SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 19: EL CÓMIC FAVORITO DE JOHN ROMITA

Tras “La saga de la tablilla”, llegaron historias cortas y sencillas en las que se descendía hasta los problemas mundanos de Peter Parker que habían dado encanto a las viñetas en otros tiempos, mientras que se recuperaba a algunos viejos villanos, como El Camaleón o Electro. Éste reaparecía en una aventura que, al transcurrir en un plató de televisión, quizás era la misma que estaba pensada para el tercer número de Spectacular (p 117).

 

En los Amazing #78 y 79 (1969), Romita ofreció un nuevo contrincante para el trepamuros cuya creación le había sugerido nada menos que Junior, su hijo. “Sólo hice el típico traje ajustado”, dijo éste, años después. “Tenía doce o trece años. Era un traje tonto, pero, como un buen padre, se lo llevó a Stan Lee y le dijo: ‘mira lo que ha hecho mi hijo’. Stan respondió: ‘Ése es un buen nombre. Me gusta el nombre. No me gusta el traje, pero me gusta el nombre’. Y así fue como se convirtió en lo que se convirtió” (p 117).

 

Algunos aficionados llegaron a preguntarse si no era recomendable romper en mil pedazos el tabú de la identidad secreta: si El Duende Verde sabía quién era Spider-Man, ¿por qué Peter no confesaba la verdad a sus cercanos? Stan sometió la cuestión a los votos del aficionado. “¿Quién debe convertirse en el confidente de Spidey?”, les preguntaba (p 118).

 

Sin que nadie le diera la menor importancia, aquel cómic fue la primera vez en la que un chaval negro vestía de Spidey (p 118).

 

En contraste con la rudeza y la contundencia corporal de Kingpin, su esposa Vanessa era una esbelta y elegante dama de mirada triste para cuya creación Jazzy se había basado en Dragon Lady, un personaje de su tira favorita, Terry y los piratas, de Milton Caniff. Éste representaba a Dragon Lady como una seductora espía asiática, siempre vestida con ropa elegante y ajustada. “Era la mujer mayor a la que yo hubiera amado”, confiesa Romita (p 118).

 

 

“Cuando John Buscema hacía los bocetos, era el más rápido de los tipos”, recuerda Romita. “Stan dijo: ‘Saquemos adelante Amazing. Dejemos que la dibuje John Buscema’. Así que me daba un esquema general. Elegía un personaje, un escenario y algunas ideas con las que yo hacía un argumento con Buscema. Y tenía que escuchar a John gruñendo: ‘Oh, cuánto odio a Spider-Man. ¡Esto es un montón de mierda!’. Odiaba a los superhéroes, especialmente a Spider-Man (p 119).

 

La mayor noticia del mes es que John Romita estará dibujando Amazing una vez más”, proclamaba el Marvel Bulletins del Amazing #82. “Pero todavía tenemos otra sorpresa para todos los Spider-Manófilos. Stan y Johnny han decidido volver al estilo original de historias y poner más el énfasis en la vida privada de Peter Parker, tal y como muchos habíais pedido” (p 120).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

ANATOMÍA DE UNA ETAPA PERFECTA: EL SPIDER-MAN DE ROGER STERN

A comienzos de los años ochenta, casi veinte años después de su nacimiento, Spiderman se encontraba en la cima de su popularidad: había contado con varias teleseries de animación, otra de imagen real, y se publicaban tres colecciones mensuales más una cuarta con reediciones de sus aventuras clásicas. La gran paradoja estribaba en que, en un momento comercial tan dulce, la calidad de los cómics dejaban mucho que desear. Atrás habían quedado los auténticos días de gloria en que la cabecera de Spiderman debía ser de lectura obligada para todo aficionado. Por suerte, la grandeza regresó, y de qué manera, cuando ya agonizaba 1981, de la mano de un equipo creativo excepcional, el formado por Roger Stern y John Romita Jr., quienes se hicieron cargo de la serie principal del héroe: The Amazing Spider-Man.

 

 

Ambos autores ya llevaban un tiempo relacionados con el personaje, de manera que Stern venía escribiendo la cabecera secundaria Peter Parker, The Spectacular Spider-Man, y Romita Jr. había entrado en Amazing un tiempo antes, todavía abrumado por el peso de ocupar el lugar en el que, en los años sesenta, hubiera estado su legendario padre. Por aquel entonces, un nuevo editor, Tom DeFalco, se hizo cargo de la Franquicia Arácnida, con el objetivo primordial de dar un vuelco a la inercia que venía arrastrando en los últimos años.

