SPIDER-MAN BACK IN BLACK: NEGRO COMO LA NOCHE, NEGRO COMO EL CARBÓN

Durante más de dos décadas, Spiderman vistió de rojo y azul. Su uniforme era tan icónico como el de otros grandes personajes del cómic universal, desde Superman hasta Asterix, desde el Fantasma Enmascarado al Capitán América. Pero nada dura para siempre, y en 1984 Marvel se atrevió a alterar radicalmente la vestimenta del trepamuros. El traje negro supuso una revolución estética que, contra todo pronóstico, agradó a la mayoría de lectores. Y aunque el personaje no tardó en volver a los orígenes, a partir de entonces se hizo cada vez más habitual que renovara su fondo de armario, con toda clase de variantes, que iban de lo absurdo a lo genial. En 2007, coincidiendo con la aparición del traje negro en Spider-Man 3, el trepamuros volvió también a vestirlo en los cómics… y tenía importantes razones para hacerlo.

 

“Civil War” había acabado de la peor manera posible para el Hombre Araña, con Tía May como víctima involuntaria de las decisiones que había tomado su sobrino en el curso de la Guerra Civil Superheroica. Fue él quien, siguiendo el consejo y los ruegos de Tony Stark, reveló su identidad secreta en público y se convirtió en la cara amable del registro. Fue él quien, después de comprender lo errado de su comportamiento, adjuró del mismo ante las cámaras de televisión y se pasó al bando a favor de las libertades, encabezado por el Capitán América. Ese bando había perdido, y sus cabecillas sufrirían las consecuencias.

 

El Universo Marvel se teñía de pesimismo y división tras “Civil War”, a imagen de lo que estaba ocurriendo en Estados Unidos como consecuencia de las políticas llevadas a cabo por el presidente George W. Bush. El Capitán América fue asesinado en las escaleras del tribunal que iba a juzgarlo por delitos de traición, lo que supondría el inicio de uno de los más celebrados arcos argumentales que hubiera conocido jamás la colección del Centinela de la Libertad. En cuanto a Spidey, en La Casa de las Ideas tenían unos planes muy definidos acerca de su futuro, siguiendo los dictados del Director Editorial, Joe Quesada. Éste llevaba un tiempo acariciando la idea de romper el statu quo del trepamuros como no había ocurrido en veinte años, mediante el regreso de su soltería. Era una vieja aspiración de muchos de los autores que habían pasado por la Franquicia Arácnida desde que se consumó el matrimonio con Mary Jane, ya que estimaban que con él se perdían una parte sustancial de las señas de identidad del personaje. Quesada no era el único a favor de borrar todo rastro de aquella unión, pero sí el más significativo y visible de los partidarios. Joe Michael Straczynski había compartido su intención de abandonar la serie principal del héroe, así que el otro Joe estimó que aquél sería el momento adecuado para acometer la operación.

 

Pero esa historia tendría todavía que esperar unos meses, porque en el camino apareció el siguiente blockbuster cinematográfico de Marvel. Spider-Man 3, cuyo estreno estaba programado en Estados Unidos para el 4 de mayo de 2007, venía a plantear el célebre arco argumental del traje negro. Aquella aventura se remontaba a los años ochenta, cuando un lector consiguió vender a la editorial la idea de que Spidey adoptara una nueva vestimenta. Después de un cúmulo de circunstancias que alteraron el plan inicial, el traje negro debutó con motivo de “Secret Wars”, la gran aventura que en 1984 reunió a los mayores héroes de la factoría, y supuso un inesperado éxito. Luego salió a la luz que el traje era, en realidad, un simbionte alienígena que trataba de asimilar a Peter Parker, pero gustaba tanto que los autores recurrieron a la tela convencional para seguir vistiéndolo de negro. El traje sólo fue abandonado después de que el simbionte diera lugar a Veneno, el nuevo y amenazante villano que irrumpió algunos años después. Desde entonces, Peter Parker lo había vuelto a vestir en contadísimas ocasiones, pero la película lo había puesto de nuevo de moda. Los cómics tenían que reflejar eso de alguna manera, y en la Oficina Arácnida decidieron que la mejor forma de hacerlo era montar un “landscape” que durase unos pocos meses y posibilitara aquella mimetización con el filme.

 

En la planificación de Joe Michael Straczynski no había nada en ese sentido. Su objetivo consistía en saltar a su historia de despedida tan pronto como terminarse “Civil War”, pero aceptó aguantar unos pocos meses más y formar parte del proyecto, que recibió el nombre de “De vuelta al negro”. Tal decisión no pudo beneficiar más a los lectores. El resto de colecciones de Spidey aprovecharon a su manera el cambio de uniforme, pero ninguna con tantísimo acierto como Amazing. JMS conjuró un gigantesco relato de un Spiderman desesperado y furioso, como pocas veces se había visto antes, a lo que se añadió una caracterización de Kingpin, el gran villano detrás de todo, equiparable a la que había hecho Frank Miller en “Daredevil: Born Again”. El Jefe del Crimen, que casi se había olvidado del Hombre Araña en los últimos veinte años de cómics, se mostró como nunca lo había hecho ante el lanzarredes: como la encarnación del mal absoluto, aquello capaz de corromperlo todo. La batalla con la que se coronaba el relato quedó como uno de los momentos más escalofriantes de toda la etapa de Straczynski, mientras que el dibujante Ron Garney, quien también se disponía a abandonar la franquicia, dejó el que podría calificarse como el mejor trabajo de su carrera, reflejando en cada viñeta el peso trágico de aquel Spiderman desesperado, al borde del abismo. En aquellas páginas de desesperación absoluta, casi se podía escuchar martilleando el “Paint It Black” de Rolling Stones.

