LOS 4 FANTÁSTICOS DE WALTER SIMONSON: UN VIAJE AL CORAZÓN DEL INFINITO

Los 4 Fantásticos representan el alfa y el omega del Universo Marvel. Con ellos empezó todo y con sus aventuras Stan Lee y Jack Kirby alcanzaron las mayores cotas de grandeza que haya conocido jamás el Noveno Arte, a lo largo de una amplísima etapa de más de cien números que se extendió a lo largo de nueve años, los comprendidos entre 1961 y 1970. ¿Cómo superar la perfección? Es imposible, y sin embargo unos pocos autores han logrado al menos igualarla. Bien es cierto que la lista es escasa. Los aficionados pueden darse por más que satisfechos si cada década arroja al menos un nombre de oro: John Byrne en los ochenta, Mark Waid junto a Mike Wieringo en los 2000… Y en los noventa, nada más arrancar la década, la genialidad en lo que a la cabecera de La Primera Familia se refiere fue sinónimo de Walter Simonson.

 

Primero fue la pasión por los dinosaurios. Llegó después de que su padre le acompañara a ver Fantasia y se quedara hipnotizado por la aparición de las grandes bestias prehistóricas durante “La consagración de la primavera”. El joven Walter Simonson (1946, Knoxville, Tennessee) se propuso entonces ser paleontólogo. Su otra pasión estaba en las viñetas. Desde que tenía recuerdos, había leído cómics, todos los que caían en sus manos, desde los de superhéroes de DC hasta los de personajes de Disney que escribía y dibujaba Carl Barks. Pero en 1965, todo cambió. En 1965, Walt Simonson se dejó hechizar por Marvel y sus personajes. Thor se convirtió en su favorito, ya que se enmarcaba en otro de sus intereses, la mitología nórdica, y a él se añadieron pronto Spiderman, Iron Man y Los 4 Fantásticos. A estos últimos los descubrió con The Fantastic Four #47 USA, en plena efervescencia del reinado Lee/Kirby.

 

Cuando comprendió que la búsqueda incansable de fósiles no formaba parte de su futuro, Simonson ya había ingresado en la Escuela de Diseño de Rhode Island y, antes de que hubiera terminado las clases, su carrera se orientaba en la dirección del Noveno Arte. Se presentó en DC con su portafolio y allí es donde acabaría trabajando, a principios de los años setenta, con un trazo suelto y ágil, que cambiaba el detallismo y la limpieza de líneas habitual en el género superheroico por una poderosa espontaneidad que quedaba un tanto oculta cuando era otro quien le entintaba. Manhunter, un complemento de Detective Comics escrito por Archie Goodwin, le elevaría a la categoría de artista de culto, y se sumaría a otras historias de Batman, Metal Men, Dr. Fate y Hercules Unbound, también producidas por dicha editorial. En 1975, además, ilustraría la espectacular adaptación de la película Alien, de Ridley Scott. A Marvel llegó en 1977, con Rampaging Hulk, un magazine en blanco y negro que trataba de emular el espíritu de las primeras historias del Goliat Esmeralda. En ese mismo año acometería su primera y breve estancia en The Mighty Thor, sólo como dibujante y acompañado de entintadores que restarían fuerza a su personalísimo estilo. Trabajos en las versiones para cómic de Battlestar Galactica o Star Wars, el cruce entre La Patrulla-X y Los Nuevos Titanes o su obra personal, la novela gráfica Star Slammers, se sumarían a su currículum en esta época, hasta alcanzar el comienzo de los años ochenta.

 

Entonces llegaría la oportunidad de su vida, cuando se hizo cargo como autor completo de la colección de Thor y la llevó a cotas de excelencia nunca antes conocidas. A lo largo de cuatro irrepetibles años (1983-87), Simonson encadenaría aventuras con una grandilocuencia y épica equiparable a la de los tiempos de Stan Lee y Jack Kirby, acometería una perfecta modernización de las leyendas nórdicas al más puro estilo Marvel y salpicaría cada página con unas deliciosas gotas de humor, con las que el autor daba a entender que todo era posible: desde dudar de la inteligencia del protagonista a transformarlo en rana.

 

En 1986, con su esposa Louise como guionista, se hizo con el dibujo de X-Factor, la cabecera dedicada a la formación original de La Patrulla-X. Ese mismo año, comenzó a escribir The Avengers… Y allí nacería la semilla que llevó a Walter Simonson a The Fantastic Four. El artista comenzó a desarrollar una compleja trama durante la cual Nébula, la supuesta nieta de Thanos, se infiltraba en el Consejo de Kangs, una organización formada por versiones alternativas del peor enemigo de Los Vengadores. Nébula manipularía a héroes y villanos, con el objetivo de llegar a una fuente de poder que le daría el control del Universo. Un Celestial renegado había escondido tan formidable arma dentro de una impenetrable burbuja temporal. Simonson desarrolló con mimo la trama durante varios episodios, haciendo que aumentara progresivamente su importancia, hasta que, de repente, la cerró abruptamente, en The Avengers #297 USA (1988). Cualquier lector avispado podría deducir que allí había gato encerrado: nadie teje un argumento tan complejo para abandonarlo sin más en unas pocas viñetas… ¡Y tendría razón! Pero era algo que tardaría en comprobarse. Tres números más tarde, llegó la sorpresa, cuando nada menos que Mister Fantástico y la Mujer Invisible se unieron a Los Vengadores. Simonson pretendía integrarlos en el equipo durante una buena temporada, e incluso tenía en mente que Reed y el Capitán América se pelearan por el liderazgo, pero de inmediato llegó la orden de que ambos personajes debían volver a Los 4 Efe. Esto último fue el catalizador que provocó la marcha de Simonson, hastiado por las condiciones en que la estaba escribiendo. Cada dos por tres, le requerían que prescindiera de tal o cual héroe, lo que le obligaba a acortar los argumentos o cercenarlos de raíz. ¡Incluso cuando había recurrido a dos personajes como Reed y Sue, que no estaban siendo utilizados en su lugar natural, debía renunciar a ellos! En esas condiciones, le resultaba imposible contar sus historias, así que decidió tirar la toalla. Concluía así una corta etapa, recopilada en su totalidad en Marvel Gold. Los Vengadores: Disolución y renacimiento.

 

En aquel entonces, Los 4 Fantásticos estaban envueltos en un buen embrollo. El guionista Steve Englehart había desarrollado un conjunto de culebronescos argumentos, a partir de una cada vez más extraña alineación, por la que había pasado incluso el Doctor Muerte y en la que, en esos precisos momentos, militaba Sharon Ventura, un personaje surgido de las páginas de la colección de La Cosa que adoptó el aspecto rocoso de ésta. La vuelta de Mister Fantástico y La Mujer Invisible no hizo sino añadir más confusión a la fórmula. En su último episodio, y sin encontrar siquiera una manera digna de cerrar capítulo, Englehart, bajo el seudónimo de John Harkness, concluía que cuanto había sucedido a Los 4 Efe en los anteriores números era un sueño. El guionista aparecía en la última viñeta, entonando una petición: “Hace falta alguien mejor que yo para arreglar este lío”, decía. Ese “alguien mejor” sería Walter Simonson, como anunciaba el dibujo de La Cosa que figuraba al final del episodio. Ralph Macchio, el entonces editor de la serie, le ofreció encargarse de ella tan pronto como estuvo fuera de The Avengers, ya que Englehart había decidido marcharse. El artista pensó que, dado que Los 4 Fantásticos carecían de la posición central de Los Vengadores dentro del Universo Marvel, gozaría de una facilidad para desarrollar su trabajo superior a la que había contado en el caso de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra, así que aceptó. A continuación, analizaremos a fondo su estancia en la serie, por lo que los lectores que no conozcan las líneas maestras de la misma quizás encuentren más satisfactoria la lectura del resto del artículo una vez finalizados los cómics.

El final de The Fantastic Four #333 USA, inmediatamente anterior a la llegada de Simonson.

 

lustración con la que se anunciaba la llegada de Walter Simonson.

 

La peculiar, algunos dirían desastrosa, etapa de Englehart no había sido más que un síntoma de la pérdida de rumbo que padecía La Primera Familia en aquellos momentos. La larga sombra de John Byrne, el artista que había estado allí entre 1981 y 1986, pesaba como una losa. La comprensión total de los personajes, su entorno y sus enemigos con la que Byrne había acometido aquellos años le acreditaban como el autor definitivo del cuarteto. Ni Englehart, ni Roger Stern antes que él, consiguieron acercarse a la grandeza que les precedía. Si había alguien que podía competir con Byrne en cuanto a su capacidad para entender a Los 4 Efe de manera global, ése era Walter Simonson, aunque su llegada a la colección tendría lugar de una manera poco ortodoxa. En los tres primeros, sólo se ocuparía del guión, mientras que del dibujo se encargó Rich Buckler, (quien ya ilustraba las últimas historias de Englehart), y Ron Lim.

 

¿Por qué esperar hasta The Fantastic Four #337 USA para hacerse también con los dibujos? Había diversos motivos, más allá de que Simonson tuviera compromisos pendientes que le mantenían ocupado. En primer lugar, esos tres primeros números estaban destinados a albergar los cruces de la serie con “Actos de Venganza”, un gigantesco evento que estaba orquestando John Byrne, paradójicamente desde The Avengers. El concepto consistía en que los supervillanos se intercambiaran entre ellos a los héroes con los que se enfrentaban habitualmente, lo que daría lugar a encuentros tan singulares como el de La Patrulla-X con El Mandarín o el de Spiderman con Magneto. Partiendo de cierta libertad para elegir los villanos, Simonson optó por lo que nadie hubiera elegido: en lugar de recurrir a algún personaje carismático, pensó que sería divertido optar por los villanos más ridículos que fuera capaz de encontrar, lo que dio lugar a una simpática historia sin mayor pretensión que la de divertir.

 

El segundo motivo para esperar era fundamentalmente simbólico. Simonson había comenzado a escribir y dibujar las aventuras del Dios del Trueno en Thor #337 USA (1983), de forma que le hacía ilusión arrancar con el mismo número en otra colección, sobre todo si se trataba de una tan señalada como The Fantastic Four. Una vez cumplido el compromiso del crossover, podría desarrollar las historias que tenía pensadas y que, en parte, no había podido usar en The Avengers. El argumento de la burbuja temporal, Nébula y el Celestial renegado volvía con fuerza, e incluso incorporaba a Thor y Iron Man como invitados especiales… ¡Precisamente, dos de los héroes que se le habían negado en Los Vengadores!

 

 

Más allá del préstamo de personajes y de las circunstancias editoriales, la aventura tendría el más puro estilo de La Primera Familia. De la misma forma en que durante sus años como responsable de Thor, Simonson había llevado al límite el elemento mitológico que caracterizara la cabecera, aquí se trataba de sustituir el género y acudir a la ciencia ficción. En un suma y sigue que no hacía sino acrecentar la épica de la historia, tuvo lugar el regreso tanto de Galactus como del arma que servía para vencerle, el Nulificador Supremo, sobre cuyas cualidades Simonson deseaba profundizar. Recordaba que, en su primer encuentro, Reed había amenazado a Galactus con el Nulificador, un arma capaz “de destruir una galaxia, de aniquilar un universo”, pero nunca había llegado a dispararla. ¿Qué ocurriría si alguien lo hiciera? ¡Era el momento de averiguarlo!

 

Portada de Silver Surfer vol. 2, #10 USA, en la que Walter Simonson dibujó a Galactus.

 

Esa ambición en los planteamientos se trasladaba al plano gráfico, donde Simonson jugó desde el principio con gigantescas imágenes del grupo surcando el espacio-tiempo a lomos de una nave en forma de trineo que recibía el nombre de Rosebud II, en homenaje al final de Ciudadano Kane. No menos portentosas resultaban las irrupciones de Galactus y del Celestial renegado, o una doble página en la que el autor, por cuestiones de guión, recurría al blanco absoluto como fondo sobre el que navegaban los héroes, a los que se veía diminutos, únicamente en la segunda plancha. La suerte vino a visitarle con esa escena en concreto. En la edición americana del cómic, en el anverso de la primera de las dos páginas, se colocó un anuncio de la película Dick Tracy, que acababa de estrenarse. La creatividad era fundamentalmente negra, con lo que, al transparentarse, producía un efecto inesperado y elegante. El propio Simonson quedó encantado con el resultado, aunque se molestaría cuando, en una recopilación posterior, la editorial optó por eliminar la primera página, totalmente en blanco, ignorando así su valor narrativo. Otro importante detalle pictórico al que el artista daría especial importancia fue la representación del poder de los personajes, no como algo físico y violento, sino como energía cinética, en línea con el estilo de Jack Kirby. No quería emular al Rey, pero si había un aspecto en el que deseaba seguir sus pasos, era precisamente ése, y a buen seguro que lo logró: rayos de poder, líneas cinéticas, motores en combustión, naves fulgurantes, gigantescas explosiones… Cuesta encontrar unas pocas viñetas seguidas sin que Simonson recurra a alguno de esos efectos con espectáculo y generosidad.

La doble con el fondo blanco

 

La etapa en su totalidad se orquestaría a través del viaje espacio temporal de los protagonistas, dividida en diversas etapas, cada una consecuencia de la anterior: la primera tenía como temas centrales la burbuja temporal, el Celestial renegado y Galactus. La segunda sería un gran tributo a las aventuras de viajes en el tiempo y las paradojas a las que dan lugar, un tema del que Simonson estaba enamorado desde que, siendo un niño, leyó Twist in Time, un relato de Murray Leinster y La máquina del tiempo, de H. G. Wells. Los 4 Fantásticos tan pronto terminaban en un mundo en que nunca había terminado la Guerra Fría como en la época de los dinosaurios, lo que permitiría a Simonson dar rienda suelta a su amor por estas bestias. Por más que fuera algo que incluso proclamaba a través de su firma en forma de brontosaurio, hasta ese momento había podido dibujarlos en sus cómics en contadísimas ocasiones. La historia partía de otro libro clave en su infancia. Se llamaba Dangerous Island, y aunque no recordaba su autor, sí se había grabado en su memoria la epopeya de tres chavales que aparecían en una pequeña isla después de que se accidentara el barco en que viajaban. Una mañana, descubrían que la propia isla se estaba hundiendo en la profundidad del océano.

 

La tercera etapa del viaje colocaba a la Autoridad de Variación Temporal en el foco de atención y era la consecuencia directa de todo lo ocurrido anteriormente. Simonson había apuntado la existencia de la AVT durante su etapa en el Dios del Trueno, en Thor #372 USA (1986), aunque fue en The Fantastic Four donde contaría con oportunidad de desarrollar el concepto en su máxima amplitud. El objetivo de esta organización, cuyo acrónimo recuerda expresamente a la Autoridad del Valle del Tennessee, consiste en regular los viajes a través del tiempo y sancionar aquellos que tienen lugar al margen de unas determinadas normas. En cierta forma, la Autoridad de Variación Temporal vigila que no se produzcan errores de continuidad en el Universo Marvel, ni más ni menos que el mismo papel que desempeñaba por aquel entonces Mark Gruenwald, el editor y guionista que había desarrollado proyectos como el Official Index of the Marvel Universe o el Official Handbook of the Marvel Universe. En homenaje a éste, la cabeza visible de la AVT sería su viva imagen, y el funcionamiento de la misma un reflejo de la burocratización que llevaba padeciendo La Casa de las Ideas en los últimos años.

 

Entre los viajes temporales de Los 4 Efe se insertarían a su vez un par de historias cortas, pero extraordinariamente significativas y ambiciosas, por diferentes causas. Al llegar a The Fantastic Four #347 USA (1990), Simonson necesitaba un pequeño descanso de tres meses. Aunque continuaría escribiendo los guiones, dejaría el lápiz en manos de nada menos que Arthur Adams, un fabuloso artista con el que compartía el amor por la diversión sin frenos y los grandes monstruos. Adams se había hecho famoso por sus incursiones anuales en el Universo Mutante, entre las que destacaba una pantagruélica saga de los hombres-X en el reino de los dioses nórdicos (Marvel Gold. La Patrulla-X: Las guerras asgardianas). Simonson y Adams eran viejos colegas y se tomaron el trabajo compartido como un divertimento del que disfrutar al máximo: harían exactamente lo que más le apeteciera. En concreto, el artista se moría por dibujar los monstruos de Marvel en los años cincuenta, cuando la editorial se llamaba Atlas, y también tenía una extraña obsesión por retratar a Hulk montado en una motocicleta. Además, señalaba al Hombre Topo y a los Skrull como sus favoritos entre los enemigos de Los 4 Fantásticos, así que el escritor buscaría la manera de complacerle.

 

El tema de esos tres episodios surgiría en una reunión en el departamento de ventas, dirigido por Carol Kalish y en el que trabajaba por aquel entonces Kurt Busiek, el que acabaría convirtiéndose en guionista de Marvels. Al respecto, Simonson recuerda que llegó con la idea de introducir a Spiderman como invitado. Busiek repuso que sería una buena idea añadir también al Motorista Fantasma, Punisher y Lobezno, ya que eran los personajes más populares del momento. A este respecto hay una pequeña disonancia: Busiek sostiene que también mencionó a Hulk, pero Simonson afirma que en realidad no fue así: que Hulk apareció en escena cuando llamó a Adams y éste le dijo que no le apetecía dibujar a Punisher, que en su lugar prefería utilizar al Monstruo Gamma. Fue entonces cuando se dieron cuenta que habían elegido ya a cuatro invitados especiales, así que… ¿Por qué no hacer que sustituyeran por completo al equipo titular? Cada uno de los seleccionados guardaba paralelismos con Los 4 Efe, o al menos eso pensaban los autores: Hulk es un monstruo superfuerte, como La Cosa; Spidey domina la ciencia, como lo hace Mister Fantástico; el cráneo del Motorista Fantasma arde con intensidad equiparable a la de La Antorcha Humana, y Lobezno… Bueno, en realidad Lobezno no tenía nada que ver con La Mujer Invisible, pero cualquier tebeo en que saliera aumentaba de inmediato las ventas. La aventura parodiaba y se reía a gusto del uso y abuso de los trucos de mercadotecnia a los que venía recurriendo Marvel entonces. Al final, incluso Punisher tuvo un hueco, y sirvió como excusa para una deliciosa broma en portada.

 

Los tres episodios de “Los Nuevos 4 Fantásticos” atrajeron multitud de miradas y billetes hacia la serie, a la vez que desataban las críticas de los lectores que no entendían el tono paródico de la saga. Pero, una vez terminada, llegó el momento de ponerse serios. Simonson estaba de nuevo en el tablero de dibujo, a tiempo para The Fantastic Four #350 USA, en el que se producía el regreso del villano por excelencia de La Primera Familia: El Doctor Muerte. El propósito fundamental del autor consistía en devolver el esplendor al personaje mediante el borrado de sus anteriores apariciones. Para ello, recurrió a un truco inventado por John Byrne, el de asignar tales momentos a los Muertebots, utilizados por el auténtico Muerte para sustituirle siempre que fuera necesario… Pero Simonson daba un paso más allá, puesto que el villano llegaba a insinuar que había pasado mucho, mucho tiempo fuera de juego.

 

El misterio alrededor del “retorno” de Muerte, así como las insinuaciones que se hacían a lo largo del cómic, despertaron enseguida las especulaciones de los lectores, que no tardaron en enviar sus cábalas a Marvel. ¿Durante cuántos años el villano no había sido más que un robot? ¿Quizás el verdadero Muerte no se dejaba ver desde los tiempos de Stan Lee y Jack Kirby, en concreto desde Fantastic Four #40 USA (1965), como se llegaba a deducir por un diálogo con La Cosa? ¿O su ausencia se limitaba a unos pocos números atrás, tal vez el epílogo de Secret Wars II en The Fantastic Four #319 USA (1988)? Un lector, llamado Eric Stephenson, que acabaría por convertirse en destacado profesional de la industria, proclamaba, convencido, que era imposible que El Todopoderoso confundiera a Muerte con un robot. En realidad, el objetivo de Simonson con su maniobra argumental no era sino quitarse de encima, de la manera más sencilla posible, los problemas de continuidad que venía arrastrando el monarca de Latveria en los últimos años, pero ni siquiera tenía demasiado claro en qué punto del pasado Muerte había iniciado el viaje que terminaba en The Fantastic Four #350 USA. Para él, todas las apariciones de Muerte durante la era Lee/Kirby eran auténticas. A partir de ahí, la decisión quedaba en manos de los lectores, que se quedarían con sus aventuras favoritas como auténticas y descartarían el resto.

 

La aventura con el Doctor Muerte alcanzaba su apogeo en el capítulo final, un ejercicio narrativo de enorme sofisticación, para el que Simonson bifurcó la historia en dos líneas temporales. Mientras Muerte y Mister Fantástico luchan entre ellos, viajando atrás y adelante en el tiempo, el resto de Los 4 Fantásticos permanece en el presente. El autor optó por incorporar dos relojes, uno para cada línea, a la vez que recurría al blanco y negro y a la utilización de tramas para las viñetas en las que tenía lugar el combate entre el líder del equipo y su peor enemigo. El resultado era portentoso y de una originalidad apabullante. En portada, el habitual lema de “¡El mejor cómic del mundo!” fue sustituido por el de “¡El cómic más confuso del mundo!”, mientras que en el correo de lectores de la edición americana, Simonson, a sugerencia de su esposa, incluyó unas “instrucciones de lectura”, temiendo que algún aficionado no entendiera muy bien cómo funcionaba, aunque bien es cierto que muchos de ellos conocerían los libros en que el autor se había inspirado para construir la historia: la línea de Elige tu propia aventura, en la que el lector podía escoger entre varios hilos argumentales, además de Criaturas de luz y tinieblas, un clásico de la literatura fantástica escrito por Roger Zelazny que incluye una batalla similar a la que llevan a cabo Reed y Muerte.

 

La etapa de Walter Simonson en la serie finalizaría con The Fantastic Four #354 (1991), tras poco menos de dos años al frente, lo que no deja de ser una cifra respetable, aunque se queda muy lejos de la larga temporada que permaneció en The Mighty Thor. Podría haber seguido adelante, ya que mantenía una buena relación con Macchio, el editor y tenía unas cuantas ideas pendientes de desarrollar. Por ejemplo, planeaba hacer que una coalición de villanos destruyera el hogar de La Primera Familia, lo que les obligaría a renunciar a su habitual exposición al público y les llevaría a pasar a la clandestinidad, moviendo su residencia por todo Nueva York cada pocos días. Un argumento como éste hubiera dado al menos para otro año más, pero las cosas estaban cambiando en Marvel, y lo hacían demasiado deprisa. Llegada la década de los noventa, Walter Simonson ya no se sentía cómodo en la compañía. Su esposa Louise acababa de ser apartada de sus tareas como guionista en The New Mutants a causa de una disputa con un jovenzuelo y avaricioso dibujante, y otro tanto estaba ocurriendo con unos cuantos buenos amigos. Daba la impresión de que la editorial estaba tomada por una nueva generación que cortaba lazos con el pasado, y además lo hacía de forma maleducada y abrupta. La Casa de las Ideas había dejado de ser el hogar de los dinosaurios de siempre, así que, después de diecisiete años ininterrumpidos trabajando para la editorial, Simonson decidió buscar nuevos territorios. No sólo había terminado una época dorada en su carrera, sino también en la historia de Los 4 Fantásticos y, aunque todavía no fuera evidente, dentro de la industria del cómic.

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Héroes. Los 4 Fantásticos de Walter Simonson

MARVEL 2 EN UNO 2: DONDE TODO EMPEZÓ

Ben y Alicia recordando los buenos tiempos, incluida la época de John Byrne, en que La Cosa se quedó una temporada en el planeta de las Guerras Secretas mientras Johnny y la artista ciega intimaban hasta el punto de que llegarían a casarse… para luego descubrirse que ella era en realidad una Skrull; la vieja bañera de los primeros tiempos funcionando a pleno rendimiento, como si no hubieran pasado unas cuantas décadas desde entonces; La Cosa saltando contra El Hombre Topo y contra el Doctor Muerte… ¡Sólo faltaba una visita a la Isla Monstruo para que todos nos sintiéramos como si acabáramos de ponernos esas viejas zapatillas que eran tan cómodas! Y aquí la tenemos.

 

Fue, como nos ha recordado Chip Zdarsky en las páginas del tebeo, el escenario de la primera aventura de Los Cuatro Fantásticos. Pero no sólo nos quedamos con la información recabada en aquel tebeo de apertura, donde Stan Lee y Jack Kirby parecían remedar el argumento de El mundo perdido de Arthur Conan Doyle. La Isla Monstruo ha seguido siendo un enclave recurrente dentro de la historia del Universo Marvel, de manera que la hemos visitado en unas cuantas ocasiones más, como si de secuelas de una gran superproducción se tratase. Es el lugar donde todo empezó, así que resulta obligado regresar a él de vez en cuando.

 

PRIMERA VISITA

El debut de la Isla Monstruo

 

ACTUALIZANDO FECHAS 1998. Ese es ahora el año en que Reed Richards, Ben Grimm y Victor Von Muerte coincidieron en la Universidad. Por lo tanto, lo más probable es que Los Cuatro Fantásticos no hayan existido durante el siglo XX. ¿Verdad que resulta escalofriante y, quizás… discutible? Si echamos un vistazo a lo que ha hecho la editorial en el pasado con referencias históricas tan concretas, nos encontraremos con dos filosofías claramente diferenciadas. En los inicios, Stan no sabía que estaba construyendo un cosmos compartido persistente, destinado a durar de manera indefinida, pero también a acotar el crecimiento de sus personajes durante un espacio de tiempo limitado. Cuando los cómics empezaron a distanciarse de su punto de arranque, pero los protagonistas continuaron aparentando más o menos la misma edad, fue necesario eliminar las alusiones temporales. Dejó de decirse, por ejemplo, que Ben y Reed habían luchado en la Segunda Guerra Mundial, y así es como mantuvieron su vigencia y juventud. Eludir la referencia histórica fue la solución fácil que permitió al Universo Marvel evitar las contradicciones. Todo había ocurrido, sí, pero simplemente había cosas de las que no se hablaba… Pero entonces se hizo cada vez más habitual recontar hechos ocurridos en el pasado, o introducir remiendos dentro de la continuidad. Al principio, teníamos a nostálgicos como Kurt Busiek, que en Las historias jamás contadas de Spiderman evitó por todos los medios contextualizar las aventuras en los años ochenta o noventa, sin llegar por ello a soltar fechas de los sesenta. Pero no todos los autores eran como él, y fue así como llegó la segunda forma de hacer las cosas: algunos guionistas echaron cuentas, estimaron que el inicio del Universo Marvel, con la llegada de La Primera Familia, debió de ser hace unos quince años, y es así como nos empezamos a encontrar móviles, conexiones a Internet y cosas por el estilo en historias ambientadas en los inicios de Spiderman y Los Vengadores. La buena costumbre, de simplemente mantenerse fiel a los cómics originales y evitar ese tipo de cosas, se ha ido perdido, y así es como nos encontramos con este 1998. Qué duda cabe que también estará destinado a pasar al olvido, tan pronto como el paso del tiempo obligue de igual manera a enterrarlo.

 

AQUELLOS BICHOS

Goom, en Tales of Suspense #17 USA

 

Spot On publicado originalmente en Marvel 2 En Uno nº 2

EL DOCTOR MUERTE Y LA NATURALEZA DEL MAL

Uno de los mejores, más complejos y fascinantes personajes del Universo Marvel es también su más terrible villano. Victor von Muerte es la antítesis perfecta de Reed Richards, el líder de Los 4 Fantásticos, pero su alcance y carisma le lleva mucho más allá, hasta alzarse como una gigantesca presencia dentro de La Casa de las Ideas.

 

Cuando fue creado, en Fantastic Four #5 USA (1962. Marvel Masterworks: Los 4 Fantásticos nº 1) de la mano de Stan Lee y Jack Kirby, Muerte ya contaba con una complejidad muy por encima de la que tenían las típicas amenazas a las que se enfrentaban habitualmente los superhéroes. Quizás el primer plan con el que se presentó ante La Primera Familia no fuera demasiado temible: les enviaba atrás en el tiempo para localizar el tesoro del pirata Barbanegra. Era una época en que la primigenia Marvel todavía se debatía entre la aventura ligera y la trascendencia, y ésta venía de la mano de la firme caracterización que Stan Lee ofrecía del Doctor Muerte. No estábamos ante un criminal cualquiera, sino frente al dictador de un país, el imaginario Latveria, situado en los Alpes Bávaros, muy cerca de Transilvania, y al que no parecía haber llegado la edad moderna. Muerte era un maestro de la hechicería, como demostraban los libros de cabecera que acompañaban a la primera imagen en que apareció. Pero en uno de esos títulos ya se intuía la naturaleza dual del villano: “Ciencia y Brujería”. Porque, pese a que habitara en un castillo, vistiera una armadura medieval y le acompañara un cuervo ominoso, aquel tipo siniestro era también un hombre del siglo XX, como Reed Richards confirmaría unas páginas más tarde, al desvelar que había conocido al Doctor Muerte en la universidad, cuando era un brillante estudiante de ciencias a la par que un seguidor de la magia negra, y que habían sido sus “experimentos prohibidos” los que habían provocado el terrible accidente del que salió desfigurado y expulsado de la universidad, sólo para emprender el viaje que le llevaría a convertirse en un maestro del mal encerrado en una armadura tecnificada y capaz de crear artefactos imposibles a la altura de los que construía el propio Mister Fantástico: Una máquina del tiempo, robots que le sustituyeran cuando fuera necesario, o, como se descubriría en el siguiente número, un mecanismo para arrancar el Edificio Baxter de sus cimientos y llevarlo hasta el espacio exterior. A ese rico background se sumaba la contundente imagen de la que le dotó Kirby, que convertiría a Muerte en un verdadero icono intemporal, el prototipo por el que se deberían medir los grandes villanos a partir de entonces, algo que George Lucas sabía muy bien cuando tomó sus líneas maestras para concebir a Darth Vader.

 

Desde aquella primera aparición, Lee y Kirby cayeron rendidos ante las posibilidades que ofrecía el personaje. Sucesivamente volverían sobre él, en sagas cada vez más imaginativas y sobresalientes, en las que Muerte mostraba su ingenio supremo, su inteligencia sólo equiparable a la de Richards y su odio supremo hacia Los 4 Fantásticos, pero también la majestuosidad y el retorcido sentido del honor que le llevaría a actuar siempre según sus reglas. El mayor defecto de Muerte, el que le llevaba a perder una y otra vez en sus monumentales choques con el cuarteto, y en el que estaba en cierta forma el origen del desprecio hacia Richards, no era otro que su arrogancia, el convencimiento de estar por encima de cualquier otro individuo en todos los aspectos imaginables.

 

En 1964, Lee y Kirby le dedicaron el segundo Anual de Los 4 Fantásticos, un significativo número que comenzaba con una escalofriante historia en la que se ampliaba y modernizaba el origen del villano: allí se descubrían sus orígenes gitanos, la trágica e injusta muerte de sus padres, su lucha con el tiránico barón que había gobernado su país con mano de hierro… La conclusión era que Muerte no siempre había sido un villano terrible, sino alguien a quien las desgracias de la vida había conducido por ese camino, igual que a Reed le había llevado por la vía contraria.

 

Con el paso de los años, la influencia de Muerte se extendió más allá de la cabecera de los Imaginautas, hasta enfrentarse con otros héroes y liderar a los grandes villanos de la Casa de las Ideas en momentos críticos, como pudieron ser, en los años ochenta, las Secret Wars, una de las aventuras que mejor describía y caracterizaba al dictador de Latveria. Muerte parecía superar, quizás no en poder o maldad, pero sí en inteligencia, maquiavelismo y capacidad de manipulación, a cualquiera de sus homólogos de fechorías. A través de las décadas, autores como Roy Thomas, John Byrne, Roger Stern o Walter Simonson hicieron grandes sagas que profundizaban en sus motivaciones. Fue Byrne, por ejemplo, quien estableció que los latverianos en realidad están orgullosos de Muerte, puesto que ha sido él quien les ha procurado paz y bienestar, por mucho que les haya robado la libertad.

 

Pero, con medio siglo de existencia a sus espaldas, no resulta fácil construir nuevas historias sin caer en la repetición o en la vacuidad. Con el cargo de guionista de Los 4 Fantásticos va en cierta forma la obligación de ofrecer un choque electrizante con Victor von Muerte, pero no siempre los autores están a la altura del reto. No ocurrió tal cosa con Mark Waid y Mike Wieringo, responsables de una excelente etapa de La Primera Familia que se desarrolló entre los años 2002 y 2005, y cuyo arranque se ofreció en el volumen del coleccionable Marvel Héroes titulado Los 4 Fantásticos: Imagináutas.

 

 

Este segundo tomo de la andadura Waid/Wieringo sigue allá donde se quedó el anterior, para conformar un argumento completo y autónomo, en el que tiene lugar ese ambicioso enfrentamiento con un Doctor Muerte tan temible como en sus orígenes. Waid, guionista que posee un meticuloso conocimiento del pasado de los personajes, pero que no tiene miedo en saltar hacia delante, ofrece, al comienzo de la historia, un interesante giro de tuerca. Como resultado de ello, tenemos una severa transformación que en ningún momento abandona la coherencia con todo lo que se conoce sobre el villano. Más aún: lo enriquece, sofistica y completa. Bienvenido por tanto a una de las mejores historias jamás realizadas sobre el hombre más temible del Universo Marvel.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. Los 4 Fantásticos: Impensable

MARVEL 2 EN UNO: LA COSA Y LA ANTORCHA HUMANA 1: EL CAMINO DE VUELTA

 

Cada momento que ha estado el Universo Marvel sin Los Cuatro Fantásticos ha sido un momento de incredulidad e impotencia. Hay verdades indiscutibles: el sol sale cada mañana, Han disparó primero, los huevos fritos y el bacon forman una combinación perfecta y La Primera Familia representa la columna vertebral de La Casa de las Ideas. ¿Cómo es posible que, durante todo este tiempo, hayamos estado sin ellos? Pero la triste verdad es ésa. Las últimas temporadas de la cabecera no fueron precisamente un éxito de ventas, pese a contar con autores tan interesantes como Matt Fraction o James Robinson. En la editorial, percibían que Fantastic Four ya no importaba, o al menos no importaba como debería. Había lectores que la encontraban antigua y pasada de moda. Inconcebible, ¿verdad? ¿Cómo es posible ser seguidor de Marvel y no hacerse cada mes con la colección que lo empezó todo? Y sin embargo, eso mismo era lo que pasaba. Así que en el Bullpen decidieron que un descanso era necesario, para que, como ocurrió en su momento con Thor, en el momento en que pudiera recuperarse la colección, el regreso tuviera un gran impacto entre el aficionado. De eso han pasado ya unos cuantos años, en los que vimos que Reed, Sue, Franklin y Valeria estaban desaparecidos del mapa, por más que supiéramos que se encontraban reconstruyendo el Multiverso; en los que el Edificio Baxter pasó a ser propiedad de Peter Parker y sede de su empresa; en que La Antorcha Humana se unió a Los Inhumanos; en que La Cosa se fue al espacio con los Guardianes de la Galaxia, y en que el Doctor Muerte se atrevió a jugar a superhéroe… En el ambiente se respiraba la sensación de que algo estaba equivocado, que las estrellas no se alineaban de la manera correcta. Los Cuatro Fantásticos ya no estaban con nosotros. ¿Qué importaba todo lo demás? Y entonces, algo cambió. Llegó Marvel Legacy, con el propósito de recuperar la conexión de los lectores con los fundamentos de La Casa de las Ideas. Tal anuncio estaría desnudo de propósito si no incluyera el regreso de La Primera Familia. Pero ese regreso no va a ocurrir sin más. La mitad del grupo, junto con los hijos de Reed y Sue, están fuera del mapa y es necesario dar con ellos. A ese propósito obedece Marvel 2 En Uno, un nombre mítico, que en su momento sirviera para narrar las aventuras de La Cosa en compañía de otros héroes, y que ahora servirá para que Benjamin J. Grimm y Johnny Storm emprendan la búsqueda de su familia.

 

EL HOMENAJE AL PASADO

Nuestra variant cover rinde tributo a esta cubierta

 

LOS AUTORES Era muchos los que deseaban contar esta historia, desde Brian Michael Bendis a Amy Reeder y Brandom Montclaire, quienes de hecho están construyendo una aventura que será complementaria de ésta y que podremos leer en 100 % Marvel HC. Moon Girl y Dinosaurio Diabólico nº 5: Los Tres Fantásticos (a la venta en octubre), pero el caso es que el editor Tom Brevoort finalmente se decantó por Chip Zdarsky, guionista de Howard El Pato y de Peter Parker: El Espectacular Spiderman en Marvel, y Jughead en Archie Comics, y dibujante de Sex Criminals en Image. En cuanto al dibujo, que tengamos a Jim Cheung (Jóvenes Vengadores) demuestra que Marvel va en serio con su propósito de hacer de esta serie un must have para todo el mundo. Eso sí: Cheung estará sólo presente en los dos primeros números, para luego dar paso a, el que hasta bien poco fuera artista de Guardianes de la Galaxia. En esa serie ya demostró haber nacido para encargarse de Los 4 Fantásticos, así que nos parece perfecto. Y sí, somos conscientes de que estamos en un título de transición, de que esto todavía no son Los 4 Efe, pero se leen como tal y estamos verdaderamente ilusionados y emocionados ante este cómic y por la dirección en la que nos llevará.

 

EL PRÓLOGO A NUESTRA SAGA

¡Repasa el Marvel Legacy Alfa!

 

Spot On aparecido originalmente en Marvel 3 En Uno: La Cosa y La Antorcha Humana nº 1

LOS 4 FANTÁSTICOS: DETRÁS DE LA VUELTA DE GALACTUS

A lo largo de los años sesenta, Los 4 Fantásticos fue la colección más importante del Universo Marvel, una ventana a un mundo lleno de posibilidades infinitas. No sólo el hecho de haber sido la colección en inaugurar aquel cosmos de ficción era importante, sino también el que fuera el título más preciado por Stan Lee y Jack Kirby. En la concepción misma de La Primera Familia estaba implícito el descubrimiento de nuevos horizontes. Porque Los 4 Fantásticos no sólo son superhéroes, sino también pioneros, investigadores de lo desconocido, rastreadores de la siguiente frontera del universo.

Durante toda esa década, un conjunto de conceptos más-grandes-que-la-vida fueron surgiendo de las páginas de The Fantastic Four. Ya en su segunda aventura, tuvieron la oportunidad de enfrentarse a los Skrull, una raza metamórfica de extraterrestres que perseguía la conquista de la Tierra. Este primer choque, que se resolvió de manera imaginativa en apenas veinte páginas, tuvo como consecuencias el inicio de la enemistad permanente entre los hombrecillos verdes y Los 4 Fantásticos, que volvieron a enfrentarse en multitud de ocasiones a partir de entonces. Con el tiempo, los alienígenas incluso lanzarían a su propio campeón, el Super-Skrull, un miembro de su raza capaz de emular las habilidades de los integrantes del cuarteto, y que les metería en aprietos en más de una ocasión.

 

Pero los Skrull no eran más que una muestra de los peligros que aguardaban “ahí fuera”. Debemos fijarnos en la época más fructífera de la colaboración entre Lee y Kirby, la que se desarrollaría entre los años 1965 y 1967, trienio maravilloso en el que se presentaron en sociedad un torrente de personajes que pasarían a formar parte indispensable de la Casa de las Ideas: la raza oculta de Los Inhumanos, Pantera Negra y su país, Wakanda, Warlock (llamado entonces, simplemente, Él)… Pero, por encima de todo, estaba Galactus y su heraldo, Estela Plateada.

 

Galactus, cuya primera aparición tuvo lugar en Fantastic Four #48 USA (1966. Marvel Deluxe. Los 4 Fantásticos: La Edad Dorada), no se presentaba como un villano al uso, sino como una auténtica fuerza cósmica que se limitaba a cumplir con su destino, el de consumir los mundos con los que saciar su infinita sed. Después de entrar en contacto con la humanidad, Estela Plateada decidía volverse contra su amo, mientras que El Vigilante, otra entidad de naturaleza celestial, prestaba su ayuda a la Primera Familia, al sugerirles la localización de la única arma que podría vencer a Galactus. Aquella memorable aventura se quedó grabada en la retina de los lectores, de tal manera que cada nueva aparición de Galactus sería recibida con alborozo. Los guionistas, tanto Lee como sus sucesores, se verían obligados a su vez a encontrar argumentos imaginativos en los que emplear al Devorador de Mundos, puesto que había que ofrecer nuevas sagas a la altura de la primera y que no se limitasen a repetir sus esquemas.

 

Esa categoría de serie en la que se desarrollaban las grandes aventuras de carácter cósmico fue cedida, ya en los años setenta, a Los Vengadores. Sin embargo, a finales de dicha década, Los 4 Fantásticos volvieron a convertirse en protagonistas de una de las mayores epopeyas galácticas que se hayan publicado jamás. A lo largo de once episodios, lo que equivalía a prácticamente un año entero de la serie, la Primera Familia se vio inmersa en una conflagración de gigantescas proporciones, que envolvería tanto a algunos de sus contrincantes habituales como otros que habían surgido de diversas fuentes.

 

El responsable de esta ambiciosa propuesta fue el escritor Marv Wolfman, uno de los autores clave de la época, acostumbrado a desplegar numerosos repartos a lo largo de multitud de escenarios, y que en este caso no hacía sino continuar un puñado de argumentos que habían quedado inconclusos en otro de sus proyectos: Nova, el Cohete Humano. Inicialmente, Nova se había movido en el terreno de una serie ligera, centrada en las andanzas superheroicas de un adolescente que recordaba a Peter Parker. Progresivamente, sin embargo, Wolfman fue introduciendo una mayor complejidad en las historias, ahondando en las raíces espaciales del Cuerpo Nova, una especie de policía galáctica, y llevando al héroe a vivir grandes aventuras más allá de su planeta de origen. Todo eso tenía lugar mientras el enigmático y poderoso ser llamado La Esfinge cobraba importancia y reclutaba a todo un grupo de superhéroes: Los Nuevos Campeones. Nova #25 USA (1979. Biblioteca Marvel: Nova), el último número de la colección, concluía con La Esfinge y Los Nuevos Campeones, entre los que se encontraba Nova, camino del planeta Xandar, donde les esperaba un destino incierto.

 

Ante la cancelación de la cabecera, Wolfman decidió trasladar todos los argumentos inconclusos a las aventuras de Los 4 Fantásticos, aunque la saga subsiguiente podría leerse de manera independiente y autónoma, puesto que eran muchos más los lectores que tenían éstos que los que dejaba atrás Nova. El resultado no pudo haber sido más espectacular. Con la llegada de la Primera Familia, el conflicto que se estaba tejiendo se transformaba en una guerra intergaláctica en la que los héroes se veían implicados casi por accidente y de la que ya no podrían escapar hasta su conclusión. El relato navegaría por inesperados lugares, sumando más y más personajes a cada nueva entrega, hasta un apoteósico final que enfrentaría a Galactus con La Esfinge, con Los 4 Fantásticos librando a su vez una aterradora batalla contra la muerte. Quedaría también un hueco para la sonrisa, con la presentación en los cómics de HERBIE, un pequeño robot volador que había ocupado el lugar de La Antorcha Humana en una serie de dibujos animados que el cuarteto protagonizara en aquel entonces, pero tan pequeña anécdota no empañaría la trascendencia y épica que se respiraba en cada página.

 

A la espectacularidad del resultado contribuiría no sólo el planteamiento de gran odisea coral diseñado por Wolfman, sino el impresionante trabajo realizado por los dibujantes. La saga fue iniciada por Keith Pollard en su mejor momento artístico, con un sólido estilo que le alineaba como discípulo de John Buscema. Tras un par de episodios del hermano de éste, Sal Buscema, la historia alcanzaría su apoteosis con la llegada de John Byrne, el que poco tiempo después se convertiría en autor completo de la cabecera. Joe Sinnott, en tareas de entintado, aportaría homogeneidad y elegancia al conjunto.

 

Eran tiempos en los que a los cines llegaba Star Wars, cuando todavía la llamábamos La Guerra de las Galaxias, y en los que Star Trek se hacía mayor con su propio largometraje. Sin embargo, la más alucinante película de ciencia-ficción no estaba en la gran pantalla, sino en las modestas viñetas de un tebeo que, superadas sus doscientas entregas publicadas y próximo a su vigésimo aniversario, hacía apropiado el lema de portada: “¡El cómic más grande del mundo!”

CLÁSICOS MARVEL GUÍA DE LECTURA 2018

Este es el orden recomendado de lectura para la línea de clásicos Marvel de Panini Comics, actualizado a enero de 2018.

 

CLÁSICOS MARVEL GUÍA DE LECTURA 2017

Este es el orden recomendado de lectura para la línea de clásicos Marvel de Panini Comics, actualizado a diciembre de 2017.

EXTRAORDINARIAS VIDAS ORDINARIAS

El que Los 4 Fantásticos fuera la creación que abanderara el nacimiento del Universo Marvel, allá por 1961, la convierte en una rara avis dentro del mundo de los superhéroes. En aquella época, el cómic estadounidense languidecía en lenta agonía. Quedaban atrás los buenos tiempos de la Edad de Oro, en que los grandes justicieros contra el crimen vendían millones de ejemplares cada mes. A caballo entre los años cincuenta y los sesenta, la proliferación de géneros, desde el romántico al western, pasando por el terror o la ciencia ficción, indicaban una búsqueda que no acababa de ofrecer buenos resultados. Stan Lee se encontraba tan decepcionado de una industria en la que llevaba ya varios lustros trabajando que aceptó a regañadientes el reto que le lanzó su jefe Martin Goodman de crear un título que emulara a la recién nacida Liga de la Justicia de América, publicada por otra editorial. Sólo la sugerencia, que le hizo su esposa, de que intentara hacer el tipo de cómic que a él le gustaría leer, ayudó a que el escritor no tirara la toalla. Y eso que salimos ganando, porque Los 4 Fantásticos cambiaron el curso de la historia.

Estaba todo por inventar, con lo que el nuevo concepto se “contaminó” de todo lo que ya existía, desde las sagas sobre monstruos hasta las historias de anticipación publicadas en los pulp, desde la aventura clásica hasta las películas de serie B. Fue la inteligente combinación de esos elementos, sumada a la humanidad que Lee supo dar a sus criaturas y al impresionante arte de Jack Kirby, lo que convirtió a La Primera Familia Marvel en algo no sólo distinto a cuanto había, sino también revolucionario.

 

Porque Los 4 Fantásticos podían proteger la ciudad y salvar el universo, pero no utilizaban trajes de colores: sus uniformes de trabajo no llegaron hasta el tercer episodio, y en ellos predominaba la funcionalidad sobre el excentricismo. No había tampoco máscaras que reflejaran ninguna identidad dual. Por el contrario, Reed, Sue, Ben y Johnny eran verdaderas celebridades cuyas andanzas las seguía un nutrido público ávido de novedades. Nada podía encontrarse en sus aventuras sobre bases secretas, ni de reuniones ceremoniosas alrededor de una mesa, ni de reglas de trabajo más propias de los boy scouts que de adultos. De hecho, Los 4 Efe peleaban entre ellos muy a menudo. Y tampoco su aspecto era el de los musculosos guerreros de otras series. Reed Richards peinaba ya canas… ¡Y Ben Grimm era uno de esos monstruos contra los que combatían los protagonistas de los grandes títulos!

 

Pero por encima de todas esas consideraciones, la dinámica de sus aventuras se posicionaba en el lado opuesto de lo que pudiera haberse leído hasta entonces. Los 4 Fantásticos se movían sobre la dualidad de una familia disfuncional (mucho antes de que las familias disfuncionales formaran parte de la tónica de nuestra sociedad) y de unos exploradores de lo ignoto. Detengámonos un poco más en ambos aspectos. En el centro de esa familia tenemos a la pareja (primero novios, luego matrimonio) formada por Reed y Sue, quienes no tardarían en tener un hijo, Franklin, al que años más tarde se sumaría Valeria; a su vez, Sue y Johnny son hermanos, mientras que Ben no guarda relación de parentesco con ninguno de ellos, pero se erige como alma de Los 4 Efe, el pegamento que hace que todos permanezcan unidos. Frente al aspecto pétreo de La Cosa, su corazón no ofrece sino bondad y ternura hacia los suyos.

 

Y por otro lado tenemos la vertiente aventurera del equipo, donde la pieza fundamental es el verdadero poder de Mister Fantástico, que no es otro que su inigualable inteligencia, la que le lleva a concebir una tecnología tan fabulosa que rivaliza con la magia y a embarcarse, a sí mismo y con él a sus compañeros, en inusuales viajes de descubrimiento, ya sea de lugares, dimensiones o planetas. No es la función de Los 4 Fantásticos la de vérselas contra malhechores, por mucho que sus circunstancias les lleven a hacerlo, sino la de ensanchar los límites de cuanto se conoce… Pero que el lector no espere en sus aventuras una ciencia-ficción de lo posible, una lectura de aquello con lo que un día se encontrará la humanidad, sino una fantasía desbocada en la que cualquier cosa puede ocurrir.

 

Con esos mimbres, Lee y Kirby compusieron, a lo largo de más de cien episodios publicados a lo largo de toda la década, una portentosa sinfonía preñada de grandes conceptos, que marcaría el camino a seguir por sus pioneros, quienes por fuerza tendrían que comparar su trabajo con el legado de los creadores. Entre los que siguieron los pasos de Stan y Jack, hay un puñado de autores que tienen una posición destacada en la historia de La Primera Familia, como por ejemplo Roy Thomas, John Buscema, John Byrne, Walter Simonson o Carlos Pacheco. Ya en los últimos años, la etapa clave que ha sabido recapturar la magia de antaño ha sido la realizada por Mark Waid y Mike Wieringo entre 2002 y 2005, cuyo arranque contiene este volumen.

 

Waid figura entre los guionistas que, a finales de los años noventa, devolvieron el orgullo y la calidad a los superhéroes, con obras como Kingdom Come, o en sus etapas en Flash y Capitán América. En ellas, y frente a la ausencia de ideas de épocas precedentes, reivindicaba el optimismo y la inteligencia como armas a utilizar en el género. Su compañero de armas y colaborador habitual en muchas ocasiones, el tristemente desaparecido Mike Wieringo, le acompaña también aquí, con un estilo próximo al cartoon capaz de brillar al máximo en las escenas cotidianas de tratamiento de personajes y hacerse espectacular en las fabulosas situaciones en las que acaba envuelto el equipo.

 

“Los 4 Fantásticos no son superhéroes, sino Imaginautas”, proclamaba Waid en el discurso ante Marvel con el que consiguió el trabajo de guionista fijo de la serie. Es esa nueva y maravillosa palabra, la de Imaginautas, la que mejor define y ejemplifica estos episodios. No basta ya con llevar a los héroes a exóticos lugares, como el Himalaya, la jungla africana o la Luna, que tantas veces visitaran en otros tiempos. En el siglo XXI, el mundo se ha hecho demasiado pequeño para ellos: hay que ir aun más lejos, hasta donde no se ha aventurado ningún hombre, y tampoco ningún otro tebeo. A la hora de escribir la serie, Waid echaba la vista atrás para descubrir que demasiados autores habían tratado de repetir los éxitos del ayer mediante historias que no hacían sino reiterar tramas o personajes ya conocidos: el público había leído ya mil y un encuentros con el Doctor Muerte o Galactus que se parecían demasiado entre ellos.

 

Frente a eso, el nuevo guionista opta por quedarse con el espíritu que animara la cabecera en sus orígenes, para readaptarlo a la época actual. Su objetivo es que, en cada episodio, como ocurría en los tiempos de Stan y Jack, haya una nueva sorpresa, y sin que por ello sea necesario alterar la idiosincrasia de unos personajes tan ricos y complejos que, medio siglo después de su nacimiento, todavía tienen mucho que ofrecer. De esta manera, los dos primeros capítulos de este volumen contienen interesantes revelaciones sobre nuestros protagonistas, mientras que entre el tercero y el quinto se presenta a un nuevo villano, uno de los más sorprendentes y originales a los que se haya enfrentado jamás el grupo, y que ejemplifica mejor que ninguno la clase de amenazas con las que deben luchar.

 

El volumen se completa con una breve saga de dos números, en la que Wieringo cede los lápices a Mark Buckhingham, otro excelente artista especialmente dotado para la comedia de situación, cuyos recursos Waid aprovecha al máximo. Se suma, por último, una historia autoconclusiva protagonizada por La Cosa, en la que Karl Kesel y Stuart Immonen desvelan importantes detalles sobre el pasado de Ben Grimm.

 

Todos estos relatos conforman un perfecto ejemplo de la singularidad que ofrecen Los 4 Fantásticos, a los que Mark Waid definió con unas palabras que no podían ser más certeras: “Un equipo, y también una familia, de aventureros, exploradores e Imaginautas, que lleva una vida tan ordinaria… como extraordinaria”.

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Héroes. Los 4 Fantásticos: Imaginautas

Novedades Abril 2016

Creo que llego a tiempo de publicar esta entrada justo el día del libro. Y, bueno, ¿quién dice que el día del libro no se pueden regalar cómics? Ademas de la ración de grapa habitual, tenemos unos cuantos tochales que pueden ser muy buenos regalos.

Tres omnigolds, uno de ellos de Spider-Man y dos más en los que el Trepamuros tiene presencia. A parte, hay otros tomos recopilando material muy interesante, además de inédito.

Pero no adelantemos acontecimientos, que lo tenéis todo detallado a continuación.

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Novedades Octubre 2015

Ya se que aquí tratamos específicamente todo lo relacionado con Spider-Man, pero dado que el arácnido está metido en el evento, se me hace difícil no preguntarlo, ¿qué os están pareciendo las Secret Wars? Hace tiempo que no veía a los colegas tan apasionados por una saga, esperando que sea el viernes pertinente para poder acudir a la librería de turno a por la dosis Marvel. Aun tardaremos un mes más en poder ver las repercusiones del evento en la serie regular de Spidey, por de pronto, hay que seguir su rastro en las diferentes cabeceras de componen este mega evento.

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