1983. DE CÓMO CLAREMONT MUEVE TODAS SUS FICHAS

Es 1983. La serie ha encontrado una nueva identidad que Claremont define como una síntesis de sus teleseries favoritas. Quiere que Uncanny X-Men tenga el humor inteligente de MASH y Lou Grant, ese humor que puede llegar a ser cortante como un cuchillo, mezclado con el estilo de Canción triste de Hill Street. “En el primer episodio”, explica, “pueden utilizarse cuarenta minutos para introducir dos encantadores policías. En el siguiente capítulo, salen por la puerta y les disparan unos yonquis. No están muertos, pero creesque están muertos. Entonces se introduce otra trama, y no sabes que pasa con los dos policías hasta los cinco minutos finales. Entretanto, estás en el sillón comiéndote las uñas. Nunca sabes si va a morir alguien, si las relaciones emocionales van a seguir igual”. Así es como quiere que funcione la Patrulla-X. Eso es lo que trata de hacer, crear ese sentido de realidad, de suspense, de envolvimiento. Dejar que sean los personajes quienes conduzcan la historia. El guionista lo único que tiene que hacer es colocar las fichas en la casilla del tablero que les corresponde.

Primera ficha, Los Morlocks. Son el grupo de mutantes que habita las catacumbas de Nueva York y que secuestra al Ángel por orden de su líder, Calisto, quien pretende convertirlo en su príncipe consorte. Claremont inventa a estos mutantes que se marginan a sí mismos a partir de dos fuentes bien distintas: por una parte, el argumento planeado junto a Byrne sobre Calibán.

 

-¿Por qué peleamos con ellos? Son mutantes como nosotros.

-Como nosotros no. Son Guapos. Quiero hacerles daño.

Por la otra, los Morlocks toman su nombre, según pone Claremont en boca de Calisto, de los personajes de La Máquina del tiempo, de Herbert George Welles. En esta novela, los Morlocks son una de las dos razas en las que ha degenerado la humanidad en un futuro lejano. Unos, los Eloi, habitan la superficie, son bellos, rubios e indolentes. Representan a los capitalistas. Los otros, los Morlocks, se ocultan en túneles intraterrestres, son pequeños, pálidos y feos. Representan a los proletariados. “La seguridad demasiado perfecta de los habitantes del Mundo Superior”, escribe Welles, “les había llevado, en un pausado movimiento de degeneración, a un aminoramiento general de su estatura, fuerza, e inteligencia (…) ¿No era natural, entonces, suponer que era en aquel Mundo Subterráneo donde se hacía el trabajo necesario para la comodidad de la raza que vivía a la luz del sol?”. Los Morlocks de Welles han sido marginados, obligados por los Eloi a trabajar en cuevas. Como consecuencia de ello, han adquirido su horrible aspecto. Al revés, los de Claremont se han automarginado con motivo de su naturaleza mutante. ”No le importamos a nadie. Nos odian y cazan por culpa de poderes que no queremos o no entendemos. Somos deformes y solitarios. El Callejón es un refugio nuclear construido en la Guerra Fría. Lo abandonaron y yo lo encontré e hice de él un santuario para los que son como yo”, explica Calisto (UXM 170, VI 83). Los Morlocks se sitúan ante los hombres-X como los verdaderos mutantes marginados. Son feos, tienen poderes todavía más feos, viven en las cloacas. Es mucho más fácil ser un marginado cuando tienes aspecto de diosa africana, puedes controlar los elementos y vives en una mansión rodeada por bosques paradisiacos.

Segunda ficha, Tormenta. Claremont quiere llevar a su mujer-X favorita hasta donde Byrne jamás le hubiera dejado. “Los valores en los que Tormenta creía ya no le sirven y no puede volver a ser como antes”, dice el Padre Mutante. “Tras muchos años ha abierto las compuertas, ha perdido sus inhibiciones y ha pasado de ser una persona serena y casi sin emociones a todo lo contrario”. Obligada a luchar en un duelo de honor contra Calisto para poner a salvo a Kitty, Tormenta no duda en atravesar el corazón de la líder Morlock. “La Ororo que conocí habría muerto antes que matar. Está cambiando. Lo más terrorífico es que a ella no parece importarle”, concluye Rondador. Ese cambio se radicaliza en el viaje a Japón, donde conoce a Yukio, la amiga de Lobezno, de la que aprende que “la vida es la máxima aventura. La muerte es el premio que nos espera a todos. Ya que es inevitable, ¿por qué preocuparse?”. Las correrías junto a Yukio le valen perder gran parte de su cabellera en un incendio, motivo suficiente para cambiar su aspecto al de una punk vestida de cuero. Esta transformación radical ejemplifica la evolución del personaje desde que fuera seducida por Drácula y luchara contra el Nido. La idea surge de una conversación de Claremont con Weezie Jones en la que ambos coinciden en que el papel de niña inocente del grupo hace tiempo que ha pasado a manos de Kitty. Es, por tanto, el momento adecuado para llevar a Ororo en una dirección distinta. “Lleva casi diez años con el mismo uniforme, va siendo hora de cambiárselo” dice Claremont, que encarga varios diseños a Smith. Finalmente se queda con uno en el que la mutante aparece con una cresta de indio mohicano. “No podemos hacerle esto”, dice Weezie Simonson. Y tras una pausa, añade: “…aunque tiene una pinta genial. Vamos a hacer una prueba”. La prueba consiste en enseñar el dibujo a una niña, que, inmediatamente, se echa a llorar. “Ésa no es Tormenta”, berrea la niña. “Es perfecto”, decide Jones. “Nos van a matar, pero es perfecto”. Prueba superada.

Tercera ficha, Pícara. Con el UXM 171 (VII 83), Claremont pone a prueba su capacidad literaria para escribir un cómic en el que los protagonistas pasan gran parte de las veintidós páginas sentados en un sofá y discutiendo. Discuten sobre si admitir a una antigua enemiga en sus filas. Creada para la Hermandad de Mutantes Diabólicos, Pícara tiene potencial suficiente como para convertirse en mujer-X. Michael Golden la peina en el The Avengers Annual10 con dos tiras blancas a cada lado del pelo, según un diseño de Ed Hannigan. Picara aparece poco después en los Dazzler 22 a 24 (XII 82-II 83), donde Frank Springer confunde el tinte capilar con canas. Da la impresión de que la mutante tenga cuarenta años. El error se descubre demasiado tarde como para corregirlo, aunque no para rectificar en lo sucesivo. La Pícara que en el UXM 171 se planta ante la puerta de Xavier en busca de ayuda apenas alcanza la veintena. Es una niña asustada que pone a prueba, de nuevo, el grado de tolerancia de los hombres-X. “Mis poderes están fuera de control. El más mínimo contacto dispara la absorción. Ya no sé que pensamientos son míos. Me miro en el espejo y veo una extraña”, dice ella. “Si quieres mi opinión, es el castigo a tus crímenes”, respuesta de Rondador muy parecida a la de Kitty, Coloso o Lobezno, por no hablar de Binaria, que ya tiene la excusa perfecta para irse con los Saqueadores Estelares. Xavier es el único dispuesto a dar una oportunidad a Pícara: “Fuiste tú, Ororo, quien me dijo que Lobezno merecía ser un hombre-X, no por su carácter, sino por su potencial para el bien. El mismo argumento sirve para Pícara. Claro que es arriesgado aceptarla, pero piensa en la alternativa. Al menos con nosotros tiene la oportunidad de una mejor vida. Echarla es condenarla. Y eso nunca se lo haré a un mutante mientras quede vida en mí”

Cuarta ficha, Lobezno. Los UXM 172 y 173 (VIII-IX 83) enlazan con el argumento del L: WO 4 (XII 82). De nuevo el relato pasa a estar contado por Lobezno, en vísperas de su matrimonio con Mariko. Por primera vez, Logan viste con el atuendo de un samurai, imagen extraída por Paul Smith de una enciclopedia juvenil. Tras probarlos contra los Nuevos Mutantes (TNM 5 y 6, VII-VII 83), Claremont recupera a dos villanos procedentes de sus años en Marvel Team-Up: el Samurai de Plata y Víbora. El primero resulta ser el hermanastro de Mariko, que quiere eliminarla para controlar los negocios sucios de su padre muerto. Lobezno recorre Tokio en compañía de Pícara, a la que no le perdona que absorbiera la mente de su amiga Carol Danvers. Picara acaba salvando la vida de su compañero y de Mariko aún a costa de estar a punto de perder la suya. Lobezno decide dejar que absorba sus poderes para que pueda curar sus heridas, a pesar del peligro que entraña. “Soy un hombre que paga sus deudas. Te sacrificaste por Mariko. Es justo que te devuelva el cumplido”

Quinta ficha, Madelyne Pryor. El romance entre Madelyne y Cíclope avanza al mismo tiempo que los lectores y el mismo Cíclope acumulan sospechas. A su parecido con Jean Grey se suma que la chica adivine una comida favorita porque puede “leer el pensamiento”, o que salga indemne de un accidente de avión ocurrido en el mismo momento de la muerte de Fénix. “¿Puede un amor como el de Jean y Scott sobrevivir a la muerte?”, se interroga Xavier. “Más aún, ¿qué es la muerte para alguien como Jean? El parecido físico de Madelyne puede no ser más que una cruel coincidencia unida a nuestras fantasías”. Cuando Cíclope se atreve al fin a hacer la pregunta que está en boca de todos desde hace meses, Madelyne responde convirtiéndose en Fénix Oscura (UXM 174, X 83).

Sexta ficha. Mente Maestra. La concienzuda planificación que llevan a cabo Claremont, Smith y Jones les permite engañar a su público, hacerle creer que está ocurriendo lo que no está ocurriendo mientras las pistas para desentrañar el misterio aparecen a la vista de quien sepa leer entre líneas: Mística tiene un sueño similar a las alucinaciones que tuviera en su momento Jean (UXM 170). Jason Wyngarde está presente en el sueño. Desde el principio queda clara su implicación; nuevamente volverá a actuar para impedir el matrimonio de Lobezno y Mariko (UXM 173, IX 83) o para volver paranoico a Cíclope (UXM 174). Que Mente Maestra sea un aliado de Madelyne o se limite a manipularla para hacer creer a todos que es Fénix renacida de sus cenizas no queda claro hasta la mitad del UXM 175, cuando él mismo confiesa haber organizado la trama con el fin de que la Patrulla-X asesinara a Madelyne, esa inocente que le recuerda a Jean Grey: “Ella me volvió loco. Más tarde me recuperé. Maldito para siempre por el recuerdo de lo que fui y jamás volveré a ser. No puedo vengarme de ella, pero puedo hacer que sus seres queridos sufran por ella”, incluidos los lectores.

Tras la derrota de Wyngarde, Cíclope se confiesa ante la tumba de Jean, ubicada, curiosamente, en el cementerio del Bard College, donde Claremont estudiara teatro en su juventud. “Te amé Jean. Y amo a Madelyne”, dice. “Lo nuestro fue mágico, siempre lo recordaré. Ahora, Madelyne y yo tenemos la oportunidad de crear nuestra magia y de que sea tan especial como fue la otra”. El episodio, como estaba previsto desde cuatro años atrás, termina en boda.

Como dice Cíclope, si los años con John Byrne fueron mágicos, éstos también pueden serlo, aunque de una manera diferente. Punto final a la época clásica de la colección, Desde las cenizas simboliza el gran exorcismo de los fantasmas de las Navidades pasadas -las de 1980, en concreto-. Primero, el fantasma de Byrne queda atrás gracias a los bellísimos dibujos de Paul Smith (Jean Grey nunca fue tan guapa) y a un Claremont que demuestra capacidad para escribir en solitario con el pulso maestro que algunos le concedían sólo en compañía de su anterior compañero de fatigas; segundo, el fantasma de Fénix también acaba anulado. Los fans que no dejaban de insistir en su vuelta tienen ahora a Madelyne Pryor.

Portada no publicada de Uncanny X-Men 179

 

El único problema es, ay, que Paul Smith, ay, Paul Smith, ese dibujante con el que Claremont y Weezie se quedarían de por vida, dice que muy bien, que se lo ha pasado en grande, que tiene la cartera llena, que se ha hecho un nombre y que se coge la moto y se va. Así como suena. Todavía con la boca abierta ante la decisión de un chico con el que no han tenido un sólo problema pero que parece más interesado en otras cosas, guionista y editora acuerdan pedir los servicios de John Romita Jr, que acepta inmediatamente, lo que le supone tener que dibujar las páginas de la boda. Romita viene de hacer The Amazing Spider-Man. No sólo sabe dibujar superhéroes, también callejones, mesas, papeleras, gente normal… eso lo convierte en una elección perfecta para el ambiente a lo Canción triste de Hill Street que quiere conseguir Claremont, con Tormenta, Pícara y alguna otra futura incorporación pasando a un primer plano, mientras que los personajes clásicos, como Lobezno, Coloso o Rondador, sostienen la acción y Cíclope queda fuera ante su reciente matrimonio. Por otra parte, dada la estrecha vinculación de la serie con su hermana pequeña, The New Mutants, Claremont empieza a tejer una complicada tela de araña en la que los subargumentos y referencias a sucesos pasados y paralelos se agolpan uno tras otro, lo que produce una sensación de historia-río que aumenta más si cabe el grado de adicción de los fans, obligados a esforzarse al máximo para poder comprender tal o cual personaje, situación o conflicto, los cuales suceden tanto en una serie como en otra. El lector ocasional puede seguir cualquiera de las dos colecciones, pero el que desea conocer cada uno de los pasos de, por ejemplo, Magneto, ha de comprar religiosamente ambas; el que además quiera seguir al dedillo las andanzas de cuanto mutante comienza a proliferar a lo largo y ancho del Universo Marvel tendrá que hacer acopio de miniseries o de cualquier clase de proyectos especiales, cosas tan inclasificables como Obnoxio the clown vs. X-Men (IV 83), subproducto a cargo de Alan Kupperberg del que Claremont reniega hasta el punto de afirmar que transcurre en un mundo imaginario.

Tras un epílogo a Desde las cenizasen el que Romita dibuja su primer número completo (UXM 176, XII 83), el UXM 177 (I 84) recupera a la Hermandad de Mutantes Diabólicos liderada por Mística. El motivo es la reciente incorporación de Pícara a la Patrulla-X, en la que Claremont ve uno de los más suculentos conflictos de la nueva etapa que ahora se abre. La aventura enlaza con el retorno de los Morlocks y Calibán. En una aproximación urbana al mito de la bella y la bestia, Calibán renuncia a casarse con una Kitty obligada por una promesa de honor. “No sé si te amaré alguna vez, Calibán”, dice ella, “pero me siento orgullosa y honrada de tenerte como amigo”

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