticidad y dramatismo de la pareja caló entre los lectores, mientras que Mantlo permaneció enamorado del concepto. Tras su excelente debut, en forma de historia completa y cerrada de apenas un único número, Capa y Puñal regresaron unos pocos meses después, en los Spectacular #69 y 70 USA (1982), para entrar en conflicto con el mundo del héroe y atacar a uno de sus más olvidados villanos, Cabello de Plata, que llevaba largo tiempo sin aparecer. Una tercera aventura involucró a la pareja de vigilantes, en Spectacular #81 y 82 USA (1983), esta vez envueltos en la caza de una pieza mayor, nada menos que Kingpin, mientras que El Castigador, también entraba en escena, en un ejercicio con el que Mantlo estableció diferencias con la pareja de adolescentes. Mientras El Castigador se significaba como un despiadado asesino más allá de toda redención, Capa y Puñal seguían siendo, a ojos de Spiderman, dos niños necesitados de cariño, perdidos, víctimas de su destino y que todavía podían salvarse.

Antes de que acabara 1983, Mantlo continuó la saga de Capa y Puñal en una fascinante serie limitada de cuatro números, ya sin Spiderman y con Rick Leonardi como dibujante, ante la imposibilidad de que Hannigan pudiera abordar el proyecto. La miniserie dotaba a los protagonistas de individualidad, más allá del entorno arácnido, a la par que construía su universo de secundarios y recontaba el origen de la pareja, de cara a aquellos que no lo hubieran leído en Spectacular. El de las miniseries era un formato en alza dentro de Marvel. Había comenzado a emplearse apenas un año antes, a mediados de 1982, y desde entonces se había popularizado de cara a lanzar historias cerradas de héroes que, en un principio, no podían sostener una colección abierta por sí mismos, o como método para sondear el mercado de cara a la posterior cabecera sin fecha de finalización.

 

Rick Leonardi también estuvo presente, junto a Tony Salmons, en un largo número de la revista Marvel Fanfare, que editaba Milgrom, y que vino a extender el interés hacia el dúo protagonista. A su vez, Capa y Puñal continuaron siendo habituales en Spectacular, pasaron por las páginas de Power Pack y Chris Claremont y Bill Sienkiewicz los tomaron prestados para una aventura de The New Mutants que amplió aún más su público potencial. Apenas unos meses después de esto último, a mediados de 1985, estrenaron por fin su título abierto, de nuevo con Mantlo y Leonardi al frente. Su empuje comercial no fue, por desgracia, el esperado, y la colección cerró tras once entregas bimestrales, antes de reciclarse en una nueva cabecera, Strange Tales, donde compartió espacio con el Doctor Extraño, y una tercera colección, de nuevo en solitario, pero con el significativo título de “The Mutant Misadventures of Cloak And Dagger” (Las desventuras mutantes de Capa y Puñal), que trataba de explotar la pertenencia de la pareja al Homo superior. Para entonces Bill Mantlo y Rick Leonardi hacía mucho tiempo que no estaban presentes, los años noventa habían llegado y estos personajes parecían, en definitiva, un recuerdo de otro tiempo.

Con todas las circunstancias adversas, a través de apariciones especiales aquí y allá, algún especial voluntarioso, miniseries ligadas a eventos puntuales y larguísimas ausencias, Capa y Puñal han llegado hasta la actualidad, para transmutarse incluso en teleserie. Bien metidos en el siglo XXI, estamos ante un concepto que muy pocos conocen, pero quienes lo hacen guardan un inmenso cariño hacia este dúo de contrastes y contradicciones, noble representante de aquella época en que el cómic de superhéroes daba tímidos pasos a la búsqueda de ese otro público y esas otras historias que acabó encontrando no mucho más tarde. Por eso es buen momento para (re)descubrir tanto el debut de Capa y Puñal como aquella mítica miniserie, por no hablar de su especial en Marvel Fanfare, hasta ahora inédito en España. Además de un perfecto medio de acercamiento a sus protagonistas, estas páginas siguen suponiendo una sugestiva lectura que, tanto tiempo después, mantiene su fuerza y vigencia.

 

artículo originalmente aparecido en 100 % Marvel HC. Capa y Puñal: sombras y luz

UNIVERSO VENENO: EL NOMBRE QUE ENVENENA NUESTROS SUEÑOS

En el principio, Spiderman era algo único. ¿Un adolescente superhéroe, preocupado por problemas económicos y sentimentales, que solía ser derrotado muy a menudo? No se le había ocurrido a nadie, hasta que llegaron Stan Lee y Steve Ditko. Y a la gente le apasionó. Tanto, que no tardaron en surgir versiones del concepto, ya fuera libres o literales. Se dice que el fracaso es huérfano, pero que el éxito tiene muchos padres, pero lo cierto es que, en el mundo del cómic, lo que el éxito suele tener es muchos hijos. O, lo que es lo mismo, muchos personajes derivados. El Hombre Araña cuenta con tantos que, en 2015, en Marvel montaron “Universo Spiderman”, una saga en la que aparecían todos ellos… ¡y salieron más de cuarenta, sólo con los personajes protagonistas y sin tener en cuenta todos los que estaban de fondo!

Hubo un tiempo en que Veneno también era único. Los que estábamos allí podemos dar testimonio de ello. La década de los ochenta agonizaba y en el horizonte imaginábamos algo diferente en los cómics. Spiderman se acababa de casar con Mary Jane y había un nuevo dibujante en Amazing, Todd McFarlane, que nos dejó clavados al asiento nada más contemplábamos sus páginas. Hacía un Spidey alucinante, retorcido y muy detallista, pero no era lo único: rompía las viñetas, buscaba perspectivas que te dejaban con la boca abierta, dedicaba páginas enteras a enseñar al trepamuros saltando por los tejados de Nueva York, y además su Mary Jane estaba tremenda, lo cual tiene su importancia cuando apenas sumas catorce años y te dicen que lees demasiados tebeos.

 

Y entonces… llegó el villano que anunciaba esa ansiada modernidad. Llegó Veneno. Era el malo de The Amazing Spider-Man #300 USA (1988), uno que no habíamos visto antes, lo cual ya era de por sí bastante llamativo. Un número tan redondo de la principal serie arácnida hubiera merecido de un Doctor Octopus, de un Duende (El Duende Verde estaba muerto en aquel tiempo y era una época en que en Marvel todavía se tomaban la muerte casi en serio), quizás de un Lagarto, de un Buitre o incluso de un Camaleón, por aquello de tratarse de un número conmemorativo y que El Camaleón fuera el primer villano al que hiciera frente el trepamuros, pero… ¿alguien nuevo?

 

Sólo que Veneno no era del todo nuevo. Su traje ya lo conocíamos. Era el simbionte alienígena que se trajera Spidey de las Secret Wars, y que ahora se había asociado con una mala bestia hipermusculada con buenos motivos para odiar al trepamuros, ya que le había desacreditado al desenmascarar al Comepecados. ¿Sabes? Habíamos leído todas esas historias de las que partía el personaje de Veneno, pero sin embargo seguimos viéndolo como algo distinto. ¿Por qué? Pues porque nunca antes se habían combinado tantas circunstancias inéditas a la hora de presentar una amenaza para Spidey. Apunta: sabía quién se encontraba bajo la máscara del trepamuros, recordaba a él y disponía de la mayoría de sus poderes, pero era mucho más corpulento, y paseaba la actitud de un auténtico hijo de perra. Octopus tenía sus planes de dominación, El Buitre robaba bancos y El Lagarto quería repoblar la Tierra con lagartitos, pero Veneno… sólo quería aplastar a esa maldita araña, y entonces sería feliz. ¿Hay algo que dé más miedo?

 

No, no había nada comparable a Veneno, sólo detalles que habíamos visto aquí y allá, en otros personajes. El simbionte con unas gotitas del propio Spidey, un puñadito de Juggernaut, un poco de Hulk… Nos atrapó desde aquel Amazing 300 USA, y atrapó a tantos aficionados que, a partir de ese momento, sus apariciones eran las más celebradas de todas. Sólo que más pronto que tarde… se empezaron a hacer repetitivas. Cada regreso del personaje seguía el mismo esquema, y a Michelinie y Todd McFarlane primero y Erik Larsen después se les agotaron las maneras de sacar a Veneno y que pareciera algo distinto a la anterior ocasión. Para entonces, el personaje era tan popular que en Marvel decidieron darle miniseries, en las que estaba un poco descafeinado, porque ya no le dejaban ser tan hijo de perra como en sus batallas contra el trepamuros.

 

¿Sabes lo que hicieron en ese momento? Se sacaron a “otro” Veneno de la manga, uno todavía más bestia, asesino y brutal que Eddie Brock. Se llamaba Matanza, estaba inspirado por el Anibal Lecter de El silencio de los corderos y volvió a flipar a la peña. Hasta hicieron una macroaventura con él, y después un videojuego. Pero Matanza no era suficiente, así que detrás llegó todo un planeta de simbiontes, y más tarde Toxina, y más tarde el simbionte estuvo sin huésped y más tarde empezó a pasar de mano en mano. En algún momento u otro, estuvo ligado a Angelo Fortunato, Mac Gargan, Flash Thompson y Lee Price, antes de regresar con Eddie Brock.

 

Treinta años después del nacimiento de Veneno la obviedad salta a la vista: nos hemos hecho viejos. Pero el Protector Letal está en plena forma. Marvel ha reivindicado la vigencia y la fortaleza del personaje de la mejor manera que podía haber hecho, devolviéndonos al Veneno original que tan buenos momentos nos diera tres décadas en el pasado, y que todavía hoy en día nos recuerda ese escalofrío que tuvimos la primera vez que lo contemplamos con nuestros ojos. ¿Sabes qué? La memoria también hace que el tedio progresivo posterior sea un recuerdo vago. Nos quedamos con la parte buena y menospreciamos la mala. Queremos volver a disfrutar de Eddie como Veneno. No hay otro como él.

 

Esta aventura, con la que se celebran esos treinta años en los que vivimos cubiertos por la brea negrísima de Veneno, nos recuerda la exclusividad de Eddie Brock de una manera un tanto paradójica: mostrando lo que ocurre cuando éste viaja a un mundo donde se han reunido un montón de Venenos para luchar contra una amenaza común. Ahí están, claro, todos esos Venenos que hemos conocido a lo largo de este tiempo, pero también otros que nunca antes se habían presentado. Y es entre sus iguales donde Eddie se alza como el primero y mejor de todos. Nos recuerda por qué nos quedamos con él antes que con cualquier otra versión, por más que Gargan fuera un serial killer de pesadilla, o por más que empatizáramos con Flash Thompson, o por más que nos cause tanto desasosiego un Peter Parker que nunca logró desembarazarse del simbionte. Ay, Eddie es como el primer amor, y aunque podamos tener una cita como ésta, en la que quedamos con todas las otras chicas con la que alguna vez estuvimos, el primer amor envenena nuestros sueños más que ningún otro.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Universo Veneno

SPIDEY: TU SPIDERMAN

Seguro que sabes que Spiderman fue creado por Stan Lee, ¿verdad? Pero a lo mejor, si no eres lector habitual de cómics, nadie te ha contado que el dibujante Steve Ditko fue también fundamental para la concepción del Mejor Personaje de Ficción Jamás Creado. Esto último es una verdad tan indiscutible que debe ponerse en mayúsculas, y por eso lo hemos hecho.

 

Lo que quizás no sepas es que el primer cómic en el que apareció Spidey se publicó en Estados Unidos… ¡en 1962! No es que no hubieras nacido en aquel entonces, es que ni siquiera había nacido yo, que a carroza no me gana ni la de La Cenicienta. En 1962 no había tele a color, ni Internet, ni pelis de superhéroes, ni móviles, ni videojuegos de ningún tipo. El mundo era totalmente distinto al que existe ahora. Era habitual que un chico de dieciséis años vistiera con corbata. Que los adultos llevaran sombrero y miraran con condescendencia a los adolescentes. Spiderman desafiaba aquello y, nada más llegar, triunfó. ¿Sabes por qué? Pues porque supo dar voz a sus lectores, hablarles de tú a tú, ser un superhéroe con el que pudieran identificarse de verdad. Porque las cosas que a ellos les pasaban eran muy parecidas a las que sufría Peter Parker… ¡y a veces incluso a Peter le iba peor que a ellos! Sí, la generación de “la década prodigiosa” se entregó en cuerpo y alma al trepamuros. ¡Era tan popular como el Che o como Bob Dylan! ¿No te suenan? ¡googlea!

 

Desde entonces, y a lo largo de todas las décadas que han pasado desde entonces, muchas otras generaciones han conectado con, repetimos, por si no te había quedado claro la primera vez, el Mejor Personaje de Ficción Jamás Creado. La manera de llegar al trepamuros no siempre es a través de la versión original del personaje, aquélla que empezó en 1962 y que todavía sigue adelante hoy en día, con un Peter Parker convertido en empresario de éxito y bien metido en la treintena: un Spiderman que dejó muy atrás sus días de aprendizaje.

 

Los hay que conocieron a ese Hombre Araña primordial por cualquiera de las series de dibujos animados con las que ha contado el personaje. Ha habido un montón, desde la primera, que era muy sencillota y que hoy probablemente provocaría que te cayeras de espaldas, pero que a mí me pilló bien pillado, porque nunca había visto a Spiderman en movimiento, hasta la actual Ultimate Spider-Man, ésa en la que hacen un montón de chistes con versiones chibi del héroe, sin olvidar un extrañísimo show de los ochenta, en que el trepamuros compartía protagonismo y casa con otros dos héroes, El Hombre de Hielo y Estrella de Fuego, o la teleserie de los años noventa, que fue una fábrica de seguidores para Spidey como pocas. Y claro, los hay que su primer contacto con el trepamuros vino a través de cine: ¿Tú de quién eres, de Tobey Maguire o de Andrew Garfield? ¿Quizás de Tom Holland? ¿Hay alguien en la sala que sea de Nicholas Hammond? ¿No? Ya me figuraba. Actores muy distintos entre ellos. Más jóvenes o más mayores. Más guapos o más del montón. Y todos fueron Peter Parker, y quizás nunca dejen de serlo, aunque lleguen a cumplir los cien años.

 

Todo esto que te cuento también vale para los tebeos. Hace tres lustros, Marvel lanzó la “versión Ultimate” del trepamuros, y fue uno de los mayores éxitos de su historia. ¿Y sabes que éste no es el primer cómic en titularse Spidey? Entre 1974 y 1982, Marvel, en colaboración con el programa de televisión The Electric Company, publicó Spidey Super Stories, un tebeo orientado a que los más jóvenes se aficionaran a la lectura, en el que se ofrecían pequeñas historias del trepamuros elaboradas por expertos en pedagogía. Quizás ninguno de los relatos publicados allí llegara a la categoría de legendario, si bien solían ser bastante divertidos, pero muchos de sus compradores pasaron luego a leer las aventuras “canónicas” del lanzarredes, y a sumergirse en toda la complejidad de su rico mundo.

 

Y es así como llegamos al moderno Spidey.

 

Por lo que hemos comentado hasta aquí, seguro que ya conocías al Hombre Araña con anterioridad, ¿verdad? Pero con este cómic la factoría de Stan Lee se propone que descubras lo motivos que le hacen un personaje tan genial. Para ello, propone regresar a los días en los que Peter Parker estaba en la escuela secundaria, acababa de picarle la araña radiactiva y aprendía cómo ser un buen superhéroe. Bajo ese planteamiento, el hábil guionista Robbie Thompson nos narra historias extraordinariamente divertidas, que juegan a imaginar las andanzas de Pete en la actualidad. No es necesario que sepas mucho más, y de hecho, cuando después de leer estas aventuras te decidas a saltar a la versión central de Spiderman (porque no dudamos que vas a hacerlo), podrás comprobar que Thompson ha introducido unas cuantas diferencias en su visión del arácnido. No estamos ante tebeos que pudieran ser insertados entre las viejas historias de Stan Lee y Steve Ditko, sino frente a una curiosa fórmula en la que se mezclan aspectos de aquéllas, detalles de Ultimate Spiderman, hallazgos de las películas, porque Gwen nunca fue al instituto con Peter, etc… ¡siempre que mole, aquí lo encontrarás!

 

Enseguida te dejo que abandones estas aburridas palabras y pases a maravillarte con el cómic, pero antes quiero llamar tu atención sobre los dos artistas que lo ilustran, muy distintos entre ellos, pero capaces de dejarte con la boca abierta, por motivos también diferentes. El primero se llama Nick Bradshaw, y acomete la mitad del tomo. Fíjate detenidamente en su estilo. Nick es un loco de los pequeños detalles. Sus páginas están llenos de ellos: la arquitectura, la ropa, las facciones de los personajes, los trajes de héroes y villanos, las multitudes… el dibujante siempre toma el camino más largo, y además coloca el punto de vista de manera que produzca las viñetas más espectaculares que te puedas encontrar. En Estados Unidos, quedaron tan fascinados que ofrecieron una edición especial de estos tres números, a tamaño gigante, para que los lectores se pudieran recrear en cada escena. ¡No descartes que en España también acabemos haciéndolo!

