EL VIEJO OJO DE HALCÓN 1: VER PARA CREER

¿Cómo llegó Ojo de Halcón a quedarse ciego? El camino que conduce a El Viejo Logan se narra con todo detalle en esta nueva maxiserie, que ha venido a sustituir en Estados Unidos a la cabecera dedicada a Kate Bishop mediante una ruptura total de planteamiento: el protagonismo regresa sobre la figura de Ojo de Halcón, pero no es el Clint Barton joven y pendenciero de la actualidad del Universo Marvel, sino la figura trágica que murió en Los Baldíos. Marvel ha decidido retomar el personaje ante el éxito que rodea a todo lo que se cuece alrededor de El Viejo Logan, sobre todo a raíz de la película lejanamente inspirada en el cómic de Mark Millar y Steve McNiven. El proyecto llega hasta nosotros en forma de maxiserie, toda vez que estamos asistiendo a una precuela en toda regla y sabemos el destino que aguarda al prota. Por eso mismo, también sabemos que Clint sobrevivirá a estos doce números, para lamentarlo, ya que en el proceso quedará ciego, porque ha de morir en las páginas del cómic original de El Viejo Logan. En estos doce números no sólo nos vamos a acercar al crepúsculo del mejor arquero del Universo Marvel, sino también profundizaremos en otros detalles del mundo de Los Baldíos, uno de los más sugestivos que ha producido Marvel y del que, pese a todo lo que contaron Millar y McNiven primero y Jeff Lemire y Andrea Sorrentino después, apenas hemos arañado la superficie. 

 

EL GUIONISTA Primera sorpresa: este cómic no ha caído en la órbita de la oficina dirigida por Mark Paniccia, que se encarga de todos los títulos mutantes, pero tampoco lo ha hecho en la de Tom Brevoort, responsable de las cabeceras relativas a Los Vengadores. Y tampoco se encarga de él Sana Amanat, que se ocupara de las anteriores cabeceras de Ojo de Halcón, tanto la de Clint como la de Kate. Entonces, ¿quién se ha llevado al arquero bajo el brazo? Pues Nick Lowe, el jefazo de la Oficina Arácnida… y no nos preguntes por qué. El caso es que el título se encuentra en buenas manos, aunque Lowe ha tomado una decisión un tanto arriesgada, la de confiar el proyecto a un verdadero novato. Ethan Sacks tiene como único guión de cómic en su currículo una pequeña, pero emocionante historia, que se publicó en Imperio Secreto: Un mundo feliz nº 3, centrada en la figura de la hija de Phil Sheldon, el fotógrafo de Marvels, y en cómo convencía ésta a J. Jonah Jameson de que regresara al Daily Bugle. Pese a esta corta bibliografía dentro de la empresa, Sacks conoce de manera concienzuda las entrañas de La Casa de las Ideas. Durante más de diecisiete años, ha cubierto todas las informaciones relativas a Marvel en el New York Daily News, con artículos que se metían hasta la cocina. Entre sus éxitos se encuentra el haber dado la exclusiva de la muerte del Capitán América, en 2007, al tiempo que afirma que el momento de su vida del que se siente más orgulloso fue cuando Stan Lee bautizó a su hija como “una superheroína oficial, con derecho a usar los colores y las insignias de Marvel”. Sacks, que sigue escribiendo en el Daily News, apunta como uno de los más prometedores autores del momento, como bien demuestra este cómic.

 

EL DIBUJANTE Por su parte, Marco Checchetto es ya un veterano artista, residente en Venecia, que a los siete años ya era tan sabio y tan extraordinariamente ambicioso como para estar decidido a trabajar en Marvel. Por sus manos han pasado Daredevil, Spiderman, El Castigador, Los Vengadores, Masacre, el Escuadrón Supremo, La Patrulla-X o Veneno, entre otros muchos. Después de una pequeña temporada desterrado al departamento de licencias de Marvel, regresa por fin a donde se cuecen los cómics verdaderamente importantes de la editorial, y lo hace por todo lo alto, ya que se encuentra en los seis artistas elegidos por el Bullpen como Young Gun para este año 2018, lo que se traduce en una extraordinaria visibilidad y en la promesa de que está a un paso de dibujante estrella. Al respecto de este cómic comentaba lo siguiente a nuestra compañera de Marvel.com Amanda Ames: “Me gusta el fantástico trabajo que Steve McNiven hizo en la serie original, así que he tratado de permanecer cercano a su personaje y a los diseños del lugar. Al mismo tiempo, estoy trabajando duro para crear algo nuevo, y espero que los lectores estén felices con el resultado”.

 

 

Spot On originalmente aparecido en El Viejo Ojo de Halcón nº 1

VIAJE A LAS ESTRELLAS: EL INESPERADO ASCENSO DE GUARDIANES DE LA GALAXIA

Aunque la inmensa mayoría de sus personajes habitan en la Tierra, Marvel siempre ha dedicado una especial atención a las sagas ambientadas en el espacio y enmarcadas en el género de la ciencia ficción. Los Cuatro Fantásticos, con los que Stan Lee y Jack Kirby empezaron todo, allá por 1961, enseguida entraron en contacto con razas alienígenas, dando lugar a muchos de los conceptos a partir de los que luego se expandiría La Casa de las Ideas, como fueron los Kree, los Skrull, Galactus, Estela Plateada y muchos otros. En los años setenta, el extraordinario guionista y dibujante Jim Starlin dio un gran impulso a la épica cósmica dentro de Marvel, introduciendo en el proceso un villano capital, Thanos. En la retaguardia, Arnold Drake y Gene Colan crearon un supergrupo, los Guardianes de la Galaxia, que en un principio pasó casi inadvertido, pero que mucho tiempo después llegó a transformarse en uno de los modernos éxitos trasmedia de la factoría. Esta es la historia de cómo los Guardianes de la Galaxia pasaron de la insignificancia al estrellato, y de las más de cuatro décadas que transcurrieron entre un estado y otro.

 

 

1969-1980: EL FUTURO EMPIEZA AYER

Los Guardianes de la Galaxia nacieron en una cabecera que inicialmente se llamaba Fantasy Masterpieces y se nutría de reediciones. Cambió de título por el de Marvel Super-Heroes, para acoger fundamentalmente historias autoconclusivas que se completaban con las socorridas reimpresiones. Era un contenedor en el que te podías encontrar cualquier cosa, desde una aventura de Spiderman que no tenía cabida en ningún otro lugar al debut del Capitán Marvel, pasando por los orígenes del Águila Fantasma o del Caballero Negro. De esta forma, en Marvel Super-Heroes #18 USA (1969), Arnold Drake y Gene Colan dieron vida a los Guardianes de la Galaxia, a partir de una interesante idea de Roy Thomas, por la cual, en un futuro lejano, Estados Unidos había sido conquistado por Rusia y China mientras una resistencia formada por un puñado de héroes trataba de liberar el país.

 

A la hora de desarrollar el guión, Drake cambió sustancialmente la premisa de Thomas, de manera que quienes se habían hecho con el control de la nación en el siglo XXXI eran los Badoon, una siniestra especie alienígena que Stan Lee y John Buscema habían desarrollado para enfrentarse con Estela Plateada. Del dibujo se encargaba Gene Colan, uno de los grandes artistas de la época, y en la aventura finalmente publicada se presentaba a un inusual cuarteto, formado por el terráqueo Vance Astro, y los alienígenas Charlie-27, Yondu y Martinex. El final quedaba abierto, con los héroes prometiendo que salvarían el planeta, pero lo cierto es que la historia no se completó hasta nada menos que un lustro más tarde, cuando los Guardianes de la Galaxia aparecieron como invitados especiales en Marvel Two-In-One #4 y 5 USA (1974), y derrotaron a los Badoon con la ayuda de La Cosa y el Capitán América. El grupo viajó al presente y apareció junto a Los Defensores, y en el proceso se unió un nuevo miembro, Halcón Estelar. Entre 1976 y 1977 lograron incluso protagonizar un serial, aparecido en la serie Marvel Presents y ambientado de nuevo en el futuro. Al comienzo del mismo se incorporaba Nikki, la primera chica de los galácticos.

 

Ya en 1978, los Guardianes alcanzaron una mayor cota de popularidad gracias a su intervención destacada en “La saga de Korvac”, una épica aventura de Los Vengadores por la que los Guardianes vivieron una temporada en la Tierra. Concebida por Jim Shooter con dibujo de George Pérez y David Wenzel, “La saga de Korvac” ofrecía todo aquello que se esperaba de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra, con grandes batallas, un elenco numeroso y una amenaza más allá de toda medida, la del villano del título. Quedó gravada a fuego en la mente de los lectores, mientras que los Guardianes de la Galaxia quedaban como una suerte de contrapartida futurista de Los Vengadores. A esa misma época, también pertenecen apariciones puntuales, en títulos como Marvel Team-Up o Marvel Two-In-One y que llegan hasta 1980. Es en este periodo en el que se asentó tanto la pertenencia de los Guardianes de la Galaxia al Universo Marvel como su relación con Los Vengadores, dos circunstancias que tendrían una gran importancia más adelante.

 

1990-1995: EL CÓSMICO DE LOS NOVENTA

El buen sabor de boca dejado por la alianza con Los Vengadores frente a Korvac acabó siendo desperdiciado, de manera que los Guardianes cayeron en el olvido durante toda una década. Su regreso, en el arranque de los noventa, vino en el lote de un revival de diversos conceptos de los setenta. En esa época volvieron también Luke Cage, el Caballero Luna o el Motorista Fantasma, entre otros. Jim Valentino, un autor de cierta popularidad que luego participó en la fundación de Image Comics, se hizo cargo de la primera colección que llevaba el nombre de los personajes y trasladó una vez más la acción hacia el futuro. En tareas tanto de guionista como de dibujante, permaneció durante más de dos años al frente de la serie, construyendo sus historias a partir de los trabajos de sus predecesores e introduciendo gran cantidad de conexiones con la continuidad del Universo Marvel, sin que el hecho de que la acción estuviera ambientada en el futuro le supusiera otra cosa que mayor libertad a la hora de recurrir a tal o cual elemento propio de la editorial. La primera saga se centraba en la búsqueda del escudo del Capitán América, un ejemplo de la manera de hacer las cosas de Valentino, que encontraba en el siglo XXXI las huellas dejadas por los héroes del XX. Los Badoon, además, se consolidaron como los archienemigos del equipo, que continuó adelante mucho tiempo después de la marcha de su impulsor, en manos, fundamentalmente, del guionista Michael Gallaher y del dibujante Kevin West, cuyos nombres en la actualidad resultan bastante lejanos y desconocidos, pero que sostuvieron la colección durante un extensísimo periodo, hasta que fue cancelada, dentro de la debacle en la que se sumió el cómic de superhéroes a mediados de los noventa, con Guardians Of The Galaxy #62 USA (1995).

 

 

2005-2010: SEGUNDA GÉNESIS

Y de nuevo pasó una década en blanco, hasta 2005. Marvel se encontraba entonces inmersa en una ambiciosa recuperación de sus Poderes Cósmicos, aquellos personajes de naturaleza alienígena o que desarrollaban sus andanzas mayoritariamente fuera de la Tierra. Todo empezó con el inesperado éxito de “Aniquilación”, una excelente saga que recolocó en el mapa héroes y conceptos que llevaban mucho tiempo en el olvido. Entre ellos se encontraba Drax El Destructor, una vieja creación de Starlin, que fue reinventado por Keith Giffen y Mitch Breitweiser, mediante la miniserie que condujo a “Aniquilación”. Se recuperó también a Thanos, aunque en un papel secundario, quizás para hacer valer la autonomía de la nueva empresa más allá de la cosmogonía establecida por el mencionado Starlin.

 

Para la secuela, “Aniquilación: Conquista”, aparecida en 2007, Marvel recurrió a los servicios de dos guionistas que solían trabajar unidos: Dan Abnett y Andy Lanning. Una de las atracciones que introdujeron fue la del renacimiento de los Guardianes de la Galaxia, pero tras pasar por sus manos del viejo concepto no quedaba más que el nombre. La acción se había trasladado a la actualidad y ninguno de los integrantes originales estaba presente. DnA, como solía conocerse a la pareja literaria, recurrió al mencionado Drax, a Warlock y a Gamora, también procedentes del Panteón Starlin, pero una vez más renunciando a las esencias de éste, a la búsqueda de la novedad. Además, añadieron a tres personajes que hasta entonces no habían tenido conexión alguna. El primero de ellos era Starlord, aventurero espacial creado por Steve Englehart y Steve Gan en 1976 que había contado con varios magazines en blanco y negro en aquella época, destacando los de Chris Claremont y John Byrne. El segundo era Mapache Cohete, un extraterrestre con aspecto de mapache antropomórfico, nacido de igual manera en un magazine, de manos de Bill Mantlo y Keith Giffen. Había llegado a contar con una miniserie en 1985, dibujada por Mike Mignola. Y por último, estaba Groot, personaje maldito entre los malditos, que fue inventado por Stan Lee y Jack Kirby para una de sus relatos cortos de monstruos anteriores a la venida de los superhéroes y que apenas había vuelto a dejarse ver, en un Annual de Hulk.

 

Más que partir de la compleja y a veces contradictoria cronología previa de todos ellos, Abnett y Lanning se quedaron con la imagen icónica y a partir de ahí construyeron una pandilla de antihéroes que vivían aventuras espaciales con un toque pulp y un lenguaje moderno, de diálogos chispeantes. Estos nuevos Guardianes de la Galaxia estrenaron serie nada más terminar “Aniquilación: Conquista”. Durante los dos años que sobrevivió la cabecera en activo, fueron la pieza central de las sagas cósmicas orquestadas por Abnett y Lanning, lo que incluyó nuevos eventos, como “Guerra de Reyes” o “El Imperativo Thanos”. Este último acababa de manera trágica para los Guardianes, con la supuesta muerte de Starlord y la disolución del equipo, lo que en cierta forma marcó el final de una etapa. Pero entonces ocurrió algo que nadie hubiera imaginado…

 

2010-2014: EL CAMINO AL CINE

La primera vez que Kevin Feige, el presidente de Marvel Studios, dejó caer la posibilidad de que los Guardianes de la Galaxia se sumaran al Universo Cinemático Marvel fue en la San Diego Comic-Con de 2010 y costaba dar crédito a sus palabras. Todavía faltaban dos años para que se completara la llamada “primera fase”, pero ya Feige buscaba la manera de expandir la franquicia. Consciente de que no podían contar con Los Cuatro Fantásticos o con La Patrulla-X, puesto que sus derechos estaban en manos de 20th Century Fox, el líder de la Marvel cinematográfica concluyó que era necesario acudir a otro tipo de licencias, que permitieran ampliar el ámbito de actuación de los cineastas. La elección de los Guardianes de la Galaxia era extremadamente arriesgada, puesto que nadie, fuera de los cómics, conocía a aquellos tipos, pero también muy inteligente, dado que la escasa trayectoria del equipo permitía moldearlo en función de las necesidades del estudio. Veinticuatro meses más tarde, de nuevo en la Comic-Con, Feige enseñaba una ilustración promocional de Ryan Meinerding, el jefe de desarrollo visual de Marvel Studios, en la que aparecían Drax, Groot, Starlord, Mapache Cohete y DnA: se confirmaba así que un equipo de superhéroes nacido apenas cuatro años antes y que en aquel momento no contaba ni siquiera con cómic en curso iba a convertirse en la siguiente apuesta para la gran pantalla de La Casa de las Ideas.

 

Y así fue como los engranajes se pusieron en marcha. La excelente serie de dibujos animados Los Vengadores: Los Héroes Más Poderosos de la Tierra enseñó por primera vez a los Guardianes de la Galaxia en movimiento, en un episodio, el sexto de la segunda temporada, que escribieron Abnett y Lanning y que adaptaba “La saga de Korvac”, con la diferencia de que, en lugar del grupo clásico, figuraba el moderno, el mismo que se preparaba para saltar a los cines. Pero faltaban, claro está, las viñetas. Los Guardianes debían volver al papel impreso, y debían hacerlo a lo grande.

 

 

La misión de restaurar a los héroes cósmicos dentro del Universo Marvel propiamente dicho quedó en manos de Brian Michael Bendis. Aclamado autor de procedencia indie que había dado a la compañía éxitos como Jessica Jones y Ultimate Spider-Man, largas etapas de Daredevil y Los Vengadores o eventos como “Dinastía de M” o “Invasión Secreta”, Bendis tenía un plan que, sin que los lectores lo sospecharan, desenbocaba en los Guardianes. Coincidiendo con el estreno de la película de Los Vengadores, el guionista iba a estar al frente de una nueva cabecera de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra junto a su socio de Ultimate Spider-Man, Mark Bagley. Se trataba de Avengers Assemble, un título que se puso a la venta en paralelo en mayo de 2012, a tiempo para el filme. Teniendo esto en cuenta, la alineación era idéntica a la de los cines y el argumento simplificaba al máximo las cosas, para facilitar la captación de nuevos lectores. Con todo eso, en el primer arco argumental, el único que realizaron finalmente Bendis y Bagley, se ofrecían un par de sorpresas significativas.

 

 

Por un lado estaba el villano, que no era otro sino Thanos, la gran amenaza en la sombra que se había presentado a los espectadores en la escena post créditos de la película. Bendis era una de las pocas personas para las que esa aparición no había supuesto la menor sorpresa, al haber participado en la cinta de Whedon dentro del “Think Tank” de asesores. Por otro lado, brillaban con fuerza los grandes invitados especiales de la historia, nada menos que los Guardianes de la Galaxia. En el momento en que se presentaron ante Los Vengadores, quedó claro que aquello no era sino el prólogo de una futura colección más, en esta ocasión dedicada en exclusiva a los héroes cósmicos, y a la que saltó Bendis nada más terminar con sus ocho números de Assemble.

 

La nueva vida de papel de los Guardianes de la Galaxia se inauguró, por fin, a comienzos de 2013, con el añadido de Steve McNiven (Civil War) a los dibujos. Todo empezaba con un número especial de “Punto de arranque”, que ponía al día los orígenes de Starlord, para a continuación saltar al momento presente y abrir una espectacular aventura por la que se alteraba el estatus de los Guardianes y su posición dentro del organigrama cósmico. Además de aquellos héroes que iban a estar en la película, en la formación había alguna que otra sorpresa con la que el guionista buscaba mantener lazos con Los Vengadores. El segundo arco, para el que Sara Pichelli sustituyó a McNiven, supuso la llegada de Angela, una creación de Neil Gaiman y Todd McFarlane para Image que acababa de pasar a formar parte del Universo Marvel. El año inaugural de la serie se coronó mediante un cruce con “Infinito”, el evento en el que estaban envueltos Los Vengadores en aquel momento, y con un episodio autoconclusivo, para el que se reclutó al mítico dibujante Kevin Maguire, famoso por su interpretación en clave de humor de La Liga de Justicia.