 

“Miro en mi interior

y veo que mi corazón es negro

No es fácil plantar cara

cuando todo se ha vuelto negro”.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 12

UNA TRANSICIÓN COMPLICADA: MÁS ALLÁ DE McFARLANE Y LARSEN

1992 fue un año de vértigo para Marvel en general y para la Franquicia Arácnida en particular. La creación de Image había dejado de un plumazo sin las dos figuras artísticas más importantes con las que contaba Spiderman en esos momentos. Todd McFarlane y Erik Larsen se habían marchado para lanzar sus propios cómics fuera de la órbita de las grandes editoriales. El mercado se rompería como nunca lo había hecho, pero en La Casa de las Ideas todavía no eran conscientes del golpe que habían recibido. Bien al contrario, las imágenes creadas por McFarlane se siguieron utilizando en los elementos distintivos del personaje. El dibujo del hijo pródigo que nunca regresaría estaba en la logoforma que decoraba las portadas de la que había sido su cabecera y otra de sus figuras también aparecía en el logotipo del Treinta Aniversario del nacimiento de Spiderman, que se celebraba ese mismo año.

 

Habían pasado tres décadas desde que Stan Lee y Steve Ditko hubieran creado al Hombre Araña en Amazing Fantasy #15 USA (1962. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman: Poder y responsabilidad), el último número de una serie que a nadie importaba y con el que se dio inicio a un mito de la cultura popular. Treinta años después de aquel revelador momento, el trepamuros vivía su momento comercial más dulce. Danny Fingeroth, el recién estrenado editor de la franquicia, la había heredado de las manos de Jim Salicrup en unas condiciones inmejorables. El trabajo de McFarlane y Larsen, primero en The Amazing Spider-Man y luego en Spider-Man, había puesto de nuevo de moda al personaje, y en Marvel no entendieron por qué habrían de cambiar las cosas ahora que ellos ya no estaban. De hecho, Mark Bagley, el nuevo dibujante de Amazing, conseguía mantener el impulso que habían conferido sus predecesores al principal título arácnido, mientras que David Michelinie continuaría escribiéndola, lo que posibilitaría la continuidad en el tono. Spectacular y Web of, las otras dos colecciones que figuraban junto a Amazing, no habían sufrido cambio alguno por la espantada de los dos dibujantes, lo que aparentemente acotaba el problema.

 

La única de las colecciones en la que había que tomar medidas era ese cuarto título que Salicrup habría creado para uso y disfrute exclusivo de McFarlane y que, tras su salida, Fingeroth había cedido a Larsen, esperando repetir el esquema de dibujante comercial que escribía también sus historias. No había, sin embargo, un tercer autor en liza que pudiera mantener una fórmula que estaba cosechando ventas millonarias. De hecho, la plana mayor de las estrellas de la compañía había optado por sumarse a la aventura de Image. Después de aquello, Marvel estaba quemada de estrellas y nombres que vendían por sí mismos. La política que a partir de ese momento sería decretada desde la cúspide de la editorial iría en sentido contrario: ya no tenían a Jim Lee, Todd McFarlane, Erik Larsen, Rob Liefeld o Marc Silvestri, pero podían recurrir a imitadores que copiaran su estilo, dibujantes sin personalidad que no dieran problemas, bajo la atenta mirada de sus editores, que serían en definitiva los que llevaran la voz cantante a partir de ese momento, aunque en realidad no harían sino plegarse a las demandas del departamento de marketing, que trataría de repetir todos los trucos que durante los años pasados habían traído las ventas millonarias. Se resumían en portadas múltiples, en cartoncillo, con tintas metálicas, relieves u hologramas, además de crossovers siempre que fuera posible, y que darían lugar a nuevas cabeceras pertenecientes a las franquicias de éxito, la arácnida y la mutante en primer término, la cósmica o la sobrenatural en segundo plano. En el departamento de marketing de aquellos primeros noventa nunca habían oído hablar de buenos cómics. En realidad, no hubieran reconocido uno de haberlo visto.

 

Ya no había estrellas a la que encumbrar, pero Fingeroth creyó que, para Spider-Man, seguía valiendo el planteamiento inicial, que mimetizaba la estructura de arcos argumentales con equipos creativos rotantes de Batman: Legends Of The Dark Knight. Siempre sería fácil encontrar guionistas o dibujantes que se quisieran hacer cargo del trepamuros durante unos pocos episodios por un sustancial sueldo. Quizás no serían tan llamativos como McFarlane o Larsen, pero a cambio tampoco serían problemáticos. Para el primero de esos arcos en la era posterior al ocaso de los dioses, Fingeroth se hizo con los servicios de dos autores de peso que nunca habían dejado su impronta en el Hombre Araña. El guionista era Don McGregor, acreedor de una mítica etapa en los años setenta al frente de Pantera Negra, con un toque muy político que había fascinado a un puñado de entusiastas lectores, pero de la que nada sabía buena parte del fandom. McGregor había regresado periódicamente a Marvel, y además de volver el héroe de Wakanda también acometía pequeños encargos con personajes menores, como Blade o Morbius. Para Spider-Man, se encargaría de un relato en dos partes, centrado en el acoso infantil y la facilidad de acceso a las armas que existe en Estados Unidos. Se trataba de una pequeña historia de contenido social como no se veía en las aventuras arácnidas desde mucho tiempo atrás, en la época de la Marvel relevante y con resonancia en la realidad. De dibujarla se ocuparía nada menos que Marshall Rogers, el hombre que había redefinido a Batman o al Doctor Extraño, y cuyos días de gloria también parecían ya olvidados.

 

Con McGregor y Rogers empezaría la nueva etapa del cuarto y más independiente de los títulos arácnidos, pero antes de su llegada, Fingeroth haría tiempo con tres episodios autoconclusivos, realizados por otros tantos equipos. Howard Mackie, firmando como H. Austin Mackie, el que era por aquel entonces escritor de Web of Spider-Man, se haría cargo del primero de ellos, una historia ligada a “La guerra del Infinito”, que era el crossover cósmico que Jim Starlin abanderaba en esos precisos momentos. Mackie optó por El Duende y El Demoduende como villanos, algo que le resultaba sumamente sencillo, puesto que pronto recurriría a ellos en Web of. La trama continuaba en la serie troncal de “La Guerra del Infinito”, donde Spidey no pasaría de tener un papel de mera comparsa. El segundo número de relleno contaría con Excalibur como héroes invitados y estaría escrito por Terry Kavanagh, el editor de los mutantes británicos, que empezaba a hacer sus pinitos ante el procesador de textos. Para esa misma colección, Kavanagh había escrito también una pequeña aventura en dos partes, como complemento del arco de Larsen. Al cabo de un tiempo, pasaría a encargarse de manera continuada de una de las series del trepamuros.

 

El tercer y último episodio de relleno fue el más especial de todos, no por el holograma de portada, tan del gusto de los chicos de marketing, sino porque era el que específicamente celebraba el trigésimo aniversario del personaje. Tom DeFalco y Ron Frenz, que habían compuesto el equipo de Amazing durante buena parte de los añorados ochenta, volvieron a casa para una historia conmemorativa que seguía las reglas no escritas de este tipo de eventos, pero que resultaba especialmente interesante, puesto que Frenz, un discípulo aventajado de Steve Ditko, recreaba los lápices de éste para el debut del trepamuros. La grandeza de antaño seguía ahí, sólo era necesario encontrarla de nuevo.

 

Artículo aparecido originalmente en Spider-Man nº 5: Una gran responsabilidad

LA SAGA DEL CLON: EL MONTAJE DEL DIRECTOR

EL ORIGEN DE LAS ESPECIES

La más polémica aventura de la dilatada trayectoria de Spiderman se publicó entre 1994 y 1996, a lo largo de unos doscientos tebeos. Sin embargo, para entender todas sus implicaciones, hay que retrotraerse hasta mucho tiempo atrás. En concreto, a los años setenta, y es ahí donde ha de empezar nuestra historia. Por aquel entonces, el Hombre Araña ya tenía a sus espaldas una larga trayectoria compuesta por diversas etapas. Estaban los años fundacionales, con Stan Lee y Steve Ditko a los guiones, en los que Peter Parker era un adolescente apocado que aprendía el oficio de superhéroe; y estaba la época dorada, con John Romita a los dibujos, durante la que la serie había añadido un importante componente romántico, gracias a la llegada de las dos chicas entre las que se dividía el corazón del protagonista, la carnal y excitante Mary Jane Watson frente a la dulce e inocente Gwen Stacy. Sería esta última la elegida por Peter Parker, pero también la que encontraría un destino fatal a manos del peor enemigo del héroe, en una aventura publicada en 1972 y escrita por Gerry Conway, un guionista de apenas diecinueve años que acababa de recibir la serie de las manos del mismísimo Stan Lee.

 

La muerte de la novia del héroe, lo que hoy en día ha llegado a convertirse casi en un tópico, era por aquel entonces un imposible. El impacto que causó en los lectores fue incomparable, hasta el punto de que muchos sintieron la pérdida como propia. La conmoción llegó a tal nivel que, dos años después, todavía eran muchos los que reclamaban el regreso de Gwen Stacy mediante cualquiera de los muchos trucos que se utilizan en los cómics de superhéroes para recuperar a los personajes populares. Sólo que Marvel en general, y Gerry Conway en particular, se negaban a ofrecerles eso. En su lugar, el escritor tejió una saga que puso a prueba la cordura de los aficionados arácnidos.

 

Un buen día, en la puerta de Peter Parker, apareció Gwen. ¡Estaba viva! Sólo que no era la Gwen de siempre, que, como muy pronto se comprobó, seguía muerta y enterrada. Esta otra Gwen era un clon creado por Miles Warren, un profesor que se había obsesionado con la joven y que, como no podía ser de otra forma, se había convertido en un villano deseoso de acabar con Spiderman, que respondía por el nombre del Chacal. En el climax de la aventura, Spiderman descubría que el de Gwen no era el único clon que el Chacal había concebido: también realizo un clon del propio Spiderman: el arma perfecta para acabar con el trepamuros. La saga se resolvería en Amazing Spider-Man #149 USA (1975. Spiderman: Los imprescindibles nº 7). En sus páginas, tanto el Chacal como el clon del lanzarredes encontraban la muerte, mientras que la doble de Gwen decidía buscar su propio camino, lejos de la sombra de su doble genético, y Peter entregaba al fin su corazón a Mary Jane, cumpliéndose así el verdadero objetivo de Conway a la hora de desarrollar este argumento.

 

 

EL REGRESO DEL CLON

Salvo por menciones ocasionales, y la aparición puntual del clon de Gwen en un Anual, no se volvió a profundizar en el asunto del clon durante los siguientes veinte años, Muchos guionistas preferían no tocar ese argumento. A principios de los ochenta, Roger Stern llegó a planificar una historia en la que el clon de Gwen había envejecido aceleradamente, para morir finalmente en la paz de un monasterio, pero decidió abandonar la trama antes siquiera de sentarse a escribirla. A lo largo de ese tiempo, Peter Parker contrajo finalmente matrimonio con Mary Jane, a la vez que el Hombre Araña alcanzaba nuevas cotas de popularidad, que llevaron a Marvel a multiplicar exponencialmente el número de sus series. A mediados de los años noventa, la sensación de que Spiderman ya no resultaba tan atractivo para los lectores se había hecho fuerte, y con ella, llegaría también la intención de buscar la manera de arreglar las cosas. Los autores y editores, con toda la buena intención del mundo, querían quitar lastre al héroe, hacerlo de nuevo divertido y romántico, devolverle su soltería, su espontaneidad y su infelicidad crónica.

 

En ese contexto, Terry Kavanagh, uno de los escritores de las diversas colecciones arácnidas, propuso en una reunión de trabajo celebrada en 1993 que trajeran de vuelta al clon: no al de Gwen, sino al del propio Spidey, un regreso que provocaría todo un cataclismo a todos los niveles. Conscientes de las posibilidades que dicho argumento ofrecía, toda la oficina arácnida decidió apoyarlo decididamente. Tom DeFalco, Director Editorial de Marvel en aquel entonces, no sólo daría luz verde a la saga, sino que se sentiría tan entusiasmado con ella que incluso decidiría sumarse a los autores de la misma.

