SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 7

“Steve quería que El Duende Verde fuera algún personaje que nunca antes hubiéramos visto”, recordaba Stan Lee. “Porque, decía, en la vida real, el villano lo más probable es que fuera alguien que el protagonista no conocía. Yo sentía que eso hubiera estado mal. Sentí, de hecho, que sería como engañar al lector. Se había vuelto una especie de misterioso asesinato en el que, al final de todo, descubrías que el culpable era el mayordomo o la inocente tía o alguien así. Pero si fuera alguien que no hubiera aparecido hasta entonces, ¿dónde estaría el sentido de seguir todas las pistas? Pensé que algo así frustraría al lector. Así que esa fue la gran discusión que tuvimos. Y yo gané. Probablemente no porque tuviera más razón que Steve, sino porque yo era el editor” (pp. 58 y 59).

 

Sin que casi nadie se percatara, Norman Osborn llevaba unos cuantos meses apareciendo. Se dejó ver por primera vez en el Amazing #23 (página seis, viñetas siete y ocho). Repitió, siempre fugazmente en el Amazing #25 (página tres, viñeta cinco), en el Amazing #26 (viñeta seis de la página ocho, la primera en la que habló) y en el Amazing #27 (viñeta uno, página dieciocho) (pp. 59).

 

La pareja creativa de Spider-Man cada vez tenía diferencias más pronunciadas alrededor de la dirección que debía llevar la serie, lo que coincidió con el interés que suscitó en el artista el movimiento filosófico conocido como Objetivismo, que impulsaba la escritora Ayn Rand. Ditko ya era alguien con escasas relaciones sociales, que probablemente se tomaba a sí mismo demasiado en serio y que mantenía unas convicciones radicales acerca del trabajo y de la vida. En el Objetivismo encontró una percha de la que quedarse colgado y no bajarse nunca (pp. 59).

 

Los primeros síntomas del Objetivismo que cabe encontrar en las aventuras de Spider-Man tienen que ver con el cambio de perspectiva que se produjo con respecto al papel de la policía: si en los primeros tiempos, aparecían siempre persiguiendo a Spider-Man, en un momento dado se representó a las fuerzas del orden de manera mucho más amable, e incluso heroica. Los agentes figuraban como verdaderos gigantes para el Objetivismo (pp. 60).

 

Las enseñanzas objetivistas también estaban detrás del cambio de estrategia de Peter con respecto a su trabajo. “¿Por qué tengo que venderle siempre mis fotos a un canalla como Jameson?”, se preguntaba en el Amazing #27, para a continuación llevarle las instantáneas a Barney Bushkin, el entusiasta editor del Daily Globe, principal competidor del Bugle (pp. 61).

 

La intrusión más antipática del Objetivismo en las aventuras de Spider-Man apareció en el último número que dibujó Ditko, el Amazing #38 (julio de 1966). Peter expresaba su disgusto al encontrarse con una manifestación estudiantil, cuyos participantes se encaraban con él. La escena, que ridiculizaba las protestas con saña, fue introducida por el artista poco después de haber leído un panfleto de la propia Rand muy crítico con las manifestaciones de los estudiantes (pp. 61 y 62).

 

Ditko aprendió a crear imágenes alegóricas, con las que solía abrir y cerrar el cómic, que contaban por sí mismas una historia épica, exponían una cuestión o adelantaban una tragedia. Con todo, el mayor disfrute estaba en el propio Spider-Man, siempre en movimiento, siempre en posturas que ninguna persona normal adoptaría, siempre pegado a paredes y techos, saltando y balanceándose con una ligereza inhumana, pero golpeando con poderosa contundencia (pp. 62).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

LOS SEIS SINIESTROS DEL UNIVERSO ULTIMATE: ESPECTÁCULO SIN IGUAL

Cada aventura de la línea Ultimate se construye sobre la premisa de que se trata de una gran superproducción en la que todo ha de ser espectacular y grandilocuente. Sin embargo, no se trata de un concepto desconocido en La Casa de las Ideas: todo lo contrario. Cuarenta años antes, en el amanecer del Universo Marvel, Stan Lee decidió lanzar una serie de especiales con idénticas pretensiones. Se trataba de los Annuals, números al margen de las colecciones mensuales que ofrecían el doble de páginas y estaban destinados a relatar acontecimientos tan destacados que debían rodearse de un halo de excepcionalidad.

Con el paso del tiempo, los Annuals acabarían desvirtuándose, conforme la inercia llevó a hacer la fórmula reiterativa… Pero, en estos primeros años de la Era Marvel de los Cómics, aquellos mágicos sesenta, los Annuals constituían una cita ineludible. En Fantastic Four Annual #1 USA (1963) se narró la invasión del mundo de la superficie por parte de la Atlantis de Namor; en Avengers Annual #1 USA (1967) los fundadores del grupo se unían a los miembros modernos frente a una coalición de sus peores enemigos… y en Amazing Spider-Man Annual #1 USA (1964) el trepamuros trataba de encontrar a su tía May y a su novia de entonces, Betty Brant, secuestradas por una coalición de sus principales villanos: Los Seis Siniestros. Bajo el liderazgo del Doctor Octopus, se agrupaban Electro, Mysterio, El Buitre, El Hombre de Arena y Kraven El Cazador.

 

Entre todos los contrincantes de importancia a los que se había enfrentado Spidey, sólo faltaban El Duende Verde, a quien Stan Lee y Steve Ditko reservaban empresas mayores, y El Lagarto, que estaba curado y en la distante Florida, lo que habría dificultado su inclusión en la trama. Ditko reservó a cada uno de Los Seis Siniestros un combate singular con el trepamuros, durante el cual insertaba una viñeta a toda página, algo verdaderamente único en la época. Stan Lee, por su parte, procuró que no faltara ninguno de los héroes de la ciudad durante la búsqueda que lleva a cabo Spiderman. Las 41 páginas de las que constaba la historia principal se complementaban con otras 31 planchas, con fichas de los villanos (incluso de aquellos que no formaban parte de Los Seis Siniestros), los secretos de Spiderman, los personajes secundarios y una historieta humorística en la que se describía la manera en la que Lee y Ditko concebían cada aventura. En definitiva, aquel número extraordinario obedecía, por encima de cualquier otra consideración, a aquel adjetivo.

 

Saltamos ahora al siglo XXI, para encontrarnos con una situación que arrastraba paralelismos con aquélla. Estamos en 2003. Unos meses antes, Ultimate War, el choque entre los Ultimates y La Patrulla-X que en realidad formaba parte del hilo narrativo de la serie de estos, había constituido un campanazo comercial. Para que siguiera en marcha la rueda, el Director Editorial de Marvel, Joe Quesada, y el editor de las series Ultimate, Ralph Macchio, buscaban un producto equivalente, esta vez con Spidey y los Ultimates como protagonistas. Esto permitía que, pese a los muchos retrasos que acumulaba la realización de la cabecera de estos, a causa de la lentitud de Bryan Hitch, nunca dejaran de estar presentes en las librerías. Para Brian Michael Bendis, la idea encajaba con algunas tramas que venía desarrollando en Ultimate Spider-Man, con una presencia cada vez mayor de SHIELD y de Nick Furia en la vida del trepamuros, y con un creciente número de enemigos a los que el joven héroe había enviado a las celdas del Triskelion. Allí estaban ya el Doctor Octopus, el Hombre de Arena, Electro, el Duende Verde y Kraven. ¡Parecía como si el destino hubiera colocado en el mismo lugar y a la misma hora a una posible versión definitiva de Los Seis Siniestros! Aunque había algunas diferencias sustanciales con respecto a la situación original: en aquel caso, los villanos se unían bajo el liderazgo de Octopus, pero en el Universo Ultimate, su consideración de mayor enemigo de Spidey se había trasladado hasta el Duende Verde, que por lo tanto pasaba de no estar en el grupo en el Amazing Spider-Man Annual #1 USA a liderarlo en la versión definitiva. También faltaba el Buitre y Mysterio en la formación moderna, pero había un importante motivo para esas ausencias concretas: Bendis todavía no había encontrado la manera de adaptarlos, y tardaría en hacerlo. Tampoco estaba Veneno en la alineación, pero, al igual que les ocurrió a Stan Lee y Steve Ditko en los años sesenta con el Duende Verde, el guionista de Ultimate Spider-Man prefería dejarlo al margen.

 

Con todos esos condicionantes, el número de villanos que quedaban en sus manos era cinco, y aunque en ningún momento se mentaría a “Los Seis Siniestros”, el título de la miniserie ya estaba decidido: Ultimate Six. Pero, ¿quién sería el sexto miembro? Esa incógnita permanecería oculta hasta bien avanzada la historia. Desde el aparato publicitario de Marvel, coquetearían con la respuesta, que supondría toda una sorpresa para los lectores, ya que el misterioso sexto integrante de Los Seis Siniestros Definitivos sería quien menos se esperaban.

La semilla de la aventura fue plantada en Ultimate Spider-Man #46 USA, con Mark Bagley a las viñetas, pero, dado que esta colección seguiría publicándose durante los meses en que Ultimate Six viera la luz, surgió la necesidad de que fuera otro dibujante quien encarara el proyecto. En aquellos momentos, el británico Trevor Hairsine había destacado por el gran parecido de su estilo con el de Bryan Hitch, por lo que se antojaba como la elección correcta para una aventura en que la participación de los Ultimates sería crucial. También en esos meses la revista Wizard preparaba un “número cero”, con el que renovaban su diseño y buscaban atraer nuevos lectores. Joe Quesada, que sabía que la rival DC Comics haría lo mismo con el Batman de Jim Lee, les ofreció la posibilidad de publicar un prólogo de Ultimate Six en su interior, con el valor añadido de que él mismo se ocuparía de ilustrarlo, lo que suponía su regreso al tablero de dibujo,  del que había permanecido alejado en los tres años anteriores, desde que asumiera la posición de cabeza visible de la compañía.

 

El proyecto, más allá de lograr su objetivo de emular aquel lejano, pero inolvidable Annual, acabó por convertirse en uno de los capítulos más valiosos dentro de la cronología del Spiderman Definitivo, e incluso sería determinante en el destino del personaje, pero para eso faltaban todavía muchos años y muchas aventuras.

Artículo originalmente aparecido en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spider-Man nº 10

EL VALOR DE LA EXCEPCIÓN: CREANDO UN NUEVO VILLANO PARA ULTIMATE SPIDERMAN

Tres años después del nacimiento de Ultimate Spider-Man, Brian Michael Bendis y Mark Bagley ya habían reciclado a la inmensa mayoría de los villanos clásicos del trepamuros, hasta el punto de que no se habían detenido en los años fundacionales de Stan Lee y Steve Ditko, sino que habían llegado hasta los tiempos modernos, al presentar la versión definitiva de Veneno. Mientras calentaba motores para la reunión de todos esos villanos en una única historia, Bendis decidió tomarse un respiro, mediante el arco argumental incluido en este tomo, donde haría algo inédito hasta el momento en el Universo Ultimate: ¡presentar un villano de nueva creación!

 

Si algo había aprendido Bendis después de escribir cuatro docenas de episodios de Ultimate Spider-Man, más los dieciséis de los que constó Ultimate Marvel Team-Up, es que la importancia de la serie no residía en los villanos a los que se enfrentaba el héroe, sino en los conflictos que tenía que afrontar en las relaciones con su entorno y la manera en que la actividad justiciera de Peter Parker las dificultaba. Para entonces, de una forma u otra Spiderman le había traído problemas en casa y fuera de ella. Tía May no dejaba de sospechar del comportamiento de su sobrino y de sus cada vez más inconsistentes excusas para estar llegar tarde o incluso desaparecer. Mary Jane sabía la verdad, casi desde el principio, pero eso no servía para mejorar las cosas, más bien al contrario: la novia de Peter no sólo tenía que contemplar cómo su chico quedaba cada vez más magullado por los encuentros con sus enemigos, sino que ya se había visto envuelta en alguno de ellos, con peligro incluso de morir, un miedo que le había llevado a romper la relación… Lo que por otra parte dejaba vía libre a Peter por primera vez desde que comenzara la serie. ¡Y por allí pululaba Gwen Stacy!

 

Ahí había suficiente material para toda una saga, pero la clave de la misma no surgiría hasta que Bendis dio con el villano apropiado sobre el que construir su discurso. Ése sería el enemigo que crearía expresamente para Ultimate Spider-Man: ¡Un personaje que construiría desde la nada, sin apoyarse en un modelo propuesto previamente en el Universo Marvel convencional! La idea permanecía intocable hasta ese momento. Manteniéndose cercanos o distanciándose de los clásicos, cada héroes y villano de la línea Ultimate había tenido una vida previa en los cómics clásicos. Lo más parecido era Ultimate Adventures, una miniserie de seis números que había aparecido al margen de las colecciones principales del sello y que estaba protagonizada por Búho-Halcón y Woody, dos personajes que parodiaban a Batman y Robin. El proyecto pasó casi inadvertido, hasta el punto de que puede considerarse apócrifo, pero lo cierto es que abrió una puerta que en muy pocas ocasiones se atravesaría. El caso de Bendis en Ultimate Spider-Man sería, por lo tanto, muy excepcional, por motivos que luego abordaremos.

 

El guionista construiría su tesis alrededor del gran tema central de Spiderman: “Un gran poder conlleva una responsabilidad”. El trepamuros lo había aprendido por las malas, a consecuencia de la muerte del tío Ben a manos del ladrón que hubiera podido detener. Pero, ¿y si alguien que gozara de todo ese poder desconociera la lección moral de la responsabilidad? La idea era buena, sin duda. Si además Bendis llevaba a ese alguien al terreno del Instituto Midtown, podía jugar con todo eso en el mundo de Peter, antes de saltar al de Spiderman. Porque, ¿qué puede ser peor cuando tu novia te ha dejado que aparezca un tipo carismático que parece capaz de ligar con ella y con cualquier otra chica que te pueda interesar? Fue así como surgió Geldoff, el tipo en el que podría haberse convertido Peter Parker de no haberle agarrado el destino por el cuello.

 

La experiencia, sin embargo, no sedujo a algunos lectores, que escribieron a Marvel para mostrar su desagrado, mientras que las reseñas en prensa especializada tampoco acompañaron. Años más tarde, incluso el propio Bendis reconocería que ni siquiera a él le convencieron los resultados, de manera que en lo sucesivo acotaría los nuevos enemigos del trepamuros a la fórmula de versionear a los más viejos del lugar.

 

Y sin embargo… El arco argumental en el que se presenta a Geldoff tiene un buen número de elementos que destacan con luz propia: el humor es tan sobresaliente como en el resto de la serie, hay situaciones extraordinariamente divertidas, como la que rodea al traje de repuesto de Spidey, inspirada en algunos memorables momentos pertenecientes a las mejores etapas del trepamuros clásico. Y por supuesto, tenemos a La Patrulla-X. Antes, Spidey se había cruzado en el camino de Lobezno o se había encontrado en el centro comercial con algunos de sus compañeros de la escuela de mutantes del Profesor Charles Xavier, pero aquí está la primera aventura compartida entre las versiones Ultimate de Spidey y La Patrulla.-X, en la que se sembrarían semillas que tiempo después germinarían, para dar lugar a sorprendentes historias que nadie hubiera imaginado.

 

Con el tiempo, Bendis acabó por coger cariño a Geldoff, ese personaje que tanto le criticaron, hasta el punto que en el videojuego de Ultimate Spider-Man, también escrito por él, puede leerse una pintada en una pared del Instituto Midtown en la que proclama “Geldoff Rules!!”: ¡Geldoff mola! Lo mismo debieron pensar los guionistas Dan Slott y Christos Gage, quienes le trasladaron al Universo Marvel convencional, dentro de la serie Los Vengadores: La Iniciativa, lo que convierte a Geldoff en el primer personaje en llevar a cabo el viaje en el sentido contrario: de la línea Ultimate a la Marvel clásica, en lugar de al revés.

 

Mucho tiempo después de la primera edición de esta historia, quizás haya llegado la hora de valorarla en su medida. Puede que Geldoff no estuviera hecho para situarse entre el Doctor Octopus y el Duende Verde, pero las circunstancias han permitido que se le recuerde como una rara avis: un personaje verdaderamente excepcional.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 9: Irresponsable

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 6

Aunque siguió adscrito a las aventuras de Spider-Man, pronto se dejó ver también en las historias de La Antorcha Humana, Los Cuatro Fantásticos y Hulk, lo que hace pensar que tal vez estuviera inicialmente destinado a cualquiera de estos personajes, pero que Stan Lee optara por presentarlo en la serie del trepamuros. Ditko lo había hecho suyo dotándole de una particularísima peculiaridad: que su traje no era sino la ropa de calle que llevaba puesta en el momento de su transformación (pp. 51).

 

El Cerebro Viviente seguía siendo ridículo en una época en la que los robots de la ciencia ficción empezaban a abrazar la estilización y el aspecto humanoide, pero se asemejaba de manera realista a los primeros ordenadores que llegaron a comercializarse en aquel entonces (pp. 52).

 

La página inicial simbolizaba la soledad del protagonista y su mundo dual, el de Peter Parker, dividido entre su tía enferma, su trabajo en el Daily Bugle y su difícil relación con sus compañeros, y el de Spider-Man, que lidiaba con los insultos de Jameson, el temor de Betty, la desconfianza de la ciudadanía y la animadversión de los criminales comunes (pp. 53)

 

A esa época pertenece la portada del Amazing #10 (marzo de 1964), sumida en peculiares circunstancias. Stan Lee rechazó el primer dibujo de Ditko y ordenó a Kirby que redibujara la figura del trepamuros en el segundo. Como de costumbre, la dirección de las redes era incorrecta (pp. 28).

 

Ditko planteó a The Man la posibilidad de que Betty muriera de manera accidental, sin que ningún villano estuviera implicado. Aplacaron así las demandas de los lectores que desaprobaban el romance de Peter con la secretaria, a la que consideraban excesivamente mayor para él. Lee se negó, porque hubiera sepultado a Peter bajo un pesimismo todavía mayor (pp. 55).

 

Con el Amazing #18 (noviembre de 1964), los autores decidieron introducir al periodista del Bugle Ned Leeds, retratado como un adulto responsable y capaz de complacer los deseos de una mujer también adulta (pp. 56).

 

Según Ditko, “la sinopsis original de Stan empezaba con el equipo de la película encontrando una especie de sarcófago egipcio. Dentro estaba un demonio viejo y mitológico que, naturalmente, cobraba vida”. El dibujante rechazó la idea de su colega por la misma razón por la que había rechazado otras: “La criatura mitológica estaba demasiado alejada de Spider-Man” (pp. 56).

 

El anonimato diferenciaba a este nuevo villano del resto de los que habían pasado por el cómic. Poco habían importado los rostros tras las máscaras de los contrincantes arácnidos. Una importante mayoría de ellos, como El Buitre, el Doctor Octopus o El Hombre de Arena, se presentaba a rostro descubierto (pp. 57).

 

Según Roy Thomas, el ayudante que contrató Lee y que pronto se convirtió en guionista, “Stan no estaba feliz con la resolución de la identidad de El Señor del Crimen, pero lo dejó pasar. Decía que había luchado demasiado sobre aquella historia y que las cosas estaban funcionando bien. Las ventas del cómic eran buenas. Así que ¿por qué buscar problemas? La alternativa de la que no se hablaba era echar a Ditko, y él no quería hacer eso” (pp. 58).

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 5

El primer número de la serie regular del trepamuros contenía una nueva llamada a los lectores para que enviaran sus cartas, que serían respondidas a partir del tercer número. La página estaba acompañada por un tosco dibujo de Spidey, que probablemente hubiera realizado Artie Simek (pp. 45).

 

“En una ocasión Stan mencionó al actor Sydney Greenstreet como su modelo de villano. Así que a Stan no le gustó mi delgado y demacrado Buitre. Tiendo a pensar de manera opuesta. Un elefante puede ser terrible y destructivo, pero es más fácil escapar de él que de un guepardo delgado y rápido. Un Buitre voluminoso y pesado no habría parecido natural, sino que habría recordado a un pavo de Acción de Gracias que se hubiera echado a volar” (pp. 46).

 

“¡Él era yo!”, afirmaba Stan Lee. “Era irascible, tenía mal humor, era tonto, pensaba que era mejor de lo que en realidad era. ¡Era la versión que mucha gente tenía de mí! Y siempre he querido interpretarlo en una película. Lamenté mucho que, cuando se hizo la película, era demasiado viejo para el papel” (pp. 47).

 

Ditko aseguró que, en los comienzos, a Lee no le gustaba la manera en que representaba a Jameson, ya que temía que pudiera resultar excesivamente desagradable para el público, como probaban las cartas críticas. The Man le pidió que suavizara los rasgos físicos y la manera de actuar del personaje. No sólo ignoró por completo aquellas indicaciones, sino que llevó su manera feísta de representar a Jameson hasta el extremo: “Cuando estaba haciendo el Amazing #18 (noviembre de 1964), en la primera página dibujé de manera deliberada la sonrisa de Jameson más fea que pude concebir” (pp. 47).

 

Cabe establecer un paralelismo entre Betty Brant, la secretaria de Jameson, y Flo Steinberg, la adorable secretaria de redacción de La Casa de las Ideas. Hubo un tiempo en que Stan Lee y la Fabulosa Flo, como la denominaba el editor cuando hablaba sobre ella en sus Marvel Bulletins, eran las únicas personas contratadas en Marvel, aunque una vez la editorial se mudó del 655 al 635 de Madison Avenue, también se incorporó Sol Brodsky, el ayudante de producción. Flo había entrado a trabajar en la empresa en marzo de 1963 y estaba a la puerta del despacho de Lee, de manera que todos los autores trataban con ella, incluido Ditko (pp. 48).

 

Stan Lee se adjudicó la invención del Doctor Octopus sin mencionar siquiera a Ditko: “Se me ocurrió que me gustaría llamar a alguien Octopus y que tuviera un par de brazos extra, porque sería divertido. Pero tenía que imaginar cómo llegaría hasta ahí. Dado que sería un científico, decidí que se llamara Doctor Octopus, que me sonaba bien.. Según Ditko, fue él quien sugirió a Lee un villano con cuatro brazos mecánicos, aunque reconocía que el guionista le nombró como Doctor Octopus (pp. 50).

 

En las primeras páginas del cómic se mostraba por primera vez la Spider-Señal, que podría haber sugerido Eric Stanton, pero cuya creación reivindica Ditko. “Anunciaba la presencia de Spider-Man, aunque no estuviera físicamente en la acción o se encontrara demasiado lejos. Tenía un efecto psicológico y dramático en los criminales (y en los lectores del comic) (pp. 50)”.

 

Stan Lee pretendía haber incluido también a una versión femenina del Hombre Araña. Ditko se habría opuesto enérgicamente, porque impedía establecer a Peter Parker en un mundo creíble. Le preocupaba también la necesidad de crear el contexto del nuevo personaje y los cambios que hubiera obligado a introducir. El guionista nunca ha manifestado nada al respecto, por lo que cuesta saber si la anécdota es cierta o responde a una fabulación de Ditko (pp. 50).

 

Por un lado estaba la demasiado formal, trabajadora y morena secretaria de Jameson, lo que Ditko entendía por una “chica buena”, y en el extremo opuesto se encontraba la casquivana, niña bien y rubísima compañera de clase que representaba Liz, la “chica mala” para el artista.

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 4

Ese recuadro recibió el nombre de logoforma y facilitó la identificación de cada serie en aquellas tiendas donde se expusieran los cómics dejando únicamente esa zona a la vista. En el correo de los lectores de Fantastic Four #18 (septiembre de 1963), Lee afirmó que la idea de la logoforma había sido de Ditko (pp. 40).

 

Ese resumen escatimaba un importante dato al respecto: el hecho de que Peter hubiera dejado escapar al ladrón que luego asesinó a Tío Ben. ¿Quizás Stan Lee edulcoraba la situación para evitar el posible rechazo de los aficionados que se encontraran por primera vez con el personaje? La integridad del origen de Spider-Man no fue restituida hasta dos años después, cuando se reeditó el Amazing Fantasy #15 en Marvel Tales Annual #1 (1964) (pp. 40).

 

“Muy a menudo recibíamos cartas que nos querían mostrar lo tonto que les parecía que la vida de un superhéroe se complicara a causa de una anciana que debería estar haciendo calceta”, explicaba Lee. “Al mismo tiempo, nos llegaba una cantidad de correo similar en la que aplaudían el hecho de que hubiéramos incluido una persona mayor en el cómic, porque añadía un gran realismo” (pp. 41).

 

“Lo más importante de todos nuestros superhéroes”, dijo The Man al respecto, “era que todos vivían en la misma zona. Todos estaban instalados en la ciudad de Nueva York. Y para mantener la sensación de que eran personajes reales, gente real, me encantaba que se encontraran en diferentes historias, que uno fuera el invitado en la serie del otro, y viceversa” (pp. 43).

 

“También hice de manera deliberada que Spider-Man y La Antorcha Humana fueran ineficientes como equipo a la hora de capturar a El Escarabajo”, explicaba Ditjo. “Ningún héroe de cómic necesita a otro héroe de cómic para derrotar a un villano. No hay propósito alguno en esas apariciones. Son trucos baratos que prostituyen la integridad de Spider-Man y su mundo, la integridad de cualquier héroe” (pp. 44).

 

En un momento dado, Spidey acababa en una habitación a oscuras, buscando a su enemigo. Stan Lee lanzó a Ditko el reto de justificar que el héroe pudiera lograrlo. “Cogí el lápiz y dibujé unas líneas onduladas que salían de la cabeza de Spider-Man y dije: ‘Spider-Man tiene sentidos arácnidos, igual que los murciélagos tienen un radar que les permiten detectar objetos en la oscuridad’ (pp. 44).

 

“Yo había utilizado anteriormente algo parecido al sentido arácnido, en una historia para Charlton, de Space Adventures vol. 3, #36 (octubre de 1960). Dividí la cara y parte del pecho del personaje. La mitad era Allen Allan, con su uniforme de oficial de las fuerzas aéreas y la otra mitad era el Capitán Atom, su identidad superheroica. En esta zona, añadí un efecto de brillos de estrellas y de electrones que rodeaban al personaje” (pp. 44).

 

Cuando el sentido arácnido se activaba con Peter vestido de calle, también aparecía sobre la mitad de su cara el dibujo de la máscara arácnida. Recurriendo al rostro partido, Ditko conseguía además cumplir los deseos del guionista. “Stan quería y le gustaba ver a Spider-Man en acción en cada página o tan pronto como fuera posible y tan a menudo como fuera posible”, explicaba Ditko (pp. 45).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 3

Cuando dibujaba a Peter, Ditko quizás tenía en mente a su yo de quince años, “un perdedor con gafas, al que sus compañeros de clase recordaban como un estudiante con pocos amigos, más interesado en sus aficiones que en socializar con los demás” (pp. 32).

 

El que Peter fuera el sobrino de Tío Ben y Tía May y fueran ellos quienes lo criaran, daba a entender que había perdido a sus padres. Se trataba de una tradición habitual en la cultura popular, la del huérfano criado por sus tíos, que Stan Lee hizo suya (pp. 33).

 

Stan Lee no tenía ninguna aspiración intelectual al respecto de la ciencia ficción ni manifestaba, en esos primeros pasos de su proyecto, influencias de los maestros del género. El elemento científico funcionaba como catalizador, no como un escenario sobre el que buscar respuestas (pp. 34).

 

Esta fue una de las escasas ocasiones en las que Peter utilizó sus poderes sin el traje de Spider-Man. Según Ditko, Stan Lee estaba preocupado por la manera en que el Comics Code pudiera interpretar los ademanes arácnidos, lo que dio lugar a un debate entre los dos autores (pp. 34).

 

The Ed Sullivan Show se emitía en directo los sábados por la noche en la CBS. El Universo Marvel no era sino el mismo lugar en el que habitaban los lectores, cubierto por una capa de fantasía y diversión. Si el trepamuros debía ir a la tele, tenía que ser a un programa que todo el mundo conociera (pp. 35).

 

Según afirmó Eric Stanton, fue él quien sugirió a Ditko prescindir de la dichosa pistola de telarañas de Kirby y que éstas surgieran de sus manos. También plantó la idea de una Spider-Señal, oculta en el cinturón y que sirviera para iluminar a los delincuentes antes de darles caza (pp. 35).

 

 

Stan Lee explicaba así ese demoledor contraste entre el hombre y la araña: “Cuando Steve lo dibujaba, Peter Parker era un chico normal. Cuando Mister D. le ponía el uniforme, todo en Spider-Man era arácnido, desde la forma en que curvaba los dedos a la manera en que se movía” (pp. 36).

 

 

En la octava página del relato ocurría el suceso que marcaba para siempre la existencia del héroe. A la salida del espectáculo, era testigo inmóvil de cómo un policía perseguía a un ladrón, que lograba escapar. El agente reprochaba su pasividad al enmascarado, pero él le replicaba (pp. 36).

 

 

Conocido anteriormente como Whitepot (olla blanca), Forest Hills se sitúa en el centro de Queens y en aquel entonces era una zona con una elevada población judía en la que abundaban las hileras de casas similares a la de nuestro protagonista (pp. 37).

 

 

Para resaltar la sorpresa, Ditko dibujó dos diminutos puntos negros en los ojos blancos de la máscara arácnida. Fue la única vez en la que el artista optó por tal solución estética, que además fue eliminada en la mayor parte de las sucesivas reediciones del episodio, hasta su rehabilitación total ya en el inicio del siglo XXI (pp. 37).

 

A Ditko la frase le parecía excesivamente fuerte para los niños a los que estaba destinada, de manera que él no la hubiera utilizado, pero aquella sentencia estaba en el corazón de la manera de escribir de Lee (pp. 38).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

DOCTOR EXTRAÑO: EL JURAMENTO – UNA PUERTA A LO DESCONOCIDO

Si hay una característica que describe al Universo Marvel esa es, sin lugar a dudas, la variedad. Los personajes creados por Stan Lee buscan la renovación de los grandes mitos de la cultura popular desde todas las ópticas posibles. La ciencia-ficción está en el origen de Los 4 Fantásticos, Hulk o Spiderman, pero Thor procede del mundo de la mitología, mientras que Iron Man se cimenta sobre la tecnología, La Patrulla-X en la genética y el Sargento Furia encuadra sus aventuras en el género bélico primero, en el espionaje más tarde.

 

 

Con la llegada del Doctor Extraño, un nuevo escenario se abrió ante los lectores: el de la magia, la hechicería y las artes místicas. Como en tantas otras ocasiones, Stan Lee no hacía sino recoger elementos que ya estaban ahí, para unirlos de una manera innovadora. La inspiración del arquitecto del Universo Marvel para la construcción del Doctor Extraño habría que buscarla, como él mismo ha reconocido, en Chandu el mago, un serial radiofónico que había hecho sus delicias cuando apenas contaba con diez años. Las aventuras de Chandu se emitieron entre 1932 y 1935, siendo uno de los programas más longevos y populares de las ondas.

 

Más allá de esa influencia inicial, el Doctor Extraño enseguida adquiriría una personalidad propia y una riqueza superior a la que hubiera tenido su inspirador. Para ello, fue fundamental la participación de Steve Ditko, su creador gráfico, al que Stan Lee elegía cada vez que tenía que orquestar una historia en la que el suspense, lo misterioso y lo terrorífico tuvieran cabida. Lee y Ditko habían firmado decenas de relatos de esas características, aparecidos en publicaciones como Amazing Adult Fantasy o Strange Tales.

 

Fue en esta última donde tuvo lugar el debut del Doctor Extraño, en concreto en el número 110 USA, aparecido con fecha de marzo de 1963. En apenas cinco páginas, irrumpía un hechicero que en nada se parecía a los prestidigitadores de circo con traje de etiqueta, sombrero de copa y varita mágica a los que estaban acostumbrados los aficionados de la época. El Doctor Extraño se presentaba como un misterioso individuo parco en palabras, de rasgos y vestimenta asiáticos, lo que hacía aventurar que él también procedía del lejano oriente, pese a que su casa estuviera enclavada en Greenwich Village, el más variopinto barrio de Nueva York, hogar de artistas y hippies. Las siguientes apariciones del personaje en Strange Tales permitieron añadir nuevos elementos al mito, que encontró el aplauso de los lectores. Finalmente, en la cuarta de sus historias, Stan Lee y Steve Ditko cerraron un primer ciclo formativo, cuando al fin desvelaron el origen del Doctor Extraño y occidentalizaron sus rasgos: Stephen Extraño era un neoyorkino entregado al materialismo… Hasta que un golpe de la vida le obligó a buscar el verdadero sentido de la vida en un templo perdido en el Himalaya, ante un anciano maestro. El argumento recordaba, hasta cierto punto, al best-seller de Sommerset Maugham El filo de la navaja, que contaba por aquel entonces con una popular adaptación cinematográfica.

 

Desde esos primeros relatos de unas pocas páginas, en los que se alternaban casos típicos, como una casa encantada o una invasión alienígena, con frecuentes combates contra el Barón Mordo, el gran rival de Extraño, la serie iría creciendo paulatinamente en complejidad y sofisticación, hasta ofrecer auténticos espectáculos visuales, en los que abundaban las visitas a mundos más allá del nuestro, próximos a lo onírico y surrealista; dimensiones habitadas por terribles criaturas que pugnan por conquistar nuestra realidad. Muchos lectores llegaron a pensar que Stan Lee era un auténtico iniciado en el esoterismo, a lo que se sumaba la sospecha de que Ditko frecuentaba los alucinógenos. En ambos casos, tales afirmaciones eran falsas: Los dos autores se limitaban a exprimir al máximo su fértil imaginación, pero de tal manera que el Hechicero Supremo llegaría a alzarse como icono de la contracultura y los movimientos New Age.

 

Apenas un año después de su debut, el Hechicero Supremo viviría su primera gran saga, publicada en Strange Tales #126 y 127, que evidencia un salto cualitativo en la ambición de la obra: una longitud superior, un gran villano como nunca antes había conocido Extraño, la llegada de Clea, que con el tiempo habría de convertirse en su discípula y amante; la “graduación” del protagonista, al recibir de manos de su Maestro las desde entonces características Capa de Levitación y Amuleto de Agamotto… Y, sobre todo, una explosión creativa por parte de Steve Ditko desde todos los frentes: el narrativo, ya que pasó a ser también autor de los argumentos y no sólo de los dibujos, y el pictórico, con un verdadero festival de representaciones psicodélicas y personajes tan imposibles como fascinantes, desde el propio Dormammu, el contrincante de Extraño en la aventura, hasta los Sin Mente, herederos directos de la imaginería de H. P. Lovecraft: habitantes, apenas humanoides, de un mundo de caos y destrucción en el que están condenados a morar.

 

La etapa Lee-Ditko continuaría todavía muchos meses más, preñados de fértiles descubrimientos, hasta alcanzar el Strange Tales #146 USA (julio de 1966), que fue el último en el que participaría el dibujante. Ditko abandonaba tanto Marvel como sus dos creaciones más destacadas, Spiderman y el Doctor Extraño, por diferencias creativas con Lee. Pese a ello, las aventuras del Maestro de las Artes Místicas seguirían adelante, hasta que, a la altura del #169 USA (junio de 1968), la serie que hasta entonces le había acogido cambiaría su nombre por el del protagonista. Para celebrarlo, Roy Thomas y Dan Adkins, representantes de la siguiente generación de autores que habían aterrizado en Marvel, llevarían a cabo una detallada reconstrucción, actualización y ampliación del origen del Doctor Extraño, signo de que los aficionados se estaban renovando con respecto a los que habían disfrutado de primeras aventuras.

 

Stephen Extraño seguiría gozando de serie regular, con puntuales altibajos, durante las siguientes décadas, hasta bien entrados los noventa. En todo ese tiempo, grandes autores pasarían por sus páginas, de los que cabe destacar las etapas de Steve Englehart y Frank Brunner, con la que se dio inicio a una nueva cabecera, o la de Roger Stern y Marshall Rogers, caracterizada por la grandiosidad y dramatismo de sus planteamientos, también la gran cantidad de episodios dibujados por Gene Colan, “el decano de las luces y las sombras”, como se le llegaría a conocer. En todo ese tiempo, Extraño se asentó como el hechicero por excelencia del Universo Marvel, además de servir de pieza central para Los Defensores, un equipo de superhéroes que tendría gran importancia en los setenta, y del que también formaban parte Hulk, Namor o Estela Plateada. A mediados de 1996, sin embargo, con el número 90 de Doctor Strange: Sorcerer Supreme (la que hacía tercera serie con el nombre de nuestro héroe), se puso fin a las aventuras continuadas del Hechicero Supremo, que a partir de entonces habría que buscar sólo como invitado especial en las andanzas de otros personajes y, de manera puntual, en diversas miniseries de mayor o menor interés, pero que nunca llegarían a calar entre los lectores. Para entonces, el Doctor Extraño ya se había convertido en esa clase de icono, como Nick Furia o Estela Plateada, fundamental dentro de la estructura del Universo Marvel, pero que no necesariamente contaba con una serie abierta y mensual en la que desarrollarse y evolucionar.

 

Ya en el siglo XXI, el Doctor Extraño recuperaría cierta atención dentro del Universo Marvel, puesto que pasaría a formar parte de Los Nuevos Vengadores, grupo central de la Casa de las Ideas. En 2007, a causa del renovado interés hacia el Hechicero Supremo, la editorial lanzó El juramento, una nueva miniserie que reunía a dos de los más pujantes autores del momento: Brian K. Vaughan a los guiones (responsable de la creación de revolucionarios conceptos, como Runaways o Y, el último hombre y guionista de la teleserie Perdidos) y el español Marcos Martín a los dibujos, cuyo estilo, eminentemente deudor de Steve Ditko, encajaba a la perfección con el héroe mágico.

 

Es El Juramento la obra de extraordinaria calidad que nutre en gran medida el tomo del coleccionable Marvel Héroes dedicado al Doctor Extraño, pero también otros relatos objeto en este artículo, como las cuatro primeras historias de la época Lee-Ditko, la saga que permitió al mago su salto a la grandeza o el episodio en el que se contó de manera detallada su origen. Todas estas aventuras conforman el perfecto punto de partida para conocer a un héroe de importancia capital dentro del Universo Marvel, pese a que no siempre haya gozado del éxito de otros iconos de la factoría. No en vano, Stephen Extraño prefiere mantenerse en la esfera de lo desconocido.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. Doctor Extraño: El juramento

 

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 2

Antes de la última de las historias, aparecía la página que habitualmente se dejaba para reproducir las cartas de los lectores. En esta ocasión, no había ninguna, sino un “¡Importante anuncio del editor!” (pp. 17).

 

La utilidad histórica de ese código es la de situar temporalmente la realización de cada cómic. En el debut del trepamuros nos encontramos el código V-789. El resto de historias de Amazing Fantasy #15 contaba con los códigos V-792, V-791 y V-790, siguiendo el orden de paginación (pp. 19).

 

 

El nombre del personaje respondía a la influencia de The Spider, un personaje pulp creado por Harry Steeger en 1933, con muchas similitudes con The Shadow y que protagonizó gran cantidad de novelas (pp. 21).

 

“Dibujé la primera portada desde un punto de vista subjetivo. Quería poner al lector delante de un Spider-Man balanceándose, que fuera parte de la actividad, que viera y fuera consciente del peligro de caer, de que tuviera la sensación de estar colgado junto a Spider-Man. No recuerdo por qué Stan rechazó mi portada” (Steve Ditko, pp. 26).

 

Ditko hizo un dibujo, en el que representaba al Capitán América junto al hipotético diseño inicial de Spider-Man de Kirby. Los parecidos eran bastante obvios: la forma de la máscara, los guantes, las botas de bucanero, el cinturón y los calzones coincidían. Al lado de esos dos dibujos, figuraba el Spider-Man de Ditko, radicalmente distinto (pp. 26).

 

La máscara completa devolvía el recuerdo de The Spider, en concreto de la adaptación en forma de serial que había rodado Columbia, The Spider’s Web (1938). Al contrario que el diseño de Ditko, aquella máscara de The Spider dejaba el contorno de la boca y los ojos al descubierto (pp. 27).

 

Ilustraciones promocionales del personaje realizadas por El Rey, como el boceto de portada de Marvelmania #5 (1970) o un póster dibujado y coloreado en 1969 que no llegó a usarse en aquel momento demuestran que Kirby no tenía demasiado claro cómo se distribuían las telarañas por el traje de Spider-Man, o al menos no demostraba interés en colocarlas correctamente (pp. 27).

 

“La única vez que me acordé de Superman fue cuando hice un logotipo del personaje y me pareció que recordaba un poco al de Superman. Por eso añadí un guión entre ‘Spider’ y ‘Man’. De esa forma, el logo de Spider-Man sería diferente al de Superman y nadie podría confundirlos”. (Stan Lee, pp. 29).

 

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

LOS TENTÁCULOS DE OCTOPUS

Al igual que Sam Raimi supo ver sin ningún género de dudas que Spiderman debía enfrentarse al Doctor Octopus en la segunda entrega de la saga cinematográfica del trepamuros, Brian Michael Bendis intuyó que ése sería el villano con el que se cruzaría el Hombre Araña definitivo en una de sus primeras aventuras, una vez establecido el origen del personaje. No en vano, de los enemigos clásicos de Spiderman, Octopus ha sido siempre uno de los más queridos por los lectores, quizás tan sólo por debajo del Duende Verde.

 

Stan Lee y Steve Ditko lo crearon en The Amazing Spider-Man #3 USA (1963), partiendo de una idea muy común en aquel entonces: el científico que juega con fuego y acaba quemándose. Tras un accidente radiactivo, los tentáculos artificiales que utilizaba para manipular sustancias peligrosas quedan adheridos al cuerpo de Otto Octavius, cuya mente también se ve irremediablemente dañada. Frente a la alegría juvenil de Spidey, el Doctor Octopus aparece como un adulto siniestro que utiliza la ciencia con propósitos terroríficos. Esa dicotomía entre un personaje y otro es la que hace su rivalidad tan atractiva. Bendis la quiso mantener intacta, solo que trasladando el origen del villano al contexto conspirativo del Universo Ultimate, que se apuntaba en algunas historias previas y que viene a decirnos que hay unos pocos individuos muy poderosos moviendo los hilos, manipulando a la opinión pública y diseñando el mundo en el que vivimos sin que los ciudadanos tengan la menor idea de su existencia.

Lo cierto es que los lectores de Ultimate Spiderman ya conocían a Octavius. Le habían visto desde el comienzo de la serie, como parte del equipo científico que trabajaba para Norman Osborn: un tesoro escondido, un “huevo de pascua”, para aquellos que supieran darse cuenta de que estaba ahí. De hecho, en el tercer número, puede contemplarse cómo Octavius utiliza los brazos mecánicos en el experimento que transforma a Norman en el Duende Verde, durante el que tiene lugar una explosión a la que el científico que apenas sobrevive. De esta manera, Bendis permanece fiel al concepto original que utilizaran Lee y Ditko cuatro décadas atrás, pero introduce una sutil diferencia: el nacimiento del Doctor Octopus está ligado también al del Duende Verde, que a su vez enlaza con el del propio Spiderman.

 

Frente a Norman, quien ha buscado convertirse en un monstruo, Octavius es, por tanto, una víctima de lo ocurrido… Una víctima colérica dispuesto a emprender el camino de la venganza contra uno de esos hombres que mueve los hilos, sólo para encontrarse también con Spiderman. No es el único enemigo de la historia: en un ejercicio de acumulación que señala el caos en que se ha convertido la vida del héroe, Spidey ha de luchar también contra Kraven El Cazador. De nuevo, se está reciclando un personaje de la época clásica, concebido por Lee y Ditko en Amazing Spider-Man #34 USA (1966). Lejos de la relevancia que tuvo Octopus desde el principio, Kraven se mantendría en una discreta posición hasta bien entrados los años ochenta, cuando J. M. DeMatteis y Mike Zeck lo transformaron en un oscuro y fascinante adversario. De cara a su reinvención, Bendis juega a la intriga, de manera que los lectores se pregunten cuáles serían sus rasgos definitorios y hacia qué lado de la balanza se inclinaría.

 

 

Aunque el Doctor Octopus se alza por derecho propio como el elemento de peso en este arco argumental, con Kraven en un segundo plano, Bendis procura que su llegada encaje en un momento particularmente complejo de la existencia de Peter Parker, donde ya empiezan a surgir interesantes diferencias con respecto al original. La confesión ante Mary Jane de la doble vida del héroe acaba de abrir todo un nuevo campo de exploración al que el guionista saca un rendimiento gigantesco. Lejos de quedarse en la mera interacción entre la pareja, para la que se basa fundamentalmente en su propio noviazgo de instituto, Bendis amplía el reparto, dando importancia a secundarios que no la habían tenido hasta entonces e introduciendo otros nuevos, como es el caso de Gwen Stacy.

 

En la continuidad tradicional, Gwen fue, durante buena parte de los años sesenta, el contrapunto de la superficial M.J. y la dulce novia de Peter. De hecho, se hubiera casado con él de no encontrar la muerte a manos del Duende Verde, en uno de los momentos definitorios de la saga del trepamuros. En los primeros números de Ultimate Spiderman, algunos rasgos de la personalidad de la Gwen clásica habían recaído sobre Mary Jane, de tal forma que la llegada de una Gwen moderna y transgresora permite un interesante cambio de roles, además de abrir las puertas de la especulación. ¿Será esta mucho más asequible y cercana M. J. la destinada a morir en la nueva versión? El guionista deja que los aficionados especulen, mientras él se limita a sacar el máximo partido a esta y otras situaciones, conforme la serie se aproxima al fin de su segundo año de publicación y se sitúa, por derecho propio, en la categoría de clásico del cómic moderno.

 

Artículo aparecido en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 4

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