1984. PARA KITTY PRYDE, MADURAR IMPLICA EMPALAR A LOBEZNO

Es 1984. El mismo mes que Tormenta pierde los poderes aparece el primer número de la prometida miniserie dedicada a Kitty. Claremont analiza, al igual que con Muerte viva, la nueva forma que tiene el personaje de relacionarse con un mundo que se le ha hecho pedazos. A la ruptura con Coloso se añade el descubrimiento de que su padre tenga problemas con la mafia japonesa, lo que hace que viaje a Japón para intentar ayudarle. Ogun, el mismo ronin que entrenara a Lobezno, lava su cerebro y la convierte en una asesina ninja. Lo importante para Kitty no es borrar su influencia, cosa que puede conseguir con la ayuda de Xavier, sino enfrentarse a él y, sobre todo, al miedo. Para Claremont, lo que le pasa a Kitty es una enfermedad repentina. Ha sucedido tan rápido y con tanta intensidad que, cuando termina, apenas ha dejado algo dañado. A la postre, la resistencia es uno de los aspectos fundamentales del personaje, como bien lo demuestra la viñeta que cierra el relato, con ella devorando un enorme helado (Kitty Pryde and Wolverine 6, IV 85). Que la acción transcurra en Japón sirve para justificar la aparición de Lobezno, cuyo nombre se añade al título de la miniserie en un truco comercial que acaba traicionando a su autor. Inicialmente, la protagonista es Kitty, mientras que Lobezno encarna el papel de gran maestro, un referente ético para una muchacha que ha visto como sus modelos masculinos-Coloso, su padre- se han quedado obsoletos. La premisa se cumple en los dos primeros números pero, al empezar a escribir el tercero, el guionista descubre que se ha equivocado. No porque no sepa planificar la historia -esta historia en concreto es un prodigio de planificación- sino porque, como de costumbre, sus criaturas son las que deciden a dónde quieren llegar. Hasta tal punto cambia el curso de la aventura que se ve obligado a ampliarla de los cuatro números anunciados a los seis finalmente publicados. Lobezno también se enfrenta a su mayor demonio y lo destruye, pero el proceso resulta mucho más duro para él, obligado a asesinar a Ogun para salvar la vida de su compañera.

-Yo le respetaba, Kitty -confiesa Lobezno-. Le quería como a un padre. Le debo mucho de lo que soy. ¿Cómo pude estar tan ciego antes para no ver lo que era en realidad?

-Cuando os conocisteis eras joven. Tu has cambiado. Has Madurado. Ogun no. Esa es la diferencia.

Al Milgrom, que ya trabajara con Claremont en Captain Marvel 46 (IX 76), es elegido para ocuparse de Kitty Pryde and Wolverine. Es un artista de trazo duro, casi feísta. La solución apropiada ante la incapacidad de contratar a un Frank Miller encumbrado al estrellato y recién fugado a DC. Además, Milgrom hace aquí los mejores lápices de toda su carrera, una obra que supone un carpetazo a la época clásica de los dos protagonistas. Atrás queda la “chica normal” que creara John Byrne. “Ir a la universidad. Casarse. Tener muchos hijos. Es lo que hacen todas las mujeres. ¿Por qué yo no? Porque ellas no bailan en el cielo. Y a mi me gusta”, piensa Kitty. “Hasta sin superpoderes, no podría ser lo que mis padres o la sociedad esperan de mí” (L:KW 5, III 85). El resultado más palpable es el abandono de gran parte de su inocencia, gesto que se traduce en un nuevo nombre de guerra, Gata Sombra. Otro tanto ocurre con un Lobezno que sigue debatiéndose entre su lado salvaje y su humanidad pero que ahora está dispuesto a asumir responsabilidades impensables en el pasado. “Siempre he sido un solitario”, concluye, “y de repente tengo una familia. Tardaré en acostumbrarme”

            De vuelta a la serie regular, los UXM 190 y 191 (II-III 85) componen uno de los experimentos más extraños de la colección, dada la ruptura temática que acarrean. Durante estos dos números, Claremont recupera a Kulan-Gath, un enemigo de Red Sonja que ya utilizara años atrás en el Marvel Team-Up79 (III 79), y que convierte Nueva York en una ciudad sacada de un relato de Robert E- Howard. La aventura cuenta con el aliciente de poder ver las versiones medievales de la Patrulla-X, los Nuevos Mutantes o los Vengadores, curiosos diseños de un Romita que se divierte como pocas veces desde su llegada. Claremont se permite someter a la mayoría de los héroes de la Gran Manzana a las más refinadas torturas (llega a matar a Spider-Man o a fusionar los cuerpos de Xavier y Calibán), un lujo imposible de no ser porque todo queda olvidado cuando termina la historia. “Como siempre, la Patrulla-X ayuda a salvar a la humanidad y nadie lo sabrá”, se lamenta Tormenta.

Nada satisfecho con el resultado de la historia de Kulan-Gath, el Padre Mutante vuelve enseguida por sus fueros habituales. Son aventuras centradas en los personajes más que en la sucesión de villanos, aunque haya una buena ración de ellos. Magus, el padre de Warlock (UXM 192, IV 85), los Infernales (UXM 193, V 85), Juggernaut y Nimrod (UXM 194, VI 85) o Arcade (UXM 197, IX 85) se suceden uno tras otro sin ninguna función aparente que no sea la de mera excusa que haga recordar a los lectores que están leyendo un cómic de superhéroes. Son en cambio las relaciones y conflictos personales, más allá de cualquier otro motivo, los que sostienen el desarrollo argumental de la strip. Nada nuevo en Marvel, pero nunca antes de forma tan angustiosa. Todos y cada uno de los hombres-X tienen alguna buena razón para lamentarse. Tormenta ha perdido sus poderes; Pícara no puede tocar a nadie, pero conserva todas las emociones de Carol Danvers; Rondador, el alegre elfo de piel azulada, padece una crisis de fe a causa del Todopoderoso (“He visto el rostro de Dios y he descubierto que es un monstruo”, afirma); Rachel no puede olvidar su apocalíptico futuro alternativo; Kitty sufre por Coloso; Coloso no quiere hacer daño a Kitty, y por eso también sufre… De fondo, el racismo hacia los mutantes, encarnado en el enemigo definitivo de la Patrulla-X. Un enemigo que utiliza tantas e insospechadas modalidades como a Claremont se le ocurren. El sentimiento anti-mutante surge en cada una de las apariciones públicas de la Patrulla-X e incluso se materializa en el apaleamiento de Xavier, “el amigo de los mutis” (UXM 192).

A pocos meses para su publicación, Claremont comienza a preparar los acontecimientos previstos para el UXM 200, lo que coincide con el lanzamiento de Secret Wars II. La segunda gran saga planeada por Jim Shooter transcurre esta vez en la Tierra. Esto permite al director editorial llevar a cabo el mayor crossoverde todos los tiempos. Cada uno de los nueve números de los que se compone la aventura se continúa en las diferentes colecciones Marvel, un esfuerzo de coordinación que deja en ridículo el llevado a cabo para sacar adelante las primeras Guerras Secretas. Así, en Secret Wars II1 (VII 85), la Patrulla-X y Magneto se ven obligados a unir fuerzas ante la llegada del Todopoderoso. Magneto se ha pasado el último año junto a Lee Forrester, la antigua novia de Cíclope, con quien mantiene un romance cuya evolución ha podido seguirse durante meses en The New Mutants. Ahora asegura que ha cambiado, e incluso impide que Rachel mate a sangre fría al racista que planeaba asesinar a Xavier. “Su odio es fruto de la ignorancia y el miedo. Con tus actos justificas su miedo y su odio”, afirma Magnus, en una frase que define su cambio de postura (UXM 196, VIII 85).

El UXM 198 (X 85) acoge la segunda parte de Muerte viva. Más de un año ha tardado Barry Smith en terminar esta nueva entrega en la que, una vez analizada la relación de Tormenta con Forja, Claremont se la lleva a Africa para colocarla frente a sus orígenes, frente a las razones por las que, durante años, se ha negado a sí misma cualquier tipo de emoción. Según el Padre Mutante, estas razones tienen que ver con sus poderes y la necesidad de que funcionen en armonía con el entorno. “He sido un fraude”, concluye Tormenta. “Me inmunicé contra todo lo que eran sentimientos, ansias y deseos. Lo que hacía en realidad era esconderme y huir de mi propia humanidad”. Ororo, que juega con la idea del suicidio una y otra vez, encuentra su lugar en el orden natural de las cosas cuando comprende que ella ha de ser un puente “no sólo entre los antiguos y los nuevos métodos, sino entre las razas, entre la humanidad y sus hijos mutantes”. Según Claremont, “Tormenta se define a sí misma como hija de dos mundos. Nació en América, creció en el Cairo y pasó su adolescencia como una diosa pagana en medio de África. ¿Hasta qué punto está en el siglo XX?”. La heroína existe más allá de su vistoso traje y sus increíbles habilidades (ni lo uno ni lo otro aparece aquí). “No tengo poderes. No puedo volar. Ya no importa. En mi corazón vuelo más alto que las estrellas”, concluye Tormenta. Mientras desde algunos sectores de la crítica arrecian las protestas por la excesiva rentabilización del éxito mutante, Claremont y Smith desarrollan una historia sin villanos, sin otra lucha que no sea la que se produce en el interior de Tormenta, la que lleva a cabo para conseguir que nazca una niña africana. Pese a producirse nuevos encontronazos a causa de la interpretación libre que el dibujante hace del guión, la colaboración, tan alejada del arquetipo clásico del superhéroe, consigue una rotunda aclamación popular. Son tiempos en los que DC anuncia la salida de una serie titulada Watchmen.

