EL HIJO DEL DUENDE: CUANDO HARRY CONTINUÓ LA SAGA EN ULTIMATE SPIDERMAN

La figura de Harry Osborn siempre ha tenido un complejo engarce en los mitos de Spiderman, a causa de las muchas vueltas que ha dado este personaje y el terrible peso que recae sobre sus hombros. Ya sea en los cómics clásicos, en los dibujos animados de televisión o en las películas de la pantalla grande, todo empieza igual: Harry es el mejor amigo de Peter Parker, una de las pocas personas que le respeta y acepta como es, pese a que pertenezcan a estratos sociales diferentes… o tal vez por eso mismo. Pero enseguida se descubre que Harry es también el hijo del peor enemigo de Spiderman. ¡Harry Osborn es el hijo del Duende Verde!

 

En la vida, y en el cómic, es necesario dejarse sorprender, y eso es lo que le pasó a Peter, pero también a sus autores, con Harry Osborn. El debut de este personaje secundario se produjo en The Amazing Spider-Man #31 USA (1965), con Stan Lee a los guiones y todavía con Steve Ditko a los dibujos. Peter Parker acababa de pasar del instituto a la universidad y los autores estaban tratando de repetir los esquemas que tan buenos resultados les procuraran en la etapa anterior. Se trataba de cumplir con la máxima de Stan Lee de “la ilusión del cambio”: que se dieran alteraciones que a los ojos de los lectores parecieran revolucionarias, pero que a fin de cuentas se mantuviera intacta la esencia del concepto original. De esta manera, Harry no sería más que el repuesto para Flash Thompson, el tipo que se había dedicado a hacer la vida imposible de Peter durante la adolescencia, mientras que Gwen Stacy haría las veces de Liz Allan, la chica que se sentía atraída por Peter pero era demasiado orgullosa para confesarlo.

 

Quizás los derroteros de la serie hubieran ido en esa dirección prefijada, y de hecho las primeras apariciones de estos dos personajes así lo hacían entrever: Peter y Harry tuvieron encontronazos desde el primer momento en que se cruzaron el uno con el otro, y otro tanto sucedía con Gwen, pero lo imprevisto llegó entonces. Steve Ditko decidió dejar Spiderman, y lo hizo por una disputa alrededor de la identidad del Duende Verde. Mientras que Stan Lee estaba convencido de que debía ser alguien perteneciente al elenco de secundarios, Ditko consideraba que tal opción rompía la credibilidad de la serie. Ante la imposibilidad de convencer de lo contrario al que también era Director Editorial de Marvel, optó por marcharse.

 

La solución al misterio alrededor del Duende Verde marcaría un antes y un después en la historia del Hombre Araña. Se entraba en un periodo en el que sus aventuras contarían con cierto tono culebronesco, por el cual se entremezclarían sin pudor alguno la vida privada de Peter Parker y su actividad superheroica como Spiderman, como si Nueva York fuera un lugar pequeño, en el que todo el mundo se conociera y en el que todo el mundo que peleaba con el trepamuros era también amigo, familia, compañero de trabajo o mero conocido del muchacho bajo la máscara. Esta circunstancia coincidiría con la entrada en la serie de John Romita, un artista prodigioso, que además de dotar a las andanzas de Spiderman de una espectacularidad nunca antes vista concedió al mundo de Peter Parker un romanticismo que tampoco había tenido hasta entonces. Mientras que el protagonista adoptaba la fisionomía de un joven atractivo, las chicas que formaban parte de su vida se revestían de belleza sin parangón. Gwen, la mujer fatal que dibujara Ditko, pasó a ser una jovencita tierna e incapaz de romper un plato (la novia perfecta), al tiempo que descubríamos el rostro, el encanto y la alegría de Mary Jane, la despreocupada vecina de al lado, que irrumpía en la vida de Peter Parker para introducir un elemento de adorable imprevisibilidad. Ambas formarían parte de la pandilla de Pete, en la que también se integraría Flash, de vuelta a la serie, y Harry, ahora convertido en el mejor amigo de Peter.

 

¿Qué es lo que les había unido? El sentimiento de soledad. En The Amazing Spider-Man #39 USA (1966. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman: Días de gloria). Harry confesaba a Peter que su madre había muerto cuando era un niño y que su padre, el acaudalado Norman Osborn, no le prestaba demasiada atención. Peter había perdido a sus padres, y también a la figura paterna de tío Ben, por lo que se producía la identificación de Harry como alma gemela. Por supuesto, Stan Lee ya lo tenía todo pensado, de manera que, en ese mismo número, el Duende Verde descubría la identidad secreta de Spiderman, y a su vez éste se desvelaba como Norman, el padre de Harry. En la pelea posterior, un accidente fortuito servía para que el villano perdiera la memoria, pero desde ese preciso momento, su destino, el de Harry y el de Peter quedaron unidos y sellados para siempre.

 

Harry siguió presente en la serie durante los años posteriores, llegando a convertirse en el compañero de piso de Peter y en el novio ocasional de Mary Jane, pero su creciente inestabilidad le arrastraría a las drogas. Después de que Norman, como Duende Verde, asesinara a Gwen y muriera como consecuencia de ello, Harry averiguaba la verdad y la interpretaría a su manera, para convertirse en el segundo Duende Verde, ya en los años setenta. Como luego sostendría el guionista Roger Stern, no era en realidad un villano, sino alguien pretendiendo serlo: pronto daría con sus huesos en un psiquiátrico, del que saldría en apariencia restablecido y para formar una nueva vida junto a Liz Allan, la que pronto sería su esposa. En años posteriores, Harry sufriría diversas recaídas y recuperaciones, e incluso estaría dado por muerto durante largo tiempo. Fue Stern quien, en los años ochenta, recogería la herencia dejada por el Duende Verde en un nuevo criminal, llamado simplemente el Duende, que daba con una guarida de Norman y aprovechaba su equipo (The Amazing Spider-Man #238 USA, 1983. Marvel Héroes. El Asombroso Spiderman de Roger Stern y John Romita Jr.). El traje de batalla sería similar al del Duende Verde original, aunque entre los cambios más destacables estuvo la elección del dorado como color básico.

 

Para Ultimate Spiderman, Brian Michael Bendis cogió la esencia de Harry Osborn: el niño rico amigo de Peter que resultaba ser hijo del Duende Verde. En el curso de esta serie, hemos visto como le manipulaba éste y le sometía a diversos tratamientos de cara a borrar el recuerdo de su identidad… Y también le hemos visto revelarse contra el Duende Verde, pasar a custodia de SHIELD y prometer que, algún día, mataría a Peter, al que culpa de todas las desgracias de su vida.

 

Este volumen retoma el complejo personaje de Harry y en él Bendis juega con las diversas maneras en las que, en la versión clásica de Spiderman, se dio continuidad a la figura del Duende Verde. El guionista conjura de nuevo y de manera consciente, un arco argumental de tono oscuro, acercándose de hecho al género terrorífico y al thriller. A su vez, aborda una cuestión que está sobre la mesa desde que Norman tratara de asesinar a Mary Jane: ¿Puede Peter mantenerla en su vida y protegerla?

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 15 

INTERCAMBIO DE MENTES: EL TEMOR AL SALTO DEL TIBURÓN DE ULTIMATE SPIDER-MAN

La muerte de Gwen Stacy, ocurrida en Ultimate Spiderman: Matanza, sumergió la serie en una oscuridad que ya venía creciendo desde varias aventuras atrás, con la aparición de Veneno y la ruptura temporal entre Peter y Mary Jane. Las aventuras de Spiderman siempre han sido característicamente agridulces, por lo que una excesiva carga negativa podía alejar demasiado al personaje de su espíritu fundacional. Brian Michael Bendis necesitaba romper la inercia en la que parecía haber caído su encarnación del Hombre Araña y para hacerlo optó por una idea que había tenido su editor Nick Lowe y que le pareció fundamentalmente estúpida. Al menos la primera vez que la escuchó.

 

¿Has visto cualquiera de esas películas en que un adulto se mete en la cabeza de un niño y viceversa? Causaron sensación en los años ochenta, hasta casi convertirse en un género en sí mismas. Todo empezó con De tal astilla, tal palo (1987), con la entonces estrella adolescente Kirk Cameron en el papel de un chaval que intercambiaba el cuerpo con su padre, encarnado por Dudley Moore. El filme estaba ligeramente inspirado por Viernes loco (1975), largometraje en el que también se producía un embrollo similar, aunque en este caso era con madre e hija. Fue precisamente esta última película la que usó Nick Lowe, el coordinador de la edición americana de Ultimate Spiderman, para comentarle a Brian Michael Bendis que, de cara a dejar atrás la tristeza imperante tras la muerte de Gwen, no estaría mal hacer algo similar entre el trepamuros… y Lobezno. El guionista, al que nunca antes le había propuesto una trama ningún editor, tuvo palabras amables con Nick, de quien estaba convencido que algún día llegaría incluso a ocupar el puesto de Joe Quesada… Pero la idea le parecía horrible.

 

Solo que en aquel entonces, una de sus hijas pasaba por el periodo que suelen atravesar en algún momento todos los niños, cuando se obsesionan por alguna película y no dejan de verla una vez tras otra. Lo más divertido es que la cinta que tanto le gustaba a la pequeña no era otra que Viernes loco. La ponía constantemente, y en muchas ocasiones estaba su padre junto a él. Tras repasar el filme hasta la extenuación, Bendis tuvo que dar su brazo a torcer y reconocer que la ocurrencia de Lowe no era tan mala, después de todo, y que incluso podría dar para unas cuantas situaciones bastante alocadas y divertidas. Sería la manera adecuada de poner de nuevo el tren sobre los raíles.

 

Los lectores necesitaban y anhelaban un giro inmediato. La muerte de Gwen, que había cogido con la guardia baja, les disgustó tanto que muchos no dudaron en enviar sus quejas a la editorial, tal y como había ocurrido con la historia clásica en que el Duende Verde asesinaba a la entonces novia de Peter Parker. Al contrario que lo sucedido en el cómic que escribiera Gerry Conway y dibujara Gil Kane en 1973, la tragedia carecía de cualquier rasgo de épica o de cualquier posibilidad de desquite. A la Gwen original la asesinaba el Duende Verde, que quería así dañar al trepamuros, y tenía como consecuencia, en último término, el fallecimiento de éste. La historia, por triste y difícil de aceptar que fuera, se orquestaba como una fábula moral. La muerte de la Gwen de Ultimate Spiderman, en cambio, tenía una aleatoriedad total que la hacía mucho más cruda. Gwen había encontrado la parca porque estaba en el lugar y en el momento equivocados. Matanza tampoco era un villano convencional que llevara a cabo una acción consciente: tan sólo era una criatura amorfa que deseaba convertirse en humana. Más allá de que el método respondiera a las herramientas del buen escritor naturalista que es, Bendis tenía sus razones para que el fin de Gwen fuera así de cruel y sin sentido. Lo necesitaba para llevar la colección y la vida de Peter por la dirección que se disponía a tomar, pero muchos lectores, sin la visión de conjunto, no quisieron tener en cuenta nada de todo eso. Perdieron parte de la confianza que habían depositado en la que, hasta ese momento, era una serie muy especialmente querida por ellos. Algunos identificaron la muerte de Gwen como “el salto del tiburón”, una expresión propia del medio televisivo que se usa para señalar el momento en que una serie que entusiasma a multitud de seguidores pierde su esencia y comienza su decadencia, en muchos casos hasta finalizar con la cancelación.

 

Como demostraría el paso del tiempo, Ultimate Spiderman no sólo había evitado el salto del tiburón, sino que nunca lo llegaría a conocer. Brian Michael Bendis reivindicaría el producto una y otra vez, de las más imaginativas maneras, y la irreverente aventura de Spidey y Lobezno sería el detonante de uno de esos cambios inesperados. La historia, de apenas dos episodios, no sólo insuflaría nueva vida a la cabecera, sino que sería recibida con alborozo por los aficionados, que no esperaban nada similar. Joe Quesada se acercó para felicitar a Bendis, que no acababa de creerse la reacción, proponiéndole que cada año repitieran la broma, hasta convertirla en una tradición, a lo que el guionista respondió con una sonora negativa: ¡jamás repetiría aquello!

 

Se equivocaba: ocho años después, el relato sería adaptado por el propio Bendis, para materializarse como el décimo episodio en la primera temporada de la teleserie de dibujos animados de Ultimate Spider-Man. Ésta a su vez estaba influida por el tono absurdo y endiablado de aquel intercambio de cuerpos entre Spidey y Lobezno. Apenas fueron dos números, pero quedaron grabados en el recuerdo de los lectores como algo muy especial.

 

En los siguientes episodios, siguiendo con la recepción de invitados especiales, y después de que la saga con Lobezno hubiera dado también pie a la aparición de La Patrulla-X, entraba en juego La Antorcha Humana. En los cómics clásicos, Spidey y el más joven de Los 4 Fantásticos siempre han mantenido una profunda amistad que ha ido creciendo con el paso de las décadas. Bendis trasladaba la relación hasta el Universo Ultimate, pero poniendo el acento en las identidades civiles de los héroes. A renglón seguido, La Antorcha cedería el testigo al Doctor Extraño, otro personaje con fuertes lazos con Spidey no siempre explorados en profundidad. Por debajo de todas esas historias, latía el sentimiento de Peter, Mary Jane y todos los demás secundarios, tratando de superar la pérdida de Gwen, cada uno a su manera. Estaban creciendo y, en palabras de Bendis, comprendiendo que las cosas cada vez serían más duras.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 14

ULTIMATE SPIDER-MAN EN HOLLYWOOD: LA FICCIÓN DENTRO DE LA FICCIÓN

En 2004 tuvieron lugar los XXVIII Juegos Olímpicos, Brasil lanzó su primer cohete al espacio, se estrenó La pasión de Cristo, arrancaron las franquicias de videojuegos Far Cry o Fable, se emitieron los capítulos finales de Friends y Frasier o los iniciales de Lost y Veronica Mars, y en general ocurrieron un montón de cosas, pero ninguna de esas fue tan importante para los Verdaderos Creyentes de Marvel como la llegada a los cines de Spider-Man 2.

 

 

Después de que Sam Raimi consiguiera convertir la primera cinta del trepamuros en la perfecta película de superhéroes, la expectación, dentro y fuera del fandom, estaba en todo lo alto, con los seguidores pendientes de cada noticia, cada imagen y cada rumor sobre el largometraje en que el Hombre Araña se enfrentaría al Doctor Octopus, que además parecía más siniestro y adulto que el Duende Verde plasticoide de la primera parte. ¿Cómo respondería la propia Marvel Comics a un proyecto de semejante envergadura? En la factoría dirigida por Joe Quesada prepararon todo tipo de lanzamientos alrededor tanto del héroe como del villano.

 

De esta forma, se estrenó una nueva serie arácnida dentro de la línea Marvel Knights, con nada menos que Mark Millar y Terry Dodson como autores; Doc Ock volvió a casa en el Spectacular Spider-Man de Paul Jenkins y Humberto Ramos, quien para la ocasión rediseñó el aspecto del personaje para que se pareciera al que tendría en la película, y por si fuera poco se estrenaron hasta un total de tres miniseries dedicadas a la figura del villano y a su particular enconamiento con el Hombre Araña, entre las que destacaría el Año Uno dedicado a exponer su origen, que firmaron Zeb Wells y Kaare Andrews.

 

Todo eso sucedía en el Universo Marvel tradicional, pero el Universo Ultimate no podía permanecer al margen de la fiesta: no en vano era el que se encontraba más cercano a las adaptaciones cinematográficas de La Casa de las Ideas. Había que constatar que, para entonces, Brian Michael Bendis y Mark Bagley no sólo habían realizado, en paralelo con el cine, una revitalización total de los mitos arácnidos, sino que también se habían adelantado a las películas a la hora de imaginar hipotéticas secuelas. Así, la plana mayor de los enemigos ya había pasado por la serie, y eso incluía, claro está, al Doctor Octopus. De hecho, fue el gran enemigo con el que arrancaba el segundo año de la cabecera (Ultimate Spiderman: Problemas por duplicado) y posteriormente formaría equipo con el resto de amenazas arácnidas (Ultimate Spiderman: Los Seis Siniestros). Ya había pasado un tiempo desde todo aquello, y Bendis estimó que la mejor manera de celebrar el debut fílmico del criminal de los brazos metálicos consistía en traerlo de vuelta por la puerta grande. Al igual que ya hubiera hecho Ramos en Spectacular, Bagley buscó una manera de acercar la estética de Octopus a la que luciría Alfred Molina en pantalla, algo que consiguió cambiando la ajustada licra verde habitual por una tétrica gabardina marrón propia de un vagabundo. La trama se construiría a partir del hecho de que Doc Ock conociera la identidad secreta del héroe, lo que le convertía en un peligro todavía mayor si cabe, y de fondo seguirían en marcha las diversas tramas abiertas, como la de Gwen Stacy, instalada en la casa de los Parker.

 

Pero faltaba algo. No bastaba con un nuevo enfrentamiento contra Octopus. Bendis quería darle un toque especial que le relacionara indudablemente con el blockbuster del verano. Y entonces tuvo una genial idea: ¿Qué ocurriría si, dentro del mundo del trepamuros, estuvieran rodando una película con él como protagonista? ¿Cuál sería la reacción de Peter? ¿De qué manera entraría el rodaje en colisión con la batalla entre Spidey y Doc Ock? El enorme peligro que suponía uno de los peores enemigos del joven justiciero contrastaría con el humor que destilaba la situación, dando lugar a una sorprendente combinación.

 

La propuesta respondía a una larga tradición de La Casa de las Ideas, la de la ficción dentro de la ficción. Desde los inicios del Universo Marvel, quedó establecido que estos personajes viven en un mundo donde, a su vez, existen cómics, películas y videojuegos basados en ellos mismos. En The Fantastic Four #5 USA (1962), La Cosa destruía el primer número de The Incredible Hulk que estaba leyendo La Antorcha Humana. Cuatro números más tarde, Namor engañaría a Los 4 Efe, haciéndoles creer que un gran estudio les había contratado para hacer una película. Una vez derrotado, el Hombre Submarino accedería, de hecho, a la realización del filme, que se convertía en todo un éxito. La gran sorpresa tendría lugar en el siguiente episodio, cuando nada menos que los propios Stan Lee y Jack Kirby aparecerían como invitados, dando a entender que Marvel existe como editorial dentro del Universo Marvel y que los diferentes héroes dan permiso para que publique sus cómics oficiales. A lo largo de las décadas y siguiendo este patrón, varios personajes han visitado, dentro de las viñetas, las oficinas de la compañía. El extremo de este diálogo del medio consigo mismo llegaría en el año 2000, cuando la editorial puso a la venta seis lanzamientos, bajo el sello Marvels Comics Group, que no eran sino ejemplos de los tebeos que se producían dentro del cosmos de ficción. La iniciativa se completó incluso con una historia imaginaria de la editorial.

 

El lanzarredes, como casi cualquier otro, tampoco ha escapado a la tendencia. Ya en The Amazing Spider-Man #14 USA (1964) era sometido por el Duende Verde a un engaño similar al que padecieran Los 4 Efe a manos de Namor: un avispado productor ofrecía a Spidey un contrato millonario para protagonizar una película en que se narraría su propia saga. No contento con caer en esta trampa, el Hombre Araña repetiría el mismo error en The Amazing Spider-Man Annual #4 USA (1967), en el que viajaba a Hollywood para rodar junto a La Antorcha Humana en lo que finalmente se revelaba como una maquinación de Mysterio y del Mago.

 

Quizás Bendis estuviera al tanto de esta última anécdota, porque en el curso de la aventura en la que el Spiderman definitivo contempla cómo se rodaba un largometraje basado en él mismo, puede verse en una de las viñetas a un actor disfrazado como Mysterio, personaje que por otra parte tardaría mucho tiempo en aparecer en el Universo Ultimate. Pero este detalle resulta apenas secundario frente a la presencia continuada en la historia del propio Sam Raimi, director de la auténtica Franquicia Arácnida, de Avi Arad, el productor ejecutivo de Marvel Studios, o de Tobey Maguire, el actor que encarnaba a Spidey, aunque, quizás por problemas contractuales, su rostro dibujado por Mark Bagley es el que menos recuerda al real. No debe pasar inadvertida para el lector la mirada escéptica que Bendis lanza al mundo del Noveno Arte, siguiendo las líneas establecidas en su obra independiente Fortune And Glory, acerca de un guionista de cómics que trata de irrumpir en Hollywood. Hay una acidez nada disimulada en ese Peter Parker que se juega la vida a diario pero no va a ver ni un dólar de una superproducción sobre Spiderman que va a recaudar millones. Paradójicamente, al cabo de los años Bendis formaría parte del consejo que asesora a los directores de las películas de Marvel Studios.

 

El cine nos vuelve locos a todos y estamos deseando ver esas películas, nos viene a recordar el guionista de Cleveland. ¿Cómo no va a ser así? ¿Cómo no sentir un escalofrío cuando ves a un Spiderman, de carne, hueso y efecto digital, balancearse por Nueva York? Pero esos blockbusters que arrasan en taquilla nunca existirían sin la versión original, sin el Hombre Araña que nos fascinó, antes que en ningún sitio, en las modestas viñetas de un cómic.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 12

ULTIMATE X-MEN: EL RETO OLVIDADO DE BRIAN MICHAEL BENDIS

El término “blockbuster” significa superproducción, y se ha aplicado para denominar a esas películas de elevadas ambiciones comerciales que los grandes estudios suelen programar en la temporada veraniega o navideña. Blockbusters son tanto las monstruosidades de Michael Bay como los más ambiciosos filmes de Marvel Studios, tanto la saga de Harry Potter como la de Batman. El elemento común es la enormidad, que se refleja en todos los aspectos: un reparto con grandes nombres que atraigan a las masas, un gigantesco presupuesto, espectaculares efectos visuales, una trama con multitud de escenarios, escenas complejas y casi imposibles de rodar…

Si hubiera que hablar de blockbusters en la industria del cómic, no hay ningún referente a la altura de la línea Ultimate, presidida por la idea de que cada arco argumental debe de ser, en sí mismo, un gran espectáculo. Miras las aventuras de los Ultimates, y no tienen nada que envidiar a un estreno de 200 millones de dólares. Te fijas en las diferentes sagas de Ultimate X-Men, y siempre van más allá de lo que nunca soñarían en llegar las películas de los mutantes de Marvel. Lees el origen de Los 4 Fantásticos definitivos y lo primero en lo que piensas es que ojalá hubiera sido así en el cine. Este planteamiento en que la grandilocuencia está en el centro de todo es el que habitualmente asociamos a los trabajos de Mark Millar. La otra mente sobre la que se asentó la creación del Universo Ultimate, la de Brian Michael Bendis, no funciona así. Las historias de Bendis son marcadamente espontáneas y naturalistas. El tratamiento de personajes brilla por encima de la acción, que en muchas ocasiones se reduce a la mínima necesidad, hasta el punto de que el escritor se hizo popular por tebeos tan fundamentales como el Ultimate Spider-Man #13 USA (Ultimate Spiderman: Curva de aprendizaje), un relato centrado en su totalidad en una conversación entre Peter y Mary Jane.

 

Cuando Mark Millar decidió abandonar Ultimate X-Men, parecía imposible sustituirle. Sorprendió entonces que Marvel optara por Bendis, e incluso que éste aceptara el puesto, dado que, cuatro años antes, ya había sido el elegido para poner en marcha la cabecera, para luego desistir de tal misión, después de intentar en varias ocasiones dar con el tono que deberían tener los mutantes, sin llegar a conseguirlo. ¿Qué había cambiado en 2003? Para entonces, la relación entre Bendis y Marvel se había vuelto cada vez más estrecha, de manera que, en ese momento, estaba escribiendo, además de Ultimate Spiderman, las aventuras de Daredevil, en una etapa que se estaba llevando el aplauso unánime de todos, así como Alias, una serie para lectores adultos en la que se exploraba la trastienda del Universo Marvel. Su compromiso con la editorial era tan elevado que, cuando la marcha de Millar dejó huérfanos a los mutantes definitivos, no tuvo inconveniente en dar un paso adelante y ofrecerse a escribir una saga de seis números. Durante la interinidad, en La Casa de las Ideas tendrían el tiempo suficiente para encontrar al sustituto definitivo. En el apartado artístico, David Finch, que había dibujado algunos de los últimos episodios de Millar, pasaría a primer plano. Y quizás fuera su presencia la que lo cambió todo.

 

Heredero del hiperdetallismo y la adrenalina propia de la Image de los noventa, Finch se había criado como artista a la sombra de Marc Silvestri, de la que apenas comenzaba a despegarse cuando fichó por Marvel. Al ver sus lápices, Bendis fue consciente de que se trataba de un dibujante que brillaba en las batallas, en las explosiones, en la acción pura y dura, no en la quietud ni en las conversaciones espontáneas que eran tan habituales en sus cómics. Fue cuando se impuso un reto: ¿Sería capaz de hacer un cómic-espectáculo, tal y como los hacía Millar? ¿Conseguiría crear su propio “blockbuster”?

