1985. LA CONSPIRACIÓN QUE ALUMBRÓ A FACTOR-X

Es primavera de 1985. Bob Layton comenta con el dibujante Jackson Guice la posibilidad de trabajar juntos en un nuevo título. Ambos son fans irredentos de la prehistórica Patrulla-X. Si el grupo surgido del Giant-Size X-Men 1 es la segunda generación de mutantes y los Nuevos Mutantes son la tercera, ¿por qué no van a tener colección los veteranos de la primera generación?, se preguntan. Acto seguido, redactan una propuesta orgullosamente retro en la que los primeros alumnos de Xavier se reúnen para viajar por todo el mundo, ayudar a mutantes buenos y pelear contra mutantes malos. La proposición llega a la mesa de Jim Shooter, quien tiene un excelente concepto de Layton a raíz de su trabajo en Iron Man y en las dos miniseries protagonizadas por Hércules. Años después de rechazar una idea similar de Mark Gruenwald, el director editorial cree que las cosas han cambiado. Ahora se prepara otro título más con supergrupo, en esta ocasión, dedicado a una sucursal en California de los Vengadores. Mientras dos colecciones dedicadas a los Vengadores puedan funcionar, el mercado acogerá con expectación una tercera dedicada a los mutantes.

 

-Bueno, ¿Cuando podéis empezar? -pregunta.

-Ya -dice Layton.

 

Al poco tiempo, Claremont se entera de la existencia del proyecto, de cuyo planteamiento abomina enseguida. No le interesa la prehistórica Patrulla-X y no le importa que utilicen a personajes que en realidad nunca han tenido mucho que ver con su obra, como el Hombre de Hielo, la Bestia o el Ángel. Lo que le molesta son los objetivos. Hasta ahora, los viejos alumnos de Xavier eran los amigos del instituto, dispersos aquí y allá, que, ocasionalmente, se reunían para contarse batallitas. Distinto es si se les agrupa con el objetivo de crear otro título parecido a Uncanny X-Men o The New Mutants, un título con una “X” muy grande en portada. Claremont no quiere más colecciones mutantes. No mientras él no pueda escribirlas todas. Pero es que, además, Layton está empeñados en llevarse a uno de sus chicos. En el UXM 201 (I 86), el mismo número en el que nace Nathan Christopher Summers, su primer hijo, Cíclope pierde el liderazgo en combate contra Tormenta. Abatido y confuso, el hombre-X por excelencia abandona la Patrulla para irse a vivir con su esposa. Venga, ¿no es esto lo que queríais? Pues todo vuestro y dejadme en paz. Es una situación en línea con la imprevisibilidad habitual de la strip que podría haber tenido lugar con o sin la existencia del nuevo proyecto, pero viene condicionada por ésta.

Una vez conseguido a Cíclope, Layton no tiene demasiados problemas para completar su X-Factor, nombre elegido para la colección que recuerda el factor-x genético que produce las mutaciones. La Bestia, el Hombre de Hielo y el Ángel languidecen en un título de segunda fila, The New Defenders. A pesar de seguir saliendo a la calle, se trata de una serie muerta largo tiempo atrás cuyo cierre no molestará a nadie. En Marvel aprovechan las Secret Wars II para cancelarla. Cuatro de los cinco primeros estudiantes de la Escuela del Profesor Xavier para Jóvenes Talentos están dispuestos para la Gran Reunión, pero hace falta un quinto, una figura femenina que sustituya a la insustituible Jean Grey. Porque Jean es fiambre, kaputt, pasto de los gusanos selenitas, pasto glorioso pero pasto al fin y al cabo. Hay, por supuesto, dos Jean Greys de pega: Madelyne Pryor y Rachel. Ésta última es colocada por Claremont en una circunstancia difícil de manejar por nadie que no sea él mismo. En el UXM 199, Rachel reclama un resto de poder de su madre, oculto en una matriz energética shi’ar. Es ahora una nueva Fénix, heredera de la primera. Los lectores, sin embargo, cual Hamlets huérfanos de rey muerto, están obsesionados con la original y piden una y otra vez su retorno. La carta de uno de ellos, publicada en el correo del UXM 143, decía así a raíz de la muerte del personaje: “Tengo la colección completa de La Patrulla-X. Mi primer número fue el 37… pero el 138 es el último. Durante los dos últimos años (desde el 113) he visto como la serie degenera. Decidí dejarla durante la saga del Club Fuego Infernal, pero me dominaron mis sentimientos y una vaga esperanza de que las cosas mejorasen. Durante la saga de Fénix Oscura volví a pensar en dejarla… No puedo seguir, ni siquiera por mantener mi colección completa… hasta que las cosas cambien, habéis perdido un lector”.

 

Años después, ese mismo lector, llamado Kurt Busiek, trabaja como editor asistente de Marvel Age. Es invierno de 1983. La llegada de Madelyne ha puesto en boca de todo el mundo la posible resurrección de Fénix. Entre los especuladores, Roger Stern y el mismo Busiek:

-Es un truco. Chris no va a resucitarla -asegura Stern -Shooter no le dejará. Saldrá de nuevo con el rollo del genocidio cósmico.

-No sé, ha pasado ya mucho tiempo.

-Oye, si tú fueras guionista de la Patrulla-X, ¿como harías para resucitar a Fénix?

-Fácil. Si el problema es que Fénix es una asesina en serie, busquemos una forma de evitarlo. El plan original era hacer una especie de exorcismo, que Fénix dejara de existir y Jean se convirtiera en una chica normal, ¿verdad? Pues lo que hay que hacer es retomar esa idea. Que Jean y Fénix sean dos seres diferentes, pero no de forma metafórica. Debe ser algo real. En un momento dado, Fénix se habría hecho pasar por ella. Jean estaría desde entonces en animación suspendida. ¿Ves que fácil?

-¿Y qué momento sería ése, antes de convertirse en Fénix Oscura?

-No. Tiene que ser más atrás. Diablos, en el mismo momento en que aparece Fénix. Así se justificaría que la Jean de los años sesenta tenga un carácter mucho más dulce que el de Fénix.

-Byrne dice siempre que esa no era Jean Grey.

-Pues tiene razón. Era Fénix.

Diseños aparecidos en Marvel Age 33

Un mes más tarde aparece el UXM 175, en el que se desmiente que Madelyne sea Fénix resucitada. El asunto se olvida por un tiempo. Dos años después nace el proyecto de X-Factor. Stern comenta la idea de Busiek con John Byrne, y éste a su vez lo hace con Layton, que ya tiene pensado un argumento similar para el X-Factor 12, aunque, ¡¿qué diablos?! Lancemos la colección con un acontecimiento de esta envergadura. Todos juntos, apoyados por Mike Carlin, futuro editor de X-Factor, y Mark Gruenwald, actual editor de The Avengers y The Fantastic Four, se plantan en el despacho de Shooter, que encuentra el razonamiento irreprochable. Nadie va a desobedecer su orden. Fénix sigue muerta y culpable. La Chica Maravillosa, que en realidad permanecía recuperándose de sus heridas desde el UXM 101, será traída de vuelta limpia de polvo y paja. Lista para vender muchos cómics.

-Sois geniales, chicos. Esto va a ser mejor que la muerte de Jean, mejor que la muerte de Elektra, mejor que la venida de Galactus. Y, por lo menos, tan bueno como mis Secret Wars.

 

Pasan dos días. Layton se acerca a Busiek y le dice:

 

-¡Ey, tenemos a Jean Grey de vuelta para X-Factor… y oí que tenía que agradecértelo!

-¿Uh?

 

En los meses de preparación de la serie, la resurrección se lleva en la más absoluta oscuridad de cara a los lectores. Desde el Marvel Age 30 (IX 85), Busiek anuncia la existencia del grupo y reta a los fans a que averigüen quién será el quinto miembro. Muchas de las respuestas identifican a Rachel o a Madelyne; algunos despistados piensan en Mantis, Pícara, Tormenta, Lobezno o Franklyn Richards. Quién más se acerca propone a Fénix. Sólo un lector acierta de pleno. En el bullpen sin embargo no hay secretos. El regreso de la Chica Maravillosa es el tema de moda. La noticia llega pronto a oídos de Ann Nocenti. Al día siguiente, queda para comer con Claremont y Barry Smith. Tienen que hablar de la segunda parte de Muerte viva, pero la conversación acaba desviándose.

 

-He estado con Bob Layton. Me ha comentado que ya han elegido un quinto miembro para X-Factor. Adivina quien.

-No sé. ¿quién?

-Van a hacer algo radical. Chris, van a resucitar a Jean Grey.

-Venga ya.

-Te lo juro.

-No son tan torpes.

-Lo son.

-¿Shooter lo aprueba?

-Shooter está encantado.

-¿Pero quién coño se cree que es?

-Chris, es el director editorial.

-¡Y yo soy el autor más importante de Marvel! Sin mí no son nada. Mierda, acaban de joderme la serie sin remedio. -Claremont se dirige a la barra-. Camarero, quiero un teléfono. -Se lo traen. Empieza a marcar. Cuelga.

-¿Qué pasa? -pregunta Nocenti-. ¿A quien llamas?

-A Shooter. Pero con el cambio de oficinas no me acuerdo de la extensión.

-Es viernes y son las seis, Chris. Han cerrado ya. Y mejor que no le digas a Shooter algo de lo que puedas arrepentirte el lunes.

Claremont se marcha a casa. Pasa el fin de semana preparando una propuesta alternativa. Una forma de que X-Factor tenga quinto miembro sin necesidad de resucitar a Jean. El lunes a media mañana consigue hablar con Shooter.

-Gracias, Chris. Aprecio tus esfuerzos. Pero la decisión está tomada. No es nada personal, lo sabes. Teníamos un problema y lo hemos resuelto. Una simple cuestión de marketing. Y, ¿sabes lo que te digo? La culpa la tienes tú, por escribir personajes inolvidables. En los últimos cinco años no he podido hacer una aparición pública en la que no me pregunten si vamos a resucitar a Fénix. A ti te pasa exactamente lo mismo, no me lo niegues ahora. ¿Por qué si no te has sacado dos Jean Greys de la manga, Madelyne y Rachel? Pues qué quieres que te diga, estoy harto. Voy a darles lo que quieren.

-El secreto está en no contentarles nunca, Jim. Creí que tú lo sabrías.

1985. EL IMPACTO DE LA RESURRECCIÓN DE JEAN GREY

Es otoño de 1985. Jean Grey vive de nuevo. La resurrección tiene lugar en un triple crossover, la palabra mágica que alegra los oídos de Shooter. Para acometerlo, Bob Layton se alía con dos de sus mejores amigos, Roger Stern y John Byrne. En la primera parte, escrita por Stern (The Avengers 263, I 86), los Vengadores encuentran una misteriosa crisálida en el fondo de la bahía de Jamaica; en la segunda parte, obra de Byrne (The Fantastic Four 286, I 86) Jean emerge de la crisálida, con la sorpresa de quien lo último que recuerda es estar pilotando un transbordador espacial. En X-Factor 1 (II 86) ocurre el reencuentro de la Patrulla-X original, con un Scott Summers que hace cosas tan opuestas a su personalidad como dejar abandonada a su familia, a Madelyne y al recién nacido Nathan para acudir a los brazos de su antigua amante ahora resucitada. También se asientan las bases del nuevo grupo. Los miembros de X-Factor se harán pasar por cazadores de mutantes, con anuncios en prensa y televisión incluidos. Así podrán localizar mutantes buenos a los que ayudar y mutantes malos a los que combatir. Nadie señala que para localizar mutantes no es necesario montar semejante numerito, sino que basta con recurrir a un localizador electrónico de mutantes, llámese o no Cerebro.

Desde el UXM 137, la muerte de Fénix, hasta el UXM 201, publicado en el mes en el que regresa Jean Grey, Claremont ha explotado al máximo el suspense. Esperad lo inesperado de la Patrulla-X, dice cada mes a sus fans, porque es lo que vais a encontrar. La sensación de imprevisibilidad crece aún más desde el UXM 202, en un intento de contrarrestar los efectos mortales que para la credibilidad de la strip supone la vuelta de la Chica Maravillosa. De igual manera, Claremont evita cualquier posible encuentro de la Patrulla-X con Jean. Cuanto más se ignore la nueva situación más fácil resulta mantener la antigua. Unidos ambos efectos, Uncanny X-Men alcanza unos niveles dramáticos jamás conocidos. Es una Patrulla-X que vive en el arroyo, que se arrastra por callejones sin salida. Que sufran, que el dolor y la angustia condicione sus vidas ahora con más razón que nunca. Como ejemplo radical queda la tercera colaboración de Claremont y Barry Smith, que cambia el protagonismo de Tormenta por el de Lobezno.

Como en Kitty Pryde and Wolverine, una niña, en este caso Katie Power, de Power Pack, acompaña a Logan en un viaje de ida y vuelta a los infiernos. Lobo herido (UXM 205, V 86) contiene veintidós páginas de vértigo vomitivo en las que el guionista introduce en su propio universo mutante hallazgos ajenos. De Longshot, la miniserie de Nocenti y Adams, se trae a Espiral, a quien, meses atrás, ha integrado dentro de la Fuerza de la Libertad de Mística. Espiral es una inquietante bailarina de seis brazos que transforma en una cibernética máquina de matar a Yuriko Osama, la hija del científico que inventó el proceso para recubrir de adamántium los huesos humanos. Aunque el debut de Yuriko, alias Dama Mortal, tiene lugar en Daredevil 197 (VIII 1983), su odio hacia el canadiense procede de los Alpha Flight 33-34 (III-IV 86). En esta aventura, Bill Mantlo explica el primer encuentro entre Logan y los Hudson, además de insinuar que Mac estuvo involucrado en el experimento que transformó los huesos de Logan. Claremont, disgustado con la idea de que alguien tome su personaje y explique parte de su origen en una vulgar aparición especial, se apresura enseguida a afirmar que esa información es irrelevante, que lo sustancial en la vida de Lobezno es lo que ocurrió antes de conocer a los Hudson, sucesos que han de permanecer en la penumbra si se quiere mantener el halo de misterio que rodea al personaje. Siguiendo tal norma de ocultación de datos, en el UXM 205 se sabe sólo la mitad de lo que ocurre. El cómic, narrado desde el punto de vista de Katie Power, empieza cuando la niña se encuentra a Logan medio moribundo, desnudo y siendo perseguido por Dama Mortal y sus secuaces. Igual que el pasado de Lobezno, cómo se ha llegado a esa circunstancia es un misterio encerrado en medias verdades, frases como “Me convertiste en un animal, Dama Mortal” que tienen tantas interpretaciones como quieran dar los que las lean. Para evitar problemas anteriores, en esta ocasión Claremont se sienta a la mesa con Smith y juntos preparan el argumento de la historia. La coautoría de poco sirve. De nuevo Smith hace de su capa un sayo y modifica lo acordado. Sin embargo, lo que llega a enfurecer a Claremont son las notas en los márgenes que deja escritas el dibujante. En ellas trata de explicarle cómo debe escribir la historia. Hasta aquí hemos llegado, es la conclusión inmediata. A partir de ese momento, Smith pasa a ilustrar un buen número de portadas (sobre todo de The New Mutants) mientras queda exiliado de los lápices interiores, a los que no vuelve, más que como medida de emergencia, en el UXM 214 (II 86).

En línea con esa actitud fatalista de respuesta al regreso de Jean, Claremont se deshace bruscamente de la nueva Fénix. Una Rachel que se parece cada vez más a su madre decide matar a Selene. La ejecución no se consuma, ya que Lobezno lo impide al clavar sus garras en el estómago de ella. “Esto Rachel”, dice Logan, “es asesinato. Justifícalo, racionalízalo, pero lo sigue siendo. No es digno de ti, ni de Rachel, ni de Fénix, y mucho menos de la Patrulla-X” (UXM 207, VII 86). A juicio de Claremont, Lobezno no tiene otra alternativa. De haberla dejado actuar, Rachel estaría a un paso de convertirse en Fénix Oscura. “Lo que hace Lobezno”, dice Claremont, “es lo mismo que hubiera hecho Jean Grey de estar en esa situación”. Rachel sobrevive, pero, dos números más tarde, Espiral la introduce en un portal a otra dimensión. Su destino queda reservado para una miniserie.

1986. CHRIS CLAREMONT TOMA EL CONTROL

Es 1986. Spin-Offs. Colecciones que crecen como setas al lado de una seta mayor. Una serie es un spin-off cuando la leen solo aquellos que siguen la serie madre. Es el precio del éxito. A Claremont le gusta ser conocido y admirado. La fama es muy agradable. Pero tiene un lado malo. Marvel está explotando la gallina mutante de los huevos de oro como si se tratara de Spider-Man. Claremont piensa que hay demasiados tebeos tratando el tema. Son demasiados desde el momento en que él no pueda escribirlos todos. Es un pensamiento egoísta pero es lo bastante humano como para sentirse egoísta. X-Factor supone una intromisión en su universo particular que no puede permitir. Lo que hagan con el Ángel, la Bestia o el Hombre de Hielo no le importa. Pero que utilicen a Cíclope, Madelyne Pryor o Jean Grey –Dios, Jean Grey, qué falta de respeto a los muertos- lo considera una provocación. Apoyado en que las ventas de los primeros números de X-Factor no han sido todo lo excelentes que se esperaban a pesar de la inmensa campaña de publicidad, Claremont comienza a presionar. Es consciente de que no puede conseguir el cierre de la serie, pero hay alternativas más o menos decentes. Jim Shooter ofrece varias, cambia a los editores Mike Carlin y Michael Higgins por Bob Harras, un hombre de su absoluta confianza, y, finalmente, con tan sólo cinco números y un Annual en su haber, destituye a Bob Layton. En su lugar, tal y como ha prometido a Claremont, sitúa un equipo creativo de lujo: Weezie Simonson en los guiones y su marido Walter al dibujo. Ambos acometen el trabajo como una operación a vida o muerte. Enseguida identifican los grandes problemas de X-Factor. Con la ayuda de Claremont, buscan soluciones y se marcan un plazo de un año para ponerlas en práctica.

Primer problema. Dejando aparte la mediocridad de los cinco primeros números, la premisa de la serie es absurda. Si los chicos de X-Factor se hacen pasar por cazadores de mutantes para así rescatarlos lo que conseguirán no será más que acentuar la histeria anti-mutante. El grupo necesita encontrar otra razón de ser. Una razón de peso. ¿Solución? Ponerles contra las cuerdas. Hacerles ver que se han equivocado. Transformar al promotor de la idea, Cameron Hodge, amigo de la infancia del Ángel, en un malvado conspirador de oscuros propósitos que acaba liderando su propio grupo de villanos, La Verdad.

 

Segundo problema. No se sostiene que Cíclope consiga ocultar a Jean su matrimonio. Por mucho que Layton quisiera ignorarlos, Madelyne y Nathan siguen existiendo. ¿Solución? Cíclope desvela la verdad a Jean en el tercer número escrito por Weezie Simonson (XF 8, IX 86). Poco después, Summers regresa a casa en busca de esposa e hijo, pero no están, han desaparecido. Solo queda un cadáver con el aspecto de Madelyne (XF 13, II 87). No es ella, por supuesto, pero Scott pensará que sí, lo que en cierta forma viene a justificar que deje de buscarla y vuelva al lado de Jean. Claremont se hará cargo de Madelyne en Uncanny (es su personaje y está encariñado con ella), mientras que Nathan seguirá desaparecido a la espera del momento apropiado para recuperarlo. Además, los Simonson rescatan algo tan olvidado como la atracción del Ángel hacia Jean. El triángulo Cíclope-Ángel-Jean, mediatizado por la sombra de Madelyne, se convierte en el gran culebrón de la serie. La situación llega a resultar graciosa, con Cíclope paranoico hasta niveles nunca vistos.

Tercer problema. Más de dos décadas después de su creación, estos personajes siguen teniendo un déficit de poder que dificulta involucrarlos en aventuras realmente épicas. Layton, empeñado en que sea el tono recurrente el que domine la serie, quita a Jean sus habilidades telepáticas y a la Bestia su pelaje azul. Los Simonson van a tomar el camino opuesto. A largo plazo, quieren recuperar a la Bestia peluda, incrementar los poderes del Hombre de Hielo, que Jean pueda hacer algo más que mover jarrones con la mente y que el Angel no se limite solamente a volar con alguien a cuestas.

Cuarto problema. Magneto, primer villano de la Patrulla-X, es ahora uno de sus aliados; Juggernaut y los Centinelas suele reservárselos Claremont. Por lo demás, no queda ni un sólo enemigo de los primeros hombres-X que merezca la pena. Es necesario encontrar nuevos peligros.El matrimonio Simonson toma un misterioso villano que estaba actuando en las sombras durante los episodios de Layton. Inicialmente, se trataba de El Búho, el viejo enemigo de Daredevil, pero Simonson prefiere transformarlo en una nueva creación. Guice redibuja la viñeta final de XF 5 (VI 86) para que ya no sea El Búho, sino… Apocalipsis, un antagonista sumergido en el misterio, con poderes metamórficos y un pasado legendario. Si tenemos un Apocalipsis, dice Weezie, habrá que buscar cuatro jinetes. Hace cuentas y le sale una aventura a cuyo climax llegarán hacia el X-Factor 25.

Spin-Offs. El fenómeno que divide el corazón de los fans. Desean leer más aventuras de sus héroes favoritos, pero su economía se resiente mes a mes. Phoenix: the untold story (IV 84), un lujoso número que recopila el UXM 137 tal y como fue concebido por Claremont y Byrne, se convierte en un éxito inmediato, a pesar de su elevado precio, dos dólares frente a los sesenta centavos que vienen costando las series regulares. Como consecuencia del especial, Marvel responde a las peticiones de las nuevas generaciones de seguidores de la Patrulla-X con la inevitable reedición de los primeros números. Pero no es suficiente, hay que hacer un producto atractivo para todos, algo que ofrezca un plus parecido al que contiene The untold story. Por eso Claremont y John Bolton dejan su oasis en Epic, donde han concebido obras de la delicada belleza de Marada the she-wolf o The Black Dragon para preparar relatos cortos que complementen las reediciones, un Classic X-Men en edición de lujo, con portada e ilustraciones interiores de Arthur Adams, el dibujante de moda; una colección en la que Claremont tiene la oportunidad de enmerdarse la plana a sí mismo y a su pasado. A las diecisiete páginas de los tebeos que escribiera diez años atrás añade nuevas planchas a cargo de un poco inspirado Dave Cockrum, que ventila el encargo sin verlo como otra cosa que no sea un simple recurso alimenticio. Son explicaciones apócrifas a toro pasado que sirven para arreglar viejos desaguisados tales como que Jean Grey tratara de asesinar a Scott Lang, pero que hacen un flaco favor al arte original. La verdadera adecuación al pulso actual la lleva a cabo Claremont con enorme talento en los episodios complementarios, una delicia para los amantes de la contemporánea etapa de John Romita Jr.; apasionado análisis de la personalidad de Jean, Lobezno, Tormenta, Coloso, Rondador; en última instancia, revelación de secretos olvidados, álbum de familia recién abierto.

Crossovers. El otro fenómeno de masas. Secret Wars II termina para los Nuevos Mutantes en un estremecedor relato en el que el Todopoderoso los asesina uno a uno (TNM 37, III 86), aunque los resucite ese mismo mes en Secret Wars II 9 (III 86); y, para la Patrulla-X, con un apasionante duelo entre Fénix y el Todopoderoso (UXM 202-203, II-III 86), nuevo recuerdo de la saga de Fénix Oscura. ¿Y después qué? Después de Secret Wars, el Universo Marvel nunca será el mismo. En DC responden con Crisis on infinite earth, brutal acontecimiento de proporciones cósmicas que borra de un plumazo el medio siglo de historia de personajes con la solera de Superman, Batman o Flash. El Universo DC renace para parecerse a Marvel, para convertirse por primera vez tras muchos años en una competencia presentable y peligrosa. Frank Miller reconstruye el origen del Hombre Murciélago y, toda una pesadilla para Shooter, John Byrne abandona la Casa de las Ideas para reinventar a Superman. La respuesta es inmediata.

Contra crossovers, más crossovers. Con X-Factor en manos de los Simonson, se prepara la primera gran saga que agrupa las tres colecciones mutantes. El proyecto surge de manera espontánea. Nace de la amistad entre Claremont y los Simonson, deseosos de trabajar de nuevo juntos. Las posibilidades comerciales llegan después y apenas importan a los autores, aunque la editorial empiece pronto a frotarse las manos y a poner toda su maquinaria propagandística a disposición de ellos. Las ganas de divertirse de unos y el afán recaudatorio de los otros obliga a que los Morlocks lo paguen caro. Van a ser las pobres víctimas, carne de cañón en un título que se adivina premonitorio, La masacre mutante.

Desde hace algún tiempo, Claremont piensa que la población Morlock ha crecido de forma exagerada. Su idea inicial es dedicar un número de la colección a cortar de raíz el problema con una carnicería que ayude de paso a elevar el tono angustioso de la strip. El tema surge enseguida en las habituales conversaciones con la Simonson, que mantiene la misma opinión sobre el exceso de habitantes del Callejón pero que tiene otros planes en cuanto a la extensión de la historia:

-Chris, es demasiado buena para dedicarle un sólo número.

-Bueno Weezie, luego tendremos unos cuantos meses de funerales y lloros…

-No, lo que quiero decir que algo tan grande podemos desarrollarlo en las otras colecciones… Y Walt nos puede echar una mano en Thor

-Uhm. –Claremont se para un momento a pensar. -Puede quedar bien. Pero va a ser complicado construir una saga con un único argumento en la que los personajes protagonistas no se encuentren nunca…

-Naah, ya se nos ocurrirá algo…

1987. DE CÓMO LA GUERRA DE LA REALIDAD SE TRANSFORMÓ EN LA CAÍDA DE LOS MUTANTES

Es 1987. Claremont está ahora barajando hacia dónde dirigir la serie. En los últimos años, ha trazado argumentos con doce meses vista, pero ya no puede permitirse ese lujo. Ahora, a raíz del éxito de La masacre mutante, desde arriba le piden un crossover anual y máxima coordinación con Weezie Simonson. Se insiste en que el gran encuentro entre la Patrulla-X y X-Factor sería un espectacular acontecimiento con extraordinarias ventas. Claremont todavía se resiste a llevarlo a cabo, pero sabe que no podrá hacerlo durante mucho tiempo. En lo que parece una huida hacia delante, aleja a los hombres-X de Nueva York y de las exigencias editoriales, de las apariciones en cada uno de los títulos que publica Marvel con a saber qué guionista y de la Secret Wars de turno, la llame Tom DeFalco como la llame. Cambia el racismo hacia los mutantes, al que ya ha sacado un enorme partido, por algo totalmente diferente. Los hombres-X seguirán actuando en la sombra, pero no porque sean proscritos y perseguidos, sino porque se han convertido en leyendas. El propósito lo enuncia Tormenta: “Mientras la Patrulla-X exista, harán lo imposible por destruirnos. Nos atacarán directamente o a través de los que amamos. La solución a nuestro problema es encontrar una manera de tomar la iniciativa. Creo que la única posible es hacerles creer que han logrado su propósito. Por eso la Patrulla-X debe morir” (UXM 219).

Camino de ese objetivo, el Patriarca Mutante decide cerrar muchos de los cabos sueltos que ha dejado colgados en los últimos años y por los cuales ha recibido críticas despiadadas. Toca ahora dar una explicación plausible a La masacre mutante. Mientras Weezie Simonson convierte a Apocalipsis en un villano de altura, Claremont crea a Mister Siniestro, la mente oculta tras los Merodeadores, cuyo debut tiene lugar en el UXM 221 (IX 87), aunque Dientes de Sable ya lo había mencionado en su primer encuentro con Lobezno (UXM 212). Mister Siniestro, que con sus oscuras razones sirve para justificar casi todo, también es el culpable de que Madelyne Pryor lleve varios meses huyendo. Siniestro envía a los Merodeadores con la intención de asesinarla, pero ella es rescatada por la Patrulla-X (UXM 221 y 222, IX-X 87), junto a la que permanecerá desde entonces, con la intención de recuperar a su hijo.

Paralelamente, el que iba a ser argumento de una miniserie protagonizada por Tormenta pasa a integrarse dentro de la serie regular en una saga oficiosamente titulada La guerra de la realidad (UXM 220-224, VIII-XII 87), preludio del siguiente gran crossover mutante. En ella, Tormenta emprende la búsqueda de Forja en compañía de Naze, el viejo maestro chamán del mutante. Naze asegura que Forja ha sido poseído por el Adversario, un demonio de otra dimensión que pretende destruir el universo. En realidad, el verdadero poseído es Naze, suceso ocurrido en el UXM 188 (XII 84) y del que Claremont parecía haberse olvidado por completo en los tres años transcurridos desde la publicación del cómic. Viaje iniciático del estilo habitual de su autor, La guerra de la realidad extiende su discurso en torno al amor, la fidelidad y la traición más allá de los cuatro números inicialmente previstos. Al final del UXM 224, sólo ha sido revelada la naturaleza maligna de Naze, lo que deja el reencuentro de Forja y Tormenta para los dos números siguientes, que ya forman parte de The fall of the mutants. El título de este segundo crossover es un juego de palabras: fall significa tanto caída como otoño, fecha de aparición de los números que componen la saga. De nuevo, se enuncia un nombre genérico que agrupa a las tres colecciones durante otros tantos meses pero cuyos acontecimientos poco tienen que ver entre sí, de no ser por un tono general de catarsis.

En Uncanny, Claremont vuelve a anunciar sorpresas a bombo y platillo en cuanta entrevista u aparición pública hace. Desde el principio, ocurra lo que ocurra, Destino ya ha vaticinado su profecía: “La Patrulla-X morirá en Dallas”. Conociendo el augurio, los hombres-X viajan a la ciudad, donde acometen la batalla final contra el Adversario (UXM 225-227, I-III 88). Por otra parte, Tormenta y Forja, exiliados por el mismo villano en una tierra paralela donde éste consigue devolver sus poderes climáticos a Ororo, también deciden abandonar su paraíso particular a cambio de la oportunidad de enfrentarse al Adversario. “Estamos condenados”, dice ella. “Si nos quedamos, nuestro mundo morirá. Si volvemos, morirá éste”. El sacrifico es el gran tema de la saga. Desde siempre, Claremont ha definido el heroísmo de sus personajes en función de la capacidad de éstos para superar sus conflictos internos y afrontar su destino. La predeterminación con la que actúan sus criaturas adquiere ahora una nueva entidad. Cada hombre-X renuncia a su vida, e incluso a liderar una nueva humanidad en el caso de Tormenta y Forja, para salvar el universo. “Si hemos de morir, que signifique algo”, promete Lobezno. Claremont compara la situación con las de los trescientos de Esparta, el reducido ejército que, aún a costa de su vida, detuvo el avance del imperio persa en la batalla de las Termópilas. Partiendo de semejante referente, la strip recupera un tono épico olvidado desde hace algún tiempo y que se ha visto sustituido mientras tanto por la angustia perpetua que acompaña a los protagonistas. Esa vuelta a las esencias está condicionada, en gran medida, por la preparación de la serie que Claremont realizará junto a Alan Davis. Repasando los cómics ingleses del Capitán Britania dibujados por Davis en busca de personajes que reutilizar en la nueva colección, Claremont encuentra a Roma, la hija del mago Merlyn, guardiana de todas las realidades. La procedencia mágica de Roma la convierte en la perfecta enemiga del Adversario. Éste es el único villano de auténtica relevancia cósmica al que se enfrenta la Patrulla-X desde, por lo menos, Fénix. Su misma concepción resulta extemporánea a los hombres-X. Claremont lo crea para utilizarlo en Doctor Strange, colección que escribió a principios de los ochenta y que abandonó antes de que el Adversario tuviera oportunidad de aparecer. El Adversario y Roma se enfrentan en un ajedrez cósmico en el que los hombres-X son meros peones, carne de cañón cuya muerte sirve para expulsar al villano de la Tierra.

 

Hubiera sido un buen final para la colección pero, es una obviedad, ésta ha de seguir adelante. ¿Cual es el truco? La esencia de cada hombre-X, además de la de Madelyne Pryor, sirve para derrotar al villano. La cámara de un intrépido periodista retransmite el heroico suceso a los teleespectadores de todo el mundo. Ya en secreto, Roma resucita a los hombres-X. El Adversario no ha sido destruido, ya que su existencia es necesaria para el equilibrio natural de las cosas, aunque permanecerá encerrado durante una era “en castigo por su transgresión”. A cambio, la Patrulla tiene la oportunidad de empezar desde cero, con un mundo que los cree muertos. Claremont consigue así un doble objetivo. En primer lugar, si Lobezno, o Tormenta, o quien sea, están muertos, es más difícil que puedan aparecer como invitados especiales en cualquier otro título Marvel; en segundo lugar, queda saldada la histeria antimutante. Los héroes alcanzan la categoría de mito al tiempo que abandonan su papel de “odiados y temidos”. Han caído para salvar el Universo ante los ojos de los que antes querían lincharles. Se han convertido en leyendas.

Un proceso similar vive X-Factor con su participación en La caída de los mutantes (XF 24-26, I-III 88). Los Simonson cierran la compleja línea argumental iniciada con su llegada a la colección un año y medio atrás. Desde entonces, han prolongado el suspense mes a mes, sin un sólo número que no llevara continuará en la última página, técnica sabiamente aprendida por Weezie en sus años como editora de Uncanny. Toca ahora dejar la serie preparada para un nuevo comienzo, sin el lastre que conlleva su concepto inicial. Como en el caso de la Patrulla-X, los chicos de X-Factor son ensalzados como héroes tras derrotar a Apocalipsis. El engaño permanente de los cazadores de mutantes que en realidad se dedican a salvarlos también concluye una vez que el grupo revela la verdad a la prensa. En cuanto a los conflictos personales, Cíclope y Jean ven como Madelyne muere en Dallas, excusa más que suficiente para reiniciar de una vez por todas su romance. Por último, el Ángel, tras padecer la amputación de sus alas y haber sido transformado por Apocalipsis en un oscuro jinete de metálicas y mortíferas plumas, salva las vidas de sus compañeros y vuelve junto a ellos, ahora con las habilidades relevantes y la tortura mental que los Simonson necesitan para hacer de él un personaje de provecho, el Lobezno del grupo, en definitiva.

Por último Weezie Simonson utiliza el crossover para afianzarse como autora de The New Mutants. Le acompaña Bret Blevins, un dibujante que, tras ocuparse de varios números sueltos de Uncanny, llega a la serie de los bebés-X con un particularísimo estilo muy dado a lo caricaturesco que le sirve para dibujar unos adolescentes que realmente parecen eso, y no llamativos superhombres de inverosímiles proporciones. La Simonson aprovecha al máximo las virtudes de Blevins, lo que le lleva a introducir personajes tan disparatados como Cabeza de Chorlito, un ser plumífero surgido de una Isla de los Monstruos con su obligado científico loco. El enfrentamiento con este último se salda con la primera muerte que afronta el universo mutante desde el suicidio de Fénix. Doug Ramsey, un chico apreciado por Claremont al que la nueva guionista no acaba de encontrar utilidad, fallece víctima de un vulgar tiroteo (TNM 60, II 87). La muerte marca el comienzo del distanciamiento entre Magneto y sus alumnos, punto de partida necesario para dotar a la serie de una mayor dosis de aventura y entretenimiento que conlleva la inmediata reducción del drama mutante.

1988. LA MECHA QUE ENCENDIÓ EL INFERNO

Es otoño de 1988. Toca de nuevo crossover con las series mutantes. En este caso, Claremont tiene un plan para dar solución por fin al culebrón Jean Grey-Cíclope-Madelyne Pryor, con el esperadísimo encuentro de los dos grandes grupos mutantes. Walter Simonson y Marc Silvestri preparan las publicidades del evento. En la de Simonson, junto a los rostros de Jean, Scott y Madelyne aparece una pregunta: “¿Crees conocer la verdadera historia?”. La de Silvestri muestra a Mister Siniestro acompañado del lema “Los mejores planes llevan toda una vida”. A fecha de septiembre de 1988, los lectores mutantes están lo suficientemente liados como para no estar seguros de nada. Tras releer la colección desde el The X-Men 1, el Patriarca Mutante elabora una compleja explicación que sirve para aclarar las partes oscuras de la historia de la Patrulla-X. Para ello, enlaza tres sucesos clave: la muerte de Fénix, la aparición de Madelyne y el regreso de Jean Grey.

Primera pregunta: ¿Quién mueve los hilos? Respuesta: Mister Siniestro. Este chico vale para todo. Si ya fue útil para explicar La masacre mutante, ahora vuelve a serlo para resolver las grandes dudas de la strip. Siniestro ha manipulado a Cíclope desde su más tierna infancia. Durante años le mantuvo en el orfanato mientras supervisaba la aparición de sus poderes. Sin embargo, Scott, con todos sus recuerdos borrados, escapó y fue reclutado por Xavier para la primera formación de la Patrulla-X

Segunda pregunta: ¿Quién es en realidad Madelyne? Respuesta: Madelyne es un clon creado por Mister Siniestro y colocado en el lugar preciso para que se enamore de Cíclope y tengan un hijo cuyos genes conserven lo mejor de cada casa. Ese hijo es Nathan, con el que Siniestro pretende llevar a cabo planes por los que Claremont prefiere pasar de puntillas, ya que todavía no los ha decidido.

Tercera pregunta: ¿Qué relación tiene Fénix en todo esto? Respuesta: Los sucesos del UXM 137 son de nuevo objeto de reinterpretación, esta vez por el mismo Claremont (Si me cambian mis propias historias, ¿no tengo derecho a hacer yo lo mismo?, piensa). Fénix, explica el Patriarca Mutante, tampoco murió en la luna. Lo que murió fue el cuerpo creado por Fénix a partir de Jean Grey. Fénix regresó entonces a la Tierra con la intención de despertar a Jean, quien dormía plácidamente en el fondo del río Hudson. Sin embargo, a quien despertó fue a Madelyne, todavía en manos de Siniestro.

Unificados los sucesos, Claremont toma la sensata decisión de quedarse con una sola de las tres chicas. En la saga, Madelyne muere, pero tanto sus recuerdos como los de Fénix pasan a la mente de Jean (XF 38, III 89). Queda pendiente encontrar un hecho que desencadene la aventura. Se busca una buena razón para corromper a Madelyne y enfrentarla a la Patrulla-X y a X-Factor.

Entonces llega Weezie Simonson con sus planes para The New Mutants. Weezie trabaja en una aventura en la que Illyana afronta de forma definitiva el eterno conflicto con su lado oscuro. Como Claremont en el caso de Madelyne y Jean, la Simonson quiere así resolver líneas argumentales que arrastra desde largos años atrás. En concreto, desde la miniserie de Illyana. Lo que tiene la guionista pensado es que los demonios del Limbo invadan la Tierra. Magik tendrá que elegir entre su inocencia perdida y su parte demoniaca. Por supuesto, gana la inocencia, y lo hace de manera literal, ya que la saga termina con Illyana convertida de nuevo en niña, tal y como era antes de llegar al Limbo. Weezie lo habla con Claremont, y él se da cuenta de que el contexto es perfecto para convertir a Madelyne en la villana de la historia. Que se alíe con N’asthir, uno de los demonios del Limbo, con el objetivo de recuperar a su hijo Nathan. A cambio, N’asthir consigue invadir la Tierra al frente de una legión de demonios. Enseguida aparece un título para la saga. Primero se la llama Infierno en la Tierra, aunque pronto se simplifica el nombre hasta quedarse simplemente en Inferno. El problema surge cuando le cuentan la idea a Bob Harras, el editor de las series mutantes.

-Es perfecto. Magnífico. Los demonios dominan Manhattan y luchan contra todos los héroes del Universo Marvel. ¿Por qué no se lo proponemos a DeFalco? Creo que esto lo podemos llevar más allá de nuestras colecciones.

Las decisiones argumentales, convertidas en decisiones políticas, se trasladan a los despachos. En dos días, el proyecto atañe al resto de las series de la casa. Así, de una forma u otra, la invasión demoniaca afecta a las colecciones de Spider-Man, Vengadores, Cuatro Fantásticos, Power Pack, Capa y Puñal… No obstante, el núcleo principal del crossover se desarrolla únicamente en las tres series mutantes más veteranas, mientras que en Excalibur el tema se toca de manera tangencial y en Wolverine ni siquiera se menciona. La saga cuenta además con un prólogo, X-Terminators (X 88-I 89), miniserie protagonizada por los chavales que viven con X-Factor y que Weezie Simonson pretende fusionar con los bebés-X.

El Claremont de Inferno resulta ácido como en pocas ocasiones. Capaz de divertirse con ascensores que devoran a turistas estúpidos, fuentes que aporrean perros, edificios que crecen, un cameo de los Cazafantasmas o lo que se le ponga por delante, el guionista encuentra tremendamente divertido jugar con los cabos sueltos dejados durante la última década tanto por él como por los demás autores mutantes, autorizados (Weezie) o no (Shooter y compañía). Lleva demasiado tiempo peleándose con todo el mundo por culpa de Jean Grey, sus muertes y sus resurrecciones. Demasiado tiempo construyendo el culebrón más largo de la narrativa universal. Ha llegado el momento de dejar las cosas claras. Esta vez no hay ningún director editorial que interfiera, ni tampoco ningún subalterno con ínfulas de guionista jodiendo por detrás. Sólo él y Weezie reparando los errores del pasado y asumiéndolos como propios en una explicación única, coherente y definitiva. De Inferno quedan varios momentos decisivos para el recuerdo: la muerte de Madelyne, la vuelta a la niñez de Illyana, el reencuentro de Logan y Jean… y, sobre todo, queda el primer gran crossover mutante que afecta al resto de la Casa de las Ideas, un negocio redondo cuya estructura puede repetirse en el futuro. De hecho, John Byrne, ahora guionista de Los Vengadores, tiene una idea similar para los Héroes Más Poderosos de la Tierra.

1989. DISOLUCIÓN Y RENACIMIENTO

Es primavera de 1989. Terminada la saga, cada colección reemprende su camino, esta vez desde posiciones de absoluta disparidad argumental que dejan cerradas durante largo tiempo las puertas a un nuevo crossover. En X-Factor, una vez resueltos todos los problemas causados por la creación del grupo, Weezie Simonson busca nuevos motivos para hacerlo interesante, ahora sin la compañía de su marido, quien por esas fechas se convierte en el autor completo de los Cuatro Fantásticos.

En The New Mutants queda pendiente la vuelta a las andadas de Magneto. La situación, alargada desde La caída, está programada para resolverse en el curso de Inferno, pero la estructura final de la saga obliga a aparcarla hasta el TNM 75 (V 89). Resulta apropiado que el cómic en el que los bebés-X abandonan a Magneto y éste asciende a Rey Negro del Club Fuego Infernal sea dibujado por John Byrne. Derrotado por la supuesta muerte de la Patrulla-X y la tragedia de Illyana, Magneto prevé una guerra entre humanos y mutantes, razón por la que se pone al frente de los enemigos naturales de los hombres-X. “Ya sabemos que eres uno de los malos”, exclama Bala de Cañón. Weezie tiene ahora las manos libres para poder lanzar a sus niños a un conjunto de aventuras por completo alejadas de la Patrulla-X. Dicho y hecho: al mismo tiempo que X-Factor viaja al espacio (XF 43-51, VIII 89-II 90), los Nuevos Mutantes dan con sus huesos en Asgard, donde permanecen por una buena temporada (TNM 78-87, VIII 89-III 90).

La situación es diferente en las colecciones escritas por Claremont. Inferno, producto de reuniones en las que el Padre Mutante y Bob Harras preparan durante horas esquemas con más de setenta personajes, ha dejado agotado al guionista. El siguiente clavo en el ataúd lo ponen los chicos de Marketing. Este año también va a haber series con periodicidad quincenal La lotería le ha tocado a Uncanny. Excalibur y Wolverine. Ante su incapacidad manifiesta para escribir dos tebeos por semana y otras tantas novelas por año, Claremont cede a una propuesta de Harras por la cual deja en sus manos Wolverine. A partir de ese momento, el editor contrata diferentes equipos artísticos por un determinado número de meses, lo que impide que ninguno de ellos acabe por asentarse definitivamente en la serie. Claremont se divierte con Alan Davis, por eso se mantiene al frente de Excalibur. Pero eso no impide que su agotamiento se refleje en los guiones. En EX 9 (VI 89) comienza una larga saga en la que Cacharro transporta a los héroes a varias dimensiones alternativas. Los primeros números resultan divertidos, sobre todo el EX 14 (XI 89), en el que Excalibur llega a una Tierra habitada por parodias de los principales héroes Marvel, y los EX 16 y 17 (XII 89), elaborados a partir de un plot escrito por Davis con el que el dibujante homenajea al John Carter de Burroughs. Sin embargo, pasan los meses y Excalibur sigue saltando de mundo paralelo en mundo paralelo sin un En el UXM 215 objetivo claro. El cansancio se hace extensible tanto a los lectores como al artista, que además recibe los guiones con retrasos de una o dos semanas. “Esto es demasiado, no puedo hacerlo”, dice Davis, quien decide abandonar la serie en el EX 24 (VII 90). Sin su creador gráfico, Excalibur queda a la deriva. Sus páginas ya no hacen sonreír ni al mismo Padre Mutante, a pesar de que siga escribiéndolas.

“¿Qué le está pasando a Chris Claremont?”, se preguntan incluso sus incondicionales. Muy pocos de ellos entienden gran cosa de Disolución y renacimiento, la saga veraniega que se publica en Uncanny después de Inferno. Los lectores no saben a dónde va la serie, pero, por primera vez desde su comienzo, da la sensación de que el autor tampoco. Preocupado por rematar Grounded, la segunda parte de su novela First Flight, Claremont descuida los guiones, abusa de las representaciones oníricas (casi siempre confusas), multiplica sus tics, reitera los viejos trucos y se sumerge en sagas eternas que no conducen a ninguna parte, como la de Excalibur, mientras no deja de protestar por haber perdido el control de sus personajes. “La fuerza que tenía la Patrulla-X en los años ochenta residía en que yo escribía todo”, dice. “Escribía Uncanny, los bebés-X y las miniseries. Luego tuve que dejar algunas cosas, pero vino Weezie. Con ella siempre me he coordinado bien, por lo que seguía habiendo una visión única. Con Wolverine es la primera vez que un personaje protagonista no lo escribimos ninguno de los dos. Quién sabe cuáles serán las consecuencias de eso. Puede que Logan evolucione de forma diferente a cómo lo hace en Uncanny. Sólo tiene que llegar un guionista que tenga una visión de él diferente a la mía. ¿Me tendré que preocupar de que esto importe a los lectores? ¿Tendré que adecuar mi Lobezno al de la serie regular? ¿Tendré que sacarlo del grupo? Si yo fuera el único escritor de Lobezno no habría problemas. Sabría a dónde va el personaje, quién es y cómo funciona. He estado haciendo eso desde hace quince años. Las dificultades llegan ahora, cuando hay otras personas implicadas en el proceso”

“¿Dónde diablos está Lobezno?”, se pregunta Kaos (UXM 249, IX 89). El canadiense de las garras de adamántium se pierde en los arcos argumentales de su colección a la vez que cada uno de los hombres-X va causando baja en Uncanny. Pícara es arrastrada hasta el Lugar Peligroso mientras lucha con Molde Maestro (UXM 247, VIII 89), Longshot deja el grupo y Tormenta parece morir en un accidente (UXM 248, IX 89). El resto, impulsados por un sueño premonitorio de Mariposa Mental en el que los ve a todos muertos, deciden viajar también al Lugar Peligroso (UXM 250, XI 89). Lobezno reaparece en la primera página de ese mismo número, pero lo hace crucificado. Cómo ha llegado hasta ahí es algo que Claremont no explica hasta la página doce, y cuando lo hace, utiliza una alucinación del mismo Logan en la que no queda muy claro qué es realidad y qué ficción. En los siguientes números tampoco se entiende gran cosa, hasta que en el UXM 254 (XII 89) se presenta una nueva-y-diferente Patrulla-X compuesta por Moira McTaggert, Amanda Sefton, Legión, Forja, Banshee, Polaris y un Morlock llamado Rompedor, todos ellos inquilinos de la Isla Muir. Un número más tarde, derrotan a los Cosechadores, responsables de la ruptura del anterior equipo.

A partir de ese mes, Claremont prevé traer de vuelta a los hombres-X que han pasado por el Lugar Peligroso. El Patriarca Mutante debe afrontar, sin embargo un nuevo imprevisto que viene de la mano de su viejo amigo John Byrne. Junto con el editor Howard Mackie, Byrne ha organizado un crossover a imagen y semejanza de Inferno. Aunque el argumento principal de Actos de Venganza transcurre en las series protagonizadas por los Vengadores, sus consecuencias colaterales afectan al resto del Universo Marvel. De esta forma, un grupo de villanos se intercambia a sus respectivos enemigos. Mientras Magneto pelea contra Spider-Man, a la Patrulla-X le cae en gracia… el Mandarín.

Con Marc Silvestri de vacaciones después del atracón veraniego, Bob Harras necesita otro dibujante para la saga. En los últimos meses, ha dado sus frutos la búsqueda de nuevas estrellas emprendida por Tom DeFalco. De forma inadvertida, un pequeño grupo de imberbes, desconocidos y ambiciosos artistas han ido ocupando colecciones menores. Una portada a tener en cuenta: Incredible Hulk 340 (II 88). Las garras de Lobezno reflejan el enfurecido rostro del coloso esmeralda. El autor es Todd McFarlane, joven promesa recién traída de DC cuyo trazo barroco se convierte en modelo a seguir por las generaciones emergentes. Entre esas generaciones, un coreano residente en San Diego llamado Jim Lee, artista llamativo enterrado en un título de segunda, Punisher War Journal, cuya mayor aspiración es dibujar Uncanny X-Men.

Lee es un currante nato. Hijo de modestos inmigrantes, ha mamado el sueño americano. Sabe que trabajando, trabajando y trabajando todos tus deseos pueden hacerse realidad. Por eso trabaja, trabaja y trabaja. Lee abandona la carrera de Medicina. Lee se encadena a un tablero de dibujo. Lee desea ser mejor que todos sus ídolos. Mejor que John Byrne, mejor que Frank Miller, mejor que David Mazzucchelli, mejor que Arthur Adams. En 1986, Archie Goodwin le presenta a Carl Potts, con quien trabaja primero en Alpha Flight, y luego en Punisher War Journal. Durante los tres años siguientes perfecciona su estilo. Acción y drama, composiciones de página arriesgadas, detallismo extremo, mujeres hermosas, cuerpos retorcidos de dolor, expresiones altivas y chulescas. ¿Cuántas veces puedes dibujar al Castigador conduciendo una furgoneta de forma dramática? Las que hagan falta hasta que se fijen en mí, sostiene.

1993. DE CUANDO LOBEZNO SE QUEDÓ SIN ADAMÁNTIUM

Es invierno de 1993. Bob Harras reúne a la legión de autores-X. Cada cierto tiempo es necesario juntar a todos alrededor de una mesa para discutir el desarrollo general de la franquicia, escuchar sus quejas, ideas y propuestas, y planear aquello que van a hacer durante los siguientes doce meses.

Lo más importante, claro, es el crossover anual. Lo que ocurre en cada una de las series mutantes está supeditado al dichoso crossover anual. Durante el resto del tiempo, cada guionista tendrá que confluir la trama de su serie hacia tal acontecimiento. Luego, si le queda algo de espacio, deberá incluir referencias a las otras colecciones. Ya, en última instancia, incluso pueden permitirse alguna historia propia.

El gran crossover de este año, Atracciones fatales, trae el retorno de Magneto en el treinta aniversario de la publicación del The X-Men 1 de Stan Lee y Jack Kirby. Bueno, según Claremont, Magneto murió en XM 3, pero, qué narices, sigue siendo el mejor villano susceptible de resurrección. Lo que quiere Harras es que no sea otra historia de Magneto vuelve.

 

-¿Se os ocurre algo?

 

Empieza a hablar Fabian Nicieza, guionista de X-Men y X-Force, quien tiene más o menos claro qué hacer con los Acólitos, y con el Coloso traidor. Poco a poco, los demás se van animando. También están Ben Raab, Suzanne Gaffney y Lisa Patrick, de la Oficina-X, Scott Lobdell por Uncanny, Larry Hama por Wolverine, y Peter David por X-Factor. David está callado y cómodo en su silla mientras todos los demás se interrumpen los unos a los otros. Entonces, se incorpora y, con voz tranquila, dice:

 

-Oye, No entiendo por qué Magneto va a pelearse con Lobezno. ¿Por qué no hacemos que le saque el adamántium de una puñetera vez?

 

Silencio.

Más Silencio.

 

-Ey, era un chiste. Podéis reíros. De verdad, a mí me parece una idea horrible.

 

Bob Harras pone su mano derecha sobre el mentón.

 

-Uhm-, dice.

 

XM 25 (X 93). La Patrulla-X con Xavier a la cabeza lucha contra Magneto y sus acólitos en Avalón, el nuevo cuartel general del Amo del Magnetismo. El desarrollo del cómic parece calcado del XM 3, hasta que surge un repentino giro argumental. Página treinta y una. Lobezno se arroja sobre el Amo del Magnetismo con la intención de destriparlo. Está fuera de control y puede incluso asesinarle. Página treinta y dos. Magneto responde utilizando su poder. “Nunca más, Logan. Ha terminado para nosotros. Nuestra larga asociación, mi más visceral enemigo, mi más respetado adversario ha terminado” dice. Página treinta y tres, viñeta cinco. Magneto extrae el adamántium del cuerpo de Lobezno. Página cuarenta y dos. Logan se retuerce de dolor y queda tendido en el suelo. “Somos actores de una tragedia más grande que todos nosotros. Una tragedia llamada vida, Logan. Pero hoy, para ti, y quizás también para mí, la cortina cae y el juego termina”. Páginas treinta y cinco y treinta seis. El Profesor-X desconecta de manera literal el cerebro de su enemigo. Página treinta y ocho. La Patrulla-X regresa a casa mientras el cuerpo del Amo del Magnetismo queda al cuidado de Coloso.

Atracciones fatales funciona como una historia cuyas partes pueden ser leídas de forma independiente. Cada episodio del crossover es doble y abarca, en orden cronológico, los XF 92 (VII 93), XFO 25 (VIII 93), UXM 304 (IX 93), XM 25 (X 93), WOL 75 (XI 93) y EX 71 (XI 93). A la base inicial de la saga, centrada en un primer momento en el regreso de Magneto, la traición de Coloso y el debut de Amelia Voght, una antigua amante de Xavier ahora afiliada a los Acólitos, se suma la tragedia particular de Lobezno. El XM 25 resulta impresionante por la escena antes mencionada, pero el WOL 75 adquiere mayor importancia. En un relato cargado de emoción que demuestra tanto su amor al personaje como una inmensa capacidad narrativa, Larry Hama explica las consecuencias inmediatas de que Logan pierda el adamántium. Si el preciado metal es prescindible, cosa distinta sucede con las garras. Sorpresa: siguen ahí, siempre han estado ahí, ya que forman parte de su cuerpo. “Son de hueso porque debo haber nacido con ellas”, concluye Lobezno, quien abandona la mansión en la última página del relato. “¡Voy a iniciar una nueva fase de mi vida! ¡Una nueva aventura!”, anuncia mientras se pierde en el horizonte a bordo de su Harley Davison. Esperan, efectivamente, nuevas aventuras con un tono apropiado de road movie en las que Logan se enfrenta a su nueva situación a la vez que crece su salvajismo.

 

Resulta paradójico que el hombre que sugiere la idea central de Atracciones fatales dimita un par de meses antes del comienzo del crossover. Peter David abandona la Franquicia Mutante por razones similares a las esgrimidas por Alan Davis. El guionista de X-Factor, como hiciera el autor de Excalibur, denuncia presiones por parte del equipo de Bob Harras encaminadas a torpedear su labor en la colección. David se queja del exceso de dibujantes de segunda fila con los que tiene que trabajar por el mero hecho de que Harras necesite probarlos de cara a posibles sustituciones en las otras series. Por otra parte, el guionista arrastra viejos reproches surgidos durante la realización de La canción del Verdugo y aparcados ante la promesa por parte de Harras de no obligarle de nuevo a dejar de lado las tramas argumentales de X-Factor en beneficio de futuros crossovers. La gota que colma el vaso es una saga que David ha de terminar un mes antes de lo previsto para evitar que se solape con el episodio de X-Factor dedicado a Atracciones fatales. “Quieren que corte mi historia y escriba la suya”, se queja. “Estoy muy apenado, pero sencillamente no puedo seguir bajo estas condiciones. Valoro demasiado el apoyo de los lectores como para hacer historias cuyo resultado va a ser inferior al habitual”. El guionista siente que si participa de la situación estará diciendo a sus seguidores: “Vale, de acuerdo. Pasemos de un dibujante regular. Pasemos de historias coherentes. Pasemos de los lectores. Da igual. X-Factor es un cómic de mutantes. Lo comprarán de todas maneras”

Scott Lobdell, siempre al rescate de su jefe, termina la saga comenzada por David (XF 91, VI 93) y escribe la parte de Atracciones fatales correspondiente a X-Factor. A partir del XF 93 (VIII 93), J. M. DeMatteis se hace cargo de los guiones, aunque tampoco dura demasiado (XF 106, IV 94). El momento exige hombres como Lobdell, un fiel a la causa que no tiene inconveniente en denunciar a cada uno de los insurrectos que se desvíen un milímetro de la doctrina oficial impartida por el amado líder. Como recompensa, Harras le premia con una miniserie sobre la infancia de Cable en el siglo XXXVIII (The adventures of Cyclops and Phoenix, V-VIII 94). La historia de esa miniserie difiere de los esquemas de Nicieza, que no entiende qué diablos hace Lobdell escribiendo sobre un personaje del que no tiene ni idea y por el que ni siquiera se molesta en preguntarle. Por otra parte, a la hora de asignar dibujante, la miniserie se lleva al estupendo Gene Ha, mientras que la colección regular de Cable malvive de artistas de segunda fila cuya calidad oscila entre lo mediocre y lo lamentable. Nicieza se siente ignorado primero y ninguneado luego. Cuando tiene oportunidad de comentarlo con Harras, éste le responde: “Trabajas demasiado, Fabian, y el resultado se resiente”. Al día siguiente, Nicieza entrega el guión del CB 9 (III 94). “Tienes toda la razón del mundo, Bob. Trabajo demasiado. Por eso este es mi último guión para Cable. Dejo la serie ahora mismo”. Pensando en su hija recién nacida, Nicieza se queda, no obstante, tanto en X-Men como en X-Force, colecciones que le aseguran dinero de sobra para pagar las facturas. Al final ha comprendido que en la Oficina-X no te contratan para escribir, sino para juntar piezas de un puzzle. Una pequeña parte de esas piezas están en tus manos, el resto en las de otros. Por encima de cualquier baile de autores, una cosa queda clara. Scott Lobdell es el chico favorito de Bob Harras, a quien escucha y pregunta, a quien asigna el trabajo sucio porque sabe que va a resolverlo sin problemas. Por eso se gana el derecho a preparar su propia colección mutante con personajes propios por los que cobrar royalties. Harras sólo pone una condición, que se titule The New Mutants, para que así Marvel pueda mantener el copyright sobre el anterior nombre de X-Force. Sin embargo, a Lobdell no le interesa recuperar el concepto de los bebés-X.

 

-Ok, Bob. Escribiré el nuevo título, pero quiero que se llame Generation-X. Es mucho mejor que The New Mutants. Suena como X-Men: the next generation. Acuérdate de cuando salió el libro de Douglas Coupland. A todas horas había debates en televisión sobre “la generación x”.

-De acuerdo. Me has convencido. Que se llame como te apetezca.