CAPITÁN AMÉRICA DE RICK REMENDER: HORA DE AVENTURAS

En 2012, el ciclo más brillante de la historia moderna de Marvel había llegado a su fin. Desde la normalidad y complacencia por los logros acumulados, Joe Quesada dio paso a un nuevo Director Editorial, Axel Alonso, quien puso en marcha la primera iniciativa destacable de su mandato: Marvel Now! La operación consistía en huir de las zonas de comodidad, de manera que todos los autores intercambiarían sus sillas entre ellos. En el caso del Capitán América, Ed Brubaker, que había dado intensos días de gloria al Centinela de la Libertad, pero que se sentía hastiado por tantos años escribiendo superhéroes, cedió el testigo a Rick Remender.

¿Cómo rellenar el hueco que ha dejado el más aclamado guionista con el que jamás haya contado una colección? Si pretendes estar en ella durante mucho tiempo, si tu propósito va más allá de la mera emulación de las fórmulas que llevaron al triunfo de tu predecesor, sabes que sólo hay un camino posible: tomar una dirección distinta. ConEd Brubaker tuvimos al Capitán América relevante. Un espía perfecto, elJack Bauerde los tebeos. ConRick Remender, esa óptica queda en un segundo plano. El punto de partida no está en la carga política del personaje, sino en su lado más aventurero. Remender se pone como modelo la época de Jack Kirbyen calidad de autor completo del Centinela de la Libertad. Es una etapa que, en su momento de publicación, a mediados de los años setenta, se desmarcaba de cualquier significación ideológica para centrarse en gigantescas aventuras, de espectacularidad rampante y planteamientos excesivos, con Kirby en ebullición y sin nada que le frenara. De ella, Remender toma la locura extrema, los escenarios imposibles, la ciencia ficción desaforada y, por supuesto, la aventura a lo grande.

 

Uno de los villanos que Kirby creara entonces fue Arnim Zola, que siempre había fascinado a Remender y al que recurre ahora como amenaza omnipresente, en la que quizás sea la historia más destacable que ha protagonizado nunca. El autor llegó a barajarlo cuando escribía las aventuras del Agente Veneno, antes de saltar a primer plano entre los narradores de Marvel, pero no acabó de encontrar una historia que le hiciera justicia En su opinión, Arnim Zolaha sido subestimado por otros autores, que normalmente le reservan el papel de ayudante de Cráneo Rojo, como de hecho sucedía en la primera película del Capi. Remender identifica a Zola con Josef Mengele, el científico loco del nazismo: “Es alguien para quien la vida no es más que barro con el que jugar y que moldear. Todo es un gran experimento para él”, sostiene. “Carece de cualquier empatía. Es un sociópata en estado puro. Además, es un genio de alto nivel capaz de comunicarse con sus creaciones y es capaz de copiar la conciencia de manera digital”. El guionista le da mucha importancia a este detalle, del que también se sirve para dar vida al Cráneo Rojo deImposibles Vengadores. Se trata de llevar la relación entre Zola y el Capi hasta un nuevo nivel, que estén conectados como nunca antes lo estuvieron: “cuando veas a Zola en el futuro, quiero que sientas que es uno de esos grandes villanos que te dejan con la boca abierta. Es lo que quiero conseguir con esta saga”.

 