 

La principal dificultad que para el guionista entrañaba La Patrulla-X consistía en encontrar el equilibrio entre los diversos integrantes, de forma que todos tuvieran voz propia y participaran de la historia. Nunca había hecho nada similar. El tiempo transcurrido desde la primera vez que lo intentó le serviría para calmar los miedos y jugar con elementos procedentes de Ultimate Spiderman, derivados de la relación que había establecido el trepamuros en sus encuentros con los mutantes y, en especial, con Lobezno. El hombre-X de las garras de adamántium había sido el invitado en la primera historia de Ultimate Marvel Team-Up, un relato en el que ya se intuía el interés de Bendis por profundizar en la dinámica entre los dos héroes. Sentía que la diferencia de edad influía en su relación, de forma que Peter ve a Logan como un tipo fascinante, como si Clint Eastwood fuera a su casa a pedirle ayuda: un sueño de adolescente hecho realidad. En la dirección opuesta, Logan siente que el chaval es un incordio y llega a tratarle, en palabras del guionista, como basura. El impulso para unir a ambos estaba en el pasado de Lobezno, que volvía para perseguirle. En ese sentido, “Blockbuster” podía calificarse como una secuela de “Regreso a Arma-X”, pero Bendis optó por seguir la filosofía de Alfred Hitchcock: lo determinante de la historia está en mostrar a los personajes en una situación límite que permita conocerles mejor, mientras que el engranaje que pone todo en movimiento no es más que una excusa, un mcguffin.

 

Partir de una aventura de Lobezno en solitario a la que progresivamente se unirían nuevos personajes, hasta completar un extenso reparto, apareció ante los ojos de Bendis como la manera más efectiva de adaptarse a la fórmula de cómic de supergrupo. La trama incorporaría primero a Spiderman y luego a Daredevil, en una extensión de las historias narradas en el Team-Up, para que finalmente irrumpiera la propia Patrulla-X, porque no en vano sus integrantes seguían siendo los titulares de la cabecera.

 

La experiencia colmó los deseos de que Ultimate X-Men perviviera más allá la marcha de su creador, pero fue todavía más allá. Bendis disfrutó tanto de ella que decidió quedarse en la serie un tiempo más del inicialmente previsto. Su colaboración con Finch resultó tan fructífera que pronto empezó a pensar en qué harían a renglón seguido. Y la química que consiguió establecer entre Lobezno, Spiderman y Daredevil sirvió para que se olvidara de cualquier reticencia previa a escribir cómics protagonizados por equipos de superhéroes, además de ayudarle a descubrir el atractivo de unir rincones en apariencia inconexos. Sin que ni siquiera fuera consciente de ello, en su cabeza empezaban a surgir las ideas que llevarían a un profundo cambio dentro de Marvel.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate X-Men nº 6

LOS SEIS SINIESTROS DEL UNIVERSO ULTIMATE: ESPECTÁCULO SIN IGUAL

Cada aventura de la línea Ultimate se construye sobre la premisa de que se trata de una gran superproducción en la que todo ha de ser espectacular y grandilocuente. Sin embargo, no se trata de un concepto desconocido en La Casa de las Ideas: todo lo contrario. Cuarenta años antes, en el amanecer del Universo Marvel, Stan Lee decidió lanzar una serie de especiales con idénticas pretensiones. Se trataba de los Annuals, números al margen de las colecciones mensuales que ofrecían el doble de páginas y estaban destinados a relatar acontecimientos tan destacados que debían rodearse de un halo de excepcionalidad.

Con el paso del tiempo, los Annuals acabarían desvirtuándose, conforme la inercia llevó a hacer la fórmula reiterativa… Pero, en estos primeros años de la Era Marvel de los Cómics, aquellos mágicos sesenta, los Annuals constituían una cita ineludible. En Fantastic Four Annual #1 USA (1963) se narró la invasión del mundo de la superficie por parte de la Atlantis de Namor; en Avengers Annual #1 USA (1967) los fundadores del grupo se unían a los miembros modernos frente a una coalición de sus peores enemigos… y en Amazing Spider-Man Annual #1 USA (1964) el trepamuros trataba de encontrar a su tía May y a su novia de entonces, Betty Brant, secuestradas por una coalición de sus principales villanos: Los Seis Siniestros. Bajo el liderazgo del Doctor Octopus, se agrupaban Electro, Mysterio, El Buitre, El Hombre de Arena y Kraven El Cazador.

 

Entre todos los contrincantes de importancia a los que se había enfrentado Spidey, sólo faltaban El Duende Verde, a quien Stan Lee y Steve Ditko reservaban empresas mayores, y El Lagarto, que estaba curado y en la distante Florida, lo que habría dificultado su inclusión en la trama. Ditko reservó a cada uno de Los Seis Siniestros un combate singular con el trepamuros, durante el cual insertaba una viñeta a toda página, algo verdaderamente único en la época. Stan Lee, por su parte, procuró que no faltara ninguno de los héroes de la ciudad durante la búsqueda que lleva a cabo Spiderman. Las 41 páginas de las que constaba la historia principal se complementaban con otras 31 planchas, con fichas de los villanos (incluso de aquellos que no formaban parte de Los Seis Siniestros), los secretos de Spiderman, los personajes secundarios y una historieta humorística en la que se describía la manera en la que Lee y Ditko concebían cada aventura. En definitiva, aquel número extraordinario obedecía, por encima de cualquier otra consideración, a aquel adjetivo.

 

Saltamos ahora al siglo XXI, para encontrarnos con una situación que arrastraba paralelismos con aquélla. Estamos en 2003. Unos meses antes, Ultimate War, el choque entre los Ultimates y La Patrulla-X que en realidad formaba parte del hilo narrativo de la serie de estos, había constituido un campanazo comercial. Para que siguiera en marcha la rueda, el Director Editorial de Marvel, Joe Quesada, y el editor de las series Ultimate, Ralph Macchio, buscaban un producto equivalente, esta vez con Spidey y los Ultimates como protagonistas. Esto permitía que, pese a los muchos retrasos que acumulaba la realización de la cabecera de estos, a causa de la lentitud de Bryan Hitch, nunca dejaran de estar presentes en las librerías. Para Brian Michael Bendis, la idea encajaba con algunas tramas que venía desarrollando en Ultimate Spider-Man, con una presencia cada vez mayor de SHIELD y de Nick Furia en la vida del trepamuros, y con un creciente número de enemigos a los que el joven héroe había enviado a las celdas del Triskelion. Allí estaban ya el Doctor Octopus, el Hombre de Arena, Electro, el Duende Verde y Kraven. ¡Parecía como si el destino hubiera colocado en el mismo lugar y a la misma hora a una posible versión definitiva de Los Seis Siniestros! Aunque había algunas diferencias sustanciales con respecto a la situación original: en aquel caso, los villanos se unían bajo el liderazgo de Octopus, pero en el Universo Ultimate, su consideración de mayor enemigo de Spidey se había trasladado hasta el Duende Verde, que por lo tanto pasaba de no estar en el grupo en el Amazing Spider-Man Annual #1 USA a liderarlo en la versión definitiva. También faltaba el Buitre y Mysterio en la formación moderna, pero había un importante motivo para esas ausencias concretas: Bendis todavía no había encontrado la manera de adaptarlos, y tardaría en hacerlo. Tampoco estaba Veneno en la alineación, pero, al igual que les ocurrió a Stan Lee y Steve Ditko en los años sesenta con el Duende Verde, el guionista de Ultimate Spider-Man prefería dejarlo al margen.

 

Con todos esos condicionantes, el número de villanos que quedaban en sus manos era cinco, y aunque en ningún momento se mentaría a “Los Seis Siniestros”, el título de la miniserie ya estaba decidido: Ultimate Six. Pero, ¿quién sería el sexto miembro? Esa incógnita permanecería oculta hasta bien avanzada la historia. Desde el aparato publicitario de Marvel, coquetearían con la respuesta, que supondría toda una sorpresa para los lectores, ya que el misterioso sexto integrante de Los Seis Siniestros Definitivos sería quien menos se esperaban.

La semilla de la aventura fue plantada en Ultimate Spider-Man #46 USA, con Mark Bagley a las viñetas, pero, dado que esta colección seguiría publicándose durante los meses en que Ultimate Six viera la luz, surgió la necesidad de que fuera otro dibujante quien encarara el proyecto. En aquellos momentos, el británico Trevor Hairsine había destacado por el gran parecido de su estilo con el de Bryan Hitch, por lo que se antojaba como la elección correcta para una aventura en que la participación de los Ultimates sería crucial. También en esos meses la revista Wizard preparaba un “número cero”, con el que renovaban su diseño y buscaban atraer nuevos lectores. Joe Quesada, que sabía que la rival DC Comics haría lo mismo con el Batman de Jim Lee, les ofreció la posibilidad de publicar un prólogo de Ultimate Six en su interior, con el valor añadido de que él mismo se ocuparía de ilustrarlo, lo que suponía su regreso al tablero de dibujo,  del que había permanecido alejado en los tres años anteriores, desde que asumiera la posición de cabeza visible de la compañía.

 

El proyecto, más allá de lograr su objetivo de emular aquel lejano, pero inolvidable Annual, acabó por convertirse en uno de los capítulos más valiosos dentro de la cronología del Spiderman Definitivo, e incluso sería determinante en el destino del personaje, pero para eso faltaban todavía muchos años y muchas aventuras.

Artículo originalmente aparecido en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spider-Man nº 10

EL VALOR DE LA EXCEPCIÓN: CREANDO UN NUEVO VILLANO PARA ULTIMATE SPIDERMAN

Tres años después del nacimiento de Ultimate Spider-Man, Brian Michael Bendis y Mark Bagley ya habían reciclado a la inmensa mayoría de los villanos clásicos del trepamuros, hasta el punto de que no se habían detenido en los años fundacionales de Stan Lee y Steve Ditko, sino que habían llegado hasta los tiempos modernos, al presentar la versión definitiva de Veneno. Mientras calentaba motores para la reunión de todos esos villanos en una única historia, Bendis decidió tomarse un respiro, mediante el arco argumental incluido en este tomo, donde haría algo inédito hasta el momento en el Universo Ultimate: ¡presentar un villano de nueva creación!

 

Si algo había aprendido Bendis después de escribir cuatro docenas de episodios de Ultimate Spider-Man, más los dieciséis de los que constó Ultimate Marvel Team-Up, es que la importancia de la serie no residía en los villanos a los que se enfrentaba el héroe, sino en los conflictos que tenía que afrontar en las relaciones con su entorno y la manera en que la actividad justiciera de Peter Parker las dificultaba. Para entonces, de una forma u otra Spiderman le había traído problemas en casa y fuera de ella. Tía May no dejaba de sospechar del comportamiento de su sobrino y de sus cada vez más inconsistentes excusas para estar llegar tarde o incluso desaparecer. Mary Jane sabía la verdad, casi desde el principio, pero eso no servía para mejorar las cosas, más bien al contrario: la novia de Peter no sólo tenía que contemplar cómo su chico quedaba cada vez más magullado por los encuentros con sus enemigos, sino que ya se había visto envuelta en alguno de ellos, con peligro incluso de morir, un miedo que le había llevado a romper la relación… Lo que por otra parte dejaba vía libre a Peter por primera vez desde que comenzara la serie. ¡Y por allí pululaba Gwen Stacy!

 

Ahí había suficiente material para toda una saga, pero la clave de la misma no surgiría hasta que Bendis dio con el villano apropiado sobre el que construir su discurso. Ése sería el enemigo que crearía expresamente para Ultimate Spider-Man: ¡Un personaje que construiría desde la nada, sin apoyarse en un modelo propuesto previamente en el Universo Marvel convencional! La idea permanecía intocable hasta ese momento. Manteniéndose cercanos o distanciándose de los clásicos, cada héroes y villano de la línea Ultimate había tenido una vida previa en los cómics clásicos. Lo más parecido era Ultimate Adventures, una miniserie de seis números que había aparecido al margen de las colecciones principales del sello y que estaba protagonizada por Búho-Halcón y Woody, dos personajes que parodiaban a Batman y Robin. El proyecto pasó casi inadvertido, hasta el punto de que puede considerarse apócrifo, pero lo cierto es que abrió una puerta que en muy pocas ocasiones se atravesaría. El caso de Bendis en Ultimate Spider-Man sería, por lo tanto, muy excepcional, por motivos que luego abordaremos.

 

El guionista construiría su tesis alrededor del gran tema central de Spiderman: “Un gran poder conlleva una responsabilidad”. El trepamuros lo había aprendido por las malas, a consecuencia de la muerte del tío Ben a manos del ladrón que hubiera podido detener. Pero, ¿y si alguien que gozara de todo ese poder desconociera la lección moral de la responsabilidad? La idea era buena, sin duda. Si además Bendis llevaba a ese alguien al terreno del Instituto Midtown, podía jugar con todo eso en el mundo de Peter, antes de saltar al de Spiderman. Porque, ¿qué puede ser peor cuando tu novia te ha dejado que aparezca un tipo carismático que parece capaz de ligar con ella y con cualquier otra chica que te pueda interesar? Fue así como surgió Geldoff, el tipo en el que podría haberse convertido Peter Parker de no haberle agarrado el destino por el cuello.

 

La experiencia, sin embargo, no sedujo a algunos lectores, que escribieron a Marvel para mostrar su desagrado, mientras que las reseñas en prensa especializada tampoco acompañaron. Años más tarde, incluso el propio Bendis reconocería que ni siquiera a él le convencieron los resultados, de manera que en lo sucesivo acotaría los nuevos enemigos del trepamuros a la fórmula de versionear a los más viejos del lugar.

 

Y sin embargo… El arco argumental en el que se presenta a Geldoff tiene un buen número de elementos que destacan con luz propia: el humor es tan sobresaliente como en el resto de la serie, hay situaciones extraordinariamente divertidas, como la que rodea al traje de repuesto de Spidey, inspirada en algunos memorables momentos pertenecientes a las mejores etapas del trepamuros clásico. Y por supuesto, tenemos a La Patrulla-X. Antes, Spidey se había cruzado en el camino de Lobezno o se había encontrado en el centro comercial con algunos de sus compañeros de la escuela de mutantes del Profesor Charles Xavier, pero aquí está la primera aventura compartida entre las versiones Ultimate de Spidey y La Patrulla.-X, en la que se sembrarían semillas que tiempo después germinarían, para dar lugar a sorprendentes historias que nadie hubiera imaginado.

 

Con el tiempo, Bendis acabó por coger cariño a Geldoff, ese personaje que tanto le criticaron, hasta el punto que en el videojuego de Ultimate Spider-Man, también escrito por él, puede leerse una pintada en una pared del Instituto Midtown en la que proclama “Geldoff Rules!!”: ¡Geldoff mola! Lo mismo debieron pensar los guionistas Dan Slott y Christos Gage, quienes le trasladaron al Universo Marvel convencional, dentro de la serie Los Vengadores: La Iniciativa, lo que convierte a Geldoff en el primer personaje en llevar a cabo el viaje en el sentido contrario: de la línea Ultimate a la Marvel clásica, en lugar de al revés.

 

Mucho tiempo después de la primera edición de esta historia, quizás haya llegado la hora de valorarla en su medida. Puede que Geldoff no estuviera hecho para situarse entre el Doctor Octopus y el Duende Verde, pero las circunstancias han permitido que se le recuerde como una rara avis: un personaje verdaderamente excepcional.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 9: Irresponsable

ULTIMATE SPIDER-MAN: LA REFORMULACIÓN DE VENENO

El trabajo de los creadores de Spiderman llevado a cabo en su primera década de existencia, en los años sesenta, fue tan deslumbrante que oscureció cualquier logro que pudieran acometer sus sucesores. Por muchos años que pasen, los clásicos como el Duende Verde, el Doctor Octopus, El Buitre, El Lagarto, Electro, Mysterio o El Hombre de Arena se sitúan siempre a la cabeza. Habría que citar dos excepciones: dos enemigos que, habiendo sido creados mucho tiempo después, sí conseguirían colarse en esos primeros puestos. Uno de ellos fue El Duende, sorprendente actualización del concepto de villano de identidad desconocida que fuera Norman Osborn en sus inicios. El otro, que destacó de tal manera que muchos llegarían a posicionarlo como el peor enemigo de Spiderman, respondía al nombre de Veneno.

 

Veneno fue presentado en Amazing Spider-Man #299 USA (abril de 1988), como una versión oscura del propio trepamuros. Sin embargo, para precisar su origen, hay que retroceder a algunos años antes, hasta 1984, fecha en las que se publicó un evento que reunió a los grandes héroes de Marvel y recibió el nombre de Secret Wars. En estas Guerras Secretas, Los Vengadores, La Patrulla-X, Los 4 Fantásticos y, por supuesto, Spiderman, eran enviados por un misterioso ser llamado el Todopoderoso hasta un remoto planeta, donde todos ellos se veían obligados a luchar contra sus peores contrincantes. Durante la saga, Spidey se hacía con un misterioso traje que respondía a sus órdenes, cambiaba de aspecto y creaba sus propias telarañas. Decidió traérselo de vuelta a la Tierra… Sólo para descubrir, una vez en casa, que se trataba de un ser vivo, un simbionte que trataba de poseerle. Separado del mismo gracias a la intervención de Reed Richards, todavía habría de encontrarse con el traje maldito en un par de ocasiones, hasta que consiguió vencerle en lo alto de un campanario. Parecía que nunca volvería a saberse de él.

 

Por aquel entonces, también tuvo lugar otra aventura significativa, en la que Jean DeWolff, el contacto de Spidey en la policía, era violentamente asesinada por un misterioso psicópata llamado El Comepecados. En el curso de la historia, el Daily Globe señaló a un individuo como culpable, pero la noticia resultó ser falsa, ya que el trepamuros atrapó al verdadero criminal. Tampoco nadie podía imaginar que esta segunda historia tuviera continuidad, o que llegase a entrar en relación con la primera.

 

El guionista David Michelinie, en cambio, sí logró una manera de conectarlas, mediante la creación de la figura de Eddie Brock, el periodista del Globe que hubiera sido quien escribió la falsa noticia y cayó por ello en desgracia. Encolerizado con el trepamuros y fanatizado por la religión, había acudido a la iglesia donde tuvo lugar la batalla final contra el simbionte… Y allí, una vez que éste había abandonado a Peter Parker, Eddie se uniría con la criatura, para dar vida a Veneno. La complejidad del concepto, unida a la contundencia gráfica que le supo dar el dibujante Todd McFarlane, sirvió para que Veneno alcanzara una increíble fama desde el primer encuentro con Spiderman. Cada una de las siguientes apariciones fue celebrada con alboroto y subida de ventas, un fenómeno que no hizo más que crecer cuando el personaje también fue llevado a la pequeña pantalla, en la teleserie animada de Spidey, o consiguió a raíz de esto último sus propios muñecos.

 

Llegados a Ultimate Spider-Man, Brian Michael Bendis sabía que, tarde o temprano, abordaría la figura de Veneno, lo que nadie imaginaba era la manera en la que lo haría. El problema principal residía en que el villano había sido construido a partir de historias previas anteriores, Secret Wars y la saga del Comepecados, demasiado complicadas como para incluirlas dentro del mundo del Spiderman Definitivo, además de que esto no supondría sino una lamentable repetición de aventuras ya narradas en la continuidad clásica. Aquí fue cuando Bendis optó por recurrir a una subtrama que venía trabajando casi desde los inicios de la colección, con insinuaciones que sólo captaron los lectores que estuvieran suficientemente atentos: la de los padres de Peter.

 

En el Universo Marvel tradicional, Stan Lee tuvo la ocurrencia de que Richard y Mary Parker fueran en realidad agentes secretos que habían sido desacreditados y asesinados por Cráneo Rojo, una intriga que salió a flote en el Amazing Spider-Man Annual #5 USA (1968. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman: Crisis en el campus) y que apenas impactó en la tradición del personaje, debido a lo rocambolesca que resultaba. Bendis sin embargo estimó oportuno que ahí había algunos detalles interesantes que podían encajar muy bien en la teoría de la conspiración que estaba construyendo junto con Mark Millar en el Universo Ultimate. De esta forma, había ido dejando caer que Richard Parker fue un brillante científico admirado incluso por Mister Fantástico, cuya muerte y la de su esposa estaba sumida en la bruma y llenaba de pesar a Peter.

 

¿Y si alguien hubiera tenido buenos motivos para hacer desaparecer a los Parker? ¿Y si Richard había creado algo revolucionario que podría cambiar el curso de la historia? Las semillas para crear al Veneno Definitivo, partiendo de un origen diferente al establecido por los cómics clásicos, pero llegando a unas conclusiones similares, ya estaban ahí plantadas. Faltaba sólo acudir a la figura de Eddie Brock. ¿Quién sería en realidad? En Ultimate Spider-Man #17 USA (Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 4), durante la conferencia de prensa de Justin Hammer, había aparecido fuera de plano un tal Eddie Brock, reportero del Globe. El detalle llamó la atención de los lectores, que se apresuraron a anunciar la inminente irrupción de Veneno, pero… o se trataba de una pista falsa o Bendis cambió luego de idea y decidió ignorarla. El verdadero Eddie Brock sería un amigo de la infancia de Peter, lo que lo relacionaría con una época en la que sus padres estaban todavía vivos. Para que se desataran los acontecimientos sólo hacía falta que el joven lanzarredes se encontrara en el trastero de su casa con una caja llena de recuerdos.

 

La saga, contenida en este volumen, sabría aunar todas las nuevas ideas de Bendis con la esencia de los cómics en los que se había fraguado el Veneno original, hasta dar lugar a una trama que aunaba a partes iguales intriga, espectacularidad y terror. No sólo conquistaría a las nuevas generaciones de lectores, sino que abriría una nueva puerta, cuando años después el director de cine Marc Webb y los guionistas James Vanderbilt, Alvin Sargent y Steve Kloves recurrieron en gran medida a ella para construir el argumento de The Amazing Spiderman (2012), reinicio de las aventuras cinematográficas del trepamuros en el que el misterio alrededor de la muerte de los padres de Peter tendría una relevancia absoluta y seguiría muy de cerca los parámetros establecidos por Brian Michael Bendis en Ultimate Spider-Man.

 

Artículo aparecido originalmente en Ultimate Spiderman nº 8: Veneno

ULTIMATE SPIDER-MAN: EL IMPOSTOR

Acostumbrados como estamos hoy en día a la presencia de superhéroes que escapan al canon tradicional del género, cuesta imaginar la conmoción que supuso la irrupción de Spidey en 1962. Baste señalar dos importantes circunstancias que hasta entonces en rara ocasión se llegaban a encontrar. La primera, el trepamuros usaba un traje que evitaba todos los elementos tradicionales. No había ni calzones por fuera y la máscara tapaba su cara al completo. La segunda, las autoridades públicas le perseguían con ahínco, por mucho que demostrara estar entre los buenos chicos.

 

El aislamiento social e incluso el enfrentamiento a los poderes establecidos fue, desde el primer número, características inherentes a Spiderman. Cada vez que ocurría algo malo y él estaba cerca, los agentes o cualquier ciudadano que estuviera allí le culpaban, a lo que se añadía la feroz campaña de prensa desatada por J. Jonah Jameson desde los titulares a cinco columnas del Daily Bugle, que ayudaría a formar la imagen negativa del héroe entre la población. De hecho, la primera página de Amazing Spider-Man #1 USA (1062), estaba dedicada a reflejar tal circunstancia. Por si fuera poco, en aquel comienzo de la serie mensual arácnida, el villano no era otro que El Camaleón, un maestro del disfraz que se hacía pasar por Spiderman para perpetrar sus crímenes. Aunque el verdadero lanzarredes conseguía destapar el engaño, los recelos hacía su figura continuarían de manera indefinida.

 

En su translación al Universo Ultimate, Brian Michael Bendis puso especial énfasis en mantener ese rasgo definitorio, que adquirió elevado protagonismo en “Escrutinio público”. Bendis ofrecería su propia versión del relato en el que El Camaleón viera la luz, pero añadiría otros elementos asociados a diversas etapas del trepamuros original que hicieron que la historia fuera completamente diferente y encajara de manera lógica en el desarrollo de Ultimate Spiderman.

 

Había llegado el momento de dar más protagonismo a Gwen Stacy, cuya inesperada irrupción todavía permanecía en la memoria de los lectores como uno de los mejores momentos de la colección. Poco a poco, Gwen se había ido introduciendo en la vida de Peter, hasta el punto de competir en cuanto a presencia con la que hasta ahora había sido “la chica” de la serie, Mary Jane. Pese a que la personalidad de esta moderna Gwen era poco menos que opuesta a la del dulce amor trágico del Peter Parker original, Bendis quiso ofrecer algunas matizaciones al respecto, toda vez que explicaba la naturaleza de su Gwen. Como la clásica, ésta también era hija de un capitán de policía, un George Stacy mucho más activo y joven que el que los lectores veteranos conocían y que se situaría en posición destacada dentro de la caza policial contra Spiderman… Una vez que alguien que se hace pasar por él le coloque al margen de la ley.

 

De nuevo, Bendis tomaba su propio camino a la hora de presentar al padre de Gwen en una línea contrapuesta a la del personaje que tomaba como referencia. No sólo peinaba menos canas, estaba en el servicio activo y su carrera le había alejado de su mujer, de la que estaba separado o divorciado. Tampoco se convertiría en el defensor número uno de Spidey, mucho menos llegaría a sospechar que Peter era en realidad Spiderman, y lo último que se le pasaba a los lectores por la cabeza es que el nuevo Capitán Stacy compartiera el destino del original, morir heroicamente mientras salvaba la vida de un niño de los daños colaterales del ataque de un villano, un momento mítico en la historia del trepamuros de toda la vida, que tuvo lugar en Amazing Spider-Man #90 USA (1070). Con estas pequeñas variaciones, Bendis conseguía algo que ya era básico en la serie: cualquier cosa podía ocurrir.

¿Y en cuanto al impostor? De nuevo Bendis se movió con la habilidad suficiente para presentar sucesos de la continuidad clásica recombinados de tal manera que resultaron novedosos. Ante su debut, algunos aficionados llegaron a plantearse que el Spidey definitivo contaba con un clon. La explicación sería mucho más sencilla, y de nuevo recurriría a un detalle de la colección original cambiado de lugar y utilizado, por lo tanto, de la más original de las maneras. Tiene que ver con la obsesión de Steve Ditko, el primer dibujante que tuviera Spiderman, de que los villanos no tuvieran relación alguna con el héroe, e incluso fueran tipos desconocidos, algo que suscitaría controversias con Stan Lee y que supondría finalmente la ruptura del equipo, cuando llegó la hora de desenmascarar al Duende Verde.

 

Además de contener la historia antes comentada, el volumen se abre con el que fue el primer número especial fuera de colección publicado dentro de la línea definitiva. Respondió al título de Ultimate Spider-Man Super Special, lo que venía a recordar a los Annuals que hubiera tenido La Casa de las Ideas durante buena parte de su existencia y que en ese momento se encontraban poco menos que proscritos, ante la degeneración, en cuanto a contenidos y resultados comerciales, que venían padeciendo en los últimos años. Por contra, Brian Michael Bendis se planteó este Super Special como una gran fiesta, una ocasión muy importante que había que celebrar a lo grande. Pese a encuadrarse dentro de la colección propiamente dicha del trepamuros, se trata de la despedida por todo lo alto de Ultimate Marvel Team-Up, ya que contiene las dos máximas que guiaron a aquella cabecera de corto recorrido dentro de la línea Ultimate, y que nosotros recogimos en el tercer y sexto volumen del lanzarredes: héroes y dibujantes invitados, pero no sólo uno de cada, sino muchísimos. Para la ocasión, Bendis se hizo acompañar de amigos que habían estado con él en las páginas de Ultimate Marvel Team-Up, a los que añadió nuevos nombres entre los que cabía encontrar verdaderas leyendas del cómic, como John Romita, el que hubiera sido el más célebre dibujante de Spidey en su etapa clásica, o Dave Gibbons, el co-autor de Watchmen. Entre los héroes con los que se cruzaba Spidey, se encontraban todos los que ya conocía, junto con otros que todavía no habían irrumpido en la Línea Definitiva, como Blade o Elektra, quien luego acabaría compartiendo dos miniseries con Daredevil.

 

Pero el Ultimate Spider-Man Super Special es importante por otro motivo más: la mención, y sobre todo la importancia, que adquiere la figura del padre de Peter Parker. En la continuidad tradicional, después de años en que los progenitores del trepamuros permanecían en la nebulosa, Stan Lee se atrevió con una abracadabrante historia, según la cual habrían sido en realidad agentes secretos asesinados nada menos que por Cráneo Rojo, el enemigo del Capitán América. Tal retruécano narrativo dio pie a todo un Annual de Spiderman que alcanzó cierta categoría mítica en el imaginario de los aficionados, pero supuso también un quiebro en la verosimilitud de la que se había rodeado al entorno familiar del protagonista durante todos esos años. Ese Annual también abrió la puerta a que Brian Michael Bendis abordara el tema en Ultimate Spider-Man… Y vaya si lo haría, pero eso es una historia para tratar en nuestro próximo volumen.

 

Artículo aparecido originalmente en Ultimate Spiderman nº 7: Escrutinio público

BIENVENIDOS A NEOMARVEL: EL CASO ULTIMATE MARVEL TEAM-UP

En los primeros años de la década de los 2000, La Casa de las Ideas vivió una de las épocas más sugestivas de su historia. El equipo encabezado por Joe Quesada debía manejar con cuidado la difícil herencia dejada por sus antecesores. Durante la década anterior, la editorial había establecido unas prácticas que ahuyentaban el talento y premiaban la mediocridad. Tales métodos debían desterrarse, no sólo para hacerse con la complicidad de los lectores, sino también para que guionistas y dibujantes miraran a Marvel como un lugar en el que quisieran estar.

En la cúpula de la editorial estaban convencidos de que las glorias del pasado cada vez tenían menos que ofrecer, por lo que necesitaban dar entrada a nuevos autores con las ideas frescas. Quesada, como Director Editorial, Bill Jemas, como presidente de la compañía, y editores como Axel Alonso, procedente del sello Vertigo de DC Comics para lectores adultos, se consagraron con tanta determinación a ese propósito que, en apenas unos pocos meses, los cómics Marvel se vieron inundados por estrellas consagradas que habían alcanzado la aclamación en otras editoriales e incluso en otros medios, como el cinematográfico o el televisivo, pero también por jóvenes promesas que venían del campo independiente. Los resultados fueron tan diversos como sorprendentes. Se alcanzó lo glorioso, lo extraño, lo nunca visto… También hubo errores, desde luego: propuestas tan estrambóticas que nunca encontraron su público, pero en general se consiguió cambiar la imagen que se tenía hasta entonces de la factoría. De una editorial acomodada, que nunca se arriesgaba y que no hacía sino sangrar a la cada vez más reducida comunidad de lectores, se pasó en un tiempo récord a afianzar la imagen de una Marvel abierta a la innovación. Muchos aplaudieron la valentía de La Casa de las Ideas y se acercaron a sus cómics. Otros, criticaron aquella operación a corazón abierto, acusando a sus responsables de estar desnaturalizando a grandes iconos con más de cuatro décadas de tradición a sus espaldas. Y tanto partidarios como detractores comenzaron a referirse a la editorial como Neomarvel.

 

Ultimate Marvel Team-Up vio la luz cuando esta época concreta estaba en plena efervescencia. Brian Michael Bendis había alcanzado ya la categoría de estrella, a causa del éxito conseguido por Ultimate Spiderman, pero sus referencias primarias seguían estando en el cómic independiente del que procedía. Las agendas de Quesada, que había sido responsable de la pequeña editorial Event Comics, y la de Alonso, que durante su etapa en Vertigo había recurrido a un buen número de artistas con una sensibilidad contrapuesta a la del género superheroico, sirvieron para nutrir la serie, lo que la convirtió en un pequeño catálogo de lo más extraño que podía encontrarse en el cómic estadounidense. Y conforme la colección fue avanzando, el riesgo de las apuestas fue en aumento.

 

Este segundo y último volumen dedicado a Marvel Team-Up ofrece, por tanto, los más inusuales encuentros que haya tenido jamás Spiderman con otros personajes, no ya porque, en su mayoría, éstos se encuentran en la retaguardia de La Casa de las Ideas, sino porque los dibujantes que fueron requeridos quizás nunca imaginaron que terminarían firmando un cómic Marvel.

 

El tomo se abre con un episodio humorístico, no en vano ilustrado por Jim Mahfood, dibujante de estilo cartoon que había colaborado con Kevin Smith en la adaptación al cómic de algunos de sus filmes. En sus páginas, Peter Parker acude al cuartel general de Los 4 Fantásticos para verse envuelto en una abracadabrante trama que le llevará a pasar por las mismísimas oficinas de Marvel. Bendis desata su vena humorística como nunca antes había hecho, a través de un experimento que, por inclasificable que pudiera parecer, en realidad enlazaba con una olvidada tradición, por la que, en ocasiones especiales, los autores de la editorial habían hecho acto de presencia en las viñetas. El cómic supuso además el debut de Los 4 Fantásticos en el Universo Ultimate. Sin embargo, la versión que se daba de La Primera Familia poco o nada tendría que ver con la que un tiempo después encontraríamos en su propia serie Ultimate, lo que dejaría fuera de continuidad este cómic en concreto, por más que sea un documento de incalculable valor para entender el clima en el que se desarrollaba la revolución Marvel de los 2000.

 

En las antípodas se colocaba el episodio inmediatamente posterior, con el Hombre-Cosa como personaje invitado. Consciente de las muchas veces que se había comparado a este monstruo con su contemporáneo de DC Comics, La Cosa del Pantano, Bendis requirió los servicios de John Totleben, el dibujante de la etapa más famosa que hubiera tenido éste, la que escribió Alan Moore. El resultado recuerda al tono oscuro y terrorífico de aquella obra maestra, muy adecuado para presentar a El Lagarto, uno de los enemigos clásicos del héroe original, que posteriormente regresaría en la colección-madre. Acto seguido, cambia de nuevo el tono: Chynna Clugston, otra autora de Oni Press, como era el caso de Mahfood, que había sido nominada a los Premios Eisner de ese año por su miniserie Blue Monday y estaba enormemente influida por el manga, sumerge a Spidey en un encuentro con La Patrulla-X, en un escenario tan poco superheroico como un centro comercial. De nuevo, estamos ante un cómic a tener en cuenta, puesto que avanzaría futuras tramas.

 

De ahí saltamos a una aventura de doble extensión, en la que el Doctor Extraño se estrena en el Universo Ultimate. Para la ocasión, Bendis quería rememorar el primer cruce entre los dos héroes clásicos, acaecido en Strange Tales Annual #2 USA (1963) e ilustrado por Steve Ditko, el creador gráfico de ambos. La nueva aventura viene a ser un remake indisimulado de aquella, con Ted McKeever, una leyenda del cómic independiente norteamericano, compitiendo con Ditko en capacidad para crear entornos mágicos desquiciados. La serie baja el diapasón para acoger la visita de la Viuda Negra, en una historia en la que también tenemos a Nick Furia y que se sitúa cronológicamente antes de que irrumpiera en la vida de Spidey, en Ultimate Spiderman: Legado, aunque sirve de preámbulo a ésta. Ilustra Terry Moore, que había conseguido el Eisner por Strangers In Paradise. Otra historia doble, esta vez coprotagonizada por Shang Chi y deudora del cine de serie B de artes marciales, supondría el colofón de Marvel Team-Up. Rick Mays, también con ciertos ecos de amerimanga en su trazo, fue el elegido para la ocasión.

 

Al parecer, la cabecera mantenía unas respetables cifras de venta, pero el esfuerzo de encontrar un artista de altura que se adaptara a cada nueva saga pesaba como una losa. Todavía se llevaría a cabo un número especial repleto de autores invitados, ya bajo el paraguas propiamente dicho de Ultimate Spider-Man y que veremos en el siguiente tomo del personaje, pero con la cancelación de Ultimate Marvel Team-Up también se veía próximo el fin de la época más experimental que haya tenido nunca La Casa de las Ideas. Neomarvel quedaba atrás mientras un nuevo tiempo se abría camino.

 

Artículo aparecido en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 6: Encuentros extraños

 

 

ULTIMATE SPIDER-MAN: EL PRIMER REGRESO DEL DUENDE VERDE

Cuando abordó la creación de Ultimate Spiderman, Brian Michael Bendis recurrió a todo tipo de influencias, pero, por encima de cualquier otra consideración, pesó el tono y el espíritu, que no necesariamente la literalidad, de la etapa del trepamuros firmada por Stan Lee y John Romita en los años sesenta. Esa época, que lanzó a Spidey al estrellato, la serie pasó a ser una agridulce comedia romántica.

Bendis estaba prendado del equilibrio perfecto que tuvieran aquellos cómics, en los que los devaneos amorosos y la vida social de Peter Parker llegó a superar en importancia a las por otra parte fabulosas aventuras de Spiderman: Romita era tan bueno dibujando mujeres bellas y seductoras como villanos terribles y amenazantes. Durante su estancia en la cabecera, dos chicas adquirieron una importancia vital. La primera era Gwen Stacy, que evolucionó de la femme fatale que había presentado Steve Ditko a la dulce novia fiel de Peter. La segunda era Mary Jane Watson, una vecina de Peter con la que tía May no dejaba de prepararle citas a ciegas, de manera que los autores jugaban a ocultar su apariencia, hasta que por fin llegó el momento de mostrarla a todos, y Romita realizó una de las más célebres viñetas de la historia de Marvel, en la que Mary Jane se presentaba en la casa de Peter, que se quedaba atónito ante su belleza. Desde ese momento, la presencia de la una y la otra fue continua en la serie. Peter, y por extensión los lectores, veían en Gwen a la compañera perfecta, la mujer que querrían para ser la madre de sus hijos, mientras que Mary Jane representaba el sueño imposible, la amante ardiente, la belleza carnal.

 

Puesto a elegir entre una y otra, Gwen se alzó victoriosa en el corazón de Peter… Hasta que, ya superada la etapa Lee/Romita, encontraría la muerte, a manos del Duende Verde, en el mítico Amazing Spider-Man #122 USA (1973. Marvel Gold. El Sombroso Spiderman: La muerte de Gwen Stacy). Paradójicamente, al cabo de un tiempo, Peter comenzaría una relación amorosa con Mary Jane, y sería ella quien se convertiría en su esposa, según la continuidad clásica, en Amazing Spider-Man Annual #21 USA (1987). La pareja permanecía unida desde entonces, afianzándose en el imaginario colectivo gracias a su existencia también en la teleserie de dibujos animados de los años noventa o en las películas de Sam Raimi. Influido por todo esto, de cara a Ultimate Spider-Man, Bendis asumió desde el principio la presencia activa de Mary Jane, circunstancia que no se había dado en la continuidad clásica, otorgándole a su personalidad rasgos más propios de Gwen que de la desinhibida pelirroja con la que todos los lectores de cómics estaban familiarizados, algo que también se produciría en los filmes de Raimi.

 

Sin embargo, llegado un determinado momento, el guionista del trepamuros definitivo decidió hacer suyo el binomio introducido durante la época de Romita, aunque dándole una divertida vuelta de tuerca. En Ultimate Spider-Man #14 USA (el cuarto tomo de nuestra colección), los lectores se quedaron boquiabiertos cuando apareció en escena… ¡Gwen Stacy! Una Gwen que en nada se parecía a la clásica: llena de piercings, ligera de ropa, condenadamente atractiva, con una actitud desafiante ante todos y con opiniones muy claras acerca del mundo. Su debut tenía lugar apenas un episodio después de que Peter y Mary Jane se hubieran convertido, oficialmente, en pareja.

 

Fue entonces cuando las mentes calenturientas de los lectores empezaron a dejarse llevar, algo que entraba en las previsiones de Bendis y que él mismo había alentado. Si en el Universo Definitivo algunas cosas habían sido alteradas con respecto a la Tierra-616, de manera que Mary Jane Watson y Gwen Stacy parecían haberse intercambiado los papeles, ¿ocurriría lo mismo con su destino? ¿Acabaría la pelirroja asesinada a manos del Duende Verde y Gwen se alzaría como nueva chica de Peter? Todas las posibilidades se encontraban abiertas, especialmente conforme la serie comenzó a acercarse al final de su segundo año de existencia.

 

Para entonces, el Spiderman Definitivo había luchado contra el Duende Verde, en su aventura iniciática, para luego enfrentarse a Kingpin, Los Forzadores, Electro, el Doctor Octopus, Kraven el Cazador, El Lagarto… Se aproximaba un número tan significativo como el #25 USA, y Bendis quería hacer algo de verdad especial: la vuelta del Duende Verde, el que seguía siendo el más terrible enemigo contra el que hubiera luchado nunca su lanzarredes y precisamente aquél con el que más licencias se había tomado a la hora de versionearlo.

 

En la continuidad clásica, La fórmula química que había transformado en villano a Norman Osborn le dotaba de superfuerza y le desequilibraba mentalmente, pero no cambiaba su aspecto en lo más mínimo. En el primer episodio dibujado por John Romita, descubrió la identidad secreta de Spidey, pero sus episodios psicóticos le hacían olvidarla, hasta que algún suceso puntual le devolvía la conciencia de quién era realmente. El truco acabó por resultar repetitivo, de manera que la muerte de Gwen Stacy sería también utilizada en aquella época para librarse de Osborn, que también encontraría el final, insertado en su propio deslizador (sí, a imagen y semejanza de lo que ocurrió luego en la película).

 

En cambio, en el Universo Ultimate, Norman se transformaba en una terrible bestia que no necesitaba recurrir a ningún tipo de artilugio para luchar contra su enemigo y recordaba perfectamente todo, de manera que sabía que Peter y Spiderman eran la misma persona. Había, no obstante, un rasgo que compartía con su encarnación clásica: la capacidad para hacer daño a su peor enemigo a través de sus seres queridos, y ése sería el aspecto a explorar en su regreso.

 

La aventura comenzó antes de cumplirse el segundo aniversario de la serie, con un espectacular número doble, y alcanzaría hasta incluso después de esa celebración. Durante la misma, es cuando los lectores tomarían conciencia del enorme peligro que el Duende Verde suponía para Spidey. No sólo era el villano al que se había enfrentado por primera vez, sino también el único que tenía motivos personales para acabar con él y la determinación para hacerlo. Por fin, Ultimate Spider-Man #25 USA sería un episodio especial, no por su extensión, dado que tenía la que de cualquier otro número, sino porque allí estaban el Duende Verde, Mary Jane, el mismo puente desde el que Norman había arrojado a Gwen en la continuidad clásica… ¡Y los lectores, con el corazón en un puño!

 

Hasta ese momento, más allá de las diferencias puntuales en las características de algunos personajes y la modernización de los detalles propios de la época, Brian Michael Bendis y Mark Bagley se habían mantenido increíblemente fieles al espíritu del Spiderman clásico. Pero, por contradictorio que pareciera, estaban construyendo unos cómics en los que el lector tenía la impresión de que nada estaba cerrado, en uno u otro sentido. Y eso es lo que hace de Ultimate Spiderman un cómic imprescindible.

 

Texto procedente de Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 5

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