ULTIMATE SPIDER-MAN EN HOLLYWOOD: LA FICCIÓN DENTRO DE LA FICCIÓN

En 2004 tuvieron lugar los XXVIII Juegos Olímpicos, Brasil lanzó su primer cohete al espacio, se estrenó La pasión de Cristo, arrancaron las franquicias de videojuegos Far Cry o Fable, se emitieron los capítulos finales de Friends y Frasier o los iniciales de Lost y Veronica Mars, y en general ocurrieron un montón de cosas, pero ninguna de esas fue tan importante para los Verdaderos Creyentes de Marvel como la llegada a los cines de Spider-Man 2.

 

 

Después de que Sam Raimi consiguiera convertir la primera cinta del trepamuros en la perfecta película de superhéroes, la expectación, dentro y fuera del fandom, estaba en todo lo alto, con los seguidores pendientes de cada noticia, cada imagen y cada rumor sobre el largometraje en que el Hombre Araña se enfrentaría al Doctor Octopus, que además parecía más siniestro y adulto que el Duende Verde plasticoide de la primera parte. ¿Cómo respondería la propia Marvel Comics a un proyecto de semejante envergadura? En la factoría dirigida por Joe Quesada prepararon todo tipo de lanzamientos alrededor tanto del héroe como del villano.

 

De esta forma, se estrenó una nueva serie arácnida dentro de la línea Marvel Knights, con nada menos que Mark Millar y Terry Dodson como autores; Doc Ock volvió a casa en el Spectacular Spider-Man de Paul Jenkins y Humberto Ramos, quien para la ocasión rediseñó el aspecto del personaje para que se pareciera al que tendría en la película, y por si fuera poco se estrenaron hasta un total de tres miniseries dedicadas a la figura del villano y a su particular enconamiento con el Hombre Araña, entre las que destacaría el Año Uno dedicado a exponer su origen, que firmaron Zeb Wells y Kaare Andrews.

 

Todo eso sucedía en el Universo Marvel tradicional, pero el Universo Ultimate no podía permanecer al margen de la fiesta: no en vano era el que se encontraba más cercano a las adaptaciones cinematográficas de La Casa de las Ideas. Había que constatar que, para entonces, Brian Michael Bendis y Mark Bagley no sólo habían realizado, en paralelo con el cine, una revitalización total de los mitos arácnidos, sino que también se habían adelantado a las películas a la hora de imaginar hipotéticas secuelas. Así, la plana mayor de los enemigos ya había pasado por la serie, y eso incluía, claro está, al Doctor Octopus. De hecho, fue el gran enemigo con el que arrancaba el segundo año de la cabecera (Ultimate Spiderman: Problemas por duplicado) y posteriormente formaría equipo con el resto de amenazas arácnidas (Ultimate Spiderman: Los Seis Siniestros). Ya había pasado un tiempo desde todo aquello, y Bendis estimó que la mejor manera de celebrar el debut fílmico del criminal de los brazos metálicos consistía en traerlo de vuelta por la puerta grande. Al igual que ya hubiera hecho Ramos en Spectacular, Bagley buscó una manera de acercar la estética de Octopus a la que luciría Alfred Molina en pantalla, algo que consiguió cambiando la ajustada licra verde habitual por una tétrica gabardina marrón propia de un vagabundo. La trama se construiría a partir del hecho de que Doc Ock conociera la identidad secreta del héroe, lo que le convertía en un peligro todavía mayor si cabe, y de fondo seguirían en marcha las diversas tramas abiertas, como la de Gwen Stacy, instalada en la casa de los Parker.

 

Pero faltaba algo. No bastaba con un nuevo enfrentamiento contra Octopus. Bendis quería darle un toque especial que le relacionara indudablemente con el blockbuster del verano. Y entonces tuvo una genial idea: ¿Qué ocurriría si, dentro del mundo del trepamuros, estuvieran rodando una película con él como protagonista? ¿Cuál sería la reacción de Peter? ¿De qué manera entraría el rodaje en colisión con la batalla entre Spidey y Doc Ock? El enorme peligro que suponía uno de los peores enemigos del joven justiciero contrastaría con el humor que destilaba la situación, dando lugar a una sorprendente combinación.

 

La propuesta respondía a una larga tradición de La Casa de las Ideas, la de la ficción dentro de la ficción. Desde los inicios del Universo Marvel, quedó establecido que estos personajes viven en un mundo donde, a su vez, existen cómics, películas y videojuegos basados en ellos mismos. En The Fantastic Four #5 USA (1962), La Cosa destruía el primer número de The Incredible Hulk que estaba leyendo La Antorcha Humana. Cuatro números más tarde, Namor engañaría a Los 4 Efe, haciéndoles creer que un gran estudio les había contratado para hacer una película. Una vez derrotado, el Hombre Submarino accedería, de hecho, a la realización del filme, que se convertía en todo un éxito. La gran sorpresa tendría lugar en el siguiente episodio, cuando nada menos que los propios Stan Lee y Jack Kirby aparecerían como invitados, dando a entender que Marvel existe como editorial dentro del Universo Marvel y que los diferentes héroes dan permiso para que publique sus cómics oficiales. A lo largo de las décadas y siguiendo este patrón, varios personajes han visitado, dentro de las viñetas, las oficinas de la compañía. El extremo de este diálogo del medio consigo mismo llegaría en el año 2000, cuando la editorial puso a la venta seis lanzamientos, bajo el sello Marvels Comics Group, que no eran sino ejemplos de los tebeos que se producían dentro del cosmos de ficción. La iniciativa se completó incluso con una historia imaginaria de la editorial.

 

El lanzarredes, como casi cualquier otro, tampoco ha escapado a la tendencia. Ya en The Amazing Spider-Man #14 USA (1964) era sometido por el Duende Verde a un engaño similar al que padecieran Los 4 Efe a manos de Namor: un avispado productor ofrecía a Spidey un contrato millonario para protagonizar una película en que se narraría su propia saga. No contento con caer en esta trampa, el Hombre Araña repetiría el mismo error en The Amazing Spider-Man Annual #4 USA (1967), en el que viajaba a Hollywood para rodar junto a La Antorcha Humana en lo que finalmente se revelaba como una maquinación de Mysterio y del Mago.

 

Quizás Bendis estuviera al tanto de esta última anécdota, porque en el curso de la aventura en la que el Spiderman definitivo contempla cómo se rodaba un largometraje basado en él mismo, puede verse en una de las viñetas a un actor disfrazado como Mysterio, personaje que por otra parte tardaría mucho tiempo en aparecer en el Universo Ultimate. Pero este detalle resulta apenas secundario frente a la presencia continuada en la historia del propio Sam Raimi, director de la auténtica Franquicia Arácnida, de Avi Arad, el productor ejecutivo de Marvel Studios, o de Tobey Maguire, el actor que encarnaba a Spidey, aunque, quizás por problemas contractuales, su rostro dibujado por Mark Bagley es el que menos recuerda al real. No debe pasar inadvertida para el lector la mirada escéptica que Bendis lanza al mundo del Noveno Arte, siguiendo las líneas establecidas en su obra independiente Fortune And Glory, acerca de un guionista de cómics que trata de irrumpir en Hollywood. Hay una acidez nada disimulada en ese Peter Parker que se juega la vida a diario pero no va a ver ni un dólar de una superproducción sobre Spiderman que va a recaudar millones. Paradójicamente, al cabo de los años Bendis formaría parte del consejo que asesora a los directores de las películas de Marvel Studios.

 

El cine nos vuelve locos a todos y estamos deseando ver esas películas, nos viene a recordar el guionista de Cleveland. ¿Cómo no va a ser así? ¿Cómo no sentir un escalofrío cuando ves a un Spiderman, de carne, hueso y efecto digital, balancearse por Nueva York? Pero esos blockbusters que arrasan en taquilla nunca existirían sin la versión original, sin el Hombre Araña que nos fascinó, antes que en ningún sitio, en las modestas viñetas de un cómic.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 12

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