Toy Story

Por Julián M. Clemente
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Cuando era niño quería comprarme todos los muñecos de superhéroes habidos y por haber, aunque no con el suficiente ahínco. La colección de Mattel dedicada a las Secret Wars me resultaba especialmente fascinante, aunque tampoco le hacía precisamente ascos a los DC Superpowers. Ocurría que en casa no es que fuéramos pobres de solemnidad, pero tampoco nos podíamos permitir según qué dispendios. Hijo de una generación que apreciaba el libro mejor que ningún otro objeto de colección, cuando caían mil pesetas en mis manos y tenía que escoger entre un muñequito carísimo y varios tebeos… Pues qué queréis que os diga, acababa comprando los tebeos. Su lectura, por desgracia, no mitigaba las ansias por tener aquellos muñequitos de Secret Wars, jugar con ellos y colocarlos finalmente en la estantería, quién sabe si reproduciendo los combates mostrados en el cómic del mismo título.


Cuando tenía diez o doce años, la solución más o menos parcial para semejante ansiedad se traducía en cogerse a los clicks de Famóbil y, papel, rotuladores, tijera y pegamento en mano, vestirlos de Capitán América, Magneto o Spider-Man. El Spider-Man rojiazul, eso sí, porque había una figura que no quedaba bien en versión Famóbil. Además, el original de esa figura era tan glorioso que por él sí hubiera estado dispuesto a pagar todo lo que valía, aunque nunca llegué a hacerlo. Se trataba del Spider-Man del traje negro, mucho mejor hecho que el rojiazul. Era un muñeco hipnótico. Sí, puede que apenas tuviera siete centímetros y, como el resto de la gama, sólo contara con tres o cuatro puntos de articulación pero, ¿a quién le interesaba que se moviera? Su magia residía en la sencillez. Entendedme: los Secret Wars eran bastante menos elaborados que los DC Superpowers. A casi todos los muñecos les faltaba algún elemento que tenían los personajes del papel: El Doctor Muerte carecía de su capa, el Capitán América del escudo, las garras de Lobezno eran de quita y pon… En cambio, el Spider-Man negro era exactamente igual que el que salía en los tebeos: sencillo, a la par que elegante.
Pasó el tiempo, los ingresos aumentaron y el resultado de todo ello es que ahora mismo tengo varias estanterías sembradas de toda clase de figuras articuladas, y no sólo de cómic, porque uno es incapaz de resistirse a muñecos como los de Aliens o Terminador, Zelda o Super Mario Bros, por mencionar algunos de los que están a la vista. Entre todos ellos, una constante predomina en cada rincón de la casa. Esa constante se llama Spider-Man. Al lado de mi ordenador, tengo un precioso Peter Parker/Hombre Araña de la colección Mini-Mates. Son figuritas de apenas cinco centímetros similares a las de Lego, muy simples e increíblemente bonitas. Intenté colgar éste de la lámpara de mesa, pero descubrí con horror que comenzaba a derretirse, así que terminé por dejarlo encima del disco duro. Si miro detrás de mí, me encuentro un busto de Spider-Man, un porta-retratos de Spider-Man, dos Spider-Man de PVC o un Spider-Man de los primeros que lanzó Toy Biz. También tengo un Spider-Man de la película acompañado del Duende Verde, colocados ambos igual que en la escena final del filme. Toda una excentricidad, lo reconozco. Y sé que por algún lado ronda un Spider-Man japonés cabezón, más paródico que otra cosa. Calculo que en algún momento de los próximos meses vendrán a sumarse a la fiesta las figuras de Marvel Select, en particular una que acaban de anunciar y que reproduce la portada del mítico Amazing Spider-Man 39.
En todos estos años, han salido colecciones enteras de muñecos (algunas tan bizarras como las que convierten al trepamuros en buzo, bombero o motorista), pero sigo pensando que no he visto un Spider-Man mejor que el del traje negro de las Secret Wars. Otros muchos aficionados tienen que tener la misma opinión que yo, porque la gama entera ha alcanzado cifras astronómicas. He llegado a contemplar perplejo ¡un Kang! a diez euros… y del Spider-Man del traje negro ni rastro, aunque no quiero ni saber cuánto pueden llegar a pedir por él los especuladores. Un día de estos aparecerá, estoy seguro, y por eso le tengo reservado un hueco de honor. Mientras tanto, a lo mejor desempolvo los clicks, a ver si consigo mejorar mis técnicas para disfrazarlos de superhéroes.

Artículo aparecido originalmente en Ultimate Spiderman 26, publicado por Cómics Forum

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