CUENTA ATRÁS A INFINITO 0: LOS POSEEDORES DE LAS NUEVAS GEMAS DEL INFINITO

En el último de los prólogos que leeremos en esta cuenta atrás, Gerry Duggan nos ha presentado a los actuales propietarios de las Gemas del Infinito. Ahora hablaremos de ellos, pero ante es buen momento para una pequeña aclaración: las gemas originales tenían unos determinados colores por los que reconocíamos cuál era cada una de ellas, así como para qué servían, tal y como podemos ver, por ejemplo, en El Guantelete del Infinito. Pues bien: tal y como nos comenta Xavi Sanz Serrano, tras el resurgir de las gemas en Marvel Legacy Alfa, esos colores han cambiado, para así adecuarse a lo que estamos viendo en el Universo Cinemático Marvel. En la edición original, de hecho, también ha cambiado el nombre, puesto que ahora se las denomina Infinity Stones, en lugar de Infinity Gems. Nosotros hemos preferido mantener la traducción clásica, algo que también están haciendo en las películas, o al menos lo han venido haciendo hasta el momento, que con esto nunca se sabe.

 

LOBEZNO Resucitó, sin que sepamos todavía las circunstancias exactas, en el mencionado especial, y con la gema azul en sus manos. No es la de la mente, como habíamos deducido inicialmente, sino la Gema del Espacio, y de ahí que haya pasado de un lugar a otro del Universo Marvel en un periodo muy corto de tiempo. Por cierto, nos encanta como lo dibuja Deodato Jr: retaco a la par que imponente, como debe ser.

 

TURK BARRETT Un secundario entrañable de Daredevil, al que el cuernecitos ha dado más palos que una estera a lo largo de los años. El personaje está relativamente de moda, a raíz de su participación transversal en las series Marvel de Netflix. Según desvela Duggan, La decisión de que fuera el poseedor de la Gema de la Mente llegó en el retiro de creativos dedicado a esta saga.

 

CAPITANA MARVEL Con la peli a la vuelta de la esquina, es el momento de Carol para brillar a tope. También simboliza la conexión con los universos alternativos en que otros Capitanes Marvel tienen de igual forma la Gema de la Realidad en su poder. Al loro con las tres tierras paralelas que se señalan aquí, porque las dos primeras son muy obvias: mundos en que Monica Rambeau o Mar-Vell han tomado el lugar de Carol, pero lo más llamativo es el tercer caso, donde se intuye al Capitán Marvel original, el de la Fawcett, que naciera en 1939 y que desde 1972 forma parte de DC Comics. ¿Es una manera de dejarnos caer que el Universo DC no es sino una Tierra alternativa del Universo Marvel?

NO CONTÁBAMOS CON ÉL

El Capitán Marvel de la Fawcett

 

GUARDIANES DE LA GALAXIA Son los que tienen ahora la Gema del Poder, con la sorpresa de su tamaño. Se trata del argumento heredado de su propia colección, que iniciara Duggan allí, donde vimos que Drax era quien más próximo está ahora al pedrusco.

 

EL SUPERSKRULL Se queda con la Gema del Tiempo, en una escena que además nos sirve para confirmar que ha sido el regreso de estas gemas lo que ha provocado que el destruido Sakaar, el mundo de “Planeta Hulk”, vuelva a existir.

 

ULTRÓN PYM La fusión del robot asesino y de Hank Pym, a la que Duggan ya sacara mucho partido en Imposibles Vengadores, se queda con la Gema del Alma, lo que introduce un jugoso elemento de impredecibilidad, más todavía después del giro que nos encontramos en las dos últimas páginas. Por cierto, la Gamora anciana ya la conocíamos, y no, no es que una de las dos sea falsa. Para más detalles, repasa Guardianes de la Galaxia nº 56.

 

LAS DOS GAMORAS

Cosas que pasan en La Gema del Alma

 

Spot On originalmente aparecido en Cuenta atrás a Infinito 0

1988. DETRÁS DE LA SERIE MENSUAL DE LOBEZNO

Es 1988. “Back to the basics, vuelta a los orígenes!!” insiste Tom DeFalco cuando da la orden de lanzar nuevas colecciones que remocen conceptos de las décadas anteriores, como es el caso de Silver Surfer, Doctor Strange, Marc Spector: Moon Knight, Nick Fury agent of SHIELD o The Sensational She-Hulk. Wolverine nace con la pretensión de recuperar el ambiente de las dos series limitadas protagonizadas por Lobezno sin necesidad de urgar en su pasado, que Claremont prefiere mantener oculto. De la noche a la mañana, el Patriarca Mutante aparece con una retahíla de conceptos absolutamente nuevos. Cree que la serie regular de Lobezno está llamada a ser la sustituta de Conan The Barbarian. El público que la compre no sólo es el lector habitual de mutantes, sino también y sobre todo aquél que, de haber nacido una década antes, sería fiel seguidor del cimmerio. En solitario, Logan va a volver sobre sus fueros salvajes, pero, ante todo, sobre la aventura. Conan en el mundo de Terry y los Piratas con unas gotas de Fu Manchu. Villanos malévolos, mujeres exóticas, lugares fantásticos, civilizaciones perdidas… Sin que falten villanos, por supuesto. Es fácil sacar al Lobezno desencadenado, pero le interesa más su quietud, la sensación de que puede vaciar una habitación con sólo levantar una ceja. “Lobezno”, afirma, “es un arma tan mortal que no necesita ser usada”. Como dibujante, Claremont elige a John Buscema, aquél que diera sus mayores días de gloria comercial a Conan. Buscema hace años que no oculta su aversión a los superhéroes, pero piensa que la atmósfera de Wolverine va a ser muy diferente a la que se respira en el tradicional cómic Marvel. De hecho, Lobezno no lucirá su habitual uniforme-X, sino que irá de negro de pies a cabeza. Para mal solucionar el hecho de que el mundo piense que Logan, como el resto de los hombres-X, ha muerto en Dallas, Claremont le crea una nueva identidad, Parche, cuya caracterización se limita a añadir tal complemento al rostro del protagonista. Nadie sugiere que quizás un simple parche no es suficiente para que el héroe no sea reconocido. Buscema aconseja un par de variaciones en el peinado, pero Claremont se niega. Ese pelo es uno de los rasgos distintivos de su chico. Como localización, el Padre Mutante crea una ciudad al completo. Madripur es la Casablanca ficticia del sur de Asia, un Singapur imaginario convertido en el destino definitivo de los perdedores al estilo Bogart, refugio también de la basura y la maldad. “En Madripur”, dice Claremont, “el siglo XIX convive codo a codo con el XVIII. La gran riqueza junto a la más pobre de las miserias. Aquí no hay reglas. Todo puede pasar. Todo puede romperse. Es un contexto diferente al de las aventuras de la Patrulla-X. Es el mundo real, con pistolas de verdad, con muertes de verdad. Y Lobezno combatirá el fuego con fuego”. Como en Casablanca, Madripur tiene un local, el Princesa, donde todo el mundo hace contactos, cierra tratos, propone trabajos o compra y vende información. Falta Sam tocando el piano, pero está O’Donnell, el misterioso regente del local. Un sosias del Rick bogartiano incluso en su manera de vestir y hablar.

Como adelanto de lo que va a ser Wolverine, Marvel lanza una peculiar colección llamada Marvel Comics Presents, proyecto largamente planeado que no acaba de confirmarse hasta que DC anuncia la reconversión de Action Comics a un formato similar. MCP es una colección quincenal que, junto a Excalibur, la ya anunciada Wolverine y la batería de nuevos lanzamientos planeados por DeFalco, salta del dólar que cuestan los tebeos normales desde principio de año a un dólar con veinticinco centavos. A cambio, mejor papel e ilustraciones en contraportada. MCP cuenta, además, con más páginas de tebeo y menos de publicidad. En concreto, cada número contiene cuatro seriales de ocho páginas dedicados a diferentes personajes de la casa. Un mutante será siempre la estrella principal, con su nombre en portada. Al serial, en diez partes, de Lobezno, seguirá uno de Coloso que ya prepara Ann Nocenti junto a Rick Leonardi con el material de lo que un principio iba a ser una miniserie. Además, Barry Smith hará un episodio autoconclusivo dedicado también a Lobezno.

Claremont aprovecha la estructura que le ofrece MCP para desarrollar una típica aventura encuadrada en lo folletinesco que refuerza su clasicismo mediante títulos tan obvios como “El bueno” (MCP 1, X 88), “El malo” (MCP 2, X 88), “La chica” (MCP 3, XI 88), etc. Hacia el final, los lectores a tienen una idea bastante definida de lo que van a encontrarse en Wolverine. En quien no piensan es en Jessica Drew y Lindsay McCabe, olvidadas protagonista y secundaria, respectivamente, de Spider-Woman. Claremont las rescata en el primer número de la serie regular para unirlas al plantel de secundarios que habitan Madripur. Un fino observador puede descubrir que Lindsay es la verdadera protagonista de los WOL 1 a 3 (XI 88-I 89). En números sucesivos, tanto ella como Jessica, Karma o una ocasional amante de Lobezno apodada el Tigre destacan tan sólo por debajo de Logan. La serie parece una reunión de viejas amigas. Obligado a escribir colecciones que preferiría que no existieran, Claremont se permite estas pequeñas libertades. Ventajas de las cárceles de oro.

La aparición de Wolverine coincide además con la salida de Ann Nocenti de la oficina-X. Al igual que Weezie Simonson, Nocenti ha ganado el derecho a convertirse en guionista a tiempo completo. En primavera, coincidiendo con el UXM 232 (VIII 88), Bob Harras la sustituye. Harras, hasta ahora encargado de editar X-Factor y de supervisar las apariciones de los mutantes en otros títulos Marvel, se hace cargo de Uncanny, New Mutants, Classic X-Men y Wolverine. A partir de ahora, ayudará a Claremont y Simonson a sostener el intrincado universo mutante en colaboración con Terry Kavanagh, otro de los ayudantes de Nocenti, que pasa a ocuparse de Excalibur. No sólo son tiempos de cambio para los mutantes, sino también para Marvel. A vueltas de verano, New World anuncia la venta de la editorial a Andrews Group, multinacional propietaria de empresas tan dispares como Revlon o Four Star. Los setenta millones de dólares de beneficio que ha tenido la Casa de las Ideas en el último ejercicio son suficiente razón para que los nuevos dueños decidan mantener a Tom DeFalco como director editorial. DeFalco responde ante los accionistas de un consejo de administración, gente que nada sabe, ni quiere saber, sobre cómics. Gente preocupada tan sólo por la cuenta de resultados. “Hubo una época en la que aquí veníamos a divertirnos y hacer buenos tebeos”, recuerdan los más viejos del Bullpen. Aquellos años, con Martin Goodman, Stan Lee o Roy Thomas siempre a pie de obra como responsables máximos de la editorial pertenecen más que nunca al pasado. Para bien y para mal.

1991. EL LANZAMIENTO DE X-MEN Y LA MARCHA DE CHRIS CLAREMONT

Es 1991. Weezie Simonson ya no está. La única preocupación de Bob Harras consiste en retener al dibujante que le ha dado a Uncanny unas ventas mensuales de seiscientos mil ejemplares, un veinticinco por ciento más que en los años precedentes. Por primera vez en más de diez años, Chris Claremont descubre un día que el control ya no está en sus manos. Desde la marcha de John Byrne, el Patriarca Mutante ha regido los destinos de la Patrulla-X. Nadie ha discutido nunca eso. Weezie y Ann comprendían, mejor que nadie, que la fuerza creativa la poseía Claremont. Ahora Weezie ha claudicado, y Ann prefiere hacer otros cómics, como Daredevil o Inhumanos, alejados del huracán mutante. Bob Harras es un tipo diferente, buen conversador, agradable y ambicioso, demasiado ambicioso. Un hombre de empresa que toma decisiones pensando en la cuenta de resultados, a diferencia de aquellas chicas que creían que editar un cómic era supervisar el proceso y echar una mano a los autores. En cuanto a los dibujantes, Claremont se ha preocupado siempre de adecuar sus historias al tipo de artista, una forma inteligente de hacer que todos se sientan cómodos tocando la melodía que les pide ese hombre sabio que conoce mejor que nadie a sus mutantes. Unos (Paul Smith, John Romita Jr.), en su papel de artesanos obedientes; otros (Frank Miller, Bill Sienkiewicz) en perfecta sintonía con el guionista, en una simbiosis de la que salen productos inmejorables. Pero Jim Lee piensa distinto. Tras Proyecto Exterminio surgen las primeras diferencias artísticas entre ambos autores. Jim Lee tiene su propia visión de la Patrulla-X, una visión clara y definida que choca de bruces con la de Claremont. Donde éste le pide escenas de hombres-X hablando, sufriendo, llorando, él dibuja acción, acción y más acción. Patadas, rayos, truenos… y chicas. Muchas chicas. El Sport Illustrated Summer Special con superpoderes, las Playmates de Playboy disfrazadas de Pícara, de Tormenta, de Mariposa Mental. ¿Donde han quedado aquellas mujeres que parecían reales? No se las adivina en esa Pícara de caderas imposibles. Sí, por primera vez en más de diez años, Claremont se ve obligado a plantarle cara a su dibujante. Por primera vez en más de diez años, pierde la batalla.

Bob Harras ha conocido el antes y el después. Como editor de X-Factor, conoció el poder de Claremont sobre Marvel, ese poder que se llevaba por delante guionistas (como Bob Layton) y lo que hiciera falta. Siendo editor de Uncanny, Harras ha visto como los mutantes caían en una peligrosa inercia. Seguían siendo los más vendidos, pero no estaba claro por qué. Cuando en 1991 se disparan nuevamente la ventas, basta un análisis frío y calculado para descubrir la causa. Y la causa se llama Jim Lee. Si la Patrulla-X vive una nueva edad de oro es gracias al Chico Midas. Chris Claremont es ahora, en el mejor de los casos, una parte más del engranaje y, en el peor, el obstáculo que impide a ese engranaje funcionar como debiera. Cualquiera que mire más allá de las quejas del guionista sabría verlo. Bob Harras lo ha visto. Lo ha visto más claro que nunca cuando en la oficina-X trabajaban en las dos nuevas colecciones que han de unirse al Spider-Man de Todd McFarlane. Sí, dos, mejor que una. Sesenta días después del lanzamiento de X-Force, llega X-Men.

X-Men es el spin-off definitivo, porque es el primero que va a superar a la serie madre para colocarse a su altura. “X-Men sin adjetivos. Simplemente X-Men”, repite Harras. Igual que el “Spider-Man sin adjetivos. Simplemente Spider-Man”, de Todd McFarlane. No hay ninguna razón especial para lanzar el nuevo título, salvo tener una plataforma que, al igual que a McFarlane, lance a Jim Lee al estrellato definitivo y a Marvel a las mayores cotas de rentabilidad de su historia. Harras lo tiene claro. La Patrulla-X no es un cómic. Es una franquicia, la Franquicia Mutante. Como Star Wars, como el Pato Donald, como Indiana Jones. Y tiene que dar tanto dinero como todas ellas.

De mala gana, Claremont prepara la nueva serie. De nuevo reuniones, reuniones y más reuniones. De nuevo, discusiones, discusiones y más discusiones. Tom DeFalco se une a un grupo de trabajo formado por Claremont, Harras, Lee y Portacio. DeFalco exige una única Patrulla-X formada por cinco miembros. Sus aventuras se continuarían de un título a otro. Claremont será el guionista de las dos, mientras que Lee dibujará la primera y Portacio la segunda. Tanto Claremont como Harras están en desacuerdo con el director editorial. Por su experiencia haciendo crossovers, saben lo difícil que es coordinar a dos dibujantes diferentes para que se repartan una misma historia. Aunque trabajen codo a codo, como es el caso de Lee y Portacio, los errores de racord y las necesarias correcciones acaban multiplicándose exponencialmente. “Eso es hacer mensual la pesadilla de los crossovers anuales. No estoy dispuesto a pasarme el resto de mi vida pendiente de cumplir las fechas de entrega”, dice el Patriarca Mutante. Cree que cada colección debe tener sus protagonistas diferenciados y una personalidad propia. Por eso propone crear dos Patrullas. Con un montón de personajes a su disposición, quedarse sólo con cinco sería un desperdicio de recursos. Después de tantos años, es incapaz de decidir entre media docena.

Por otra parte, Bob Harras quiere recuperar a los hombres-X originales, al actual X-Factor, e integrarlos de nuevo en la Patrulla-X. A Claremont también le seduce la idea de volver a trabajar con Cíclope o la Bestia. “Vale, tenéis razón”, dice DeFalco. “Haced dos Patrullas”. A cambio, X-Factor pierde todos sus protagonistas, pero Harras ofrece un plan de salvación para la serie que pasa por rescatar a varios mutantes olvidados (Kaos, Polaris, Madrox, Loba Venenosa, Fortachón y Mercurio) y ponerlos a las órdenes del Gobierno. Peter David, el popular guionista de Hulk, se hace con los guiones (XF 71, X-91). “A partir de ahora, X-Factor va a ser la hermanita pobre de los mutantes”, le advierte Harras. “Mejor así”, contesta David.

 

En los meses siguientes, Claremont abandona los guiones de Excalibur, ya que no quiere escribir X-Men en el estado de agotamiento absoluto que ahora padece. En Cruce de caminos (UXM 273-277, II-VI 91) deja todo listo para el lanzamiento de la nueva serie. Por un lado, Magneto y Pícara viven una pequeña historia de amor destinada al fracaso. “Ya estoy comprometido. Tanto como puede estarlo un corazón lleno de fantasmas”, se lamenta Magnus, quien rompe definitivamente las promesas que hiciera. “No soy Charles Xavier. Nunca seré Charles Xavier. Fui un idiota por intentarlo. Como él lo fue, por creer que podría conseguirlo”. Paralelamente, la Patrulla viaja al espacio, donde se encuentra con el Profesor-X, los Saqueadores Espaciales y la Guardia Imperial. Lee altera buena parte de la historia, con el consiguiente enfado de Claremont. En el guión que le entrega al coreano no aparecen los skrulls, convertidos por Lee en los villanos de la aventura. Por otra parte, el dibujante reintroduce los uniformes de la Patrulla-X original sin que vengan a cuento. Molesto con los cambios, el Padre Mutante acude en busca del respaldo de Harras, pero no lo encuentra. “¿Qué quieres que haga? ¿Qué me ponga en contra de nuestro dibujante más rentable?”, pregunta el editor. Las discrepancias no acaban ahí. Los planes de Claremont pasan por matar a Xavier. A partir de esa tragedia y en el plazo de un año, Magneto se vería obligado por lo ocurrido a dar un paso hacia delante y ponerse el manto de héroe tanto si le gusta como si no. Tras escuchar esas intenciones, Harras se niega. Lejos de aceptar la muerte del Profesor-X, el editor pretende (y consigue) que Xavier recupere tanto su viejo papel de maestro de mutantes como su oxidada silla de ruedas. En el colmo del sadismo, el calvo vuelve a perder el uso de sus piernas en el UXM 280 (IX 91), tebeo que antecede cronológicamente al X-Men (XM) 1. Por otra parte, Magneto retorna a su papel de villano, ya que así es como debe aparecer en la nueva colección. Se cumplen de esta forma las directrices de Tom DeFalco acerca de la machacona “vuelta a los orígenes”.

Con Xavier en su sitio, el siguiente paso hacia la nueva colección es decidir qué hombre-X se queda en cada grupo. De nuevo reunido con Lee y Portacio, Claremont propone un pequeño juego.

-Vamos a repartir cromos

Ambas Patrullas vivirán en la Mansión, donde se podrá encontrar a cualquiera de sus respectivos miembros. La separación en dos equipos funciona a la hora de entrar en acción. A partir de la terminología empleada en los submarinos nucleares, Claremont denomina Equipo Azul al que interviene en X-Men, y Equipo Oro al de Uncanny. Ninguna de las dos series va a ser la principal, aunque es obligatorio que Lobezno y Cíclope estén en el Equipo Azul. El resto de los personajes se reparten en función de las preferencias de los dos artistas. Portacio sabe sacar gran partido visual al Ángel y al Hombre de Hielo, ya que los ha dibujado en X-Factor. Pasan, por lo tanto, al Equipo Oro; Gambito, Mariposa Mental y Pícara son personajes redefinidos bajo los lápices de Lee, que se los queda para su colección; Coloso y Tormenta completan el Equipo Oro en tanto que la Bestia y Júbilo cumplen idéntica función en el Equipo Azul.

Ya está todo listo para empezar la nueva serie. La única condición que pone Jim Lee es poder escribirla. Junto a Chris, por supuesto. ¿Cómo dejar de lado al Stan Lee de mi generación, al hombre que, hasta hace unos pocos meses, lo era todo para la Patrulla-X? En menos de un año, Claremont se encuentra a sí mismo argumentando la serie junto a ese Chico Midas salido de la nada. ¿Cómo va a conocer los pensamientos, las reacciones de personajes que le doblan la edad? En un mundo justo, Jim Lee debería, como mucho, escribir los diálogos de Júbilo. Pero no hay justicia en este mundo. Lee quiere historias cortas y sencillas, de tres números a lo sumo. Como un niño con zapatos nuevos, el dibujante disfruta diseñando personajes y uniformes. De su bloc de dibujo surgen los Acólitos, un grupo de fanáticos adoradores de Magneto; Rojo Omega, un Dientes de Sable a la rusa, y Belladonna, la nunca antes mencionada esposa de Remy Lebeau. Ha elaborado también nuevos trajes para Cíclope, Jean Grey y Pícara que siguen el modelo iniciado con la gabardina de Gambito. Sobre las típicas telas de colores chillones aparecen cazadoras, bolsillos, bandoleras… Lee ha creado incluso una silla de ruedas cibernética para Xavier.

Y Claremont se engaña a sí mismo. Cree que todo puede volver a ser como era antes. Antes de que se marcharan Weezie, y Walt, y Ann. Antes de sentirse solo, en medio de una cumbre silenciosa. Antes de que el proceso creativo fuera una lucha diaria contra fuerzas demasiado poderosas. Pero hay una prueba definitiva que le demuestra que el “antes” no volverá. Ha tenido una idea genial, la mejor que se le ha ocurrido en mucho tiempo. Ha pensado un argumento que le devolverá el favor de los lectores, que les mantendrá en suspense durante al menos los dos próximos años. Vale, es exactamente lo contrario a las aventuras breves de Lee. Pero es la bomba.

 

-Perdona, Chris. No entiendo, ¿puedes repetírmelo?-, pregunta Harras, escéptico.

-Voy a matar a Lobezno.

-Otra vez, más despacio.

            -Que voy a matar a Lobezno.

 

Claremont ha meditado la estructura hasta el mínimo detalle. Notas iniciales para los argumentos previstos por el Patriarca Mutante para los veinticuatro próximos meses: El primer número de X-Men representa un nuevo comienzo, algo así como “Bueno, vale, si no nos has leído antes, la cosa funciona de esta manera. Aquí tienes la mansión, los personajes, sus motivaciones y su entorno”. Multiplicamos por tres la gran pregunta final del Giant-Size X-Men 1: ¿Qué hacemos con cincuenta y tres hombres-X? El cómic empieza con una gran secuencia de cinco páginas. Decenas de mutantes peleando con otros tantos villanos. Perfecto para Jim Lee. Aparecen Cíclope y Tormenta. No pelean. De hecho, para ellos, parece como si no hubiera lucha. Están sentados, se pasean, toman notas. La imagen se congela. El lector descubre que lo que ha visto es una simulación creada en la Sala del Peligro. Los líderes de la Patrulla la utilizan para combinar las posibilidades de cada miembro. En las siguientes páginas, prueban varias opciones. “¿Lobezno debe estar en el mismo grupo que Júbilo? ¿debemos dejar de lado a una mutante tan joven? ¿dónde metemos a Jean y dónde a Scott?” Tormenta y Cíclope van desechando unas ideas y quedándose con otras hasta que deciden la formación de los dos equipos (Azul y Oro). En medio de todo esto aparece Magneto. Tenemos la pelea de rigor. Magneto y Xavier han llegado a una separación irreconciliable. Magneto está convencido de que la humanidad le traicionará. Xavier de que no. El hombre de Estado frente al terrorista… ¿quién tiene razón? El lector concluye que éste es un mundo desagradable y que la Patrulla-X tendrá que estar a la altura de las circunstancias. Ahora pasamos al segundo número, donde Dama Mortal arranca el corazón a Lobezno. Ambos mueren. En meses posteriores, tenemos funerales, lloros y lamentos, etc. Entonces aparece La Mano, que secuestra el cuerpo de Logan y lo resucita, como hizo con Elektra. Vemos el largo proceso de recuperación. El factor curativo funciona ahora de una manera muy interesante. Se ocupa sobre todo de reconstruir el corazón, mientras deja de lado las extremidades. Sus brazos y sus piernas comienzan a pudrirse mientras el corazón se regenera. Va a ser algo muy, muy desagradable. En el Uncanny X-Men 294, prevé Claremont, Lobezno ya recuperado se convierte en el líder de La Mano. A partir de aquí, la historia continúa de una serie a la otra hasta que alcance un punto en el que Logan luchará por la bondad de su alma. Y vencerá. Paralelamente, el Padre Mutante calcula cada una de las reacciones de los otros personajes. Van desde la de Cíclope (“Lobezno se ha vuelto malo y hay que acabar con él”), a la de  Xavier, que se muestra inflexible acerca de la necesidad de que Logan vuelva a la luz. Jean Grey y Coloso alcanzarán las posturas más radicales. Mientras la primera decide acudir al rescate de su compañero e incluso fingirá ser su amante, Peter llegará a arrancarle las garras en el curso de una pelea.

 

            -Es el mayor conflicto al que se ha enfrentado la Patrulla-X desde que se fundó. Uno de los suyos, el alma del grupo, será su peor enemigo –concluye Claremont, orgulloso.

-Éso no funciona –responde Harras.

 

No funciona porque Lobezno tiene colección propia, no funciona porque Lobezno tiene que aparecer como invitado especial en la mitad de los títulos que Marvel publica, no funciona porque Lobezno es el héroe favorito de todos los chicos que compran Uncanny y que comprarán X-Men. ¿Cómo les explicas a esos chicos que ahora es uno de los malos? No funciona.

Llegados a ese extremo, la discusión se traslada al despacho de Terry Stewart, el presidente de la compañía. Éste da la razón a Harras. Que quede claro: esta empresa funciona como una máquina. Cada mañana vienes aquí, pulsas las teclas adecuadas, el engranaje se pone en marcha y todos somos felices. Pero mucho cuidado con mover ese engranaje, aunque sea para mejorarlo, porque lo estropearás. Cada pieza en su sitio, cada trabajador en su sitio. Es la prueba definitiva. Claremont está invitado a escribir las historias de los hombres-X siempre que se pliegue a los dictados de Bob Harras; siempre que no tenga inconveniente en compartir créditos con Jim Lee; siempre que sea el dialoguista que exigen que sea.

 

-No pienso quedarme para ayudaros a destruir lo que he tardado diecisiete años en crear.

-Yo no lo veo así –sostiene Harras.

-Ya sé que tú no lo ves así, pero yo no tengo otra alternativa. Que te jodan. Me voy.

 

Pueden hablar durante horas, pero no lo hacen en el mismo idioma. Claremont se pregunta si alguna vez lo han hecho. Durante las semanas siguientes, sólo se comunican mediante fax porque ambos quieren una copia escrita de cada cosa que dicen. En prensa, Marvel anuncia que “Chris Claremont va a tomarse un pequeño descanso de un año durante el que no escribirá ningún cómic”. El aludido, al que todavía intentan convencer de que dé marcha atrás, salta a la palestra para exponer los trapos sucios y dejar claro que su cese tiene carácter irrevocable. En un principio, no quiere siquiera comenzar X-Men, pero su mujer le convence para que el primer número de la nueva serie, del que se esperan ventas millonarias, sea el de su finiquito, un dinero que necesitan para la hipoteca. Haré X-Men 1 porque creo que me lo he ganado, afirma. En Marvel responden: “De acuerdo, podremos vivir con eso”.

Nunca antes en toda su vida Claremont se ha sentido más triste. No es así como deben escribirse los tebeos, no es así. Deberías disfrutar haciéndolos, leyéndolos. Debería ser la clase de cosas donde tú te sientas y hablas de los personajes, las aventuras y el sentido que hace que todo encaje. Pero eso se acabó. Cuando empieza a desarrollar su última historia, ésta se alarga a tres espectaculares episodios (XM 1-3, X-XII 91) en los que Magneto y Charles Xavier llevan su viejo enfrentamiento hasta un punto de no retorno. El Amo del Magnetismo muere entre fuego y gloria, traicionado por uno de sus Acólitos y salvando la vida a la Patrulla-X con su último aliento. “Te devuelvo tu sueño, Charles. Pero me temo que, con el tiempo, cuando comprendas que nunca fue más que la esperanza de un loco, te romperá el corazón. Adiós, viejo amigo”, son sus últimas palabras.

Marvel pone a la venta cinco versiones diferentes del X-Men 1. Vende siete millones y medio de ejemplares, el doble de los conseguidos por el X-Force (XFO) 1 (VIII 91). Gran parte de la tirada va a manos de especuladores; otra queda en poder de los libreros especializados y una mínima porción, no más del diez por ciento, acaba en las estanterías de los aficionados. Con esos beneficios en la mano, la marcha de Claremont se considera una pérdida aceptable. El Padre Mutante conoce en carne propia el precio que le ha costado su sueño de autonomía creativa. Aprende que también se puede morir de éxito. Sus casi dos décadas al frente de la strip son reducidas a la nada, al polvo absoluto. En Marvel demuestran una dramática falta de perspectiva histórica. Tom DeFalco no mueve un dedo por evitar lo inevitable. ¿Por qué? Tiene siete millones de razones. Importa más el día a día. Importa más una gloria pasajera de cartón-piedra que sueñan convencidos será permanente. Jim Lee se queda, ¿no? Eso es suficiente. También ahí se equivocan. Tampoco eso les importa.

Boceto inicial y final de la portada de X-Men 1

Es verano de 1991. Jim Lee asiste a la San Diego Comic Con. Los guardias de seguridad hacen ímprobos esfuerzos para que el millar largo de fans deseoso de conseguir la firma de su ídolo mantenga el orden y la compostura. Las colas se forman por riguroso orden de llegada. Cada aficionado recibe un número que ha de presentar en su debido momento. No hay dibujos, el alto número de congregados lo impide. Jim Lee tan sólo puede firmar tres ejemplares por cabeza. “Eres el mejor, Jim. Quiero ser como tú”, o algo así, vienen a decir ocho de cada diez chavales. Los dos que quedan apenas son capaces de dar las gracias por la rúbrica, impresionados ante la presencia del que juzgan Dios del Cómic. El Chico Midas no se cree lo que está viviendo. Todos quieren ser su mejor amigo. En apenas un año se ha hecho millonario. Marvel acaba de anunciar que, tras el X-Men 3 y el Uncanny X-Men 281, él y su amigo Whilce Portacio asumirán los destinos del Universo Mutante. “Quiero dejar huella”, afirma Lee. “Me gustaría hacer unos cincuenta números”. Muchos son los que respiran aliviados ante la salida de un guionista que, dicen, escribe por mera costumbre desde largo tiempo atrás. Confían en que el Chico Midas y su gente sepan dar a la strip un soplo de aire fresco. ¿En qué consiste? Lee sabe que lo suyo no son los argumentos complicados o los personajes dolientes. Nada de llorones ni de historias que se alargan durante años. En su lugar, habrá más acción, más viñetas grandes, menos diálogo que tape sus dibujos y aventuras que, como mucho, duren cuatro números, que luego los lectores no se aclaran.

Es verano de 1991. Claremont hace su primera aparición pública desde que ha abandonado X-Men. Yo salvé la industria del cómic en los años setenta y volveré a salvarla en los noventa, proclama. Tiene proyectos, muchos proyectos. El pasado es prólogo, el futuro que preveo es la guerra. Va a dar a DC unos héroes, Sovereign Seven, de los que mantendrá la propiedad intelectual para evitar las injerencias editoriales. Unos héroes que van a significar el siguiente paso de excelencia no en su carrera, sino en la historia del medio. Pero Claremont no sólo escribirá cómics. Va a escribir más novelas. En solitario y en compañía de George Lucas. Primero el cómic, luego la narrativa pura y, por último, el cine. Todos rendidos a sus pies. “Señor Claremont”, pregunta uno de los asistentes, “¿qué cree que va a ser de X-Men sin usted?” X-Men, dice Claremont, caerá por su propio peso. Dentro de unos meses, nadie comprará X-Men.

Pocos son los que escuchan sus palabras. Menos aún los que las creen.

 

NOCHES DE MADRIPUR: LA HISTORIA DE CÓMO LOBEZNO CONSIGUIÓ COLECCIÓN PROPIA

Los Vengadores, Los 4 Fantásticos y Spiderman fueron los personajes de cómic más importantes de los años sesenta y setenta, pero, en las décadas posteriores, La Patrulla-X en general y Lobezno en particular se añadieron a ese selecto Olimpo en el que sólo caben unos pocos elegidos y en el que la renovación es poco menos que un sueño imposible.

El ascenso del mutante de las garras de adamántium fue lento, pero imparable, culminado con su transformación en personaje de cine y televisión, pero mediatizado por un alto en el camino que marca un antes y un después: el lanzamiento de su propia serie mensual. Aquel era un sueño largo tiempo acariciado por los fans, que, hasta 1988, fecha del lanzamiento de la cabecera, se habían tenido que conformar con contadas aventuras de Logan en solitario, tanto dentro como fuera de las páginas de La Patrulla-X. A ese respecto, hay que tener en cuenta que, en un primer momento, los lectores no estaban demasiados interesados en Lobezno, hasta el punto de que más de uno exigió su eliminación y el guionista Chris Claremont llegó a planteársela. Fue la llegada de John Byrne a los mutantes la que permitió un giro radical y lanzó a Lobezno hasta el estrellato, en un proceso que puede contemplarse en los dos primeros volúmenes de Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X, donde se recopilan los cinco años iniciales de los nuevos hombres-X. En ellos, la participación de Logan va en aumento, hasta resultar determinante en unas pocas historias, como el viaje a Canadá en el que los mutantes se enfrentan con Alpha Flight o “Días del futuro pasado”, en donde se presentaba a un Lobezno maduro y canoso en un futuro apocalíptico. Sin embargo, y salvo alguna historia corta completamente anecdótica, hasta Uncanny X-Men #162 USA (1982. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X nº 4) los lectores no contemplaron una gran aventura en la que Logan fuera el único y exclusivo protagonista. Aquella historia, en la que luchaba contra los alienígenas de El Nido y conseguía eliminar al embrión que trataba de crecer en su interior, se quedó en la memoria de los aficionados como un momento verdaderamente especial. Pero era insuficiente: querían más… Y Marvel no tardó en dárselo.

 

Apenas un par de meses más tarde, vio la luz la mítica primera miniserie de Lobezno, cuatro memorables números realizados por Claremont con dibujos de Frank Miller y ambientados en Japón, que además de recibir la aclamación de público y crítica lograron unas ventas extraordinarias. No es extraño que, en cuestión de dos años, Marvel lanzara una secuela, en la que Lobezno compartía cartel con su compañera Kitty Pryde, también con Japón como escenario. Para entonces, las peticiones de que Logan tuviera una colección mensual ya era un clamor dentro de la editorial. Chris Claremont, sin embargo, no lo tenía claro: el que había sido casi el único guionista del personaje hasta entonces era muy celoso de su trabajo. No estaba dispuesto a que ningún otro autor tocara a sus mutantes y tampoco acababa de encontrar tiempo para encargarse él mismo del ansiado proyecto. Además, ¿cómo podría coordinar todas esas aventuras al margen de La Patrulla-X con las que vivía el héroe dentro del grupo? Las anteriores miniseries ya habían supuesto un gran esfuerzo en ese sentido. Convertir lo esporádico en permanente no podía sino traer quebraderos de cabeza.

 

Sin embargo, la insistencia de Marvel fue tal que, al fin, Claremont logró encontrar la fórmula para que todo encajara. Tras una épica saga titulada “La caída de los mutantes”, La Patrulla-X había pasado de estar en su plácida mansión de Salem Center a establecerse en una aldea abandonada en el desierto australiano. Mientras el mundo entero creía que sus integrantes habían muerto y un hechizo impedía que sus imágenes fueran recogidas por medios tecnológicos, los héroes llevaban a cabo incursiones furtivas allá donde eran requeridos, mediante la ayuda de Pórtico, un nuevo miembro del grupo capaz de teleportarles allá donde fueran necesarios. Por tanto, no era demasiado complicado que Logan hiciera, de vez en cuando, escapadas que le llevaran lejos, muy lejos, donde pudiera ser un hombre distinto al que los lectores conocían.

 

Claremont siempre ha sostenido que Lobezno es un personaje universal y atemporal, la moderna encarnación del aventurero arquetípico que podía haber vivido en cualquier lugar y época: El Conan de los tiempos pre-cataclísmicos, el Han Solo de una galaxia muy lejana… O el Rick Blaine de Casablanca. Siguiendo el ejemplo, el guionista creó una nueva personalidad para Logan, la de Parche, que guardaba un buen número de paralelismos con el mítico personaje cinematográfico. Al igual que éste, contaba con un pasado envuelto en brumas, era un tipo de vuelta de todo, pero honorable y de fuertes convicciones, que había pagado un alto precio por mantenerlas. Además, disponía de un bar ubicado en un lugar exótico que recibía las visitas de los más diversos clientes.

 

El Rick’s Café se convertía entonces en el Princesa, mientras que Casablanca se transformaba en Madripur, una ciudad imaginaria, al sur de Singapur, “donde el siglo XXI vive hombro con hombro con el XVIII”, decía Claremont. En definitiva, el escenario perfecto en el que incluir a Lobezno. No es extraño que, para insistir en ese toque de aventura clásica, el guionista eligiera como compañero de viajes a John Buscema, el veterano artista que había dibujado Conan durante tantos y tantos episodios y que encajaba a la perfección en las premisas que tendría la nueva serie. Ésta vio la luz con fecha de portada de noviembre de 1988, aunque antes contó con una introducción de diez entregas, contenido en la revista Marvel Comics Presents y publicado en los meses precedentes.

 

Este volumen ofrece tanto ese prólogo como los cinco primeros episodios de la colección propiamente dicha. En ella, quedó marcado a fuego el momento en el que Lobezno adquirió independencia y vida propia. Es el instante trascendental en el que el más popular mutante que jamás haya existido se elevó sobre sí mismo, para alzarse como un mito moderno, quizás el último de los muchos que ofreció el siglo XX.

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Héroes. Lobezno: Noches de Madripur

MONOGRÁFICO JIM LEE 5: DE LA TIERRA SALVAJE AL ESPACIO… Y MÁS ALLÁ

La reunificación de La Patrulla-X, desbandada desde casi dos años atrás, se llevaría a cabo durante una extensa aventura que Chris Claremont y Jim Lee desarrollarían en Uncanny X-Men #269-277 USA. Tres de esos episodios, sin embargo, interrumpirían la narración para dar cobijo a un cruce con otras series mutantes, denominado “Proyecto Exterminio”. 

Aquella epopeya partiría de dos enclaves recurrentes en el pasado de los mutantes, tan fundamentales como antitéticos: la Tierra Salvaje, paraíso perdido en el que la evolución se había detenido y los pocos humanos que allí había convivían con dinosaurios, y la galaxia Shi’ar, imperio galáctico gobernado por viejos amigos de los mutantes, y donde llevaba largo tiempo aparcado el Profesor Xavier, personaje que Claremont prefería mantener alejado de sus alumnos. En la ecuación también entraría Pícara, integrante de La Patrulla-X cuya imagen, en manos de Lee, cambiaría radicalmente: la que antaño fuera la tipa dura del grupo, la antigua villana que se había ganado su puesto con sangre, sudor y lágrimas, se descubría de pronto como una auténtica belleza sureña, con un encanto que seduciría tanto a los lectores como a los protagonistas del cómic… ¡Incluso el mismísimo Magneto!

 

En cuanto a Magneto, había desarrollado una evolución modélica a lo largo de los años, que le había llevado a pasar de peor enemigo de los mutantes a valioso aliado. Los planes de Claremont pasaban por arrastrar a Magnus, uno de sus personajes favoritos, hacia una encrucijada en la que se viera obligado a asumir el papel de líder del equipo. Tales previsiones, sin embargo, se verían posteriormente frustradas por la editorial, desde la que se le exigiría a Claremont que devolviera sus galones de villano al Amo del Magnetismo… Pero en estos episodios se hacen patentes las intenciones del escritor.

La mencionada no sería la única fricción que se viviera detrás de las bambalinas, entre el veterano y respetado autor, Claremont, y la nueva atracción de la ciudad, Lee. A la hora de dibujar la historia, éste introduciría algunos cambios en el guión, como por ejemplo la presencia de los Skrull de Guerra, unos villanos que no estaban contemplados en el argumento entregado por Claremont, lo que motivó nuevas protestas del escritor. Bob Harras desoiría las quejas para apoyar a su dibujante y tenía buenas razones para hacerlo: las ventas estaban subiendo como la espuma, los lectores sentían que la colección había recuperado el pulso de sus mejores años, y muchos comparaban el tándem creativo de Claremont-Lee con el de Claremont-Byrne, mitificado en la memoria de los lectores como uno de los mejores de la historia del cómic.

 

Dinosaurios y extraterrestres. Villanos arrepentidos de aspecto regio y espías de lujo. Naves espaciales y praderas interminables. La Patrulla-X volvía a ser “el tebeo que había que leer”.

 

Artículo aparecido originalmente en Maestros Marvel: Jim Lee

MONOGRÁFICO JIM LEE 4. AVENTURA EN MADRIPUR

Un mes más tarde de su debut como dibujante regular de Uncanny X-Men, ya sin Portaccio, pero siempre con Williams, Jim Lee se embarcaría en la que sería considerada una de las mejores historias de esta etapa, aunque simplemente se trate de un sencillo episodio autoconclusivo. La trama sigue los pasos de Lobezno, Júbilo y Mariposa Mental tras los acontecimientos de “Actos de Venganza”, y les lleva hasta Madripur, la isla sudoriental que utiliza habitualmente Logan como base de operaciones y en la que, durante la Guerra Mundial, se desarrollara una extraordinaria aventura del mutante de las garras de Adamántium junto al Capitán América, cuya narración en forma de flashback complementaba el episodio.

 

 

Aquel cómic se convirtió de inmediato en objeto de adoración por parte de los lectores, a causa de múltiples motivos. Claremont dejaba de lado la gran saga que llevaba desarrollando desde más de un año atrás, con los mutantes yendo y viniendo del Lugar Peligroso, para centrarse en un suceso del pasado de Lobezno, raro manjar que en contadas ocasiones el guionista llegaba a ofrecer a sus seguidores. “Caballeros de Madripur” se erige así como un clásico instantáneo que juega con los elementos de la mejor de las películas de Indiana Jones: un enclave neutral a la par que exótico donde la Segunda Guerra Mundial se desarrolla de manera subrepticia; héroes sin tacha aliados con otros vigilantes, de moralidad más cuestionable, mujeres de curvas imposibles y glamour insuperable, villanos de negro corazón que tan pronto visten el uniforme nazi como el traje de ninja… 

Parecía un filme de Lucas y Spielberg con la mejor fotografía posible: Jim Lee dotó a aquella aventura con mayúsculas de épica y grandiosidad. Y los lectores no podían dejar de preguntarse: “Si es capaz de hacer esto sólo con Lobezno y sus acompañantes, ¿hasta dónde llegará cuando se reúna el grupo al completo?”.

 

Artículo aparecido originalmente en Maestros Marvel: Jim Lee

MONOGRÁFICO JIM LEE 2. ACTOS DE VENGANZA

En 1989, los mutantes de Marvel atravesaban un momento complejo. Las enrevesadas tramas de Chris Claremont habían alcanzado un punto de catarsis a partir del cual lo imposible era probable. La Patrulla-X había muerto ante las cámaras de televisión para luego, lejos de ojos indiscretos, volver a la vida y asumir el papel de leyenda urbana. Como consecuencia de ello, sus miembros ya no podían ser detectados por medios mecánicos y habían cambiado su residencia hasta un pueblo perdido de Australia, donde Claremont complicaría aún más sus vidas. Acosados por sus enemigos, cada uno de los hombres-X había saltado a otra dimensión, llamada el Lugar Peligroso, de la que regresaban completamente alterados. 

 

Mientras discurría aquella historia-río, Bob Harras, entonces responsable editorial de las colecciones mutantes, se encontró con un pequeño problema. Durante los meses de verano, la serie aparecería quincenalmente. El dibujante habitual, Marc Silvestri, que ya acumulaba unos cuantos retrasos, no podría acometer tantas entregas. Al menos tres de ellas debían ser cedidas a otro autor.

Por entonces, Harras ya se había fijado en Jim Lee, quien más pronto que tarde estaba llamado a misiones de mayor envergadura que la colección secundaria de Punisher. Pero el editor nunca había trabajado con él, así que primero le puso a prueba. Le encargó que dibujara, a toda prisa, el The Uncanny X-Men #248 USA (1989). No era un cómic fácil, pero quince días después, Harras tuvo en sus manos las 22 páginas y la portada, todas de una elevada calidad. Era evidente que Lee podía acometer aquellos tres episodios veraniegos, de suma importancia no ya para su futuro, sino para el de la industria del cómic.

Dicha aventura (The Uncanny X-Men #256-258 USA, 1989-1990) estaba encuadrada dentro de “Actos de Venganza”, una saga que, pese a leerse de forma independiente, enlazaba con otros títulos de la editorial. La premisa era, cuanto menos, interesante: los grandes villanos se intercambiaban entre ellos a sus principales enemigos, lo que daba lugar a situaciones nunca antes vista. Por ejemplo: mientras Magneto estaba batallando contra Spiderman, a La Patrulla-X le tocaba enfrentarse con… ¡El Mandarín! Sin embargo, a causa de la diáspora al Lugar Peligroso, de los hombres-X sólo quedaba en pie Lobezno y una joven ayudante, recién adquirida por Logan, llamado Júbilo. Al lado del criminal, por contra, los lectores descubrirían una insospechada presencia: la de una antigua mujer-X que, tras pasar por el Lugar Peligroso, incluso cambiaba de raza.

 

Había llegado su oportunidad y no la iba a desaprovechar. En esos tres números, Jim Lee explotó sus habilidades hasta el paroxismo: composiciones cinematográficas, detallismo casi enfermizo, figuras humanas perfectas y en posturas de revista… Todo eso estaba presente en uno de los guiones más inspirados de Claremont. El escritor había contado durante su carrera con compañeros de viaje capaces de sacar todo el jugo a su prosa, como John Byrne, Paul Smith, Bill Sienkiewicz, Frank Miller, John Romita Jr. o Arthur Adams. Sin embargo, llevaba largo tiempo sin encontrar un aliado con el que alcanzar los niveles de éxito logrados junto a los anteriormente mencionados.

Lo más sorprendente es que Jim Lee no era todavía el dibujante fijo de La Patrulla-X, sólo un mero sustituto. Pero aquellos memorables episodios bastaron para que todos, lectores y aparato editorial, ansiaran que asumiera tal posición, algo que ocurriría apenas unos meses después.

Artículo aparecido originalmente en Maestros Marvel: Jim Lee

LOBEZNO Y LA PATRULLA-X DE JASON AARON: ESTUDIOS SUPERIORES DE MOLONERÍA

“Regénesis” dividió a La Patrulla-X en dos grupos claramente diferenciados, lo que se tradujo en el lanzamiento de sendas colecciones, que se aproximaban al concepto de los mutantes de Marvel desde perspectivas contrapuestas. Mientras La Imposible Patrulla-X apostaba por la sofisticación en las historias escritas por Kieron Gillen, y el espectáculo, de la mano del dibujo de Carlos Pacheco, en Lobezno y La Patrulla-X, el equipo formado por Jason Aaron y Chris Bachalo optó por la ruptura, la extravagancia y por no tomarse demasiado en serio los habituales dramas del mundo mutante. Logan reabría la vieja escuela del Profesor Xavier, pero todo era distinto, desde el nombre de la academia a los métodos de enseñanza, pasando por un alumnado rebelde y un patio de colegio capaz de zamparse a las visitas no deseadas. Nunca fue más divertido ir al colegio.

 

 

Olvídate de lo que hayas leído anteriormente sobre La Patrulla-X. Esta colección, que arranca en el tomo que tienes en tus manos, está hecha para tirar a la basura todos los esquemas y todas las ideas preconcebidas. Es un cambio radical de paradigma, pero también es el perfecto ejemplo de lo que deberían ser siempre los cómics de mutantes: algo único, desafiante, y no una compra por inercia, para leerla y olvidarla inmediatamente. Desde que Grant Morrison pasó por los pasillos del Instituto Xavier, allá por el comienzo del siglo XXI, nadie se había atrevido a tanto. Esta serie es en lo que se convierte La Patrulla-X cuando se la libera de restricciones, ideas manidas, exceso de control editorial y miedo escénico. El responsable de tanto atrevimiento es un tipo calvotora (no, no es Charles Xavier) y barbudo, llamado Jason Aaron, que si un día te lo encuentras en un callejón oscuro lo mismo sales corriendo, pero que si te paras a conocerle y a conocer lo que escribe, seguro que lo que querrás es irte de copas con él. La carrera del señor Aaron ha sido fulgurante: Algún avispado editor de Marvel le echó el lazo después de leer esa maravilla titulada Scalped y publicada dentro de Vertigo. Desde entonces no ha hecho más que subir enteros su figura dentro de La Casa de las Ideas. Primero con una imaginativa etapa del Motorista Fantasma y luego con la más estimulante época que haya atravesado la colección de Lobezno en décadas. Cuando parecía que había alcanzado la cima, Aaron nos reta, a nosotros y a Marvel. Se lanza al vacío y echa a volar, de la mano del propio Logan y todos los personajes que pululan alrededor de su heterodoxa escuela.

 

El concepto mismo de La Patrulla-X como una escuela para que los mutantes que acaban de descubrir sus poderes aprendan a controlarlos y a convivir con esos humanos siempre tan suspicaces por la posibilidad de que aparezca alguien que los aniquile con sus rayos ópticos estaba en desuso. En realidad, a lo largo de la historia del grupo, muy pocos autores lo han explotado al máximo o siquiera han manifestado interés por hacerlo. En tiempos de Stan Lee y Jack Kirby, la escuela de mutantes se limitaba a cinco alumnos, lo que convertía su única clase en la que ofrecía el mejor ratio profesor-alumno que se haya visto jamás. La siguiente generación de estudiantes, ya en los años ochenta, no fue mucho más abultada. Los Nuevos Mutantes empezaron siendo también cinco. Y, cuando una década después, La Escuela del Profesor Xavier para Jóvenes Talentos pasó a estar dirigida por Sean Cassidy y Emma Frost y a educar a los chicos de Generación-X, el número se mantuvo igualmente manejable, aunque irreal: no podía compararse con ningún colegio o instituto que estuviera en la cabeza de nadie.

 

Es, verdaderamente, con Grant Morrison, ya en el siglo XXI, cuando el rebautizado Instituto Xavier se transformó, de verdad, en un centro de enseñanza con un elevado número de alumnos, y con todo lo que eso significa: un claustro de profesores, clases normalizadas, taquillas en los pasillos, exámenes, hermandades, riñas, rivalidades y amoríos… Fueron los años de la Academia-X, que también tocaron a su fin en un momento dado, cuando el empuje dramático de los acontecimientos obligó a un enfoque más proactivo para los mutantes. La única lección que tuvieron que aprender los que escaparon del Día-M fue la de mantenerse con vida todo el tiempo que pudieran. Pero esos tiempos quedaron atrás después de “Complejo de Mesías”, y ahora es el momento de construir un nuevo espíritu.

 

Para ello, Aaron se vale de un peculiarísimo elenco, en el que se combinan personajes referenciales del Universo Mutante en una posición inesperada: Logan y Kitty Pryde de directores, Bobby Drake, también conocido como El Hombre de Hielo, de contable…  Junto a ellos, se sitúan personajes con un carácter más marginal pero destinados a dar mucho juego, desde El Sapo a Doop, sin olvidarnos de Quentin Quire, la cita morrisoniana de Aaron que ya utilizara en Patrulla-X: Cisma. De allí provienen de igual forma los villanos que marcan el contrapunto de la serie: Kade Kilgore y sus amigos dan nueva vida a un Club Fuego Infernal que ha dejado atrás los trajes horteras, las luchas intestinas y la decadencia decimonónica, pero que es igualmente peligroso.

 

A tan chispeante propuesta se le suman unos cuantos grados más de locura gracias al dibujo de Chris Bachalo y Nick Bradshaw, artistas que se alternan en la cabecera y cuyo estilo, que amalgaman multitud de influencias, escapa al canon tradicional de los superhéroes. Ya en el tomo que tienes en tus manos, puedes ver una amplia muestra de las capacidades de ambos, junto con un montón de sorpresas más, que van desde el peculiar jardín de nuestra escuela a los alumnos de intercambio, de un catálogo de asignaturas que deja con la boca abierta a los embarazos inesperados.

 

Con Lobezno y La Patrulla-X, Jason Aaron y sus compañeros de aventura se decidieron a conseguir una colección distinta, que entusiasmara al lector y que le hiciera desear cada nuevo número con la pureza del verdadero creyente que necesita saber lo que ocurrirá a continuación. Y a fe que lo lograron.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Deluxe. Lobezno y La Patrulla-X nº 1

INTERCAMBIO DE MENTES: EL TEMOR AL SALTO DEL TIBURÓN DE ULTIMATE SPIDER-MAN

La muerte de Gwen Stacy, ocurrida en Ultimate Spiderman: Matanza, sumergió la serie en una oscuridad que ya venía creciendo desde varias aventuras atrás, con la aparición de Veneno y la ruptura temporal entre Peter y Mary Jane. Las aventuras de Spiderman siempre han sido característicamente agridulces, por lo que una excesiva carga negativa podía alejar demasiado al personaje de su espíritu fundacional. Brian Michael Bendis necesitaba romper la inercia en la que parecía haber caído su encarnación del Hombre Araña y para hacerlo optó por una idea que había tenido su editor Nick Lowe y que le pareció fundamentalmente estúpida. Al menos la primera vez que la escuchó.

 

¿Has visto cualquiera de esas películas en que un adulto se mete en la cabeza de un niño y viceversa? Causaron sensación en los años ochenta, hasta casi convertirse en un género en sí mismas. Todo empezó con De tal astilla, tal palo (1987), con la entonces estrella adolescente Kirk Cameron en el papel de un chaval que intercambiaba el cuerpo con su padre, encarnado por Dudley Moore. El filme estaba ligeramente inspirado por Viernes loco (1975), largometraje en el que también se producía un embrollo similar, aunque en este caso era con madre e hija. Fue precisamente esta última película la que usó Nick Lowe, el coordinador de la edición americana de Ultimate Spiderman, para comentarle a Brian Michael Bendis que, de cara a dejar atrás la tristeza imperante tras la muerte de Gwen, no estaría mal hacer algo similar entre el trepamuros… y Lobezno. El guionista, al que nunca antes le había propuesto una trama ningún editor, tuvo palabras amables con Nick, de quien estaba convencido que algún día llegaría incluso a ocupar el puesto de Joe Quesada… Pero la idea le parecía horrible.

 

Solo que en aquel entonces, una de sus hijas pasaba por el periodo que suelen atravesar en algún momento todos los niños, cuando se obsesionan por alguna película y no dejan de verla una vez tras otra. Lo más divertido es que la cinta que tanto le gustaba a la pequeña no era otra que Viernes loco. La ponía constantemente, y en muchas ocasiones estaba su padre junto a él. Tras repasar el filme hasta la extenuación, Bendis tuvo que dar su brazo a torcer y reconocer que la ocurrencia de Lowe no era tan mala, después de todo, y que incluso podría dar para unas cuantas situaciones bastante alocadas y divertidas. Sería la manera adecuada de poner de nuevo el tren sobre los raíles.

 

Los lectores necesitaban y anhelaban un giro inmediato. La muerte de Gwen, que había cogido con la guardia baja, les disgustó tanto que muchos no dudaron en enviar sus quejas a la editorial, tal y como había ocurrido con la historia clásica en que el Duende Verde asesinaba a la entonces novia de Peter Parker. Al contrario que lo sucedido en el cómic que escribiera Gerry Conway y dibujara Gil Kane en 1973, la tragedia carecía de cualquier rasgo de épica o de cualquier posibilidad de desquite. A la Gwen original la asesinaba el Duende Verde, que quería así dañar al trepamuros, y tenía como consecuencia, en último término, el fallecimiento de éste. La historia, por triste y difícil de aceptar que fuera, se orquestaba como una fábula moral. La muerte de la Gwen de Ultimate Spiderman, en cambio, tenía una aleatoriedad total que la hacía mucho más cruda. Gwen había encontrado la parca porque estaba en el lugar y en el momento equivocados. Matanza tampoco era un villano convencional que llevara a cabo una acción consciente: tan sólo era una criatura amorfa que deseaba convertirse en humana. Más allá de que el método respondiera a las herramientas del buen escritor naturalista que es, Bendis tenía sus razones para que el fin de Gwen fuera así de cruel y sin sentido. Lo necesitaba para llevar la colección y la vida de Peter por la dirección que se disponía a tomar, pero muchos lectores, sin la visión de conjunto, no quisieron tener en cuenta nada de todo eso. Perdieron parte de la confianza que habían depositado en la que, hasta ese momento, era una serie muy especialmente querida por ellos. Algunos identificaron la muerte de Gwen como “el salto del tiburón”, una expresión propia del medio televisivo que se usa para señalar el momento en que una serie que entusiasma a multitud de seguidores pierde su esencia y comienza su decadencia, en muchos casos hasta finalizar con la cancelación.

 

Como demostraría el paso del tiempo, Ultimate Spiderman no sólo había evitado el salto del tiburón, sino que nunca lo llegaría a conocer. Brian Michael Bendis reivindicaría el producto una y otra vez, de las más imaginativas maneras, y la irreverente aventura de Spidey y Lobezno sería el detonante de uno de esos cambios inesperados. La historia, de apenas dos episodios, no sólo insuflaría nueva vida a la cabecera, sino que sería recibida con alborozo por los aficionados, que no esperaban nada similar. Joe Quesada se acercó para felicitar a Bendis, que no acababa de creerse la reacción, proponiéndole que cada año repitieran la broma, hasta convertirla en una tradición, a lo que el guionista respondió con una sonora negativa: ¡jamás repetiría aquello!

 

Se equivocaba: ocho años después, el relato sería adaptado por el propio Bendis, para materializarse como el décimo episodio en la primera temporada de la teleserie de dibujos animados de Ultimate Spider-Man. Ésta a su vez estaba influida por el tono absurdo y endiablado de aquel intercambio de cuerpos entre Spidey y Lobezno. Apenas fueron dos números, pero quedaron grabados en el recuerdo de los lectores como algo muy especial.

 

En los siguientes episodios, siguiendo con la recepción de invitados especiales, y después de que la saga con Lobezno hubiera dado también pie a la aparición de La Patrulla-X, entraba en juego La Antorcha Humana. En los cómics clásicos, Spidey y el más joven de Los 4 Fantásticos siempre han mantenido una profunda amistad que ha ido creciendo con el paso de las décadas. Bendis trasladaba la relación hasta el Universo Ultimate, pero poniendo el acento en las identidades civiles de los héroes. A renglón seguido, La Antorcha cedería el testigo al Doctor Extraño, otro personaje con fuertes lazos con Spidey no siempre explorados en profundidad. Por debajo de todas esas historias, latía el sentimiento de Peter, Mary Jane y todos los demás secundarios, tratando de superar la pérdida de Gwen, cada uno a su manera. Estaban creciendo y, en palabras de Bendis, comprendiendo que las cosas cada vez serían más duras.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 14

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