GUERRA DE SIMBIONES: DE CÓMO UNA AVENTURA SE CONTÓ PRIMERO EN FORMA DE VIDEOJUEGO

La aventura de la que vamos a hablar incorpora toda una trama de Ultimate Spider-Man de la que hasta ese momento no habían tenido noticia los aficionados que únicamente seguían la serie mensual del personaje. Como si se tratara de una versión oscura de Forrest Gump, que cuenta sus historias a quien quiera sentarse a su lado a  escucharlas, Eddie Brock nos narra un acontecimiento del pasado que le implica a él, al Hombre Araña, al Rino, a Marta Plateada… ¿Cuándo había ocurrido tal cosa? Podrían preguntarse esos lectores. Y por más que repasaran números atrasados, no encontrarían la respuesta… Porque estaban buscando en el lugar equivocado.

 

“Guerra de simbiontes” ofrece un ejercicio tan excepcional como el de integrar un videojuego dentro del discurrir de un cómic. Y es un videojuego como pocos de los que llegan a hacerse, no por su calidad, que la tiene, sino porque sus desarrolladores buscaron la ayuda de los creadores del personaje original. Ultimate Spider-Man es un proyecto pensado no sólo para los jugones, sino también para los aficionados al cómic, que nació al amparo de un momento muy dulce dentro de la historia del trepamuros en otros medios. Corría 2005. Treyart, un estudio de desarrollo perteneciente a Activision, había estado ya detrás de los dos títulos lanzados con motivo del estreno en cines de Spider-Man y Spider-Man 2. Ambos conservaban el nombre de la película, ambos ampliaban el argumento de la misma y ambos habían supuesto un enorme éxito a todos los niveles.  Unánimemente, se consideraban los mejores videojuegos que había protagonizado jamás el personaje, que por otra parte nunca había tenido demasiada suerte en ese campo hasta entonces, y en especial destacaba el segundo, de escenario abierto, algo que había popularizado la franquicia superventas Grand Theft Auto.

 

Conscientes de que tenían en las manos una de sus más importantes licencias y había que explotarla al máximo, Activision encargó a Treyart nuevos títulos que no estuvieran directamente vinculados con las películas, sino que se acercaran más al Spider-Man de las viñetas. En un momento dado, llegó incluso a hablarse de un Spider-Man Classics, ambientado en los primeros tiempos del trepamuros, pero nunca llegaría a hacerse. Sí llegó a buen término el primero de esos títulos al margen del cine, que no fue otro que Ultimate Spider-Man. En buena lógica, se trataba de la versión comiquera del héroe más accesible por todo tipo de aficionados, y con la que existían más coincidencias con respecto al cine. En la desarrolladora no sólo miraron de cerca al cómic, sino que además recurrieron a la técnica del cel shading, que permitía dar a los gráficos un aspecto de cómic en movimiento. Anteriores experiencias, como el videojuego basado en el cómic europeo XIII, habían señalado el camino a seguir, pero quizás en ninguna ocasión el resultado tendría tan buen aspecto como el logrado en Ultimate Spider-Man, que por lo demás seguía siendo un sandbox como Spider-Man 2, quizás menos largo y profundo, aunque más divertido, plagado de guiños a las viñetas y elementos “robados” al medio. Los desarrolladores partieron directamente de los diseños de Mark Bagley, a la par que embarcaron a Brian Michael Bendis en la escritura del guión. Contaría con la ayuda de Brian Reed, diseñador del proyecto, quien le acompañaría más tarde en varios cómics dentro de Marvel, antes de saltar en solitario a Ms. Marvel.

 

El que Bendis y Bagley aparecieran en lugar destacado en la contraportada dejaba entrever el objetivo de hacer partícipes del producto a los fans del tebeo. La publicidad de Ultimate Spider-Man prometió además una historia que formaba parte del Universo Ultimate, de manera que el jugador que hubiera seguido la serie podría constatar que se trataba de una secuela del primer encuentro del trepamuros con Veneno. De hecho, una de las principales atracciones consistía en la opción de elegir entre jugar como Spiderman o jugar en el papel del villano. En el curso de la aventura participaban otros muchos personajes. Algunos, como El Conmocionador, Electro o el Duende Verde, ya habían aparecido en el cómic, pero hubo otros, en especial Marta Plateada o El Escarabajo, que todavía no lo habían hecho. Una vez colocado el videojuego en las tiendas, quedó más o menos establecido que la trama transcurría a continuación de Ultimate Spiderman nº 14: Superestrellas y antes de Ultimate Spiderman nº 15: El Duende. Más tarde, o a la hora de promocionar la saga en la que Spidey se enfrentaría a Marta Plateada, los textos afirmaban que aquella historia era directa continuación del videojuego. Sin embargo, en dicho cómic tanto el héroe como la mercenaria actuaban como si nunca antes se hubieran encontrado. Otros pequeños detalles que se vendrían sumando con el paso del tiempo también entraron en contradicción con el videojuego. No importaba realmente: al cabo de tres años de su publicación, casi nadie se acordaba de aquello… Excepto Brian Michael Bendis, que decidió volver sobre el asunto, aprovechando como excusa que Veneno, o algo que se estaba pasando por Veneno, se enfrentaba a los Ultimates en el comienzo de la miniserie de Jeph Loeb y Joe Madureira (2008. The Ultimates nº 5: Sexo, mentiras y DVDs).

 

Y es así como llegamos a ese Eddie Brock sentado en un banco y que recuerda un incidente en el que participaron Rino, Marta Plateada, El Escarabajo, Roxxon, los Ultimates y, por supuesto, Spidey. ¿Que el lector no había jugado a Ultimate Spider-Man? Perfecto, porque todo sería nuevo para él. ¿Que lo había hecho? También perfecto, porque además de echar un vistazo a la interpretación que de la aventura haría Stuart Immonen, con el Veneno más espectacular que se hubiera visto nunca, también descubriría cambios en la trama del videojuego que servirían para hacerlo coherente con los tebeos y eliminar todas esas molestas contradicciones que habían surgido a lo largo del tiempo. Pero además el nuevo arco argumental no sólo miraba hacia el pasado, sino que señalaría el futuro. En lo que a los Ultimates se refiere, al justificar la manera en la que Veneno acabaría enfrentándose con ellos, y en cuanto al trepamuros, con el regreso de un personaje que había sido muy importante en el pasado y que lo volvería a ser más adelante. “Guerra de simbiontes” se demostraría como algo más que un instrumento para integrar una atípica saga dentro de la continuidad. Era también el último escalón que faltaba por subir antes del salto al vacío.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 23

LOS MARVEL KNIGHTS DEL UNIVERSO ULTIMATE: PACTO ENTRE CABALLEROS

Cuando surgió la idea de hacer Ultimate Spider-Man, nadie creía en el proyecto. En un primer momento, iba a ser una miniserie de seis números, y cualquiera que hubiera conocido anteriores intentos de recontar el origen del héroe icónico de la factoría de Stan Lee podía apostar a que se quedaría como tal, en mera anécdota. Por eso, a Mark Bagley, un artista tradicional, un hombre de empresa poco dado a los fuegos artificiales, no le pareció mal hacerse cargo del dibujo, porque sabía que aunque no le convenciera el proyecto, al cabo de medio año volvería a lo de siempre. A veces, por suerte, los planes salen al revés de como se prevén.

 

Ultimate Spider-Man se convirtió en uno de los mayores éxitos de la Marvel del arranque del siglo XXI, de manera que de inmediato se transformó en serie regular. Lo más sorprendente es que Bagley se dio cuenta de lo mucho que estaba disfrutando del trabajo, así que decidió quedarse. Ya entonces atesoraba una fama de dibujante fiable, de los que en raras ocasiones faltan a su cita mensual con los lectores, pero con el Spiderman Definitivo llevó tales principios a sus últimas consecuencias. Conforme pasaron los años, Bagley siguió y siguió inamovible en su puesto, sin dar señales de agotamiento, sin importar que durante una buena temporada Marvel decidiera lanzar 18 entregas al año de la serie y sin que el hecho de que fuera requerido para colaboraciones puntuales en otros cómics hiciera mella en él. Brian Michael Bendis, el guionista, tampoco estaba dispuesto a abandonar al personaje, por más que, en un momento dado, Robert Kirkman, el único autor que hubiera podido sustituirle, se señalara a sí mismo como su sucesor natural.

