Visitando un lugar especial

La verdad es que me hubiese gustado haber continuado con la serie de artículos que, cada verano, acostumbramos a ampliar. Personalmente me parece una idea muy interesante, que además está agradablemente salpicada por otro tipo de anécdotas respecto a lo que cada uno descubre cuando sale a ver mundo. Me refiero a la serie de artículos que latro comenzó en Bajo la Máscara con aquel ya lejano primer ‘Si vas a París papa…’. Sin embargo, en esta ocasión, con motivo de mis vacaciones, de las que he podido disfrutar en EE.UU., no tenía mucho sentido limitarse a continuar con la serie.


 

Después de todo, ¡estaba visitando el hogar de nuestro vecino y amigo Spidey! Pude disfrutar durante 6 días de la ciudad de Nueva York y la ocasión, que sin duda recomiendo a todos los lectores que se la puedan financiar, merecía hacer algo especial.
 
Antes de comentaros la "jugada" me gustaría poneros en situación pero, la verdad, qué voy a decir yo de Nueva York…

img413.jpg 

 
En mi caso he saldado una vieja cuenta pendiente con este viaje, ya que hace 11 años pasé por la ciudad sin tiempo para apenas ver nada, casi ni para disfrutar. Visité las Naciones Unidas, el Madison Square Garden, la azotea del Empire State y poco más. Pero la ciudad, y la sensación de visitarla realmente, no la tuve.
 
El viaje se me ha ido retrasando, hasta ahora.
 
Por un lado, era un viaje caro para ver una ciudad. Con los vuelos relativamente baratos que se pueden conseguir reservando con antelación, y con el ventajoso cambio de euro-dólar del que disponemos al estar en España dentro de la unión monetaria europea, ya no podía dejarlo pasar por más tiempo (1 euro vale hoy en día unos 1,45 doláres por lo que los precios en dólares tienen para nosotros un importante "descuento").
 
Por otro lado también lo dejaba pasar porque, al final, Nueva York "la tenía muy vista". Tantas películas, tantos comics, tantas series… pensaba que sería en parte como visitar un sitio en el que ya había estado antes.
 
Eso pensaba, sí. Y no podía estar más equivocado.
 
Nueva York es ‘La ciudad’. The City. Y lo es por algo.
 
img92.jpg
 
Probablemente sea la ciudad que más me ha impresionado y gustado del mundo. Allí las palabras ‘Estatua de la Libertad’ o ‘Freedom Tower’ no suenan mal. Hay respeto hacia todas las culturas. La ciudad está tremendamente viva. No soy ‘Willy Fog’, pero creo que he viajado bastante. Y Nueva York es la capital del mundo. Cosmopolita a más no poder, con gente de todas las nacionalidades. Pese a mis prejuicios sobre los ‘yankees’ o sobre las grandes ciudades y el estilo de vida moderno e individualista, me ha sorprendido todo. Hasta la simpatía de las personas con que me topaba por la calle. Un día, desayunando con un amigo unos Dunkin’ Donuts en una esquina, un obrero se dirigió a nosotros muy serio, gritando en un inglés con acento afroamericano: "¡Hey tíos vagos, termináos de una vez esos donuts, y de vuelta al trabajo!", para inmediatamente después sonreírnos y hacernos con el pulgar el gesto de ‘O.K.’
 
 img462.jpg
 
El alternativo East Village, el Financial District y sus rascacielos, las tiendas del Soho, los perritos calientes por la calle, las hamburguesas en el Flatiron District, las alcantarillas humeantes, Broadway, las torres de agua en las azoteas de los edificios, la Estatua de la Libertad, una enorme Chinatown que hoy ha engullido casi por completo a Little Italy, Central Park, Times Square, el Rockefeller Centre, la Quinta Avenida con Tiffany & Co. y con la juguetería Fao Schwartz, el edificio Chrysler o el Empire State… son sólo algunos de los símbolos y lugares más carismáticos de esta ciudad, que sin duda merece la pena visitar.
 
Pero esta vez, visitando New York con calma, yo quería hacer una visita a un lugar muy especial.
 
