ANATOMÍA DE UNA ETAPA PERFECTA: EL SPIDER-MAN DE ROGER STERN

A comienzos de los años ochenta, casi veinte años después de su nacimiento, Spiderman se encontraba en la cima de su popularidad: había contado con varias teleseries de animación, otra de imagen real, y se publicaban tres colecciones mensuales más una cuarta con reediciones de sus aventuras clásicas. La gran paradoja estribaba en que, en un momento comercial tan dulce, la calidad de los cómics dejaban mucho que desear. Atrás habían quedado los auténticos días de gloria en que la cabecera de Spiderman debía ser de lectura obligada para todo aficionado. Por suerte, la grandeza regresó, y de qué manera, cuando ya agonizaba 1981, de la mano de un equipo creativo excepcional, el formado por Roger Stern y John Romita Jr., quienes se hicieron cargo de la serie principal del héroe: The Amazing Spider-Man.

 

 

Ambos autores ya llevaban un tiempo relacionados con el personaje, de manera que Stern venía escribiendo la cabecera secundaria Peter Parker, The Spectacular Spider-Man, y Romita Jr. había entrado en Amazing un tiempo antes, todavía abrumado por el peso de ocupar el lugar en el que, en los años sesenta, hubiera estado su legendario padre. Por aquel entonces, un nuevo editor, Tom DeFalco, se hizo cargo de la Franquicia Arácnida, con el objetivo primordial de dar un vuelco a la inercia que venía arrastrando en los últimos años.

 

EL CAMINO HASTA AQUÍ

Roger Stern (1950, Noblesville, Indiana) se había hecho un pequeño nombre en la industria por su labor en CPL (Contemporary Pictoral Literature), un fanzine en el que también participaban otros ilustres amigos, como John Byrne o Bob Layton, que luego se convertirían en profesionales del cómic. En 1975 entró a trabajar para Marvel, siguiendo la ruta habitual en aquella época: primero como editor y luego como guionista. El año y medio en el que escribió Spectacular le sirvió como perfecto entrenamiento para luego hacerse cargo de Amazing. Había tenido la oportunidad de entender los mecanismos que hacían funcionar al personaje y qué errores debía evitar, de manera que incluso llegaba a explicar a los dibujantes la manera en que debía moverse Spidey. En materia de secundarios, había buscado la rehabilitación de tía May como la mujer cargada de fortaleza y dignidad que había criado y servido de guía moral a Peter Parker, frente a los aficionados que soñaban con ver su muerte o los autores que la retrataban como una vieja con demencia senil. Incluso señaló una operación de bypass como la explicación de sus excentricidades del pasado, para a renglón seguido sacar a relucir sus virtudes e incluso dotarla de un novio. El elenco de secundarios se ampliaba con los compañeros de doctorado que tenía Peter en la Universidad Empire State. Los había creado Bill Mantlo, el anterior guionista de Spectacular, pero Stern les quiso añadir mayor verosimilitud, algo que consiguió al identificarlos con los compañeros que trabajaban en las oficinas de Marvel. En materia de villanos, el guionista se dio cuenta de que Spidey se había enfrentado demasiadas veces a los enemigos de siempre. Aunque utilizó algunos de ellos, como Mysterio o su favorito de los clásicos, El Buitre, los alternaría con criminales procedentes de otros rincones del Universo Marvel e incluso introdujo villanos nuevos. Como aliño a las aventuras más urbanas del trepamuros, Stern crearía a varios miembros de la policía, la Capitana Jean DeWolff, que patrullaba la zona del Daily Bugle y que pronto demostró estar del lado de Spidey, y el Sargento Snyder y el Teniente Keating, que se ocupaban del resto de la ciudad. El primero de ellos también guardaba simpatías para nuestro héroe, mientras el otro le declaró una guerra sin cuartel.

 

Caricatura de Roger Stern realizada por Stan Goldberg para un artículo aparecido en Marvel Age #3 USA (1983).

 

De seguir un tiempo más en Spectacular, es probable que la etapa de Stern hubiera alcanzado la categoría de leyenda que luego lograría la de Amazing, y si no lo hizo quizás fue porque los dibujantes que le acompañaron no estaban a la altura y cambiaron con excesiva frecuencia. En algún momento, llegó a plantearse la posibilidad de que su amigo John Byrne, con quien había compartido una corta pero celebrada etapa en Captain America, se hiciera cargo de la parte gráfica de la serie, pero tal pretensión sólo duró un número, ya que Byrne se vio obligado a encargarse no sólo de escribir y dibujar The Fantastic Four, sino también de entintar sus lápices.

 

El primer encargo profesional que tuvo John Romita Jr. (1956, Nueva York) fue una historia de seis páginas para The Amazing Spider-Man Annual #11 (1977), con la que ya demostró que era algo más que el hijo de uno de los dibujantes más respetados del cómic estadounidense. Su excelente labor en Iron Man entre 1978 y 1982 le señalaría como una de las estrellas emergentes de Marvel. La llegada al título principal del Hombre Araña se produciría con The Amazing Spider-Man #208 USA (1980), cuando Denny O’Neil estaba al mando de los guiones. Con su trazo elegante y espectacular daría empaque a unas aventuras que, por más que entraran en la calificación de entretenidas y disfrutables, no aportaban nada nuevo al trepamuros.

 

En verano de 1981, cuando Tom DeFalco asumió la coordinación de las series arácnidas, su primer objetivo consistió en dotar de consistencia a los equipos creativos de cada una de ellas. Con O’Neil rumbo a otros proyectos, Amazing necesitaba de un nuevo escritor consciente de la importancia del título. Stern fue el elegido para acompañar a Romita Jr., que permanecería en la serie pese a la marcha del que había sido hasta entonces su escritor. El presente prólogo analiza los detalles y circunstancias de esa época dorada en la que se unieron los talentos de estos profesionales. Aunque se han evitado muchas referencias argumentales, quizás el aficionado que nunca antes se haya acercado a este material prefiera aplazar la lectura de la introducción hasta que una vez finalizado el volumen.

 

Primera página del debut de John Romita Jr., en un complemente de The Amazing Spider-Man Annual #11 USA (1977)

 

LA AZAROSA VIDA DE UN HOMBRE ARAÑA

La era Stern / Romita Jr. arrancó en The Amazing Spider-Man #224 USA (1982), con una viñeta a página completa que constituía una declaración de intenciones: Peter Parker, vestido con su traje arácnido, salvo por la máscara, hablaba por teléfono con su tía May mientras saltaba alegremente por su modesto apartamento. En la memoria de Stern estaban los años dorados de Stan Lee con Steve Ditko primero y con John Romita después como dibujantes, en los que, según sus propias palabras, las andanzas de Spidey eran fundamentalmente mundanas. “El Spiderman de Stan se enfrentaba siempre a problemas pegados al suelo”, afirmaba. “¿Recuerdas cuando solía tomarse un descanso en medio de una lucha en una habitación llena de matones para buscar un teléfono y asegurarse que tía May estaba bien? ¡Me encantaba eso!”. Ya desde ese primer episodio, el escritor insistía en la importancia de la relación entre Peter y su tía, con una historia en la que el villano era El Buitre, su favorito del casting de enemigos clásicos arácnidos, y al que ya había utilizado momentáneamente en su etapa en Spectacular, con una trama que había heredado de otro escritor. Libre de cualquier atadura, Stern pudo caracterizar y utilizar al Buitre como de verdad quería: un anciano que, pese a su aparente fragilidad, representaba una amenaza para el trepamuros. “Puedes tener mil veces al Doctor Octopus y a Kraven, pero a mí dame siempre al Buitre”, afirmaba el escritor. “Tenemos aquí un anciano malicioso que contrasta con el joven, honesto y alegre Peter Parker. Para mí, es perfecto”. El Buitre le fascinaba tanto que incluso repetiría, unos meses después, en The Amazing Spider-Man #240 y 241 USA (1983). En ambas aventuras se mostraba el lado más humano de Adrian Toomes, al retratar su amistad sincera con Nathan Lubensky, el novio sexagenario de tía May. La trama situaba el foco sobre la pareja, que desempeñaría una importancia absoluta durante esta época.

 

John Romita en su tablero de dibujo, en una foto tomada en las oficinas de Marvel a finales de los años setenta.

 

La primera aventura con continuará de la etapa Stern / Romita Jr. se produciría apenas dos números después de aquel prometedor comienzo, en The Amazing Spider-Man #226 y 227 USA, unos episodios en los que se recuperaba y profundizaba en la Gata Negra, personaje que hasta entonces parecía pasto exclusivo de su creador, Marv Wolfman, quien lo había introducido en la serie cuatro años atrás, pero que había sido ignorado posteriormente. La Gata Negra venía a constituir una réplica no intencionada de Catwoman, la vieja rival de Batman, aunque en realidad Wolfman se había inspirado en Bad Luck Blackie (1949), uno de los cortos más famosos de Tex Avery, en el que un gato negro atraía la mala suerte allá por donde pasaba e incluso le pagaban por ello. Con su inclusión en la serie, Stern buscaba una mujer que pudiera llenar la vida de Spiderman, en contraposición con Debra Whitman, la chica con la que Peter salía en aquel momento, y que el escritor juzgaba como una versión femenina del protagonista antes de que le picara la araña radiactiva. En cambio, la interacción entre Spidey y la Gata Negra le recordaba a las viejas películas de Humphrey Bogart, en las que el héroe de sólidos principios se ve arrastrado por la mujer fatal que pone en duda todo aquello en lo que él cree. El romance, tan ardiente como breve, conseguiría la aclamación inmediata de los fans y serviría de combustible a Bill Mantlo, quien por aquel entonces había comenzado una sólida andadura en Spectacular y desarrollaría allí, en toda su amplitud, la relación entre la ladrona de buen corazón y el Hombre Araña, siguiendo el principio del editor Tom DeFalco de que cada serie arácnida tuviera su idiosincrasia y sus personajes secundarios propios. Ambos escritores, Stern y Mantlo, coordinarían sus guiones para que fueran complementarios los unos de los otros. Además, llegarían a encontrarse en The Amazing Spider-Man Annnual #17 USA (1983), un canto a los orígenes del trepamuros, que ambos autores escribirían a medias, mientras que Ed Hannigan, el dibujante habitual de Spectacular, se encargaría de dibujar.

 

Página perteneciente a la etapa de Bill Mantlo en Spectacular Spider-Man, donde se desarrolló el romance entre Spidey y la Gata Negra.

 

Además de la Gata Negra, Stern recuperaría a otro viejo amor de Peter Parker, nada menos que Mary Jane Watson, la mujer a la que el protagonista había llegado a pedir matrimonio en el pasado, que se reincorporaría como personaje de reparto en el momento más inoportuno para Peter pero más divertido para los lectores, en The Amazing Spider-Man #242 USA (1983). Llevaba varios años ausente, pero la pelirroja ya se quedaría de manera continua, pese a que la intención de Stern era precisamente la contraria: que Mary Jane fuera el caos aleatorio. Que apareciera de la noche a la mañana, pusiera la vida de Peter Parker patas arriba y volviera a desaparecer con idéntica rapidez e imprevisibilidad. Con ella, regresaron a la serie otros rostros conocidos: el de Betty Brant, primer amor de Peter; el del esposo de ésta, Ned Leeds, con quien se había reconciliado tras un tiempo de separación, y los de Harry Osborn y Liz Allan, ya felizmente casados, cuyo retorno se produciría en un número especial por múltiples razones, The Amazing Spider-Man Annual #16 USA (1982). Fue en sus páginas donde se encontraron por primera vez las dos generaciones de Romitas: Junior ponía el lápiz, mientras que su padre se encargaba del entintado. Incluso Virginia Romita, la “orgullosa esposa y mamá”, apareció acreditada en la primera página. Stern utilizó ese cómic para presentar a la Capitana Marvel, una heroína que recuperaba el nombre del entonces recién fallecido guerrero Kree, y que en meses posteriores pasaría a formar parte de Los Vengadores, en una época en la que el guionista del trepamuros también se ocupaba de sus historias. “Con la Capitana Marvel”, comentaba Stern, “hice lo que pude para seguir la tradición de Lee, Kirby y Ditko: mostrar una persona normal que de repente adquiere poderes. Quería que estuviera hecha a la vieja usanza, que no fuera como El Castigador o Lobezno, que entonces estaban de moda y no eran en absoluto heroicos. Quería que al menos hubiera un nuevo personaje que no fuera un psicópata o un cretino”.

 

Portada de The Avengers #236 USA, también escrito por Roger Stern, y en el que se jugaba con la posibilidad de que Spidey se uniera al equipo.

 

¿Qué es lo que hacía tan relevante la vuelta a escena de los que habían sido integrantes fundamentales del reparto arácnido durante los primeros años de la serie? Todos ellos habían tenido una presencia intermitente a lo largo del tiempo, pero Stern supo sacarle partido a su reincorporación, al hacerles evolucionar en su statu quo. Ya no eran adolescentes como en sus orígenes, sino personas maduras que seguían adelante con sus vidas y en las que se podía apreciar un avance con respecto a épocas pretéritas. Los había que elegían dar un paso adelante, mientras que los que optaban por permanecer en sus esencias eran forzados por las circunstancias a tomar el camino hacia el futuro, como le ocurriría a J. Jonah Jameson… ¡O al propio Peter! Mientras el elenco de la serie se reconfiguraba a gusto del guionista, todavía quedaban flecos de la época en que el héroe daba clases de doctorado. Stern no se encontraba a gusto con la situación, motivo por el que se propuso marcar su final. Lo alcanzaría de la más radical de las maneras, en The Amazing Spider-Man #243 USA (1983), con un movimiento inesperado que lanzó a Peter hacia la siguiente fase de su edad adulta.

 

El último de los personajes secundarios a los que se daría importancia en esta época sería Lance Bannon, fotógrafo rival de Peter en el Bugle que procedía de la época escrita por O’Neil, aunque había sido el propio Romita Jr. quien le había dado vida gráfica, en su primer episodio en la serie, The Amazing Spider-Man #208 USA (1980). Bannon era mejor profesional que Peter, por lo que sus trabajos eran más apreciados por los jefes del periódico, aunque careciera de la ventaja de su competidor para hacerse con fotos de Spiderman antes que nadie. Desde el principio, sería señalado como el rostro tras la máscara del destacado villano de misteriosa identidad que pronto introduciría Stern.

 

Dos de las más celebradas cubiertas de John Romita Jr. en esta etapa. Imágenes procedentes de Modern Masters. John Romita Jr.

 

ALGO VIEJO, ALGO NUEVO, ALGO PRESTADO

De entre todas esas historias con “villanos prestados” de las que hablábamos antes, la que brillaría con luz propia ocuparía dos episodios, The Amazing Spider-Man #229 y 230 USA, y envolvería a Juggernaut, un peso pesado adscrito habitualmente a La Patrulla-X contra el que el pobre trepamuros tenía bien poco que hacer: “Quería que Spiderman luchara contra alguien que representara un desafío de verdad. Una amenaza física. Alguien a quien Spiderman ni siquiera pudiera golpear. No sé por qué, pero lo primero que me vino a la cabeza fue Juggernaut. Después de todo, su poder es que nadie puede pararle, así que, ¿qué pasaría si Spiderman tuviera que encontrar una manera de detenerle cuando el resto de los héroes están fuera de la ciudad?”, se preguntaba Stern, quien tejió un relato con reminiscencias de “El capítulo final”, la saga culmen de la etapa de Stan Lee y Steve Ditko, en la que Spidey también se veía forzado a un desafío por encima de sus capacidades físicas. La historia de Juggernaut servía para recuperar a Madame Web, una anciana con poderes precognitivos que procedía de la época O’Neil. A Stern le parecía muy sugestiva, pero no estaba de acuerdo en que conociera la identidad secreta de Spiderman. La saga con Juggernaut tendría esa preocupación como motor básico, para dar lugar a una de las mejores aventuras de la etapa, que además serviría para redefinir al villano. Éste y el trepamuros volverían a encontrarse en el futuro, pero siempre tomando como referencia esta mítica historia.

 

El debut de Madame Web, en The Amazing Spider-Man #210 USA (1980).

 

Stern también trató de recuperar algunos contrincantes arácnidos menos conocidos, como Tarántula o Fuego Fatuo, a los que envolvió en una conspiración alrededor de Roxxon Oil, conglomerado empresarial corrupto que hacía de las suyas en diversas colecciones Marvel, pero siguió asistiendo impotente a las reivindicaciones que los lectores hacían llegar a la editorial a través del correo. Muchos querían al Duende Verde de regreso, pero el guionista renegaba de tal posibilidad. Norman Osborn era el único Duende Verde que de verdad consideraba interesante, y había muerto diez años atrás, después de asesinar a Gwen Stacy, en una historia que hubiera sido imperdonable deshacer; los sustitutos, primero su hijo Harry y luego el psiquiatra de éste, para Stern nunca habían estado a la altura de la leyenda del gran patriarca Osborn… Y por eso se propuso ir en una dirección opuesta. Daría a los lectores lo que querían, un Duende de identidad desconocida, como había sido el rasgo más significativo del villano clásico en sus primeras apariciones, pero sin relación directa con los Osborn. “El Duende fue mi solución a las eternas reclamaciones sobre el Duende Verde”, comentaría al respecto. “Como ocurría con el Duende Verde original, nadie sabría quien era realmente, ni Spiderman ni los lectores. Pero, a diferencia de Norman, no estaría loco. El Duende sería tan fríamente calculador como pudiera escribirlo”.

El personaje se presentó en la segunda ocasión en que John Romita entintó los lápices de su hijo, en The Amazing Spider-Man #238 USA. Cuando el episodio estuvo terminado, Stern se acercó a Romita para recordarle que, doscientos números antes, en los años sesenta, había irrumpido en la serie, precisamente para dibujar la historia en la que se descubría que el Duende Verde era en realidad Norman Osborn. El relato original fue la primera historia de Spiderman que leyó Stern en su niñez. La pretensión del guionista con el nacimiento del Duende era reproducir las emociones que aquel cómic le habían producido. Desde el principio, tenía claro quién era en realidad El Duende, pero no se lo diría a nadie. Ni a Romita Jr, ni a Tom DeFalco, ni siquiera a su mujer o a su amigo John Byrne, quien presionó sin conseguir resultados. Nadie lo sabía. La respuesta del público fue abrumadora, de manera que el tema ocupaba cada vez más espacio en el correo de lectores. Allí, se especulaba con las posibles opciones. Los fans señalaban a Harry, a Lance Bannon, al hijo de Kingpin o incluso a J. Jonah Jameson como candidatos a Duende. Cualquiera podía ser el culpable, puesto que Stern había lanzado pistas falsas de todos ellos. Sólo Peter y Robbie Robertson estaban libres de sospecha. En paralelo, la trama creció y creció, hasta abarcar gran parte de los episodios e inundar la apoteósica conclusión de la etapa.

 

Póster creado por John Romita Jr. para Marvel Press, un proyecto de merchandising impulsado por Marvel en 1984.

 

EL FIN DE UNA ERA

En 1984, Marvel puso en marcha una curiosa iniciativa. Mientras los editores de todas sus series se encontraban en la Convención de Cómics de San Diego, sus asistentes cubrirían el puesto, con libertad para hacer cualquier cosa que se les ocurriera. Los resultados serían bastante sorprendentes e incluso rocambolescos. La Franquicia Arácnida representó una buena muestra del llamado “Mes de los Editores Asistentes”. En Marvel Team-Up, tía May se convertía en el Heraldo de Galactus (aunque luego no fuera más que un sueño); en Spectacular, el caricaturista Fred Hembeck dibujaba la mayor parte del episodio, y en Amazing, Roger Stern ofreció una emocionante historia en la que Spidey visitaba a un joven admirador que había coleccionado toda clase de objetos y artículos de periódico relacionados con el trepamuros. En apenas once páginas, el relato conseguía llegar al lector como pocos que se hubieran publicado nunca, con sinceridad, valentía y honestidad.

 

El origen de esta pequeña obra maestra hay que buscarlo meses antes de su realización. “Una mañana, me desperté literalmente con la historia en la cabeza”, explicaría luego Stern. “De hecho, apareció en mi mente tan completa que estaba convencido que debía haberla leído antes”. En los días siguientes, estuvo preguntando a otros colegas, pero nadie recordaba nada parecido. Sólo una vez convencido que el relato le pertenecía se atrevió a escribirlo, sin que hubiera siquiera lugar en Amazing para publicarla. “Estoy seguro que surgió de mi deseo de hacer una historia de interés humano al estilo de Will Eisner. Ése es el motivo por que está contada en parte mediante recortes de periódico. Quería que fuera eisneriana”, añade el guionista.

 

El relato se quedó unos meses en la reserva, esperando hueco, hasta que surgió el Mes de los Editores Asistentes. Esta iniciativa, como se revelaría un cuarto de siglo después, no fue exactamente como se transmitió a los lectores. Es cierto que los ayudantes fueron los amos del lugar durante unos pocos días, pero convertir tal cosa en una sorpresa diferente en cada serie fue decisión de Marvel, hasta el punto de que los editores principales fueron quienes planificaron las historias junto con los autores. En todo caso, el proyecto dejaría interesantes anécdotas que contar… Y también un relato que se sigue posicionando entre los favoritos de todos los tiempos por parte de los fans de Spiderman.

 

No fue John Romita Jr. quien dibujó “El niño que coleccionaba Spiderman”, sino Ron Frenz, un artista cuyo estilo recordaba con intensidad al de Steve Ditko, el creador gráfico del trepamuros. “Saqué todos mis cómics de Ditko para usarlos como referencia, porque creía que el chico protagonista de la historia hablaba de aquella época. Utilicé ese tono porque creía que, dado que se trataba de una historia con mucha caracterización de personajes y poca acción superheroica, el estilo permitiría identificar de inmediato a Spidey”, confesaría el artista, quien antes había pasado por las páginas de Ka-Zar The Savage y había tenido ocasión de dibujar algún número de Marvel Team-Up, aunque sería “El niño…” el trabajo que señaló su destino.

 

Portada de Marvel Team-Up #134 USA (1983), el primer cómic de Spiderman dibujado por Ron Frenz.

 

El mismo mes en que se puso a la venta The Amazing Spider-Man #245 USA también lo hizo The Uncanny X-Men #175 USA, cuyas últimas páginas estaban dibujadas por John Romita Jr. A partir del siguiente episodio, sería el nuevo artista fijo de los mutantes, aunque todavía podría seguir unos pocos meses encargándose del trepamuros. A su vez, desde Amazing #246 USA, la serie estaría coeditada entre Tom DeFalco y Danny Fingeroth, quien se quedaría en solitario apenas tres números más tarde, debido a que DeFalco se había hecho cargo de la recién iniciada Star Comics, la línea infantil de Marvel.

 

La labor de Stern en Amazing estaba cimentada en gran medida sobre su amistad con DeFalco. Ambos se compenetraban al máximo, de forma que las historias fluían con naturalidad. “Tom y yo estábamos en la misma onda”, recuerda el guionista. “Cuando se fue, ya no era lo mismo sin él. Tenía que explicar a Danny cada pequeño detalle de las historias, algo que nunca me pasó con Tom. Me caía bien Danny, pero me di cuenta de que, si seguíamos trabajando juntos, al menos uno de los dos se volvería loco”. Stern llamó entonces a Romita Jr., para comentar la situación, pero éste no hizo sino confirmarle que pronto dejaría Amazing, para quedarse sólo con los hombres-X. Una vez que los dos amigos en los que se había apoyado estaban fuera de la ecuación, Stern decidió que era un buen momento para que él también se marchara.

 

Lo paradójico de este fin de etapa es que, de haber sabido que Ron Frenz sería quien sustituyera a Romita Jr., el guionista probablemente hubiera accedido a seguir un tiempo más, pero esa decisión no se tomaría hasta más tarde, pese a que Frenz dibujó el último número con argumento de Stern, The Amazing Spider-Man #251 USA (1984). No menos sorprendente fue el nombre de quien dialogaría ese cómic y se confirmaría luego como su sustituto, ya que, al no aparecer ninguna persona adecuada, Fingeroth le propuso el trabajo al propio DeFalco, cuya posición de editor durante todos esos años le había permitido conocer al personaje como pocos escritores. Aceptó, y realizó junto a Frenz una etapa brillante, deudora de la de Stern / Romita Jr. y llena de hallazgos, pero nunca lograría que su amigo le confesara la verdadera identidad del Duende, por lo que el tema seguiría suscitando debate y acabaría por encontrar una solución en falso.

 

En cuanto a Romita Jr., durante aquellos años en que había dibujado Amazing mejoró lo indecible, toda vez que encontraba los entintadores que sabían complementarse con sus lápices. No es extraño que el mejor de todos ellos, Dan Green, le acompañara luego en The Uncanny X-Men. La idea inicial pasaba porque el artista se ausentaría de Amazing sólo durante medio año, pero cuando concluyó ese plazo y se planteó la opción de volver, Romita Jr. prefirió centrarse en los mutantes. No obstante, su historia con Spiderman estaba lejos de terminar: desde el final de la etapa Stern. ha vuelto a dibujar al trepamuros en repetidas ocasiones, con largas y continuadas estancias, de forma que en su bibliografía destaca también su larga cooperación con Joe Michael Straczynski, desarrollada entre 2001 y 2004 y recopilada en varios tomos de Marvel Héroes. Caso distinto, en su relación con el Hombre Araña, ha sido el de Roger Stern.

 

La ilustración más representativa de la etapa de Joe M. Straczynski y John Romita Jr. con el trepamuros, perteneciente a The Amazing Spider-Man #500 USA (2003)

 

A finales de los ochenta, poco después de que Peter Parker se hubiera casado, el guionista recibiría la oferta de volver a la franquicia, esta vez para escribir Spectacular, pero prefirió rechazarla: creía que el matrimonio del héroe había sido un error mayúsculo, por lo que no estaba interesado en escribirlo en esas circunstancias. Agradeció la atención a Jim Salicrup, el entonces editor, y le pidió que le volviera a llamar cuando el matrimonio se hubiera deshecho. Años antes de que eso ocurriera, en 1997, aceptaría regresar, para escribir una miniserie de tres números, Spider-Man: Hobgoblin Lives!, en la que se reuniría con Ron Frenz para al fin desvelar la identidad secreta del Duende, una solución radicalmente distinta a la que habían adoptado sus sucesores en Amazing, pero que mantenía la coherencia con todo lo que ellos contaron. Ya entonces, Stern no se sintió cómodo con lo mucho que había sido alterado Spidey desde que él lo escribiera. “Era como reencontrarse con un viejo compañero de Universidad. Era el mismo, pero había cambiado. Tenía demasiadas cosas en la cabeza”, decía. El matrimonio arácnido no se rompió hasta 2008, resolución a la que seguiría una etapa claramente deudora de la de Stern / Romita Jr., y en la que el guionista tendría cabida ocasional, con aventuras muy puntuales en las que se distinguía un brillo del esplendor de antaño, como un arco argumental en el que Spidey volvía a cruzarse en el camino de Juggernaut o un emocionante relato que ahondaba en la historia, nunca antes contada, del almacén en que Spidey había encontrado al asesino de tío Ben, y que se editó en conmemoración del cincuenta aniversario del héroe.

 

 

Página interior de Spider-Man: Hobgblin Lives! #1 USA (1987)

 

En España, esta época dorada ha aparecido en diversas ocasiones. Fue publicada, poco después de lanzarse en Estados Unidos, dentro del primer y mítico volumen uno del Spiderman de Cómics Forum, con las medidas que tenían los cómics de Marvel en España en aquella época; fue parcialmente recuperada en la segunda edición de dicha serie, cancelada antes de que llegara a completarse la etapa. Y también pudo verse en el coleccionable Spiderman cuyo lanzamiento coincidiera con la primera película del trepamuros o en la Biblioteca Marvel, aunque en blanco y negro y a tamaño reducido.

 

Este volumen ofrece la andadura de Roger Stern y John Romita Jr. en The Amazing Spider-Man de manera íntegra, a color y en formato original, circunstancias que nunca habían coincidido en las ocasiones mencionadas anteriormente. Bien entrado el siglo XXI, Stern se ha ganado el puesto del segundo escritor, sólo superado por Stan Lee, que mejor ha sabido entender a Peter Parker, y Romita Jr. el del dibujante definitivo del héroe arácnido, para algunos incluso por encima de su padre. Uno y otro, con la inestimable ayuda de Tom DeFalco, conjugaron la que sigue siendo considerada como la mejor etapa del trepamuros posterior a su Edad Dorada y el más certero ejemplo de lo alto que llegaron las aventuras de Spiderman en los años ochenta.

 

 

Artículo aparecido en Marvel Héroes. El Asombroso Spiderman de Roger Stern

MARTA PLATEADA EN EL UNIVERSO ULTIMATE: LA EXTRAÑA ITINERANCIA DE UNA ANTI-HEROINA

El cómic siempre se ha dejado influir por las versiones que de sus iconos pudieran aportar otros medios. Los ejemplos más significativos podemos encontrarlos en la Distinguida Competencia. Así, la Kriptonita apareció primero en el serial radiofónico de Superman antes de saltar a las viñetas, y lo mismo ocurrió con Harley Quinn, en la excepcional serie animada de Batman que orquestara Bruce Timm. Marvel ofrece ejemplos similares en cuanto a la relación con sus adaptaciones audiovisuales. Como muestra, el caso que nos ocupa, aunque lo cierto es que con Marta Plateada nos encontramos ante un cúmulo de circunstancias extraordinarias, que lo hacen especialmente significativo y anecdótico.

 

Todo empezó donde menos podría imaginar nadie: en las tarjetas coleccionables de animales exóticos que se popularizaron durante los años setenta y ochenta y que se vendían por correspondencia junto con sus archivadores. Cada tarjeta mostraba por un lado una foto del animal en cuestión, junto a un mapa mundial que situaba su región de procedencia y algunos símbolos que informaban sobre ciertas características, mientras que por el otro lado había un largo texto divulgativo con todo lo que un chaval quisiera conocer sobre la bestia. Tom DeFalco, quien escribía The Amazing Spider-Man a mediados de los ochenta, invirtió los quince centavos más rentables de su vida en comprar un paquete de esas tarjetas, que vio anunciado en las teletiendas de madrugada. Un día, las llevó a Marvel y se las enseñó a Ron Frenz, el dibujante de la serie arácnida. De aquella reunión, salieron nada menos que tres personajes, que debutarían a lo largo del siguiente año en las aventuras de Spidey. Zorro Negro y Puma estaban además influidos por villanos clásicos, de la época dorada de Stan Lee y Steve Ditko, pero Marta Plateada era algo completamente nuevo, que no respondía a ningún planteamiento previo. De los tres, fue la que más fortuna comercial encontró. La implacable soldado de fortuna procedente del pequeño país europeo de Symkaria podía figurar tanto como enemiga de Spiderman, cuando éste interfiriera en sus asuntos, o como aliada, en tanto que ella contratara al lanzarredes para alguna peligrosa misión. Con el paso del tiempo, se fue demostrando como un personaje positivo, que se movía por un código de honor, más allá del interés por el dinero. Marta Plateada se hizo habitual de las aventuras arácnidas, lo que le llevaría a disfrutar de una colección propia, de la que se publicaron nada menos que 35 entregas, y también aparecería en la serie animada de Spiderman en los años noventa, lo que posibilitó que fuera conocida más allá de los cómics. Con el fin de esa década, iría declinando su fama, hasta casi perderse de vista. Es aquí cuando entró en acción Brian Michael Bendis.

 

El guionista de Ultimate Spider-Man fue requerido por Sony Pictures Television para producir una nueva serie de televisión basada en el héroe de las telarañas y que sería emitida por el canal juvenil MTV. La particularidad de este producto es que estaría animado por ordenador, con la técnica de cel-shading, que permitía darle un aspecto de cómic en movimiento, en una época, mediados de 2003, en que tal cosa no solía ser habitual. La trama cubriría el hueco entre la entonces recién estrenada Spider-Man y la inmediata Spider-Man 2, que llegaría un año más tarde, y aunque Bendis partía de un statu quo que era el de la película de Sam Raimi, lo cierto es que ésta coincidía bastante con Ultimate Spider-Man, de tal forma que Spider-Man: The New Animated Series tendría muchísimas semejanzas con el trepamuros definitivo: en el estilo narrativo, en la característica marca de Bendis y en el diseño de algunos personajes. La aparición de Marta Plateada tenía lugar en el tercer episodio, titulado “Spider-Man Dis-Sabled”, un intraducible juego de palabras que hacía alusión al nombre, en inglés, de Marta. Ésta se presentaba como una asesina a sueldo que sometía a Peter a una implacable persecución, de cara a recuperar unas fotos que la incriminaban.

 

Bendis volvería sobre el personaje, esta vez para integrarla en el entorno de Ultimate Spiderman, pero no sería en el cómic, sino dentro del excelente videojuego del mismo nombre, que escribió junto a Brian Reed, vio la luz en el otoño de 2005 y se integraba dentro de la continuidad de la serie mensual… De hecho, dentro de unos cuantos tomos volveremos sobre este tema para tratarlo en profundidad. El segundo acercamiento del guionista de Cleveland a la mercenaria de cabello plateado se aproximaba mucho más al personaje del Universo Marvel convencional, con un diseño prácticamente calcado del que hiciera en su momento Ron Frenz. La saga sería además generosa en la aparición de villanos, no todos ellos de extracción arácnida: la Brigada de la Demolición, Rojo Omega (de quien Bendis esperaba sacar mucho más partido del que finalmente consiguió extraer) y El Buitre. Este destacó como uno de los pocos villanos de la época Lee/Ditko que faltaban por verse en Ultimate Spider-Man, de manera que su irrupción sería acogida por los aficionados como una vieja asignatura por fin aprobada, en un arco que por lo demás suponía un buen punto de partida para subirse a la serie.

 

El motivo había que buscarlo en la historia que se situaba inmediatamente antes y con la que se abre este tomo: el Ultimate Spider-Man Annual #1 USA. Sí, es cierto que ya se había publicado un cómic al margen de la numeración, denominado Ultimate Spider-Man Super Special (Ultimate Spiderman nº 7: Escrutinio público), pero éste había funcionado más como epílogo de Ultimate Marvel Team-Up que con el valor de excepcionalidad de los Annuals clásicos, que era lo que Bendis quería recuperar para la ocasión. Y es que, en sus páginas, Peter Parker se echaría una nueva novia. La identidad de la chica sería motivo de intriga entre los lectores, que se encontrarían con una sorpresa mayúscula al descubrir su rostro, a la altura de la expectación creada. Bendis se salía por la tangente como nadie había imaginado, y aunque él esperaba que esta relación amorosa dividiría a la audiencia, no fue así: la mayor parte de los aficionados saludaría con entusiasmo una decisión que se venía preparando desde meses antes, como resultado lógico de la muerte de Gwen y la ruptura con Mary Jane.

 

Mark Bagley hubiera dibujado el Annual, y de hecho así se le ofreció, pero para su disgusto no podría encajarlo en agenda. Al ser un número fuera de colección, mantenía intacto el objetivo de no faltar nunca a su cita con los lectores, toda vez que quedaría muy satisfecho con el trabajo que hizo en su lugar Mark Brooks, y así lo manifestaría en público. La llegada de esta novia de Peter Parker marcaría un giro interesante en la trayectoria del joven trepamuros, con un puñado de posibilidades a explorar en el futuro inmediato.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 17

LA HISTORIA DETRÁS DEL NACIMIENTO Y EL DESARROLLO DE SPIDER-GIRL: UN PEQUEÑO MILAGRO FEMENINO ARÁCNIDO

En 1998, Tom DeFalco, veterano escritor y guionista del trepamuros que vivió sus días de mayor gloria en los años ochenta, encontró la manera de seguir escribiendo historias de Spider-Man sin que tuviera que responder a nadie y continuando en el punto en el que había dejado de participar en la franquicia. Él y su amigo Ron Frenz estaban buscando una excusa para volver a trabajar juntos, después de que el artista hubiera estado un tiempo dibujando Superman, y la encontraron con el What If #105 (febrero de 1998), un cómic que viajaba quince años en el futuro para mostrar un universo alternativo en el que Bob Harras nunca había dado la orden de resucitar a Tía May y Peter había luchado una última vez con El Duende Verde, había perdido una pierna y había rescatado a su hija, a la que llamó May en recuerdo de su ahora definitivamente fallecida figura materna. Al cabo de tres lustros May Mayday Parker era una jovencita tan inteligente como su padre y tan extrovertida como su madre. De Peter había heredado también sus poderes arácnidos, y un buen día tomaba el traje del Tío Ben Reilly para convertirse en Spider-Girl y salvar la vida de su progenitor, amenazado por una nueva encarnación de El Duende Verde, que resultaba ser Normie, el hijo de Harry y nieto de Norman. Al final de la historia, Mayday quemaba el traje, tal y como había hecho su padre en la continuidad tradicional, y al igual que él, también volvería a actuar como superheroína al cabo de un tiempo.

 

 

“Quería hacer un What If que fuera diferente a la mayoría, que suelen acabar en muerte y destrucción, para probar que el Universo Marvel es el mejor de los posibles”, comenta Tom D. “Aspiraba a crear una historia que diera la esperanza de un futuro mejor”. Cuando el escritor se aproximó a Frenz con la idea, éste dudó de que el nombre fuera el más apropiado, e incluso preguntó si no estaba disponible el de Spider-Woman. Lo estaba, pero a juicio de DeFalco olía a muerte. “Confía en mí. Debe ser Spider-Girl”, aseguró. Frenz, como había ocurrido en los anteriores proyectos conjuntos, no sólo se encargaría de dibujar la aventura, sino que además participó de su desarrollo argumental. Fue él quien sugirió que adaptaran el traje arácnido de Ben Reilly a la anatomía femenina de Spider-Girl, porque estaba convencido que era perfecto para tal circunstancia. Juntos, abordaron el proyecto como si ninguna aventura de Spidey se hubiera publicado desde finales de los ochenta, y ahora la editorial estuviera relanzando el concepto a través de la siguiente generación. Tomaron la medida de que el cómic pareciera el piloto de una serie de televisión, aunque no barajaran que se presentara la posibilidad de continuarlo. Había una conexión emocional con los personajes, porque era como reencontrarse con Peter y Mary Jane al cabo de todo ese tiempo y descubrir que habían tenido una niña. “Originalmente, estaba basada en mi sobrina”, comenta el guionista. “Su padre, mi hermano, luchó en Vietnam y cuando ella quiso convertirse en policía, él estaba hecho un manojo de nervios. Decía: ‘Ella es una niña, ¿cómo puede pensar en arriesgar su vida?’ Y yo le contestaba: ‘Pero John, tú tenías dieciocho años cuando fuiste a Vietnam’. Me respondía que eso era diferente, que él sabía lo que estaba haciendo y ella no. Siempre me ha gustado ese conflicto entre padres con vida aventurera que temen que sus hijos sigan sus pasos. Cuando tuve que crear a Spider-Girl, pensé que por fin podría usar esas discusiones que mantenían ellos dos todo el tiempo”.

 

 

El debut de la hija de Spider-Man se agotó en pocas horas, lo que nadie se esperaba. En Marvel, felicitaron a DeFalco, porque muchos consideraban el cómic extraordinario, pero lo más sorprendente de todo fue que Bob Harras le llamó un buen día, y le dijo: “Escucha. La cosa esta de Spider-Girl… Entiendo que querrás hacer una serie, ¿verdad?”. Había visto los bocetos trazados por Frenz para establecer al personaje, y asumió que se trataba de una propuesta para un cómic mensual, pero a Tom D nada de eso se le había pasado por la cabeza, por más que la cantidad de material de background que llegaron a hacer estaba por encima de lo habitual. “Bien, he tenido esta idea”, respondió Harras. “Queremos hacer una bolsa con cómics que vendamos en grandes almacenes, pero gran parte del material que hacemos no es apropiado para eso, así que algunos autores clásicos nos harán algo para ese mercado. ¿Estarías interesado?”.

DeFalco dijo que sí. Marvel Comics 2 había nacido.

Para el guionista, y al contrario de lo que no demasiado tiempo atrás había supuesto la línea 2099, el futuro de Marvel no debía ser apocalíptico ni pesimista, sino un tiempo muy parecido al actual en el que los hijos de los antiguos superhéroes aceptaron la herencia de sus padres y siguieron adelante, sin coches que volaban ni tecnología imposible, porque las películas de 1983 no mostraban un mundo muy distinto al que existía en 1998. El MC2 enseñaba cómo habría evolucionado el propio Universo Marvel tal y como él lo entendía.

 

 

El lanzamiento simultáneo del primer número de Spider-Girl, A-Next y J2 (octubre de 1998) marcó el comienzo de todo. Estaba previsto que, al cabo de doce números, sustituirían las tres series por otras nuevas, salvo que alguna de ellas funcionara y mereciera una “segunda temporada”. Frenz se involucró, como director artístico no oficial, y tendría que haber dibujado Spider-Girl, mientras que Pat Olliffe se ocuparía de A-Next, pero en cuanto Frenz supo que en esa colección iba a estar el hijo de Thunderstrike, un personaje que había creado él mismo y que estaba deseando utilizar, pidió el cambio. Tras su paso por Untold Tales, Olliffe parecía la elección perfecta para la Chica Araña.

De cara al plan de Harras, Spider-Girl y A-Next se posicionaron enseguida como las destinadas a sobrevivir, pero la hija de Spider-Man ganó la partida. A-Next fue reemplazada por Fantastic Five y J2 por Wild Thing, pero entonces el acuerdo de distribución que se había apalabrado no pudo cerrarse, por lo que en Marvel prefirieron cancelar la línea al completo. Fantastic Five y Wild Thing cayeron tras apenas unos pocos números publicados, mientras que el Spider-Girl #17 se programó como el último.

Fue la primera vez que el título se vio al borde del abismo. La primera de muchas. En esta ocasión, alguien dentro de la editorial comprobó que las ventas estaban siendo buenas, lo que supuso una prórroga. Para las siguientes amenazas, los grupos de fans saltaron a la palestra, con intensas campañas de Internet que se saldaron en victoria. “Cada vez que Spider-Girl fue cancelada, yo no hice nada. Sólo asumí que se había acabado”, aseguraba Tom D. “Fueron los fans quienes, sin que yo les animara a hacerlo, hicieron oír su desaprobación”.

 

En el cómic propiamente dicho, DeFalco alternaba elementos conocidos con otros nuevos, aunque siempre con un aire nostálgico. De esta forma, May asistía al Instituto Midtown, como hiciera Peter, si bien ella resultaba popular entre sus compañeros y jugaba al baloncesto como una estrella. En el elenco de secundarios abundaban las caras conocidas, incluidos J. Jonah Jameson, Phil Urich, Flash Thompson y Felicia Hardy (estos dos emparejados y también con una hija) o el resto de los héroes del MC2. Los compañeros de instituto se dividieron entre los populares, que enlazaban con el lado más abierto de la protagonista, y los empollones, que apelaban a su corazón nerd. La serie siguió un esquema que evocaba los tiempos gloriosos de la Franquicia Arácnida, con gran parte de la atención descansando sobre la relación de Mayday con sus amigos del Midtown y con su familia, poniendo el acento sobre los conflictos que acarreaba su actividad superheroica. Tom D ya había cumplido los cincuenta cuando empezó a escribir las andanzas de la quinceañera. Sus adolescentes recordaban más a los de veinte años atrás que a los que poblaban los institutos en la primera década del siglo XXI, pero al menos sí consiguió dotarles de una enorme diversidad, e incluso se atrevió con temas polémicos, que no solían encontrarse en un cómic dirigido a todos los públicos.

Al igual que le ocurriera al trepamuros original, Spider-Girl sufría su condición de heroína novata; luchaba con un buen número de villanos peculiares que luego formaron su grupo de supercriminales, Los Seis Salvajes; perdía los poderes durante una pequeña temporada; peleaba una y otra vez con El Duende Verde, quien acababa por reformarse e incluso por caer enamorado de ella; se encontraba con los hijos de la primera Spider-Woman o de Ben Reilly, y se veía frente a su propio clon, April Parker. De hecho, las alusiones a “El retorno del clon” fueron en aumento conforme avanzaba la cabecera; inicialmente, bajo la orden de ignorar la existencia de Ben Reilly, eran escasas y veladas, pero al cabo de los años se hicieron más presentes, hasta que los autores llegaron a recuperar a Kaine o los Scrier.

DeFalco cerraba cada hipotético último número con una splash de despedida, pero luego se encontraba con un cambio de planes de última hora. Tras una sucesión de tentativas de cierre, el Spider-Girl #60 (julio de 2003), en el que acababa de nacer Benjamin Richard Parker, el segundo hijo de Peter y Mary Jane, debía ser el último con total seguridad. Olliffe incluso tenía ya un nuevo encargo y para los tres números finales se había requerido la vuelta de Frenz. A Tom D le aseguraron hasta en tres ocasiones que no habría vuelta atrás. En aquel entonces y desde hacía mucho tiempo, Spider-Girl era ya el único título que seguía escribiendo para Marvel. Una vez cerrase, su relación con la editorial habría acabado para siempre. Se acercó a las oficinas para despedirse de todo el mundo y, apenas dos semanas después, Andy Schmidt, el editor de Spider-Girl, le telefoneó para decirle que la cabecera se había ganado otra oportunidad más. “¿Puedes tener un argumento para el viernes?”, preguntó.

 

Era el 1 de abril de 2003 y el guionista entendió que se trataba de una broma del April Fool’s Day. “Oh, ¿sólo necesitas uno? Puedo hacer cuatro o cinco para el viernes”, respondió, siguiendo la supuesta broma. Y colgó. Schmidt, por entonces un recién llegado a Marvel, hablaba en serio. Insistió, pero DeFalco colgó un par de veces más, igual que colgó a todo el mundo que, a petición del editor, le vino con la misma cantinela. Finalmente, Tom Brevoort llamó. “Son las siete y media de la tarde, todavía estoy en la oficina y eres la última persona con la que quiero hablar”, le dijo. “La serie no está cancelada. Sé que es el 1 de abril. Voy a llamarte mañana y a recordarte esto. Pero de verdad que necesitamos ese argumento para el viernes. Créeme, te lo pagaremos”. Por fin convencido, a DeFalco sólo le quedó por decir una última cosa: “Si lo necesitas para el viernes, lo tendrás el viernes”. Acto seguido, habló con Frenz y le confesó que no tenía ni idea de qué clase de historia podía contar. Sólo se le ocurrió el título, “Marcada por la muerte”, de lo más apropiado dadas las circunstancias. Sería una historia de misterio en varios números, algo inusual para la serie, pero en aquel momento estaba claro que Mayday Parker tenía dos tipos de seguidores, los que no se perdían ningún episodio y los que leían sus aventuras a través de los tomos recopilatorios. La estructura en sagas beneficiaría a éstos. Tras el Spider-Girl #60, Frenz se quedó como dibujante fijo, con puntuales regresos de Olliffe y, un poco más adelante, con Sal Buscema a las tintas, lo que hizo de la colección el título más eminentemente clásico de Marvel, una especie extraña que no tenía con qué equipararse. Incluso nacieron productos derivados a su alrededor, como las miniseries Last Hero Standing (2005) y Last Planet Standing (2006), microeventos a cargo de DeFalco y Olliffe de los que participaban todos los héroes del MC2 y que llegaron a vender por encima de la propia Spider-Girl.

 

 

En todos los años en los que la hija de Spider-Man se mantuvo a salvo, Marvel no publicaba nada tan remotamente nostálgico y orgullosamente retro, plagado de alusiones a cómics con décadas de antigüedad que sólo podían pillar los más entregados fans, y a su vez imbuido de un espíritu para todos los públicos que sirvió a La Casa de las Ideas para reciclar el producto fuera de las librerías especializadas, mediante tomos en formato digest que alcanzaron cifras sorprendentes y permitieron el rescate, en el mismo formato, de otros títulos del MC2 originario. Paso a paso, Spider-Girl llegó a convertirse en la superheroína de Marvel con un mayor número de aventuras publicadas. Una vez que el éxito comercial dejó de acompañar, la editorial la sostuvo todavía con vida por el prestigio que eso suponía, pero la situación no pudo mantenerse eternamente.

La colección llegó al centenar de entregas publicadas (septiembre de 2006), para regresar, con una segunda serie, The Amazing Spider-Girl, un par de meses más tarde y durante treinta entregas más, la última con fecha de mayo de 2009. A continuación, DeFalco, Frenz y Buscema encontraron cobijo temporal para el personaje, como complemento de la revivida Web Of Spider-Man, pero sólo durante siete breves números. Todavía hubo un intento más, en forma de miniserie de cuatro entregas, Spectacular Spider-Girl (julio-octubre de 2010). Tras una breve existencia en cómic digital, dentro de la web de Marvel, la saga parecía destinada a terminar en Spider-Girl: The End (octubre de 2010), porque tras el lanzamiento de ese especial Marvel decidió utilizar el nombre con otro personaje, adscrito a la continuidad tradicional y cuya andadura no pasó de los ocho números, pero Mayday todavía tenía un futuro por delante.

 

Tom DeFalco terminaba cada aventura de Spider-Girl con la misma frase: “El fin… ¡Por ahora!”. En un principio, era una manera de enviar el mensaje a los lectores de que todos los episodios eran autoconclusivos, y por lo tanto podían empezar a leer por donde quisieran. Cuando la posibilidad de cierre quedó instalada en el ánimo del autor, pasó a ser una manera de cubrirse las espaldas. Pero cuando los fans contemplaron que Spider-Girl regresaba siempre, llegaron a interpretar ese “por ahora” como una promesa de que, pasara lo que pasara, habría una siguiente historia. Quizás Spider-Girl ya no cuente con una colección mensual, pero puede que esté destinada a regresar al Universo Arácnido cada cierto tiempo, al menos mientras viva su guionista, al que un día le pidieron que escribiera su propio epitafio: “Aquí yace Tom DeFalco, que trató de entretener a algunas personas. A veces lo consiguió. Gracias por estar ahí”.

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada.

SPIDER-MAN BACK IN BLACK: NEGRO COMO LA NOCHE, NEGRO COMO EL CARBÓN

Durante más de dos décadas, Spiderman vistió de rojo y azul. Su uniforme era tan icónico como el de otros grandes personajes del cómic universal, desde Superman hasta Asterix, desde el Fantasma Enmascarado al Capitán América. Pero nada dura para siempre, y en 1984 Marvel se atrevió a alterar radicalmente la vestimenta del trepamuros. El traje negro supuso una revolución estética que, contra todo pronóstico, agradó a la mayoría de lectores. Y aunque el personaje no tardó en volver a los orígenes, a partir de entonces se hizo cada vez más habitual que renovara su fondo de armario, con toda clase de variantes, que iban de lo absurdo a lo genial. En 2007, coincidiendo con la aparición del traje negro en Spider-Man 3, el trepamuros volvió también a vestirlo en los cómics… y tenía importantes razones para hacerlo.

 

“Civil War” había acabado de la peor manera posible para el Hombre Araña, con Tía May como víctima involuntaria de las decisiones que había tomado su sobrino en el curso de la Guerra Civil Superheroica. Fue él quien, siguiendo el consejo y los ruegos de Tony Stark, reveló su identidad secreta en público y se convirtió en la cara amable del registro. Fue él quien, después de comprender lo errado de su comportamiento, adjuró del mismo ante las cámaras de televisión y se pasó al bando a favor de las libertades, encabezado por el Capitán América. Ese bando había perdido, y sus cabecillas sufrirían las consecuencias.

 

El Universo Marvel se teñía de pesimismo y división tras “Civil War”, a imagen de lo que estaba ocurriendo en Estados Unidos como consecuencia de las políticas llevadas a cabo por el presidente George W. Bush. El Capitán América fue asesinado en las escaleras del tribunal que iba a juzgarlo por delitos de traición, lo que supondría el inicio de uno de los más celebrados arcos argumentales que hubiera conocido jamás la colección del Centinela de la Libertad. En cuanto a Spidey, en La Casa de las Ideas tenían unos planes muy definidos acerca de su futuro, siguiendo los dictados del Director Editorial, Joe Quesada. Éste llevaba un tiempo acariciando la idea de romper el statu quo del trepamuros como no había ocurrido en veinte años, mediante el regreso de su soltería. Era una vieja aspiración de muchos de los autores que habían pasado por la Franquicia Arácnida desde que se consumó el matrimonio con Mary Jane, ya que estimaban que con él se perdían una parte sustancial de las señas de identidad del personaje. Quesada no era el único a favor de borrar todo rastro de aquella unión, pero sí el más significativo y visible de los partidarios. Joe Michael Straczynski había compartido su intención de abandonar la serie principal del héroe, así que el otro Joe estimó que aquél sería el momento adecuado para acometer la operación.

 

Pero esa historia tendría todavía que esperar unos meses, porque en el camino apareció el siguiente blockbuster cinematográfico de Marvel. Spider-Man 3, cuyo estreno estaba programado en Estados Unidos para el 4 de mayo de 2007, venía a plantear el célebre arco argumental del traje negro. Aquella aventura se remontaba a los años ochenta, cuando un lector consiguió vender a la editorial la idea de que Spidey adoptara una nueva vestimenta. Después de un cúmulo de circunstancias que alteraron el plan inicial, el traje negro debutó con motivo de “Secret Wars”, la gran aventura que en 1984 reunió a los mayores héroes de la factoría, y supuso un inesperado éxito. Luego salió a la luz que el traje era, en realidad, un simbionte alienígena que trataba de asimilar a Peter Parker, pero gustaba tanto que los autores recurrieron a la tela convencional para seguir vistiéndolo de negro. El traje sólo fue abandonado después de que el simbionte diera lugar a Veneno, el nuevo y amenazante villano que irrumpió algunos años después. Desde entonces, Peter Parker lo había vuelto a vestir en contadísimas ocasiones, pero la película lo había puesto de nuevo de moda. Los cómics tenían que reflejar eso de alguna manera, y en la Oficina Arácnida decidieron que la mejor forma de hacerlo era montar un “landscape” que durase unos pocos meses y posibilitara aquella mimetización con el filme.

 

En la planificación de Joe Michael Straczynski no había nada en ese sentido. Su objetivo consistía en saltar a su historia de despedida tan pronto como terminarse “Civil War”, pero aceptó aguantar unos pocos meses más y formar parte del proyecto, que recibió el nombre de “De vuelta al negro”. Tal decisión no pudo beneficiar más a los lectores. El resto de colecciones de Spidey aprovecharon a su manera el cambio de uniforme, pero ninguna con tantísimo acierto como Amazing. JMS conjuró un gigantesco relato de un Spiderman desesperado y furioso, como pocas veces se había visto antes, a lo que se añadió una caracterización de Kingpin, el gran villano detrás de todo, equiparable a la que había hecho Frank Miller en “Daredevil: Born Again”. El Jefe del Crimen, que casi se había olvidado del Hombre Araña en los últimos veinte años de cómics, se mostró como nunca lo había hecho ante el lanzarredes: como la encarnación del mal absoluto, aquello capaz de corromperlo todo. La batalla con la que se coronaba el relato quedó como uno de los momentos más escalofriantes de toda la etapa de Straczynski, mientras que el dibujante Ron Garney, quien también se disponía a abandonar la franquicia, dejó el que podría calificarse como el mejor trabajo de su carrera, reflejando en cada viñeta el peso trágico de aquel Spiderman desesperado, al borde del abismo. En aquellas páginas de desesperación absoluta, casi se podía escuchar martilleando el “Paint It Black” de Rolling Stones.

 

“Miro en mi interior

y veo que mi corazón es negro

No es fácil plantar cara

cuando todo se ha vuelto negro”.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 12

UNA TRANSICIÓN COMPLICADA: MÁS ALLÁ DE McFARLANE Y LARSEN

1992 fue un año de vértigo para Marvel en general y para la Franquicia Arácnida en particular. La creación de Image había dejado de un plumazo sin las dos figuras artísticas más importantes con las que contaba Spiderman en esos momentos. Todd McFarlane y Erik Larsen se habían marchado para lanzar sus propios cómics fuera de la órbita de las grandes editoriales. El mercado se rompería como nunca lo había hecho, pero en La Casa de las Ideas todavía no eran conscientes del golpe que habían recibido. Bien al contrario, las imágenes creadas por McFarlane se siguieron utilizando en los elementos distintivos del personaje. El dibujo del hijo pródigo que nunca regresaría estaba en la logoforma que decoraba las portadas de la que había sido su cabecera y otra de sus figuras también aparecía en el logotipo del Treinta Aniversario del nacimiento de Spiderman, que se celebraba ese mismo año.

 

Habían pasado tres décadas desde que Stan Lee y Steve Ditko hubieran creado al Hombre Araña en Amazing Fantasy #15 USA (1962. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman: Poder y responsabilidad), el último número de una serie que a nadie importaba y con el que se dio inicio a un mito de la cultura popular. Treinta años después de aquel revelador momento, el trepamuros vivía su momento comercial más dulce. Danny Fingeroth, el recién estrenado editor de la franquicia, la había heredado de las manos de Jim Salicrup en unas condiciones inmejorables. El trabajo de McFarlane y Larsen, primero en The Amazing Spider-Man y luego en Spider-Man, había puesto de nuevo de moda al personaje, y en Marvel no entendieron por qué habrían de cambiar las cosas ahora que ellos ya no estaban. De hecho, Mark Bagley, el nuevo dibujante de Amazing, conseguía mantener el impulso que habían conferido sus predecesores al principal título arácnido, mientras que David Michelinie continuaría escribiéndola, lo que posibilitaría la continuidad en el tono. Spectacular y Web of, las otras dos colecciones que figuraban junto a Amazing, no habían sufrido cambio alguno por la espantada de los dos dibujantes, lo que aparentemente acotaba el problema.

 

La única de las colecciones en la que había que tomar medidas era ese cuarto título que Salicrup habría creado para uso y disfrute exclusivo de McFarlane y que, tras su salida, Fingeroth había cedido a Larsen, esperando repetir el esquema de dibujante comercial que escribía también sus historias. No había, sin embargo, un tercer autor en liza que pudiera mantener una fórmula que estaba cosechando ventas millonarias. De hecho, la plana mayor de las estrellas de la compañía había optado por sumarse a la aventura de Image. Después de aquello, Marvel estaba quemada de estrellas y nombres que vendían por sí mismos. La política que a partir de ese momento sería decretada desde la cúspide de la editorial iría en sentido contrario: ya no tenían a Jim Lee, Todd McFarlane, Erik Larsen, Rob Liefeld o Marc Silvestri, pero podían recurrir a imitadores que copiaran su estilo, dibujantes sin personalidad que no dieran problemas, bajo la atenta mirada de sus editores, que serían en definitiva los que llevaran la voz cantante a partir de ese momento, aunque en realidad no harían sino plegarse a las demandas del departamento de marketing, que trataría de repetir todos los trucos que durante los años pasados habían traído las ventas millonarias. Se resumían en portadas múltiples, en cartoncillo, con tintas metálicas, relieves u hologramas, además de crossovers siempre que fuera posible, y que darían lugar a nuevas cabeceras pertenecientes a las franquicias de éxito, la arácnida y la mutante en primer término, la cósmica o la sobrenatural en segundo plano. En el departamento de marketing de aquellos primeros noventa nunca habían oído hablar de buenos cómics. En realidad, no hubieran reconocido uno de haberlo visto.

 

Ya no había estrellas a la que encumbrar, pero Fingeroth creyó que, para Spider-Man, seguía valiendo el planteamiento inicial, que mimetizaba la estructura de arcos argumentales con equipos creativos rotantes de Batman: Legends Of The Dark Knight. Siempre sería fácil encontrar guionistas o dibujantes que se quisieran hacer cargo del trepamuros durante unos pocos episodios por un sustancial sueldo. Quizás no serían tan llamativos como McFarlane o Larsen, pero a cambio tampoco serían problemáticos. Para el primero de esos arcos en la era posterior al ocaso de los dioses, Fingeroth se hizo con los servicios de dos autores de peso que nunca habían dejado su impronta en el Hombre Araña. El guionista era Don McGregor, acreedor de una mítica etapa en los años setenta al frente de Pantera Negra, con un toque muy político que había fascinado a un puñado de entusiastas lectores, pero de la que nada sabía buena parte del fandom. McGregor había regresado periódicamente a Marvel, y además de volver el héroe de Wakanda también acometía pequeños encargos con personajes menores, como Blade o Morbius. Para Spider-Man, se encargaría de un relato en dos partes, centrado en el acoso infantil y la facilidad de acceso a las armas que existe en Estados Unidos. Se trataba de una pequeña historia de contenido social como no se veía en las aventuras arácnidas desde mucho tiempo atrás, en la época de la Marvel relevante y con resonancia en la realidad. De dibujarla se ocuparía nada menos que Marshall Rogers, el hombre que había redefinido a Batman o al Doctor Extraño, y cuyos días de gloria también parecían ya olvidados.

 

Con McGregor y Rogers empezaría la nueva etapa del cuarto y más independiente de los títulos arácnidos, pero antes de su llegada, Fingeroth haría tiempo con tres episodios autoconclusivos, realizados por otros tantos equipos. Howard Mackie, firmando como H. Austin Mackie, el que era por aquel entonces escritor de Web of Spider-Man, se haría cargo del primero de ellos, una historia ligada a “La guerra del Infinito”, que era el crossover cósmico que Jim Starlin abanderaba en esos precisos momentos. Mackie optó por El Duende y El Demoduende como villanos, algo que le resultaba sumamente sencillo, puesto que pronto recurriría a ellos en Web of. La trama continuaba en la serie troncal de “La Guerra del Infinito”, donde Spidey no pasaría de tener un papel de mera comparsa. El segundo número de relleno contaría con Excalibur como héroes invitados y estaría escrito por Terry Kavanagh, el editor de los mutantes británicos, que empezaba a hacer sus pinitos ante el procesador de textos. Para esa misma colección, Kavanagh había escrito también una pequeña aventura en dos partes, como complemento del arco de Larsen. Al cabo de un tiempo, pasaría a encargarse de manera continuada de una de las series del trepamuros.

 

El tercer y último episodio de relleno fue el más especial de todos, no por el holograma de portada, tan del gusto de los chicos de marketing, sino porque era el que específicamente celebraba el trigésimo aniversario del personaje. Tom DeFalco y Ron Frenz, que habían compuesto el equipo de Amazing durante buena parte de los añorados ochenta, volvieron a casa para una historia conmemorativa que seguía las reglas no escritas de este tipo de eventos, pero que resultaba especialmente interesante, puesto que Frenz, un discípulo aventajado de Steve Ditko, recreaba los lápices de éste para el debut del trepamuros. La grandeza de antaño seguía ahí, sólo era necesario encontrarla de nuevo.

 

Artículo aparecido originalmente en Spider-Man nº 5: Una gran responsabilidad

LA SAGA DEL CLON: EL MONTAJE DEL DIRECTOR

EL ORIGEN DE LAS ESPECIES

La más polémica aventura de la dilatada trayectoria de Spiderman se publicó entre 1994 y 1996, a lo largo de unos doscientos tebeos. Sin embargo, para entender todas sus implicaciones, hay que retrotraerse hasta mucho tiempo atrás. En concreto, a los años setenta, y es ahí donde ha de empezar nuestra historia. Por aquel entonces, el Hombre Araña ya tenía a sus espaldas una larga trayectoria compuesta por diversas etapas. Estaban los años fundacionales, con Stan Lee y Steve Ditko a los guiones, en los que Peter Parker era un adolescente apocado que aprendía el oficio de superhéroe; y estaba la época dorada, con John Romita a los dibujos, durante la que la serie había añadido un importante componente romántico, gracias a la llegada de las dos chicas entre las que se dividía el corazón del protagonista, la carnal y excitante Mary Jane Watson frente a la dulce e inocente Gwen Stacy. Sería esta última la elegida por Peter Parker, pero también la que encontraría un destino fatal a manos del peor enemigo del héroe, en una aventura publicada en 1972 y escrita por Gerry Conway, un guionista de apenas diecinueve años que acababa de recibir la serie de las manos del mismísimo Stan Lee.

 

La muerte de la novia del héroe, lo que hoy en día ha llegado a convertirse casi en un tópico, era por aquel entonces un imposible. El impacto que causó en los lectores fue incomparable, hasta el punto de que muchos sintieron la pérdida como propia. La conmoción llegó a tal nivel que, dos años después, todavía eran muchos los que reclamaban el regreso de Gwen Stacy mediante cualquiera de los muchos trucos que se utilizan en los cómics de superhéroes para recuperar a los personajes populares. Sólo que Marvel en general, y Gerry Conway en particular, se negaban a ofrecerles eso. En su lugar, el escritor tejió una saga que puso a prueba la cordura de los aficionados arácnidos.

 

Un buen día, en la puerta de Peter Parker, apareció Gwen. ¡Estaba viva! Sólo que no era la Gwen de siempre, que, como muy pronto se comprobó, seguía muerta y enterrada. Esta otra Gwen era un clon creado por Miles Warren, un profesor que se había obsesionado con la joven y que, como no podía ser de otra forma, se había convertido en un villano deseoso de acabar con Spiderman, que respondía por el nombre del Chacal. En el climax de la aventura, Spiderman descubría que el de Gwen no era el único clon que el Chacal había concebido: también realizo un clon del propio Spiderman: el arma perfecta para acabar con el trepamuros. La saga se resolvería en Amazing Spider-Man #149 USA (1975. Spiderman: Los imprescindibles nº 7). En sus páginas, tanto el Chacal como el clon del lanzarredes encontraban la muerte, mientras que la doble de Gwen decidía buscar su propio camino, lejos de la sombra de su doble genético, y Peter entregaba al fin su corazón a Mary Jane, cumpliéndose así el verdadero objetivo de Conway a la hora de desarrollar este argumento.

 

 

EL REGRESO DEL CLON

Salvo por menciones ocasionales, y la aparición puntual del clon de Gwen en un Anual, no se volvió a profundizar en el asunto del clon durante los siguientes veinte años, Muchos guionistas preferían no tocar ese argumento. A principios de los ochenta, Roger Stern llegó a planificar una historia en la que el clon de Gwen había envejecido aceleradamente, para morir finalmente en la paz de un monasterio, pero decidió abandonar la trama antes siquiera de sentarse a escribirla. A lo largo de ese tiempo, Peter Parker contrajo finalmente matrimonio con Mary Jane, a la vez que el Hombre Araña alcanzaba nuevas cotas de popularidad, que llevaron a Marvel a multiplicar exponencialmente el número de sus series. A mediados de los años noventa, la sensación de que Spiderman ya no resultaba tan atractivo para los lectores se había hecho fuerte, y con ella, llegaría también la intención de buscar la manera de arreglar las cosas. Los autores y editores, con toda la buena intención del mundo, querían quitar lastre al héroe, hacerlo de nuevo divertido y romántico, devolverle su soltería, su espontaneidad y su infelicidad crónica.

 

En ese contexto, Terry Kavanagh, uno de los escritores de las diversas colecciones arácnidas, propuso en una reunión de trabajo celebrada en 1993 que trajeran de vuelta al clon: no al de Gwen, sino al del propio Spidey, un regreso que provocaría todo un cataclismo a todos los niveles. Conscientes de las posibilidades que dicho argumento ofrecía, toda la oficina arácnida decidió apoyarlo decididamente. Tom DeFalco, Director Editorial de Marvel en aquel entonces, no sólo daría luz verde a la saga, sino que se sentiría tan entusiasmado con ella que incluso decidiría sumarse a los autores de la misma.

 

Inicialmente, el arco argumental se desarrollaría a través de las cuatro colecciones que el lanzarredes protagonizaba. Dicho y hecho: en Web of Spider-Man #117 USA (1994. Spìderman vol. 2, nº 6 de Forum), el clon entraba en escena, bajo el nombre de Ben Reilly. Había logrado sobrevivir a los acontecimientos del Amazing Spider-Man #149 USA, llevaba cinco años “recorriendo América”, y tomaba la decisión de regresar al descubrir que tía May estaba grave. En los meses siguientes, Ben se alzó como la gran estrella de las series arácnidas: convertido en un nuevo superhéroe, la Araña Escarlata, luchó contra los peores enemigos del lanzarredes y se ganó la confianza de los aficionados, que veían en él a un Peter Parker que no había gozado de la buena suerte del que conocían, pero había sabido construirse a sí mismo y sobreponerse a sus desgracias. A su vez, el verdadero Peter era arrastrado por la oscuridad y la depresión, apareciendo cada vez más antipático ante los lectores.

 

 

El plan de guionistas y editores consistía en que la saga concluyera después de seis meses (unos veinticinco tebeos, teniendo en cuenta la gran cantidad de colecciones arácnidas)… Pero las cosas no salieron como tenían pensadas. Las ventas enseguida comenzaron a aumentar. Los autores se divertían con su trabajo como nunca habían hecho, y ese entusiasmo se transmitía en una gran historia-río plagada de sorpresas y conspiración, que dejaba siempre con el deseo de que llegara el próximo número. En la editorial también se entusiasmaron, a su manera. Amaban al clon, y lo querían presente tanto tiempo como fuera posible. Fue en ese punto donde empezaron los problemas. Ante la petición de retrasar la conclusión de la saga, se tuvo que improvisar, alterar decisiones ya tomadas, incorporar nuevos autores poco experimentados y estirar los argumentos deprisa y corriendo, con la consiguiente multiplicación de incoherencias y el bajón en la calidad de la saga, que fue perceptible después del Amazing Spider-Man #400 USA (1995. Spiderman vol. 2, nº 12), un emocionante episodio en el que se narraba la muerte de tía May y tras el que los guionistas se quedaron sin nada interesante que contar, pero muchas páginas que rellenar.

 

La puntilla llegó cuando se hizo necesario poner fin a “La saga de Ben Reilly”. En el ánimo del equipo creativo estaba que Peter se retirara a causa de su próxima paternidad y Ben tomara su lugar, aunque sólo de forma momentánea. Sin embargo, los convulsos tiempos que vivía Marvel influyeron en contra de la ejecución de esas intenciones. La dirección de la compañía cambió, y el nuevo director no tenía claro a qué carta jugar con Spiderman. Decidió, sin demasiados elementos de juicio, que Ben sustituyera a Peter de manera permanente, estableciendo incluso que el que había sido Peter durante veinte años era en realidad el clon, mientras que Ben se alzaba como el auténtico.

 

La respuesta de los aficionados fue rápida y unánime. No querían a Ben Reilly como Spiderman, ni mucho menos querían que el Peter Parker al que habían seguido durante dos décadas fuera calificado de impostor. La saga, cerrada en falso, todavía tendría que continuar durante unos meses más, hasta que, finalmente, en Peter Parker: Spider-Man #75 USA (1996. Nuevo Spiderman nº 12 de Forum), se llevó a cabo la corrección. El catalizador fue un inverosímil regreso de la muerte por parte de Norman Osborn, que se descubría como la mente maestra detrás de cuantas desgracias le habían ocurrido al Hombre Araña en los años anteriores. Peter volvía a vestir las telarañas, Ben Reilly moría heroicamente, a la vez que se aclaraba su condición de copia, y el embarazo de Mary Jane terminaba en tragedia: no habría bebé que cuidar y que obligara a dejar aparcado el uniforme arácnido. Y por si fuera poco, al cabo de unos meses, tía May también estaría de nuevo en danza.

 

 

En definitiva: Las cosas volverían a estar en su sitio, pese a que el daño padecido fue demasiado grande. Durante la etapa de Ben Reilly como Spiderman, las ventas descendieron de manera preocupante, en un contexto general ya de por sí átono. Muchos eran los aficionados que habían retirado su apoyo al nuevo Hombre Araña, furiosos por lo ocurrido. En la Casa de las Ideas decidieron que nunca más se volvería a hablar de clones ni a poner en duda que Peter Parker sea Spiderman. Y pese a todo, el icono tardaría todavía varios años más en recuperar el pulso, mientras que algunas de las consecuencias de lo ocurrido permanecerían activas, hasta el punto que Norman Osborn es, a día de hoy, una pieza fundamental del Universo Marvel.

 

EL MONTAJE DEL DIRECTOR

Tres lustros después de la publicación de “La saga de Ben Reilly” los ánimos se han calmado, en gran parte porque una gran cantidad de nuevos lectores siguen ahora las aventuras de Spiderman, y muchos de ellos se preguntan en qué consistió aquello tan polémico. Mark Millar, en una viñeta de su excepcional Marvel Knights: Spiderman (2004), fue el primero en el siglo XXI en atreverse a escribir, negro sobre blanco y con todas las letras, el nombre maldito: Ben Reilly. Las bromas, los chistes privados, las alusiones a los clones introducidas por lo bajini en los diálogos de Spiderman se fueron haciendo cada vez más ocasionales, sobre todo por parte de Brian Michael Bendis, en Nuevos Vengadores. Fue éste el guionista que se atrevió a ofrecer su propia versión de la “maldita” saga, en Ultimate Spiderman, y con resultados más que satisfactorios, prueba de que la idea no era mala por sí misma, y que su ejecución mejoraba en extremo cuando se dejaba a los autores hacer su trabajo.

Pero el detonante del proyecto que tienes en tus manos vino, curiosamente, a causa de las excelentes ventas logradas por el primer volumen recopilatorio de “La saga de Ben Reilly”, un tochazo de más de 400 páginas publicado por Marvel en Estados Unidos que apenas sería el primero de los muchos volúmenes necesarios el evento completo. Si había tanta gente dispuesta a hacerse con la más denostada aventura de Spiderman, quizás habría un puñado de lectores deseosos de conocer algo muy especial…

 

Y así es como llegamos a este volumen. Tom DeFalco fue el Director Editorial de Marvel que aprobó la elaboración de la historia, allá por 1994. Howard Mackie fue el guionista que tuvo que concluirla, dos años después. El dibujante Todd Nauck todavía no había entrado en la industria cuando todo esto ocurrió, pero ha dibujado a Spiderman durante algún tiempo, y su estilo recuerda en cierta forma a algunos de los autores de la aventura primigenia, como el ya olvidado Steven Butler, o el ahora inaccesible Mark Bagley. Entre todos ellos han compuesto un producto verdaderamente inusual, una “versión del director” de la saga original o, como prefiere definirlo DeFalco, “una oportunidad para dos viejos escritores de Spiderman para demostrar que todavía pueden lanzar algunas interesantes telarañas”.

 

 

¿Contiene este tomo “La saga de Ben Reilly” que le hubiera gustado escribir a los guionistas originales? Es probable que no. Para empezar, porque han pasado quince años, la memoria es débil y muchas notas de las reuniones de entonces se han perdido para siempre. Para continuar, porque faltan piezas fundamentales de aquel equipo, como J. M. DeMatteis, el guionista que mejor definiera a Ben Reilly, o Terry Kavanagh, el tipo que, pese a sus escasas habilidades como escritor, debe llevarse el mérito de haber tenido la idea original. Y para finalizar, porque aquellos elementos que configuraron los cómics que vieron la luz durante esos dos años han determinado mucho de lo que aquí se cuenta. Sorprende, por ejemplo, que DeFalco y Mackie recurran aquí a Norman Osborn, puesto que la única figura en la sombra que se les pasó por la cabeza en un principio fue la de Miles Warren, y la opción de resucitar a Norman no llegara hasta mucho tiempo después.

 

Por el contrario, estos seis números que condensan, redefinen y alteran aquel caudal infinito de tebeos sí se acerca, en espíritu, a lo que podía haber sido pero no fue “La saga de Ben Reilly”: una trascendental aventura de Spiderman con un principio, un nudo y un desenlace planificados con coherencia. Las cosas son como son, y no como nos hubieran gustado que fueran, pero hay que alabar este sorprendente experimento que se lee como un desquite por parte de sus autores: otra una manera de decirnos que las cosas se podrían haber hecho mucho mejor. Quién sabe si este proyecto será el germen que lleve, algún día, a reposicionar en el escenario a Ben Reilly. Tantos años después, con la perspectiva que da el paso del tiempo, va a ser verdad eso de que algunos le echamos de menos.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Spiderman: La saga del clon

EL SPIDERMAN QUE SE ADELANTÓ A SU TIEMPO

Todo empezó cuando Stan Lee y John Byrne pensaron hacer una novela gráfica que describiría cómo iba a ser el Universo Marvel cien años en el futuro. Los dos autores no se pusieron de acuerdo y el proyecto quedó desechado. Byrne aprovecharía algunas de las ideas, que verían la luz bajo el título de 2112, una novela gráfica de la que luego se derivaría la que fue una de sus obras más personales e interesantes: Next Men.

 

Por su parte, Tom DeFalco, el Director Editorial de Marvel en aquel preciso momento, se quedó con la idea básica de “El Universo Marvel que existirá dentro de un siglo” y, a partir de ahí, lanzó una ambiciosa línea editorial encabezada por cuatro nuevos personajes: Spiderman, El Castigador, el Doctor Muerte y Ravage. La factoría repartía el riesgo con dos apuestas seguras, un villano que jugaría a la ambiguedad y un personaje totalmente nuevo que escribiría Stan Lee y que incluso se planteó la posibilidad de que dibujara Steve Ditko, aunque el acuerdo no llegara finalmente a buen puerto. Curiosamente, La Patrulla-X no formaba parte del ticket inicial, signo de que La Casa de las Ideas buscaba con su nueva propuesta desvincularse de los entonces omnipresentes mutantes.

 

Joe Cavalieri, el editor de la nueva línea, preparó una Biblia sobre el Universo del Mañana, pesimista, ciberpunk y con eminentes influencias cinematográficas y literarias, desde Blade Runner a las novelas de William Gibson. Era un mundo controlado por grandes corporaciones en el que los iconos superheroicos del siglo XX habían desaparecido. En los bocetos preliminares, planearon que el nombre de la nueva franquicia fuera Marvel 2092, porque 1992 sería el año en que se lanzarían los cuatro títulos iniciales. Cuando cambiara el calendario en el mundo real, también lo haría en los cómics del futuro, pero se desechó tal posibilidad al considerar que podía ser confusa para el aficionado. Se acudió entonces al año 2099.

 

Antes que un personaje, Spider-Man 2099 fue un nombre que llenar con la propuesta más atractiva que sedujera a Cavalieri. Éste dio indicaciones básicas acerca del trepamuros futurista: debía trabajar en Alchemax, el conglomerado empresarial por excelencia de la época, y debía conseguir sus poderes a causa de un accidente. Cuenta la leyenda que un joven guionista, que escribía la adaptación al cómic de la teleserie Ren & Stimpy o realizaba relatos ocasionales para Marvel Comics Presents, se postuló como para la colección. Se llamaba Dan Slott, y perdió en beneficio del ya consolidado Peter David, uno de los pocos aspirantes que prefería desvincular a Spider-Man 2099 de Peter Parker. “Cogí todo lo que sabía sobre el Spider-Man de nuestra época y no sólo lo ignoré, sino que traté de ir en la dirección contraria”, explicaría. “Quise que se llamara Miguel O’Hara para que reflejara la pluralidad cultural del siglo XXI. Fue en honor a un amigo mío llamado Miguel Ferrer y cuyo apodo es Miggy, como mi personaje. O’Hara Siempre fue el primero de la clase. Está contento de saberlo absolutamente todo y ese conocimiento no sólo le proporciona satisfacción, sino que le convierte en un engreído que observa a todo el mundo con arrogancia. Seguro de su inteligencia, desprecia a todas las personas que conoce, discute las órdenes de sus superiores, elige novias a las que pueda superar en inteligencia y presume de ser el mejor y el más listo. Cuando decide ponerse la máscara de Spider-Man, Miguel comprende que nada ni nadie es lo que parece. Su madre es una loca que le desprecia, su hermano un terrorista, Alchemax un diablo corporativo… y él, que creía contar con respuestas para todo, reconoce que ni siquiera sabía qué preguntas formularse”.

 

Un año antes de que el director James Cameron tuviera la misma idea en su tratamiento de guión para la fallida película del trepamuros, el Spider-Man 2099 ya contaba con lanzarredes orgánicos, en lugar de mecánicos. “Como deferencia al Comics Code y al buen gusto”, bromeaba el guionista, “me tomé la libertad de colocar los espolones en los antebrazos y no en el trasero, que es donde los pondría la naturaleza”. El resto de sus poderes parecían una versión extrema de los de Peter Parker. En lugar de pegarse a las paredes, Miguel se sujetaba a ellas con unas garras retráctiles, mientras que la visión circular sustituía al sentido arácnido

Rick Leonardi, artista excepcional con experiencia tanto en dibujar al cabeza de red como en participar en el diseño su uniforme negro, creó el traje del nuevo héroe y fue su dibujante fijo durante los dos primeros y brillantes años. Leonardi apostó por ofrecer una vestimenta poco habitual, pero que siguiera pareciendo un traje de Spider-Man. De hecho, empezaba siendo un disfraz del Carnaval de Río para luego convertirse en uniforme de batalla. Los autores también se desmarcaron con su galería de villanos, que incluía desde un buen puñado de imaginativos personajes creados desde cero hasta versiones de los clásicos, como El Buitre, Veneno o El Duende Verde. No obstante, el mayor enemigo del trepamuros acabó siendo Tyler Stone, presidente de Alchemax y que en un momento dado se revelaba como el padre de Miguel.

 

Spider-Man 2099 fue, sin lugar a dudas, la serie de bandera de una propuesta que hubiera merecido mejor suerte. Conforme Marvel entraba en la terrible crisis de los noventa, el presupuesto de Cavalieri se fue viendo reducido, lo que impedía contratar autores de relieve. Los recortes mataron a la franquicia, que se cerró tras algunos tímidos intentos de reflotarla. Spider-Man 2099 llegó a contar con cuarenta y seis entregas, así como un Annual y un especial. Antes del fin, tendría un último momento de gloria de la mano de sus creadores, cuando Miguel viajaba al pasado, nuestro presente, para encontrarse con su homólogo del siglo XX, en el especial Spider-Man 2099 Meets Spider-Man. Allí, David planteaba una premisa atractiva: a lo largo de los siglos habrían existido sucesivos Hombres Araña. Algunos de los cuáles llegaban a dejarse ver en el especial. ¿A alguien le resulta familiar?

 

A lo largo de los años, la línea 2099 tuvo algún intento de relanzamiento, sin acierto ni fortuna. Aquí es donde entró en juego Dan Slott, ya constituido como guionista arácnido por excelencia en los últimos años, y que primero rescató al Hombre Araña 2099 para el videojuego Spider-Man: Shattered Dimension, donde ya aparecía junto a Peter y a la versión Noir. La experiencia dejó a Slott tan satisfecho que abrió la puerta a una saga todavía más ambiciosa, que reuniera a todos los trepamuros que habían existido alguna vez: “Universo Spiderman”.

 

Antes de eso, Slott fue también quien optó, en el curso de Spiderman Superior, por traerse a Miguel hasta el presente, esta vez para que se quedara aquí y tratara de impedir que una Alchemax recién nacida llegara a transformarse en la temible compañía que él había conocido. Era una brillante manera de cerrar el círculo y encontrar el vínculo hasta entonces invisible entre ambos héroes, puesto que Tiberius Stone, el fundador de Alchemax, había trabajado en Horizon Labs, la empresa en la que también estuviera Peter. Es en ese contexto, en el que Peter David vuelve a casa y, veinte años después, retoma al personaje en una nueva serie, que nada más empezar se ve unida al desarrollo de “Universo Spiderman”. No podía ser de otra forma, porque, como buen futurista, Spiderman 2099 se adelantó a su tiempo. Al margen de parodias y What Ifs, fue la primera versión que existió del trepamuros original. Podría decirse que gran parte de lo que ahora está sucediendo en la Franquicia Arácnida empezó con Miguel O’Hara, en un lejano 2099 al que ahora podemos mirar con saludable nostalgia.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Spiderman 2099 nº 1

De arañas en las Secret Wars

 

 

A estas alturas todos estaréis al tanto de que, en España, apenas queda una entrega para que terminen las nuevas Secret Wars de Jonathan Hickman y Esad Ribic. Dicho evento ha tenido como escenario principal el Mundo de Batalla, que comparte poco más que el nombre con el original. Bajo la férrea vigilancia del Dios Muerte, y su escuadrón de Thors, el nuevo Mundo de Batalla está compuesto por restos de universos alternativos presentes, pasados y futuros de la historia de Marvel, que escaparon a la aniquilación total del multiverso. Así pues, de la distopía desértica del Viejo Logan puedes pasar a un territorio donde Apocalipsis reina supremo o a otro donde todos sus habitantes son Hulks.

Cada uno de esos reinos ha servido a Marvel para contar toda clase de historias alternativas con sus personajes, y el trepamuros no podría ser menos. Hasta cuatro relatos distintos (aunque tres tomos) han tenido una o más arañas como protagonistas, que Panini tuvo a bien recopilar por separado en los tomos de la serie mensual. Adentrémonos en cada uno de ellos para ver que acabó saliendo de ellos…

TIGRE, TE HA VUELTO A TOCAR LA LOTERIA 

El Asombroso Spiderman 110

Guión: Dan Slott

Dibujo: Adam Kubert

Contiene: The Amazing Spider-Man Renew Your Vows 1-5 USA

Formato: Comic-book 17×26, lomo, 120 páginas

Precio: 6,95 €

Cuando los misteriosos teasers que anunciaban estas miniseries de Secret Wars empezaron a salir a la luz, este fue el más polémico y en Marvel lo sabían. Dicha imagen es la que encabeza la portada, ni más ni menos que Peter Parker y Mary Jane casados, con una hija en común y el eslogan Renueva Tus Votos. A medida que los engranajes de Secret Wars iban tomando forma, el desconcertado fandom pudo saber de que se trataba todo aquello pero aún así eran bastante altas. La posibilidad de ver a unos Peter y MJ alternativos vivir juntos todo lo que les esperaba si el fatídico pacto con Mefisto en Un Día Más no hubiera tenido lugar era demasiado tentadora. Pero una vez más, Dan Slott volvió a jugar con las expectativas.

Porque lo que acabamos teniendo fue un what if arácnido sobre la familia, el poder y la responsabilidad. Sí, es cierto que el matrimonio Parker y su hija Annie (no confundir con May “Mayday”) son el núcleo de la historia, pero no hay mención alguna a Mefisto, ni a ningún otro de los acontecimientos que llevaron a la anulación del matrimonio. Descartada entonces una tercera parte de “Un Día Más” ¿de que va la historia?

Nos encontramos con un territorio del Mundo de Batalla llamado la Regencia. Prácticamente todos los superhéroes del mundo fueron cayeron la noche en la que Augustus Roman se convirtió en Regente y derrotó a los Vengadores absorbiendo todos sus superpoderes a medida que lo hacia. Sin embargo, Spider-Man no se encontraba entre ellos porque estaba protegiendo a su familia. Conseguirlo, le llevó a romper su propio código moral y abandonar las redes. Años después, cuando un incidente expone a Annie ante el regente, Peter se ve obligado a volver al ruedo…

Como veis la premisa es muy interesante al plantear conflictos morales muy en la linea del trepamuros. ¿Que es más importante, proteger al mundo o a tu familia? ¿Hay alguna forma de elegir ambas cosas?. Sin embargo, Slott desata demasiado su vena de escritor de blockbuster, presentando héroes y supervillanos por doquier en multitud de escenas de acción cuando debería centrarse solo en Peter y su familia.

Aunque la trama llega a una resolución muy satisfactoria, apenas hay justificación interna para la decisión que acaba tomando Peter. Creo que con cinco números había bastante para pavimentar el terreno, pero la historia se distrae demasiado y el resultado final queda forzado.

Esto no quita que haya diversos aciertos en la miniserie, siendo el principal la dinámica familiar entre Peter, MJ y Annie. La pareja es totalmente reconocible en su nuevo rol como padres y a pesar de resultar algo tópica en ciertos momento Annie se hace querer. El dibujo corre a cargo de un irregular Adam Kubert, que tan pronto te da un Veneno de infarto como comete errores de raccord entre viñeta y viñeta.

En conclusión, nos encontramos con una historia que decepcionará a los que buscan la continuación de Un Dia Más, y como relato autónomo solo funciona a medias en lo que plantea, pero que nos permite echar un vistazo bastante satisfactorio a la vida familiar de Spider-Man.

NOTA: 7,5/10

 CIMENTANDO EL SPIDERVERSO

Guión: Mike Costa

Dibujo: Andre Araujo

Contiene: Secret Wars: Spider-Verse 1-5 USA

Formato: Comic-book 17×26, lomo, 128 páginas

Precio: 6,95 €

El Asombroso Spiderman 111

Algunas de las miniseries englobadas dentro de Secret Wars, lejos de limitarse a reconstruir el escenario de un evento o situación de la historia del Universo Marvel, sirvieron como pista de lanzamiento de las nuevas series regulares del Nuevo Universo Marvel. Es el caso de la que nos ocupa, que toma el nombre del evento arácnido más reciente y cuenta con algunos de sus protagonistas: Universo Spider-Man.

En una Manhathan en la que Norman Osborn es el alcalde y Spider-Man ha desaparecido, seis personajes con poderes arácnidos han aparecido de la nada. Ellos son Gwen Stacy (alias Spider-Woman), Spider-Man UK, Spider-Man India, Spider-Man Noir, Spider-Ham y Spider-Girl (Anya Corazón). Unidos por la Red de la Vida y con vagos recuerdos de una vida anterior, este grupo de arañas deberá enfrentarse a las maquinaciones de Osborn…

Bajo esta trama se esconde una excusa para presentar a los que serán los protagonistas de Web Warriors, es decir, el grupo de defensores del multiverso que se unió al final de Universo Spider-Man.Y cabe destacar que esta función la serie la cumple de maravilla. Spider-Gwen es la que sirve como núcleo de la historia, algo lógico si tenemos en cuenta su reciente popularidad, pero la dinámica de grupo funciona muy bien, especialmente en los casos de Spider-Man UK, India y Noir, cada uno con su personalidad bien definida a la hora de afrontar una pelea (algo difícil de lograr si tenemos en cuenta que todos los personajes comparten los mismos poderes)

Con Spider-Ham como un alivio cómico más ácido que de costumbre personaje que queda inexplicablemente ignorado es Anya Corazón. No cumple papel alguno en la trama y podría ser sustituida perfectamente por cualquier otro arácnido. Esta Spider-Girl lleva prácticamente desde su creación tratando de encontrar su lugar en la parcela arácnida, así que esperemos que tenga más suerte al empezar su serie regular.

Pasando a los puntos más flojos de la miniserie, el potencial de la trama queda prácticamente anulado al servir como excusa para la reunión de arañas. La idea de una Gwen Stacy alternativa frente a un Norman Osborn es muy atractiva y en la miniserie la desperdicia en su mayor parte. Momentos que se presuponen emotivos no lo son todo lo que deberían. Pero si hay algo que empaña el tebeo es el arte de André Araujo. Aunque tiene algunas composiciones de página interesantes, su estilo feista y apresurado provoca diseños de personajes muy poco inspirados y expresiones faciales entre lo extraño y lo horrendo.

Universo Spider-Man es un tebeo que no pasará a la historia como relato unitario,pero que sirve como buen punto de partida para la colección de los Web Warriors, ya su guionista Mike Costa nos demuestra que es capaz de manejar con soltura a sus protagonistas. Solo cabe esperar que la trama general y el dibujo mejoren de cara a la cabecera.

NOTA: 7,5/10

LOQUESEA-ISLAND

El Asombroso Spiderman 112

Guión: Christos Gage, Tom DeFalco

Dibujo: Paco Diaz, Sal Buscema

Contiene: Secret Wars: Spider-Island 1-5 USA

Formato: Comic-book 17×26, lomo, 112 páginas

Precio: 6,95 €

Cuando Dan Slott empezó su etapa en solitario como guionista de Amazing Spider-Man, podría decirse que Spider-Island fue el primero de sus eventos, con varios tie-ins y one-shots relacionados. Ahora, la Manhattan infectada por un virus que dota a sus habitantes de poderes arácnidos que a su vez les vuelven esclavos de la Reina vuelve en Mundo de Batalla, solo que en este escenario, Peter Parker fracasó a la hora de detener la infección y es Flash Thompson, alias el Agente Veneno, quien lidera lo que queda de la maltrecha resistencia.

A partir de esa premisa Christos Gage, el copiloto de Slott durante gran parte de su andadura con el trepamuros, crea una historia sin más propósito que la de entretener mediante situaciones rocambolescas que no podrían suceder en otro sitio que no fuese un what-if, y que elevan el listón de lo absurdo cada vez que parece que no puede ir a más.

Es una miniserie muy entretenida para ver todo tipo de monstruos dándose de tortas, pero que desanimará a todo aquel que vaya buscando algo de profundidad argumental. El único atractivo en ese sentido es la marcada presencia de un Flash Thompson al que da gusto ver asumiendo el liderazgo (especialmente para los fans de la etapa de Rick Remender en Veneno, en las que fueron las primeras aventuras de Flash con el simbionte), pero por lo demás todo es muy superficial, quedando especialmente desaprovechado el papel de Tony Stark en la historia. El dibujo de Paco Diaz funciona muy bien en la mayoría de secuencias,especialmente cuando hay dinosaurios de por medio pero en otras se le nota muy descuidado e incluso apresurado. Aún así, en su senzillez es posible que Spider-Island sea la más redonda de las 3 miniseries arácnidas que ha generado Secret Wars.

Por otra parte, los designios de la Oficina Arácnida son inescrutables y como complemento de Spider-Island viene una miniserie protagonizada por May “Mayday Parker”con los guiones de su creador Tom Defalco y dibujo de Sal Buscema. Este relato, sin relación alguna con Secret Wars (en ningún momento hay ninguna evidencia de que el MC2 sea parte del Mundo de Batalla), sirve de secuela al estado en el que quedó Mayday al final de Universo Spider-Man, con su padre muerto y ella asumiendo la identidad de Spider-Woman.

El principal problema del guión es que el confilcto que atraviesa la protagonista es el mismo que en Universo Spider-Man, y allí ya parecía haberlo superado, por lo que desprende cierta sensación reiterativa. Sin embargo, tanto por el dibujo de Sal Buscema como por la multitud de personajes que aparecen en estas páginas, el relato resulta todo un homenaje (¿final?) al Universo MC2.

NOTA: 8/10 

El Asombroso Spider-Man 108

El Asombroso Spiderman 108

Guión: Gerry Conway, Tom DeFalco Robbie Thompson y Jason Latour

Dibujo: Carlo Barberi, Stan Goldberg, Stacey Lee y Robbi Rodriguez

Tinta: Juan Vlasco y Scott Hanna

Color: Israel Silva, Paul Mounts, Ian Herring y Rico Renzi

Contiene: The Amazing Spider-Man vol.3 19.1 y 20.1, Marvel 75th Anniversary Celebration one-shot, Silk 3 y Spider-Gwen 4 y 5 USA

Formato: Comic-book, 17×26, lomo, 120 páginas

Precio: 6,95 €

Sinopsis: «Con la conclusión de “Espiral”. La ola de crímenes que asuela Nueva York continúa imparable, mientras que Spiderman se ha visto atrapado entre un grupo de supercriminales y su aliada, El Espectro! Y además, continúan las aventuras de Seda y Spider-Gwen y el mítico Tom DeFalco vuelve a casa para una pequeña gran historia del trepamuros».

Tiempo de finales en el tomo de este mes, el de la Espiral y la guerra de bandas de Gerry Conway por un lado y el de la primera miniserie serie de Spider-Gwen por otro. Además, el tomo cuenta con una pequeña historia especial, a cargo ni más ni menos que de Tom DeFalco. Con todo ésto ¿que podría salir mal?… Leer más

SPOILERS USA: Así serán los especiales del 50 Aniversario de Spidey

Además del Amazing Spider-Man 692 USA, la celebración oficial del medio siglo de vida de Spidey, en Marvel también han preparado una serie de especiales que ahondan en la historia del trepamuros. De ellos hablamos a continuación, pero recuerda que se trata de…

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