 

En un momento dado, alguien se acordó que había un récord por superar, el de Stan Lee y Jack Kirby en The Fantastic Four. Los padres fundadores habían permanecido en el cómic que lo empezó todo durante la mágica cifra de 102 números. A ellos se les podían sumar los seis primeros Annuals, que también dibujó Kirby. En total, nada menos que 108 episodios. Era un prodigio, una maravilla a la que ningún equipo creativo había conseguido acercarse. En editoriales independientes, Dave Sim con Cerebus y Erik Larsen con Savage Dragon, sí habían alcanzado semejante proeza, pero era algo a lo que nadie estaba acostumbrado en las majors. Dentro de Marvel, se podía encontrar la larga permanencia de Chris Claremont en Uncanny X-Men o de Peter David en Incredible Hulk, pero ambos se apoyaron en diversos dibujantes durante los años que estuvieron en dichas cabeceras.

 

Ultimate Spider-Man #102 USA, en plena saga del clon, señaló el punto en que Bendis y Bagley cumplieron aquel ambicioso objetivo de igualarse con los pioneros de La Casa de las Ideas. El artista permanecería todavía nueve episodios más, hasta que en Marvel encontraran el sucesor apropiado, pero luego cambiaría de aires. Al respecto de su marcha, después de tantos años, diría lo siguiente: “Brian y Ralph [Macchio, el coodinador de la serie] lloraron, y me ofrecieron favores sexuales para que me quedara. Joe [Quesada] se lo tomo como un hombre, se quejó una vez y luego se fue a casa a patear al perro. En serio, todos entendieron mis razones y respetaron mi decisión. A Ralph le habría encantado que me quedara, ya que se trabaja muy bien conmigo. Brian todavía disfruta con lo que aporto y creo que trabajaría conmigo siempre, de lo cual estoy muy orgulloso. Para ser honesto, cuando hice mi última página, me puse a temblar. Ya he dejado títulos antes para trabajos de más nivel, y me han sacado educadamente de un proyecto cuando la editorial ha querido un cambio. Pero esta es la primera vez que me he marchado de un trabajo tan maravilloso por razones que son sólo mías”. Esas razones, por cierto, llevarían a Bagley hasta DC Comics, de donde regresaría a Marvel apenas tres años más tarde.

 

Mientras tanto, Stuart Immonen sería el llamado a sustituirle. Este dibujante de origen canadiense compartía algunas de las mejores cualidades de Bagley. Su fiabilidad, rapidez y dominio de la narrativa eran equiparables, pero Immonen se diferenciaba de su antecesor en soltura y espontaneidad, lo que le hacía estar menos pendiente de seguir un modelo preestablecido de cada personaje. Immonen era además un artista en constante evolución. Había pasado de una puesta en escena sencilla, basada en la iluminación de la escena, a un realismo idealizado heredero de Norman Rockwell, con el que destacaría por la que fue su obra maestra en DC Comics, Superman: Identidad Secreta (2004). De ahí, pasó a una simplificación máxima de la línea, con la que ganó en espectacularidad, y que luciría en sus proyectos para Marvel, la transgresora Nextwave (2006-07), junto a Warren Ellis, y las dos cabeceras del Universo Definitivo por las que ya había pasado, Ultimate Fantastic Four (2004) y Ultimate X-Men (2005-06). Podría haberse mantenido en tales parámetros para Ultimate Spider-Man, pero optó por dar un paso más hacia delante, por añadir mayor cantidad de detalles en cada viñeta. Así empezaría el camino que le llevaría a alzarse como una nueva estrella. En tal posición, ilustraría Ultimate Spider-Man durante los años posteriores y se mantendría próximo a Brian Michael Bendis, con quien estaba llamado a acometer otros ambiciosos proyectos.

 

Algunos apuntes que merece tener en cuenta al respecto de la saga con la que Bagley concluyó su larga etapa junto al joven trepamuros y que se recopila en este volumen: Bendis recuperaba la larga rivalidad entre Spiderman y Kingpin, en forma de secuela a los acontecimientos narrados en Coleccionable Ultimate nº 36. Ultimate Spiderman nº 16: Guerreros. El puñado de justicieros callejeros que allí se había presentado aumentaba sus filas, con las incorporaciones de Daredevil, el Doctor Extraño y Ronin, este último un personaje fetiche de Bendis en el Universo Marvel tradicional, que en su viaje al cosmos Ultimate contó con una orientación radicalmente distinta. El grupo, a su vez, actualizaba a los Marvel Knights, formación de superhéroes callejeros que habían contado con una corta serie en la Tierra-616, a caballo entre 2000 y 2001, con la que se quería aglutinar a los representantes de la línea editorial del mismo nombre, apadrinada en sus orígenes por Joe Quesada y, por lo tanto, predilecta del Director Editorial de Marvel. La saga se coronó con un extraordinario epílogo, una conversación entre tía May y Peter, necesitados de sincerarse después de que ella hubiera descubierto la identidad secreta del héroe en el anterior tomo. Bendis daba respuesta a una historia similar, narrada por Joe Michael Straczynski y John Romita Jr. en el Universo Marvel clásico, pero también fue la ocasión perfecta para que Bagley cediera el testigo a Immonen de manera orgánica y natural. 111 números y siete años después del comienzo, el mayor cambio de Ultimate Spider-Man se había consumado.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 20

EL RETO DEL CLON: DE CÓMO REPETIR LA SAGA DEL CLON Y SALIR AIROSO

Cuando Marvel tomó la decisión de lanzar Ultimate Spider-Man, hacía falta una reinvención completa del personaje, destrozado por el maltrato que sufrió durante buena parte de los años noventa. El estado de desamparo en que se encontraba el Hombre Araña era el resultado de un conjunto de causas: el matrimonio con Mary Jane había abocado al personaje a un callejón sin salida del que los guionistas y editores trataron de sacarlo una y otra vez, sin conseguirlo, pero con perjuicios todavía mayores.

 

 

Una de esas intentonas consistió en traer de vuelta al clon de Peter Parker, un personaje olvidado, que había aparecido al final de una dramática saga publicada a mediados de los años setenta y que en realidad era a su vez consecuencia de las peticiones de muchos lectores de que volviera Gwen Stacy. Para ello, el guionista Gerry Conway había optado por recurrir a una versión clonada de la trágicamente fallecida novia de Peter. La mano negra detrás de todo era Miles Warren, profesor de ciencias del protagonista, enamorado en secreto de la joven y que había desarrollado una personalidad psicótica, bajo la identidad del Chacal. Al final de la historia, publicada en The Amazing Spider-Man #144-150 USA (1975), el clon de Gwen optaba por desaparecer de la vida de Peter, mientras que éste arrojaba a una chimenea industrial el cuerpo de su propio clon, aparentemente muerto. Puesto que el héroe y su doble se habían encontrado y confundido entre ellos durante una épica batalla, la duda de si el superviviente era el auténtico o el clon quedaba en el aire, a modo de recurso dramático.

 

Esa duda permitió en los años noventa que ese clon regresara, bajo el nombre de Ben Reilly, y se reclamara como el auténtico Hombre Araña, lo que llevaría a una larguísima aventura, que se extendió durante más de dos años, entre 1994 y 1996, conllevó gran número de decisiones inapropiadas, alienó a los autores, enfureció a los lectores y se saldó con la aniquilación definitiva del clon, con la reafirmación de que Peter Parker era el único, el auténtico y el original Spiderman y con una orden incontrovertible: a partir de entonces, no se volvería a hablar jamás de los clones arácnidos. Era un tabú. Un tema radiactivo.

 

Ocurre que no hay mal que mil años dure y con el paso del tiempo hasta el más siniestro de los recuerdos encuentra algún aspecto agradable. Transcurrida una década de “La saga de Ben Reilly”, algunos pocos autores se atrevieron a recuperar elementos puntuales de aquella historia, que seguía desatando la polémica entre los lectores tan pronto se mencionaba.

 

Ultimate Spiderman representaba la revitalización llevada a cabo con el personaje a partir de la llegada de Joe Quesada a la dirección editorial de La Casa de las Ideas. En el fondo, su nacimiento era consecuencia directa de la búsqueda de un Spiderman comprensible para todo tipo de lectores y que huyera, por tanto, de todo lo malo que había representado “La saga de Ben Reilly”. Pero, una vez consolidado el proyecto de Brian Michael Bendis y Mark Bagley, los lectores empezaron a preguntarse cómo sería una versión Ultimate de la dichosa aventura. Bendis no era ajeno a la polémica, de manera que, cuando la portada de Ultimate Spider-Man #32 USA (2003. Coleccionable Ultimate nº 14. Ultimate Spiderman nº 7: Escrutinio público) mostró a dos Hombres Araña luchando entre ellos, Internet ardió ante la posibilidad de que los clones ya estuvieran aquí. Fue una falsa alarma, puesto que se trataba de un mero impostor.

 

Lo que nadie sabía es que Bendis no había descartado en absoluto hacer ese remake maldito. Sólo que lo haría en sus propios términos: cuando tuviera sentido argumental llevarlo a cabo. De hecho, sería la más ambiciosa historia jamás publicada en la cabecera, de manera que llevaría hasta Ultimate Spider-Man #100 USA y, no contento el autor con ello, lo superaría con creces, hasta convertirse en la saga más extensa que hubiera escrito Bendis para el Hombre Araña Definitivo. El plan fue cuidadosamente trazado, de manera que el germen estaría, como en la continuidad clásica, en la muerte de Gwen. Tal cosa había ocurrido a manos de Matanza, una criatura creada accidentalmente a partir de la sangre de Peter (Coleccionable Ultimate nº 29. Ultimate Spiderman nº 13: Matanza). Una muestra de aquella sangre acabaría en manos del ayudante de laboratorio de Curt Conners, al que Bendis había llamado Ben Reilly, por un lado para hacer saltar de nuevo las alarmas de los lectores, pero por el otro porque él sería el detonante de los acontecimientos.

 

La nueva historia pondría además el foco en el misterio alrededor de los padres de Peter, un tema en el que Bendis se había concentrado desde el comienzo. En la continuidad tradicional, poco antes de “La saga de Ben Reilly”, habían tenido la ocurrencia de resucitarlos, sólo para luego explica que se trataba de un par de androides controlados por un villano: un pequeño sinsentido argumental que sólo fue olvidado por los lectores porque el desastre del clon fue todavía mayor. Bendis tomó buena nota: incorporaría aquello a su historia. Incluso sacaría partido a la idea de Joe Michael Straczynski de que Peter y tía May tuvieran una larga conversación al respecto de las actividades superheroicas del sobrino, una vez ella descubriera su identidad secreta. Bendis no estaba muy conforme con la manera en que había reaccionado la anciana. De haber ocurrido en su serie, lo habría manejado de una manera radicalmente distinta. Ahora podría demostrarlo. Por si fuera poco, también habría homenajes a la mítica historia del Amazing Spider-Man #100 USA (1971), en la que Peter conseguía seis brazos extra. “Esto es el Universo Ultimate y estamos en posición de partir de muchas cosas de la continuidad tradicional y construir con ellas nuestra propia leyenda de Spiderman, de una manera que nunca se ha hecho anteriormente”, declararía Bendis al respecto.

 

Los ingredientes, por más que hubieran surgido de los más insospechados lugares, no pendían del vacío, sino que eran la consecuencia natural de cuanto había tenido lugar en la serie hasta entonces: hilos narrativos que se enhebrarían en los nueve capítulos de una historia que rondaría las 230 páginas. Son muchas, desde luego, más que ninguna otra aventura de Ultimate Spiderman, pero la cifra estaba muy alejada de las más de 5.000 planchas que había abarcado “La saga de Ben Reilly” de los noventa, y lo que es más importante, mantenían una coherencia y una planificación irreprochable de principio a fin. Sí, Ultimate Spider-Man por fin se había atrevido con los clones, pero esta vez el resultado no podía haber sido mejor. La aventura representó otro hito para Brian Michael Bendis y Mark Bagley, puesto que con ella superaron el récord de permanencia ininterrumpida del mismo equipo creativo en una serie Marvel, que hasta entonces lo tenían nada menos que Stan Lee y Jack Kirby, con sus 102 entregas continuadas de The Fantastic Four. Y superados semejantes retos, cualquier cosa era posible.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 19

LA PAREJA ADOLESCENTE PERFECTA: PETER PARKER Y KITTY PRYDE

“Masacre”, el decimo octavo volumen de la colección de Ultimate Spider-Man, marca el comienzo de una nueva época para el trepamuros definitivo de Marvel. En el tomo inmediatamente anterior, este se había echado una nueva novia, nada menos que Kitty Pryde, el miembro más joven de La Patrulla-X. ¿Qué les depararía el futuro? ¿Qué aventuras llegarían a vivir juntos? ¿Y cómo se orientaría la relación del trepamuros con alguien que también poseía poderes y los utilizaba para luchar contra villanos? Brian Michael Bendis quiso explorar la situación desde el primer momento, y bajo tales preceptos lanzó al trepamuros a una arriesgada aventura lejos de casa.

 

 

En la continuidad clásica, Spiderman y Kitty Pryde apenas habían llegado a cruzarse en unas cuantas ocasiones, pero ninguna de ellas especialmente significativa. Puede que de haber coincidido en la época de instituto quizás las cosas hubieran sido diferentes, pero a Spidey y Gatasombra les separaban al menos dos generaciones. Él, Peter, había sido el superhéroe adolescente por excelencia de los años sesenta, el marginado, el nerd, el empollón. Ella, Kitty Pryde, también sería la superheroína adolescente por excelencia… pero de los años ochenta, una época distinta, en que ser un genio de la informática ya no estaba tan mal visto, en que no era tan raro que a una chica le gustasen los videojuegos o las películas de Star Wars.

 

Pero, ¿qué hubiera ocurrido si ambos personajes hubieran tenido la misma edad y se hubieran conocido? ¿Acaso no se sentirían inmediatamente identificados el uno con el otro, no se verían como una versión de sí mismos en el sexo opuesto? Tal situación nunca pudo plantearse en el Universo Marvel clásico, pero el Universo Ultimate es diferente. Allí, Kitty había irrumpido durante el segundo año de existencia de la línea, en Ultimate X-Men #21 USA (2002. Coleccionable Ultimate nº 15. Ultimate X-Men nº 4: Fuego y azufre), mientras Spidey estaba instalado en los dieciséis años y sin prisas por abandonarlos. Por tanto, y a diferencia que en la Tierra-616, ambos sí pertenecían a la misma generación, sí podían mirarse como almas gemelas y sí que podían dar lugar a una interesante combinación.

 

Salvo que tampoco nadie hubiera imaginado que tal cosa ocurriría. Peter ya tenía a su Mary Jane, y todo el mundo sabía que Mary Jane es LA novia de Peter Parker. Spiderman vivía sus aventuras y La Patrulla-X las suyas, y todo el mundo sabía que ambos mundos eran muy diferentes y estaban muy alejados. Y pese a que las circunstancia fueran diferentes, a nadie se le ocurría pensar en Peter Parker y Kitty Pryde juntos.

 

Sólo que Brian Michael Bendis era diferente a todos los demás. Seis años después del nacimiento de Ultimate Spider-Man, seguía manteniendo la serie fresca y sorprendente. A veces pasaban cosas que nadie esperaba, a veces moría gente, y siempre parecía real como la vida misma. Precisamente porque ningún lector hubiera imaginado jamás una pareja formada por el Hombre Araña y la chica que atraviesa paredes, Bendis pudo orquestarlo todo para que ocurriera de manera sencilla y natural, como siempre pasaba todo en la colección. Conviene echar la vista atrás, hasta algunos momentos clave que el guionista había ido desgranando previamente. El primero tuvo lugar durante la que ciertos lectores llegaban a considerar la saga más irrelevante de la colección, el debut de Geldoff (2003. Coleccionable Ultimate nº 40. Ultimate Spiderman nº 9: Irresponsable). Las chicas de La Patrulla-X irrumpían a mitad de la historia para revelar que el tal Geldoff era mutante y llevárselo, junto a Spidey, a la mansión del Profesor Xavier. Fue entonces cuando Kitty conoció a Spidey y le confesaba su admiración. A lo largo de la historia, se establecía una química muy especial entre ellos, además de que toda La Patrulla-X descubría la identidad secreta de Spidey. El segundo momento a examinar con lupa llegó a continuación de la muerte de Gwen, en la breve aventura en la que Peter y Lobezno intercambiaron sus mentes (2004. Coleccionable Ultimate nº 32. Ultimate Spiderman nº 14: Superestrellas). ¿Adivinas con qué alumno de la escuela hablaría Peter para comentarle su pequeño problema? Exacto: con Kitty.

 

Cuando finalmente estuvieron juntos, Bendis quiso que el noviazgo fuera distinto a cualquier otro que hubiera tenido el protagonista, ya fuera en esta encarnación o en la clásica. Mark Bagley diseñó un nuevo traje con máscara para que Kitty pudiera formar equipo con Spiderman sin que nadie la relacionara con la chica con la que acababa de empezar a salir Peter Parker, aunque luego se lamentaría de que apenas tuviera ocasión de dibujarlo en unas pocas viñetas… Porque la trama irían por los vericuetos inesperados. A Bendis le gustaba especialmente sacar al héroe de su entorno y llevarlo hasta escenarios que Bagley no hubiera tenido oportunidad de dibujar antes, que no todo fueran tejados de Nueva York, institutos de secundaria y almacenes abandonados. La acción se trasladaría hasta Krakoa, una jungla a la que un villano habría llevado tanto a Spidey como a La Patrulla-X, para que sirvieran de concursantes involuntarios en un reto de supervivencia al estilo del filme japonés Battle Royale (2000). Bendis estaba aprovechando una idea que había tenido el entonces guionista de Ultimate X-Men, Brian K. Vaughn, pero el villano culpable de todo sí que constituía una nueva incorporación al Universo Ultimate, puesto que era la versión definitiva de Masacre… Si bien es cierto que pocos elementos del Mercenario Bocazas original pervivirían en su puesta al día.

 

La aventura se alzó como una alucinante manera de mostrar a la nueva pareja de moda en Marvel… Y también para que los lectores especularan acerca de ese tal Miles Warren con quien la tía May había tenido una cita mientras tanto, lo que desató las especulaciones entre los lectores. A continuación, vendrían dos pequeñas historias más a través de las que Bendis volvería a cambiar radicalmente el tono de la serie: la primera, con el nacimiento de la versión Ultimate de Morbius, el vampiro con explicación científica al que había recurrido Roy Thomas a comienzos de los setenta, antes de que la censura de los cómics se relajara lo suficiente como para mostrar chupasangres sobrenaturales como es debido. Se trataba de recuperar un viejo hilo argumental perdido desde años atrás, cuando Spiderman se encontrara con Blade. Bagley actualizó la escena que hubiera dibujado Dan Brereton en el Ultimate Spider-Man Super Special (2002. Coleccionable Ultimate nº 14. Ultimate Spiderman nº 7: Escrutinio público), con resultados aterradores. Ambos autores se quedaron con ganas de hacer otras historias con Morbius y Blade, pero lo cierto que tal oportunidad nunca se plantearía de nuevo. La segunda historia también cerraba cabos pendientes, en este caso alrededor de Kingpin y la Jean DeWolfe. Estábamos ya en el segundo Annual de la serie, de nuevo dibujado por Mark Brooks. ¿Por qué dos relatos tan breves, uno a continuación de otro? La respuesta es muy sencilla: Bendis y Bagley se preparaban para la más ambiciosa epopeya jamás vivida por el joven trepamuros: la que vendría a continuación y que pondría su mundo patas arriba. Los clones se preparaban para irrumpir en el Universo Ultimate…

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 18

SPIDERMEN II 5: EL REGALO DE DESPEDIDA DE BENDIS QUE NADIE ESPERABA

Pero, pero, pero… ¿qué ha pasado? Sí, antes de arrojar el micrófono, Brian Michael Bendis nos deja un regalo: la recuperación del Ultimate Spiderman original y del Universo Ultimate, que fundara y ayudara a construir. Estamos flipándolo tanto como tú, Verdadero Creyente.

 

ANTECEDENTE 1: EL REGRESO DE PETER Todos recordamos que el Peter Parker del Universo Ultimate murió heroicamente en lucha contra El Duende Verde, sacrificio que inspiró a Miles Morales… pero quizás se recuerde mucho menos que ese mismo Peter Parker volvió a la vida tiempo después, en Ultimate Spider-Man #200 USA (2014). Allí veníamos a descubrir que, tras morir, Peter había despertado, de nuevo en forma. Alguien había sacado su cuerpo de la tumba y lo había dejado en la mesa de un laboratorio abandonado. Se podía concluir que la picadura de la araña había proporcionado a Peter habilidades regenerativas, algo similar a lo que ocurría con Norman Osborn, quien también había despertado: héroe y antagonista parecían virtualmente inmortales y condenados a seguir luchando entre ellos para siempre. Al final del cómic, Peter y Mary Jane se marchaban para iniciar una nueva etapa.

 

EL REGRESO DE PETER

La resurrección del trepamuros definitivo

 

ANTECEDENTE 2: EL FIN Las incursiones, el fenómeno que acabó con el Multiverso Marvel tal y como lo conocíamos hasta hace tres años, irrumpieron en la Tierra-1610 en Miles Morales: Ultimate Spider-Man #12 USA (2015). En este punto de la historia, las anteriores incursiones que habían tenido lugar dejaban únicamente dos tierras: ésta y la Tierra-616, el Universo Marvel convencional. A continuación, en Secret Wars nº 1, asistimos al proceso de esta incursión final, dando lugar a la destrucción de ambas realidades. Todo parecía perdido, pero Mundo de Batalla ocupó el hueco: un nuevo planeta compuesto por fragmentos de algunos de los mundos desaparecidos. Así descubrimos que la mitad de Manhattan conservaba partes de la Tierra-616… y la otra mitad partes de la Tierra-1610. Y a esta última estuvo dedicada la miniserie Ultimate End. En ella, podíamos ver de nuevo a personajes como el Capitán América Ultimate, que murió en el curso de “Cataclismo”. Hay que tener en cuenta que ésta era una realidad reconstruida por el Doctor Muerte, y no necesariamente igual a la que existía antes de la última Incursión. Al final de la miniserie, todos los héroes de ambas realidades se unían en la batalla contra Muerte, tenía lugar la destrucción de Mundo de Batalla y Miles y los suyos amanecían en la ahora conocida como Tierra Primordial.

 

LA INCURSIÓN FINAL

La despedida del Universo Ultimate

 

ANTECEDENTE 3: LA RECONSTRUCCIÓN En las últimas páginas de Secret Wars nº 9, Mister Fantástico, La Mujer Invisible y los chicos de la Fundación Futuro comenzaban la reconstrucción del Multiverso, con Franklin Richards creando los nuevos mundos. Detalle extraordinariamente importante, porque en el tiempo que ha transcurrido desde entonces, Franklin podría haber devuelto la vida al Universo Ultimate, o al menos a una versión optimizada del mismo: la que encontramos en este cómic. “En Spidermen II nº 5 encontramos una de las cosas que más me han pedido en Internet”, declaraba Bendis a Dominic Griffin, de Marvel.com. “No sabía, cuando lo estaba escribiendo, que sería una de mis últimas historias de Spidey. Pero estoy feliz, porque mis instintos me llevaron a hacer algo tan atrevido y porque incluí a mi querido amigo Mark Bagley en el proceso. Es un maravilloso momento culminante para mi etapa de 18 años con el trepamuros”.

 

Spot On originalmente aparecido en Spidermen II nº 5

MARTA PLATEADA EN EL UNIVERSO ULTIMATE: LA EXTRAÑA ITINERANCIA DE UNA ANTI-HEROINA

El cómic siempre se ha dejado influir por las versiones que de sus iconos pudieran aportar otros medios. Los ejemplos más significativos podemos encontrarlos en la Distinguida Competencia. Así, la Kriptonita apareció primero en el serial radiofónico de Superman antes de saltar a las viñetas, y lo mismo ocurrió con Harley Quinn, en la excepcional serie animada de Batman que orquestara Bruce Timm. Marvel ofrece ejemplos similares en cuanto a la relación con sus adaptaciones audiovisuales. Como muestra, el caso que nos ocupa, aunque lo cierto es que con Marta Plateada nos encontramos ante un cúmulo de circunstancias extraordinarias, que lo hacen especialmente significativo y anecdótico.

 

Todo empezó donde menos podría imaginar nadie: en las tarjetas coleccionables de animales exóticos que se popularizaron durante los años setenta y ochenta y que se vendían por correspondencia junto con sus archivadores. Cada tarjeta mostraba por un lado una foto del animal en cuestión, junto a un mapa mundial que situaba su región de procedencia y algunos símbolos que informaban sobre ciertas características, mientras que por el otro lado había un largo texto divulgativo con todo lo que un chaval quisiera conocer sobre la bestia. Tom DeFalco, quien escribía The Amazing Spider-Man a mediados de los ochenta, invirtió los quince centavos más rentables de su vida en comprar un paquete de esas tarjetas, que vio anunciado en las teletiendas de madrugada. Un día, las llevó a Marvel y se las enseñó a Ron Frenz, el dibujante de la serie arácnida. De aquella reunión, salieron nada menos que tres personajes, que debutarían a lo largo del siguiente año en las aventuras de Spidey. Zorro Negro y Puma estaban además influidos por villanos clásicos, de la época dorada de Stan Lee y Steve Ditko, pero Marta Plateada era algo completamente nuevo, que no respondía a ningún planteamiento previo. De los tres, fue la que más fortuna comercial encontró. La implacable soldado de fortuna procedente del pequeño país europeo de Symkaria podía figurar tanto como enemiga de Spiderman, cuando éste interfiriera en sus asuntos, o como aliada, en tanto que ella contratara al lanzarredes para alguna peligrosa misión. Con el paso del tiempo, se fue demostrando como un personaje positivo, que se movía por un código de honor, más allá del interés por el dinero. Marta Plateada se hizo habitual de las aventuras arácnidas, lo que le llevaría a disfrutar de una colección propia, de la que se publicaron nada menos que 35 entregas, y también aparecería en la serie animada de Spiderman en los años noventa, lo que posibilitó que fuera conocida más allá de los cómics. Con el fin de esa década, iría declinando su fama, hasta casi perderse de vista. Es aquí cuando entró en acción Brian Michael Bendis.

 

El guionista de Ultimate Spider-Man fue requerido por Sony Pictures Television para producir una nueva serie de televisión basada en el héroe de las telarañas y que sería emitida por el canal juvenil MTV. La particularidad de este producto es que estaría animado por ordenador, con la técnica de cel-shading, que permitía darle un aspecto de cómic en movimiento, en una época, mediados de 2003, en que tal cosa no solía ser habitual. La trama cubriría el hueco entre la entonces recién estrenada Spider-Man y la inmediata Spider-Man 2, que llegaría un año más tarde, y aunque Bendis partía de un statu quo que era el de la película de Sam Raimi, lo cierto es que ésta coincidía bastante con Ultimate Spider-Man, de tal forma que Spider-Man: The New Animated Series tendría muchísimas semejanzas con el trepamuros definitivo: en el estilo narrativo, en la característica marca de Bendis y en el diseño de algunos personajes. La aparición de Marta Plateada tenía lugar en el tercer episodio, titulado “Spider-Man Dis-Sabled”, un intraducible juego de palabras que hacía alusión al nombre, en inglés, de Marta. Ésta se presentaba como una asesina a sueldo que sometía a Peter a una implacable persecución, de cara a recuperar unas fotos que la incriminaban.

 

Bendis volvería sobre el personaje, esta vez para integrarla en el entorno de Ultimate Spiderman, pero no sería en el cómic, sino dentro del excelente videojuego del mismo nombre, que escribió junto a Brian Reed, vio la luz en el otoño de 2005 y se integraba dentro de la continuidad de la serie mensual… De hecho, dentro de unos cuantos tomos volveremos sobre este tema para tratarlo en profundidad. El segundo acercamiento del guionista de Cleveland a la mercenaria de cabello plateado se aproximaba mucho más al personaje del Universo Marvel convencional, con un diseño prácticamente calcado del que hiciera en su momento Ron Frenz. La saga sería además generosa en la aparición de villanos, no todos ellos de extracción arácnida: la Brigada de la Demolición, Rojo Omega (de quien Bendis esperaba sacar mucho más partido del que finalmente consiguió extraer) y El Buitre. Este destacó como uno de los pocos villanos de la época Lee/Ditko que faltaban por verse en Ultimate Spider-Man, de manera que su irrupción sería acogida por los aficionados como una vieja asignatura por fin aprobada, en un arco que por lo demás suponía un buen punto de partida para subirse a la serie.

 

El motivo había que buscarlo en la historia que se situaba inmediatamente antes y con la que se abre este tomo: el Ultimate Spider-Man Annual #1 USA. Sí, es cierto que ya se había publicado un cómic al margen de la numeración, denominado Ultimate Spider-Man Super Special (Ultimate Spiderman nº 7: Escrutinio público), pero éste había funcionado más como epílogo de Ultimate Marvel Team-Up que con el valor de excepcionalidad de los Annuals clásicos, que era lo que Bendis quería recuperar para la ocasión. Y es que, en sus páginas, Peter Parker se echaría una nueva novia. La identidad de la chica sería motivo de intriga entre los lectores, que se encontrarían con una sorpresa mayúscula al descubrir su rostro, a la altura de la expectación creada. Bendis se salía por la tangente como nadie había imaginado, y aunque él esperaba que esta relación amorosa dividiría a la audiencia, no fue así: la mayor parte de los aficionados saludaría con entusiasmo una decisión que se venía preparando desde meses antes, como resultado lógico de la muerte de Gwen y la ruptura con Mary Jane.

 

Mark Bagley hubiera dibujado el Annual, y de hecho así se le ofreció, pero para su disgusto no podría encajarlo en agenda. Al ser un número fuera de colección, mantenía intacto el objetivo de no faltar nunca a su cita con los lectores, toda vez que quedaría muy satisfecho con el trabajo que hizo en su lugar Mark Brooks, y así lo manifestaría en público. La llegada de esta novia de Peter Parker marcaría un giro interesante en la trayectoria del joven trepamuros, con un puñado de posibilidades a explorar en el futuro inmediato.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 17

GUERRA DE BANDAS EN ULTIMATE SPIDERMAN: EL NACIMIENTO DE LOS GUERREROS

Sorprende que cinco años después del comienzo de Ultimate Spiderman, Brian Michael Bendis y Mark Bagley no hubieran tocado todavía uno de los tópicos que han sido abordados con mayor insistencia en la colección clásica del trepamuros, el de la Guerra de Bandas. Desde Stan Lee y Steve Ditko en los años sesenta a Tom DeFalco y Ron Frenz en los ochenta, el conflicto entre las diversas facciones de los bajos fondos de Nueva York, con Spiderman por en medio, ha sido ese tipo de aventura de la que todo equipo creativo acaba dando su versión, y el del trepamuros definitivo no iba a ser menos.

 

Si repasamos algunos de esos conflictos intestinos entre los criminales de la Gran Manzana, nos encontramos con un denominador común: la complejidad. El choque de fuerzas criminales suele producirse entre personajes que se han presentado cuidadosamente durante largo tiempo y cuya rivalidad encuentra un foco de fricción o se va calentando a fuego lento hasta que finalmente estalla. En muchas ocasiones, no basta con un único superhéroe, como el Hombre Araña, para hacer frente al conflicto, de tal manera que se suelen implicar otros colegas de correrías, como Daredevil o El Castigador. Son aventuras difíciles de escribir y difíciles de dibujar, por el elevado número de participantes que requieren y la complejidad que llegan a adquirir. Son también un disfrute tanto para quienes las hacen como para quienes las leen, puesto que al ser el resultado de muchas tramas preexistentes se perciben como la culminación de todas ellas.

 

Decía Peter Clemenza en El Padrino que las batallas entre las diversas familias mafiosas ocurren cada cinco o diez años y sirven para dar rienda suelta a la mala sangre acumulada durante todo ese tiempo. Que lo mejor es detenerlas cuando están comenzando, igual que deberían haber detenido a Hitler en Munich en lugar de permitirle que fuera más allá. La definición se adapta al reflejo que han tenido estos conflictos en los cómics de Spiderman y el propio Bendis la abraza a la hora de orquestar su propia guerra de bandas, que funciona como catarsis de la tupida red de personajes que venía estableciendo, de manera natural y por lo tanto sin que nadie se diera apenas cuenta, durante los años pasados en Ultimate Spider-Man.

 

Para el escritor, ésta era una de las aventuras en la que se sentía más implicado a la hora de escribirla, debido a todo el tiempo que llevaba planificándola y a que llegaría a incluir en el argumento algunas vivencias propias o de algunos de sus amigos, no siempre de carácter dramático. La escena del ascensor entre Spidey y Elektra, en especial la frase que ella le dice, ocurrió realmente, en un campamento de verano, cuando el escritor apenas era un adolescente. Confiesa el escritor que la saga aquí contenida es una de sus favoritos, y que podría haberla extendido hasta los cuarenta episodios si hubiera sido necesario. También que disfrutó como nunca con las grandes escenas de lucha dibujadas por Mark Bagley en esas páginas dobles que tan espectaculares le quedan. Para Bendis, son inspiración directa de las películas de Jackie Chan.

 

La cantidad de personajes que aparecen quizás sea la mayor que se haya utilizado jamás en ningún otro arco argumental de la serie. En la cabeza de todos está, claro, Kingpin, el segundo gran villano al que se enfrentara el joven Peter Parker, que le propinó entonces la mayor derrota de su vida (en Ultimate Spiderman: Curva de aprendizaje). Kingpin fue mostrado ante todos como un cruel asesino, tuvo que abandonar durante meses el país, y sólo consiguió regresar después de haber destinado cantidades ingentes de dinero para comprar voluntades, en un gesto con el que Bendis certificaba que, por mucho que el héroe demuestre la maldad de su enemigo, éste siempre podrá escapar de la justicia gracias a un sistema corrupto. Es aquí donde la referencia no es precisamente películas ligeras de una estrella oriental, sino sus historias más oscuras y realistas, como Torso o Jinx.

 

Lo que precipita los acontecimientos es la irrupción de un nuevo gallo en el gallinero, de Cabeza de Martillo, versión Ultimate de uno de los villanos clásicos de Spidey que fuera creado por Gerry Conway y John Romita en The Amazing Spider-Man #113 USA (1972), tomando como referencia el tipo de gangsters deformados que podían verse en las tiras de prensa de Dick Tracy, aunque Romita le diera un rostro y una manera de vestir que parecían calcadas de Edward G. Robinson en sus más memorables interpretaciones de mafioso. El personaje ya había aparecido dentro del Universo Definitivo en Ultimate X-Men: Gira mundial, como malo de la historia de debut de Gambito y que terminaba con la aparente muerte de Cabeza de Martillo. Aquí regresa por la puerta grande, acabando con la vida de otro de los mafiosos recurrentes de la Franquicia Arácnida, lo que provocará que Kingpin reclame los servicios de Elektra, a la que Bendis recupera para situarla en su papel clásico de asesina de alquiler. En lo que a ella se refiere, aquí se completa el viaje a la oscuridad que comenzara en Ultimate Daredevil y Elektra, mientras que el de la Capitana Jean DeWolfe y su amistad con nuestro héroe, no por trama secundaria menos relevante en el puzle que construye Bendis, queda pendiente de seguir narrándose en futuras sagas.

 

Alrededor de la lucha entre Kingpin y Cabeza de Martillo surgen héroes que entran en conflicto o acaban colaborando con Spidey. Son los “guerreros” del título. Algunos ya habían pasado por estas páginas (Shang Chi), mientras que otros todavía tenían pendiente hacerlo (El Caballero Luna y Puño de Hierro), pero ninguno adquiere mayor importancia que La Gata Negra, a la que conocíamos desde Ultimate Spiderman: Gatas y reyes. El guionista resuelve la tensión sexual no resuelta entre ella y el lanzarredes, que se mantiene durante buena parte del tomo y desemboca en una escena deliciosa e hilarante a partes iguales que, según confesión de Mark Bagley, es su favorita de estos números. Este detalle se queda en anécdota, puesto que el drama de la ladrona se va adueñando de la historia hasta hacerla suya. Al igual que ocurría en las guerras de bandas del trepamuros clásico, aquí Spiderman juega desde la retaguardia: nada o casi nada cambia para Peter Parker, mientras todo se altera para quienes le acompañan, a veces con dramáticas consecuencias.

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 16

EL HIJO DEL DUENDE: CUANDO HARRY CONTINUÓ LA SAGA EN ULTIMATE SPIDERMAN

La figura de Harry Osborn siempre ha tenido un complejo engarce en los mitos de Spiderman, a causa de las muchas vueltas que ha dado este personaje y el terrible peso que recae sobre sus hombros. Ya sea en los cómics clásicos, en los dibujos animados de televisión o en las películas de la pantalla grande, todo empieza igual: Harry es el mejor amigo de Peter Parker, una de las pocas personas que le respeta y acepta como es, pese a que pertenezcan a estratos sociales diferentes… o tal vez por eso mismo. Pero enseguida se descubre que Harry es también el hijo del peor enemigo de Spiderman. ¡Harry Osborn es el hijo del Duende Verde!

 

En la vida, y en el cómic, es necesario dejarse sorprender, y eso es lo que le pasó a Peter, pero también a sus autores, con Harry Osborn. El debut de este personaje secundario se produjo en The Amazing Spider-Man #31 USA (1965), con Stan Lee a los guiones y todavía con Steve Ditko a los dibujos. Peter Parker acababa de pasar del instituto a la universidad y los autores estaban tratando de repetir los esquemas que tan buenos resultados les procuraran en la etapa anterior. Se trataba de cumplir con la máxima de Stan Lee de “la ilusión del cambio”: que se dieran alteraciones que a los ojos de los lectores parecieran revolucionarias, pero que a fin de cuentas se mantuviera intacta la esencia del concepto original. De esta manera, Harry no sería más que el repuesto para Flash Thompson, el tipo que se había dedicado a hacer la vida imposible de Peter durante la adolescencia, mientras que Gwen Stacy haría las veces de Liz Allan, la chica que se sentía atraída por Peter pero era demasiado orgullosa para confesarlo.

 

Quizás los derroteros de la serie hubieran ido en esa dirección prefijada, y de hecho las primeras apariciones de estos dos personajes así lo hacían entrever: Peter y Harry tuvieron encontronazos desde el primer momento en que se cruzaron el uno con el otro, y otro tanto sucedía con Gwen, pero lo imprevisto llegó entonces. Steve Ditko decidió dejar Spiderman, y lo hizo por una disputa alrededor de la identidad del Duende Verde. Mientras que Stan Lee estaba convencido de que debía ser alguien perteneciente al elenco de secundarios, Ditko consideraba que tal opción rompía la credibilidad de la serie. Ante la imposibilidad de convencer de lo contrario al que también era Director Editorial de Marvel, optó por marcharse.

 

La solución al misterio alrededor del Duende Verde marcaría un antes y un después en la historia del Hombre Araña. Se entraba en un periodo en el que sus aventuras contarían con cierto tono culebronesco, por el cual se entremezclarían sin pudor alguno la vida privada de Peter Parker y su actividad superheroica como Spiderman, como si Nueva York fuera un lugar pequeño, en el que todo el mundo se conociera y en el que todo el mundo que peleaba con el trepamuros era también amigo, familia, compañero de trabajo o mero conocido del muchacho bajo la máscara. Esta circunstancia coincidiría con la entrada en la serie de John Romita, un artista prodigioso, que además de dotar a las andanzas de Spiderman de una espectacularidad nunca antes vista concedió al mundo de Peter Parker un romanticismo que tampoco había tenido hasta entonces. Mientras que el protagonista adoptaba la fisionomía de un joven atractivo, las chicas que formaban parte de su vida se revestían de belleza sin parangón. Gwen, la mujer fatal que dibujara Ditko, pasó a ser una jovencita tierna e incapaz de romper un plato (la novia perfecta), al tiempo que descubríamos el rostro, el encanto y la alegría de Mary Jane, la despreocupada vecina de al lado, que irrumpía en la vida de Peter Parker para introducir un elemento de adorable imprevisibilidad. Ambas formarían parte de la pandilla de Pete, en la que también se integraría Flash, de vuelta a la serie, y Harry, ahora convertido en el mejor amigo de Peter.

 

¿Qué es lo que les había unido? El sentimiento de soledad. En The Amazing Spider-Man #39 USA (1966. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman: Días de gloria). Harry confesaba a Peter que su madre había muerto cuando era un niño y que su padre, el acaudalado Norman Osborn, no le prestaba demasiada atención. Peter había perdido a sus padres, y también a la figura paterna de tío Ben, por lo que se producía la identificación de Harry como alma gemela. Por supuesto, Stan Lee ya lo tenía todo pensado, de manera que, en ese mismo número, el Duende Verde descubría la identidad secreta de Spiderman, y a su vez éste se desvelaba como Norman, el padre de Harry. En la pelea posterior, un accidente fortuito servía para que el villano perdiera la memoria, pero desde ese preciso momento, su destino, el de Harry y el de Peter quedaron unidos y sellados para siempre.

 

Harry siguió presente en la serie durante los años posteriores, llegando a convertirse en el compañero de piso de Peter y en el novio ocasional de Mary Jane, pero su creciente inestabilidad le arrastraría a las drogas. Después de que Norman, como Duende Verde, asesinara a Gwen y muriera como consecuencia de ello, Harry averiguaba la verdad y la interpretaría a su manera, para convertirse en el segundo Duende Verde, ya en los años setenta. Como luego sostendría el guionista Roger Stern, no era en realidad un villano, sino alguien pretendiendo serlo: pronto daría con sus huesos en un psiquiátrico, del que saldría en apariencia restablecido y para formar una nueva vida junto a Liz Allan, la que pronto sería su esposa. En años posteriores, Harry sufriría diversas recaídas y recuperaciones, e incluso estaría dado por muerto durante largo tiempo. Fue Stern quien, en los años ochenta, recogería la herencia dejada por el Duende Verde en un nuevo criminal, llamado simplemente el Duende, que daba con una guarida de Norman y aprovechaba su equipo (The Amazing Spider-Man #238 USA, 1983. Marvel Héroes. El Asombroso Spiderman de Roger Stern y John Romita Jr.). El traje de batalla sería similar al del Duende Verde original, aunque entre los cambios más destacables estuvo la elección del dorado como color básico.

 

Para Ultimate Spiderman, Brian Michael Bendis cogió la esencia de Harry Osborn: el niño rico amigo de Peter que resultaba ser hijo del Duende Verde. En el curso de esta serie, hemos visto como le manipulaba éste y le sometía a diversos tratamientos de cara a borrar el recuerdo de su identidad… Y también le hemos visto revelarse contra el Duende Verde, pasar a custodia de SHIELD y prometer que, algún día, mataría a Peter, al que culpa de todas las desgracias de su vida.

 

Este volumen retoma el complejo personaje de Harry y en él Bendis juega con las diversas maneras en las que, en la versión clásica de Spiderman, se dio continuidad a la figura del Duende Verde. El guionista conjura de nuevo y de manera consciente, un arco argumental de tono oscuro, acercándose de hecho al género terrorífico y al thriller. A su vez, aborda una cuestión que está sobre la mesa desde que Norman tratara de asesinar a Mary Jane: ¿Puede Peter mantenerla en su vida y protegerla?

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 15 

INTERCAMBIO DE MENTES: EL TEMOR AL SALTO DEL TIBURÓN DE ULTIMATE SPIDER-MAN

La muerte de Gwen Stacy, ocurrida en Ultimate Spiderman: Matanza, sumergió la serie en una oscuridad que ya venía creciendo desde varias aventuras atrás, con la aparición de Veneno y la ruptura temporal entre Peter y Mary Jane. Las aventuras de Spiderman siempre han sido característicamente agridulces, por lo que una excesiva carga negativa podía alejar demasiado al personaje de su espíritu fundacional. Brian Michael Bendis necesitaba romper la inercia en la que parecía haber caído su encarnación del Hombre Araña y para hacerlo optó por una idea que había tenido su editor Nick Lowe y que le pareció fundamentalmente estúpida. Al menos la primera vez que la escuchó.

 

¿Has visto cualquiera de esas películas en que un adulto se mete en la cabeza de un niño y viceversa? Causaron sensación en los años ochenta, hasta casi convertirse en un género en sí mismas. Todo empezó con De tal astilla, tal palo (1987), con la entonces estrella adolescente Kirk Cameron en el papel de un chaval que intercambiaba el cuerpo con su padre, encarnado por Dudley Moore. El filme estaba ligeramente inspirado por Viernes loco (1975), largometraje en el que también se producía un embrollo similar, aunque en este caso era con madre e hija. Fue precisamente esta última película la que usó Nick Lowe, el coordinador de la edición americana de Ultimate Spiderman, para comentarle a Brian Michael Bendis que, de cara a dejar atrás la tristeza imperante tras la muerte de Gwen, no estaría mal hacer algo similar entre el trepamuros… y Lobezno. El guionista, al que nunca antes le había propuesto una trama ningún editor, tuvo palabras amables con Nick, de quien estaba convencido que algún día llegaría incluso a ocupar el puesto de Joe Quesada… Pero la idea le parecía horrible.

 

Solo que en aquel entonces, una de sus hijas pasaba por el periodo que suelen atravesar en algún momento todos los niños, cuando se obsesionan por alguna película y no dejan de verla una vez tras otra. Lo más divertido es que la cinta que tanto le gustaba a la pequeña no era otra que Viernes loco. La ponía constantemente, y en muchas ocasiones estaba su padre junto a él. Tras repasar el filme hasta la extenuación, Bendis tuvo que dar su brazo a torcer y reconocer que la ocurrencia de Lowe no era tan mala, después de todo, y que incluso podría dar para unas cuantas situaciones bastante alocadas y divertidas. Sería la manera adecuada de poner de nuevo el tren sobre los raíles.

 

Los lectores necesitaban y anhelaban un giro inmediato. La muerte de Gwen, que había cogido con la guardia baja, les disgustó tanto que muchos no dudaron en enviar sus quejas a la editorial, tal y como había ocurrido con la historia clásica en que el Duende Verde asesinaba a la entonces novia de Peter Parker. Al contrario que lo sucedido en el cómic que escribiera Gerry Conway y dibujara Gil Kane en 1973, la tragedia carecía de cualquier rasgo de épica o de cualquier posibilidad de desquite. A la Gwen original la asesinaba el Duende Verde, que quería así dañar al trepamuros, y tenía como consecuencia, en último término, el fallecimiento de éste. La historia, por triste y difícil de aceptar que fuera, se orquestaba como una fábula moral. La muerte de la Gwen de Ultimate Spiderman, en cambio, tenía una aleatoriedad total que la hacía mucho más cruda. Gwen había encontrado la parca porque estaba en el lugar y en el momento equivocados. Matanza tampoco era un villano convencional que llevara a cabo una acción consciente: tan sólo era una criatura amorfa que deseaba convertirse en humana. Más allá de que el método respondiera a las herramientas del buen escritor naturalista que es, Bendis tenía sus razones para que el fin de Gwen fuera así de cruel y sin sentido. Lo necesitaba para llevar la colección y la vida de Peter por la dirección que se disponía a tomar, pero muchos lectores, sin la visión de conjunto, no quisieron tener en cuenta nada de todo eso. Perdieron parte de la confianza que habían depositado en la que, hasta ese momento, era una serie muy especialmente querida por ellos. Algunos identificaron la muerte de Gwen como “el salto del tiburón”, una expresión propia del medio televisivo que se usa para señalar el momento en que una serie que entusiasma a multitud de seguidores pierde su esencia y comienza su decadencia, en muchos casos hasta finalizar con la cancelación.

 

Como demostraría el paso del tiempo, Ultimate Spiderman no sólo había evitado el salto del tiburón, sino que nunca lo llegaría a conocer. Brian Michael Bendis reivindicaría el producto una y otra vez, de las más imaginativas maneras, y la irreverente aventura de Spidey y Lobezno sería el detonante de uno de esos cambios inesperados. La historia, de apenas dos episodios, no sólo insuflaría nueva vida a la cabecera, sino que sería recibida con alborozo por los aficionados, que no esperaban nada similar. Joe Quesada se acercó para felicitar a Bendis, que no acababa de creerse la reacción, proponiéndole que cada año repitieran la broma, hasta convertirla en una tradición, a lo que el guionista respondió con una sonora negativa: ¡jamás repetiría aquello!

 

Se equivocaba: ocho años después, el relato sería adaptado por el propio Bendis, para materializarse como el décimo episodio en la primera temporada de la teleserie de dibujos animados de Ultimate Spider-Man. Ésta a su vez estaba influida por el tono absurdo y endiablado de aquel intercambio de cuerpos entre Spidey y Lobezno. Apenas fueron dos números, pero quedaron grabados en el recuerdo de los lectores como algo muy especial.

 

En los siguientes episodios, siguiendo con la recepción de invitados especiales, y después de que la saga con Lobezno hubiera dado también pie a la aparición de La Patrulla-X, entraba en juego La Antorcha Humana. En los cómics clásicos, Spidey y el más joven de Los 4 Fantásticos siempre han mantenido una profunda amistad que ha ido creciendo con el paso de las décadas. Bendis trasladaba la relación hasta el Universo Ultimate, pero poniendo el acento en las identidades civiles de los héroes. A renglón seguido, La Antorcha cedería el testigo al Doctor Extraño, otro personaje con fuertes lazos con Spidey no siempre explorados en profundidad. Por debajo de todas esas historias, latía el sentimiento de Peter, Mary Jane y todos los demás secundarios, tratando de superar la pérdida de Gwen, cada uno a su manera. Estaban creciendo y, en palabras de Bendis, comprendiendo que las cosas cada vez serían más duras.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 14

ULTIMATE SPIDER-MAN EN HOLLYWOOD: LA FICCIÓN DENTRO DE LA FICCIÓN

En 2004 tuvieron lugar los XXVIII Juegos Olímpicos, Brasil lanzó su primer cohete al espacio, se estrenó La pasión de Cristo, arrancaron las franquicias de videojuegos Far Cry o Fable, se emitieron los capítulos finales de Friends y Frasier o los iniciales de Lost y Veronica Mars, y en general ocurrieron un montón de cosas, pero ninguna de esas fue tan importante para los Verdaderos Creyentes de Marvel como la llegada a los cines de Spider-Man 2.

 

 

Después de que Sam Raimi consiguiera convertir la primera cinta del trepamuros en la perfecta película de superhéroes, la expectación, dentro y fuera del fandom, estaba en todo lo alto, con los seguidores pendientes de cada noticia, cada imagen y cada rumor sobre el largometraje en que el Hombre Araña se enfrentaría al Doctor Octopus, que además parecía más siniestro y adulto que el Duende Verde plasticoide de la primera parte. ¿Cómo respondería la propia Marvel Comics a un proyecto de semejante envergadura? En la factoría dirigida por Joe Quesada prepararon todo tipo de lanzamientos alrededor tanto del héroe como del villano.

 

De esta forma, se estrenó una nueva serie arácnida dentro de la línea Marvel Knights, con nada menos que Mark Millar y Terry Dodson como autores; Doc Ock volvió a casa en el Spectacular Spider-Man de Paul Jenkins y Humberto Ramos, quien para la ocasión rediseñó el aspecto del personaje para que se pareciera al que tendría en la película, y por si fuera poco se estrenaron hasta un total de tres miniseries dedicadas a la figura del villano y a su particular enconamiento con el Hombre Araña, entre las que destacaría el Año Uno dedicado a exponer su origen, que firmaron Zeb Wells y Kaare Andrews.

 

Todo eso sucedía en el Universo Marvel tradicional, pero el Universo Ultimate no podía permanecer al margen de la fiesta: no en vano era el que se encontraba más cercano a las adaptaciones cinematográficas de La Casa de las Ideas. Había que constatar que, para entonces, Brian Michael Bendis y Mark Bagley no sólo habían realizado, en paralelo con el cine, una revitalización total de los mitos arácnidos, sino que también se habían adelantado a las películas a la hora de imaginar hipotéticas secuelas. Así, la plana mayor de los enemigos ya había pasado por la serie, y eso incluía, claro está, al Doctor Octopus. De hecho, fue el gran enemigo con el que arrancaba el segundo año de la cabecera (Ultimate Spiderman: Problemas por duplicado) y posteriormente formaría equipo con el resto de amenazas arácnidas (Ultimate Spiderman: Los Seis Siniestros). Ya había pasado un tiempo desde todo aquello, y Bendis estimó que la mejor manera de celebrar el debut fílmico del criminal de los brazos metálicos consistía en traerlo de vuelta por la puerta grande. Al igual que ya hubiera hecho Ramos en Spectacular, Bagley buscó una manera de acercar la estética de Octopus a la que luciría Alfred Molina en pantalla, algo que consiguió cambiando la ajustada licra verde habitual por una tétrica gabardina marrón propia de un vagabundo. La trama se construiría a partir del hecho de que Doc Ock conociera la identidad secreta del héroe, lo que le convertía en un peligro todavía mayor si cabe, y de fondo seguirían en marcha las diversas tramas abiertas, como la de Gwen Stacy, instalada en la casa de los Parker.

 

Pero faltaba algo. No bastaba con un nuevo enfrentamiento contra Octopus. Bendis quería darle un toque especial que le relacionara indudablemente con el blockbuster del verano. Y entonces tuvo una genial idea: ¿Qué ocurriría si, dentro del mundo del trepamuros, estuvieran rodando una película con él como protagonista? ¿Cuál sería la reacción de Peter? ¿De qué manera entraría el rodaje en colisión con la batalla entre Spidey y Doc Ock? El enorme peligro que suponía uno de los peores enemigos del joven justiciero contrastaría con el humor que destilaba la situación, dando lugar a una sorprendente combinación.

 

La propuesta respondía a una larga tradición de La Casa de las Ideas, la de la ficción dentro de la ficción. Desde los inicios del Universo Marvel, quedó establecido que estos personajes viven en un mundo donde, a su vez, existen cómics, películas y videojuegos basados en ellos mismos. En The Fantastic Four #5 USA (1962), La Cosa destruía el primer número de The Incredible Hulk que estaba leyendo La Antorcha Humana. Cuatro números más tarde, Namor engañaría a Los 4 Efe, haciéndoles creer que un gran estudio les había contratado para hacer una película. Una vez derrotado, el Hombre Submarino accedería, de hecho, a la realización del filme, que se convertía en todo un éxito. La gran sorpresa tendría lugar en el siguiente episodio, cuando nada menos que los propios Stan Lee y Jack Kirby aparecerían como invitados, dando a entender que Marvel existe como editorial dentro del Universo Marvel y que los diferentes héroes dan permiso para que publique sus cómics oficiales. A lo largo de las décadas y siguiendo este patrón, varios personajes han visitado, dentro de las viñetas, las oficinas de la compañía. El extremo de este diálogo del medio consigo mismo llegaría en el año 2000, cuando la editorial puso a la venta seis lanzamientos, bajo el sello Marvels Comics Group, que no eran sino ejemplos de los tebeos que se producían dentro del cosmos de ficción. La iniciativa se completó incluso con una historia imaginaria de la editorial.

 

El lanzarredes, como casi cualquier otro, tampoco ha escapado a la tendencia. Ya en The Amazing Spider-Man #14 USA (1964) era sometido por el Duende Verde a un engaño similar al que padecieran Los 4 Efe a manos de Namor: un avispado productor ofrecía a Spidey un contrato millonario para protagonizar una película en que se narraría su propia saga. No contento con caer en esta trampa, el Hombre Araña repetiría el mismo error en The Amazing Spider-Man Annual #4 USA (1967), en el que viajaba a Hollywood para rodar junto a La Antorcha Humana en lo que finalmente se revelaba como una maquinación de Mysterio y del Mago.

 

Quizás Bendis estuviera al tanto de esta última anécdota, porque en el curso de la aventura en la que el Spiderman definitivo contempla cómo se rodaba un largometraje basado en él mismo, puede verse en una de las viñetas a un actor disfrazado como Mysterio, personaje que por otra parte tardaría mucho tiempo en aparecer en el Universo Ultimate. Pero este detalle resulta apenas secundario frente a la presencia continuada en la historia del propio Sam Raimi, director de la auténtica Franquicia Arácnida, de Avi Arad, el productor ejecutivo de Marvel Studios, o de Tobey Maguire, el actor que encarnaba a Spidey, aunque, quizás por problemas contractuales, su rostro dibujado por Mark Bagley es el que menos recuerda al real. No debe pasar inadvertida para el lector la mirada escéptica que Bendis lanza al mundo del Noveno Arte, siguiendo las líneas establecidas en su obra independiente Fortune And Glory, acerca de un guionista de cómics que trata de irrumpir en Hollywood. Hay una acidez nada disimulada en ese Peter Parker que se juega la vida a diario pero no va a ver ni un dólar de una superproducción sobre Spiderman que va a recaudar millones. Paradójicamente, al cabo de los años Bendis formaría parte del consejo que asesora a los directores de las películas de Marvel Studios.

 

El cine nos vuelve locos a todos y estamos deseando ver esas películas, nos viene a recordar el guionista de Cleveland. ¿Cómo no va a ser así? ¿Cómo no sentir un escalofrío cuando ves a un Spiderman, de carne, hueso y efecto digital, balancearse por Nueva York? Pero esos blockbusters que arrasan en taquilla nunca existirían sin la versión original, sin el Hombre Araña que nos fascinó, antes que en ningún sitio, en las modestas viñetas de un cómic.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 12

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