El puente de Brooklyn.
 
 img440.jpg
 
Así que uno de los días más tranquilos, mientras mis colegas visitaron el templo del deporte que es el Madison Square Garden, yo me escapé a recordar a Gwen.
 
Recuerdo una tarde de colegio hace ya demasiados años cuando, justo después de comer, tras sentarme en mi sitio en las últimas mesas de la clase, un muy buen amigo mío estaba totalmente nervioso, y me dijo "tío, que el Duendecillo Verde ha matado a la novia de Spiderman". No le creí, y le emplacé a que me lo demostrara. Después de clase fuimos a su casa y mi asombro fue total. No lo entendía. "¡Pero si Spidey es el mejor, el bueno, y el Duende Verde es un loco villano! ¡Cómo mata a su novia! ¡No puede matar a Gwen!"


 

Además, pensábamos que Spidey había derrotado ya al Duende Verde. Acabábamos de leer la saga de las drogas, publicada por Forum en un especial primavera o especial verano, y tras varias peleas espectaculares, todo parecía haber vuelto a la normalidad con Norman Osborn. Pero aquel número de Clásicos Marvel no dejaba lugar a dudas. El primer verdadero amor de Peter Parker murió en el puente de Brooklyn, y Spiderman vio cómo la vida de su gran amor se le escurría entre los dedos.
      
 
 
Con los años la historia de Gil Kane y Gerry Conway en aquellos Amazing Spider-Man 121 y 122 de 1973, dejando a un lado los excesivos clones aparecidos a posteriori y las idas de tarro de Straczynski, se ha convertido en mi historia de Spiderman favorita.
 
Nunca olvidaré por un lado aquel momento en el puente, y por otro el dibujo de la cara desencajada de Peter Parker en los momentos posteriores. Gil Kane reflejó en Peter, a la perfección, la cara que se te queda cuando, pese a hacer tu máximo esfuerzo, pierdes aquello que más quieres. Esa cara con la mirada como "ida", como de "portero goleado". Con esa sensación que ya he citado antes, la de que lo más importante para ti se te ha escurrido entre los dedos. Tan cerca, pero realmente tan lejos. Te inundan la incredulidad, la rabia, el odio, la tristeza, el no saber si estás viviendo de verdad o si todo es una pesadilla. Quieres despertar, y que tod
o sea un mal sueño, pero no es así. Es verdad.
 
Con el paso de los años Spidey pudo superar aquello, y amar a otra mujer con todo su corazón. Sin embargo, ello no evita que Peter pueda encontrar momentos para recordar a Gwen, y los momentos que compartieron, con gran alegría.
 
‘Spider-Man: Blue’ lo muestra de una forma muy bonita. Ha sido quizás la obra que me empujó a darme ese bonito paseo, solo, por New York. También me llevó a hacerlo un artículo que leí hace años, que os dejo leer aquí.
 
Pero lo más curioso de todo es que no sentí vergüenza alguna. Hasta que no lo haces no sabes cómo te vas a sentir, así que me lancé. Y me sentí muy a gusto. Fui en metro hasta el ayuntamiento de Nueva York. Allí en un puesto de perritos calientes, compré una Coca-Cola y le pregunté al amable vendedor por el puesto de flores más cercano. Me señaló al cruce entre Chambers y Church Street, y allí me dirigí. Efectivamente, había una esquina en la que vendían flores. Compré una rosa roja y, con ella en la mano, comencé mi paseo hacia el puente de Brooklyn.
 

img445.jpg
 

Al comenzar a caminar pensaba en Spidey, corriendo por uno de los tirantes del puente, hacia el Duende y hacia Gwen. Al llegar al primer pedestal, miré hacia el agua, pensando en la caída que habría desde lo alto del mismo… hasta ese agua que Gwen no llegó a tocar. Pero no estaba para pensar en elementos de la acción. Quería simplemente tener un gesto en aquel lugar que tantas veces había imaginado en mis relecturas. Así que busqué un rincón, en el suelo de ese pedestal, un rincón un poco apartado, y allí dejé la rosa.
 
Para Gwen. Por Peter. Por todos los fans.

 

26 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *