ULTIMATE X-MEN: EL RETO OLVIDADO DE BRIAN MICHAEL BENDIS

El término “blockbuster” significa superproducción, y se ha aplicado para denominar a esas películas de elevadas ambiciones comerciales que los grandes estudios suelen programar en la temporada veraniega o navideña. Blockbusters son tanto las monstruosidades de Michael Bay como los más ambiciosos filmes de Marvel Studios, tanto la saga de Harry Potter como la de Batman. El elemento común es la enormidad, que se refleja en todos los aspectos: un reparto con grandes nombres que atraigan a las masas, un gigantesco presupuesto, espectaculares efectos visuales, una trama con multitud de escenarios, escenas complejas y casi imposibles de rodar…

Si hubiera que hablar de blockbusters en la industria del cómic, no hay ningún referente a la altura de la línea Ultimate, presidida por la idea de que cada arco argumental debe de ser, en sí mismo, un gran espectáculo. Miras las aventuras de los Ultimates, y no tienen nada que envidiar a un estreno de 200 millones de dólares. Te fijas en las diferentes sagas de Ultimate X-Men, y siempre van más allá de lo que nunca soñarían en llegar las películas de los mutantes de Marvel. Lees el origen de Los 4 Fantásticos definitivos y lo primero en lo que piensas es que ojalá hubiera sido así en el cine. Este planteamiento en que la grandilocuencia está en el centro de todo es el que habitualmente asociamos a los trabajos de Mark Millar. La otra mente sobre la que se asentó la creación del Universo Ultimate, la de Brian Michael Bendis, no funciona así. Las historias de Bendis son marcadamente espontáneas y naturalistas. El tratamiento de personajes brilla por encima de la acción, que en muchas ocasiones se reduce a la mínima necesidad, hasta el punto de que el escritor se hizo popular por tebeos tan fundamentales como el Ultimate Spider-Man #13 USA (Ultimate Spiderman: Curva de aprendizaje), un relato centrado en su totalidad en una conversación entre Peter y Mary Jane.

 

Cuando Mark Millar decidió abandonar Ultimate X-Men, parecía imposible sustituirle. Sorprendió entonces que Marvel optara por Bendis, e incluso que éste aceptara el puesto, dado que, cuatro años antes, ya había sido el elegido para poner en marcha la cabecera, para luego desistir de tal misión, después de intentar en varias ocasiones dar con el tono que deberían tener los mutantes, sin llegar a conseguirlo. ¿Qué había cambiado en 2003? Para entonces, la relación entre Bendis y Marvel se había vuelto cada vez más estrecha, de manera que, en ese momento, estaba escribiendo, además de Ultimate Spiderman, las aventuras de Daredevil, en una etapa que se estaba llevando el aplauso unánime de todos, así como Alias, una serie para lectores adultos en la que se exploraba la trastienda del Universo Marvel. Su compromiso con la editorial era tan elevado que, cuando la marcha de Millar dejó huérfanos a los mutantes definitivos, no tuvo inconveniente en dar un paso adelante y ofrecerse a escribir una saga de seis números. Durante la interinidad, en La Casa de las Ideas tendrían el tiempo suficiente para encontrar al sustituto definitivo. En el apartado artístico, David Finch, que había dibujado algunos de los últimos episodios de Millar, pasaría a primer plano. Y quizás fuera su presencia la que lo cambió todo.

 

Heredero del hiperdetallismo y la adrenalina propia de la Image de los noventa, Finch se había criado como artista a la sombra de Marc Silvestri, de la que apenas comenzaba a despegarse cuando fichó por Marvel. Al ver sus lápices, Bendis fue consciente de que se trataba de un dibujante que brillaba en las batallas, en las explosiones, en la acción pura y dura, no en la quietud ni en las conversaciones espontáneas que eran tan habituales en sus cómics. Fue cuando se impuso un reto: ¿Sería capaz de hacer un cómic-espectáculo, tal y como los hacía Millar? ¿Conseguiría crear su propio “blockbuster”?

 

La principal dificultad que para el guionista entrañaba La Patrulla-X consistía en encontrar el equilibrio entre los diversos integrantes, de forma que todos tuvieran voz propia y participaran de la historia. Nunca había hecho nada similar. El tiempo transcurrido desde la primera vez que lo intentó le serviría para calmar los miedos y jugar con elementos procedentes de Ultimate Spiderman, derivados de la relación que había establecido el trepamuros en sus encuentros con los mutantes y, en especial, con Lobezno. El hombre-X de las garras de adamántium había sido el invitado en la primera historia de Ultimate Marvel Team-Up, un relato en el que ya se intuía el interés de Bendis por profundizar en la dinámica entre los dos héroes. Sentía que la diferencia de edad influía en su relación, de forma que Peter ve a Logan como un tipo fascinante, como si Clint Eastwood fuera a su casa a pedirle ayuda: un sueño de adolescente hecho realidad. En la dirección opuesta, Logan siente que el chaval es un incordio y llega a tratarle, en palabras del guionista, como basura. El impulso para unir a ambos estaba en el pasado de Lobezno, que volvía para perseguirle. En ese sentido, “Blockbuster” podía calificarse como una secuela de “Regreso a Arma-X”, pero Bendis optó por seguir la filosofía de Alfred Hitchcock: lo determinante de la historia está en mostrar a los personajes en una situación límite que permita conocerles mejor, mientras que el engranaje que pone todo en movimiento no es más que una excusa, un mcguffin.

 

Partir de una aventura de Lobezno en solitario a la que progresivamente se unirían nuevos personajes, hasta completar un extenso reparto, apareció ante los ojos de Bendis como la manera más efectiva de adaptarse a la fórmula de cómic de supergrupo. La trama incorporaría primero a Spiderman y luego a Daredevil, en una extensión de las historias narradas en el Team-Up, para que finalmente irrumpiera la propia Patrulla-X, porque no en vano sus integrantes seguían siendo los titulares de la cabecera.

 

La experiencia colmó los deseos de que Ultimate X-Men perviviera más allá la marcha de su creador, pero fue todavía más allá. Bendis disfrutó tanto de ella que decidió quedarse en la serie un tiempo más del inicialmente previsto. Su colaboración con Finch resultó tan fructífera que pronto empezó a pensar en qué harían a renglón seguido. Y la química que consiguió establecer entre Lobezno, Spiderman y Daredevil sirvió para que se olvidara de cualquier reticencia previa a escribir cómics protagonizados por equipos de superhéroes, además de ayudarle a descubrir el atractivo de unir rincones en apariencia inconexos. Sin que ni siquiera fuera consciente de ello, en su cabeza empezaban a surgir las ideas que llevarían a un profundo cambio dentro de Marvel.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate X-Men nº 6

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