1984. BILL SIENKIEWICZ ROMPE LAS LEYES DE LA MUTACIÓN

ES 1984. Illyana es el primero de los cuatro personajes femeninos que, a lo largo de 1984, llegan a sufrir un cambio drástico. La segunda en pasar por caja es Danielle Moonstar. En su honor, se contrata a Bill Sienkiewicz para que dibuje los TNM 18 a 20 (VIII-X 84). Los habituales de la casa le recuerdan de dos años atrás, por la aventura en la que la Patrulla-X se enfrentaba a Drácula. Desde entonces, Sienkiewicz ha abandonado su serie mensual, Moon Knight, y ha rechazado convertirse en el dibujante regular de Uncanny. En Uncanny jamás podría llegar a donde desea. En Uncanny quieren al sosias de Neal Adams. No se dan cuenta de que ya no existe, nunca más. El renacido Sienkiewicz concentra ahora su trabajo en espectaculares portadas en las que emplea las más dispares técnicas pictóricas. Son cuadros, más que cubiertas. ¿Es ese trabajo exportable al interior de un cómic de superhéroes? Claremont confía en que la respuesta sea afirmativa. En The New Mutants espera que Sienkiewicz dibuje una aventura que no tenga nada que ver con lo que se ha visto en la colección hasta ahora. No importa la reacción de los lectores. Lo hablan y coinciden: pueden estar tirándose de cabeza al abismo. Menos mal que Weezie les guarda las espaldas ante Shooter, un Shooter tan satisfecho con las ventas de los títulos regulares, limitados u ocasionales protagonizados por mutantes, que no tiene inconveniente en ceder a un capricho de su Rey Midas particular. Al fin y al cabo, sólo van a ser tres números de excesos. Por otra parte, piensa Shooter, ésta es una forma de responder a la nueva DC, ésa que se ha llevado a Frank Miller de Marvel para que haga Ronin; una manera de responder a las minúsculas editoriales denominadas independientes que afloran como setas en el mercado de venta directa. No suponen ningún problema económico para Marvel, pero destilan un discurso, especialmente la Fantagraphics de Gary Groth, según el cual sólo ellas pueden hacer tebeos realmente adultos. Pues que se enteren, que se enteren todos esos comunistas del Comics Journal: Marvel puede hacer cómics adultos mejor que nadie. Sin pasar por la línea Epic, sin derechos de autor, con superhéroes como dios manda.

Cualquier expectativa de Claremont se queda corta nada más recibir las páginas del primer número. Cada una de ellas podrían exponerse en un museo. Si éste es un cómic de superhéroe, se parece muy poco. Es imposible definir la estética de Sienkiewicz; hace falta verla. ¿Cómo explicar la magia? Va directamente al alma, al sentimiento, sin pasar por el cerebro. Sienkiewicz no dibuja rostros, no dibuja cuerpos. Dibuja emociones, temores, anhelos. Sí, y el oso está desproporcionado (cuando en realidad, aterroriza con unas simples garras sobre una mancha negra); y ese entintado parece emborronar la página (cuando en realidad es pura precisión); y esos chicos… esos chicos no son los bebés-X. No son los adolescentes prefabricados de Bob McLeod. Ya no están allí. Quizás no han estado nunca.

Ahora, además de unos irreconocibles (y al mismo tiempo, tan familiares) Roberto, Sam, Dani, Illyana, Rahne, está una joven venida de un futuro que nunca será. Una Rachel Summers que vio como asesinaban a Charles Xavier. Está un extraterrestre de aspecto inclasificable, perseguido por su todavía más inclasificable padre. Y un oso, ese enorme oso que no puede existir y que sin embargo existe. El oso que deja a Dani en un charco de sangre en medio de la nieve. Y a los lectores con el corazón en un puño, con la boca abierta. Vaya mierda. Vaya maravilla. Entre las críticas y las alabanzas a semejante producto media un abismo insondable. Nada de medias tintas. O lo amas o lo odias, pero todos tienen algo apasionado que decir sobre el tipo que está dibujando The New Mutants. “¡No sabe dibujar, mi hermano pequeño lo haría mejor!”, dicen unos. “¡Es un genio, lo mejor que he leído en mi vida! ¿seguro que el guionista es el de la Patrulla-X?”, dicen los otros. Es lo que Claremont busca y consigue una primavera de 1984. “Estamos aquí para que la gente se preocupe, que deseen que pase el mes para comprar el siguiente número y ver qué sucede”, dice. La previsible estampida de aterrorizados lectores hacia títulos más cómodos de leer se compensa inmediatamente con la llegada de aquéllos que no se hubieran acercado a un cómic de superhéroes ni con guantes; de aquéllos que no quieren saber nada de la Patrulla-X tras la marcha Byrne. Desde entonces, la estrella, la indudable estrella, es Claremont. Ahora, el escritor ha pasado a un discreto segundo plano. No importa: la compenetración con Sienkiewicz es absoluta, semejante a la que encontró con Miller o, las veces que no discutían, con Byrne. ¿Quieres experimentar? ¡Pues experimenta! ¿Has leído lo que dicen de nosotros? ¡En los puestos de prensa han dejado de comprarnos, pero el mercado directo nos adora! ¿por qué dejarlo aquí? Veo tu arte y se me ocurren mil historias como ésta. Pero sólo tú puedes dibujarlas.

Sienkiewicz acepta seguir, al menos, un año más. La primera de esas historias tiene como protagonista a Warlock, el extraterrestre multiforme que se une al grupo en el TNM 21 (XI 84). No es mutante, pero ninguna regla prohíbe ser bebé-X a otro tipo de seres. En todo caso, reúne los requisitos apropiados: es un adolescente (el más raro que ha pasado por la colección, pero un adolescente al fin y al cabo), le persigue su padre Magus con la intención de eliminarlo y es un forastero en tierra extraña. Ejemplo perfecto del nuevo espíritu de la serie, Warlock llega para convertirse en uno de los bebés-X más populares.

Durante los meses siguientes, tomada como referencia la saga del Oso Místico, Claremont y Sienkiewicz desarrollan una serie de aventuras, miniseries dentro de la serie, que conforman el cuadro de la colección comercial más extraña, disfuncional y atrevida de la Marvel de Jim Shooter. En los TNM 22 a 25 (XII 84-III 85) Claremont y Sienkiewicz recurren a Capa y Puñal, dos fascinantes personajes nacidos en The Spectacular Spider-Man, para acometer un perverso cuento lleno de referencias oníricas en el que Caperucita Roja (Rahne) se convierte en el Lobo Feroz y el Príncipe Azul (Roberto) en el Señor de las Sombras. Aquellos que rechazan el planteamiento por excesivo se echan al monte con los TNM 26 a 28 (IV-VI 85), alucinante viaje al fondo de la mente del hijo autista del Profesor-X en el que Sienkiewicz emplea todo tipo de técnicas pictóricas apoyado, en gran medida, por los buenos oficios de la colorista Glynis Wein. Todavía le queda tiempo para dibujar una saga más, en la que se emprende la búsqueda de Karma (TNM 29 a 31, VII-IX 85), antes de decidir que ha dado a los bebés-X todo lo que podía darles. Es el momento de buscar nuevos proyectos, más alejados de los tradicionales superhéroes, a pesar de que con un artista de sus características ya no sean “tradicionales”.

 

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