 

A continuación, entra André Lima Araújo, con un estilo de cierta raigambre europea, algo inusual en el campo de los superhéroes. Araújo pone el acento en los elementos más extraños del héroe y su mundo, a la vez que lo humaniza. Atención a las ropas, a las texturas, a las posturas, no sólo de Spidey, sino de casi cualquier individuo que te encuentres aquí: parece como si el dibujante estuviera fotografiando la realidad. Detente también un momento a observar la manera en la que estructura las páginas. Algunas veces cuenta una historia por sí misma, otras te obliga a dirigir tu mirada por la plancha como si fuera un pinball y hay ocasiones en las que consigue clavar ambos hallazgos. No te quedes sólo en las extrañas formas de sus protagonistas: deja que conduzca tu mirada a través del papel, como si estuvieras balanceándote junto a Spidey.

 

Hay muchas maneras de mirar a Spiderman. Cada lector, cada generación, puede tener la suya propia, y cuando pasan los años, esos aficionados siempre miran con cariño a ese primer momento en que quedaron atrapados por el trepamuros. Ojalá este sea tu Spiderman. Ojalá te fascine tanto como me fascinó a mí, hace más tiempo del que quiero recordar. Ojalá te acompañe nuestro héroe a partir de este momento. Porque entonces Peter Parker será, para siempre, uno más entre tus mejores amigos.

 

Artículo publicado originalmente en 100 % Marvel. Spidey nº 1: Primer día

 

EL PRÓLOGO DE UNIVERSO VENENO: UN SIMBIONTE COMBINA CON TODO

Las digresiones en el Universo Marvel no suelen durar mucho tiempo. Sabemos que Steve Rogers siempre volverá a ser el Capitán América, que Los 4 Fantásticos son los inquilinos naturales del Edificio Baxter, que Daredevil patrulla las calles de La Cocina del Infierno o que Lobezno es el mejor en lo que hace. Puede que durante una temporada esas circunstancias cambien, a favor de situaciones nunca antes vistas, que sirvan para alentar el interés de los lectores y animar el escenario, pero en La Casa de las Ideas rigen las leyes de la química por las que los elementos tienden recuperar su estructura natural, por mucho que se vean alterados durante un espacio acotado de tiempo.

 

¿Cuál es el estado natural de cada uno de los iconos que conforman el Universo Marvel? El que esté aceptado por la inmensa mayoría de público. No se puede luchar contra eso, así que no debería sorprenderte que Peter Parker vuelva a estar sin blanca, después de una temporada al frente de una multinacional tecnológica, que Tony Stark se prepara para volver a calzarse su armadura o que los mutantes vuelvan a ser perseguidos y odiados por el mundo al que prometieron proteger. Mientras tanto, todos ellos han pasado por momentos interesantes en sus vidas, como esa vez que hiciste aquello tan loco… que no podía durar demasiado.

 

El caso de Veneno no es diferente al de los demás. Porque nos dicen Veneno y nos viene, como un resorte, la imagen arquetípica que construyeran David Michelinie y Todd McFarlane para aliñar el The Amazing Spider-Man #300 USA (1988. Marvel Héroes. El Asombroso Spiderman: La leyenda empieza de nuevo). El impacto que tuvo el personaje en aquel momento fue tan enorme que los fans siempre desean recuperar el escalofrío que supuso darse de bruces con aquel enemigo imponente y aterrador. Por eso, y pese a que Veneno sea en su planteamiento una creación muy limitada, con una enorme descompensación entre lo carismático de la imagen y la simpleza de Eddie Brock, todo fanboy quiere recuperar aquella electrizante primera impresión que sintió al leer su debut. Los guionistas han intentado evolucionar sobre el punto de partida, y ahí están ante un concepto muy sencillo de alterar: basta que el simbionte alienígena pase a otras manos para encontrarnos a un Veneno diferente. Es así como hemos tenido desde versiones extremas del original, como es el Veneno que encarnara Mac Gargan, hasta interpretaciones benévolas, como fue la del Agente Veneno, pero una vez que el público lo ha probado todo, Marvel acaba volviendo a la casilla de salida: al Protector Letal.

 

En el trigésimo aniversario del nacimiento de Veneno, y después de tantas variaciones como las que hemos conocido en lo que va de siglo, en el Bullpen han pulsado ya la tecla que conduce a los fundamentos. Ahora hay una nueva colección abierta con intenciones de evocar al Veneno de los tiempos de Michelinie y McFarlane, al tiempo que se preparan diversos encuentros con populares superhéroes. Toda esa efervescencia tiene lugar en el año en que se estrenará la primera película del personaje, un hito con el que ojalá se olvide el mal sabor de boca que dejó su encarnación en Spider-Man 3. Ante la cercanía del blockbuster, Marvel Comics ha propiciado un conjunto de celebraciones, y “Universo Veneno” representa la siguiente de ellas.

 

Esta saga, como ya se avanza en el título, busca representar para el Protector Letal lo mismo que significara “Universo Spiderman” para el trepamuros: una gran aventura con la que volver a colocar el foco sobre el personaje. El entusiasmo del editor Devin Lewis llega al punto de calificarla como “¡La aventura de Veneno más grande de todos los tiempos!”, y a establecer una curiosa analogía: “Si ‘Universo Spiderman’ era el Salvad al soldado Ryan de Spidey, ‘Universo Veneno’ será La jungla de cristal de Veneno”. Como en la saga arácnida previa, este microevento juega a la ópera coral y a poner sobre el papel las que bien podrían ser las ocurrencias delirantes de un apasionado fanboy. Después de todo, “Universo Spiderman” ya representaba el sueño de infancia de un true believer de pura cepa llamado Dan Slott. Allí el tema recurrente era el de las versiones del Hombre Araña y aquí la diversidad de individuos a los que se puede ver ligado el simbionte alienígena. En el fondo, el concepto es el mismo: montar una fiesta alrededor de un montón de variantes del mismo personaje famoso.

 

Como es evidente, el destino del Veneno original es el de encontrarse en el camino de ese infinito número de contrapartidas y que todos se unan para hacer frente a un enemigo común. Los Herederos ya no están disponibles, pero en su lugar tenemos a una nueva y misteriosa especie cuya ferocidad haría palidecer al clan de Morlum. Como ocurriera en “Universo Spiderman”, el prólogo de la aventura consiste en un puñado de especiales en los que se nos presenta a algunas de las más representativas encarnaciones. Como ya avanzábamos al comienzo de este artículo, la filosofía de la historia viene a decirnos que los simbiontes son la mejor prenda con la que vestir, porque todo el mundo consigue que le combinen bien, aunque los responsables de “Universo Veneno” han elegido fundamentalmente a personajes caracterizados por su amor por la violencia. Lobezna, Masacre-Gwen, el Piloto Fantasma, El Viejo Logan, Masacre… Los distintos especiales se lo reparten entre autores consagrados, tan interesantes como Matthew Rosenberg, Roland Boschi o Simon Spurrier, y algunos de los que no teníamos noticia hasta este proyecto. Todos ellos nos ayudan a calentar motores para el espectáculo que nos aguarda en la saga propiamente dicha. Ey, ¿te has fijado en ese pringue negro que ha empezado a salir por todas partes? No, no son hilillos de plastilina.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Universo Veneno. Prólogo

PACTO INTERGENERACIONAL: MARVEL ANTE EL RETO DEL LEGADO

Desde los tiempos de Marvel Now! hasta la actualidad, La Casa de las Ideas se ha atrevido a potenciar un conjunto de nuevos personajes derivados de algunos de sus más clásicos y respetados iconos. El objetivo no era, en absoluto, sustituir a Thor, Hulk o el Capitán América, sino introducir jóvenes héroes que conectaran con la diversidad, complejidad y riqueza del siglo XXI. Desde La Antorcha Humana de Los 4 Fantásticos hasta La Patrulla-X de la Segunda Génesis, desde James Rhodes en el papel de Iron Man a Ben Reilly como Spiderman, la editorial siempre ha buscado dar continuidad a sus personajes mediante versiones puestas al día de los mismos que, en muchas ocasiones, ponían el acento en minorías étnicas. La fuerza centrífuga del Universo Marvel termina por colocar las cosas en su sitio y tras “Imperio Secreto” ese momento parece haber llegado: Con Marvel Legacy, ha llegado la hora del back to the basics, y una pregunta resuena en el ambiente. ¿Seguirán adelante esos nuevos héroes, como Kamala Khan, Miles Morales, Riri Williams o Amadeus Cho, o por contra caerán en el olvido?

Generaciones es un proyecto inusual. Lo podemos definir por lo que es, un conjunto de especiales autoconclusivos en que los héroes de legado entran en contacto con sus respectivas contrapartidas adultas en un momento del pasado de éstas, pero también por lo que no es: no estamos ante un evento por sí mismo, aunque parte de los acontecimientos que han tenido lugar en el evento de mayor envergadura que ha tenido lugar en el último ciclo editorial; los especiales tampoco forman parte específica de las colecciones de ninguno de sus protagonistas, pero impactarán en el futuro de todas; no encajan en la filosofía seguida por La Casa de las Ideas en estos años, pero tampoco terminan de hacerlo en la anunciada Marvel Legacy. Generaciones surgió del discurrir de “Imperio Secreto”. Al comienzo de la saga, mientras un corrompido Capitán América arrasaba con su país, sus amigos y todo lo que hasta entonces representaba, el auténtico Steve Rogers, con sus principios morales y su heroísmo intactos, se materializaba en un misterioso lugar, conocido como Punto de Fuga, donde parecían terminar amigos y enemigos que habían sido afectados por el Cubo Cósmico, ya fuera de manera directa o por las acciones llevadas a cabo por el Capi después de haber sido afectado por este artefacto. En el décimo capítulo, Steve lograba acceder a nuestra realidad y enfrentarse a su yo alterado. Tras la batalla final, algunos de los héroes que habían participado de la misma se veían transportados al Punto de Fuga. El hecho ocurría en una viñeta, y en la siguiente ya estaban de vuelta, al más puro estilo de las clásicas Guerras Secretas. ¿Qué había ocurrido entre una y otra viñeta? La respuesta está en estos especiales, originalmente publicados en Estados Unidos durante los dos últimos meses de “Imperio Secreto”. De cara a este volumen, y aunque la lectura de cada episodio funcione de manera autónoma, hemos optado por el orden de publicación seguido en Estados Unidos.

 

HULKS: AMADEUS Y BRUCE

En el primer especial de Generaciones, el actual Piel Verde retrocede a los tiempos del Hulk iracundo de pantalones morados siempre perseguido por el ejército. Greg Pak, guionista que alcanzara la fama con una de las aventuras más celebradas de Bruce Banner, “Planeta Hulk”, pero que también está detrás de la creación de Amadeus Cho, con la ayuda de Matteo Buffagni en los lápices, afronta este encuentro de sus dos personajes fetiche, que encaja a la perfección en las tribulaciones que ha venido padeciendo El Alucinante Hulk. Al contrario que su antecesor, Amadeus se caracteriza por mantener un estricto control sobre sus transformaciones y controlar así a la bestia interior. Sin embargo, algunas circunstancias ocurridas durante sus aventuras, especialmente después de que Banner fuera asesinado en el curso de “Civil War II”, le están empujando por una senda incierta. La criatura furiosa, hasta ahora confinada en el maletero de un coche metafórico conducido por Cho, está ahora libre y condicionará su futuro. Con toda probabilidad, su destino se verá alterado tras “Imperio Secreto”, una vez responda a la llamada de socorro que llega de Sakaar.

CHICAS MARAVILLOSAS: JEAN Y FÉNIX

Venida desde el pasado junto al resto de sus compañeros de los Cinco Originales, nadie como la joven Jean Grey ha luchado para escapar de su destino: el de transformarse en huésped y víctima de la entidad cósmica todopoderosa que conocemos como la Fuerza Fénix. Con esos condicionantes, la actual Jean se cruza en el camino de su equivalente adulta en un momento muy concreto de su existencia, el periodo que va desde que La Patrulla-X es dada por muerta, al final de The X-Men #113 USA (1978), hasta el reencuentro de Jean con sus compañeros, en The X-Men #126 USA (1979). Es también el periodo en que Mente Maestra trataba de corromperla, de cara a que se uniera al Club Fuego Infernal. Falta, por lo tanto, muy poco tiempo para que sufra su primera muerte, en el curso de “La saga de Fénix Oscura”. Cullen Bunn, guionista de Jean en Patrulla-X Azul, y R. B. Silva, uno de los dibujantes de la misma, con un estilo que fusiona elementos de Stuart Immonen y Frank Cho, conducen la experiencia, que tendrá continuidad tanto en la serie propiamente dicha de Jean como en La resurrección de Fénix, acontecimiento a publicar en los primeros estadios de Marvel Legacy.

 

LOBEZNOS: LAURA Y LOGAN

Desde que sustituyera a Lobezno tras la muerte de éste, Laura Kinney ha protagonizado una excelente colección con guiones de Tom Taylor, quien ahora escribe este especial en que la mutante se encuentra con su mentor en un contexto familiar, el de Tokio y las luchas contra interminables legiones de ninjas, para componer una trama sencilla, con predomino de la acción, pero bajo la que late un subtexto poderoso, centrado sobre la relación paterno-filial de los protagonistas. El español Ramón Rosanas (Hombre Hormiga) ilustra esta historia, en la que encontramos unos pocos detalles que permiten contextualizarla durante un amplio periodo. Lobezno viste su uniforme amarillo, pero estamos en una época en la que ya ha adoptado a Akiko y todavía está viva Mariko, por lo que cabe situar el relato entre la recuperación del traje clásico y la muerte del gran amor de Logan.

 

THORS: JEAN Y ODINSON

Jason Aaron, el autor que escribiera las aventuras del Hijo de Odín durante una aclamada etapa y lleva un tiempo equiparable narrando la saga de la mujer digna de sostener Mjolnir, procura la reunión de ambos, en una época a la que ya se ha aproximado antes en sus relatos: cuando la humanidad era joven y Odinson todavía no era capaz todavía de blandir Mjolnir. Dibuja Mahmud Asrar, un profesional todoterreno, injustamente minusvalorado, que después de pasar tanto por Vengadores como por Patrulla-X, tendría que haber alcanzado ya la categoría de estrella. En estas páginas, combina su personal lápiz con claras influencias tanto del Thor de Simonson como del de Coipel. El cómic toma también como referencia el enfrentamiento que tuviera este Thor primigenio con Apocalipsis, en un episodio retrospectivo de Imposibles Vengadores, para luego apuntar, más que ningún otro de los especiales aquí reunidos, hacia el futuro inmediato: las últimas páginas enlazan directamente con Marvel Legacy: Alfa.

 

OJOS DE HALCÓN: KATE Y CLINT

Durante la unánimemente aclamada etapa de Matt Fraction y David Aja, Kate Bishop se situó como la perfecta compañera de batallas del Ojo de Halcón original, un papel en el que ha ido ganando importancia, hasta quedarse ella como única protagonista de la más reciente temporada de la serie, con Kelly Thompson (Fuerza-V) como guionista. Esta misma autora encara el cruce entre Kate y un Clint Barton en los inicios de la carrera de él, cuando todavía no había completado el viaje que le llevaría desde su ambivalente posición de los primeros tiempos hasta las filas de Los Vengadores. Stefano Raffaele, sólido dibujante que al igual que Asrar merecería mayor consideración, coreografía un especial que pone el acento sobre la complicidad de ambos héroes y que nos deja unos cuantos momentos deliciosos y un final memorable.

 

IRON MEN: TONY Y RIRI

Quizás el especial más extraño de todos los aquí reunidos.  Brian Michael Bendis fue el guionista de que, después de haber escrito sus aventuras durante una temporada, se atrevió a sustituir al Hombre de Hierro original por una adolescente superdotada con muy mala suerte en la vida. Aquí, se permite el lujo de romper con la estructura utilizada por el resto de sus colegas. Hubiera sido muy sencillo conducir a Riri, por ejemplo, a la época en la que Tony estaba inmerso en una de sus crisis alcohólicas, pero en lugar de eso ha optado por llevársela a un posible futuro lejano y enseñarnos qué ocurre allí. Como efecto secundario, el guionista arroja jugosas pistas, no sólo acerca de lo que aguarda a Riri a la vuelta de la esquina, sino sobre lo que cabría esperar de otros actores fundamentales del Universo Marvel. El viaje está parcialmente ilustrado por Marco Rudy, un singular artista, en las antípodas de lo que cabe esperar en un cómic de superhéroes, con el que ya coincidiera Bendis durante su etapa en La Patrulla-X.

 

CAPITANES MARVEL: CAROL Y MAR-VELL

De todos los héroes de legado con que cuenta La Casa de las Ideas, la Capitana Marvel quizás sea la que tenga su papel más consolidado. El Capitán Marvel, héroe de quien ha tomado su manto, lleva muerto y enterrado desde 1982, y pese a que su resurrección se haya insinuado en muchas ocasiones, lo cierto es que Mar-Vell parece haber adquirido la condición de muerto intocable, con mayor utilidad en la tumba que fuera de ella. En el otro extremo, Carol Danvers está muy asentada como Capitana Marvel, hasta el punto de que va a protagonizar la primera película de Marvel Studios con una mujer como cabeza de cartel. La guionista de su actual colección, Margareth Stohl, ha escrito una aventura en la que Carol se une a Mar-Vell en el periodo en que éste se encontraba confinado en la Zona Negativa y sólo podía escapar de allí cambiando su posición con Rick Jones. Dibuja Brent Schoonover, con un peculiar lápiz con trazas clásicas y al mismo tiempo underground.

 

MS. MARVELS: CAROL Y KAMALA

En esta historia, Carol Danvers repite protagonismo, pero ahora es ella quien recibe la visita de su sucesora. Kamala Khan probablemente sea el personaje de la factoría que durante la actual década haya alcanzado una mayor relevancia, capacidad para construir legiones de lectores y solidez para garantizar su permanencia. G. Willow Wilson la creó, junto a la editora Sana Amanat, sin tener para ello que quitarse de en medio a la heroína de la que tomaba su nombre, lo que le garantizó la confianza del fandom. La acción se enmarca en el contexto de la primera serie abierta que protagonizara la Ms. Marvel original, allá por la segunda mitad de los setenta, y tanto el lápiz de Paolo Villanelli (Escuadrón Supremo) como la paleta de color de Ian Herring así lo refrendan. Para la ocasión, se ha recuperado a Ave de Muerte, una de las villanas que se enfrentara con Ms. Marvel en sus años dorados, así como el genuino sabor del Daily Bugle de aquel entonces.

 

SPIDERMAN: MILES Y PETER

Brian Michael Bendis se mantiene como narrador fundamental de las andanzas del joven trepamuros e incorpora este especial a su discurrir biográfico, de tal manera que funciona en conjunción con recientes números de la serie abierta o con la miniserie Spidermen II. El autor, esta vez sí, se ciñe a la estructura de la mayor parte de especiales del proyecto, con Miles Morales aterrizando en la Universidad Empire State cuando Peter Parker acababa de matricularse y todavía no había establecido lazos con Harry Osborn o Liz Allan. La visita al pasado, centrada de manera casi total en los héroes bajo la máscara y con escenas de acción meramente testimoniales, nos recuerda las partes menos amables del Peter Parker primigenio, deja un poso agrio en el sentir de Miles y abre las puertas a un importante cambio en su vida. Ramón Pérez, un indie captado por Marvel hace algunos años y que sigue colaborando intermitentemente con la editorial, se mimetiza con la época evocada en el cómic, hasta el punto de casi calcar algunas icónicas viñetas de Steve Ditko o acudir en unas pocas páginas a su célebre plancha dividida en nueve viñetas.

 

CAPITANES AMÉRICA: SAM Y STEVE

Marvel dejó para el final la que probablemente sea la mejor pieza del proyecto, una épica odisea protagonizada por Sam Wilson que hace las veces de epílogo a la larga etapa escrita por Nick Spencer en los últimos años y que ha encontrado su cénit en “Imperio Secreto”. Al tiempo que nos presentaba un Capitán América corrupto, el Steve Rogers pervertido por Kobik, Spencer también ofrecía otro Capitán América: Sam Wilson, sustituto del original, que ha mantenido una fidelidad inquebrantable a los ideales del mito y ha pagado un alto precio por ello. Este relato, con un lápiz muy inspirado a cargo de Paul Renaud, que ya acompañara a Spencer en momentos puntuales de su etapa en el abanderado, ensalza aún más si cabe la figura de Sam, a la par que subraya el verdadero significado del héroe de las barras y estrellas. Una verdadera joya.

 

Marvel presento Generaciones como un derivado de “Imperio Secreto”, pero también como una avanzadilla de Marvel Legacy: el proceso por el que tendrá lugar la progresiva vuelta de los héroes clásicos. Generaciones se erige como una celebración del pasado de la factoría, pero también como una afirmación de la importancia que han adquirido los jóvenes héroes en estos años. El compromiso de la editorial pasa por mantener a los unos por más que regresen los otros. Es ahora, por tanto, cuando Miles, Kamala, Riri, Amadeus y todos los demás serán puestos a prueba como nunca antes. ¿Perdurarán por sí mismos, mientras conviven con los iconos que tomaron como modelo? El futuro de Marvel, su capacidad para mantenerse fresca y espontánea, para acoplarse al sentir de los tiempos y atraer al nuevo público llamado a renovar las canteras de aficionados quizás dependan de que esa respuesta sea afirmativa.

 

Artículo originalmente aparecido en 100 % Marvel HC. Generaciones.

LA HORA DEL CASTIGO: FRANK CASTLE DIBUJA SU CÍRCULO DE SANGRE

Todo empezó en las páginas de The Amazing Spider-Man #129 USA (1974). Desde la portada, un implacable francotirador vestido de negro y con una gran calavera en el pecho cuyos dientes se confundían con la cartuchera apuntaba con un rifle al trepamuros. Aquel personaje era distinto a todo lo que habían visto hasta el momento los inocentes lectores de la época. No era un villano, ya que perseguía la justicia por encima de todo, pero tampoco un héroe, puesto que se distanciaba de los métodos empleados por éstos. Sin máscara, sin poderes y sin nada que le detuviera, El Castigador abría un nuevo tiempo para el cómic.

 

Gerry Conway, escritor por entonces de la serie arácnida, fue el responsable de la llegada de El Castigador. Contó con la ayuda de John Romita, quien diseñó su aspecto final y tuvo la brillante idea de convertir el pequeño cráneo en el pecho que había imaginado el guionista en una gigantesca calavera que ocupaba todo el torso. El nombre inicial que iba a tener el personaje era El Asesino, pero Stan Lee propuso a Conway que lo cambiara por El Castigador: el creador del Universo Marvel ya lo había utilizado antes, para nombrar a un robot que utilizaba Galactus, pero hacía años que no aparecía y nadie se acordaba de él.

 

En aquella época, triunfaban las novelas de El Ejecutor, escritas por Don Pendleton. Su protagonista era Marc Bolan, un ex-combatiente impulsado a luchar contra el crimen tras el asesinato de su familia. En su antihéroe, Pendleton personificada el vacío y la desorientación padecida por Estados Unidos después de Vietnam. Muchos de los veteranos que volvían a casa se encontraban con un país que había cambiado para siempre y que no les recibía como héroes, sino como asesinos. El Castigador compartía muchos rasgos con El Ejecutor, pero Conway negaba una influencia directa. “Creo que era algo más general”, matizaría al respecto. “Había ese zeitgeist en aquel momento, una idea de un vigilante que podía ser héroe o villano, y de ahí también procedía El Ejecutor. Había un sentimiento general, de que aunque la sociedad no quisiera admitirlo necesitábamos a esa clase de ángeles vengadores que se posicionaran al margen de la ley”.

“Mientras estaba escribiendo aquella primera historia”, recordaba el escritor al respecto del debut de su criatura, “me di cuenta de que estaba más y más interesado en el personaje, no necesariamente en la historia. Era un signo de que era un buen personaje o una mala historia. Admiraba su sentido del honor. Incluso al final de la aventura, cuando comprende que ha sido manipulado. Aunque no considere a Spiderman un aliado, no le ve como un enemigo ni trata de matarle. La respuesta dentro de la editorial y entre los lectores fue tan fuerte que decidimos recuperarlo. A veces, te cruzas con personajes que cobran vida por sí mismos más allá de tus intenciones iniciales. Eso fue ciertamente lo que pasó en aquella ocasión”.

Faltaba todavía muchos años para que El Castigador alcanzara la aceptación generalizada. A los guionistas del género les costaba trabajar con un vigilante difícilmente digerible por todos los públicos. En sus comienzos, incluso buscaban rocambolescas explicaciones a su comportamiento, como que las balas que disparaba eran en realidad de plástico y no mataban. La realidad era mucho más cruda, como vino a demostrar el propio Conway, en una historia corta aparecida en Marvel Preview #2 USA (1975), un magazine en blanco y negro orientado a los adultos. Allí se detallaba su origen, el de un excombatiente de una guerra que no se llegaba a mencionar, pero que obviamente era la de Vietnam, que volvía a casa con su familia, sólo para contemplar cómo ésta era asesinada por la mafia después de que accidentalmente fuera testigo de un crimen. Por sorprendente que pueda resultar ahora, Conway no llegaba a aportar el nombre real del personaje. En Marvel todavía no se planteaban que un tipo que ni siquiera tenía superpoderes cargara con una cabecera sobre sus hombros. Un vampiro o un hombre lobo tenían ventaja sobre un asesino. El único intento serio al respecto fue el Marvel Super Action #1 (enero de 1976), un nuevo magazine en blanco y negro que estaba encabezado por El Castigador. Nunca hubo un segundo número.

 

Si la presencia posterior de El Castigador junto a otros héroes edulcoraba su imagen, tal situación habría de cambiar a comienzos de los años ochenta, gracias a Frank Miller. En Daredevil #183 y 184 USA (1982), el genial autor que había insuflado nueva vida al Hombre sin Miedo comparaba los métodos del Hombre sin Miedo con los de El Castigador en un relato sin concesiones en el que ambos justicieros persiguen al responsable de la muerte de unos niños. Mientras que Miller veía en El Castigador a un justiciero enfrentado a crímenes horrendos que comprende el dolor de las víctimas, no ocurría lo mismo con Bill Mantlo, el guionista que escribiría las siguientes aventuras de Frank Castle, de nuevo junto al Hombre Araña, en Peter Parker, The Spectacular Spider-Man #81-83 USA (1983). Con la memoria puesta en la película Taxi Driver (1976), Mantlo identificaba a El Castigador con el personaje encarnado por Robert DeNiro: un psicópata cuyas acciones tienen más que ver con la enfermedad mental que con el propósito de hacer justicia.

 

Entre 1985 y 1986 se publicó al fin la miniserie de cinco números que da título a este libro, y que marcó un antes y un después en la historia de El Castigador. Por primera vez desde su paso por los magazines, el personaje protagonizaba una aventura en solitario. Su función ya no consistía en servir de referencia para que Spiderman, Daredevil o el Capitán América quedaran moralmente por encima de él. El guionista, Steven Grant, fue quien por fin dio un nombre real, el de Frank Castle, y completó la caracterización. Grant llevaba diez años dándole vueltas al personaje y al cómic que quería escribir con él. “No es un superhéroe”, pensaba al respecto. “Es alguien que está emocionalmente muerto. Ése es el problema que tenían la mayoría de guionistas con él. Cuando escribes sobre un personaje, se supone que tienes que examinar su vida interior. Bueno, pues El Castigador no tiene vida interior. No tiene profundidad emocional, porque no tiene emociones. Eso fue lo que me atrajo de él. Estaba más interesado en la novela negra y él era un personaje del género: un buen vehículo para decir cosas que yo quería decir y no era capaz de hacerlo en ningún cómic de superhéroes”.

Las propuestas de Grant habían sido rechazadas una y otra vez, pero todo cambió cuando entró en juego Mike Zeck, dibujante del mayor éxito de la historia de la compañía, la maxiserie Secret Wars. Así lo recordaba luego el artista: “Cuando Grant se acercó a mí para compartir su percepción de quién era El Castigador y la idea que tenía para una serie limitada, supe que el personaje por fin había sido definido, al menos en lo que concierne a mis gustos. Me subí a bordo al instante. El sentimiento de conocer al personaje hace que dibujarlo sea más disfrutable. Menudo regalo me hizo Grant con El Castigador”.

 

Zeck, que había vivido una pesadilla con las fechas de entrega de Secret Wars, pudo relajarse y disfrutar de nuevo con su trabajo, hasta el punto de que el primer número de la miniserie alcanzó las mayores cotas de calidad de su carrera. Se trataba además de un episodio doble, lo que obligaba a una mayor dedicación. El calendario, pese a todo, volvió a caer sobre el artista, de manera que el último número, que también iba a ser doble, tuvo que dividirse en dos. No pudo terminarlo, y el final de la miniserie recayó en manos de Mike Vosburg, un dibujante que trató de mimetizar a su antecesor, sin llegar a conseguir los grados de excelencia de éste. Pese a todo, “Círculo de sangre” conquistó a un público al que había cogido con la guardia baja. Frank Castle se enfrentaba con el infierno de las cárceles, con una auténtica guerra de bandas o con la corrupción institucionalizada. Nada de disfraces, ni de máscaras, ni de superpoderes. De paso, quedaba aclarado que su anterior comportamiento paranoico se debía a la toma involuntaria de drogas, lo que además servía de arranque argumental. Ante las impresionantes ventas y excelentes críticas cosechadas por la miniserie, El Castigador consiguió poco después su propia colección, en la que no se implicaron ninguno de los dos autores, si bien contaba con el mismo editor, Carl Potts, otra figura que sería capital en la historia del personaje.

Cuatro años después, Grant y Zeck regresaron a casa, unidos por su amistad y por el amor hacia Frank Castle, para realizar una secuela, esta vez en formato álbum, con papel de calidad y un color directo para el que Potts contó con Phil Zimerman, el que había sido responsable de que los lápices para las cubiertas que hizo Zeck en “Círculo de sangre” tuvieran un aspecto todavía más impresionante si cabe. Dicen que no hay dos sin tres, pero en este caso nunca se cumplió tal axioma. Zeck fue requerido para dibujar a Frank Castle en un buen número de portadas, que también se incluyen en este volumen, a modo de extra, y ambos volvieron a reunirse en los cuatro números de Damned, para Image, pero la segunda historia de El Castigador que idearon fue también la última, dejando a los fans con el mejor recuerdo imaginable, y al personaje con una herencia sobre la que edificar su leyenda posterior.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel HC. El Castigador: Círculo de sangre

LA SAGA DEL CLON: EL MONTAJE DEL DIRECTOR

EL ORIGEN DE LAS ESPECIES

La más polémica aventura de la dilatada trayectoria de Spiderman se publicó entre 1994 y 1996, a lo largo de unos doscientos tebeos. Sin embargo, para entender todas sus implicaciones, hay que retrotraerse hasta mucho tiempo atrás. En concreto, a los años setenta, y es ahí donde ha de empezar nuestra historia. Por aquel entonces, el Hombre Araña ya tenía a sus espaldas una larga trayectoria compuesta por diversas etapas. Estaban los años fundacionales, con Stan Lee y Steve Ditko a los guiones, en los que Peter Parker era un adolescente apocado que aprendía el oficio de superhéroe; y estaba la época dorada, con John Romita a los dibujos, durante la que la serie había añadido un importante componente romántico, gracias a la llegada de las dos chicas entre las que se dividía el corazón del protagonista, la carnal y excitante Mary Jane Watson frente a la dulce e inocente Gwen Stacy. Sería esta última la elegida por Peter Parker, pero también la que encontraría un destino fatal a manos del peor enemigo del héroe, en una aventura publicada en 1972 y escrita por Gerry Conway, un guionista de apenas diecinueve años que acababa de recibir la serie de las manos del mismísimo Stan Lee.

 

La muerte de la novia del héroe, lo que hoy en día ha llegado a convertirse casi en un tópico, era por aquel entonces un imposible. El impacto que causó en los lectores fue incomparable, hasta el punto de que muchos sintieron la pérdida como propia. La conmoción llegó a tal nivel que, dos años después, todavía eran muchos los que reclamaban el regreso de Gwen Stacy mediante cualquiera de los muchos trucos que se utilizan en los cómics de superhéroes para recuperar a los personajes populares. Sólo que Marvel en general, y Gerry Conway en particular, se negaban a ofrecerles eso. En su lugar, el escritor tejió una saga que puso a prueba la cordura de los aficionados arácnidos.

 

Un buen día, en la puerta de Peter Parker, apareció Gwen. ¡Estaba viva! Sólo que no era la Gwen de siempre, que, como muy pronto se comprobó, seguía muerta y enterrada. Esta otra Gwen era un clon creado por Miles Warren, un profesor que se había obsesionado con la joven y que, como no podía ser de otra forma, se había convertido en un villano deseoso de acabar con Spiderman, que respondía por el nombre del Chacal. En el climax de la aventura, Spiderman descubría que el de Gwen no era el único clon que el Chacal había concebido: también realizo un clon del propio Spiderman: el arma perfecta para acabar con el trepamuros. La saga se resolvería en Amazing Spider-Man #149 USA (1975. Spiderman: Los imprescindibles nº 7). En sus páginas, tanto el Chacal como el clon del lanzarredes encontraban la muerte, mientras que la doble de Gwen decidía buscar su propio camino, lejos de la sombra de su doble genético, y Peter entregaba al fin su corazón a Mary Jane, cumpliéndose así el verdadero objetivo de Conway a la hora de desarrollar este argumento.

 

 

EL REGRESO DEL CLON

Salvo por menciones ocasionales, y la aparición puntual del clon de Gwen en un Anual, no se volvió a profundizar en el asunto del clon durante los siguientes veinte años, Muchos guionistas preferían no tocar ese argumento. A principios de los ochenta, Roger Stern llegó a planificar una historia en la que el clon de Gwen había envejecido aceleradamente, para morir finalmente en la paz de un monasterio, pero decidió abandonar la trama antes siquiera de sentarse a escribirla. A lo largo de ese tiempo, Peter Parker contrajo finalmente matrimonio con Mary Jane, a la vez que el Hombre Araña alcanzaba nuevas cotas de popularidad, que llevaron a Marvel a multiplicar exponencialmente el número de sus series. A mediados de los años noventa, la sensación de que Spiderman ya no resultaba tan atractivo para los lectores se había hecho fuerte, y con ella, llegaría también la intención de buscar la manera de arreglar las cosas. Los autores y editores, con toda la buena intención del mundo, querían quitar lastre al héroe, hacerlo de nuevo divertido y romántico, devolverle su soltería, su espontaneidad y su infelicidad crónica.

 

En ese contexto, Terry Kavanagh, uno de los escritores de las diversas colecciones arácnidas, propuso en una reunión de trabajo celebrada en 1993 que trajeran de vuelta al clon: no al de Gwen, sino al del propio Spidey, un regreso que provocaría todo un cataclismo a todos los niveles. Conscientes de las posibilidades que dicho argumento ofrecía, toda la oficina arácnida decidió apoyarlo decididamente. Tom DeFalco, Director Editorial de Marvel en aquel entonces, no sólo daría luz verde a la saga, sino que se sentiría tan entusiasmado con ella que incluso decidiría sumarse a los autores de la misma.

 

Inicialmente, el arco argumental se desarrollaría a través de las cuatro colecciones que el lanzarredes protagonizaba. Dicho y hecho: en Web of Spider-Man #117 USA (1994. Spìderman vol. 2, nº 6 de Forum), el clon entraba en escena, bajo el nombre de Ben Reilly. Había logrado sobrevivir a los acontecimientos del Amazing Spider-Man #149 USA, llevaba cinco años “recorriendo América”, y tomaba la decisión de regresar al descubrir que tía May estaba grave. En los meses siguientes, Ben se alzó como la gran estrella de las series arácnidas: convertido en un nuevo superhéroe, la Araña Escarlata, luchó contra los peores enemigos del lanzarredes y se ganó la confianza de los aficionados, que veían en él a un Peter Parker que no había gozado de la buena suerte del que conocían, pero había sabido construirse a sí mismo y sobreponerse a sus desgracias. A su vez, el verdadero Peter era arrastrado por la oscuridad y la depresión, apareciendo cada vez más antipático ante los lectores.

 

 

El plan de guionistas y editores consistía en que la saga concluyera después de seis meses (unos veinticinco tebeos, teniendo en cuenta la gran cantidad de colecciones arácnidas)… Pero las cosas no salieron como tenían pensadas. Las ventas enseguida comenzaron a aumentar. Los autores se divertían con su trabajo como nunca habían hecho, y ese entusiasmo se transmitía en una gran historia-río plagada de sorpresas y conspiración, que dejaba siempre con el deseo de que llegara el próximo número. En la editorial también se entusiasmaron, a su manera. Amaban al clon, y lo querían presente tanto tiempo como fuera posible. Fue en ese punto donde empezaron los problemas. Ante la petición de retrasar la conclusión de la saga, se tuvo que improvisar, alterar decisiones ya tomadas, incorporar nuevos autores poco experimentados y estirar los argumentos deprisa y corriendo, con la consiguiente multiplicación de incoherencias y el bajón en la calidad de la saga, que fue perceptible después del Amazing Spider-Man #400 USA (1995. Spiderman vol. 2, nº 12), un emocionante episodio en el que se narraba la muerte de tía May y tras el que los guionistas se quedaron sin nada interesante que contar, pero muchas páginas que rellenar.

 

La puntilla llegó cuando se hizo necesario poner fin a “La saga de Ben Reilly”. En el ánimo del equipo creativo estaba que Peter se retirara a causa de su próxima paternidad y Ben tomara su lugar, aunque sólo de forma momentánea. Sin embargo, los convulsos tiempos que vivía Marvel influyeron en contra de la ejecución de esas intenciones. La dirección de la compañía cambió, y el nuevo director no tenía claro a qué carta jugar con Spiderman. Decidió, sin demasiados elementos de juicio, que Ben sustituyera a Peter de manera permanente, estableciendo incluso que el que había sido Peter durante veinte años era en realidad el clon, mientras que Ben se alzaba como el auténtico.

 

La respuesta de los aficionados fue rápida y unánime. No querían a Ben Reilly como Spiderman, ni mucho menos querían que el Peter Parker al que habían seguido durante dos décadas fuera calificado de impostor. La saga, cerrada en falso, todavía tendría que continuar durante unos meses más, hasta que, finalmente, en Peter Parker: Spider-Man #75 USA (1996. Nuevo Spiderman nº 12 de Forum), se llevó a cabo la corrección. El catalizador fue un inverosímil regreso de la muerte por parte de Norman Osborn, que se descubría como la mente maestra detrás de cuantas desgracias le habían ocurrido al Hombre Araña en los años anteriores. Peter volvía a vestir las telarañas, Ben Reilly moría heroicamente, a la vez que se aclaraba su condición de copia, y el embarazo de Mary Jane terminaba en tragedia: no habría bebé que cuidar y que obligara a dejar aparcado el uniforme arácnido. Y por si fuera poco, al cabo de unos meses, tía May también estaría de nuevo en danza.

 

 

En definitiva: Las cosas volverían a estar en su sitio, pese a que el daño padecido fue demasiado grande. Durante la etapa de Ben Reilly como Spiderman, las ventas descendieron de manera preocupante, en un contexto general ya de por sí átono. Muchos eran los aficionados que habían retirado su apoyo al nuevo Hombre Araña, furiosos por lo ocurrido. En la Casa de las Ideas decidieron que nunca más se volvería a hablar de clones ni a poner en duda que Peter Parker sea Spiderman. Y pese a todo, el icono tardaría todavía varios años más en recuperar el pulso, mientras que algunas de las consecuencias de lo ocurrido permanecerían activas, hasta el punto que Norman Osborn es, a día de hoy, una pieza fundamental del Universo Marvel.

 

EL MONTAJE DEL DIRECTOR

Tres lustros después de la publicación de “La saga de Ben Reilly” los ánimos se han calmado, en gran parte porque una gran cantidad de nuevos lectores siguen ahora las aventuras de Spiderman, y muchos de ellos se preguntan en qué consistió aquello tan polémico. Mark Millar, en una viñeta de su excepcional Marvel Knights: Spiderman (2004), fue el primero en el siglo XXI en atreverse a escribir, negro sobre blanco y con todas las letras, el nombre maldito: Ben Reilly. Las bromas, los chistes privados, las alusiones a los clones introducidas por lo bajini en los diálogos de Spiderman se fueron haciendo cada vez más ocasionales, sobre todo por parte de Brian Michael Bendis, en Nuevos Vengadores. Fue éste el guionista que se atrevió a ofrecer su propia versión de la “maldita” saga, en Ultimate Spiderman, y con resultados más que satisfactorios, prueba de que la idea no era mala por sí misma, y que su ejecución mejoraba en extremo cuando se dejaba a los autores hacer su trabajo.

Pero el detonante del proyecto que tienes en tus manos vino, curiosamente, a causa de las excelentes ventas logradas por el primer volumen recopilatorio de “La saga de Ben Reilly”, un tochazo de más de 400 páginas publicado por Marvel en Estados Unidos que apenas sería el primero de los muchos volúmenes necesarios el evento completo. Si había tanta gente dispuesta a hacerse con la más denostada aventura de Spiderman, quizás habría un puñado de lectores deseosos de conocer algo muy especial…

 

Y así es como llegamos a este volumen. Tom DeFalco fue el Director Editorial de Marvel que aprobó la elaboración de la historia, allá por 1994. Howard Mackie fue el guionista que tuvo que concluirla, dos años después. El dibujante Todd Nauck todavía no había entrado en la industria cuando todo esto ocurrió, pero ha dibujado a Spiderman durante algún tiempo, y su estilo recuerda en cierta forma a algunos de los autores de la aventura primigenia, como el ya olvidado Steven Butler, o el ahora inaccesible Mark Bagley. Entre todos ellos han compuesto un producto verdaderamente inusual, una “versión del director” de la saga original o, como prefiere definirlo DeFalco, “una oportunidad para dos viejos escritores de Spiderman para demostrar que todavía pueden lanzar algunas interesantes telarañas”.

 

 

¿Contiene este tomo “La saga de Ben Reilly” que le hubiera gustado escribir a los guionistas originales? Es probable que no. Para empezar, porque han pasado quince años, la memoria es débil y muchas notas de las reuniones de entonces se han perdido para siempre. Para continuar, porque faltan piezas fundamentales de aquel equipo, como J. M. DeMatteis, el guionista que mejor definiera a Ben Reilly, o Terry Kavanagh, el tipo que, pese a sus escasas habilidades como escritor, debe llevarse el mérito de haber tenido la idea original. Y para finalizar, porque aquellos elementos que configuraron los cómics que vieron la luz durante esos dos años han determinado mucho de lo que aquí se cuenta. Sorprende, por ejemplo, que DeFalco y Mackie recurran aquí a Norman Osborn, puesto que la única figura en la sombra que se les pasó por la cabeza en un principio fue la de Miles Warren, y la opción de resucitar a Norman no llegara hasta mucho tiempo después.

 

Por el contrario, estos seis números que condensan, redefinen y alteran aquel caudal infinito de tebeos sí se acerca, en espíritu, a lo que podía haber sido pero no fue “La saga de Ben Reilly”: una trascendental aventura de Spiderman con un principio, un nudo y un desenlace planificados con coherencia. Las cosas son como son, y no como nos hubieran gustado que fueran, pero hay que alabar este sorprendente experimento que se lee como un desquite por parte de sus autores: otra una manera de decirnos que las cosas se podrían haber hecho mucho mejor. Quién sabe si este proyecto será el germen que lleve, algún día, a reposicionar en el escenario a Ben Reilly. Tantos años después, con la perspectiva que da el paso del tiempo, va a ser verdad eso de que algunos le echamos de menos.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Spiderman: La saga del clon

EL SPIDERMAN QUE SE ADELANTÓ A SU TIEMPO

Todo empezó cuando Stan Lee y John Byrne pensaron hacer una novela gráfica que describiría cómo iba a ser el Universo Marvel cien años en el futuro. Los dos autores no se pusieron de acuerdo y el proyecto quedó desechado. Byrne aprovecharía algunas de las ideas, que verían la luz bajo el título de 2112, una novela gráfica de la que luego se derivaría la que fue una de sus obras más personales e interesantes: Next Men.

 

Por su parte, Tom DeFalco, el Director Editorial de Marvel en aquel preciso momento, se quedó con la idea básica de “El Universo Marvel que existirá dentro de un siglo” y, a partir de ahí, lanzó una ambiciosa línea editorial encabezada por cuatro nuevos personajes: Spiderman, El Castigador, el Doctor Muerte y Ravage. La factoría repartía el riesgo con dos apuestas seguras, un villano que jugaría a la ambiguedad y un personaje totalmente nuevo que escribiría Stan Lee y que incluso se planteó la posibilidad de que dibujara Steve Ditko, aunque el acuerdo no llegara finalmente a buen puerto. Curiosamente, La Patrulla-X no formaba parte del ticket inicial, signo de que La Casa de las Ideas buscaba con su nueva propuesta desvincularse de los entonces omnipresentes mutantes.

 

Joe Cavalieri, el editor de la nueva línea, preparó una Biblia sobre el Universo del Mañana, pesimista, ciberpunk y con eminentes influencias cinematográficas y literarias, desde Blade Runner a las novelas de William Gibson. Era un mundo controlado por grandes corporaciones en el que los iconos superheroicos del siglo XX habían desaparecido. En los bocetos preliminares, planearon que el nombre de la nueva franquicia fuera Marvel 2092, porque 1992 sería el año en que se lanzarían los cuatro títulos iniciales. Cuando cambiara el calendario en el mundo real, también lo haría en los cómics del futuro, pero se desechó tal posibilidad al considerar que podía ser confusa para el aficionado. Se acudió entonces al año 2099.

 

Antes que un personaje, Spider-Man 2099 fue un nombre que llenar con la propuesta más atractiva que sedujera a Cavalieri. Éste dio indicaciones básicas acerca del trepamuros futurista: debía trabajar en Alchemax, el conglomerado empresarial por excelencia de la época, y debía conseguir sus poderes a causa de un accidente. Cuenta la leyenda que un joven guionista, que escribía la adaptación al cómic de la teleserie Ren & Stimpy o realizaba relatos ocasionales para Marvel Comics Presents, se postuló como para la colección. Se llamaba Dan Slott, y perdió en beneficio del ya consolidado Peter David, uno de los pocos aspirantes que prefería desvincular a Spider-Man 2099 de Peter Parker. “Cogí todo lo que sabía sobre el Spider-Man de nuestra época y no sólo lo ignoré, sino que traté de ir en la dirección contraria”, explicaría. “Quise que se llamara Miguel O’Hara para que reflejara la pluralidad cultural del siglo XXI. Fue en honor a un amigo mío llamado Miguel Ferrer y cuyo apodo es Miggy, como mi personaje. O’Hara Siempre fue el primero de la clase. Está contento de saberlo absolutamente todo y ese conocimiento no sólo le proporciona satisfacción, sino que le convierte en un engreído que observa a todo el mundo con arrogancia. Seguro de su inteligencia, desprecia a todas las personas que conoce, discute las órdenes de sus superiores, elige novias a las que pueda superar en inteligencia y presume de ser el mejor y el más listo. Cuando decide ponerse la máscara de Spider-Man, Miguel comprende que nada ni nadie es lo que parece. Su madre es una loca que le desprecia, su hermano un terrorista, Alchemax un diablo corporativo… y él, que creía contar con respuestas para todo, reconoce que ni siquiera sabía qué preguntas formularse”.

 

Un año antes de que el director James Cameron tuviera la misma idea en su tratamiento de guión para la fallida película del trepamuros, el Spider-Man 2099 ya contaba con lanzarredes orgánicos, en lugar de mecánicos. “Como deferencia al Comics Code y al buen gusto”, bromeaba el guionista, “me tomé la libertad de colocar los espolones en los antebrazos y no en el trasero, que es donde los pondría la naturaleza”. El resto de sus poderes parecían una versión extrema de los de Peter Parker. En lugar de pegarse a las paredes, Miguel se sujetaba a ellas con unas garras retráctiles, mientras que la visión circular sustituía al sentido arácnido

Rick Leonardi, artista excepcional con experiencia tanto en dibujar al cabeza de red como en participar en el diseño su uniforme negro, creó el traje del nuevo héroe y fue su dibujante fijo durante los dos primeros y brillantes años. Leonardi apostó por ofrecer una vestimenta poco habitual, pero que siguiera pareciendo un traje de Spider-Man. De hecho, empezaba siendo un disfraz del Carnaval de Río para luego convertirse en uniforme de batalla. Los autores también se desmarcaron con su galería de villanos, que incluía desde un buen puñado de imaginativos personajes creados desde cero hasta versiones de los clásicos, como El Buitre, Veneno o El Duende Verde. No obstante, el mayor enemigo del trepamuros acabó siendo Tyler Stone, presidente de Alchemax y que en un momento dado se revelaba como el padre de Miguel.

 

Spider-Man 2099 fue, sin lugar a dudas, la serie de bandera de una propuesta que hubiera merecido mejor suerte. Conforme Marvel entraba en la terrible crisis de los noventa, el presupuesto de Cavalieri se fue viendo reducido, lo que impedía contratar autores de relieve. Los recortes mataron a la franquicia, que se cerró tras algunos tímidos intentos de reflotarla. Spider-Man 2099 llegó a contar con cuarenta y seis entregas, así como un Annual y un especial. Antes del fin, tendría un último momento de gloria de la mano de sus creadores, cuando Miguel viajaba al pasado, nuestro presente, para encontrarse con su homólogo del siglo XX, en el especial Spider-Man 2099 Meets Spider-Man. Allí, David planteaba una premisa atractiva: a lo largo de los siglos habrían existido sucesivos Hombres Araña. Algunos de los cuáles llegaban a dejarse ver en el especial. ¿A alguien le resulta familiar?

 

A lo largo de los años, la línea 2099 tuvo algún intento de relanzamiento, sin acierto ni fortuna. Aquí es donde entró en juego Dan Slott, ya constituido como guionista arácnido por excelencia en los últimos años, y que primero rescató al Hombre Araña 2099 para el videojuego Spider-Man: Shattered Dimension, donde ya aparecía junto a Peter y a la versión Noir. La experiencia dejó a Slott tan satisfecho que abrió la puerta a una saga todavía más ambiciosa, que reuniera a todos los trepamuros que habían existido alguna vez: “Universo Spiderman”.

 

Antes de eso, Slott fue también quien optó, en el curso de Spiderman Superior, por traerse a Miguel hasta el presente, esta vez para que se quedara aquí y tratara de impedir que una Alchemax recién nacida llegara a transformarse en la temible compañía que él había conocido. Era una brillante manera de cerrar el círculo y encontrar el vínculo hasta entonces invisible entre ambos héroes, puesto que Tiberius Stone, el fundador de Alchemax, había trabajado en Horizon Labs, la empresa en la que también estuviera Peter. Es en ese contexto, en el que Peter David vuelve a casa y, veinte años después, retoma al personaje en una nueva serie, que nada más empezar se ve unida al desarrollo de “Universo Spiderman”. No podía ser de otra forma, porque, como buen futurista, Spiderman 2099 se adelantó a su tiempo. Al margen de parodias y What Ifs, fue la primera versión que existió del trepamuros original. Podría decirse que gran parte de lo que ahora está sucediendo en la Franquicia Arácnida empezó con Miguel O’Hara, en un lejano 2099 al que ahora podemos mirar con saludable nostalgia.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Spiderman 2099 nº 1

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