 

Inicialmente, el arco argumental se desarrollaría a través de las cuatro colecciones que el lanzarredes protagonizaba. Dicho y hecho: en Web of Spider-Man #117 USA (1994. Spìderman vol. 2, nº 6 de Forum), el clon entraba en escena, bajo el nombre de Ben Reilly. Había logrado sobrevivir a los acontecimientos del Amazing Spider-Man #149 USA, llevaba cinco años “recorriendo América”, y tomaba la decisión de regresar al descubrir que tía May estaba grave. En los meses siguientes, Ben se alzó como la gran estrella de las series arácnidas: convertido en un nuevo superhéroe, la Araña Escarlata, luchó contra los peores enemigos del lanzarredes y se ganó la confianza de los aficionados, que veían en él a un Peter Parker que no había gozado de la buena suerte del que conocían, pero había sabido construirse a sí mismo y sobreponerse a sus desgracias. A su vez, el verdadero Peter era arrastrado por la oscuridad y la depresión, apareciendo cada vez más antipático ante los lectores.

 

 

El plan de guionistas y editores consistía en que la saga concluyera después de seis meses (unos veinticinco tebeos, teniendo en cuenta la gran cantidad de colecciones arácnidas)… Pero las cosas no salieron como tenían pensadas. Las ventas enseguida comenzaron a aumentar. Los autores se divertían con su trabajo como nunca habían hecho, y ese entusiasmo se transmitía en una gran historia-río plagada de sorpresas y conspiración, que dejaba siempre con el deseo de que llegara el próximo número. En la editorial también se entusiasmaron, a su manera. Amaban al clon, y lo querían presente tanto tiempo como fuera posible. Fue en ese punto donde empezaron los problemas. Ante la petición de retrasar la conclusión de la saga, se tuvo que improvisar, alterar decisiones ya tomadas, incorporar nuevos autores poco experimentados y estirar los argumentos deprisa y corriendo, con la consiguiente multiplicación de incoherencias y el bajón en la calidad de la saga, que fue perceptible después del Amazing Spider-Man #400 USA (1995. Spiderman vol. 2, nº 12), un emocionante episodio en el que se narraba la muerte de tía May y tras el que los guionistas se quedaron sin nada interesante que contar, pero muchas páginas que rellenar.

 

La puntilla llegó cuando se hizo necesario poner fin a “La saga de Ben Reilly”. En el ánimo del equipo creativo estaba que Peter se retirara a causa de su próxima paternidad y Ben tomara su lugar, aunque sólo de forma momentánea. Sin embargo, los convulsos tiempos que vivía Marvel influyeron en contra de la ejecución de esas intenciones. La dirección de la compañía cambió, y el nuevo director no tenía claro a qué carta jugar con Spiderman. Decidió, sin demasiados elementos de juicio, que Ben sustituyera a Peter de manera permanente, estableciendo incluso que el que había sido Peter durante veinte años era en realidad el clon, mientras que Ben se alzaba como el auténtico.

 

La respuesta de los aficionados fue rápida y unánime. No querían a Ben Reilly como Spiderman, ni mucho menos querían que el Peter Parker al que habían seguido durante dos décadas fuera calificado de impostor. La saga, cerrada en falso, todavía tendría que continuar durante unos meses más, hasta que, finalmente, en Peter Parker: Spider-Man #75 USA (1996. Nuevo Spiderman nº 12 de Forum), se llevó a cabo la corrección. El catalizador fue un inverosímil regreso de la muerte por parte de Norman Osborn, que se descubría como la mente maestra detrás de cuantas desgracias le habían ocurrido al Hombre Araña en los años anteriores. Peter volvía a vestir las telarañas, Ben Reilly moría heroicamente, a la vez que se aclaraba su condición de copia, y el embarazo de Mary Jane terminaba en tragedia: no habría bebé que cuidar y que obligara a dejar aparcado el uniforme arácnido. Y por si fuera poco, al cabo de unos meses, tía May también estaría de nuevo en danza.

 

 

En definitiva: Las cosas volverían a estar en su sitio, pese a que el daño padecido fue demasiado grande. Durante la etapa de Ben Reilly como Spiderman, las ventas descendieron de manera preocupante, en un contexto general ya de por sí átono. Muchos eran los aficionados que habían retirado su apoyo al nuevo Hombre Araña, furiosos por lo ocurrido. En la Casa de las Ideas decidieron que nunca más se volvería a hablar de clones ni a poner en duda que Peter Parker sea Spiderman. Y pese a todo, el icono tardaría todavía varios años más en recuperar el pulso, mientras que algunas de las consecuencias de lo ocurrido permanecerían activas, hasta el punto que Norman Osborn es, a día de hoy, una pieza fundamental del Universo Marvel.

 

EL MONTAJE DEL DIRECTOR

Tres lustros después de la publicación de “La saga de Ben Reilly” los ánimos se han calmado, en gran parte porque una gran cantidad de nuevos lectores siguen ahora las aventuras de Spiderman, y muchos de ellos se preguntan en qué consistió aquello tan polémico. Mark Millar, en una viñeta de su excepcional Marvel Knights: Spiderman (2004), fue el primero en el siglo XXI en atreverse a escribir, negro sobre blanco y con todas las letras, el nombre maldito: Ben Reilly. Las bromas, los chistes privados, las alusiones a los clones introducidas por lo bajini en los diálogos de Spiderman se fueron haciendo cada vez más ocasionales, sobre todo por parte de Brian Michael Bendis, en Nuevos Vengadores. Fue éste el guionista que se atrevió a ofrecer su propia versión de la “maldita” saga, en Ultimate Spiderman, y con resultados más que satisfactorios, prueba de que la idea no era mala por sí misma, y que su ejecución mejoraba en extremo cuando se dejaba a los autores hacer su trabajo.

