EL PRODIGIO DETRÁS DE MARVELS: CONTEXTUALIZACIÓN PARA UNA OBRA MAESTRA

La editorial que en la actualidad conocemos como Marvel tardó mucho tiempo en adoptar tal nombre. Durante sus primeras décadas de actividad, existió bajo las denominaciones de Timely, Atlas o sin que siquiera contara con un sello reconocible. En el advenimiento de la segunda gran oleada de los superhéroes, lo que se dio en llamar La Edad de Plata, comenzó a aparecer Marvel en portada. Tenía gancho y permitía a los lectores una identificación que no llegaría a darse con ningún otro cosmos de entretenimiento. El nombre de Marvel no podía ser más perfecto, porque enunciaba aquello que ofrecía.

 

 

A comienzos de los años sesenta, surgió la magia. Stan Lee y Jack Kirby dieron vida a Los 4 Fantásticos, superhéroes diferentes a todos los que se habían visto hasta entonces, con personalidades diferenciadas, propensión al conflicto y aspectos que les asemejaban a cualquier persona que pudiera caminar por la calle. Detrás de ellos llegaron muchos más: Thor, El Hombre Hormiga, Iron Man… En un momento dado, viejos personajes de los años cuarenta, como Namor y el Capitán América, fueron reinstaurados. De la colaboración de Stan Lee con Steve Ditko surgieron Spiderman y El Doctor Extraño; en conjunción con Bill Everett, llegó Daredevil. La mayoría de ellos habitaba en diferentes zonas de Nueva York, y lo hacían en el tiempo presente, así se volvió habitual que cruzaran sus caminos, conforme sus vidas avanzaban. Había nacido el Universo Marvel.

 

 

Durante las décadas siguientes, algunos de los mejores autores de la industria contribuyeron al crecimiento y la expansión de aquel cosmos conectado. Los lectores se involucraban de tal manera en las historias que llegaban a sentirlo como propio. Al ambientarse en el mundo real y en escenarios reales, ellos también podían estar ahí, en la Quinta Avenida, donde se ubicaba la Mansión de Los Vengadores; en Queens, donde vivía Spiderman; o en Greenwich Village, donde estaba la casa del Doctor Extraño. Las generaciones pasaron, guionistas, dibujantes y editores llegaron y se marcharon, los tiempos corrieron, de manera que la inocencia de los sesenta dio paso al descreimiento de los setenta; la prosperidad de los ochenta a la desorientación de los noventa, y en algún momento del proceso, no sólo el impulso inicial, sino la maravilla que causaban aquellos cómics, fue difuminándose, hasta quedar sólo una sombra de lo que había sido.

 

 

La última década del siglo XX fue terrible para el cómic de superhéroes en general y para Marvel en particular. La editorial atravesaba una crisis en todos los órdenes imaginables. A comienzos de la década, una nueva ola de dibujantes había cambiado las reglas del juego, virando hacia una espectacularidad vacía de contenido. Los trucos de marketing abundaban de manera confusa, contribuyendo a que se perdiera de vista la importancia de la aventura. La línea divisoria entre héroes y villanos, que llevaba desdibujándose desde mucho tiempo atrás, finalmente pareció perderse de vista, mientras proliferaban personajes fundamentalmente oscuros, violentos y atormentados. Todas esas circunstancias acabaron por producir un colapso en el mercado que se llevó por delante cientos de librerías, editoriales al completo y una parte significativa del aficionado.

 

 

Desde la profesión, algunos de los autores que se habían destetado en los buenos tiempos tomaron conciencia de que era necesario emprender la búsqueda de las esencias perdidas. La reacción en contra al clima de oscuridad que se había adueñado de los cómics surgió de manera apenas perceptible, con gestos y obras cuya importancia sólo se ha podido juzgar posteriormente. En La Casa de las Ideas, puede decirse que todo arrancó con una modesta miniserie de cuatro números que nadie esperaba, pero que a todo el mundo recordó por qué les gustaban los superhéroes… y no era por las causas que muchos ejecutivos tenían por ciertas. Esa obra fue Marvels.

 

 

En el momento de publicarse Marvels, no podía decirse que sus autores fueran estrellas. El guionista Kurt Busiek (16 de septiembre de 1960, Boston) no había llegado a leer cómics siendo niño, a causa de la aversión que estos les producían a sus padres. Cuando comenzó a seguirlos de manera continuada, ya tenía catorce años y el Universo Marvel estaba maduro: las intrincadas conexiones que se establecían entre sus personajes fue un elemento crucial a la hora de engancharlo. Su firma se hizo habitual entre las cartas de aficionados que se publicaban en las secciones de correo. En el último año en la Universidad, envió propuestas de trabajo tanto a Marvel como a DC, y aunque ésta publicó su primera historia, fue aquélla donde acabó trabajando, como ayudante de edición, labor que compaginaba con la elaboración puntual de algunos de sus guiones, tanto dentro como fuera de la editorial, sin que ninguno llegara a impactar en el gran público.

 

 

El dibujante Alex Ross nació 22 de enero de 1970, en Portland, hijo de un pastor y de una dibujante de publicidad. Del primero, aprendió los valores morales que también encontró en los superhéroes. De la segunda, una inquietud artística que supo encauzar después de descubrir a Spiderman en el programa de televisión Electric Company. En su proceso formativo, llegó a admirar a George Pérez o a Bernie Wrightson, reconocidos profesionales del cómic, pero su verdadera inspiración llegó de ilustradores grandiosos, como Andrew Loomis y Norman Rockwell. Cuando estaba estudiando en la American Academy of Art, de Chicago, a la que también había acudido su madre, llegó a la conclusión de que quería llevar el fotorrealismo de Rockwell a los cómics, algo inédito en el medio. Las imágenes de Rockwell habían sido las que retrataran el Estados Unidos idílico de los años cincuenta y primeros sesenta, una época que también coincidía con la del auge del Universo Marvel clásico.

 

 

Ambos autores se unieron casi por casualidad, cuando un editor enseñó a otro el trabajo de Ross, y éste pensó que tal vez sería buena idea utilizar a un artista tan peculiar para un relato protagonizado por La Antorcha Humana. Busiek entró en el proyecto y éste comenzó a crecer hasta convertirse en la crónica de toda una época. El objetivo consistía en relatar la historia del Universo Marvel, desde el que podría calificarse como su nacimiento, con la aparición del primer superhéroe, hasta el que muchos denominan como el final de su etapa fundamental, con la muerte de Gwen Stacy a manos del Duende Verde. Pero la verdadera magia del proyecto estaba en el punto de vista elegido para llevar a cabo la narración: el del hombre de la calle, el del testigo maravillado por cuanto contempla, representado por el fotógrafo del Daily Bugle Phil Sheldon, a través del cual el lector se sentía parte de los acontecimientos, de cómo impacta lo que está ocurriendo en el sentir personal del ciudadano de a pie, de cómo recibe la presencia de esos prodigios y cuáles son las reflexiones que hace acerca de ellos. De cómo, en definitiva, la existencia de esos héroes cambia la vida de quienes los contemplan, igual que la lectura de sus aventuras puede llegar a cambiar la vida de los aficionados. A tal efecto, la labor de Alex Ross se reveló como esencial, puesto que su arte pictórico hizo que, en lugar de un cosmos de viñetas, se apreciara la percepción del Universo Marvel como un mundo real: Más que nunca, nuestro mundo real. Corría 1994, y las representaciones gráficas que ofrecía Marvels chocaban con casi cualquier cosa que se pudiera encontrar en las librerías. No había viñetas rotas, ni encuadres exagerados, ni una narrativa atropellada. No había poses de pin-ups, y si bien Ross utilizaba modelos para muchas de sus imágenes, estas reflejaban situaciones cotidianas que fluían con naturalidad, hasta encontrarse de bruces con la majestuosidad de los Prodigios.

 

 

Busiek ensambló unos elementos que estaban ahí, esperando que alguien hiciera semejante trabajo titánico: el de recoger aventuras dispersas a lo largo de muchos años de tebeos e integrarlos en un hilo narrativo coherente y fiel a su orden de publicación original. El guionista tuvo que revisar página a página ingentes cantidades de papel, hasta el punto detallista de elaborar microfichas de todos y cada uno de los cómics que vieron la luz durante el periodo que relata Marvels, desde aquellos aparecidos en 1939, con la llegada de La Antorcha Humana original, Namor o el Capitán América, hasta el asesinato de la novia de Spiderman, historia que fuera publicada en 1973. Marvels consiguió levantar la admiración de quienes conocían las fuentes de las que partía, pero también de aquellos que no habían tenido oportunidad de leer las aventuras originales, y que entonces se sintieron animados a descubrirlas.

 

 

Más allá de la enorme labor de documentación, de la prodigiosa habilidad para crear un ambiente y una época, de la sorprendente fusión del mundo real de los años cuarenta, sesenta y primeros setenta con el que se contaba en las viñetas, había un subtexto y un discurso. Dentro de aquel enorme edificio construido por Busiek y Ross, se encontraba una reflexión sobre el significado de ser un héroe, su propósito y su fin. La respuesta estaba muy alejada, cuando no en directa contradicción, con el concepto de estos iconos que se estilaba en aquellos años de desesperanza. Marvels marcó una línea divisoria a partir de la que empezar a hacer las cosas de otra forma y dejó un legado destinado a perdurar. Por eso, cada vez que la moda imperante, los trucos de mercado o el mero egoísmo de la industria dejen de lado el sentido de estos iconos, nosotros podremos perdernos en sus páginas, recrearnos con cada una de sus viñetas y recordar el lugar en que se sitúa el auténtico héroe, el que es, ante todo, un protector de los inocentes, un símbolo de la esperanza y un ejemplo de aquello a lo que debemos aspirar.

 

Artículo aparecido originalmente en Colección Marvels. Marvels

PLAN EDITORIAL 2018: LOS CLÁSICOS

Momento trascendental para la colección: estamos a un único número de completar su etapa inicial, con ese enfrentamiento entre Spidey y Normie. Una vez concluya, también despediremos al equipo creativo actual, para a continuación dar un inesperado salto temporal de nada menos que ocho años, con el plantel de autores completamente renovado. Jody Houser (Faith) y Nick Roche (Nuevos Guerreros) saltan a la arena, coincidiendo con la llegada de Marvel Legacy. Este mes toca desglosar el plan editorial, pero el de Spidey es tan extenso que debemos dividirlo. En la serie principal hablamos de las series modernas mientras que aquí nos dedicamos a los…

 

CLÁSICOS ARÁCNIDOS

El noveno volumen de las aventuras del trepamuros en Marvel Gold va a marcar un punto de máxima importancia, ya que abarcará The Amazing Spider-Man #182-202 USA, además del Amazing Annual #13 y el Spectacular Annual #1 USA, que conformaban una única historia. De esta manera, sólo restaría un tomo más para completar la colección principal del personaje y enlazar con el Marvel Héroes de Roger Stern y John Romita Jr. La etapa que recogemos en el volumen que nos ocupa es la de Marv Wolfman, que trajo grandes cambios al mundo de Peter Parker: la primera propuesta de matrimonio a Mary Jane, la graduación de nuestro héroe, el adiós de Ross Andru y su sustitución por Keith Pollard, la irrupción de La Gata Negra, la “muerte” de Tía May, la vuelta del asesino de Tío Ben a tiempo para el Amazing #200 USA… una joyita a reivindicar, de verdad. Lo lanzaremos en noviembre. Saltando a Marvel Héroes, la otra línea de libros clásicos voluminosos, nos encontramos con otros dos imprescindibles: en abril, la recopilación de Spiderman: Las historias jamás contadas de Kurt Busiek y Pat Olliffe, quizás el mejor cómic arácnido de la década de los noventa. Incluirá la serie completa, con todos sus especiales, y también la precuela, que servía de puente entre el debut de nuestro héroe y el lanzamiento de su serie abierta.

VIAJE POR LA NOSTALGIA

Una obra maestra a redescubrir

 

Ya en julio llega El Asombroso Spiderman: La leyenda renace, con el Amazing posterior a la boda. Empezamos por “La última cacería de Kraven” y llegamos hasta el Amazing #310 USA, en plena era de Todd McFarlane. Incluirá también los Annuals #20-22 USA, además de diversos extras. Spidey tiene también hueco en la nueva Marvel Collection, que recopila etapas completas en volúmenes de unas doce entregas. En concreto, y antes de que acabe el año, te ofreceremos el primer tomo del Marvel Team-Up de Robert Kirkman. Y todavía nos queda por glosar algún lanzamiento arácnido dentro de los atemporales en 100 % Marvel HC. En concreto, cuenta con Capa y Puñal: Sombras y Luz, con el debut de estos personajes, su miniserie y el Marvel Fanfare #19 USA (junio) y el más que interesante Spiderman: El alma del cazador, con las historias que sirvieron de secuela a “La última cacería de Kraven”. En concreto, el especial Soul Of The Hunter, The Sensational Spider-Man Annual 1996, The Spectacular Spider-Man #249-253 USA y dos contenidos extras: el Marvel Team-Up #128 USA, en el que debutara Carroña, y la parodia de la saga original, aparecida en What The–?! #3 USA.

DESPUÉS DE LA CAZA

Mira quién sale de su tumba

 

Por último, nos queda por reseñar Marvel Saga, donde continuamos con un tomo cada mes de las aventuras más actuales del lanzarredes. Los doce de este año abarcarán Amazing Spider-Man #589-660 USA, más cruces, especiales, Annuals y demás material complementario. Es decir, concluiremos con “Un nuevo Día”, lo que incluye toda la macrosaga de “El desafío” o “Un momento en el tiempo”, la secuela de “Un día más”, y además todavía habrá hueco para los dos primeros libros enmarcados en “A lo grande”. Dato curioso, cuando acabe el año, habremos reeditado los Amazing #200, 300 y 600 USA, además de llegar al #800 USA en nuestra serie mensual. ¿Verdad que mola todo?

 

Spot On perteneciente a El Asombroso Spiderman: Renueva tus votos nº 11