 

Al contrario que había ocurrido con la serie de Abnett y Lanning, que tuvo excelentes críticas, pero unas ventas discretas que la abocaron, en último término, a la cancelación, estos renovados Guardianes de la Galaxia se posicionaron enseguida como uno de los títulos imprescindibles de Marvel, más allá de que la inminencia primero y el estreno después del filme sirvieran como impulso evidente. El secreto estaba en unas historias que Bendis construía alrededor de la interacción entre los protagonistas, con unos diálogos espontáneos, ágiles, certeros y canallas. Los Guardianes de la Galaxia eran un puñado de rebeldes que desafiaban a la autoridad y vivían sin otro apoyo que el que se proporcionaban los unos a los otros, en un tono muy similar al que Joss Whedon había imprimido en su teleserie de culto Firefly, y que también iba a estar en la propia película.

 

Este volumen contiene tanto el prólogo de Avengers Assemble como los diez primeros números de la larga etapa de Brian Michael Bendis, así como unos pequeños relatos de los distintos miembros del equipo que aparecieron primero en formato digital y que servían como precuela.  En su conjunto, componen un espectacular nuevo comienzo para los grandes héroes cósmicos de Marvel, a los que nadie esperaba y que quizás por eso nos atraparon a todos para siempre.

 

Texto aparecido originalmente en Marvel Integral. Guardianes de la Galaxia: Vengadores cósmicos

HOY PUEDE SER UN GRAN DÍA: EL LANZAMIENTO DE “UN NUEVO DÍA”

En 2008, las reglas del juego cambiaron para Spiderman como no había ocurrido en veinte años. Los sucesos de “Un día más” habían servido para deshacer no sólo su matrimonio con Mary Jane, sino también la relación con ésta y buena parte de la evolución llevada a cabo por el personaje en las épocas anteriores. Volvía a la soltería, a la economía en precario, a los lanzarredes mecánicos e incluso a la amistad con Harry Osborn, que inexplicablemente había vuelto a la vida. En lo editorial, Marvel también alteró los procedimientos establecidos. A partir de ese momento, dejaba de haber tres series en paralelo y la Oficina Arácnida concentraba toda su fuerza en The Amazing Spider-Man, con una estructura calcada a la de las Writer’s Room de las series de televisión.

 

 

El fin de la era de Axel Alonso como editor arácnido también coincidió con el fin de la etapa de Joe Michael Straczynski como guionista de la principal colección del trepamuros. Para hacer borrón y cuenta nueva, y de cara a un único título con tres salidas cada mes, Joe Quesada fichó al editor Stephen Wacker, quien estaba detrás del mayor éxito de DC Comics de los años anteriores, la miniserie semanal 52, en la que había tenido que coordinar varios equipos de guionistas y dibujantes, tal y como ocurriría ahora con el Hombre Araña. A lo largo de los años, el fandom había identificado claramente Amazing como el título principal de la franquicia, confiriendo una menor atención, y unas menores ventas, al resto de cabeceras, salvo en ocasiones muy significativas. Tras “Un día más”, un buen número de aficionados abandonarían al personaje, enfadados por el radical giro de su biografía y la metodología para llevarlo a cabo, pero las bajas se verían de alguna manera compensadas por el beneficio de sólo contar con Amazing. En el medio plazo y pese a todo, Spiderman terminaría por recuperar su posición de personaje más comercial de La Casa de las Ideas.

 

Había mala prensa alrededor de “Un día más” y la situación en que quedaría Peter Parker, así que Wacker tuvo que luchar a contracorriente. En el Bullpen, antes de la publicación de la historia de Mefisto, comenzó a extenderse el rumor de que lo que ocurriría iba a dejar a Spidey destrozado. Como consecuencia de ello, había dificultad para fichar nuevos equipos creativos. Wacker sumó rechazos de unas cuantas estrellas que no querían verse salpicadas por la polémica. Pero el nuevo coordinador sí consiguió una figura emergente que contaba con la admiración de los lectores veteranos. Se trataba de Dan Slott, que había destacado con sus guiones para la serie de Hulka, muy divertidos, desenfadados y con una poderosa inserción en el background del Universo Marvel. Como si estuviera opositando a guionista arácnido, llegó a incluir una aparición especial de Spiderman en la serie de la Amazona Esmeralda que había sido especialmente aplaudida, por su capacidad para captar el tono y la manera de expresarse del héroe, con grandes dosis humorísticas. Slott también había demostrado sus dotes para la aventura e incluso para el grim & gritty, lo que le demostraba como un autor versátil y preparado para afrontar el reto.

 

 

Fue Slott el guionista detrás de The Amazing Spider-Man: Swing Shift (2007), un número especial, que se regaló en las tiendas de cómics el día después del estreno de Spider-Man 3. Faltaban varios meses para el arranque de “Un nuevo día”, y sin previo aviso ni explicación alguna, Marvel lanzaba el que luego se descubrió como el “número cero” del nuevo statu quo. Peter volvía a ser Spidey después de una larga ausencia, estaban ahí los nuevos villanos y secundarios con los que los lectores se familiarizaban; Jackpot, una misteriosa superheroína pelirroja echaba una mano al trepamuros mientras se insinuaba que se trataba de Mary Jane, y Tía May gozaba de una excelente salud mientras ignoraba, como el resto del mundo, que su sobrino y Spiderman eran la misma persona. La historia tenía un tono ligero, humorístico, casi naïve, en el que se podía reconocer al Spidey icónico de los ochenta, pero no al de los últimos años.

 

 

Wacker había cocinado todo aquello junto con los autores que había logrado reclutar, en la primera de sus reuniones en la sala de conferencias de Marvel. “Estamos trabajando juntos con una especie de mentalidad de colmena, y eso supone mucho esfuerzo”, explicaba Slott. “Hay muchas reuniones, muchas cadenas de correos electrónicos. Vamos y volvemos sobre muchas cosas. Es emocionante. Me gustan especialmente las sesiones en que estamos todos juntos en la misma habitación. Planeamos cosas a largo plazo para Spidey y es emocionante. Stephen Wacker es quien se asegura que el tren no descarrile. Eso es brutal. ¡Tres veces al mes! ¡Es una locura! Trabajas y trabajas y trabajas y escribes tres números. Normalmente eso son tres meses de trabajo, pero entones bang bang bang, tres disparos seguidos y pasamos a lo siguiente. Tengo mis tres primeros guiones terminados. El primer número de mi siguiente arco ya lo está dibujando alguien. ¡Y esta semana entrego la primera parte del siguiente que hago después de ése! No va a salir hasta verano del año que viene. Nos estamos dejando los cuernos para asegurarnos de que funciona”.

 

Slott era el encargado de iniciar “Un nuevo día”, propiamente dicho, en el Amazing #546 USA (2008). Le acompañaba Steve McNiven, el hombre que había desenmascarado a Spidey, que sólo iba a estar allí durante tres entregas, las suficientes para que el trepamuros tuviera un estreno llamativo. El cómic, más que Swing Shift, servía como perfecto ejemplo de lo que pretendía la nueva andadura. Peter buscaba trabajo mientras el mundo que le rodeaba entretejía una compleja red de villanos, secundarios y situaciones que entraban en conflicto entre ellas. John Romita Jr. se encargaba de dibujar una doble página en la que se establecía la situación actual de Peter. Según la doble, Gwen y Mary Jane habían sido los amores de su vida, y mientras la primera había muerto, con la segunda había roto “por razones todavía no reveladas”; Harry había vuelto después de una estancia de años en Europa y había comprado el Coffee Bean; Tía May vivía en su casa de siempre mientras ayudaba en un albergue de necesitados; nadie sabía la identidad de Spiderman, quien no se había registrado y por ello le buscaban las autoridades; usaba lanzarredes orgánicos y estaba sin blanca. Era todo lo que el lector debía conocer para acercarse a la serie, pero las dos páginas no hicieron sino suscitar preguntas de aficionados que encontraron agujeros negros en cada uno de los aspectos de “Un nuevo día”.

 

Había cuatro arcos para estrenar a los respectivos equipos, cada uno con tres números de longitud. En el de Slott ocurrían probablemente más cosas, y había más personajes presentes, de lo que se podía verse en doce episodios de Straczynski. El enfoque era radicalmente distinto: de un melodrama con tres protagonistas (Peter, Mary Jane y Tía May), se había pasado a una comedia de situación coral, en la que incontables secundarios giraban alrededor del protagonista y sus tribulaciones. Era lo más parecido que se había visto en los últimos veinte años al Spidey quintaesencial.

 

A continuación de esa primera aventura, entraba Marc Guggenheim, un guionista de televisión que llevaba un tiempo en Marvel pasando inadvertido, y al que acompañaba el veterano y habitualmente aplaudido Salvador Larroca, también sólo para el arranque. Guggenheim era uno de los que sí se habían atrevido a colocar a Spiderman en su lista de deseos. Cuando manifestó que no se acercaba a la serie desde los tiempos de DeFalco, se la dieron encantados.

 

En este volumen de Marvel Saga. El Asombroso Spiderman comienza la publicación de esta nueva era para el trepamuros, con Swing Shift como pistoletazo de salida y los dos primeros arcos del landscape, así como gran cantidad de extras, como la doble página de John Romita Jr. antes comentada o el largo manifiesto redactado por Tom Brevoort, y en el que enunciaba las intenciones de Marvel con este movimiento, que transcurrido el tiempo desde su publicación original puede apreciarse en su auténtica magnitud. En aquel entonces, muchos no daban ni un centavo por aquel nuevo statu quo. Wacker y sus hombres, sin embargo, consiguieron crear un entorno sólido sobre el que edificar el Spidey del futuro.

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 14

EL VIEJO LOGAN: EN LA CARRETERA

Cada cómic que se publica es hijo de su tiempo, de las circunstancias en las que ha sido concebido. Tal principio alcanza con el Universo Marvel su máxima expresión. A lo largo de sus muchas décadas de existencia, la Casa de las Ideas ha reflejado las épocas por las que ha pasado, con una obvia referencia a Estados Unidos, ya que es allí donde se producen sus historias, pero que por afinidad cultural puede llegar a trasladarse hasta nosotros. Si los cómics que alumbran el nacimiento de Los 4 Fantásticos o Los Vengadores están impregnados del optimismo y la ilusión de los sesenta, esa situación cambia en la década siguiente, presidida por el despertar a la dura realidad que trajo la guerra de Vietnam o el Escándalo Watergate, que acabó con la carrera política del presidente republicano Richard Nixon. Como respuesta a la amargura que envolvió a la sociedad en aquel entonces, los cómics se poblaron de personajes siniestros, vigilantes que disparaban a matar y seres terroríficos surgidos de las peores pesadillas. Había llegado el tiempo de Punisher, del Motorista Fantasma o del Hombre-Cosa. Pero, sobre todo, había llegado el tiempo de Lobezno.

El que habría de convertirse en el personaje más popular de esos treinta años llegó al mundo sin demasiadas pretensiones. El guionista Len Wein lo concibió como un fiero rival para Hulk. Lobezno sería un veinteañero respondón sin demasiado respeto por sus mayores, equipado con unos guantes de los que surgían unas garras de metal irrompible; John Romita, director artístico de la compañía en aquel entonces, se encargó de diseñar su aspecto, con un traje plagado de elementos felinos; Herb Trimpe le dibujaría en su primera aparición, una aventura publicada en Incredible Hulk #180 y 181 (1974), en la que Lobezno se enfrentaba contra el Piel Verde y El Wendigo, un terrible monstruo de leyenda.

 

Tras el debut, Wein se animaría a recuperarle en la renacida Patrulla-X, un concepto que se presentó un año más tarde y por el que los adolescentes que hasta entonces habían formado parte del grupo serían sustituidos por un puñado de nuevos héroes, cada uno de ellos con una nacionalidad diferente. Lobezno venía de Canadá, y era el tipo duro. Fue determinante que Wein se marchara poco después de aquella aventura, para dar paso a un joven de 25 años llamado Chris Claremont, quien comenzó a añadir elementos a un personaje cuyo background permanecía pendiente de rellenar. Fue Claremont quien decidió que Lobezno fuera, en realidad, un tipo que, aunque hubiera superado ampliamente los treinta, se mantenía en una edad indeterminada, a causa de un factor curativo que, a la par que curaba sus heridas, ralentizaba su envejecimiento. Se estableció también que su verdadero nombre era Logan, sin precisar nunca un apellido, y que las garras nacían de sus antebrazos y formaban parte del cuerpo. Alguien las había puesto ahí, pero, ¿quién? Los misterios enseguida comenzaron a circundar al más violento de los integrantes de La Patrulla-X, quien pronto se descubrió como un tipo verdaderamente amenazador, el único de los héroes mutantes que se dejaba arrastrar por su rabia hasta el punto de matar a sus enemigos.

 

La atención hacia Lobezno se incrementó todavía más con la irrupción de John Byrne, dibujante que compartiría tareas de argumento con Claremont, y que se sentía especialmente afín hacia Logan, canadiense como él. Byrne estableció la especial afinidad del personaje hacia Japón. Allí había pasado largo tiempo, e incluso aprendió el idioma… Aunque nunca explicara las circunstancias, porque nadie había preguntado. Así era el Lobezno de los primeros tiempos: un misterio en cada viñeta esperando a ser respondido. Y las respuestas tardarían mucho en llegar, ya que Claremont se negaba a darlas, pues así mantenía la intriga alrededor del que pronto empezó a ser el mutante más deseado por los lectores.

 

En 1982, aparecería la primera gran historia en solitario de Logan, recopilada luego bajo el título de Lobezno: Honor, y en la que Claremont, junto a Frank Miller, exploraba los lazos del personaje con el País del Sol Naciente. Finalmente, Marvel concedió a los lectores algo por lo que pasaron años suspirando: en 1988 Lobezno obtuvo colección mensual. Para entonces ya rivalizaba con Spiderman por el favor de los aficionados, que lo habían elevado a categoría de icono. Agotado el siglo XX, Lobezno era el único de los personajes nacido después de los años sesenta que había logrado cautivar a nuevas generaciones. Alrededor de él, además de las aventuras que protagonizaba con La Patrulla-X o su colección mensual, empezaron a surgir toda clase de especiales y apariciones en otros títulos de la factoría. Incluso La Casa de las Ideas se atrevió finalmente a contar todos y cada uno de los detalles que comprendían su vida: el misterio se había esfumado, pero no así la popularidad, que siguió creciendo y alcanzó a las grandes masas cuando Lobezno se situó como la clave del éxito de las películas de X-Men.

 

En la actualidad, el mutante de las garras de Adamántium ha trascendido los tebeos en los que nació; es una franquicia, un héroe de cine y dibujos animados, un muñeco articulado y el protagonista de centenares de historias. Es un personaje reconocido por cualquier persona, no sólo por los pocos que leen cómics. Pero, por encima de cualquier otra consideración, Lobezno es el perfecto vehículo para contar un determinado tipo de historias: las que protagoniza el anti-héroe prototípico de estas últimas décadas: Es el justiciero de la carretera, un tipo duro pero honesto, al que no le tiembla el pulso cuando tiene que eliminar a sus enemigos, pero que también atesora bondad, honor y piedad; es un alma torturada por los errores de un pasado que siempre vuelve para perseguirlo; es alguien que, aunque encuentre la compañía de otros, siempre se sentirá solo. Todo eso lo comparte con esos anti-héroes que, de John McClane a Harry Callahan, han cincelado el cine durante una época de descreimiento.

 

La que quizás sea la más transcendental saga vivida por Lobezno en la primera década del siglo XXI vino de manos de Mark Millar, un hombre capaz de poner en marcha y ejecutar proyectos de colosales envergaduras, gobernados por tramas más-grandes-que-la-vida, con personajes paradigmáticos llevados a sus extremos y con una narrativa cinematográfica, a camino entre el espectáculo explosivo de Michael Bay y la hilaridad sangrienta de Quentin Tarantino, siempre ejecutada por dibujantes de primerísimo orden. Millar parte siempre de un concepto sencillo, minimalista, y a la par poderoso y exuberante, que en muchas ocasiones no sirven sino para responder a las preguntas que siempre se han hecho los grandes aficionados al cómic, como él mismo. Por ejemplo, ¿qué pasaría si los héroes se enfrentaran entre ellos en una guerra en la que unos optan por la seguridad y otros por la libertad? Así nació Civil War, el mayor acontecimiento Marvel de los últimos treinta años. ¿Y si todos los grandes enemigos de Spiderman se confabularan para perseguirle? Fue el comienzo de doce trepidantes episodios protagonizados por el trepamuros. ¿Qué sucede cuando, en nuestro propio mundo convencional, un chaval como otro cualquiera trata de convertirse en superhéroe? Ése fue el origen de Kick-Ass, un tebeo que ya es, también, película. Porque Millar busca siempre la manera de convertir sus obras en franquicias que se reproduzcan más allá de las viñetas. Y de momento lo está consiguiendo.

 

Para acometer Lobezno: El viejo Logan, la pregunta que se hizo Mark Millar fue tan simple como, ¿qué será de él dentro de cincuenta años? El proceso retardado de envejecimiento del que se beneficia Logan puede llegar a calificarse de maldición, puesto que le condena a contemplar la muerte de todos sus seres queridos, mientras él tiene que seguir adelante. El futuro que plantea esta historia no es agradable. Es un futuro en que los villanos vencieron, largo tiempo atrás, la eterna batalla entre el bien y el mal, y ahora controlan el mundo.

 

Los ecos de Will Munny, el personaje que encarnara Clint Eastwood en ese inolvidable western crepuscular que es Sin Perdón, encuentran resonancia en estas páginas. Algo del pasado de Munny le obligó a enfundar las pistolas para siempre, a alejarse de una vida de violencia a la que aspira a no volver nunca más. Logan ha seguido un camino paralelo en esta historia: cuando comienza la acción, lleva cincuenta años sin sacar las garras, nadie sabe muy bien por qué. Ha formado una familia que nada tiene que ver con sus aventuras de los tiempos de La Patrulla-X, y se ha establecido en un lugar en medio de ninguna parte, alejado de cualquiera de sus vidas pasadas.

 

Es entonces cuando ocurre algo anecdótico, casi sin importancia, que obliga al protagonista a emprender un largo viaje por la América conquistada por los villanos. Se plantea ante los lectores una auténtica road movie, un Mad Max del Universo Marvel en el que Logan, y con él los aficionados, recorre un mundo sin piedad en el que todavía existen las huellas de una época mejor que ahora sólo es un recuerdo para unos pocos ancianos. Millar apoya su devastadora visión de los grandes mitos de La Casa de las Ideas sobre el arte de Steve McNiven, quien ya estuviera junto a él en Civil War, y que aquí se adapta al realismo descarnado, a la par que épico, que requiere la historia.

 

Aquí tienes, por tanto, una aventura del mutante de las garras de Adamántium como nunca se ha visto antes: una epopeya en la que Lobezno fue derrotado, junto a todos sus amigos, en una noche siniestra. Tuvo la mala suerte de sobrevivir, y ahora sólo queda un viejo llamado Logan que, antes de reencontrarse con sus compañeros muertos, tiene todavía por delante una larga y tortuosa misión, llena de peligros, en la que contemplará esperanzas frustradas y sueños pervertidos. Al final de la carretera, le aguarda su verdadero destino.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. Lobezno: El Viejo Logan