Pero el detonante del proyecto que tienes en tus manos vino, curiosamente, a causa de las excelentes ventas logradas por el primer volumen recopilatorio de “La saga de Ben Reilly”, un tochazo de más de 400 páginas publicado por Marvel en Estados Unidos que apenas sería el primero de los muchos volúmenes necesarios el evento completo. Si había tanta gente dispuesta a hacerse con la más denostada aventura de Spiderman, quizás habría un puñado de lectores deseosos de conocer algo muy especial…

 

Y así es como llegamos a este volumen. Tom DeFalco fue el Director Editorial de Marvel que aprobó la elaboración de la historia, allá por 1994. Howard Mackie fue el guionista que tuvo que concluirla, dos años después. El dibujante Todd Nauck todavía no había entrado en la industria cuando todo esto ocurrió, pero ha dibujado a Spiderman durante algún tiempo, y su estilo recuerda en cierta forma a algunos de los autores de la aventura primigenia, como el ya olvidado Steven Butler, o el ahora inaccesible Mark Bagley. Entre todos ellos han compuesto un producto verdaderamente inusual, una “versión del director” de la saga original o, como prefiere definirlo DeFalco, “una oportunidad para dos viejos escritores de Spiderman para demostrar que todavía pueden lanzar algunas interesantes telarañas”.

 

 

¿Contiene este tomo “La saga de Ben Reilly” que le hubiera gustado escribir a los guionistas originales? Es probable que no. Para empezar, porque han pasado quince años, la memoria es débil y muchas notas de las reuniones de entonces se han perdido para siempre. Para continuar, porque faltan piezas fundamentales de aquel equipo, como J. M. DeMatteis, el guionista que mejor definiera a Ben Reilly, o Terry Kavanagh, el tipo que, pese a sus escasas habilidades como escritor, debe llevarse el mérito de haber tenido la idea original. Y para finalizar, porque aquellos elementos que configuraron los cómics que vieron la luz durante esos dos años han determinado mucho de lo que aquí se cuenta. Sorprende, por ejemplo, que DeFalco y Mackie recurran aquí a Norman Osborn, puesto que la única figura en la sombra que se les pasó por la cabeza en un principio fue la de Miles Warren, y la opción de resucitar a Norman no llegara hasta mucho tiempo después.

 

Por el contrario, estos seis números que condensan, redefinen y alteran aquel caudal infinito de tebeos sí se acerca, en espíritu, a lo que podía haber sido pero no fue “La saga de Ben Reilly”: una trascendental aventura de Spiderman con un principio, un nudo y un desenlace planificados con coherencia. Las cosas son como son, y no como nos hubieran gustado que fueran, pero hay que alabar este sorprendente experimento que se lee como un desquite por parte de sus autores: otra una manera de decirnos que las cosas se podrían haber hecho mucho mejor. Quién sabe si este proyecto será el germen que lleve, algún día, a reposicionar en el escenario a Ben Reilly. Tantos años después, con la perspectiva que da el paso del tiempo, va a ser verdad eso de que algunos le echamos de menos.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Spiderman: La saga del clon

EL SPIDERMAN QUE SE ADELANTÓ A SU TIEMPO

Todo empezó cuando Stan Lee y John Byrne pensaron hacer una novela gráfica que describiría cómo iba a ser el Universo Marvel cien años en el futuro. Los dos autores no se pusieron de acuerdo y el proyecto quedó desechado. Byrne aprovecharía algunas de las ideas, que verían la luz bajo el título de 2112, una novela gráfica de la que luego se derivaría la que fue una de sus obras más personales e interesantes: Next Men.

 

Por su parte, Tom DeFalco, el Director Editorial de Marvel en aquel preciso momento, se quedó con la idea básica de “El Universo Marvel que existirá dentro de un siglo” y, a partir de ahí, lanzó una ambiciosa línea editorial encabezada por cuatro nuevos personajes: Spiderman, El Castigador, el Doctor Muerte y Ravage. La factoría repartía el riesgo con dos apuestas seguras, un villano que jugaría a la ambiguedad y un personaje totalmente nuevo que escribiría Stan Lee y que incluso se planteó la posibilidad de que dibujara Steve Ditko, aunque el acuerdo no llegara finalmente a buen puerto. Curiosamente, La Patrulla-X no formaba parte del ticket inicial, signo de que La Casa de las Ideas buscaba con su nueva propuesta desvincularse de los entonces omnipresentes mutantes.

 

Joe Cavalieri, el editor de la nueva línea, preparó una Biblia sobre el Universo del Mañana, pesimista, ciberpunk y con eminentes influencias cinematográficas y literarias, desde Blade Runner a las novelas de William Gibson. Era un mundo controlado por grandes corporaciones en el que los iconos superheroicos del siglo XX habían desaparecido. En los bocetos preliminares, planearon que el nombre de la nueva franquicia fuera Marvel 2092, porque 1992 sería el año en que se lanzarían los cuatro títulos iniciales. Cuando cambiara el calendario en el mundo real, también lo haría en los cómics del futuro, pero se desechó tal posibilidad al considerar que podía ser confusa para el aficionado. Se acudió entonces al año 2099.

 

Antes que un personaje, Spider-Man 2099 fue un nombre que llenar con la propuesta más atractiva que sedujera a Cavalieri. Éste dio indicaciones básicas acerca del trepamuros futurista: debía trabajar en Alchemax, el conglomerado empresarial por excelencia de la época, y debía conseguir sus poderes a causa de un accidente. Cuenta la leyenda que un joven guionista, que escribía la adaptación al cómic de la teleserie Ren & Stimpy o realizaba relatos ocasionales para Marvel Comics Presents, se postuló como para la colección. Se llamaba Dan Slott, y perdió en beneficio del ya consolidado Peter David, uno de los pocos aspirantes que prefería desvincular a Spider-Man 2099 de Peter Parker. “Cogí todo lo que sabía sobre el Spider-Man de nuestra época y no sólo lo ignoré, sino que traté de ir en la dirección contraria”, explicaría. “Quise que se llamara Miguel O’Hara para que reflejara la pluralidad cultural del siglo XXI. Fue en honor a un amigo mío llamado Miguel Ferrer y cuyo apodo es Miggy, como mi personaje. O’Hara Siempre fue el primero de la clase. Está contento de saberlo absolutamente todo y ese conocimiento no sólo le proporciona satisfacción, sino que le convierte en un engreído que observa a todo el mundo con arrogancia. Seguro de su inteligencia, desprecia a todas las personas que conoce, discute las órdenes de sus superiores, elige novias a las que pueda superar en inteligencia y presume de ser el mejor y el más listo. Cuando decide ponerse la máscara de Spider-Man, Miguel comprende que nada ni nadie es lo que parece. Su madre es una loca que le desprecia, su hermano un terrorista, Alchemax un diablo corporativo… y él, que creía contar con respuestas para todo, reconoce que ni siquiera sabía qué preguntas formularse”.

 

Un año antes de que el director James Cameron tuviera la misma idea en su tratamiento de guión para la fallida película del trepamuros, el Spider-Man 2099 ya contaba con lanzarredes orgánicos, en lugar de mecánicos. “Como deferencia al Comics Code y al buen gusto”, bromeaba el guionista, “me tomé la libertad de colocar los espolones en los antebrazos y no en el trasero, que es donde los pondría la naturaleza”. El resto de sus poderes parecían una versión extrema de los de Peter Parker. En lugar de pegarse a las paredes, Miguel se sujetaba a ellas con unas garras retráctiles, mientras que la visión circular sustituía al sentido arácnido

Rick Leonardi, artista excepcional con experiencia tanto en dibujar al cabeza de red como en participar en el diseño su uniforme negro, creó el traje del nuevo héroe y fue su dibujante fijo durante los dos primeros y brillantes años. Leonardi apostó por ofrecer una vestimenta poco habitual, pero que siguiera pareciendo un traje de Spider-Man. De hecho, empezaba siendo un disfraz del Carnaval de Río para luego convertirse en uniforme de batalla. Los autores también se desmarcaron con su galería de villanos, que incluía desde un buen puñado de imaginativos personajes creados desde cero hasta versiones de los clásicos, como El Buitre, Veneno o El Duende Verde. No obstante, el mayor enemigo del trepamuros acabó siendo Tyler Stone, presidente de Alchemax y que en un momento dado se revelaba como el padre de Miguel.

 

Spider-Man 2099 fue, sin lugar a dudas, la serie de bandera de una propuesta que hubiera merecido mejor suerte. Conforme Marvel entraba en la terrible crisis de los noventa, el presupuesto de Cavalieri se fue viendo reducido, lo que impedía contratar autores de relieve. Los recortes mataron a la franquicia, que se cerró tras algunos tímidos intentos de reflotarla. Spider-Man 2099 llegó a contar con cuarenta y seis entregas, así como un Annual y un especial. Antes del fin, tendría un último momento de gloria de la mano de sus creadores, cuando Miguel viajaba al pasado, nuestro presente, para encontrarse con su homólogo del siglo XX, en el especial Spider-Man 2099 Meets Spider-Man. Allí, David planteaba una premisa atractiva: a lo largo de los siglos habrían existido sucesivos Hombres Araña. Algunos de los cuáles llegaban a dejarse ver en el especial. ¿A alguien le resulta familiar?

 

A lo largo de los años, la línea 2099 tuvo algún intento de relanzamiento, sin acierto ni fortuna. Aquí es donde entró en juego Dan Slott, ya constituido como guionista arácnido por excelencia en los últimos años, y que primero rescató al Hombre Araña 2099 para el videojuego Spider-Man: Shattered Dimension, donde ya aparecía junto a Peter y a la versión Noir. La experiencia dejó a Slott tan satisfecho que abrió la puerta a una saga todavía más ambiciosa, que reuniera a todos los trepamuros que habían existido alguna vez: “Universo Spiderman”.

 

Antes de eso, Slott fue también quien optó, en el curso de Spiderman Superior, por traerse a Miguel hasta el presente, esta vez para que se quedara aquí y tratara de impedir que una Alchemax recién nacida llegara a transformarse en la temible compañía que él había conocido. Era una brillante manera de cerrar el círculo y encontrar el vínculo hasta entonces invisible entre ambos héroes, puesto que Tiberius Stone, el fundador de Alchemax, había trabajado en Horizon Labs, la empresa en la que también estuviera Peter. Es en ese contexto, en el que Peter David vuelve a casa y, veinte años después, retoma al personaje en una nueva serie, que nada más empezar se ve unida al desarrollo de “Universo Spiderman”. No podía ser de otra forma, porque, como buen futurista, Spiderman 2099 se adelantó a su tiempo. Al margen de parodias y What Ifs, fue la primera versión que existió del trepamuros original. Podría decirse que gran parte de lo que ahora está sucediendo en la Franquicia Arácnida empezó con Miguel O’Hara, en un lejano 2099 al que ahora podemos mirar con saludable nostalgia.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Spiderman 2099 nº 1

De arañas en las Secret Wars

 

 

A estas alturas todos estaréis al tanto de que, en España, apenas queda una entrega para que terminen las nuevas Secret Wars de Jonathan Hickman y Esad Ribic. Dicho evento ha tenido como escenario principal el Mundo de Batalla, que comparte poco más que el nombre con el original. Bajo la férrea vigilancia del Dios Muerte, y su escuadrón de Thors, el nuevo Mundo de Batalla está compuesto por restos de universos alternativos presentes, pasados y futuros de la historia de Marvel, que escaparon a la aniquilación total del multiverso. Así pues, de la distopía desértica del Viejo Logan puedes pasar a un territorio donde Apocalipsis reina supremo o a otro donde todos sus habitantes son Hulks.

Cada uno de esos reinos ha servido a Marvel para contar toda clase de historias alternativas con sus personajes, y el trepamuros no podría ser menos. Hasta cuatro relatos distintos (aunque tres tomos) han tenido una o más arañas como protagonistas, que Panini tuvo a bien recopilar por separado en los tomos de la serie mensual. Adentrémonos en cada uno de ellos para ver que acabó saliendo de ellos…

TIGRE, TE HA VUELTO A TOCAR LA LOTERIA 

El Asombroso Spiderman 110

Guión: Dan Slott

Dibujo: Adam Kubert

Contiene: The Amazing Spider-Man Renew Your Vows 1-5 USA

Formato: Comic-book 17×26, lomo, 120 páginas

Precio: 6,95 €

Cuando los misteriosos teasers que anunciaban estas miniseries de Secret Wars empezaron a salir a la luz, este fue el más polémico y en Marvel lo sabían. Dicha imagen es la que encabeza la portada, ni más ni menos que Peter Parker y Mary Jane casados, con una hija en común y el eslogan Renueva Tus Votos. A medida que los engranajes de Secret Wars iban tomando forma, el desconcertado fandom pudo saber de que se trataba todo aquello pero aún así eran bastante altas. La posibilidad de ver a unos Peter y MJ alternativos vivir juntos todo lo que les esperaba si el fatídico pacto con Mefisto en Un Día Más no hubiera tenido lugar era demasiado tentadora. Pero una vez más, Dan Slott volvió a jugar con las expectativas.

Porque lo que acabamos teniendo fue un what if arácnido sobre la familia, el poder y la responsabilidad. Sí, es cierto que el matrimonio Parker y su hija Annie (no confundir con May “Mayday”) son el núcleo de la historia, pero no hay mención alguna a Mefisto, ni a ningún otro de los acontecimientos que llevaron a la anulación del matrimonio. Descartada entonces una tercera parte de “Un Día Más” ¿de que va la historia?

Nos encontramos con un territorio del Mundo de Batalla llamado la Regencia. Prácticamente todos los superhéroes del mundo fueron cayeron la noche en la que Augustus Roman se convirtió en Regente y derrotó a los Vengadores absorbiendo todos sus superpoderes a medida que lo hacia. Sin embargo, Spider-Man no se encontraba entre ellos porque estaba protegiendo a su familia. Conseguirlo, le llevó a romper su propio código moral y abandonar las redes. Años después, cuando un incidente expone a Annie ante el regente, Peter se ve obligado a volver al ruedo…

Como veis la premisa es muy interesante al plantear conflictos morales muy en la linea del trepamuros. ¿Que es más importante, proteger al mundo o a tu familia? ¿Hay alguna forma de elegir ambas cosas?. Sin embargo, Slott desata demasiado su vena de escritor de blockbuster, presentando héroes y supervillanos por doquier en multitud de escenas de acción cuando debería centrarse solo en Peter y su familia.

Aunque la trama llega a una resolución muy satisfactoria, apenas hay justificación interna para la decisión que acaba tomando Peter. Creo que con cinco números había bastante para pavimentar el terreno, pero la historia se distrae demasiado y el resultado final queda forzado.

Esto no quita que haya diversos aciertos en la miniserie, siendo el principal la dinámica familiar entre Peter, MJ y Annie. La pareja es totalmente reconocible en su nuevo rol como padres y a pesar de resultar algo tópica en ciertos momento Annie se hace querer. El dibujo corre a cargo de un irregular Adam Kubert, que tan pronto te da un Veneno de infarto como comete errores de raccord entre viñeta y viñeta.

En conclusión, nos encontramos con una historia que decepcionará a los que buscan la continuación de Un Dia Más, y como relato autónomo solo funciona a medias en lo que plantea, pero que nos permite echar un vistazo bastante satisfactorio a la vida familiar de Spider-Man.

NOTA: 7,5/10

 CIMENTANDO EL SPIDERVERSO

Guión: Mike Costa

Dibujo: Andre Araujo

Contiene: Secret Wars: Spider-Verse 1-5 USA

Formato: Comic-book 17×26, lomo, 128 páginas

Precio: 6,95 €

El Asombroso Spiderman 111

Algunas de las miniseries englobadas dentro de Secret Wars, lejos de limitarse a reconstruir el escenario de un evento o situación de la historia del Universo Marvel, sirvieron como pista de lanzamiento de las nuevas series regulares del Nuevo Universo Marvel. Es el caso de la que nos ocupa, que toma el nombre del evento arácnido más reciente y cuenta con algunos de sus protagonistas: Universo Spider-Man.

En una Manhathan en la que Norman Osborn es el alcalde y Spider-Man ha desaparecido, seis personajes con poderes arácnidos han aparecido de la nada. Ellos son Gwen Stacy (alias Spider-Woman), Spider-Man UK, Spider-Man India, Spider-Man Noir, Spider-Ham y Spider-Girl (Anya Corazón). Unidos por la Red de la Vida y con vagos recuerdos de una vida anterior, este grupo de arañas deberá enfrentarse a las maquinaciones de Osborn…

Bajo esta trama se esconde una excusa para presentar a los que serán los protagonistas de Web Warriors, es decir, el grupo de defensores del multiverso que se unió al final de Universo Spider-Man.Y cabe destacar que esta función la serie la cumple de maravilla. Spider-Gwen es la que sirve como núcleo de la historia, algo lógico si tenemos en cuenta su reciente popularidad, pero la dinámica de grupo funciona muy bien, especialmente en los casos de Spider-Man UK, India y Noir, cada uno con su personalidad bien definida a la hora de afrontar una pelea (algo difícil de lograr si tenemos en cuenta que todos los personajes comparten los mismos poderes)

Con Spider-Ham como un alivio cómico más ácido que de costumbre personaje que queda inexplicablemente ignorado es Anya Corazón. No cumple papel alguno en la trama y podría ser sustituida perfectamente por cualquier otro arácnido. Esta Spider-Girl lleva prácticamente desde su creación tratando de encontrar su lugar en la parcela arácnida, así que esperemos que tenga más suerte al empezar su serie regular.

Pasando a los puntos más flojos de la miniserie, el potencial de la trama queda prácticamente anulado al servir como excusa para la reunión de arañas. La idea de una Gwen Stacy alternativa frente a un Norman Osborn es muy atractiva y en la miniserie la desperdicia en su mayor parte. Momentos que se presuponen emotivos no lo son todo lo que deberían. Pero si hay algo que empaña el tebeo es el arte de André Araujo. Aunque tiene algunas composiciones de página interesantes, su estilo feista y apresurado provoca diseños de personajes muy poco inspirados y expresiones faciales entre lo extraño y lo horrendo.

Universo Spider-Man es un tebeo que no pasará a la historia como relato unitario,pero que sirve como buen punto de partida para la colección de los Web Warriors, ya su guionista Mike Costa nos demuestra que es capaz de manejar con soltura a sus protagonistas. Solo cabe esperar que la trama general y el dibujo mejoren de cara a la cabecera.

NOTA: 7,5/10

LOQUESEA-ISLAND

El Asombroso Spiderman 112

Guión: Christos Gage, Tom DeFalco

Dibujo: Paco Diaz, Sal Buscema

Contiene: Secret Wars: Spider-Island 1-5 USA

Formato: Comic-book 17×26, lomo, 112 páginas

Precio: 6,95 €

Cuando Dan Slott empezó su etapa en solitario como guionista de Amazing Spider-Man, podría decirse que Spider-Island fue el primero de sus eventos, con varios tie-ins y one-shots relacionados. Ahora, la Manhattan infectada por un virus que dota a sus habitantes de poderes arácnidos que a su vez les vuelven esclavos de la Reina vuelve en Mundo de Batalla, solo que en este escenario, Peter Parker fracasó a la hora de detener la infección y es Flash Thompson, alias el Agente Veneno, quien lidera lo que queda de la maltrecha resistencia.

A partir de esa premisa Christos Gage, el copiloto de Slott durante gran parte de su andadura con el trepamuros, crea una historia sin más propósito que la de entretener mediante situaciones rocambolescas que no podrían suceder en otro sitio que no fuese un what-if, y que elevan el listón de lo absurdo cada vez que parece que no puede ir a más.

Es una miniserie muy entretenida para ver todo tipo de monstruos dándose de tortas, pero que desanimará a todo aquel que vaya buscando algo de profundidad argumental. El único atractivo en ese sentido es la marcada presencia de un Flash Thompson al que da gusto ver asumiendo el liderazgo (especialmente para los fans de la etapa de Rick Remender en Veneno, en las que fueron las primeras aventuras de Flash con el simbionte), pero por lo demás todo es muy superficial, quedando especialmente desaprovechado el papel de Tony Stark en la historia. El dibujo de Paco Diaz funciona muy bien en la mayoría de secuencias,especialmente cuando hay dinosaurios de por medio pero en otras se le nota muy descuidado e incluso apresurado. Aún así, en su senzillez es posible que Spider-Island sea la más redonda de las 3 miniseries arácnidas que ha generado Secret Wars.

Por otra parte, los designios de la Oficina Arácnida son inescrutables y como complemento de Spider-Island viene una miniserie protagonizada por May “Mayday Parker”con los guiones de su creador Tom Defalco y dibujo de Sal Buscema. Este relato, sin relación alguna con Secret Wars (en ningún momento hay ninguna evidencia de que el MC2 sea parte del Mundo de Batalla), sirve de secuela al estado en el que quedó Mayday al final de Universo Spider-Man, con su padre muerto y ella asumiendo la identidad de Spider-Woman.

El principal problema del guión es que el confilcto que atraviesa la protagonista es el mismo que en Universo Spider-Man, y allí ya parecía haberlo superado, por lo que desprende cierta sensación reiterativa. Sin embargo, tanto por el dibujo de Sal Buscema como por la multitud de personajes que aparecen en estas páginas, el relato resulta todo un homenaje (¿final?) al Universo MC2.

NOTA: 8/10 

El Asombroso Spider-Man 108

El Asombroso Spiderman 108

Guión: Gerry Conway, Tom DeFalco Robbie Thompson y Jason Latour

Dibujo: Carlo Barberi, Stan Goldberg, Stacey Lee y Robbi Rodriguez

Tinta: Juan Vlasco y Scott Hanna

Color: Israel Silva, Paul Mounts, Ian Herring y Rico Renzi

Contiene: The Amazing Spider-Man vol.3 19.1 y 20.1, Marvel 75th Anniversary Celebration one-shot, Silk 3 y Spider-Gwen 4 y 5 USA

Formato: Comic-book, 17×26, lomo, 120 páginas

Precio: 6,95 €

Sinopsis: «Con la conclusión de “Espiral”. La ola de crímenes que asuela Nueva York continúa imparable, mientras que Spiderman se ha visto atrapado entre un grupo de supercriminales y su aliada, El Espectro! Y además, continúan las aventuras de Seda y Spider-Gwen y el mítico Tom DeFalco vuelve a casa para una pequeña gran historia del trepamuros».

Tiempo de finales en el tomo de este mes, el de la Espiral y la guerra de bandas de Gerry Conway por un lado y el de la primera miniserie serie de Spider-Gwen por otro. Además, el tomo cuenta con una pequeña historia especial, a cargo ni más ni menos que de Tom DeFalco. Con todo ésto ¿que podría salir mal?… Leer más

SPOILERS USA: Así serán los especiales del 50 Aniversario de Spidey

Además del Amazing Spider-Man 692 USA, la celebración oficial del medio siglo de vida de Spidey, en Marvel también han preparado una serie de especiales que ahondan en la historia del trepamuros. De ellos hablamos a continuación, pero recuerda que se trata de…

Leer más