El reflejo natural de la utilización de Zola lo encontramos en el escenario del que se sirve: la llamada Dimensión Z, creada por Remender para esta ocasión, y en cuyo establecimiento perseguía la unión de los contrastes: un paisaje inhóspito, poblado por criaturas monstruosas que, por extraño que pudiera parecer, han establecido sus reglas sociales, que se ve sometido a la tecnología del biofanático y, en consecuencia, severamente alterado. Donde antes había llanuras polvorientas, irrumpen coches voladores y ciudades de cromo y metal, con la urbe concebida como base de operaciones del villano como mayor reflejo de la mente de aquél. Enfrente, encontramos a un Capitán América fuera de su territorio, que recurre a sus recuerdos del pasado como asidero frente a la locura que le rodea, y en concreto a una figura, la de su madre, a la que ningún otro autor se había acercado antes con excesiva profusión. Acerca de esos primeros años de la vida del héroe giran muchas de las ideas que Remender quería destacar: “Sabemos que creció en circunstancias muy duras, que se empeñó en ir a la II Guerra Mundialaunque fuera un alfeñique, y a partir de ahí sale lo demás. Pero la gran pregunta que creo que debo responder es: ¿Cómo llegó ahí? No naces siendo un superpatriota, increíblemente noble, un gran líder que nunca se rinde. Nadie lo hace. Puede que tengas unas aptitudes, pero tienes que ganártelo. Así que eso es lo que hizo Steve mientras crecía en el Lower East Sideen la Era de la Depresión. Se lo ganaba”.

 

El artista conminado a plasmar los presupuestos de Remender es un veterano de lujo de Marvel, que como tal había tenido oportunidad de dibujar al Capitán América en otras ocasiones, pero que nunca ha pisado su cabecera. La incursión de Romita Jr. en las praderas patrióticas coincide con un momento en que su arte se ha vuelto más espontáneo y suelto que nunca, huyendo de los detalles y de las rigideces anatómicas para centrarse en la espectacularidad de la orquestación. Desde esa óptica, coincide con el Kirby crepuscular que abordó el Capitán América en 1976. Es además el último trabajo de Romita Jr. para Marvel, antes de acometer un inesperado cambio de aires lejos de la editorial donde había desarrollado la práctica totalidad de su trayectoria. Como compañeros de viaje, el editor Tom Brevoort escoge al veterano entintador Klaus Janson, que ya hubiera trabajado junto a Romita Jr. en decenas de ocasiones, y al colorista Dean White, el mismo con el que contara en Kick Ass, y cuya paleta es fundamental a la hora de abordar tanto los horizontes quemados de la Dimensión Z como las calles humeantes de la Era de la Depresión.

 

El diseño de personaje del que parten todos ellos responde a la autoría de Jerome Opeña y John Cassaday, quienes en paralelo abordan al personaje en Los Vengadores de Jonathan Hickman e Imposibles Vengadores, del propio Remender. Ambos toman detalles aportados por el Capitán América cinematográfico para entrelazarlos con los elementos más icónicos del traje clásico, una tarea que explica con estas palabras Tom Brevoort: “Comenzamos con Jerome, que es un buen amigo de Rick y ha trabajado mucho con él. Pensamos que podría ofrecernos el tipo de cosas que estábamos buscando. Jerome hizo, creo recordar, tres rondas de diseños antes de que diéramos con lo que queríamos. Luego, John firmó para hacerImposibles Vengadores, serie que tiene una fuerte conexión con el Capi, así que le preguntamos si podía dejar el pecho con la cota de malla, porque lo que había hecho Jerome nos parecía bien, pero podía complicar mucho la vida a algunos dibujantes. El propio Joe Quesada se puso a dibujarlo y comentó que era un infierno”.

 

El ciclo de la Dimensión Z se desarrolla durante todos los números a cargo de Romita, Janson y White, pero no es más que el comienzo del largo camino trazado por Rick Remender y que todavía ha de extenderse durante varios años más, en los que su misión primordial no es otra que mirar a los ojos al hombre detrás del mito. “Steve Rogers pasó su infancia muerto de hambre y en la miseria, mientras cuidaba a una madre enferma, después de haber perdido un padre y un abuelo”, concluye el autor. “Dicen que puedes mirar a alguien con siete años e imaginar la clase de persona que será. Incluso hay una serie de documentales ingleses que se dedican a demostrarlo. Puede que el Capitán América tenga el cuerpo de un superhéroe, pero por dentro sigue siendo aquel niño. Por dentro, es como nosotros”.

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Now! Deluxe. Capitán América de Rick Remender nº 1

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *