SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 6: JACK KIRBY NO SABÍA DIBUJAR A SPIDERMAN

Aunque siguió adscrito a las aventuras de Spider-Man, pronto se dejó ver también en las historias de La Antorcha Humana, Los Cuatro Fantásticos y Hulk, lo que hace pensar que tal vez estuviera inicialmente destinado a cualquiera de estos personajes, pero que Stan Lee optara por presentarlo en la serie del trepamuros. Ditko lo había hecho suyo dotándole de una particularísima peculiaridad: que su traje no era sino la ropa de calle que llevaba puesta en el momento de su transformación (pp. 51).

 

El Cerebro Viviente seguía siendo ridículo en una época en la que los robots de la ciencia ficción empezaban a abrazar la estilización y el aspecto humanoide, pero se asemejaba de manera realista a los primeros ordenadores que llegaron a comercializarse en aquel entonces (pp. 52).

 

La página inicial simbolizaba la soledad del protagonista y su mundo dual, el de Peter Parker, dividido entre su tía enferma, su trabajo en el Daily Bugle y su difícil relación con sus compañeros, y el de Spider-Man, que lidiaba con los insultos de Jameson, el temor de Betty, la desconfianza de la ciudadanía y la animadversión de los criminales comunes (pp. 53)

 

A esa época pertenece la portada del Amazing #10 (marzo de 1964), sumida en peculiares circunstancias. Stan Lee rechazó el primer dibujo de Ditko y ordenó a Kirby que redibujara la figura del trepamuros en el segundo. Como de costumbre, la dirección de las redes era incorrecta (pp. 28).

 

Ditko planteó a The Man la posibilidad de que Betty muriera de manera accidental, sin que ningún villano estuviera implicado. Aplacaron así las demandas de los lectores que desaprobaban el romance de Peter con la secretaria, a la que consideraban excesivamente mayor para él. Lee se negó, porque hubiera sepultado a Peter bajo un pesimismo todavía mayor (pp. 55).

 

Con el Amazing #18 (noviembre de 1964), los autores decidieron introducir al periodista del Bugle Ned Leeds, retratado como un adulto responsable y capaz de complacer los deseos de una mujer también adulta (pp. 56).

 

Según Ditko, “la sinopsis original de Stan empezaba con el equipo de la película encontrando una especie de sarcófago egipcio. Dentro estaba un demonio viejo y mitológico que, naturalmente, cobraba vida”. El dibujante rechazó la idea de su colega por la misma razón por la que había rechazado otras: “La criatura mitológica estaba demasiado alejada de Spider-Man” (pp. 56).

 

El anonimato diferenciaba a este nuevo villano del resto de los que habían pasado por el cómic. Poco habían importado los rostros tras las máscaras de los contrincantes arácnidos. Una importante mayoría de ellos, como El Buitre, el Doctor Octopus o El Hombre de Arena, se presentaba a rostro descubierto (pp. 57).

 

Según Roy Thomas, el ayudante que contrató Lee y que pronto se convirtió en guionista, “Stan no estaba feliz con la resolución de la identidad de El Señor del Crimen, pero lo dejó pasar. Decía que había luchado demasiado sobre aquella historia y que las cosas estaban funcionando bien. Las ventas del cómic eran buenas. Así que ¿por qué buscar problemas? La alternativa de la que no se hablaba era echar a Ditko, y él no quería hacer eso” (pp. 58).

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada