1986. PLANIFICANDO LA MASACRE MUTANTE

Es 1986. UXM 210 y XF 10 (XI 86). Un grupo de asesinos mutantes llamado los Merodeadores asalta las cloacas donde viven los Morlocks y los elimina en su mayor parte. Nada se sabe de su origen ni de sus motivos. Pese a pasearse por cada rincón de los túneles Morlock, ni la Patrulla-X ni X-Factor llega siquiera a rozarse, gracias a las filigranas que hacen los autores para que tal encuentro no se produzca. Uncanny es la única serie que presenta con un mínimo detalle a los Merodeadores, personajes casi todos de nueva creación liderados por un tal Cazador de Cabelleras de los que nada se sabe sobre la razón de sus intenciones u origen. “Matamos mutantes”, es su tarjeta de presentación. Las víctimas, o son totalmente desconocidas para los lectores o apenas han tenido alguna pequeña relevancia en números anteriores, muertos anónimos con los que no hay otra conexión emocional más allá de la sorpresa que causa tal carnicería. “Mi primo Kenny trabaja en un matadero de Chicago. Una vez me llevó allí. Olía igual”, dice Kitty. Nadie cae en las filas de la Patrulla-X, pero la mitad del grupo resulta dañado. Coloso con heridas que le matarían de abandonar su forma blindada; Rondador en coma y Kitty incapaz de volver a su forma corpórea. “Puede pasar cualquier cosa”, repite con insistencia Claremont.

En X-Factor, la acción se entremezcla con Power Pack y Thor, títulos escritos por Weezie y Walt Simonson respectivamente. Los Merodeadores dejan al Ángel con sus alas gangrenadas y listas para que llegue Apocalipsis y se las cambie por otras de metal (XF 10). Por último, la participación de los Nuevos Mutantes en la saga se queda en lo anecdótico. “Este cementerio no es para vosotros”, ordena Tormenta. En TNM 46 (XII 86), los bebés-X se quedan cuidando a los heridos. A Claremont le preocupa mucho más prepararles para el gran choque contra Magus, el padre de Warlock, acontecimiento reservado para el TNM 50, donde también reaparece, aunque brevemente, el profesor Xavier, quien recibe la visita de sus antiguos alumnos. No, sigue empeñado Claremont. El calvo no volverá de su destierro estelar.

 

Mientras tanto, continúa la política de acoso y derribo a DC. Contra su renacido universo, Shooter levanta de la nada otro Nuevo Universo. Si Stan Lee fue capaz, ¿por qué él no? El director editorial se rodea de sus mejores colaboradores y les ordena que trabajen sobre una idea concebida por él mismo. Se trata de crear un universo de ficción que nada tenga que ver con Marvel. Shooter lo describe como un mundo muy parecido al real, pero desbordado por la fantasía y el misterio. Un lugar ordinario poblado por gente ordinaria donde suceden cosas extraordinarias. Nadie entiende muy bien lo que quiere decir, pero se ponen con ello. En publicidad preparan la campaña más atronadora de la historia de la Casa de las Ideas. Antes del verano hay que lanzar ocho gloriosas colecciones que barran con toda esa basura de DC. En los meses sucesivos, en cada título Marvel se repiten, machaconamente, los anuncios del Leviatán de Shooter. “Más allá del límite de tu imaginación empieza un Nuevo Universo”, dicen unos. “Espera lo inesperado”, prometen otros. Desde su Bullpen Bulletins, Shooter compara el debut de su creación con el nacimiento de los Cuatro Fantásticos. Cuando aparece la ficha de suscripción de las nuevas colecciones las acompaña un texto que asegura que éste es “el acontecimiento más significativo de la historia del cómic desde el nacimiento del Universo Marvel veinticinco años atrás”. Los equipos artísticos se elaboran cuidadosamente mediante personas de confianza no demasiado significadas por su talento o independencia artística. Shooter se reserva la serie que considera el buque insignia de la nueva línea editorial, el titán que haga sombra a Stan Lee y Jack Kirby en los libros de historia. Star Brand se llama, y va a superar cualquier cota imaginable. “Os prometo que vendemos un millón de ejemplares”, dice. Semejante número uno necesita un artista que le haga justicia. Shooter quiere a John Romita Jr., al dibujante de la serie Marvel que más vende. El director editorial comunica a Ann Nocenti que el chico se merece una oportunidad así. Nocenti calla y otorga.

De momento, la editora de Uncanny X-Men no tiene recambio. A toda prisa, contrata varios interinos de lujo para que terminen La masacre mutante. Bret Blevins ayuda a Romita en su último número, el UXM 211 (XI 86), y Rick Leonardi, quien ya le sustituyera en el UXM 201, se encarga del UXM 212 (XII 86). Podría sustituirle, pero es un dibujante demasiado lento que Nocenti prefiere reservar para los fill-ins, tanto de Uncanny como de The New Mutants. Sigue sin aparecer un artista apropiado para quedarse de forma definitiva, pero las fechas de entrega se echan encima. Claremont se acuerda entonces de Alan Davis y le llama. A Davis le liga todavía su contrato con DC, pero como favor personal, accede a dibujar el UXM 213 (I 87). Este número presenta un combate entre Lobezno y Dientes de Sable, aquel villano que Byrne identificaba como padre de Logan. Dientes de Sable, antes un bruto peludo de escaso interés, adquiere con este duelo la entidad de nemesis definitiva de Lobezno. El nuevo Dientes de Sable es una versión oscura del héroe canadiense, un salvaje asesino imparable contra el que la única victoria es la supervivencia. Poco después, aparece una historia de complemento en Classic X-Men 10 (VI 87) en la que Claremont establece que, una vez al año, el villano reta a muerte a Lobezno.

Pasa un mes. Barry Smith lleva a cabo el UXM 214, las terribles fechas de entrega se vuelven a echar encima y, una vez más, Claremont llama a Davis:

 

-Alan, por favor, seguimos necesitando ayuda, ¿puedes hacer otro número?

 

Davis saca tiempo de donde puede y firma el UXM 215 (III 87), donde Claremont recupera a Madelyne, dada por muerta un mes antes en XF 13, ahora ingresada en un hospital de San Francisco. El mismo donde, en el The Avengers Annual 10, había una niña perdida que afirmaba llamarse Maddy Pryor. Davis no puede ser el dibujante fijo de la strip, pero sí puede acometer algunos proyectos especiales. Este mismo año, Arthur Adams sólo puede dibujar uno de los dos anuales mutantes, por lo que el de los bebés-X queda en manos de Davis. Tanto en uno como en otro debutan en la cosmogonía mutante personajes procedentes de otras colecciones.

En el UXM Annual 10 (1986) aterriza Longshot. Se trata del protagonista de la miniserie escrita por Ann Nocenti en la que Adams hacía su primer trabajo para Marvel. Longshot no es mutante, sino que viene de una dimensión en la que lidera la revuelta contra Mojo, invertebrado dictador que controla a las masas mediante el poder de la televisión. Ésta es la segunda visita a la Tierra que hace desde la miniserie, la cual termina con Longshot regresando a su mundo. Nocenti y Adams prometen explicar en una novela gráfica lo que ha ocurrido en el intervalo de tiempo que va desde entonces hasta el UXM Annual 10.

Mojo es también el villano del TNM Annual 2 (1986), en el que llega Mariposa Mental, la hermana gemela del Capitán Britania. Claremont la retoma donde la dejó Alan Davis en la última entrega del serial de la Marvel UK dedicado al Capitán: viviendo en Suiza, ciega como consecuencia de su actividad superheróica. Mojo la obsequia con unos ojos biónicos que, al tiempo que la permiten recuperar la vista sirven al villano para espiar a la Patrulla-X. Mariposa se une de forma oficial al grupo en el UXM 215, donde tiene que luchar contra Dientes de Sable, aunque quien termine la batalla sea Lobezno.

 

 

Junto a Dazzler, que ingresa en el UXM 214, Longshot y Mariposa Mental llenan el espacio dejado por Coloso, Rondador y Kitty. Al lado de Pícara, Claremont los traslada a la Isla Muir, donde les da cancha durante varios números en los que los lectores tienen ocasión de familiarizarse con ellos y olvidar recelos hacia el nuevo status quo, en el que, por primera vez en años, no encuentran ni a Kitty, ni a Coloso, ni a Rondador. La técnica es la habitual. Primero, hay que generar cierto cariño hacia los nuevos personajes y, una vez conseguido, hay que hacerles sufrir lo indecible. Destaca el tratamiento de Dazzler, la mutante que nunca ha querido ser mujer-X pero que, ante el fracaso de su carrera musical tras descubrirse su pertenencia al Homo superior, se ve obligada a ingresar en las filas del grupo en el que está Pícara, encarnizada enemiga en su clausurada serie regular. Con ella tendrá ocasión de arreglar cuentas en el UXM 221 (IX 87) y con ella compartirá amoroso interés hacia Longshot. Apasionado de cualquier clase de conflicto interno, el Patriarca Mutante rescata a Kaos en el UXM 219 (VII 87), sólo para que, en el mismo número, Malicia, perteneciente a los Merodeadores, se haga con el control de la mente de Polaris, la novia de Kaos, y la convierta en una de las peores enemigas de los hombres-X. Este UXM 219 adquiere especial interés analítico, ya que pone en práctica algunos de los nuevos recursos narrativos que Claremont está sistematizando en los últimos meses. El primero, el uso y abuso de lo onírico, a veces sin establecer demasiadas diferencias entre sueño y realidad, elemento que puede conducir a la confusión de los lectores menos acostumbrados a los caprichos del escritor. El segundo, el punto de vista del desconcertado. Nada sabe Kaos de lo que ha sido de la Patrulla-X en los últimos meses, ni del cambio de bando de Magneto, ni de La masacre mutante. Los lectores tampoco saben que la Patrulla-X ha cambiado su cómoda estancia en la mansión por una clandestinidad itinerante. Lo descubren, junto con Alex Summers, en las últimas páginas del cómic.

Son meses de transición entre la Patrulla-X urbana y la que ha de venir, todavía imprecisa a causa de la necesidad que tiene Claremont de saber quién será el dibujante. Mientras espera, empieza a escribir una novela titulada First Flight, la primera parte de una trilogía protagonizada por Nicole Shea, personaje de grandes similitudes con Tormenta. También escribe la miniserie Fantastic Four vs. X-Men (II-V 87), donde el Doctor Muerte y Reed Richards unen esfuerzos para salvar la vida de Kitty. Claremont demuestra que no sólo es capaz de torturar mutantes, sino también a la Primera Familia, colocada en la situación más crítica y conflictiva de su historia. Desbordado por el trabajo, deja en manos de Roger Stern el guión de X-Men vs. Avengers (IV-VII 87), donde tenía previsto terminar el juicio a Magneto. No es suficiente. Calcula que la novela estará lista en seis meses. Propone a Weezie Simonson que ella se ocupe entretanto de guionizar a los bebés-X. Simonson acepta y se hace cargo de la colección a partir del TNM 55 (IX 87), donde se encuentra con una serie que, una vez superados los experimentos de Sienkiewicz, regresa sobre el tono juvenil que conociera en sus primeros tiempos, con el interés centrado en la caracterización de personajes, sobre todo de Warlock (el bromista del grupo), Doug Ramsey (el inteligente) y Magik (la chica mala y sexy). Como aliciente, Magneto tiene que hacerles de niñera mientras entabla conversaciones de paz con el Club Fuego Infernal. “El destino puede habernos hecho rivales, pero nunca enemigos. Si fuera necesario, Seréis siempre bienvenidos a mi casa y a mi mesa ”, les promete la Reina Blanca (TNM 40,VI 86).

 

En la miniserie donde la Patrulla-X se enfrenta contra los Vengadores Ann Nocenti descubre a Marc Silvestri, un dibujante curtido en las páginas de King Conan que se adapta sin problemas a atmósferas más actuales. Nocenti quiere que Silvestri pase a The New Mutants, pero, ante la situación de continua interinidad que atraviesa Uncanny, prefiere proponerlo para la primera división mutante. “Mira, antes de que te vuelvas loco con el follón que tenemos con los dibujantes, quiero que veas unas páginas… Este chico lo hace bastante bien. Sabe dibujar peleas y las chicas le salen muy guapas”, le explica a Claremont, que queda convencido tras un excelente número de prueba, el UXM 218 (VI 87). Silvestri, a diferencia de John Romita Jr., no vive en Nueva York, sino en Malibú (California). Además de la necesaria exploración del tipo de historias que mejor se adaptan a su estilo, Claremont y Nocenti han de acostumbrarse ahora a reducir las habituales reuniones de guionista, editor y dibujante alrededor de la mesa de un buen restaurante de Manhattan. Con el artista al otro lado del continente, toca ahora volver sobre la línea telefónica como principal medio de comunicación. Ocurre que Silvestri odia hablar por teléfono y prefiere trabajar únicamente con lo que Claremont le hace llegar en sus plots. Pronto descubre, para su sorpresa, que el Padre Mutante no ejerce un incuestionable control sobre el producto, sino que está abierto a sugerencias. Algunas de ellas: a Silvestri le encanta dibujar tecnología y chicas, casi todas ellas parecidas a su impresionante esposa Cinthya. Del modelo femenino cotidiano de Romita salta a las estupendas modelos que propone Silvestri, el primer dibujante que descubre la belleza oculta de Pícara o que devuelve su exotismo salvaje a Tormenta, quien enseguida recupera su melena al viento. Aficionado al surf y a la musculación, Silvestri sigue con la tendencia agigantadora que imprimiera Romita en Coloso o Lobezno, a la que añade una cierta rudeza que escapa tanto a Longshot como a Kaos, asombrosamente estilizados, cuasi femenino el primero. La querencia tecnológica se hace presente sobre todo en los villanos, mucho menos tibios que en el pasado, cercanos como nunca al tradicional modelo de malo malísimo, reflejado en rostros de imposible fealdad.

Marc Silvestri y su esposa Cynthia, en una foto de Comics Interview #76 (1989)

No obstante, a pesar de la llegada del nuevo artista, Claremont sigue empeñado en trabajar con Alan Davis. Por enésima vez en los dos últimos años, se pone en contacto con el británico, en esta ocasión con una oferta que no puede rechazar. En el departamento de ventas vuelven a pedir otra colección de mutantes. Puestos a pensarla, a Claremont se le enciende la bombilla.

-Venga Alan, si tanto miedo te da dibujar Uncanny, ¿Que te parecería si hiciéramos una colección con una Patrulla-X inglesa liderada por el Capitán Britania? Una colección hecha para que tú la dibujes, con esos policías, esas farolas y esas calles que sólo pueden verse en Londres.

-Bueno, la verdad es que odio Londres, Chris. Tanto como Nueva York. Vivo en el campo, en Northamptonshire.

-Eso es lo de menos. El Londres que me interesa es el Londres idealizado, con su misterio, su niebla, sus espectros y su magia.

El que Davis esté harto de tener como editor en DC a Dennis O’Neil sirve de aliciente definitivo para dar el gran paso. Está bien, dibujará esa nueva colección, provisionalmente titulada X-Calibre. No obstante, el nuevo título tendrá que esperar, al menos, a que concluyan los seis meses que Claremont se ha puesto de plazo para escribir First Flight. Al mismo tiempo, Davis trabaja en el TNM Annual 3 y el UXM Annual 11 (1987), éste último con el Capitán Britania como héroe invitado, aunque toda la gloria se la lleve un Lobezno que, en el aniversario de su fallida boda con Mariko, renuncia al poder de un dios para salvar el destino del universo. “Cuida de nosotros como digno campeón de la Patrulla-X”, sentencia Tormenta. El Lobezno incontrolable parece un mero recuerdo del pasado.

 

 

 

Es febrero de 1987.

-Pasa Jim, hay algo que queremos hablar contigo.

Jim Shooter entra al despacho de James Galton, el presidente de Marvel. Dentro le espera Galton y también Mike Hobson, el segundo de a bordo. Esta mañana está previsto iniciar las negociaciones para renovar contrato a Shooter. Nada importante, meras formalidades.

-Jim, hemos decidido que no vas a seguir siendo el director editorial.

Galton y Hobson no dan demasiadas explicaciones. Más que un simple motivo, hay una concatenación de razones. El fracaso estrepitoso del Nuevo Universo (El Star Brand 1 apenas vende 150.000 copias, frente al millón de ejemplares anunciado por Shooter), unido a la humillación de Marvel en los tribunales después de que Shooter se negara contra toda razón a devolver sus originales a Jack Kirby y la delantera que ha tomado DC en cuanto a productos innovadores y contratación de estrellas se unen a los aires de renovación que quiere introducir New World Pictures, la nueva propietaria de Marvel. Shooter rechaza alternativas airosas, como un posible cargo de editor/escritor. Coge su gabardina, el maletín y sale a la calle, donde pide un taxi para el aeropuerto. Horas más tarde, está ante las oficinas de New World en Los Angeles. Cuando consigue ser recibido, exige el despido fulminante de Galton y Hobson. Él es mucho más valioso y ha dado mucho más dinero y prestigio a la compañía. Nadie le escucha. Regresa a Nueva York. Llama a Hobson.

-Está bien. Negociemos.

Antes de su llegada, la secretaria de Hobson arranca todos los carteles anónimos anti-Shooter que han invadido las paredes del Bullpen en los dos últimos días. La negociación concluye sin acuerdo. “Ha caído la bruja mala”, escribe alguien en el servicio de noticias de Compuserve antes de que el cese salga a la luz pública. Rumores no contrastados atribuyen la frase a Walter Simonson.

Con Shooter en la calle, Galton y Hobson nombran sustituto a Tom DeFalco. El nuevo director editorial viene con la intención de suavizar la presión sobre los autores, buscar nuevas estrellas aunque sea debajo de las piedras y conseguir que la legión de dibujantes y guionistas que se ha ido a DC a causa del carácter de Shooter regrese por la puerta grande. Es necesario recuperar a gente como Frank Miller o John Byrne y promocionar a la siguiente generación, sangre joven que sirva para dar nuevo aliento a la editorial. Chicos como Marc Silvestri, dibujante fijo de Uncanny desde el UXM 220 (VIII 86).

 

 

-Hola Marc, bienvenido a bordo. ¿Te gusta Australia?

-Pues sí, supongo, ¿por qué?

-No importa, tú vete documentando sobre Australia, busca fotos y cosas así, que ya hablaremos.