SPIDER-MAN EN AVENGERS: INFINITY WAR BIG GAME SPORT

RENUEVA TUS VOTOS 12: EL FIN DE UNA ERA

Cierre feliz para el primer año de la serie y despedida de los autores que han contribuido a su puesta en marcha. Con Marvel Legacy, todo cambiará radicalmente, hasta el punto que vamos a dar un auténtico salto al vacío de nada menos que ocho años. Nos encontraremos a Peter y Mary Jane todavía más mayores y a Annie ya convertida en una adolescente, con todo lo que ello implica.

 

DEL TABLERO AL PROCESADOR La mayor sorpresa que nos han dejado estos últimos números la encontramos en el aspecto autoral. Ryan Stegman, después de contribuir con sus ideas a muchos de los elementos que ofrecía la serie, daba el gran salto y pasaba de dibujarla a escribirla. Sin que ninguno de nosotros tuviéramos noticia al respecto, Stegman hacía tiempo que llevaba solicitando a sus editores en el Bullpen que le dejaran guionizar alguna pequeña historia, aunque fueran relatos autoconclusivos que complementaran a algún número especial. El editor Nick Lowe le había apoyado en tales pretensiones, de manera que le cedió un relato de cinco páginas, aparecido originalmente en Uncanny Inhumans #0 USA (2015. Inhumano nº 0), pero desde luego no se trataba de los guiones de una colección abierta. “Cuando por fin me lo ofrecieron, tuve un momento en que me paré a pensar si de verdad podía hacerlo”, recuerda el autor. “Siempre he escrito para mí mismo. Cuando era un niño, quería ser escritor y dibujante, y quizás más escritor que dibujante. Así que tuve que pararme a pensar que no estaba seguro si podía hacerlo bien, porque nunca había escrito algo de una escala tan grande. Tuve que superar la ansiedad inicial y simplemente hacerlo. Y ha sido realmente divertido. Me ha dado un mayor respeto por los editores. No es que no los respetara antes, pero ahora entiendo mejor las cosas. He sido dibujante desde hace tiempo y normalmente cuando mando algo al editor simplemente me dice que adelante, y ya está. Pero ahora que he estado trabajando en esto y he pasado tanto el tiempo al teléfono con mi editor Darren Shan, comprendo la envergadura de su trabajo. Hemos estado mejorando detalles de la historia y Darren siempre se ha preocupado de llevarme en la buena dirección. Me ha dado una oportunidad y me ha ayudado mucho”. De cara al futuro, Stegman volverá a los lápices, pero también le gustaría hacer guiones. Su siguiente destino, en el momento de cerrar esta edición, todavía no lo conocemos, pero en cualquier caso será dentro de Marvel.

 

UN DEBUT OLVIDADO

Así empezó el primer guión de Stegman

 

LA OTRA FAMILIA En estos meses, mientras nos concentrábamos en la dinámica de los Parker, también hemos tenido ocasión de observar a Normie Osborn, sólo para descubrir un evidente contraste entre ambos clanes. “Es algo con lo que estaba muy interesado en jugar”, continúa Stegman. “Quería enseñar que la vida de Annie está cerca de considerarse ideal, pero no todo el mundo ha sido bendecido con el mismo tipo de vida y no todos los niños se sienten queridos de la manera en que deberían. Así que es una yuxtaposición interesante, porque tenemos a alguien que ha perdido a su padre y, en la otra punta, a Annie. El interés que él siente por ella es algo que se basa en la atracción, lo cual es un poco horripilante. Creo que él también se podría sentir atraído por la manera en que ella disfruta de la vida. Quería dar cierta profundidad al personaje de Normie, que tuviera un buen motivo para toda esa oscuridad que le rodea”.

 

LA INSPIRACIÓN

Stegman repasó este cómic a fondo

 

Spot On perteneciente El Asombroso Spiderman: Renueva tus votos nº 12

VÍDEO DE PRESENTACIÓN DE SPIDER-MAN PREMIUM FORMAT COLLECTION, DE SIDESHOW

ERIK LARSEN, EL SUSTITUTO DE TODD McFARLANE

La marcha de Todd McFarlane de Marvel y de Spider-Man, la colección que habían confeccionado a su medida, dejó a muchos aficionados huérfanos y a otros extraordinariamente satisfechos, puesto que, después de un año pergeñando sus propias historias, el canadiense había conseguido dividir radicalmente a la audiencia, entre los que le amaban y entre los que le odiaban. En Marvel ya se veían venir la espantada, después de los problemas y disputas que venían manteniendo con el egocéntrico artista. Danny Fingeroth, el editor que por aquel entonces se estrenaba en la franquicia arácnida, no tardó en encontrar un sustituto perfecto. Su nombre: Erik Larsen.

Cuando era niño, Erik Larsen disfrutaba con los cómics más que con ninguna otra cosa. Pronto supo que era eso a lo que quería dedicarse profesionalmente. Empezó a crear un montón de personajes que surgían de su imaginación como un caudal inagotable. Se propuso ser como Herb Trimpe, el artista por antonomasia de The Incredible Hulk, que no era especialmente querido por el fandom, pero al que admiraba por su perseverancia, ya que permaneció junto al Goliat Esmeralda durante decenas de números. Con 19 años, Larsen escribió y dibujó Megaton, un cómic en blanco y negro con un héroe que él mismo había creado y que le serviría como entrenamiento, mientras sumaba a la de Trimpe las influencias de Steve Ditko, Jack Kirby, Walt Simonson y Gil Kane, cuyo estilo adoraba. Disfrutó mucho de la experiencia y, una vez concluido su periodo de aprendizaje, Marvel le dio unos cuantos episodios de relleno, aunque fue DC Comics la que le ofreció su primer trabajo relevante, los lápices de Doom Patrol. Por aquel entonces, conoció a Todd McFarlane en una convención y ambos se hicieron amigos.

 

Al cabo de un tiempo, ambos estaban asentados en Marvel y McFarlane se había convertido en la estrella de The Amazing Spider-Man. El éxito de la serie era tal que, durante el verano de 1989, se publicaría quincenalmente. El dibujante titular trató de hacerse cargo de todos los episodios, pero no daría abasto y necesitaría de un sustituto puntual para la quinta parte de una aventura de seis capítulos, titulada “Complot para un magnicidio”. El escogido fue Larsen. El salto de McFarlane, de Amazing a Spider-Man, tendría lugar apenas cuatro números más tarde, pero de ellos sólo dibujaría dos. El entonces editor Jim Salicrup utilizaría los otros dos como campo de pruebas para encontrar un sustituto que mantuviera cierta coherencia gráfica con respecto al estilo de su artista más comercial. Colleen Doran hizo uno de los episodios, Larsen el otro y Salicrup se decantaría finalmente por éste.

 

Al contrario que su amigo, Larsen no quería cambiar radicalmente el estilo de Spiderman, sino todo lo contrario: reproduciría todos los trucos que habían lanzado al estrellato a McFarlane, ya que temía que los aficionados se echaran sobre él si de distanciaba demasiado. Las telarañas en forma de spaguetti, una Mary Jane desproporcionadamente sexy, grandes dibujos con Spidey saltando por Nueva York, estructuras originales de página, con viñetas rotas, recuadradas o irregulares… El nuevo artista hizo suyo el repertorio, pero al contrario que su colega no le interesaban ni los callejones oscuros ni las almas atormentadas. Era un autor de la espectacularidad y del optimismo y aunque nunca alcanzaría el gigantesco grado de popularidad de McFarlane, si logró mejores resultados gráficos que éste y Amazing incluso elevó los excelentes ratios de venta que habían tenido hasta entonces.

 

Los editores estaban tan satisfechos como sorprendidos, pero una vez asentado en su puesto, Larsen empezó a sentirse un poco frustrado. Tenía la impresión de que Amazing no era el cómic con el que más disfrutaría. Hubiera preferido encargarse de Hulk, Thor o Los Cuatro Fantásticos, y soñaba con hacerse cargo algún día de Nova, uno de los héroes fundamentales de su infancia. Además, estaba harto de Veneno, que le parecía un villano de lo más predecible, pero que volvía cada dos por tres. Fue entonces cuando McFarlane dejó Spider-Man y Danny Fingeroth, el sustituto de Salicrup, estimó que lo más oportuno era que Larsen heredara la serie siguiendo el mismo esquema de artista inmensamente popular que, de la noche a la mañana, se ponía a escribir las historias. Incluso tenía alguna experiencia previa con el procesador de textos, ya que un año antes ya había hecho un pequeño serial de Spiderman y Lobezno para la serie semanal Marvel Comics Presents: “Mi guionista favorito soy yo mismo”, afirmaba Larsen en una entrevista, “porque nunca me pediría algo que no pudiera dibujar bien”.

 

Antes de saltar a una saga más extensa, llegaría el Spider-Man #15 USA (publicado en el tercer volumen de esta colección), una aventura ligera, en la que Spidey compartía espacio con La Bestia. Allí se adelantaban algunas de las intenciones de Larsen: introducir nuevos personajes, cuanto más monstruosos mejor, y mantener un tono lúdico, de aventura ligera, que estaba en las antípodas de la truculencia a la que se había apuntado McFarlane. Tres números más tarde, empezaría el único arco argumental que llegó a hacer. “La venganza de Los Seis Siniestros” se presentaba desde su título como secuela de otra aventura que había escrito David Michelinie y dibujado el propio Larsen para Amazing. El artista pensó que algunos cabos sueltos dejados allí podían alimentar otra saga que, por lo demás, funcionaría como un relato autónomo.

 

La anterior historia había sido un rendido homenaje al debut del grupo de villanos dirigido por el Doctor Octopus, que Stan Lee y Steve Ditko llevaran a cabo en The Amazing Spider-Man Annual #1 USA (1964. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman: Poder y responsabilidad). Con la segunda parte, el artista quiso dar un paso más allá, de forma que la trama servía de vehículo para utilizar a todos los personajes de Marvel que le apetecía tratar. Además del trepamuros, de sus enemigos y de la inevitable Mary Jane con el melenón que le había dado, estaba el Motorista Fantasma, Hulk, Los 4 Fantásticos, Deathlok, Solo, Sonámbulo, Nova (claro está) y, finalmente, un invitado sorpresa que llevaba veinte años sin aparecer en un cómic del trepamuros, pero que encajaba como un guante en sus preferencias.

 

“La Venganza de Los Seis Siniestros” fue, en definitiva, el patio de colegio en el que Larsen pudo disponer de todos los juguetes que le hubiera gustado tener de niño. Por aquel entonces, McFarlane le propuso acompañarle en la aventura de Image. Él no estaba enfadado con Marvel ni preocupado por el dinero que daba el merchandising, y ni siquiera tenía grandes ambiciones económicas. Lo único que quería hacer era escribir y dibujar durante las siguientes décadas el cómic de un personaje que había creado cuando estaba en el colegio y cuyos diseños conservaba desde entonces, un tipo verde, musculoso y con una cresta de caballito de mar que respondía por el nombre de Dragon.

 

Antes de dar el salto a Image, el artista completó su última aventura con Spiderman, dejándole un pequeño regalo al héroe al que tanto le debía. Una tarta de cumpleaños que permitió a los lectores hacer algo que no podrían repetir nunca más: calcular la edad exacta que en aquellos momentos tenía Peter Parker. Poco después, Larsen empezó a vivir su sueño junto al que se llamó, finalmente, Savage Dragon. Más de veinte años y casi trescientos después, todavía sigue haciéndolo, y sin faltar ni una vez a su cita. En todo ese tiempo, ha encontrado alguna que otra ocasión para volver a dibujar a Spiderman. Al contrario que McFarlane, Larsen nunca ha pensado que el Hombre Araña fuera el equivalente al instituto: algo que pudo estar bien en la adolescencia, pero a lo que jamás regresaría. Al contrario que McFarlane, Larsen sigue haciendo tebeos y, como le pasaba cuando era un niño, disfruta con ellos más que con ninguna otra cosa.

 

Texto aparecido originalmente en Coleccionable Spider-Man nº 4

EL SPIDER-MAN DE STRACZYNSKI: EL FIN DE LA INDEPENDENCIA

En el arranque de la etapa de Joe Michael Straczynski y John Romita Jr. en The Amazing Spider-Man, el guionista introdujo a Ezequiel Sims, un misterioso personaje con habilidades arácnidas similares a las de Peter Parker que le hizo saber acerca de la herencia totémica que conllevaban sus poderes. La saga de Ezequiel se desarrolló durante los dos años siguientes, hasta alcanzar su final, quizás un tanto prematuro, pero que coincidió con dos hechos que cambiarían radicalmente la configuración de las aventuras del trepamuros hasta entonces: la marcha de John Romita Jr. a otra serie y la decisión de integrar a Spidey en Los Vengadores y, de esa manera, hacerle partícipe de las grandes decisiones que se tomaran en el corazón del Universo Marvel. Hasta entonces, JMS había desarrollado las historias sin tener en cuenta otros parámetros que los de su imaginación, pero ese tiempo se agotaba…

Afirman los eruditos de la Biblia que El Libro de Ezequiel se diferencia de otros pasajes en que apela a la responsabilidad individual de cada persona, lo que marca una distinción significativa con respecto a la culpa y los castigos colectivos que pueblan las versiones más primitivas del judaísmo y el cristianismo. No es extraño que Joe Michael Straczynski recurriera al profeta para nombrar su más significativa aportación al mito de Spiderman. Porque la responsabilidad es el tema central que rodea al trepamuros, sobre el que pivota toda la etapa del escritor.

 

Al respecto, conviene hacer una importante acotación. Cuando JMS se convirtió en el guionista del trepamuros, allá por el año 2000, Marvel en general y la Franquicia Arácnida en particular arrastraban una merecida fama de abuso de la injerencia editorial. Abundaban los casos en que para escribir personajes de elevada importancia se escogía un guionista de perfil bajo. Así el editor podía moldear a su antojo el rumbo de la serie, llegando incluso a reescribir los guiones. Las consecuencias de esta política fue la desbandada de todas las firmas de calidad con las que pudiera contar la compañía, un importante bajón en la calidad de esos cómics “escritos al dictado” y el abandono de los propios lectores, en un círculo vicioso que no parecía tener fin.

 

La revolución de Joe Quesada consistía en romper con las inercias del pasado y recuperar el prestigio que nunca debería haber perdido La Casa de las Ideas, de ahí que se buscaran los autores más punteros del medio, pero también que se les diera carta blanca para acometer su trabajo, puesto que esos grandes nombres se hubieran negado a trabajar bajo las condiciones de la anterior administración.

 

Joe Michael Straczynski en The Amazing Spiderman y Grant Morrison en New X-Men fueron los pesos pesados con cuyos servicios se hizo Quesada. El Director Editorial les prometió que nadie tocaría una coma de lo que escribieran. En el caso del trepamuros, esa promesa se extendió durante cuatro largos y fructíferos años, quizás los mejores de los que gozó Spiderman durante la primera década del siglo XXI, lo que coincidió con la presencia como dibujante de John Romita Jr. y con la desvinculación del lanzarredes del resto del Universo Marvel. Bien es cierto que Straczynski recurrió durante ese tiempo a un buen número de invitados especiales, desde el Capitán América a su favorito, el Doctor Extraño; que Spidey siguió gozando de otras series paralelas a Amazing, aunque fueran a remolque de lo que se cociera en ésta; y que el héroe continuó visitando multitud de títulos… Pero JMS gozó de una autonomía tal que nada de eso importaba: sus historias seguían un camino al margen del resto.

 

En 2004 se decidió recuperar la intensa estructura de universo compartido que hubiera sido moneda común durante buena parte de la historia de Marvel. Se trataba de que el lector fuera consciente de que todos esos héroes viven en el mismo escenario y en la misma época. Para ello, resultó fundamental la creación de Los Nuevos Vengadores, una formación en la que, junto a miembros clásicos del equipo, como Iron Man y Capitán América, también estarían algunos héroes olvidados (Spiderwoman, Luke Cage, El Vigía…), así como los dos iconos más comerciales de Marvel: Lobezno y, por supuesto, Spiderman. La consecuencia de esto último es que sus aventuras cada vez estarían más imbricadas en las de estos.

 

El cambio de rumbo coincidiría además con una destacable circunstancia artística: John Romita Jr. abandonaría Amazing Spider-Man, para acometer otros proyectos que la editorial estimara oportunos. Con todos esos condicionantes encima de la mesa, Joe Michael Straczynski decidió que estaba lo suficientemente satisfecho como para continuar al frente del barco. Sabía que todo iba a cambiar, que ya no sería él quien eligiera el rumbo a seguir, pero aceptó el reto, hasta el punto que todavía escribiría la serie durante tres largos años en los que mantuvo un inmenso nivel de calidad.

 

No obstante, antes de dar ese giro a su manera de abordar al trepamuros y de decir adiós a Romita Jr, Straczynski quiso cerrar la trama de Ezequiel Sims. Fue este misterioso Hombre Araña quien apuntó que las habilidades de Peter no son el resultado de la picadura de la araña radiactiva, sino que proceden de una herencia totémica que se transmite desde tiempo inmemorial: habría habido otros Hombres Araña a lo largo de la historia y otros más que tendrían que venir algún día. ¿Es esto cierto y hasta qué punto debe hacer que Peter reconsidere su posición en el mundo? En todo este tiempo, Ezequiel ha ejercido la posición de mentor: un maestro sabio que ofrece al trepamuros nuevas revelaciones, toda vez que le ayuda a vencer a los enemigos que se encuentra en su camino y que están, precisamente, ligados a los poderes totémicos, como Morlum y Shathra. Mientras tanto, el mayor misterio no es otro que el propio Ezequiel Sims. ¿Quién es realmente? ¿Por qué ha permanecido fuera de la vida de Peter hasta ahora? ¿Cuáles son sus auténticos objetivos?

 

La gran diferencia entre un Hombre Araña y el otro radica en la manera en que encaran la existencia. Spiderman asumió la culpa por la muerte de tío Ben y se convirtió en un gran superhéroe; Ezequiel ha usado sus poderes para el bien personal, para amasar una enorme fortuna, en lugar de para el bien general. Cuando contempla a Peter, ve al hombre en que podría haberse convertido de seguir otro camino. A la hora de abordar la historia definitiva alrededor de Ezequiel Sims, la pregunta que lanza JMS es qué camino elegirá éste, si abrazará la responsabilidad individual proclamada por el libro del profeta o continuará adelante con la vida que ha llevado hasta ahora. En la respuesta, claro está, se encontraba implícito el destino de Peter Parker y el final de una época de excelencia irrepetible y, a día de hoy, insuperable.

 

Texto aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 5: El libro de Ezequiel.

 

SPIDER-MAN: EL BALANCE DEL AÑO

Vamos con algo que ya hicimos hace doce meses y que queremos convertir en una tradición que se repita cada diciembre: la de fijarnos en cómo nos ha ido el ciclo que cerramos, poner en una balanza lo bueno, lo menos bueno e incluso lo malo y prepararnos así para tomar un nuevo impulso. ¡Le toca el turno a nuestro querido Miles Morales!

 

EL CONTEXTO La colección arrancó 2017 sumergida en los cruces con “Civil War II”, que eran especialmente importantes para el protagonista de esta serie, ya que él formaba parte de la más ominosa profecía de Ulysses. Esta serie se detuvo en los aspectos más personales del conflicto en lo que a Miles se refiere, con especial atención al impacto que la acción tenía sobre los más cercanos al héroe. La saga tuvo como consecuencias que Jefferson regresara a SHIELD, y esto a su vez nos empujó al crossover con Spider-Gwen, con viaje interdimensional incluido. El regreso nos trajo el drama con Rio Morales, así como que retomáramos la trama de La Gata Negra y Cabeza de Martillo, con la que arrancara la colección y que a día de hoy parece muy lejos de haberse saldado. Por el camino, tuvimos a Miles integrado en Los Campeones, el gran grupo del año, pero fue algo que apenas sí se reflejó en estas páginas.

 

GANKE NO PARECE UN NED Probablemente, el mejor chiste del año

 

LOS PUNTOS FUERTES Nadie como Brian Michael Bendis domina el mundo de Miles Morales. Sabe introducir la sorpresa, hacer interesante al entramado de personajes secundarios y, por si fuera poco, el guionista sigue ejerciendo como imán de nuevos dibujantes con talento. Los latinos Nico León y Óscar Bazaldúa aportaron excelencia a la cabecera, mientras que Sara Pichelli apenas tuvo tiempo para pasar por aquí durante unos pocos números, antes de saltar a la segunda parte de Spider-Men, que por fin arrancaba en estos últimos meses. Salvo por el Spider-Man nº 15, con ese Szymon Kudranski que no pegaba lo más mínimo con el tono del cómic (aunque Bendis procuró escribirle un guión acorde con su toque oscuro), hemos mantenido una coherencia estilística dentro del por otra parte ya habitual baile de dibujantes que suele ofrecer Marvel en casi todas sus series. 2017 ha sido también el año en que Miles ha visto puesta a prueba su rectitud ética, con situaciones que le habrían podido enviar hacia zonas oscuras pero que consiguió evitar con la ayuda de su familia y sus amigos, a la postre el gran armazón sobre el que se sostiene tanto el personaje como la colección. Además de que Ganke y Fabio ya forman parte imprescindible de ese entorno, en estos meses se nos ha unido Danika. Está por ver hacia dónde se encaminará su creciente amistad con Ganke y cómo influirá sobre Miles.

 

EL PESO DE LA RESPONSABILIDAD La importancia de ser un Spider-Man negro

 

LOS PUNTOS DÉBILES Estamos en una colección escrita por el rey de la narrativa descomprimida, así que quizás no deberíamos quejarnos de que pasen pocas cosas, pero lo cierto es que la trama ha avanzado todavía más despacio de a lo que estamos acostumbrados. El crossover con Spider-Gwen parecía una aventura forzada por la necesidad de atraer atención hacia ella, no por los propios requerimientos narrativos de la serie que nos ocupa. Casi nos ha sobrado esa historia, pero lo que sin duda nos ha faltado es ver aquí el impacto en Miles de “Imperio Secreto”, que es donde se ha explicado la mencionada profecía de Ulysses. Los villanos también nos fallan: ninguno de los que hemos tenido por aquí estos meses ha representado una verdadera amenaza para el protagonista, más angustiado por sus demonios internos. ¡Que vengan ya esos Seis Siniestros!

 

Spot On de Spider-Man nº 19 (diciembre de 2017)

EL CHICO QUE (A VECES) CUMPLÍA AÑOS

Hasta que llegó el Universo Marvel, y con él una de las mayores revoluciones de la historia del medio, los superhéroes vivían suspendidos en el tiempo, como moscas en ámbar, sin un antes ni un después en sus vidas, más allá de la mera numeración de sus historietas. Las aventuras ocurrían sin que tuvieran impacto unas en otras y sin alterar lo más mínimo a los protagonistas, que se mantenían siempre intocables. Carecían del elemento que se ha dado en llamar “continuidad”, y que viene a significar que todo personaje acumula un pasado y una trayectoria, en la que cada cómic es una pieza que forma parte de una compleja biografía.

 

Con Marvel y con Stan Lee llegó el tiempo como unidad de medida. En el amanecer de La Casa de las Ideas, Spiderman era uno de los personajes más indicados para percibirlo, ya que avanzaba cursos, o pasaba a hacer una carrera, algo que ocurrió a petición de lectores que se preguntaban cómo era posible que un chico tan listo como Peter Parker necesitara tantos años para terminar la educación secundaria. ¡Poco imaginarían que el héroe iba a precisar de más de una década para graduarse como bioquímico! Este detalle ya da una pista acerca de que, por mucho que el tiempo transcurra en el contexto del Universo Marvel, lo hace de manera ralentizada y en absoluto real, a veces incluso con retrocesos que se justifican por la necesidad de mantener frescos a los protagonistas.

 

Los Cuatro Fantásticos, Los Vengadores, La Patrulla-X o Spiderman deben permanecer accesibles para todas las generaciones de lectores, de manera que el envejecimiento nunca debe hacer mella en ellos. Cuando por ejemplo Los Cuatro Fantásticos recuerdan en la actualidad el momento en que consiguieron sus poderes, suelen referirse a que tal cosa ocurrió hace algo más de diez años, cuando la historia se publicó en 1961. De hecho, Reed Richards parece mantenerse siempre en la misma edad, e incluso hay quien diría que ha rejuvenecido con respecto a su debut. Stan Lee hablaba de ” ilusión del cambio”, en lugar de cambio real, porque descubrió que los lectores aplaudían el que sus personajes experimentaran circunstancias que parecieran definitivas o rupturistas, pero se sentían reacios a que esas mismas vicisitudes acabaran arrastrando al héroe hasta un punto en que se alejara demasiado de la imagen que tenían del mismo.

 

The Man aplicó este procedimiento con especial sabiduría durante el centenar de episodios que escribió para Spiderman, uno de sus personajes favoritos. El que Peter Parker fuera un adolescente cuando comenzó su andadura facilitó aún más las cosas: en un momento determinado, Peter terminó el instituto para acudir a la universidad; más adelante finalizó la carrera y comenzó sus estudios de posgrado. En todo ese tiempo, podían cambiar los personajes secundarios, podía cambiar el entorno académico… Pero siempre nos encontrábamos con un Peter Parker estudiante (sin importar qué estudiara), dividido entre dos chicas (primero Liz Allan y Betty Brant; luego Mary Jane y Gwen Stacy, etc) y con los eternos problemas para compatibilizar su vida cotidiana con su actividad de superhéroe. En esencia, era el mismo personaje en que todos sus lectores podían reconocerse.

 

Algunos guionistas, como fue el caso de Marv Wolfman o Len Wein, que escribieron las historias de Spidey a mediados de los setenta, pretendían que el avance se detuviera en los años de doctorado, mientras que Roger Stern, que llegaría poco después, optó por sacarle de ahí, precisamente para que la situación no se eternizara. Fue entonces cuando el trepamuros entró en el periodo en que la indefinición acerca de su edad fue la norma adoptada. Una cláusula de los postulados de Stan Lee consiste en que los adolescentes en el Universo Marvel siguen una maduración más o menos evidente hasta que superan la veintena. En ese punto, al igual que ocurre con personajes más maduros, ellos también acaban perdidos en una nebulosa que se mueve entre los veintitantos y, en pocas ocasiones, los treintaytantos. No sólo puede decirse de Spiderman, sino también de La Patrulla-X, cuyos integrantes originales tenían una edad similar a la de Peter cuando se formó el grupo. Como él, alcanzaron la graduación sin problemas… Y ahí se quedaron.

 

Resulta llamativo que, después de que se prescindiera del recurso que nos permitía determinar la edad del trepamruos (los cursos académicos) sólo hayan existido dos ocasiones en que los autores se atrevieran a celebrar su cumpleaños. La primera de ellas, tuvo lugar en Spider-Man #23 USA, un cómic escrito y dibujado por Erik Larsen en 1992 y al final del cual Peter soplaba 25 velitas. La segunda se daría con motivo del Amazing Spider-Man #500 USA, aparecido en 2003 e incluido en este volumen. En este caso, aunque no llega a indicarse en ningún momento el cumpleaños que celebra el trepamuros, no sería atrevido aventurar que se trata de la treintena, por múltiples motivos.

 

 

Nos encontramos en el epicentro de la etapa escrita por Joe M. Straczynski y dibujada por John Romita Jr. La idea central de JMS a la hora de abordar al personaje se encontraba en la necesidad de maduración del mismo, deseo explicitado en su nuevo trabajo como profesor, en la confesión a tía May de su doble vida o en el cambio de su relación con Mary Jane, que pasaba a estar sostenida por la sinceridad y la complicidad. Peter, a fin de cuentas y aunque fuera de manera implícita, estaba aceptando que ya no era un crío, sino un adulto responsable y coherente con la edad que había alcanzado. Su siguiente cumpleaños, por tanto, no podía ser más especial y significado… Lo que se tradujo en una espectacular aventura, en la que se veía obligado a revivir los combates contra todos y cada uno de los enemigos con los que se haya enfrentado alguna vez… Sólo para encontrarse con un espectacular regalo al final del camino.

 

Y si Peter recibía ese obsequio maravilloso, no era de menor importancia el que llegaba hasta los lectores. Marvel quiso que para ellos también la ocasión fuera única, no sólo por la mayor longitud de la historia, por la participación del Doctor Extraño o porque se recuperara la numeración histórica de la serie, sino porque pidió a uno de los más significados autores que han pasado por ella que regresara durante unas pocas páginas. Se trataba del mismísimo John Romita, quien dibujara a Spidey durante sus años dorados en la década de los sesenta y que aquí compartía cartel con su propio hijo, John Romita Jr.

 

El resultado final es el que quizás sea el mejor número “redondo” con el que jamás haya contado Spiderman. Un glorioso recordatorio del camino recorrido, pero también una cima desde la que contemplar un prometedor futuro. Este es quizás también el cómic que marcço a fuego el límite al que se atreve a llegar Marvel con respecto a la madurez de su personaje insignia. Y, aunque hay quien le gustaría conocer a un Peter Parker cincuentón o jubilado, otros preferimos que siga en la brecha durante mucho, mucho tiempo, por más que nosotros envejezcamos mientras él continúa tan joven como siempre.

 

Texto aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 4: Feliz cumpleaños

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 1: PETER PARKER ANTES DE PETER PARKER

En 1961, próximo a cumplir los cuarenta, Stan Lee ejercía como guionista, editor y motor de la compañía, que por entonces utilizaba el nombre de Atlas, y a cuyas pequeñas oficinas en el 655 de Madison Avenue viajaba cada día desde su casa en Long Island. (pp. 9)

 

Tad Carter, el primer mutante de Marvel, se parecía extraordinariamente a Peter Parker, tanto en su aspecto físico como en su manera de vestir y comportarse. (pp. 13)

 

“Adiós a Linda Brown” contaba la historia de una joven en silla de ruedas que vivía junto a su Tío Ben y su Tía May en una casa al borde de la playa. Los rasgos y personalidad de la pareja eran equivalentes a los de los tíos de Peter (pp. 13)

 

Con un nombre muy similar en lo fonético al de Peter Parker aunque sin la aliteración típica de muchos superhéroes, Carter era un científico que introducía en una cámara atómica una araña. Ésta crecía hasta el tamaño de un ser humano y adquiría inteligencia y unos sorprendentes poderes (pp. 13)

 

Stephen J. Ditko, el artista detrás tanto de la historia de Tad Carter como de la de Linda Brown, era, después de Jack Kirby, el dibujante más destacado de la factoría. Había nacido el 2 de noviembre de 1927 en el seno de una familia trabajadora de inmigrantes eslavos, en Johnstown (Pensilvania). (pp 13).

 

La inclusión de la palabra “Adult” en el título representaba poco menos que un desafío. “El magazine que respeta tu inteligencia”, decía una frase destacada en el índice, junto a otro aviso que advertía de que todas las historias y el dibujo eran de Stan Lee y Steve Ditko. (pp. 15)

 

El cómic se publicó, la colección se canceló tal y como estaba previsto y, hasta pasados unos meses, no llegaron los datos de ventas, que certificaban el éxito y que el trepamuros, por tanto, era merecedor de su propia serie. (pp. 17)

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

LA SAGA DEL CLON: EL MONTAJE DEL DIRECTOR

EL ORIGEN DE LAS ESPECIES

La más polémica aventura de la dilatada trayectoria de Spiderman se publicó entre 1994 y 1996, a lo largo de unos doscientos tebeos. Sin embargo, para entender todas sus implicaciones, hay que retrotraerse hasta mucho tiempo atrás. En concreto, a los años setenta, y es ahí donde ha de empezar nuestra historia. Por aquel entonces, el Hombre Araña ya tenía a sus espaldas una larga trayectoria compuesta por diversas etapas. Estaban los años fundacionales, con Stan Lee y Steve Ditko a los guiones, en los que Peter Parker era un adolescente apocado que aprendía el oficio de superhéroe; y estaba la época dorada, con John Romita a los dibujos, durante la que la serie había añadido un importante componente romántico, gracias a la llegada de las dos chicas entre las que se dividía el corazón del protagonista, la carnal y excitante Mary Jane Watson frente a la dulce e inocente Gwen Stacy. Sería esta última la elegida por Peter Parker, pero también la que encontraría un destino fatal a manos del peor enemigo del héroe, en una aventura publicada en 1972 y escrita por Gerry Conway, un guionista de apenas diecinueve años que acababa de recibir la serie de las manos del mismísimo Stan Lee.

 

La muerte de la novia del héroe, lo que hoy en día ha llegado a convertirse casi en un tópico, era por aquel entonces un imposible. El impacto que causó en los lectores fue incomparable, hasta el punto de que muchos sintieron la pérdida como propia. La conmoción llegó a tal nivel que, dos años después, todavía eran muchos los que reclamaban el regreso de Gwen Stacy mediante cualquiera de los muchos trucos que se utilizan en los cómics de superhéroes para recuperar a los personajes populares. Sólo que Marvel en general, y Gerry Conway en particular, se negaban a ofrecerles eso. En su lugar, el escritor tejió una saga que puso a prueba la cordura de los aficionados arácnidos.

 

Un buen día, en la puerta de Peter Parker, apareció Gwen. ¡Estaba viva! Sólo que no era la Gwen de siempre, que, como muy pronto se comprobó, seguía muerta y enterrada. Esta otra Gwen era un clon creado por Miles Warren, un profesor que se había obsesionado con la joven y que, como no podía ser de otra forma, se había convertido en un villano deseoso de acabar con Spiderman, que respondía por el nombre del Chacal. En el climax de la aventura, Spiderman descubría que el de Gwen no era el único clon que el Chacal había concebido: también realizo un clon del propio Spiderman: el arma perfecta para acabar con el trepamuros. La saga se resolvería en Amazing Spider-Man #149 USA (1975. Spiderman: Los imprescindibles nº 7). En sus páginas, tanto el Chacal como el clon del lanzarredes encontraban la muerte, mientras que la doble de Gwen decidía buscar su propio camino, lejos de la sombra de su doble genético, y Peter entregaba al fin su corazón a Mary Jane, cumpliéndose así el verdadero objetivo de Conway a la hora de desarrollar este argumento.

 

 

EL REGRESO DEL CLON

Salvo por menciones ocasionales, y la aparición puntual del clon de Gwen en un Anual, no se volvió a profundizar en el asunto del clon durante los siguientes veinte años, Muchos guionistas preferían no tocar ese argumento. A principios de los ochenta, Roger Stern llegó a planificar una historia en la que el clon de Gwen había envejecido aceleradamente, para morir finalmente en la paz de un monasterio, pero decidió abandonar la trama antes siquiera de sentarse a escribirla. A lo largo de ese tiempo, Peter Parker contrajo finalmente matrimonio con Mary Jane, a la vez que el Hombre Araña alcanzaba nuevas cotas de popularidad, que llevaron a Marvel a multiplicar exponencialmente el número de sus series. A mediados de los años noventa, la sensación de que Spiderman ya no resultaba tan atractivo para los lectores se había hecho fuerte, y con ella, llegaría también la intención de buscar la manera de arreglar las cosas. Los autores y editores, con toda la buena intención del mundo, querían quitar lastre al héroe, hacerlo de nuevo divertido y romántico, devolverle su soltería, su espontaneidad y su infelicidad crónica.

 

En ese contexto, Terry Kavanagh, uno de los escritores de las diversas colecciones arácnidas, propuso en una reunión de trabajo celebrada en 1993 que trajeran de vuelta al clon: no al de Gwen, sino al del propio Spidey, un regreso que provocaría todo un cataclismo a todos los niveles. Conscientes de las posibilidades que dicho argumento ofrecía, toda la oficina arácnida decidió apoyarlo decididamente. Tom DeFalco, Director Editorial de Marvel en aquel entonces, no sólo daría luz verde a la saga, sino que se sentiría tan entusiasmado con ella que incluso decidiría sumarse a los autores de la misma.

 

Inicialmente, el arco argumental se desarrollaría a través de las cuatro colecciones que el lanzarredes protagonizaba. Dicho y hecho: en Web of Spider-Man #117 USA (1994. Spìderman vol. 2, nº 6 de Forum), el clon entraba en escena, bajo el nombre de Ben Reilly. Había logrado sobrevivir a los acontecimientos del Amazing Spider-Man #149 USA, llevaba cinco años “recorriendo América”, y tomaba la decisión de regresar al descubrir que tía May estaba grave. En los meses siguientes, Ben se alzó como la gran estrella de las series arácnidas: convertido en un nuevo superhéroe, la Araña Escarlata, luchó contra los peores enemigos del lanzarredes y se ganó la confianza de los aficionados, que veían en él a un Peter Parker que no había gozado de la buena suerte del que conocían, pero había sabido construirse a sí mismo y sobreponerse a sus desgracias. A su vez, el verdadero Peter era arrastrado por la oscuridad y la depresión, apareciendo cada vez más antipático ante los lectores.

 

 

El plan de guionistas y editores consistía en que la saga concluyera después de seis meses (unos veinticinco tebeos, teniendo en cuenta la gran cantidad de colecciones arácnidas)… Pero las cosas no salieron como tenían pensadas. Las ventas enseguida comenzaron a aumentar. Los autores se divertían con su trabajo como nunca habían hecho, y ese entusiasmo se transmitía en una gran historia-río plagada de sorpresas y conspiración, que dejaba siempre con el deseo de que llegara el próximo número. En la editorial también se entusiasmaron, a su manera. Amaban al clon, y lo querían presente tanto tiempo como fuera posible. Fue en ese punto donde empezaron los problemas. Ante la petición de retrasar la conclusión de la saga, se tuvo que improvisar, alterar decisiones ya tomadas, incorporar nuevos autores poco experimentados y estirar los argumentos deprisa y corriendo, con la consiguiente multiplicación de incoherencias y el bajón en la calidad de la saga, que fue perceptible después del Amazing Spider-Man #400 USA (1995. Spiderman vol. 2, nº 12), un emocionante episodio en el que se narraba la muerte de tía May y tras el que los guionistas se quedaron sin nada interesante que contar, pero muchas páginas que rellenar.

 

La puntilla llegó cuando se hizo necesario poner fin a “La saga de Ben Reilly”. En el ánimo del equipo creativo estaba que Peter se retirara a causa de su próxima paternidad y Ben tomara su lugar, aunque sólo de forma momentánea. Sin embargo, los convulsos tiempos que vivía Marvel influyeron en contra de la ejecución de esas intenciones. La dirección de la compañía cambió, y el nuevo director no tenía claro a qué carta jugar con Spiderman. Decidió, sin demasiados elementos de juicio, que Ben sustituyera a Peter de manera permanente, estableciendo incluso que el que había sido Peter durante veinte años era en realidad el clon, mientras que Ben se alzaba como el auténtico.

 

La respuesta de los aficionados fue rápida y unánime. No querían a Ben Reilly como Spiderman, ni mucho menos querían que el Peter Parker al que habían seguido durante dos décadas fuera calificado de impostor. La saga, cerrada en falso, todavía tendría que continuar durante unos meses más, hasta que, finalmente, en Peter Parker: Spider-Man #75 USA (1996. Nuevo Spiderman nº 12 de Forum), se llevó a cabo la corrección. El catalizador fue un inverosímil regreso de la muerte por parte de Norman Osborn, que se descubría como la mente maestra detrás de cuantas desgracias le habían ocurrido al Hombre Araña en los años anteriores. Peter volvía a vestir las telarañas, Ben Reilly moría heroicamente, a la vez que se aclaraba su condición de copia, y el embarazo de Mary Jane terminaba en tragedia: no habría bebé que cuidar y que obligara a dejar aparcado el uniforme arácnido. Y por si fuera poco, al cabo de unos meses, tía May también estaría de nuevo en danza.

 

 

En definitiva: Las cosas volverían a estar en su sitio, pese a que el daño padecido fue demasiado grande. Durante la etapa de Ben Reilly como Spiderman, las ventas descendieron de manera preocupante, en un contexto general ya de por sí átono. Muchos eran los aficionados que habían retirado su apoyo al nuevo Hombre Araña, furiosos por lo ocurrido. En la Casa de las Ideas decidieron que nunca más se volvería a hablar de clones ni a poner en duda que Peter Parker sea Spiderman. Y pese a todo, el icono tardaría todavía varios años más en recuperar el pulso, mientras que algunas de las consecuencias de lo ocurrido permanecerían activas, hasta el punto que Norman Osborn es, a día de hoy, una pieza fundamental del Universo Marvel.

 

EL MONTAJE DEL DIRECTOR

Tres lustros después de la publicación de “La saga de Ben Reilly” los ánimos se han calmado, en gran parte porque una gran cantidad de nuevos lectores siguen ahora las aventuras de Spiderman, y muchos de ellos se preguntan en qué consistió aquello tan polémico. Mark Millar, en una viñeta de su excepcional Marvel Knights: Spiderman (2004), fue el primero en el siglo XXI en atreverse a escribir, negro sobre blanco y con todas las letras, el nombre maldito: Ben Reilly. Las bromas, los chistes privados, las alusiones a los clones introducidas por lo bajini en los diálogos de Spiderman se fueron haciendo cada vez más ocasionales, sobre todo por parte de Brian Michael Bendis, en Nuevos Vengadores. Fue éste el guionista que se atrevió a ofrecer su propia versión de la “maldita” saga, en Ultimate Spiderman, y con resultados más que satisfactorios, prueba de que la idea no era mala por sí misma, y que su ejecución mejoraba en extremo cuando se dejaba a los autores hacer su trabajo.

Pero el detonante del proyecto que tienes en tus manos vino, curiosamente, a causa de las excelentes ventas logradas por el primer volumen recopilatorio de “La saga de Ben Reilly”, un tochazo de más de 400 páginas publicado por Marvel en Estados Unidos que apenas sería el primero de los muchos volúmenes necesarios el evento completo. Si había tanta gente dispuesta a hacerse con la más denostada aventura de Spiderman, quizás habría un puñado de lectores deseosos de conocer algo muy especial…

 

Y así es como llegamos a este volumen. Tom DeFalco fue el Director Editorial de Marvel que aprobó la elaboración de la historia, allá por 1994. Howard Mackie fue el guionista que tuvo que concluirla, dos años después. El dibujante Todd Nauck todavía no había entrado en la industria cuando todo esto ocurrió, pero ha dibujado a Spiderman durante algún tiempo, y su estilo recuerda en cierta forma a algunos de los autores de la aventura primigenia, como el ya olvidado Steven Butler, o el ahora inaccesible Mark Bagley. Entre todos ellos han compuesto un producto verdaderamente inusual, una “versión del director” de la saga original o, como prefiere definirlo DeFalco, “una oportunidad para dos viejos escritores de Spiderman para demostrar que todavía pueden lanzar algunas interesantes telarañas”.

 

 

¿Contiene este tomo “La saga de Ben Reilly” que le hubiera gustado escribir a los guionistas originales? Es probable que no. Para empezar, porque han pasado quince años, la memoria es débil y muchas notas de las reuniones de entonces se han perdido para siempre. Para continuar, porque faltan piezas fundamentales de aquel equipo, como J. M. DeMatteis, el guionista que mejor definiera a Ben Reilly, o Terry Kavanagh, el tipo que, pese a sus escasas habilidades como escritor, debe llevarse el mérito de haber tenido la idea original. Y para finalizar, porque aquellos elementos que configuraron los cómics que vieron la luz durante esos dos años han determinado mucho de lo que aquí se cuenta. Sorprende, por ejemplo, que DeFalco y Mackie recurran aquí a Norman Osborn, puesto que la única figura en la sombra que se les pasó por la cabeza en un principio fue la de Miles Warren, y la opción de resucitar a Norman no llegara hasta mucho tiempo después.

 

Por el contrario, estos seis números que condensan, redefinen y alteran aquel caudal infinito de tebeos sí se acerca, en espíritu, a lo que podía haber sido pero no fue “La saga de Ben Reilly”: una trascendental aventura de Spiderman con un principio, un nudo y un desenlace planificados con coherencia. Las cosas son como son, y no como nos hubieran gustado que fueran, pero hay que alabar este sorprendente experimento que se lee como un desquite por parte de sus autores: otra una manera de decirnos que las cosas se podrían haber hecho mucho mejor. Quién sabe si este proyecto será el germen que lleve, algún día, a reposicionar en el escenario a Ben Reilly. Tantos años después, con la perspectiva que da el paso del tiempo, va a ser verdad eso de que algunos le echamos de menos.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Spiderman: La saga del clon

CLÁSICOS MARVEL GUÍA DE LECTURA 2017

Este es el orden recomendado de lectura para la línea de clásicos Marvel de Panini Comics, actualizado a diciembre de 2017.

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