BLAZE VS. KETCH: EL CHOQUE GENERACIONAL DE LOS MOTORISTAS FANTASMA

A comienzos de los años noventa, todo había cambiado en el cómic estadounidense. La ola de oscuridad que trajeron personajes como Lobezno, Elektra, Rorschach o Lobo y obras como Daredevil: Born Again, Watchmen y Dark Knight influía sobremanera tanto a autores como aficionados, que reclamaban tebeos impregnados por ese toque adulto y violento que tanto les atraía y sin el cual probablemente no estarían gastando su dinero.

Los nuevos lectores no querían saber nada de los grandes clásicos, mientras que los fans veteranos sentían que aquéllos ya no eran los mundos de ficción que habían conocido. La llamada Edad Oscura había comenzado. El nuevo Motorista Fantasma nació a camino entre dos épocas. Cuando se estaba cocinando el proyecto, todavía en 1989, hubo una gran resistencia dentro de Marvel ante la idea de traer de vuelta a un personaje tan olvidado como el del Espíritu de la Venganza, y que además fuera un puñado de desconocidos quienes llevaran la idea a cabo. El departamento de ventas trató de eliminar al Motorista Fantasma de las listas de futuros lanzamientos antes de que llegara siquiera a dibujarse la primera página. El único motivo por el que la serie llegó a ver la luz fue la insistencia constante, que llegó tanto por parte de Bobby Chase, la editora que estaba coordinando el proyecto, como de Tom DeFalco, el Director Editorial de La Casa de las Ideas en aquel preciso momento.

 

Sin embargo, cuando el primer número llegó a las tiendas, todas las objeciones desaparecieron. El nuevo Motorista Fantasma fue un sonoro éxito que conmocionó a toda la industria. Con su motocicleta infernal, su aspecto heavy metal y su contexto realista, Danny Ketch consiguió la aclamación de todos los nuevos lectores que se habían sumado durante la última generación. El Motorista Fantasma era SU héroe, igual que Spiderman lo era para los que habían empezado a leer tebeos en los años sesenta. Y como buenos fans, lo defendían contra viento y marea, incluso contra las anteriores encarnaciones que pudiera tener el cráneo llameante.

 

Curiosamente, por aquel entonces, y aprovechando el éxito cosechado por la nueva cabecera, en Marvel apostaron por recuperar la época final del Motorista Fantasma de los años setenta. Era una trepidante saga, publicada originalmente entre 1981 y 1983, en la que se narraba la epopeya de cómo Johnny Blaze había conseguido escapar de la maldición demoniaca que sufría. Howard Mackie, el máximo responsable del relanzamiento, se sentía profundamente influido por aquellos tebeos, que habían cimentado su gusto por el personaje. De hecho, la razón por la que había creado a un nuevo huésped para el demoniaco ser no era otra que su deseo de no tirar por tierra la historia que tanto le había gustado diez años atrás. Por contra, la legión de seguidores de Danny Ketch se enfureció al leer aquellas añejas historias: aquel no era el Motorista Fantasma que les había conquistado. Les parecía ñoño y mal dibujado. Poco menos que una estafa. Su enfado sólo era comparable al divorcio que sentían los lectores veteranos hacia el nuevo Espíritu de la Venganza. Ellos tampoco estaban demasiado felices. Sentían que Danny Ketch no iba con sus gustos.

 

El propio Mackie no daba crédito a este ambiente de ruptura entre unos y otros aficionados. Su objetivo no era otro que satisfacer a toda clase de lectores, encontrar un punto de encuentro en el que todos pudieran coincidir… Y ese mínimo común denominador no fue otro que el propio Johnny Blaze.

 

Transcurrido el primer año de la existencia de la colección, Danny Ketch ya se había alzado a los primeros puestos de venta de cada mes al tiempo que multiplicaba sus encuentros con otros héroes del Universo Marvel. ¡Todos los autores deseaban cruzar a sus chicos en el camino del Espíritu de la Venganza! Muchos de esos héroes también se dejaban caer por las páginas de Ghost Rider, de manera que Mackie quería dejar muy clara la imbricación del nuevo personaje dentro del cosmos de ficción del que formaba parte, lo que apuntalaría su legitimidad y serviría para que los lectores sintieran que aquel recién llegado estaba para quedarse y formar parte de una rica y larga tradición. Con doce entregas ya publicadas, Mackie estimó que era oportuno mirar hacia el pasado. Y de aquel análisis del rico legado que acarreaba el Motorista Fantasma a sus espaldas, surgió una interesante pregunta que debía ser respondida cuánto antes: ¿Qué había sido de Johnny Blaze?

 

La última vez que podía haberse contemplado al Motorista Fantasma Original fue en Ghost Rider #81 (1983). Libre de la influencia del diabólico Zarathos y como corresponde a todos los grandes héroes que dicen adiós, Johnny se perdía en el horizonte a lomos de su moto y en compañía de Roxanne Simpson, el gran amor de su vida. Nada hacía pensar que volviera a saberse de él… Hasta que Mackie tuvo la idea de contar lo que había ocurrido a continuación de aquella despedida.

 

Ocurrió en la última página del decimotercer número de la serie. Danny disfrutaba de la calma que llega después de la lucha contra un villano, cuando sintió un metal apoyado en su sien. Se dio la vuelta y allí estaba aquel individuo alto, pelirrojo, con barba de tres días, gafas de sol, un cigarro en la boca, gabardina, bien dispuesto a utilizar el arma que portaba en sus manos y que señalaba su objetivo de acabar con el Motorista Fantasma… O de acabar con el propio Danny. Si no fuera porque el tipo anunciaba su nombre, nadie le hubiera reconocido. Y es que se trataba de Johnny Blaze.

 

Sin duda, el regreso del Espíritu de la Venganza le había sacado de su retiro, pero… ¿Cómo había llegado Blaze, aquel «chico normal» al que ni siquiera le gustaba la música heavy pero que se había visto atrapado por un demonio, a transformarse en un amenazador y siniestro borderline? La respuesta llegaría a partir del siguiente número, el que no sería sino el primer paso en la nueva vida del que fuera el Motorista Fantasma Original. Se cristalizaba así el encuentro de una y otra encarnación del personaje. En cierta forma, al verse cara a cara con su predecesor, para Danny Ketch había llegado la consagración definitiva. Para todos los demás, autores y fans, era el momento de que pasado y presente se dieran la mano y así empezar a construir el futuro.

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Héroes. Motorista Fantasma: Pesadilla viviente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *