LA TRAYECTORIA DE LA VIUDA NEGRA

En un género como el del cómic de superhéroes, en el que la mayor parte de los consumidores son de sexo masculino, las chicas lo tienen mucho más complicado para hacerse notar. Sólo unos pocos de sus grandes iconos son mujeres, e incluso estos suelen contar con una aceptación menor entre los lectores. Esta situación se extiende también al Universo Marvel, donde sus personajes más destacados son tipos como Lobezno, Spiderman, Thor, Iron Man o el Capitán América, pero sería injusto decir que La Casa de las Ideas no cuenta con un puñado de mujeres que brillan con luz propia en un mundo de hombres. Además, desde los años sesenta, la editorial siempre ha procurado que ellas se midan con sus compañeros en igualdad de condiciones. Mientras la Mujer Maravilla de la competencia ejercía labores de secretaria en la Liga de la Justicia, la Chica Invisible de Los 4 Fantásticos era un miembro de pleno derecho, y no es más que el primero de los ejemplos que puede venir a la cabeza. En años posteriores, sobre todo a raíz del éxito de La Patrulla-X de Chris Claremont, Dave Cockrum y John Byrne, las heroínas llegarían a ocupar posiciones hegemónicas, hasta el punto de que Tormenta se alzara como líder de los mutantes o La Avispa se pusiera al frente de Los Vengadores durante una larga temporada. Fue una época en que las chicas dejaron, definitivamente, de estar supeditadas a su relación con el novio o el marido de turno y adquirir la independencia definitiva. En la explosión feminista que viviría el Universo Marvel en esa época habría que señalar un precedente muy claro, y ése es el de la Viuda Negra.

 

Natasha Romanov, cuya primera aparición tuvo lugar en una aventura de Iron Man publicada en 1964, representaba a la femme fatale por antonomasia: esa chica mala que no hace ningún bien al héroe pero a la que éste es incapaz de resistirse. El prototipo de la Viuda Negra estaba eminentemente influido por el cine y la novela de espionaje, de tal manera que se presentaba como una seductora agente de la Rusia Soviética que trataba de robar los secretos del Hombre de Hierro. El personaje reaparecería en sucesivos números, hasta aliarse con Ojo de Halcón, un aventurero que no tardaría en cambiar de bando y unirse a Los Vengadores. Natasha terminaría por acariciar también ese destino: muy pronto la villana de buen corazón pero lealtades equivocadas daría la espalda a los comunistas para unirse a la SHIELD de Nick Furia e incluso a los propios Vengadores.

 

Con una popularidad creciente, el gran espaldarazo de la Viuda Negra llegaría en 1970, en un episodio de Amazing Spider-Man. De este encuentro entre los dos personajes arácnidos con los que contaba entonces el Universo Marvel, Natasha Romanov salió con un cambio de imagen radical, merced a los buenos oficios del genial dibujante y diseñador John Romita. Éste le colocó un ajustadísimo traje de cuero negro, con reminiscencias del que lucía la actriz Diana Rigg en la serie inglesa de los años sesenta titulada Los Vengadores (que nada tenía que ver con el grupo Marvel del mismo nombre). Aquella aventura representaría un punto y aparte para la Viuda Negra, de tal manera que poco después la editorial le concedió sus propias aventuras individuales, en un serial aparecido en los primeros números de la revista Amazing Adventures. Apenas fueron ocho capítulos, tras los que ella pasaría a integrarse en la colección de Daredevil, justiciero al que se ligaría sentimentalmente durante una larga temporada en la que incluso el nombre de la Viuda Negra pasó a figurar en la cabecera del Hombre Sin Miedo. Durante cinco años, entre 1971 y 1975, Natasha permaneció allí, hasta su ruptura con Matt Murdock y su salto a Los Campeones, un nuevo grupo en cuyo seno se acogía a otros héroes de segunda fila, como Hércules, Motorista Fantasma, el Hombre de Hielo y el Ángel que apenas perviviría durante diecisiete entregas.

 

Habría que esperar hasta 1983 para que la Viuda Negra volviera a contar con una saga individual, pero esta vez fue la mejor con la que hubiera contado hasta entonces: cuatro números dentro de la colección antológica Marvel Fanfare, con una saga verdaderamente compleja escrita por Ralph Macchio y dibujada por George Pérez, uno de los más importantes artistas de la época, caracterizado por su enorme detallismo y espectacularidad.

 

Esta dinámica seguiría funcionando a lo largo de los siguientes años, con épocas en que la heroína de origen ruso compartía espacio con otros personajes y formaba parte de diferentes grupos (llegaría incluso a liderar Los Vengadores) y otras en las que Marvel le dedicaría un puñado de miniseries. Como buena espía, la Viuda Negra ha mantenido su presencia de manera constante, pero siempre bajo el radar, hasta que, en 2010, se produjo su salto al cine en la segunda entrega de Iron Man. Marvel Studios encontró en Scarlett Johansson la perfecta elección para encarnarla.

 

Con su popularidad en crecimiento, es el mejor momento para ofrecer un repaso a la evolución de la Viuda Negra, en un completo volumen que contiene su historia de debut frente a Iron Man, el revolucionario encuentro con Spiderman y las dos aventuras vividas en solitario en los años setenta y ochenta. Una oportunidad sin igual para descubrir los primeros pasos de la mejor espía del Universo Marvel.

 

Este artículo apareció originalmente en Marvel Héroes. Viuda Negra: Red de mentiras

EL OTRO SIGNIFICADO DE BLUE

 

Blue [Blu:} ADJ. Azul; cielo; triste, deprimido/a; to feel… estar tristón/ona, tener pena; enamorado. (Collins English-Spanish Dictionary. Harper Collins, tercera edición. 1998).

 

Tengo un viejo amigo que se llama Peter.

 

Le conozco desde hace más años de los que pueda recordar. Vino conmigo al colegio, al instituto, a la universidad, a las clases de post-grado y al trabajo. Podría mirar hacia cualquier momento de mi vida, y sería completamente diferente a cualquier otro, pero siempre encontraría un denominador común: Peter estaba allí, a mi lado. A lo largo de todo este tiempo, le he visto estudiar, pasar cursos, enamorarse, sufrir la pérdida de unos cuantos seres queridos, casarse, separarse… Y, mientras tanto, yo también terminaba el instituto, empezaba la carrera, pasaba cursos, perdía series queridos, me enamoraba…

 

¿Queréis que os cuente un pequeño secreto? Bueno, en realidad no es pequeño, pero no lo podéis revelar por nada del mundo. Aunque Peter parezca un chico de lo más normal, no lo es. Cuando tenía dieciséis años le picó una araña radiactiva que alteró su composición celular. Imaginaros a aquel chico que se había pasado toda su vida acurrucado entre sus tíos, con los que vivía desde que sus padres murieron cuando era muy pequeño, siempre escondido en sus libros de ciencias y tras aquellas enormes gafas… Imaginaros a aquel chico que, de la noche a la mañana, tenía en sus manos un asombroso poder que le permitía trepar paredes, saltar de tejado en tejado, moverse como una auténtica araña humana… Imaginaros la sensación. Peter pecó de orgullo, pero cualquiera de nosotros lo hubiera hecho. Qué diablos, tan sólo quería utilizar esos poderes para conseguir algo de dinero con el que ayudar a sus tíos. Entonces dejó escapar a un ladrón que podría haber detenido fácilmente. Y ese ladrón fue el que asesinó a su tío Ben. Peter comprendió, por las malas, que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Desde entonces, viste la máscara del asombroso Spider-Man.

 

Y como Spider-Man ha luchado contra terribles villanos, ha estado al borde de la muerte en múltiples ocasiones, e incluso ha ayudado a salvar al mundo en otras cuantas. Pero, a pesar de todo ello, Peter ha seguido siendo un chico como otro cualquiera. Un chico que se ha hecho mayor, como yo. Un chico que ya no tiene dieciséis años, que ya no va al instituto, que ya no mira al mundo con la inocencia que un día tuvimos y, no sé cuándo, perdimos. Peter, ay, como yo, merodea peligrosamente la treintena. Siente cómo los últimos quince años han pasado en un suspiro, siente que se le han escapado de las manos sin que apenas se diera cuenta. Ya no tiene “toda la vida por delante”, como cuando estaba en el instituto. Los días pasan deprisa, y cada vez se parecen más los unos a los otros. Como dice la canción, cada año parece más corto. Nunca encuentras tiempo. Los planes se quedan en media página con palabras sin sentido garabateadas.

 

Y entonces, miras hacia atrás. Miras hacia tu Edad de Oro. Todos tenemos una. Es esa época en la que todo era perfecto. Es esa época en la que eras inmensamente feliz, aunque ni siquiera tú lo supieras entonces, y sólo puedas descubrirlo con el pasar del tiempo. Para Peter, esa época es su primer año de universidad, cuando tenía dieciocho años y conoció a Gwen y Mary Jane, las dos mujeres más importantes de su vida, aunque él ni siquiera lo imaginaba. Fue la época en la que compartió gratis un piso con Harry, su mejor amigo. Fue la época, nunca lo creeríais si le conocierais ahora, que Peter iba por ahí en moto.

 

¿Qué fue de la antigua moto? Creo que al final acabó empeñándola, una de aquellas veces que estaba tan pelado de dinero que hubiera vendido hasta su última camisa. Eso también lo aprendes con los años. Sí, es cierto que hay gente que acaba triunfando, acaba ganando un pastón increíble, conduciendo un coche increíble y viviendo en una casa increíble con un perro y unos niños y una mujer increíble. Pero no es nada que vaya a pasar ni a Peter, ni a mi, ni a nuestros amigos. El dinero va y viene. El trabajo va y viene. Las chicas van y vienen. Pero a lo que iba…

 

Gwen. Se hubieran casado antes de cumplir los veinticinco. Eran de ésos. Toda la angustia existencialista que había atenazado a Peter durante su adolescencia acabó enterrada tan pronto como ella se instaló en su vida. Tiene gracia, porque Gwen le echó el ojo a Peter desde el primer día de clase, pero no puede decirse que entonces se llevaran bien. Él estaba distraído (intentando conseguir el antídoto que salvara la vida de su tía May, enferma debido a la transfusión que él mismo le hubiera hecho… pero eso es otra historia), y cuando Peter está pendiente de una cosa, se olvida de todo lo demás. Gwen interpretó aquella actitud como desaire, pero eso sólo sirvió para aumentar su interés hacia el bueno de Pete. Al final, un tipo que siempre había tenido que sudar la gota gorda para llevarse a la chica, la consiguió casi sin darse cuenta. Podrías pensar que una chica como Gwen se debería haber fijado en cualquier otro tío, o que Peter simplemente habría estado demasiado ocupado pateando el culo del Doctor Octopus como para descubrir que ella estaba allí, pero no ocurrió. Acabaron juntos, porque no podía ser de otra forma, como si la magia hubiera tenido algo que ver.

 

Mary Jane. Como si no hubiera bastante con Gwen. Hacía meses que tía May andaba conchabada con su vecina, Anna Watson, para que los niños de la casa se conocieran. Los niños eran, claro, Peter por parte de tía May… y Mary Jane por parte de tía Anna. Peter, el muy cabestro, sospechaba que Mary Jane debía ser una gorda, calva e insoportable tonta, por eso había hecho lo imposible por escaparse de todas las citas a ciegas que las dos amorosas tías habían preparado para sus los encantadores sobrinos. Pero Mary Jane no era ni gorda, ni calva ni mucho menos tonta, aunque alguno pudiera pensar que aquella pelirroja irresistible no debía tener demasiadas luces en su linda cabecita. Las tenía, vaya si las tenía. ¿He dicho ya que parecía mágica la manera en la que Peter y Gwen habían acabado juntos? En esa misma época, Peter conoció por fin a Mary Jane, y fue uno de esos encuentros que quedan grabados a fuego en la memoria. Fue verla y querer saberlo todo de ella, y no entender cómo había pasado todos esos meses esquivándola. Y ya teníamos el lío en la cabeza del pobre Peter, dividido entre dos mujeres maravillosas. Como Betty y Verónica con Archie, pero esta vez no era un tebeo para críos. Era la realidad.

 

Ah, y también estaban Harry y Flash, espectadores boquiabiertos de lo que pasaba. Flash conocía a Peter desde el instituto. Bueno, sería más apropiado decir que Flash llevaba siendo la peor pesadilla de Peter desde el instituto. Con el tiempo, habían aprendido a soportarse, pero Flash no podía comprender que la rubia bebiera los vientos por el canijo Parker, y que él encima apareciera un buen día con la pelirroja. El mundo se había vuelto loco. Flash no entendía que su momento había pasado, en apenas un abrir y cerrar de ojos. Aquella no era su Edad de Oro, era la de Peter. La suya había empezado y terminado ya, cuando todos le miraban como una gran estrella del fútbol. Para lo que le serviría.

 

Harry. Harry nunca tuvo una Edad de Oro. O quizás fue tan breve que apenas pudo apreciarla. En aquella época, el niño rico luchaba por el amor de su padre, sin saber que su padre era un psicópata cuya maldición arrastraría a ambos a la tumba. Pensó que encontraría su consuelo en Mary Jane, pero aquello no funcionaría. Funcionó lo de Peter con Gwen, y envidió a su amigo más que a nadie en el mundo. Su amigo, el que le había ayudado a estudiar, el que había aceptado compartir piso con él para no sentirse tan solo como estaba. Al menos Harry no sabía lo que vendría luego, y ese es el mejor consuelo que pueden esperar quienes le conocieron.

 

Ha llovido tanto desde entonces… Gwen murió. Mary Jane se casó con Peter. Harry también murió. Flash acabó hundido en una botella, sin comprender el motivo por el que los días de la estrella de fútbol habían terminado. Como había terminado aquella Edad de Oro. Aquellos años en azul. Azul enamorado, como estaba Peter, no sólo de Gwen, o más tarde de Mary Jane, sino de una época irrepetible. Azul nostálgico, entristecido, como es el poso amargo que deja el recuerdo de aquello que se ha perdido para siempre. Recuerdos en azul brillante, porque, sin buscarlo y sin saberlo, el brillo en los ojos de una chica había hecho de su vida algo maravilloso.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Age nº 16

LA CONSTRUCCIÓN DE UN TRIBUTO

A lo largo de su historia, Marvel ha intentado en varias ocasiones recontar el origen de sus personajes clásicos, sin que los resultados fueran especialmente alentadores. Ante los precedentes conocidos, la llegada de la línea Ultimate produjo algunos ataques por parte de aficionados que ni siquiera habían leído el producto, pero que temían por la posibilidad de que la nueva versión terminara por sustituir a la ya conocida.

Ajenos a esas críticas, los artífices del nuevo sello no querían ni barrer a unos personajes que habían seguido desde niños ni repetir sus andanzas al pie de la letra. Su objetivo auténtico consistía en reimplantar en el siglo XXI conceptos que tenían ya a sus espaldas cuatro décadas de existencia, y para ello se podía partir del original, pero tomando la perspectiva del tiempo transcurrido desde su publicación y teniendo en cuenta las inconsistencias surgidas durante tantos años de aventuras. En el caso de Ultimate Spider-Man, el objetivo prioritario de Brian Michael Bendis consistía en hacer un tributo a Stan Lee y Steve Ditko (los creadores del personaje), y, sobre todo, a John Romita, con cuya llegada la franquicia arácnida adquirió un tono romántico indudable. Se trataba de reinterpretar el sabor de aquellos cómics y que los fans neófitos degustaran el resultado como si acabara de cocinarse.

 

¿En qué cambia el nuevo Peter Parker en relación al antiguo? La diferencia fundamental es que, si Pete en sus orígenes era un ratón de biblioteca, un tipo introvertido y poco dado a relacionarse con las chicas, el Definitivo, sin alcanzar el calificativo de popular, se desenvuelve mucho mejor en su entorno. No es un nerd, no pasa su vida encerrado en un laboratorio ni es incapaz de acercarse al sexo opuesto. Al nuevo Pete le gustan las ciencias, sí, pero no tiene problemas a la hora de tener vida social propia.

 

Como consecuencia de esa búsqueda del “chico corriente”, este Pete carece de la inteligencia superior de la que siempre ha hecho gala el Spiderman tradicional. Es tan listo, estudioso y brillante como pueda serlo alguien de su edad, pero no es un superdotado. De hecho, suele ir a remolque de lo que ocurre, y rara vez demuestra cierta iniciativa ante sus enemigos, que en ocasiones se burlan de él y le manipulan. Hay quien pudiera pensar que tal situación no es propia de un héroe, pero ahí radica uno de los detalles más coherentes del planteamiento de Bendis. Su Spiderman está aprendiendo y comete errores. Está construyendo su vida y, como puede pasar a cualquiera, se equivocará mil veces antes de tomar las decisiones correctas.

 

Desde el punto de vista argumental, Bendis parte de muchos de los elementos que se estaban utilizando en el guión de la película de Sam Raimi, por entonces en periodo de producción. Coincide con él a la hora de utilizar desde el primer momento tanto a Mary Jane como al Duende Verde. En la versión tradicional, Mary Jane no apareció hasta que Peter ya estaba en la Universidad, para mucho más tarde convertirse primero en su novia y más tarde en su esposa. En los años noventa, la serie de animación de Spidey la entronizó como el gran amor de Peter también en sus inicios como superhéroe, circunstancia adoptada luego en el cine y que Bendis hace suya. El guionista ha desnudado a la Mary Jane clásica de gran parte de su exuberancia, para hacer lo mismo que con Pete: mostrarla como “la chica de la puerta de al lado”. En cuanto al Duende Verde, el guionista une su destino al del héroe desde el primer momento, toda vez que prescinde del misterio que rodeara a su identidad durante largo tiempo, para pasar directamente al duelo personal. Para el segundo arco argumental, el recogido en este tomo, Bendis opta por Kingpin, uno de los villanos clave de la época de Romita, a la par que añade a Los Forzadores, esbirros de la etapa fundacional dibujada por Steve Ditko en los primeros años sesenta. Una anécdota graciosa es que, apenas unos pocos años antes, cuando John Byrne trató de actualizar las historias de Ditko en su Spiderman: Chapter One, renunció expresamente a utilizar a Los Forzadores porque los consideraba “demasiado antiguos”. Bendis no tiene inconveniente en recurrir a ellos e integrarlos en su visión del trepamuros, que pulveriza a la de Byrne en todos los aspectos, pero sobre todo en el de la batalla por la modernidad.

 

En el terreno estético, Mark Bagley se merece una medalla. Dibujó a Spiderman a lo largo de los años noventa, hasta convertirse en uno de sus artistas fundamentales. Luego abandonó al personaje, para retomarlo algún tiempo después, pero en su nueva versión. En lugar de remedar éxitos pasados, Bagley cambia de arriba abajo la manera de abordar al icono. Su Peter es delgado en extremo, con un cuerpecillo propio del chaval que todavía no ha terminado de formarse, y lo mismo puede decirse de Mary Jane. Echando un vistazo alrededor, nos encontramos con que tía May es más joven y más fuerte, igual que tío Ben, quien lucía una coleta que revelaba su pasado beatnick. El hecho de que Bendis dotara al patriarca Parker de un carisma inédito hasta entonces, produjo que muchos lectores llegaran a pensar que quien moriría sería May, en lugar de Ben. Tal cosa no ocurrió, desde luego, pero es un detalle que ilustra el talento de los autores de Ultimate Spiderman para presentar como nueva una saga contada mil veces en el pasado.

 

No ya para burlarse amistosamente de los aficionados que esperan que tal cosa ocurra en un sentido o en otro, sino para ser consecuente con el personaje que está construyendo, Bendis tomó una importante decisión nada más concluir el primer año de la serie, en una historia autoconclusiva con la que el guionista daba un giro radical a la relación entre el héroe y la chica. No era nada que se hubiera hecho antes en los cómics clásicos, pero sí era lo natural que debía ocurrir en Ultimate Spiderman tal y como se venían desarrollando las tramas. Aquel cómic, incluido en este tomo, se ganó el aplauso unánime de los lectores y multitud de premios.

 

Ha cambios más superficiales, como el trabajo que consigue Peter en el Daily Bugle: un chaval no va por ahí vendiendo a un periódico fotografías que ninguna persona consigue, estima Bendis, quien opta por algo mucho más sencillo, como una beca en la página web del periódico. La decisión tampoco supone una ruptura radical con la imagen que tenemos del héroe. Propicia además una escena memorable, la de J. Jonah Jameson enjuiciando como basura cada una de las fotos que le muestra Peter, y que los guionistas de la película no tuvieron inconveniente en calcar, para orgullo y sorpresa de Bendis y Bagley.

 

Y por mucho que éste sea un universo nuevo y brillante destinado a la captación de adeptos, los guiños al pasado campan a sus anchas, certificando un cariño y un respeto absoluto hacia los que estuvieron antes. Atención a la ropa que viste Peter (una de sus camisetas muestra el símbolo de los Thunderbolts, el supergrupo que dibujara Bagley durante años), a los personajes que aparecen en segundo plano (están desde los agentes Mulder y Scully hasta el protagonista de Powers, otra gran serie de Bendis), a la mención de otros héroes (con los cuales Spidey se cruzará dentro de muy, muy poco tiempo), al nick que utiliza Peter cuando navega por Internet y al de aquél que le responde (son los nombres de los rotulistas que trabajaron en el cómic original: Artie Simek y Sam Rosen). Y es que los tesoros escondidos en estas páginas se cuentas por decenas.

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 2: Curva de aprendizaje

Y AHORA, VENENO

Hay que reconocer a Gerry Conway que le tiene tomada la medida al concepto de comercialidad. Estrena una serie con un concepto tan potente como el que tiene Renueva tus votos y ya sólo con eso tiene asegurado el éxito del primer arco argumental. ¿Y luego? ¡Bumba! La Patrulla-X de Jim Lee. Consecuencia: se mantiene el efecto positivo. ¿Y a continuación? ¡Bumba! El Veneno que le mola a todos los chavales de los años noventa: el de toda la vida, el de McFarlane. Y además tiene sentido argumental. ¿Qué más se puede pedir? ¿Te hemos contado que esta serie nos tiene alucinados y que no hacemos más que recomendársela a todo el mundo? ¡No dejes de hacerlo tú!

 

¿DÓNDE HABÍAMOS VISTO ESTO? Ah, sí: en la saga original del traje negro

 

LOS PROBLEMAS CON MARY JANE

Conseguir que la esposa de Peter Parker se hiciera con poderes arácnidos era algo que se podía hacer de muchas maneras. Todo se pega, menos la belleza, y estar tanto tiempo en contacto con Spiderman alguna consecuencia tenía que tener. Conway y Stegman tiraron por el camino fácil, que no era otro que mantener aquello que ya le había ofrecido la miniserie original de “Secret Wars”: la tecnología de Regente para drenar los poderes de otros superhumanos allí tenía un componente negativo, pero ellos podían darle uno positivo. ¿Y si en vez de tomar todas las habilidades del trepamuros, sirvieran sólo para tomar un poquito y así conferírselo a su santa esposa? Check. Pero claro, reducir los poderes de Peter podía poner en peligro a éste, lo que da pie a buscar soluciones alternativas… y de ahí pasamos al simbionte. Nos reconocerás que la justificación no sólo es buena, sino que además se ha hecho de manera muy orgánica con respecto a la trama de la cabecera. El único punto flaco, del que esperamos pronta explicación, está en el hecho de que a Mary Jane le aterraba Veneno: Peter incluso tuvo que volver al traje clásico a causa del trauma que le dejó a su esposa su primer encuentro con Eddie Brock. ¿Lo ha superado hasta el punto de vestirse de negro, aunque no sepa todavía de qué va la cosa? Por cierto, la trama recuerda en cierta manera a aquella vez, en los años ochenta, en que La Gata Negra compartía aventuras con Spidey, pero su falta de superpoderes hacía que se metieran en problemas. Como consecuencia de ello, Felicia buscó desesperadamente la ayuda de Kingpin… y bueno, si no sabes cómo acabó la cosa, te recomiendo que le eches un vistazo al Marvel Héroes. Peter Parker, El Espectacular Spiderman: punto de ruptura, cuyo título es más que ilustrativo.

¿A QUIÉN YA LE HABÍA PASADO ESTO? Ah, sí: a la pobre Felicia

 

NARRADORES

Así se definen a partir de este momento Conway y Stegman en los créditos de la colección. Es algo que nos viene heredado de la edición americana, así que con toda seguridad lo habrán pedido ellos mismos. Se trata de una manera de glosar a los autores que suele usarse en muy pocas ocasiones, y siempre en casos en que la compenetración del guionista y del dibujante es tan profunda que el primero suele hacer recomendaciones y comentarios sobre la labor del segundo y el segundo se mete hasta la cocina a la hora de elaborar la historia. Por ejemplo, era algo que solían hacer Stan Lee y John Romita, y también es muy frecuente con los trabajos de Tom DeFalco y Ron Frenz, en ambos casos equipos clásicos de la franquicia arácnida. Atención, porque la cosa no se va a quedar ahí. Desde Marvel, los siguientes números que se anuncian de Renueva tus votos están escritos y dibujados, en su totalidad, por Ryan Stegman, sin que haya rastro alguno de Conway. ¿Acaso se acerca su salida de la colección, o se trata solamente de una medida provisional, de cara a una aventura aislada en la que su colega pudiera desplegar a fondo las habilidades literarias? No lo sabemos todavía, pero a buen seguro que nos enteraremos y te lo contaremos.

Spot On Aparecido originalmente en El Asombroso Spiderman: Renueva tus votos nº 8

LA MARCA DEL DESTINO

Sorprende que la vida de uno de los personajes Marvel que más se prestan al humor esté tan salpicada por la tragedia. Es uno de los elementos que articulan la grandeza y complejidad de Spiderman, cuya existencia, desde su nacimiento, va de la mano, y encuentra sentido, en la muerte de un ser querido. El tío Ben fue asesinado por la inacción del imprudente Peter Parker, que pudo haber detenido al ladrón que luego perpetraría el crimen, pero no lo hizo. Lección moral, casualidad aparentemente simple, pero que encierra la fatalidad del destino: un destino al que el Hombre Araña, a partir de entonces, nunca ha conseguido escapar.

De manera periódica, la parca volvería a cebarse con diversos integrantes del elenco de personajes que aparecían en las aventuras de Spiderman, siempre envueltos tanto en las andanzas del trepamuros como en las de su alter ego. En Amazing Spider-Man #10 (1964), Bennet Brant, el hermano de Betty, la entonces novia del joven héroe, moría en el marco de una batalla entre el trepamuros y los delincuentes con quienes Bennet tenía cuentas por saldar. La ocasión se repetiría unos pocos años más tarde, con Frederick Foswell, periodista del Daily Bugle y criminal arrepentido, que fallecía en un fuego abierto contra Spidey por los subalternos de Kingpin, el Rey del Crimen de Nueva York (Amazing Spider-Man #52. 1967).

 

Pero las aventuras del lanzarredes están presididas por el contrapeso y el equilibrio de elementos. Las muchas meteduras de pata del protagonista, la mala suerte que le persigue allá donde se dirige, los conflictos, en definitiva, que inundan su vida privada al chocar con su vida de superhéroe, se contrarrestan gracias a otras circunstancias de cariz positivo y enriquecedor. El Peter Parker al que las chicas rechazaban en su adolescencia encuentra, llegada la edad adulta, al gran amor de su vida, una belleza cargada de dulzura y comprensión llamada Gwen Stacy. A su vez, el Peter Parker que había perdido a una figura paterna con la muerte de tío Ben haya un cierto equivalente en el veterano capitán de policía George Stacy, padre de Gwen y el único dentro de los adultos que aparecen en la serie que confía en la condición heroica de Spiderman.

 

Aunque Gwen ya había aparecido en la recta final de la etapa dibujada por Steve Ditko, el creador gráfico del personaje, sería tras su sustitución por John Romita cuando ella adquiriría un papel preponderante, momento en que su progenitor también se sumaría a los secundarios. De una época dominada por lo extraño y por una alegoría del aislamiento del adolescente, las aventuras de Spiderman pasarían a convertirse en una suerte de comedia romántica, en la que el peso recaía sobre las posibilidades amorosas que se presentaban ante un protagonista que debía elegir entre la ardiente y dispuesta Mary Jane, estupenda vecinita de al lado con la que cualquier mortal le hubiera gustado acostarse, y la encantadora y angelical Gwen, la novia que todos los jóvenes que leían las aventuras del lanzarredes hubieran querido tener, y por la que finalmente acabaría decidiéndose Peter.

 

¿Llegaba entonces la plenitud para el atormentado superhéroe? No, nunca llega, porque toda serie necesita de conflictos para seguir adelante, y la de Spiderman los concentra en cuanto sucede alrededor del hombre bajo la máscara. El noviazgo con Gwen estaría impregnado de ellos: de escapadas de Peter en momentos de peligro en que debía dar paso a Spiderman, pero que le dejaban como un cobarde ante su amada; de circunstancias comprometidas para las que no podía dar ninguna explicación sin revelar su identidad secreta. Y mientras tanto, ahí estaba el capitán Stacy, ya retirado, demasiado inteligente para estarse quieto, que llenaba su tiempo libre con deducciones acerca de quién era Spiderman y por qué se comportaba como lo hacía. Stacy era, junto con Robbie Robertson, el amable redactor jefe del Daily Bugle, un hombre bueno en un mundo lleno de oportunistas en quien no se puede confiar. Era un héroe esperando a mostrarse como tal, y esa oportunidad le llegaría, en la primera de las aventuras recogidas en este volumen, aquella que, una vez más, y con mayor intensidad que nunca antes, tiñó de negro la trayectoria de Spiderman.

 

La vida sigue en ausencia de los que no están, y los lazos establecidos entre los que han de continuar adelante se hacen más fuertes, si cabe. Fue lo que ocurrió entre Peter y Gwen, cuya relación se volvía más seria, más estable, más abocada a donde acababan todas las relaciones en una época en la que no había, al menos no en los cómics, alternativas. Ella se había convertido en la novia eterna del héroe, y de ahí al matrimonio sólo había un paso. Pero tal alteración en el escenario del Hombre Araña hubiera certificado, en cierta forma, su final. Sus aventuras tratan, en cierta forma, de un chaval al que el destino ha señalado con el dedo, que no puede llevar el tipo de vida que llevaría cualquier otra persona, porque cualquier intento de hacerlo siempre choca con la responsabilidad que supone ser Spiderman.

 

Stan Lee había cumplido las cien entregas publicadas como guionista del trepamuros, para ceder el testigo a un joven llamado Gerry Conway, que con apenas diecinueve años conectaba con el personaje mejor todavía de lo que lo hubiera hecho su creador. Conway comprendió que Peter Parker estaba en la encrucijada. Podría casarse con Gwen Stacy, pero tal opción le empujaba a un callejón sin salida. Había otra opción, a la que nadie se atrevía, pero que había sido propuesta por John Romita, que ya no dibujaba las aventuras arácnidas, ahora en manos del virtuoso Gil Kane, pero que seguía presente en la toma de decisiones, desde el cargo de Director Artístico de Marvel.

 

Y entonces, dieron un paso hacia delante, y decidieron romper las reglas del juego. La decisión fue tomada, a iniciativa de Romita, con la aquiescencia de Roy Thomas, segundo al mando de la editorial, y la aceptación de Stan Lee, al que se le presentó la idea con suficiente convicción. Conway y Kane serían los responsables de llevarla a cabo, en Amazing Spider-Man #122 y 123 (1973), y consiguieron producir un relato irrepetible, que señaló el fin de una época y marcó para siempre a cuantos la leyeron. Porque el héroe siempre está ahí para rescatar a su novia. Porque Superman nunca deja caer a Lois Lane… Pero Superman no es un personaje Marvel, y Marvel es el lugar donde ocurren las cosas que no suceden en ninguna otra parte.

 

Los ecos de aquella historia todavía resuenan en la actualidad, y muchos elementos se han venido a sumar a los hechos narrados entonces. También a los que supusieron la despedida del Capitán Stacy. De todos ellos destaca, en especial, una miniserie acometida por el guionista y dibujante Lee Weeks en el año 2000, en la que se profundizaba en las consecuencias de lo ocurrido, completando el relato, aumentando aún más si cabe el insondable pozo de oscuridad.

 

Ambos relatos originales, así como Muerte y destino, la mencionada historia posterior, componen este volumen de Marvel Héroes. Son las aventuras que terminaron de definir al Hombre Araña, aquellas sobre las que siempre se vuelve, porque, después de ellas, nada puede ser más demoledor ni terrible. Son también las historias que cerraron las ventanas de la inocencia y abrieron la puerta de la oscuridad en el cómic de superhéroes. Nada volvió a ser igual. Ni para Spiderman, ni para el mundo de las viñetas, pero tampoco sus seguidores.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. Spiderman: La muerte de los Stacy

El último misterio de Steve Ditko

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 Steve, siempre fuiste un hombre de misterios, Tus dibujos mostraban, a menudo, siluetas huyendo de sombras siniestras, ventanas chorreando por la lluvia y rostros de ojos desorbitados y frentes sudorosas por haber contemplado el más allá.

Centrado en ese mundo de visiones que te habitaba por dentro, sólo obedeciste los mandatos de tu intrincado corazón y, por eso, tomaste decisiones que a muchos se nos podían antojar extrañas.¡Dejaste de dibujar Spider-Man en el momento de mayor gloria !

¿Hacia dónde habrías llevado la colección, Steve? ¿Qué ideas grotescas y qué personajes pintorescos habrías diseñado? Eso no lo sabremos nunca. Ése fue el misterio que dejaste sin resolver. Yo quiero imaginar, sin embargo, qué habría pasado si no hubieras dejado a Spidey y hubieras seguido dibujando la colección…

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Carta para Norman Osborn

Norman, no te van a gustar estas palabras, pero te escribo porque quiero saber.  Quiero saber ¿por qué? ¿Por qué has convertido tu vida en un torbellino de locura? ¿por qué has convertido la vida de los demás en un desierto de pena y soledad ? Como todos,  te tengo miedo, pero eso no me impide enviarte esta carta…

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