EL ORIGEN DE VENENO

A finales de los años ochenta, los mejores años de la historia de Spiderman, aquellos en los que vivió sus aventuras más icónicas, habían terminado. La boda de Peter Parker con Mary Jane, que tuvo lugar en 1987, había tirado al traste buena parte de la magia. David Michelinie, el guionista que escribió el especial de la ceremonia bajo dictado y sin querer siquiera conducir al personaje por ese camino, tenía la responsabilidad de continuar con The Amazing Spider-Man, el título principal del héroe. El editor Jim Salicrup fichó a un dibujante canadiense que había comenzado a despuntar en The Incredible Hulk. Se llamaba Todd McFarlane y, aunque hacía tiempo que ya había dejado de leer cómics, su máxima ambición consistía en convertirse en una estrella del medio. McFarlane tenía la madera para conseguirlo: inmenso talento, un estilo preciosista que chocaba con las normas establecidas, el deseo de ir a contracorriente y la convicción de que la suya era la manera correcta de hacer las cosas.

Apenas dos números después de su llegada, llegó el momento de acometer The Amazing Spider-Man #300 USA (1988), un cómic que debía ser muy especial. Michelinie, que anteriormente escribía Web Of Spider-Man, otra serie arácnida que se publicaba en paralelo, se trajo un argumento que venía desarrollando allí, por el cual una misteriosa persona capaz de anular el sentido arácnido del trepamuros había tratado de asesinarlo en repetidas ocasiones. Coincidiendo con el Amazing #300, Michelinie barajaba traer a la luz al enemigo oculto. Éste sería en realidad una mujer, deseosa de acabar con Spidey después de que durante una batalla de que, durante una batalla del lanzarredes con cualquier otro de sus enemigos, su marido hubiera muerto accidentalmente y ella hubiera perdido al hijo que esperaba. A continuación, la mujer se habría hecho con el traje alienígena que Spiderman se trajera del planeta de Secret Wars, que se había demostrado como un parásito y del que el héroe había conseguido deshacerse. Juntos, se transformarían en la criatura llamada Veneno.

A Salicrup le gustó la idea, pero el detalle de que se tratase de una mujer no acababa de convencerle, ya que no parecería una amenaza física lo suficientemente peligrosa para Spiderman, así que pidió al guionista un reemplazo. Unos pocos años antes, en 1985, Peter David había escrito “La muerte de Jean DeWolff”, una aclamada y dramática historia en que este secundario de las colecciones arácnidas había sido asesinado. Michelinie fabuló que, en el curso de la investigación, el crimen habría sido falsamente atribuido a un inocente por parte del Daily Globe, el periódico rival del Daily Bugle. Un periodista llamado Eddie Brock publicó la historia, que después de que Spidey atrapara al verdadero asesino quedaba invalidada. Brock habría caído en desgracia, y de ahí su odio hacia el trepamuros. El personaje estaba basado en un reportero real, Jimmy Breslin, que en los años setenta había atribuido los asesinatos del Hijo de Sam a la persona equivocada. Michelinie describió al villano resultante de la simbiosis de Brock con el traje alienígena como un tipo tipo grande, vestido con el traje negro de Spiderman. Pero esa descripción no convenció a McFarlane, que tenía una especial afinidad hacia los monstruos. Se preguntó qué ocurriría si el simbionte fuera un cascarón que se hubiera tragado al huésped. Lo encorvó un poco y alteró también la estructura muscular, pero sobre todo cambió el aspecto de su rostro. No parecía humano, sino que mostraba una gigantesca sonrisa sádica. En lugar de dientes, había fauces similares a la de un tiburón o una hiena: un depredador, en cualquier caso.

Veneno, nombre que adoptó el personaje, irrumpió ante Mary Jane en las últimas páginas del Amazing #299 USA, y primero le confundía con su marido, hasta que el villano se presentaba en primer plano como una criatura. Ya fue en el Amazing #300 USA en el que tuvo lugar el primer combate contra el trepamuros, en una aventura rotunda y excitante, que se convirtió en un clásico inmediato para los lectores y que además supuso un importante cambio en el mito arácnido.

 

Después de varios años alternando el traje clásico con el negro, el lanzarredes abandonó éste definitivamente. Era una de las peticiones que había hecho McFarlane antes de incorporarse a la colección, pero igualmente se trataba de un cambio que deseaba hacer Salicrup, que se resistía debido a que la idea del traje negro venía de su jefe, el Director Editorial Jim Shooter. Una vez que éste le dijo que no le importaba, dio vía libre a dibujante y guionista para efectuar el cambio. McFarlane encontró además en el traje clásico un elemento con el que diferenciarse de anteriores interpretaciones del trepamuros. Agrandó los ojos, hasta hacerlos gigantes; e incorporó un trazado de redes más tupido que nunca, y grandes manchas de negro en las zonas azules, tal y como había hecho Steve Ditko en los primeros tiempos. Además, cambió la manera de dibujar la telaraña, que se volvió mucho más complicada, como si adquiriera formas de espagueti, y trastocó al máximo la anatomía, con poses dislocadas y articulaciones colocados en posiciones imposibles para un humano normal. Pretendía apuntar que el Hombre Araña tenía más de Araña que de Hombre. A eso sumó viñetas a página completa, que sencillamente mostraban a Spidey balanceándose por Nueva York, en las que el lector podía recrearse como si fuera un póster. Todos esos elementos, en mayor o menor medida, impactaron a los nuevos lectores que se aproximaron a Amazing ante la exuberancia gráfica que ahora presentaba. También causaron algunas críticas por parte de los aficionados más veteranos. McFarlane tendía a polarizar opiniones allá donde iba, y lo siguió haciendo durante el tiempo en que se mantuvo como artista dentro de la Franquicia Arácnida. Con él, Spidey entró en la modernidad y asumió unos cánones que se mantendrían activos durante varios lustros.

 

¿Y en cuanto a Veneno? El villano se alzó como el más popular del momento, una posición refrendada luego por la serie de dibujos animados de los años noventa. Pero tras multitud de choques contra el trepamuros, se fue evidenciando lo limitado del concepto. Fue necesaria una acentuada evolución, lo que incluyó cambios de huésped o la llegada de nuevos simbiontes.

Artículo aparecido en Marvel Gold. Marvel. 75 Aniversario. La era clásica

LA TELARAÑA ENTRE LAS TORRES

Nos hemos acostumbrado a que Spiderman sea un habitual de los blockbusters cinematográficos, pero nunca fue así. En 2001, faltaba todavía un año para el estreno de su primera película y las expectativas estaban en todo lo alto. Un cartel mostraba al trepamuros asomándose entre los rascacielos de Nueva York, con el World Trade Center reflejándose en sus ojos. En verano, los pases de Parque Jurásico III estaban acompañados de un teaser de la película, que mostraba a unos atracadores escapando en helicóptero, hasta que éste quedaba atrapado en una red arácnida entre las dos Torres Gemelas. Era un avance brillante, que sin mostrar al trepamuros le señalaba como inequívoco protagonista. Pero, el 11 de septiembre de ese año, se transformó también en un amargo recuerdo.

Los atentados del World Trade Center impactaron de lleno en la industria del cómic. La respuesta inmediata del Bullpen de Marvel fue la publicación de un número del trepamuros dedicado a lo ocurrido. A las pocas horas del derrumbe de las Torres Gemelas, con el Bullpen en estado de shock, y mientras Sony se apresuraba a retirar el teaser de la película, Joe Quesada puso en marcha el que fue un manifiesto urgente de La Casa de las Ideas acerca de lo ocurrido. Spiderman era un vecino de la ciudad y el mayor representante de Marvel, así que lo eligió sin pensar otra opción. En lugar de acudir a un especial al margen de la cabecera, quiso que fuera un número más de Amazing, que interrumpiera la saga en curso, que no era otra que la de Tía May descubriendo la doble vida de Peter, porque la inmediatez así lo merecía.

 

El Director Editorial de La Casa de las Ideas pidió a Joe Michael Straczynski que escribiera la historia. Él no sabía cómo hacerlo y pasó varios días dándole vueltas. Entonces, cuando estaba lejos de casa, en el rodaje en exteriores de su teleserie Jeremiah, se metió en la caravana del productor, se hizo con un portátil y empezó a escribir. Cuarenta y cinco minutos después, había terminado el guión. Era un poema en prosa, más que una aventura de Spidey propiamente dicha. Lo envió a Marvel y allí lloraron. Pasó a John Romita Jr., y también lloró. Dibujarlo le llevó un total de seis semanas, mucho más de lo que era habitual en un artista tan rápido como él, debido a la enorme cantidad de detalles de referencia que tuvo que usar, desde fotos de la Zona Cero hasta los uniformes de policías o bomberos, pero sobre todo a causa de la intensidad emocional. Telefoneaba a sus padres no menos de cinco o seis veces cada día, todos los días. Mientras dibujaba, era incapaz de apagar la televisión, con los informativos dando constantes noticias sobre la tragedia, que hundían su ánimo, mientras le ayudaban a meterse dentro de la historia. Se abstrajo de tal manera que, tiempo después, no tenía recuerdos de esos días febriles, en los que ni él ni su mujer dejaban de llorar. Veía páginas que formaban parte del cómic, y no era capaz de recordar haberlas dibujado. Aquellas semanas, quedaron en una nebulosa.

 

Cuando The Amazing Spider-Man vol. 2, #36 USA se publicó, con una portada completamente negra, produjo un elevado impacto en la prensa generalista. Pese a la excelente acogida, la ultraderecha estadounidense se indignó, porque el cómic la equiparaba con los Ayatolás, y pedía comprensión para las minorías musulmanas. Una parte del fandom también montó en cólera, porque en una página aparecían varios villanos en la Zona Cero, y al Doctor Muerte se le saltaban las lágrimas, cuando en el Universo Marvel era lo más parecido que existía a Bin Laden. Straczynski se escudó en el valor metafórico de su trabajo, y no le dio mayor importancia, mientras que Romita Jr. confesó que fue él quien puso el llanto en los ojos de Muerte, sin que así lo indicara el guión. La presencia de Muerte no era real, sino una representación simbólica: “Añadí las lágrimas porque no era el Doctor Muerte per se quien estaba llorando”, explicaba. “Para mí, aquello era la prueba de que el suceso había provocado que todo el mundo llorara, incluso el Doctor Muerte”. Más allá de polémicas estériles, JMS, que donó sus ganancias al Fondo de Emergencia de Bomberos de Nueva York, sentía que aquel puñado de páginas habían hecho más por la gente que nada que hubiera escrito antes o después. Los bomberos se acercaban a él para darle las gracias, los profesores le decían que usaban el cómic en clase para explicar los atentados y llegó a escuchar que había pastores que lo mencionaban en sus sermones. De entre los muchos proyectos surgidos alrededor de la tragedia, aquel pequeño cómic fue el más recordado de todos, y el primero que dejó a los superhéroes en un segundo plano para señalar a la gente común como los verdaderos héroes de aquel día.

 

Este segundo volumen de Marvel Saga. El Asombroso Spiderman se abre, precisamente, con ese memorable episodio, extraído del punto en que se ubicó originalmente en la edición americana para así mantener intacta la cronología del personaje. A continuación, se abre el siguiente arco argumental de la etapa Straczynski-Romita Jr., con la que el guionista continuaba los presupuestos planteados hasta entonces. El primero de los episodios se rendía a una propuesta trasversal de Marvel, por la que todos los cómics publicados por la editorial en un mes concreto carecerían de diálogos. En realidad, el de Amazing se retrasó un tiempo con respecto al resto, lo que evidenciaba la flexibilidad que el guionista había logrado alcanzar. Fue el del regreso de Mary Jane a la franquicia. Establecido el nuevo trabajo de Peter, su nueva relación con Tía May basada en la sinceridad y el propósito de renovar villanos y secundarios, JMS quiso acometer el regreso paulatino de la que todavía era la esposa del protagonista, sin tener todavía claro cuál sería su papel a partir de ahí.

 

En los propósitos del guionista estaba mantener el Instituto Midtown como escenario de referencia, e incluso en estas páginas así lo refleja, con el centro escolar como punto de partida para la llegada de un nuevo villano. También estaba dispuesto a ampliar los parámetros del entorno arácnido, de forma que presentó al Teniente William Lamont, un policía en la tradición del Capitán Stacy o de la Capitana DeWolff, que serviría a Spidey como enlace con la policía. Sin embargo, todas esas intenciones se irían desdibujando con el paso del tiempo. Mientras tanto, Tía May se abría paso como un espectacular descubrimiento. En su papel de confidente y cómplice de su sobrino alcanzó el aplauso de los lectores como no se había visto en mucho tiempo. JMS también se permitió bromear con la relación que ella había mantenido en el pasado con el Doctor Octopus, pero parecía obvio que tocaba de oído en lo que a conocimiento profundo del pasado se refiere, algo que ya se había puesto de manifiesto en algunos detalles vistos durante “La conversación”, como que el guionista situara la muerte de Tío Ben fuera de la casa familiar, en lugar de en la cocina de la misma, o en otra escena, que colocaba la figura de Gwen Stacy en la época de Instituto de Peter. Pese a ello, Straczynski no se resistió a narrar su momento con Spidey resurgiendo de las ruinas del edificio que le habían tirado encima, una escena evidente homenaje a la clásica de The Amazing Spider-Man #33 (1966. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman nº 2). Aquí como entonces, el villano era Octopus, aunque en el ánimo del escritor de presentar nuevas amenazas, también recurría a la ocasión para ofrecer un aspirante a sustituto de Doc Ock, y todo ello en un ambiente hollywoodiense, que le permitía mofarse de algunos de los aspectos más risibles de una industria de la que por otra parte era partícipe habitual.

 

“Hasta que las estrellas se congelen” quedó como una deliciosa historia, con un humor encomiable, un tratamiento de personajes modélico, una vez se perdonaba que, al estilo Aaron Sorkin, J. Michael Straczynski hiciera a todos sus protagonistas más inteligentes e incisivos de lo que nunca habían sido. También quedó como el siguiente ladrillo en el proyecto que estaba construyendo. Era un proyecto que, de alguna u otra manera, pasaba a centrarse en las figuras de Peter, Tía May… y Mary Jane.

Artículo aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 2

VIAJE A LA SUPERFICIALIDAD DE LA NOCHE

Spiderman es algo más que un personaje de tebeo. Es un icono asimilado por la cultura popular, el símbolo de Marvel Comics y una imagen de marca reconocible por millones de personas en todo el mundo. Esa popularidad se asentó a mediados de los años sesenta, sobre los dibujos realizados por John Romita, el artista que llevó al trepamuros a sus mayores cotas de éxito y reconocimiento. Su aspecto limpio, optimista, luminoso, contrastaba con el que le había dado su creador gráfico, Steve Ditko, y tal vez por eso se asentó como el favorito de las masas… Hasta que llegó un nuevo artista, un joven canadiense de apenas veinticinco años que consiguió lo imposible. Su nombre era Todd McFarlane.

Alguien podría pensar que el hecho de que Todd McFarlane naciera el 16 de marzo de 1961, en Calgary (Canadá) reviste cierto simbolismo, ya que ése fue el mismo año en que se inauguró el Universo Marvel, con The Fantastic Four #1 USA. Pero lo cierto es que tal coincidencia no es sino el fruto de la casualidad, porque el nombre de uno de los niños prodigio de los noventa se asocia a La Casa de las Ideas como mera estación de paso, campo de pruebas en el que darse a conocer y desde el que saltar hacia nuevas metas. McFarlane entró en la industria del cómic estadounidense en un periodo de cambio, de viraje hacia una preponderancia absoluta de la imagen sobre la historia. Sería representante del mismo, junto a otros contemporáneos que acabarían por convertirse en sus compañeros de viaje, como Jim Lee, Rob Liefeld, Marc Silvestri o Erik Larsen, con los que compartía algunos rasgos característicos, tanto de estilo como de personalidad.

 

Su carrera propiamente dicha había comenzado en 1985, dentro de una serie llamada Coyote, que publicaba el sello Epic de Marvel. Ese mismo año, fichó por DC Comics para dibujar Infinity Inc., una cabecera eminentemente nostálgica, donde destacaría por arriesgadas composiciones de página que no eran habituales en una época donde la mayoría de los artistas se limitaban a colocar una viñeta tras otra hasta completar la plancha, mientras que McFarlane ya trataba de interpretarla como un todo. Su siguiente obra, tal vez por la relevancia del protagonista, tal vez porque el trazo ya evolucionó hacia un oscuro barroco, fue la que le señaló como un hombre a seguir. Batman Year Two le valió para descubrir cuánto le gustaban las capas de desproporcionado lirismo y para que Marvel le llamara. Le querían de vuelta. En 1987 dibujaría las aventuras del Increíble Hulk durante medio año, antes de que la serie se le quedara pequeña y el editor Jim Salicrup, responsable de las colecciones protagonizadas por el Hombre Araña, se empeñara en colocarlo al frente de la principal: The Amazing Spider-Man. Salicrup estaba convencido que McFarlane elevaría las ventas de la colección hasta situarla, al cabo de ocho años, en el primer puesto de las más vendidas. No sería necesario ni la mitad de ese tiempo.

 

La irrupción del canadiense en el mundo arácnido tuvo lugar apenas unos números después de la llegada de un nuevo guionista, David Michelinie, y de que Peter Parker se hubiera casado con Mary Jane, una situación con la que ningún autor en Marvel acababa de estar cómodo, pero con la que el nuevo equipo tendría que apechugar hasta hacerla suya. Michelinie desarrollaría historias muy ligeras, fundamentalmente aventureras, con una gota del romanticismo de un matrimonio imposible, de una relación amorosa que aparecía como idílica ante los ojos del lector, el mismo que siempre había soñado con encontrar una media naranja que además fuera top model. Todos esos elementos, sumados al espectáculo y la originalidad del dibujo de McFarlane, contribuirían a llamar la atención de nuevas hordas de aficionados que, hasta entonces, creían que el trepamuros era un héroe pasado de moda. Ocurría que aquel personaje en poco se parecía al Spiderman de sus padres. McFarlane lo dibujaba en posturas absurdas, propias de un cuerpo que se había roto, pero que funcionaban con apoteósica fascinación. Como sólo había pasado en los tiempos iniciales de Ditko, el Hombre Araña era ahora más Araña que Hombre. La huída de los convencionalismos, de las figuras anatómicamente perfectas, se completó con un agrandamiento de los ojos, hasta cubrir buena parte de la máscara, que hacían a Spidey expresivo, y con una telaraña llena de hebras, deshilachada y difícil de dibujar, que se ganó el apelativo de “telaraña spaguetti”. La revolución visual se extendió a la plana mayor de los personajes secundarios, con esa Mary Jane que, mientras huía del “canon Romita”, se mimetizaba con el catálogo de Victoria’s Secret, pero sobre todo con los villanos. Michelinie recuperó a muchos de los clásicos, que fueron reinterpretados por McFarlane como recién nacidos, a la par que introdujo una nueva amenaza, la de Veneno, que debutaría en la aventura especial de The Amazing Spider-Man #300 USA (1988). De inmediato se alzó como el reverso tenebroso del héroe, un mastodonte musculoso fusionado con el viejo simbionte de las Secret Wars, aquel traje negro que utilizara Peter Parker unos años atrás hasta descubrir que estaba vivo, y que ahora, con Eddie Brock como huésped, había desarrollado unas aterradoras fauces.

 

La del debut de Veneno fue una historia terrorífica, dolorosa y traumática, tanto para el héroe como para su bella esposa, y en definitiva diferente a las que luego escribiría Michelinie en la serie. Siendo la primera que dibujó McFarlane, se le quedaría grabada como el tipo de cómic que le gustaría contar. Confesaría entonces que, a esas alturas de su vida, hacía tiempo que ya no leía tebeos, que le habían dejado de interesar como algo que hacer en los ratos libres. Y quizás sería el dato más revelador que aportara en las muchas entrevistas que concedió tras convertirse en la estrella del momento. En ellas también se quejaba ya de muchas de las circunstancias que rodeaban al proceso editorial, de la calidad del papel, de las fechas de entrega o de que su arte quedara “tapado” por las prisas y el estilo del entintador. Esto último fue lo que le llevó a ocuparse él mismo de completar sus lápices, una toma de control sobre el producto final que pronto consideraría insuficiente.

 

Después de un par de años en The Amazing Spider-Man, McFarlane sintió que había dado el momento de dar el siguiente paso. No sólo quería dibujar y entintar, sino también que cuanto ocurriera en la viñeta fuera una decisión tomada personalmente por él. “Para decirte la verdad, no es que quiera ser un guionista; es que quiero tener el control de mi arte”, afirmaría entonces. Aspiraba a crear nuevos paradigmas al tiempo que tiraba a la basura los viejos. Por eso, ni John Byrne, ni Walter Simonson, ni Frank Miller, los tres grandes autores completos de la década de los ochenta, eran sus modelos a seguir. No tenía grandes ideas que no estuviera dejando de contar y ni siquiera guardaba demasiado respeto por el oficio de escribir. Simplemente, no quería trabajar al dictado de nadie. Con las cifras de venta de Amazing en las manos, Salicrup no sólo fue incapaz de decirle que no, sino que le daría una nueva serie, titulada simplemente Spider-Man, sin adjetivo alguno, como siempre habían tenido las cabeceras arácnidas, y que se alzaría como el cuarto del personaje.

 

El modelo a seguir para Spider-Man venía en realidad de un proyecto de DC Comics, hijo de la Batmanía. Legends of The Dark Knight había sido lanzado un año antes, al cobijo del éxito de la película de Tim Burton, y era la manera de ofrecer a los nuevos lectores una puerta al mundo de Batman libre de complicaciones, consistente en una sucesión de arcos argumentales de cinco números, independientes los unos de los otros, con distintos autores de prestigio y unas calidades de impresión superiores a las de los comic-book convencionales, lo que también se reflejaba en un precio mayor. Para demostrar que en Marvel no les importaba reconocer la influencia, la portada del primer número de Spider-Man indicaba “The Legend Of The Arachknight”, en alusión nada velada a la serie de Batman. Como había ocurrido con ésta, ese número de lanzamiento iría acompañado de una acción especial, que comenzaría a hacerse frecuente a partir de entonces. Marvel lanzaría cuatro versiones diferentes: la normal, para quioscos; la de librería especializada, cuya portada tenía tintas metálicas, y dos ediciones limitadas a 125.000 ejemplares, que se venderían embolsadas. Los especuladores las acogieron con los brazos abiertos, hasta hacerse con 2.350.000 unidades en las primeras horas de venta y dar pie a dos nuevas ediciones, que sumaban medio millón más. La fiesta de los noventa había comenzado.

 

“Tormento”, así se titulaba aquella primera historia de cinco episodios, en las que Todd McFarlane, la veterana estrella de Marvel, se encontraba con Todd McFarlane, el guionista novato de la compañía al que le habían dado una gran oportunidad por razones que nada tenían que ver con su talento literario. El relato era sencillo y contundente: sin tramas secundarias ni personajes de reparto, estaba contado en tiempo real, como si fuera una película, y venía a reflejar lo que su autor describía como “Una mala noche para Spiderman”. El tormento venía dado por El Lagarto, uno de los villanos habituales del héroe, al que el canadiense ya había tenido oportunidad de dibujar en Amazing, pero que para la ocasión sería redefinido. “Quiero que parezca un monstruo”, diría. “Es un personaje muy visual, con sus enormes colmillos. No quiero que se le vea como el Doctor Connors. Es un gran monstruo, en la línea de la criatura de Alien, y no dice ni una sola palabra durante los cinco números”. La excusa para que El Lagarto fuera tan peligroso estaban en una onomatopeya que inundaba muchas de las páginas, un DOOM DOOM DOOM repetitivo hasta la obsesión, detrás del que se ocultaba el verdadero villano del relato y la influencia oculta de McFarlane, que no era otra que “La última cacería de Kraven”, una saga, que J. M. DeMatteis y Mike Zeck hubieran realizado en 1987 y que había sido la primera en introducir de lleno a Spidey en terrenos oscuros. Probablemente Mac nunca la hubiera leído, ya que la sugerencia del villano misterioso vino de manos de Glenn Hardling, ayudante de edición de Salicrup. Y aunque sí la conociera, “Tormento” no tenía en realidad demasiado que ver con ella. El primer arco de Spider-Man sustituía la profundidad psicológica de “La última cacería” por la inmersión y la claustrofobia ambiental. Si el trepamuros estaba dentro de una terrible pesadilla, el lector debía sentirlo en cada página.

 

Frente a Batman, el personaje favorito de McFarlane, que es una criatura de la noche, Spiderman siempre se había caracterizado por su luminosidad. Consciente de ello, el artista le había dado un billete hacia territorios incómodos, donde el Hombre Araña sólo encajaría bien si era él quien conducía el tren. Los resultados comerciales cosechados por la nueva serie dejaban en evidencia que Spiderman viviría en lo profundo de la noche todo el tiempo que quisiera Todd McFarlane. En Marvel desconocían que, ni siquiera cuando le habían dado todo lo que había pedido, el artista iba a darse por satisfecho.

 

Prólogo del tomo Spiderman de Todd McFarlane nº 1

LA MARCA DEL DESTINO

Sorprende que la vida de uno de los personajes Marvel que más se prestan al humor esté tan salpicada por la tragedia. Es uno de los elementos que articulan la grandeza y complejidad de Spiderman, cuya existencia, desde su nacimiento, va de la mano, y encuentra sentido, en la muerte de un ser querido. El tío Ben fue asesinado por la inacción del imprudente Peter Parker, que pudo haber detenido al ladrón que luego perpetraría el crimen, pero no lo hizo. Lección moral, casualidad aparentemente simple, pero que encierra la fatalidad del destino: un destino al que el Hombre Araña, a partir de entonces, nunca ha conseguido escapar.

De manera periódica, la parca volvería a cebarse con diversos integrantes del elenco de personajes que aparecían en las aventuras de Spiderman, siempre envueltos tanto en las andanzas del trepamuros como en las de su alter ego. En Amazing Spider-Man #10 (1964), Bennet Brant, el hermano de Betty, la entonces novia del joven héroe, moría en el marco de una batalla entre el trepamuros y los delincuentes con quienes Bennet tenía cuentas por saldar. La ocasión se repetiría unos pocos años más tarde, con Frederick Foswell, periodista del Daily Bugle y criminal arrepentido, que fallecía en un fuego abierto contra Spidey por los subalternos de Kingpin, el Rey del Crimen de Nueva York (Amazing Spider-Man #52. 1967).

 

Pero las aventuras del lanzarredes están presididas por el contrapeso y el equilibrio de elementos. Las muchas meteduras de pata del protagonista, la mala suerte que le persigue allá donde se dirige, los conflictos, en definitiva, que inundan su vida privada al chocar con su vida de superhéroe, se contrarrestan gracias a otras circunstancias de cariz positivo y enriquecedor. El Peter Parker al que las chicas rechazaban en su adolescencia encuentra, llegada la edad adulta, al gran amor de su vida, una belleza cargada de dulzura y comprensión llamada Gwen Stacy. A su vez, el Peter Parker que había perdido a una figura paterna con la muerte de tío Ben haya un cierto equivalente en el veterano capitán de policía George Stacy, padre de Gwen y el único dentro de los adultos que aparecen en la serie que confía en la condición heroica de Spiderman.

 

Aunque Gwen ya había aparecido en la recta final de la etapa dibujada por Steve Ditko, el creador gráfico del personaje, sería tras su sustitución por John Romita cuando ella adquiriría un papel preponderante, momento en que su progenitor también se sumaría a los secundarios. De una época dominada por lo extraño y por una alegoría del aislamiento del adolescente, las aventuras de Spiderman pasarían a convertirse en una suerte de comedia romántica, en la que el peso recaía sobre las posibilidades amorosas que se presentaban ante un protagonista que debía elegir entre la ardiente y dispuesta Mary Jane, estupenda vecinita de al lado con la que cualquier mortal le hubiera gustado acostarse, y la encantadora y angelical Gwen, la novia que todos los jóvenes que leían las aventuras del lanzarredes hubieran querido tener, y por la que finalmente acabaría decidiéndose Peter.

 

¿Llegaba entonces la plenitud para el atormentado superhéroe? No, nunca llega, porque toda serie necesita de conflictos para seguir adelante, y la de Spiderman los concentra en cuanto sucede alrededor del hombre bajo la máscara. El noviazgo con Gwen estaría impregnado de ellos: de escapadas de Peter en momentos de peligro en que debía dar paso a Spiderman, pero que le dejaban como un cobarde ante su amada; de circunstancias comprometidas para las que no podía dar ninguna explicación sin revelar su identidad secreta. Y mientras tanto, ahí estaba el capitán Stacy, ya retirado, demasiado inteligente para estarse quieto, que llenaba su tiempo libre con deducciones acerca de quién era Spiderman y por qué se comportaba como lo hacía. Stacy era, junto con Robbie Robertson, el amable redactor jefe del Daily Bugle, un hombre bueno en un mundo lleno de oportunistas en quien no se puede confiar. Era un héroe esperando a mostrarse como tal, y esa oportunidad le llegaría, en la primera de las aventuras recogidas en este volumen, aquella que, una vez más, y con mayor intensidad que nunca antes, tiñó de negro la trayectoria de Spiderman.

 

La vida sigue en ausencia de los que no están, y los lazos establecidos entre los que han de continuar adelante se hacen más fuertes, si cabe. Fue lo que ocurrió entre Peter y Gwen, cuya relación se volvía más seria, más estable, más abocada a donde acababan todas las relaciones en una época en la que no había, al menos no en los cómics, alternativas. Ella se había convertido en la novia eterna del héroe, y de ahí al matrimonio sólo había un paso. Pero tal alteración en el escenario del Hombre Araña hubiera certificado, en cierta forma, su final. Sus aventuras tratan, en cierta forma, de un chaval al que el destino ha señalado con el dedo, que no puede llevar el tipo de vida que llevaría cualquier otra persona, porque cualquier intento de hacerlo siempre choca con la responsabilidad que supone ser Spiderman.

 

Stan Lee había cumplido las cien entregas publicadas como guionista del trepamuros, para ceder el testigo a un joven llamado Gerry Conway, que con apenas diecinueve años conectaba con el personaje mejor todavía de lo que lo hubiera hecho su creador. Conway comprendió que Peter Parker estaba en la encrucijada. Podría casarse con Gwen Stacy, pero tal opción le empujaba a un callejón sin salida. Había otra opción, a la que nadie se atrevía, pero que había sido propuesta por John Romita, que ya no dibujaba las aventuras arácnidas, ahora en manos del virtuoso Gil Kane, pero que seguía presente en la toma de decisiones, desde el cargo de Director Artístico de Marvel.

 

Y entonces, dieron un paso hacia delante, y decidieron romper las reglas del juego. La decisión fue tomada, a iniciativa de Romita, con la aquiescencia de Roy Thomas, segundo al mando de la editorial, y la aceptación de Stan Lee, al que se le presentó la idea con suficiente convicción. Conway y Kane serían los responsables de llevarla a cabo, en Amazing Spider-Man #122 y 123 (1973), y consiguieron producir un relato irrepetible, que señaló el fin de una época y marcó para siempre a cuantos la leyeron. Porque el héroe siempre está ahí para rescatar a su novia. Porque Superman nunca deja caer a Lois Lane… Pero Superman no es un personaje Marvel, y Marvel es el lugar donde ocurren las cosas que no suceden en ninguna otra parte.

 

Los ecos de aquella historia todavía resuenan en la actualidad, y muchos elementos se han venido a sumar a los hechos narrados entonces. También a los que supusieron la despedida del Capitán Stacy. De todos ellos destaca, en especial, una miniserie acometida por el guionista y dibujante Lee Weeks en el año 2000, en la que se profundizaba en las consecuencias de lo ocurrido, completando el relato, aumentando aún más si cabe el insondable pozo de oscuridad.

 

Ambos relatos originales, así como Muerte y destino, la mencionada historia posterior, componen este volumen de Marvel Héroes. Son las aventuras que terminaron de definir al Hombre Araña, aquellas sobre las que siempre se vuelve, porque, después de ellas, nada puede ser más demoledor ni terrible. Son también las historias que cerraron las ventanas de la inocencia y abrieron la puerta de la oscuridad en el cómic de superhéroes. Nada volvió a ser igual. Ni para Spiderman, ni para el mundo de las viñetas, pero tampoco sus seguidores.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. Spiderman: La muerte de los Stacy

Novedades Diciembre 2016

Llegamos al final de otro año, lleno de cómics. Podríamos decir que 2016 ha sido el año de los remakes, unas nuevas guerras secretas, una nueva guerra civil, pero Spider-Man ha tenido algunas novedades, sobretodo en lo que a su estatus respecta, ¿durará? Bueno, lo que duran todas las tramas en los cómics, habrá que estar atentos a lo que nos llega en este 2017, con una saga que va a resucitar a más de un personaje, o eso dicen los mentideros de internet.

Pero otras arañas han ganado en visibilidad y han cambiado su estatus, Miles vive ahora en el Universo Marvel principal, Jessica Jones ha tenido un bebé, Seda y Spider-Gwen siguen sus caminos, Veneno es todo un agente del espacio, y Matanza, bueno, sigue matando pero con un toque místico. En fin, que nos lo hemos pasado bien y esperemos que así siga. Que tengáis una muy buena entrada de año. Nos vemos en la red.

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Novedades Octubre 2016

Vamos avanzando en las tramas y en la vida del Universo Marvel, y como está claro esto afecta a nuestros arácnidos. Sí, ahora debemos hablar de arácnidos en plural, como cambian las cosas.

Nos metemos de lleno en una nueva guerra civil superheroica, con unas motivaciones distintas a las que iniciaron la primera, pero con la constante de la formación de dos bandos. Está por ver si toda la familia arácnida se alineará en el mismo o, si por contra, tendremos arañas en ambos bandos, lo cual sería muy interesante, ¿no creéis? ¿Se pelearían Peter y Miles? ¿Intentaría uno convencer al otro de que su postura es equivocada? Todo está por ver, puesto que justo acabamos de empezar, vamos a disfrutarlo y ver en que afectará todo esto la vida de nuestros personajes favoritos.

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Novedades Junio 2016

Verano, ya lo tenemos aquí, un año más. La canícula, los helados, la playa, …, pero estoy divagando (after Peter David). Se nos viene encima ese tiempo en el que apetece leer tebeos en la terraza, en el balcón, en la playa, incluso puede que quedarnos amodorrados leyendo, pero si os pasa eso, id con cuidado no vaya a ser que el cómic sufra daños. En fin, aprovechad, que en cuatro días llegará el invierno.

En lo que a cómics respecta, este mes tenemos de todo un poco, destacando el debut de Miles en su nueva cabecera, trasplantado ya desde el Universo Ultimate a la Tierra Primordial, por eso veréis que el título de las secciones ha cambiado un poco.

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Novedades Mayo 2016

Si algo destacaba del Universo Marvel en sus inicios, era la interconexión de los personajes, lo cual reforzaba esa sensación de universo conectado. Spider-Man apareciendo en la serie de Daredevil, Vengadores paseando por las viñetas del primer anual del Trepamuros. Ha habido momentos en los que esa interconexión se ha diluido o ha pasado a ser testimonial, pero parece que no es el caso actual. Tal es así, que veréis que este mes tenemos una nueva categoría, una dedicada a la pelirroja más explosiva del Universo Marvel, que está de camino a trabajar en una empresa de tecnología competencia directa de Industrias Parker. Así que, al turrón!!!

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Novedades Marzo 2016

Si señores, hemos llegado al final de las Secret Wars, un camino que ha transitado el Universo Marvel durante varios meses en ese mundo de batalla de Dios Muerte y que, como destino final, nos deja en un totalmente nuevo y diferente Universo Marvel, bueno, eso de diferente quizás no lo sea tanto.

Varias colecciones arrancan este mismo mes y otras más lo irán haciendo en los próximos, destacar las nuevas situaciones de Peter y Miles, al primero ya le tenemos en su cabecera disfrutando el nuevo statu quo y, del segundo, veremos como termina su universo y tendremos pistas de donde se queda, si bien, su nueva cabecera tardará un poco en llegar.

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Novedades Diciembre 2015

Y llegamos al final de un año que ha sido muy intenso, parece que fue ayer mismo cuando justo habíamos terminado la saga del Spider-Man Superior y empezábamos con el universo Spider-Man, un universo que ha ocupado una buena parte del año y de cómics arácnidos. También hemos vivido el regreso de serie regulares para Spider-Man 2099 y Spider-Woman, así como el nacimiento de nuevos personajes como Spider-Gwen. Estas series se han puesto en pausa por el mega evento que suponen las Secret Wars, pero ya sabemos que les volveremos a ver el año que viene.

Solo me queda aprovechar estas líneas para desearos lo mejor para las fiestas que se avecinan, y que el 2016, en la medida que la economía lo permita, esté lleno de cómics, arácnidos o de otra especie.

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