LA SAGA DE FÉNIX OSCURA: EL NACIMIENTO DE UN MITO

Eran el patito feo del Universo Marvel. Frente al drama adolescente de Spiderman, a la épica de Los Vengadores o la ciencia-ficción sofisticada de Los 4 Fantásticos, las andanzas de cinco chavales a las órdenes de un señor calvo no conseguían concitar la atención y el cariño de las masas. La Patrulla-X de Stan Lee y Jack Kirby nació en 1963, en plena ebullición creativa de La Casa de las Ideas, y lo hizo a partir de una idea tan inteligente como sugestiva: la existencia de un nuevo tipo de personas, dotadas con superpoderes como consecuencia de su herencia genética. Así vieron la luz los mutantes, en un contexto de miedo atómico y reivindicación de minorías, porque ahí sí acertó Stan Lee: cuando convirtió a sus hombres-X en marginados por su condición racial. Las mismas turbas que desconfiaban de Spiderman saltaban enfurecidos y aterrorizados ante la simple idea del homo superior, el siguiente eslabón en la cadena de Darwin, aquellos llamados un día a sustituir al homo sapiens. ¿Qué podían hacer los mutantes, frente a quienes los odiaban? “Aprender a convivir con ellos y enseñarles que no tienen que temernos”, decía Charles Xavier, el maestro que había dado un propósito vital a Cíclope, El Ángel, La Bestia, el Hombre de Hielo y la Chica Maravillosa. “Aniquilarlos y dominarlos”, respondía Magneto, su contrapartida malvada, en una dialéctica que situaba a Xavier en el papel de Martin Luther King y al Amo del Magnetismo más próximo a las invectivas de Malcom X.

 

Era un concepto en cierta forma revolucionario, tanto que llegó demasiado pronto para conseguir la aceptación entre los lectores. Bien hay que decir que sus autores tampoco consiguieron sacarle todo el partido posible, ya que Stan y Jack abandonaron la cabecera demasiado pronto, cuando apenas empezaban a apuntar maneras, e incorporar elementos tan sugestivos como el de Los Centinelas, robots asesinos de mutantes que presagiaban un futuro oscuro para toda la humanidad. Sólo algunos años más tarde, el imaginativo trabajo desarrollado en la serie por Roy Thomas y el mítico dibujante Neal Adams conseguiría vislumbrar cuán lejos podría llegar esa Patrulla-X si se la permitía.

 

Pero no se la permitió, y en el cambio de década, la colección fue puesta en barbecho. Cinco años tardaría en salir del limbo, hasta que, en 1975, los entonces responsables de La Casa de las Ideas decidieron dar una segunda oportunidad a los mutantes… Sólo que la idea sería reformulada en su práctica totalidad. Cíclope y Xavier permanecerían como cabeza visible del equipo, pero todos los demás serían sustituidos por nuevos personajes, procedentes cada uno de ellos de los más diferentes lugares del globo. Había una africana, Tormenta; un ruso, Coloso; un alemán, Rondador Nocturno; un canadiense, Lobezno… El tono de pequeña aventurilla era sustituido por la grandilocuencia, en línea con lo que ya habían hecho Thomas y Adams en los estertores de la primera andadura, mientras que el dibujante Dave Cockrum aportaba un toque eminentemente moderno al diseño de la obra. Quiso la suerte que el guionista responsable, Len Wein, apenas sí llegara a encargarse del episodio de estreno y de apuntar la saga posterior: pronto dejó el trabajo en manos de su joven ayudante, un inglés de veinticinco años llamado Chris Claremont.

Ocurrió de manera gradual, sin hacer ruido y por la puerta de atrás. La “nueva” Patrulla-X de Claremont y Cockrum fue afianzándose poco a poco, haciéndose fuerte allá por donde nunca habían transitado los antiguos hombres-X. Se apelaba a la angustia de la condición mutante, a la minuciosa caracterización de personajes, al acento en aquello que les hacía diferente y únicos, con una mirada puesta en sus vidas privadas; a la concatenación de aventuras sin dejar al lector un momento para respirar, y al tono internacional del equipo, al que muy pronto se le quedó el mundo lo suficientemente pequeño como para viajar a las estrellas y más allá.

 

Tales principios fueron potenciados aún más si cabe cuando Cockum cedió los lápices a John Byrne, el que estaba llamado a ser el gran dibujante estrella de la Marvel de los ochenta, quien ya había desarrollado cierta química de trabajo con Claremont y cuyo estilo realista y dramático se adaptaba a todo lo que necesitaba La Patrulla-X. Aquél era el cómic que Byrne no sólo quería dibujar, sino del que quería formar parte. Tan es así, que su labor se haría extensiva a los argumentos. Gracias a Byrne, los lectores llegarían a mirar con otros ojos a Lobezno, ése pequeño y brutal mutante por el que anteriormente no sentían demasiadas simpatías. Con su misterio a cuestas, su actitud desafiante, con esa rabia enjaulada que nunca sabías cuándo quedaría libre.

En La Patrulla-X había exóticos viajes a lugares como la Tierra Salvaje, Japón o la Antártida; había terribles amenazas, como la de Magneto, renacido y ebrio de poder, o Proteus, un mutante capaz de asesinar a sus víctimas con sólo tocarlas; situaciones dramáticas, en las que una parte del equipo llegaba a creer durante meses y más meses que la otra había muerto, y viceversa; mujeres atractivas, inteligentes e independientes como no se habían visto nunca en un cómic de superhéroes; héroes que era el epítome de la masculinidad… Cada victoria tenía un precio, cada cosa que ocurría dejaba su poso en los personajes, pero también en los lectores, que poco a poco se fueron asomando a aquella Patrulla-X, porque era “el cómic que había que leer”.

 

Los que todavía se resistían a hacerlo cayeron en las redes de los mutantes con una larga epopeya cuyo final redefiniría, desde su publicación en adelante, la manera de hacer tebeos, en más aspectos de los que podría llegar a imaginarse. Fue el arco argumental que, con posterioridad, ha recibido el nombre de “La saga de Fénix Oscura”.

 

La Fénix del título es la Chica Maravillosa, una de las fundadoras del equipo, la eterna novia de Cíclope, que había vuelto al redil poco después de la refundación, con una nueva identidad y unos nuevos poderes que, en ocasiones, hacía que la presencia del resto de sus compañeros fuera poco menos que inútil. ¿Qué ocurre cuando un poder de semejante envergadura es pervertido o cae en manos equivocadas? ¿Qué sucede cuando uno de los tuyos se vuelve contra ti? ¿Cuál es el precio a pagar por el culpable de genocidio? ¿Hasta dónde pueden llegar las ansias de justicia? ¿Hasta dónde el amor?

 

Todas esas preguntas se abordan, y se responden, en estas páginas, en un cómic que establece la medida de cómo narrar una historia en viñetas sin que el ritmo decaiga en ningún momento, sin que el lector adivine nunca lo que encontrará en la siguiente viñeta, sin que ninguna relectura sea menos provechosa que la anterior. El desarrollo ya es modélico, pero lo que convierte en mítica a “La saga de Fénix Oscura” quizás sea su conclusión, un final nunca pretendido ni buscado por sus autores, sino forzado por las circunstancias editoriales y las exigencias de Jim Shooter, el entonces Director Editorial de Marvel. Poco imaginaba él que aquella decisión de cambiar las últimas páginas de la historia, de teñir de negro lo que antes sólo estaba cubierto por la amargura, tendría unas consecuencias tan grandes que nunca han dejado de sentirse, que empapan cuanto tebeo de superhéroes se ha escrito y dibujado desde entonces.

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. La Patrulla-X: La saga de Fénix Oscura

UN COSMOS EN EXPANSIÓN

Una vez cumplido el objetivo de poner en marcha las dos colecciones con las que se abrió el Universo Ultimate, y mientras Mark Millar y Bryan Hitch trabajaban en la llegada de Los Ultimates, en La Casa de las Ideas tuvieron una gran duda: ¿Qué hacer a continuación? El Universo Ultimate se había convertido en el éxito del año y las leyes del mercado siempre dictan que si algo se vende mucho, debe producirse en masa.

En cualquier otra circunstancia, los títulos de la Línea Ultimate se habrían multiplicado de inmediato, con los lanzamientos que hiciera falta. Pero en la editorial comprendían que no era buena idea. Mantendrían la línea Ultimate reducida a unos pocos títulos, lo que permitiría cuidarla al máximo. El objetivo es que nunca llegase a haber más de cuatro series al mismo tiempo. Tenían ya dos en las librerías, una más en preparación y una tercera que sugeriría Brian Michael Bendis, el guionista de Ultimate Spiderman.

Tras muchos años como autor independiente, Bendis había logrado dar el salto al mainstream con una aclamación unánime. En Marvel se preguntaban cuál sería su siguiente proyecto y éste les ofreció fusionar dos viejos conceptos ya desaparecidos, Marvel Fanfare, una colección con autores y protagonistas que cambiaban cada mes, y Marvel Team-Up, una cabecera de Spiderman en la que le acompañaba un héroe diferente por número. De esta forma, Bendis preguntaría a artistas que admiraba qué personaje les gustaría dibujar para Marvel. Él adaptaría la historia y el estilo literario a los deseos de cada uno de ellos, al tiempo que Spidey serviría de maestro de ceremonias. En las oficinas de la editorial, en un momento en que estaban muy abiertos a la experimentación y a nuevos puntos de vista, estimaron que la idea podría funcionar bien, además de expandir el cosmos del Universo Ultimate, sin necesidad de multiplicar exponencialmente el número de colecciones.

Bajo esas premisas, Ultimate Marvel Team-Up se convirtió en la tercera cabecera del Universo Definitivo en ver la luz. La serie abría a lo grande, mediante una historia que era importante por tres motivos: suponía el primer encuentro de Spidey con otro superhéroe, era también la primera vez que el trepamuros se cruzaba en el camino de un mutante y el primer cruce de la versión definitiva de los dos personajes más comerciales de la editorial: el Hombre Araña… Y Lobezno. Matt Wagner, el genio detrás de Grendel, uno de los más sugestivos tebeos del panorama independiente americano, se encargaba de los lápices.

No menos importante fue la segunda historia, un encuentro con Hulk dibujado por Phil Hester (Green Arrow), ya que serviría para dar consistencia a un conjunto de ideas alrededor del escenario sobre el que se movía el Universo Ultimate. Al ambiente de Guerra Fría y paranoia radiactiva que presidía los cómics que hicieran Stan Lee y Jack Kirby en el nacimiento del Universo Marvel convencional, Bendis y Millar querían contraponer un modelo adaptado al siglo XXI, el de “la gran conspiración”, con un reducido número de individuos moviendo los hilos desde las sombras, un Gran Hermano que se sitúa en lo más alto de la cadena alimenticia y controla el mundo. En el choque de Spidey con Hulk se apuntaría por primera vez esta circunstancia.

 

Tras el Goliat Esmeralda, el siguiente “Team-Up” supuso el debut de Iron Man, otro de los héroes que pronto aparecería en The Ultimates. El dibujante era todavía más inusual que los anteriores, puesto que se trataba de Mike Allred, cuyo delirio pop también podía encontrarse en X-Force, otro heterodoxo proyecto que La Casa de las Ideas acababa de estrenar. La apuesta se elevaría aún más con la aventura que, acto seguido, reuniría a Spiderman con Daredevil y Punisher. Bendis se mantuvo fiel al concepto original de estos dos oscuros vigilantes de Marvel, pero fue más allá en todo lo demás: no sólo se trataba de la aventura más larga publicada hasta entonces en MTU, sino que además estaba ilustrada nada menos que por Bill Sienkiewicz, un genio de estilo diametralmente opuesto al típico autor de superhéroes.

 

 

En este volumen se recogen todas esas historias. En total, los ocho primeros números de Ultimate Marvel Team-Up, un esclarecedor y brillante ejemplo de lo mucho que arriesgaba La Casa de las Ideas a comienzos de la primera década del siglo XXI. Porque quien nunca arriesga, nunca gana.

Artículo aparecido en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 3: Un mundo compartido

EL FESTÍN DE LOS MONSTRUOS

La pretensión de que Spider-Man fuera una sucesión de miniseries de cinco números chocó contra el muro de la realidad nada más concluido el primer arco argumental. Puede que la colección fuera pasto exclusivo de Todd McFarlane, que el editor Jim Salicrup la hubiera aislado de cuanto ocurría en el resto de títulos del personaje y que el fenómeno alcanzara unas cifras de ventas millonarias como no se veían en la industria del cómic estadounidense desde la Edad de Oro, pero eso no la libraba de los problemas. Y estos se pusieron de manifiesto antes de lo que nadie hubiera imaginado.

Durante los dos años que había permanecido como dibujante de The Amazing Spider-Man, bajo los guiones ligeros, entretenidos y para todos los públicos de David Michelinie, McFarlane consiguió el aplauso de una monumental mayoría de lectores, que destacaba lo impresionante de sus composiciones, lo espectacular de su puesta en escena o la atrevida manera en la que había logrado actualizar al trepamuros y cuanto le rodeaba. Las críticas no se hicieron notar hasta que la estrella no empezó a contar sus propias historias. Más allá de los miles de dólares que se estaba embolsando Marvel con su trabajo, algunos de los aficionados que pasaban por caja no estaban conformes con algunos aspectos de la obra. Protestaron, por ejemplo, por el tratamiento que le había dado al Lagarto, contradictorio con las apariciones anteriores del personaje. El canadiense se escudó en que no le gustaba que El Lagarto hablara, que odiaba especialmente cada vez que un guionista alargaba las eses de sus diálogos, hasta hacer que pareciera una caricatura, y que se basaba en lo que Steve Ditko había hecho con el villano en la época primigenia, si bien reconocía que no había llegado a releer aquellos cómics, según él, “para no sentirse condicionado”.

 

McFarlane, un hombre que presumía públicamente de no haber leído un libro en su vida, tenía una manera peculiar de escribir sus guiones, que en nada tenía que ver con cualquier otro método profesional que se hubiera utilizado hasta entonces. Redactaba una frase, una única frase sencilla y directa, en la que explicaba lo que ocurría en cada página. Podía poner, por ejemplo, “Peter y Mary Jane hablan”. De esta forma, cuando tenía 22 frases, llamaba a Salicrup, recitaba lo escrito e iba concretando más detalles sobre la marcha, según se le ocurrían, porque su mente “completaba lo que no estuviera en el papel”. Según insistía cada vez que le preguntaban, escribir era algo muy fácil, porque a cualquiera se le puede ocurrir una idea. Tiempo atrás, cuando comenzó en Amazing, alguien en Marvel le había dicho que debía dibujar los ojos de Spiderman más pequeños. Pero él no estaba de acuerdo con eso, así que, a partir de entonces, lo que hizo fue dibujarlos más grandes. Luego reconocería que si nadie hubiera protestado, quizás nunca habría llegado a hacerlos tan exagerados. En definitiva, McFarlane había convertido llevar la contraria en una seña de identidad jaleada y defendida a brazo partido por sus seguidores. Con el control total sobre la obra, sólo los críticos podían responderle ya, pero lo que dijeran no importaba gran cosa, porque seguiría vendiendo una barbaridad.

 

Para Spider-Man #6-10 USA, pensaba acometer una aventura en la que Spidey viajaría a Canadá para encontrarse allí con Lobezno y juntos pelear contra El Wendigo, el primer enemigo al que se hubiera enfrentado éste. A continuación, Spider-Man #11-15 USA acogerían un enfrentamiento contra El Duende Verde, mientras que para Spider-Man #16-20 USA el rival sería Veneno, con lo que casi se pondría en los dos años completos de historias. El problema surgió a la hora de llevar esas ideas al papel y comprobar que encadenar frase tras frase hasta tener un número completo, y luego encadenar número completo tras número completo hasta tener una saga cerrada, no era tan sencillo como había proclamado a los cuatro vientos.

 

La saga del Duende Verde terminó convertida en la saga del Duende, porque el Duende Verde, tal y como era en esos precisos momentos, con Harry Osborn bajo la capucha, no encajaba en la descripción monstruosa que pretendía darle McFarlane. De hecho, Harry había vuelto a vestir con las ropas del villano para realizar actos heroicos, en el curso de una saga que involucraba a todo el Universo Marvel y que respondía al nombre de “Inferno”. Las intenciones de McFarlane pasaban por que pareciera que no había un humano dentro del traje del Duende Verde y que el lector creyera que se trataba de un Duende auténtico. Dado que la continuidad no importaba gran cosa al artista, Salicrup le ofreció una alternativa airosa: recurrir al personaje que se llamaba El Duende a secas y que de hecho era el moderno sucesor de Norman Osborn. Durante “Inferno”, en concreto en The Spectacular Spider-Man #147 USA (1989) había padecido una horrible transformación sobrenatural, así que se acercaba a lo que el dibujante canadiense estaba buscando para su historia. Por mucho que renegara del trabajo de sus coetáneos, siempre podía utilizarlo cuando fuera en su provecho. Además, El Duende tenía una diferencia con El Duende Verde que le resultaba particularmente agradable: su disfraz incluía una capa. En el diseño original, apenas cubría la mitad de su espalda, pero él la alargó hasta conseguir que lo engullera todo a su alrededor, como antes hubiera hecho con Batman. Las complicaciones no terminaron con el villano, ya que la trama no daba en realidad para cinco números, así que se quedaría únicamente en dos episodios, que se publicarían como segundo arco de la colección y en los que aparecería como invitado especial el nuevo Motorista Fantasma, un personaje también muy popular en aquel momento, que encajaba como un guante en las inquietudes de McFarlane. En el relato, recurrió además a algo que se le había escapado en la primera saga: los informativos de televisión como elemento narrativo. Aquello estaba calcado, hasta el último detalle, del Batman: Dark Knight Returns de Frank Miller, el autor completo y la obra a la que, quizás, soñaba McFarlane acercarse algún día. ¿Qué más hacía falta para conseguirlo, quizás una aparición gratuita de Mary Jane en lencería? Tampoco estaría de más.

 

Así fue como la historia de Lobezno y El Wendigo saltó su turno hasta aparecer como la tercera saga de la cabecera. Argumentalmente, suponía cambiar los tejados y callejones de Nueva York por un entorno tan poco arácnido como los bosques canadienses, aunque con aquel viaje McFarlane se sentía, literalmente, en casa: seguía siendo ese artista afincado en Calgary que sólo viajaba a Estados Unidos para las convenciones de tebeos o para reuniones puntuales en Marvel. La historia trataba sobre un asesino de niños, un tema que no solía verse en los cómics convencionales de superhéroes. El autor quedó tan satisfecho con el resultado que llegaría a considerarlo como uno de sus mejores trabajos. No opinaron así los defensores de la moral más tramontana, de manera la polémica saltaría a los medios generalistas y pronto surgieron tiendas que retiraron el cómic y cancelaron sus pedidos. Mientras en la editorial se encendían las alarmas y cundía la preocupación, McFarlane no entendía tanto revuelo. ¿Qué importaba que unos pocos establecimientos no quisieran poner a la venta el cómic? Estaba vendiéndose por millones. Mientras el artista llegaba a la conclusión de que no encajaba bien en los parámetros de la compañía, La Casa de las Ideas empezaba a mirar a McFarlane con incomodidad.

Al margen de la polémica, estaba la presencia de Lobezno. Habían pasado dos años largos desde su contacto previo con el mutante, que tuviera lugar en The Incredible Hulk #340 USA (1988). Entonces, la batalla sin concesiones entre el monstruo Gamma y el hombre-X y la impresionante portada en la que McFarlane reflejó el rostro enfurecido de Hulk sobre las garras extendidas de Lobezno habían devuelto la popularidad a la colección de la criatura y, en última instancia, provocado que McFarlane se convirtiera en estrella. En esta segunda ocasión, el artista tendría la oportunidad de recrearse en Logan, pero no sólo eso. En el tercer episodio, consideró oportuno que, en lugar del uniforme marrón que había vestido durante toda la década de los ochenta, el personaje recuperara el traje amarillo y azul que luciera anteriormente. Esta vez no hubo nadie que protestara, sino todo lo contrario. De inmediato, el cambio fue abrazado por los responsables de la Franquicia Mutante y por sus futuros socios, Jim Lee en X-Men y Marc Silvestri en Wolverine, que lo hicieron permanente. El criterio de McFarlane era ley. Y tampoco con eso bastaba.

Artículo aparecido originalmente en Spider-Man de Todd McFarlane nº 2

Novedades Febrero 2016

A la espera que el mes que viene llegue ese “totalmente nuevo y diferente” Universo Marvel, nos encontramos con los últimos coletazos de las Guerras Secretas que, si las autoridades lo permiten y el tiempo no lo impide, finalizarán en pocas semanas.

Por lo que a Spider-Man respecta, este es un mes donde va a tener más apariciones en tomos recopilatorios que en novedades estrictas, pero no adelantemos acontecimientos, todo lo que necesitáis saber sobre los cómics arácnidos de febrero lo encontraréis a continuación.

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Novedades Enero 2016

Nuevo año, nuevo listado de novedades. Se nos presenta un año muy interesante a nivel friki, no solo por los que se avecina en el frente de las librerías, esa totalmente nueva y diferente Marvel que tendremos en unos pocos meses tras el final de Secret Wars, sino también, por lo que vendrá en otros medios, como el cine y la televisión, un montón de películas a cual más interesante, y eso solo si hablamos de Marvel, que la distinguida competencia también parece que se va a poner las pilas, está claro que no quieren quedarse atrás. Y en la tele, una segunda temporada de Daredevil con personajes tan esperados como el Castigador y Elektra. En fin, que no nos vamos a aburrir.

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Novedades Diciembre 2015

Y llegamos al final de un año que ha sido muy intenso, parece que fue ayer mismo cuando justo habíamos terminado la saga del Spider-Man Superior y empezábamos con el universo Spider-Man, un universo que ha ocupado una buena parte del año y de cómics arácnidos. También hemos vivido el regreso de serie regulares para Spider-Man 2099 y Spider-Woman, así como el nacimiento de nuevos personajes como Spider-Gwen. Estas series se han puesto en pausa por el mega evento que suponen las Secret Wars, pero ya sabemos que les volveremos a ver el año que viene.

Solo me queda aprovechar estas líneas para desearos lo mejor para las fiestas que se avecinan, y que el 2016, en la medida que la economía lo permita, esté lleno de cómics, arácnidos o de otra especie.

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Novedades Noviembre 2015

Entramos en el tercer mes de las Secret Wars, si bien es cierto que poco o nada le ha afectado a Spider-Man en su título principal, pero como veremos, eso va a cambiar el próximo mes. A parte de este hecho, estas guerras secretas actuales me están llevando a la conclusión de que nos podemos encontrar con cualquier personaje, o con una variante del mismo como si se tratara de una figurita de acción, en cualquier rincón del mundo de batalla.

Que si simbiontes, que si versiones infantiles, que si personajes que asumen la identidad de otros, ciertamente es un crisol muy variado, ya veremos donde nos dejará este camino, pero por el momento el viaje está resultando muy entretenido, y este mes no es excepción.

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Bendis guioniza un episodio de la teleserie de Ultimate Spider-Man y confirma que es infantil

Brian Michael Bendis, el creador del concepto del Hombre Araña definitivo y asesor de la nueva serie de televisión dedicada al personaje, salta a las labores de guionista en el décimo episodio, que se emite en Estados Unidos, por el canal Disney XD, el 17 de junio. Básicamente, se trata de una adaptación de la aventura que se publicara en Ultimate Spider-Man #66 y 67 USA, en la que el trepamuros y Lobezno intercambiaban sus cuerpos, en el estilo de ciertas películas que se pusieron de moda en los ochenta.

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