SPIDERMAN Y “UN NUEVO DÍA”: LOS DÍAS QUE VINIERON DESPUÉS

Los cuatro primeros arcos argumentales que se plantearon en el Amazing Spider-Man de “Un nuevo día” sirvieron de carta de presentación a los diferentes autores que había fichado Stephen Wacker para que narraran la vida del trepamuros en esa fase trascendental. Una vez puestas las cartas encima de la mesa, y todavía con la furia desatada por “Un día más” resonando entre los fans, llegaba el momento mirar hacia delante y desarrollar la fórmula elegida. Wacker era el director de orquesta de un puñado de guionistas y dibujantes con los que enseguida tocó hacer permutaciones. Aunque en muchas ocasiones éstas fueran consecuencia de las circunstancias, darían lugar a interesantes resultados.

 

 

LA MAGIA DE LA CÁMARA

La presencia de Steve McNiven y Salvador Larroca, dos de los artistas con los que se puso en marcha “Un nuevo día”, estaba sólo contemplada para esos sendos arcos argumentales, de manera que Wacker se vio en la necesidad de cubrir sus huecos. A tal efecto, había contratado tanto a Marcos Martín como a Barry Kitson, dos profesionales que, pese a su excelencia, no gozaban de la categoría de estrella que se merecían. Fue el español Martín, de trazo limpio, narrativa elegante y con una tendencia a establecer interesantes juegos de composición en cada página, quien acompañó a Dan Slott en su segunda intervención en “Un nuevo día”. Si bien haber sido el responsable de trazar las líneas maestras del escenario y el que para ello contara con alguien de la relevancia de McNiven a su lado ya habían colocado a Slott como el más destacado de los autores de la serie, la lectura de “Peter Parker, paparazzi” vino a confirmarlo. La base del relato se encontraba en la deriva amarillista que había tomado el Daily Bugle, ahora DB, tras la salida de Jonah J. Jameson y su sustitución por el poco escrupuloso Dexter Bennet. En esas circunstancias, Peter debía reciclarse laboralmente, y pasar de hacer fotos a su alter ego arácnido a perseguir famosos, como ya adelantaba el título. Slott abordaba los límites éticos de ese oficio de rapiña, lo cual no dejaba de ser interesante ante un personaje con tendencia a caer en el error para luego rectificar, como es el caso de Spidey, pero los verdaderos atractivos de la historia estaban en el regreso de un importante secundario, en cuyos diálogos el guionista deslizaba llamativas indirectas acerca no sólo de la polémica surgida alrededor de “Un día más”, sino de la manera en que la editorial, en especial Joe Quesada, había manejado el asunto. El segundo punto de interés estaba en la villana, Muñeca de Papel. De todos los nuevos enemigos arácnidos surgidos durante “Un nuevo día”, quizás fuera la más original, con un toque escalofriante muy bien representado por Martín.

 

ESPERANDO A LOS CLONES

El relevo de Slott y Martín lo tomaban Bob Gale y el mencionado Barry Kitson, con una trama centrada en el bar de apuestas frecuentado por villanos de segunda categoría que ya venía apareciendo en números anteriores y que ahora saltaba a primer plano. A priori, se presentaba como una oportunidad para dar algo de brío a viejas caras, como las de Los Forzadores, que tenían pocas ocasiones de brillar. Spidey se había nutrido en muchas ocasiones de esa clase de amenazas a pie de suelo, que no significarían ningún problema para otros héroes, pero que a él podían darle dificultades. Frente a la trascendencia de tipos como Morlum o El Duende Verde, esos villanos aportaban una ligereza propia del mundo arácnido. Desde la portada, además, se jugaba al despiste, planteando la posibilidad de que los clones volvieran a entrar en la vida del Hombre Araña, como ya había ocurrido en los años noventa. ¿Qué opciones reales había de que tal cosa ocurriera? Muy pocas, pero aquí Wacker y los suyos jugaron por primera vez con la idea. No sería la última.

 

AHORA TODOS JUNTOS

El Amazing Spider-Man #564 USA (2008) fue la prueba de que las estructuras de “Un nuevo día” eran moldeables y Wacker jugaría con ellas siempre que tuviera oportunidad. “¡Colisión a tres bandas!” permitía a Guggenheim, Gale y Slott, tres de los cuatro guionistas de la writer’s room arácnida, tejer a seis manos una frenética historia, en la que Spidey perseguía a Turbo, otra de las incorporaciones criminales a la franquicia, durante todo el cómic. El editor estaba ensayando fórmulas por el sistema de prueba y error. Ésta, por las razones que fueran, no cuajó más allá del episodio en concreto y nunca volvería a repetirse, pese al ambiente cordial que se respiraba en la oficina. Así lo contaba Slott en aquel entonces: “Estamos trabajando juntos con una especie de mentalidad de colmena, y eso supone mucho esfuerzo. Hay muchas reuniones, muchas cadenas de correos electrónicos. Vamos y volvemos sobre muchas cosas. Es emocionante. Me gustan especialmente las sesiones en que estamos todos juntos en la misma habitación. Planeamos cosas a largo plazo para Spidey y es emocionante. Stephen Wacker es quien se asegura que el tren no descarrile. Eso es brutal. ¡Tres veces al mes! ¡Es una locura! Trabajas y trabajas y trabajas y escribes tres números. Normalmente eso son tres meses de trabajo, pero entones bang bang bang, tres disparos seguidos y pasamos a lo siguiente. Tengo mis tres primeros guiones terminados. El primer número de mi siguiente arco ya lo está dibujando alguien. ¡Y esta semana entrego la primera parte del siguiente que hago después de ése! No va a salir hasta verano del año que viene. Nos estamos dejando los cuernos para asegurarnos de que funciona”.

 

Y ENTONCES, LLEGARON LOS KRAVEN

La aventura que da título a este volumen es la que lo cierra, y tuvo una importancia determinante, más de lo que podría imaginarse con su mera lectura. Desde el título “La primera cacería de Kraven” evocaba a la que muchos consideraban como la mejor historia de Spiderman de todos los tiempos, “La última cacería de Kraven”, con la que J. M. DeMatteis y Mike Zeck habían llenado de oscuridad el mundo del trepamuros a finales de los años noventa. La mítica historia había supuesto también la muerte del villano, pero desde entonces, de cuanto en cuanto, ya fuera el propio DeMatteis, ya fueran otros autores, habían recurrido a la familia de Sergei Kravinoff como sustituta del difunto. En esta historia en concreto, se presentaba a Ana, la más joven del clan, que trataba de repetir la hazaña del patriarca. Daredevil también se veía envuelto en la refriega, lo que permitía a los fans continuar con su especulación alrededor de en qué consistía exactamente que la identidad de Spidey volviera a ser secreta. “La primera cacería” podía haberse quedado en anécdota, pero en realidad fue la primera semilla de la más importante saga que llegaría a narrarse durante “Un nuevo día”.

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 16