 

EL CAMINO HASTA AQUÍ

Roger Stern (1950, Noblesville, Indiana) se había hecho un pequeño nombre en la industria por su labor en CPL (Contemporary Pictoral Literature), un fanzine en el que también participaban otros ilustres amigos, como John Byrne o Bob Layton, que luego se convertirían en profesionales del cómic. En 1975 entró a trabajar para Marvel, siguiendo la ruta habitual en aquella época: primero como editor y luego como guionista. El año y medio en el que escribió Spectacular le sirvió como perfecto entrenamiento para luego hacerse cargo de Amazing. Había tenido la oportunidad de entender los mecanismos que hacían funcionar al personaje y qué errores debía evitar, de manera que incluso llegaba a explicar a los dibujantes la manera en que debía moverse Spidey. En materia de secundarios, había buscado la rehabilitación de tía May como la mujer cargada de fortaleza y dignidad que había criado y servido de guía moral a Peter Parker, frente a los aficionados que soñaban con ver su muerte o los autores que la retrataban como una vieja con demencia senil. Incluso señaló una operación de bypass como la explicación de sus excentricidades del pasado, para a renglón seguido sacar a relucir sus virtudes e incluso dotarla de un novio. El elenco de secundarios se ampliaba con los compañeros de doctorado que tenía Peter en la Universidad Empire State. Los había creado Bill Mantlo, el anterior guionista de Spectacular, pero Stern les quiso añadir mayor verosimilitud, algo que consiguió al identificarlos con los compañeros que trabajaban en las oficinas de Marvel. En materia de villanos, el guionista se dio cuenta de que Spidey se había enfrentado demasiadas veces a los enemigos de siempre. Aunque utilizó algunos de ellos, como Mysterio o su favorito de los clásicos, El Buitre, los alternaría con criminales procedentes de otros rincones del Universo Marvel e incluso introdujo villanos nuevos. Como aliño a las aventuras más urbanas del trepamuros, Stern crearía a varios miembros de la policía, la Capitana Jean DeWolff, que patrullaba la zona del Daily Bugle y que pronto demostró estar del lado de Spidey, y el Sargento Snyder y el Teniente Keating, que se ocupaban del resto de la ciudad. El primero de ellos también guardaba simpatías para nuestro héroe, mientras el otro le declaró una guerra sin cuartel.

 

Caricatura de Roger Stern realizada por Stan Goldberg para un artículo aparecido en Marvel Age #3 USA (1983).

 

De seguir un tiempo más en Spectacular, es probable que la etapa de Stern hubiera alcanzado la categoría de leyenda que luego lograría la de Amazing, y si no lo hizo quizás fue porque los dibujantes que le acompañaron no estaban a la altura y cambiaron con excesiva frecuencia. En algún momento, llegó a plantearse la posibilidad de que su amigo John Byrne, con quien había compartido una corta pero celebrada etapa en Captain America, se hiciera cargo de la parte gráfica de la serie, pero tal pretensión sólo duró un número, ya que Byrne se vio obligado a encargarse no sólo de escribir y dibujar The Fantastic Four, sino también de entintar sus lápices.

 

El primer encargo profesional que tuvo John Romita Jr. (1956, Nueva York) fue una historia de seis páginas para The Amazing Spider-Man Annual #11 (1977), con la que ya demostró que era algo más que el hijo de uno de los dibujantes más respetados del cómic estadounidense. Su excelente labor en Iron Man entre 1978 y 1982 le señalaría como una de las estrellas emergentes de Marvel. La llegada al título principal del Hombre Araña se produciría con The Amazing Spider-Man #208 USA (1980), cuando Denny O’Neil estaba al mando de los guiones. Con su trazo elegante y espectacular daría empaque a unas aventuras que, por más que entraran en la calificación de entretenidas y disfrutables, no aportaban nada nuevo al trepamuros.

 

En verano de 1981, cuando Tom DeFalco asumió la coordinación de las series arácnidas, su primer objetivo consistió en dotar de consistencia a los equipos creativos de cada una de ellas. Con O’Neil rumbo a otros proyectos, Amazing necesitaba de un nuevo escritor consciente de la importancia del título. Stern fue el elegido para acompañar a Romita Jr., que permanecería en la serie pese a la marcha del que había sido hasta entonces su escritor. El presente prólogo analiza los detalles y circunstancias de esa época dorada en la que se unieron los talentos de estos profesionales. Aunque se han evitado muchas referencias argumentales, quizás el aficionado que nunca antes se haya acercado a este material prefiera aplazar la lectura de la introducción hasta que una vez finalizado el volumen.

 

Primera página del debut de John Romita Jr., en un complemente de The Amazing Spider-Man Annual #11 USA (1977)

 

LA AZAROSA VIDA DE UN HOMBRE ARAÑA

La era Stern / Romita Jr. arrancó en The Amazing Spider-Man #224 USA (1982), con una viñeta a página completa que constituía una declaración de intenciones: Peter Parker, vestido con su traje arácnido, salvo por la máscara, hablaba por teléfono con su tía May mientras saltaba alegremente por su modesto apartamento. En la memoria de Stern estaban los años dorados de Stan Lee con Steve Ditko primero y con John Romita después como dibujantes, en los que, según sus propias palabras, las andanzas de Spidey eran fundamentalmente mundanas. “El Spiderman de Stan se enfrentaba siempre a problemas pegados al suelo”, afirmaba. “¿Recuerdas cuando solía tomarse un descanso en medio de una lucha en una habitación llena de matones para buscar un teléfono y asegurarse que tía May estaba bien? ¡Me encantaba eso!”. Ya desde ese primer episodio, el escritor insistía en la importancia de la relación entre Peter y su tía, con una historia en la que el villano era El Buitre, su favorito del casting de enemigos clásicos arácnidos, y al que ya había utilizado momentáneamente en su etapa en Spectacular, con una trama que había heredado de otro escritor. Libre de cualquier atadura, Stern pudo caracterizar y utilizar al Buitre como de verdad quería: un anciano que, pese a su aparente fragilidad, representaba una amenaza para el trepamuros. “Puedes tener mil veces al Doctor Octopus y a Kraven, pero a mí dame siempre al Buitre”, afirmaba el escritor. “Tenemos aquí un anciano malicioso que contrasta con el joven, honesto y alegre Peter Parker. Para mí, es perfecto”. El Buitre le fascinaba tanto que incluso repetiría, unos meses después, en The Amazing Spider-Man #240 y 241 USA (1983). En ambas aventuras se mostraba el lado más humano de Adrian Toomes, al retratar su amistad sincera con Nathan Lubensky, el novio sexagenario de tía May. La trama situaba el foco sobre la pareja, que desempeñaría una importancia absoluta durante esta época.

 

John Romita en su tablero de dibujo, en una foto tomada en las oficinas de Marvel a finales de los años setenta.

 

La primera aventura con continuará de la etapa Stern / Romita Jr. se produciría apenas dos números después de aquel prometedor comienzo, en The Amazing Spider-Man #226 y 227 USA, unos episodios en los que se recuperaba y profundizaba en la Gata Negra, personaje que hasta entonces parecía pasto exclusivo de su creador, Marv Wolfman, quien lo había introducido en la serie cuatro años atrás, pero que había sido ignorado posteriormente. La Gata Negra venía a constituir una réplica no intencionada de Catwoman, la vieja rival de Batman, aunque en realidad Wolfman se había inspirado en Bad Luck Blackie (1949), uno de los cortos más famosos de Tex Avery, en el que un gato negro atraía la mala suerte allá por donde pasaba e incluso le pagaban por ello. Con su inclusión en la serie, Stern buscaba una mujer que pudiera llenar la vida de Spiderman, en contraposición con Debra Whitman, la chica con la que Peter salía en aquel momento, y que el escritor juzgaba como una versión femenina del protagonista antes de que le picara la araña radiactiva. En cambio, la interacción entre Spidey y la Gata Negra le recordaba a las viejas películas de Humphrey Bogart, en las que el héroe de sólidos principios se ve arrastrado por la mujer fatal que pone en duda todo aquello en lo que él cree. El romance, tan ardiente como breve, conseguiría la aclamación inmediata de los fans y serviría de combustible a Bill Mantlo, quien por aquel entonces había comenzado una sólida andadura en Spectacular y desarrollaría allí, en toda su amplitud, la relación entre la ladrona de buen corazón y el Hombre Araña, siguiendo el principio del editor Tom DeFalco de que cada serie arácnida tuviera su idiosincrasia y sus personajes secundarios propios. Ambos escritores, Stern y Mantlo, coordinarían sus guiones para que fueran complementarios los unos de los otros. Además, llegarían a encontrarse en The Amazing Spider-Man Annnual #17 USA (1983), un canto a los orígenes del trepamuros, que ambos autores escribirían a medias, mientras que Ed Hannigan, el dibujante habitual de Spectacular, se encargaría de dibujar.

 

Página perteneciente a la etapa de Bill Mantlo en Spectacular Spider-Man, donde se desarrolló el romance entre Spidey y la Gata Negra.

 

Además de la Gata Negra, Stern recuperaría a otro viejo amor de Peter Parker, nada menos que Mary Jane Watson, la mujer a la que el protagonista había llegado a pedir matrimonio en el pasado, que se reincorporaría como personaje de reparto en el momento más inoportuno para Peter pero más divertido para los lectores, en The Amazing Spider-Man #242 USA (1983). Llevaba varios años ausente, pero la pelirroja ya se quedaría de manera continua, pese a que la intención de Stern era precisamente la contraria: que Mary Jane fuera el caos aleatorio. Que apareciera de la noche a la mañana, pusiera la vida de Peter Parker patas arriba y volviera a desaparecer con idéntica rapidez e imprevisibilidad. Con ella, regresaron a la serie otros rostros conocidos: el de Betty Brant, primer amor de Peter; el del esposo de ésta, Ned Leeds, con quien se había reconciliado tras un tiempo de separación, y los de Harry Osborn y Liz Allan, ya felizmente casados, cuyo retorno se produciría en un número especial por múltiples razones, The Amazing Spider-Man Annual #16 USA (1982). Fue en sus páginas donde se encontraron por primera vez las dos generaciones de Romitas: Junior ponía el lápiz, mientras que su padre se encargaba del entintado. Incluso Virginia Romita, la “orgullosa esposa y mamá”, apareció acreditada en la primera página. Stern utilizó ese cómic para presentar a la Capitana Marvel, una heroína que recuperaba el nombre del entonces recién fallecido guerrero Kree, y que en meses posteriores pasaría a formar parte de Los Vengadores, en una época en la que el guionista del trepamuros también se ocupaba de sus historias. “Con la Capitana Marvel”, comentaba Stern, “hice lo que pude para seguir la tradición de Lee, Kirby y Ditko: mostrar una persona normal que de repente adquiere poderes. Quería que estuviera hecha a la vieja usanza, que no fuera como El Castigador o Lobezno, que entonces estaban de moda y no eran en absoluto heroicos. Quería que al menos hubiera un nuevo personaje que no fuera un psicópata o un cretino”.

 

Portada de The Avengers #236 USA, también escrito por Roger Stern, y en el que se jugaba con la posibilidad de que Spidey se uniera al equipo.

 

¿Qué es lo que hacía tan relevante la vuelta a escena de los que habían sido integrantes fundamentales del reparto arácnido durante los primeros años de la serie? Todos ellos habían tenido una presencia intermitente a lo largo del tiempo, pero Stern supo sacarle partido a su reincorporación, al hacerles evolucionar en su statu quo. Ya no eran adolescentes como en sus orígenes, sino personas maduras que seguían adelante con sus vidas y en las que se podía apreciar un avance con respecto a épocas pretéritas. Los había que elegían dar un paso adelante, mientras que los que optaban por permanecer en sus esencias eran forzados por las circunstancias a tomar el camino hacia el futuro, como le ocurriría a J. Jonah Jameson… ¡O al propio Peter! Mientras el elenco de la serie se reconfiguraba a gusto del guionista, todavía quedaban flecos de la época en que el héroe daba clases de doctorado. Stern no se encontraba a gusto con la situación, motivo por el que se propuso marcar su final. Lo alcanzaría de la más radical de las maneras, en The Amazing Spider-Man #243 USA (1983), con un movimiento inesperado que lanzó a Peter hacia la siguiente fase de su edad adulta.

 

El último de los personajes secundarios a los que se daría importancia en esta época sería Lance Bannon, fotógrafo rival de Peter en el Bugle que procedía de la época escrita por O’Neil, aunque había sido el propio Romita Jr. quien le había dado vida gráfica, en su primer episodio en la serie, The Amazing Spider-Man #208 USA (1980). Bannon era mejor profesional que Peter, por lo que sus trabajos eran más apreciados por los jefes del periódico, aunque careciera de la ventaja de su competidor para hacerse con fotos de Spiderman antes que nadie. Desde el principio, sería señalado como el rostro tras la máscara del destacado villano de misteriosa identidad que pronto introduciría Stern.

 

Dos de las más celebradas cubiertas de John Romita Jr. en esta etapa. Imágenes procedentes de Modern Masters. John Romita Jr.

 

ALGO VIEJO, ALGO NUEVO, ALGO PRESTADO

De entre todas esas historias con “villanos prestados” de las que hablábamos antes, la que brillaría con luz propia ocuparía dos episodios, The Amazing Spider-Man #229 y 230 USA, y envolvería a Juggernaut, un peso pesado adscrito habitualmente a La Patrulla-X contra el que el pobre trepamuros tenía bien poco que hacer: “Quería que Spiderman luchara contra alguien que representara un desafío de verdad. Una amenaza física. Alguien a quien Spiderman ni siquiera pudiera golpear. No sé por qué, pero lo primero que me vino a la cabeza fue Juggernaut. Después de todo, su poder es que nadie puede pararle, así que, ¿qué pasaría si Spiderman tuviera que encontrar una manera de detenerle cuando el resto de los héroes están fuera de la ciudad?”, se preguntaba Stern, quien tejió un relato con reminiscencias de “El capítulo final”, la saga culmen de la etapa de Stan Lee y Steve Ditko, en la que Spidey también se veía forzado a un desafío por encima de sus capacidades físicas. La historia de Juggernaut servía para recuperar a Madame Web, una anciana con poderes precognitivos que procedía de la época O’Neil. A Stern le parecía muy sugestiva, pero no estaba de acuerdo en que conociera la identidad secreta de Spiderman. La saga con Juggernaut tendría esa preocupación como motor básico, para dar lugar a una de las mejores aventuras de la etapa, que además serviría para redefinir al villano. Éste y el trepamuros volverían a encontrarse en el futuro, pero siempre tomando como referencia esta mítica historia.

 

El debut de Madame Web, en The Amazing Spider-Man #210 USA (1980).

 

Stern también trató de recuperar algunos contrincantes arácnidos menos conocidos, como Tarántula o Fuego Fatuo, a los que envolvió en una conspiración alrededor de Roxxon Oil, conglomerado empresarial corrupto que hacía de las suyas en diversas colecciones Marvel, pero siguió asistiendo impotente a las reivindicaciones que los lectores hacían llegar a la editorial a través del correo. Muchos querían al Duende Verde de regreso, pero el guionista renegaba de tal posibilidad. Norman Osborn era el único Duende Verde que de verdad consideraba interesante, y había muerto diez años atrás, después de asesinar a Gwen Stacy, en una historia que hubiera sido imperdonable deshacer; los sustitutos, primero su hijo Harry y luego el psiquiatra de éste, para Stern nunca habían estado a la altura de la leyenda del gran patriarca Osborn… Y por eso se propuso ir en una dirección opuesta. Daría a los lectores lo que querían, un Duende de identidad desconocida, como había sido el rasgo más significativo del villano clásico en sus primeras apariciones, pero sin relación directa con los Osborn. “El Duende fue mi solución a las eternas reclamaciones sobre el Duende Verde”, comentaría al respecto. “Como ocurría con el Duende Verde original, nadie sabría quien era realmente, ni Spiderman ni los lectores. Pero, a diferencia de Norman, no estaría loco. El Duende sería tan fríamente calculador como pudiera escribirlo”.

El personaje se presentó en la segunda ocasión en que John Romita entintó los lápices de su hijo, en The Amazing Spider-Man #238 USA. Cuando el episodio estuvo terminado, Stern se acercó a Romita para recordarle que, doscientos números antes, en los años sesenta, había irrumpido en la serie, precisamente para dibujar la historia en la que se descubría que el Duende Verde era en realidad Norman Osborn. El relato original fue la primera historia de Spiderman que leyó Stern en su niñez. La pretensión del guionista con el nacimiento del Duende era reproducir las emociones que aquel cómic le habían producido. Desde el principio, tenía claro quién era en realidad El Duende, pero no se lo diría a nadie. Ni a Romita Jr, ni a Tom DeFalco, ni siquiera a su mujer o a su amigo John Byrne, quien presionó sin conseguir resultados. Nadie lo sabía. La respuesta del público fue abrumadora, de manera que el tema ocupaba cada vez más espacio en el correo de lectores. Allí, se especulaba con las posibles opciones. Los fans señalaban a Harry, a Lance Bannon, al hijo de Kingpin o incluso a J. Jonah Jameson como candidatos a Duende. Cualquiera podía ser el culpable, puesto que Stern había lanzado pistas falsas de todos ellos. Sólo Peter y Robbie Robertson estaban libres de sospecha. En paralelo, la trama creció y creció, hasta abarcar gran parte de los episodios e inundar la apoteósica conclusión de la etapa.

 

Póster creado por John Romita Jr. para Marvel Press, un proyecto de merchandising impulsado por Marvel en 1984.

 

EL FIN DE UNA ERA

En 1984, Marvel puso en marcha una curiosa iniciativa. Mientras los editores de todas sus series se encontraban en la Convención de Cómics de San Diego, sus asistentes cubrirían el puesto, con libertad para hacer cualquier cosa que se les ocurriera. Los resultados serían bastante sorprendentes e incluso rocambolescos. La Franquicia Arácnida representó una buena muestra del llamado “Mes de los Editores Asistentes”. En Marvel Team-Up, tía May se convertía en el Heraldo de Galactus (aunque luego no fuera más que un sueño); en Spectacular, el caricaturista Fred Hembeck dibujaba la mayor parte del episodio, y en Amazing, Roger Stern ofreció una emocionante historia en la que Spidey visitaba a un joven admirador que había coleccionado toda clase de objetos y artículos de periódico relacionados con el trepamuros. En apenas once páginas, el relato conseguía llegar al lector como pocos que se hubieran publicado nunca, con sinceridad, valentía y honestidad.

 

El origen de esta pequeña obra maestra hay que buscarlo meses antes de su realización. “Una mañana, me desperté literalmente con la historia en la cabeza”, explicaría luego Stern. “De hecho, apareció en mi mente tan completa que estaba convencido que debía haberla leído antes”. En los días siguientes, estuvo preguntando a otros colegas, pero nadie recordaba nada parecido. Sólo una vez convencido que el relato le pertenecía se atrevió a escribirlo, sin que hubiera siquiera lugar en Amazing para publicarla. “Estoy seguro que surgió de mi deseo de hacer una historia de interés humano al estilo de Will Eisner. Ése es el motivo por que está contada en parte mediante recortes de periódico. Quería que fuera eisneriana”, añade el guionista.

 

El relato se quedó unos meses en la reserva, esperando hueco, hasta que surgió el Mes de los Editores Asistentes. Esta iniciativa, como se revelaría un cuarto de siglo después, no fue exactamente como se transmitió a los lectores. Es cierto que los ayudantes fueron los amos del lugar durante unos pocos días, pero convertir tal cosa en una sorpresa diferente en cada serie fue decisión de Marvel, hasta el punto de que los editores principales fueron quienes planificaron las historias junto con los autores. En todo caso, el proyecto dejaría interesantes anécdotas que contar… Y también un relato que se sigue posicionando entre los favoritos de todos los tiempos por parte de los fans de Spiderman.

 

No fue John Romita Jr. quien dibujó “El niño que coleccionaba Spiderman”, sino Ron Frenz, un artista cuyo estilo recordaba con intensidad al de Steve Ditko, el creador gráfico del trepamuros. “Saqué todos mis cómics de Ditko para usarlos como referencia, porque creía que el chico protagonista de la historia hablaba de aquella época. Utilicé ese tono porque creía que, dado que se trataba de una historia con mucha caracterización de personajes y poca acción superheroica, el estilo permitiría identificar de inmediato a Spidey”, confesaría el artista, quien antes había pasado por las páginas de Ka-Zar The Savage y había tenido ocasión de dibujar algún número de Marvel Team-Up, aunque sería “El niño…” el trabajo que señaló su destino.

 

Portada de Marvel Team-Up #134 USA (1983), el primer cómic de Spiderman dibujado por Ron Frenz.

 

El mismo mes en que se puso a la venta The Amazing Spider-Man #245 USA también lo hizo The Uncanny X-Men #175 USA, cuyas últimas páginas estaban dibujadas por John Romita Jr. A partir del siguiente episodio, sería el nuevo artista fijo de los mutantes, aunque todavía podría seguir unos pocos meses encargándose del trepamuros. A su vez, desde Amazing #246 USA, la serie estaría coeditada entre Tom DeFalco y Danny Fingeroth, quien se quedaría en solitario apenas tres números más tarde, debido a que DeFalco se había hecho cargo de la recién iniciada Star Comics, la línea infantil de Marvel.

 

La labor de Stern en Amazing estaba cimentada en gran medida sobre su amistad con DeFalco. Ambos se compenetraban al máximo, de forma que las historias fluían con naturalidad. “Tom y yo estábamos en la misma onda”, recuerda el guionista. “Cuando se fue, ya no era lo mismo sin él. Tenía que explicar a Danny cada pequeño detalle de las historias, algo que nunca me pasó con Tom. Me caía bien Danny, pero me di cuenta de que, si seguíamos trabajando juntos, al menos uno de los dos se volvería loco”. Stern llamó entonces a Romita Jr., para comentar la situación, pero éste no hizo sino confirmarle que pronto dejaría Amazing, para quedarse sólo con los hombres-X. Una vez que los dos amigos en los que se había apoyado estaban fuera de la ecuación, Stern decidió que era un buen momento para que él también se marchara.

 

Lo paradójico de este fin de etapa es que, de haber sabido que Ron Frenz sería quien sustituyera a Romita Jr., el guionista probablemente hubiera accedido a seguir un tiempo más, pero esa decisión no se tomaría hasta más tarde, pese a que Frenz dibujó el último número con argumento de Stern, The Amazing Spider-Man #251 USA (1984). No menos sorprendente fue el nombre de quien dialogaría ese cómic y se confirmaría luego como su sustituto, ya que, al no aparecer ninguna persona adecuada, Fingeroth le propuso el trabajo al propio DeFalco, cuya posición de editor durante todos esos años le había permitido conocer al personaje como pocos escritores. Aceptó, y realizó junto a Frenz una etapa brillante, deudora de la de Stern / Romita Jr. y llena de hallazgos, pero nunca lograría que su amigo le confesara la verdadera identidad del Duende, por lo que el tema seguiría suscitando debate y acabaría por encontrar una solución en falso.

 

En cuanto a Romita Jr., durante aquellos años en que había dibujado Amazing mejoró lo indecible, toda vez que encontraba los entintadores que sabían complementarse con sus lápices. No es extraño que el mejor de todos ellos, Dan Green, le acompañara luego en The Uncanny X-Men. La idea inicial pasaba porque el artista se ausentaría de Amazing sólo durante medio año, pero cuando concluyó ese plazo y se planteó la opción de volver, Romita Jr. prefirió centrarse en los mutantes. No obstante, su historia con Spiderman estaba lejos de terminar: desde el final de la etapa Stern. ha vuelto a dibujar al trepamuros en repetidas ocasiones, con largas y continuadas estancias, de forma que en su bibliografía destaca también su larga cooperación con Joe Michael Straczynski, desarrollada entre 2001 y 2004 y recopilada en varios tomos de Marvel Héroes. Caso distinto, en su relación con el Hombre Araña, ha sido el de Roger Stern.

 

La ilustración más representativa de la etapa de Joe M. Straczynski y John Romita Jr. con el trepamuros, perteneciente a The Amazing Spider-Man #500 USA (2003)

 

A finales de los ochenta, poco después de que Peter Parker se hubiera casado, el guionista recibiría la oferta de volver a la franquicia, esta vez para escribir Spectacular, pero prefirió rechazarla: creía que el matrimonio del héroe había sido un error mayúsculo, por lo que no estaba interesado en escribirlo en esas circunstancias. Agradeció la atención a Jim Salicrup, el entonces editor, y le pidió que le volviera a llamar cuando el matrimonio se hubiera deshecho. Años antes de que eso ocurriera, en 1997, aceptaría regresar, para escribir una miniserie de tres números, Spider-Man: Hobgoblin Lives!, en la que se reuniría con Ron Frenz para al fin desvelar la identidad secreta del Duende, una solución radicalmente distinta a la que habían adoptado sus sucesores en Amazing, pero que mantenía la coherencia con todo lo que ellos contaron. Ya entonces, Stern no se sintió cómodo con lo mucho que había sido alterado Spidey desde que él lo escribiera. “Era como reencontrarse con un viejo compañero de Universidad. Era el mismo, pero había cambiado. Tenía demasiadas cosas en la cabeza”, decía. El matrimonio arácnido no se rompió hasta 2008, resolución a la que seguiría una etapa claramente deudora de la de Stern / Romita Jr., y en la que el guionista tendría cabida ocasional, con aventuras muy puntuales en las que se distinguía un brillo del esplendor de antaño, como un arco argumental en el que Spidey volvía a cruzarse en el camino de Juggernaut o un emocionante relato que ahondaba en la historia, nunca antes contada, del almacén en que Spidey había encontrado al asesino de tío Ben, y que se editó en conmemoración del cincuenta aniversario del héroe.

 

 

Página interior de Spider-Man: Hobgblin Lives! #1 USA (1987)

 

En España, esta época dorada ha aparecido en diversas ocasiones. Fue publicada, poco después de lanzarse en Estados Unidos, dentro del primer y mítico volumen uno del Spiderman de Cómics Forum, con las medidas que tenían los cómics de Marvel en España en aquella época; fue parcialmente recuperada en la segunda edición de dicha serie, cancelada antes de que llegara a completarse la etapa. Y también pudo verse en el coleccionable Spiderman cuyo lanzamiento coincidiera con la primera película del trepamuros o en la Biblioteca Marvel, aunque en blanco y negro y a tamaño reducido.

 

Este volumen ofrece la andadura de Roger Stern y John Romita Jr. en The Amazing Spider-Man de manera íntegra, a color y en formato original, circunstancias que nunca habían coincidido en las ocasiones mencionadas anteriormente. Bien entrado el siglo XXI, Stern se ha ganado el puesto del segundo escritor, sólo superado por Stan Lee, que mejor ha sabido entender a Peter Parker, y Romita Jr. el del dibujante definitivo del héroe arácnido, para algunos incluso por encima de su padre. Uno y otro, con la inestimable ayuda de Tom DeFalco, conjugaron la que sigue siendo considerada como la mejor etapa del trepamuros posterior a su Edad Dorada y el más certero ejemplo de lo alto que llegaron las aventuras de Spiderman en los años ochenta.

 

 

Artículo aparecido en Marvel Héroes. El Asombroso Spiderman de Roger Stern

DAREDEVIL Y LA CREACIÓN DE MARÍA TIFOIDEA: CAYENDO EN LA TENTACIÓN

Si en la actualidad el nombre de Daredevil sigue asociado al de Frank Miller, cabe imaginar que nunca existió un abismo mayor ante los editores de Marvel que en el preciso momento de la marcha de éste. El héroe tardaría cierto tiempo en encontrar un camino tan sólido como el que había transitado hasta entonces.

Como prueba de esa desorientación inicial, en un primer vistazo se barajó la opción de que fuera Steve Englehart, un mítico guionista que sin embargo ya había dejado muy atrás sus días de gloria, quien se hiciera cargo del personaje. Englehart, quien llegó a firmar algún episodio de Daredevil con el seudónimo de John Harkness, tenía pensado cambiar el habitual escenario de La Cocina del Infierno por el de la soleada California. Por suerte, aquella idea fue pronto desechada, de manera que Marvel optó por quedarse con Ann Nocenti, una guionista que hasta entonces había tenido un corto recorrido, pero que llevaba largo tiempo en Marvel, como excelente editora de las colecciones de mutantes.

 

Nocenti había escrito un fabuloso número de relleno, el primero que se había publicado tras la marcha de Miller, en el que contó con nada menos que el legendario Barry Smith como dibujante y en el que ya se ponía de manifiesto que su ideología, claramente progresista y con una sensibilidad especial hacia los marginados, empapaba cada página que escribía. Enseguida se adaptó al héroe, sin necesidad de romper con el pasado y partiendo de donde se había quedado Miller. Hay que recordar que, al final de “Born Again”, Daredevil salvó a La Cocina del Infierno de un ataque paramilitar, a la par que él mismo encontraba la redención a través de Karen Page. La conclusión de la guionista consistía en que Daredevil jamás tiraría la toalla. Había superado la crisis de fe a la que le sometió Kingpin durante “Born Again”, tenía un amor al que venerar y un barrio al que proteger. La vida se presentaba ante él más plena que nunca. Bajo esos parámetros, Nocenti escribió todas sus historias, que navegaban entre la denuncia y la búsqueda de la justicia.

 

La etapa se hubiera alzado por méritos propios con una legión de seguidores, pero no lo hizo hasta pasado el primer año desde la llegada de la escritora, puesto que, en todo ese tiempo, nunca contó con un dibujante estable, y los que la acompañaron en pocas ocasiones estuvieron a la altura de las circunstancias. Sería con la llegada de John Romita Jr. cuando todo cambió. Romita Jr. conocía a Nocenti de su época en La Patrulla-X y enseguida se estableció entre ellos una complicidad absoluta, de tal forma que, por primera vez en su carrera, el dibujante pudo aportar ideas a la historia, lo que aumentó su implicación personal en el proyecto y permitió llevar a la serie un escalón más allá en cuanto a relevancia y grandilocuencia. Enseguida se hace patente la seguridad que adquiere la escritora gracias al respaldo que supone la presencia de un compañero de viaje tan sólido. Si hasta ese momento sus relatos solían abarcar apenas uno o dos episodios, con algunas pequeñas tramas transversales entre ellos, desde la llegada del nuevo ilustrador Nocenti se lanzó a hacer grandes ciclos argumentales.

 

El primero de los que planificó, incluido en este volumen, es en el que se presentaba a una nueva rival para Daredevil que brillaría por su originalidad y carisma. Si nos atenemos sólo a las grandes pinceladas, podría decirse que María Tifoidea sigue las líneas maestras establecidas por Frank Miller para Elektra, que no nos encontramos sino a un repuesto para ésta: una asesina a sueldo que responde a las órdenes de Kingpin, el archienemigo de Daredevil, y que a la vez es la amante de Matt Murdock. Sin embargo, afirmar tal cosa sería quedarse en el barniz exterior del personaje, ignorando el verdadero significado que María Tifoidea guarda en la leyenda del Hombre Sin Miedo.

 

Porque ella es mucho más que de lo que cabe imaginar en ese primer vistazo. De hecho, el objetivo perseguido por Nocenti a la hora de introducir al personaje consistía en romper con todos los tópicos del cómic alrededor de las mujeres. La guionista estimaba que la mayoría de sus colegas barones construían a los personajes femeninos a través de imagen simplistas y categóricas: la mujer ardiente, la virginal, la buena madre… ¿Qué pasaría si una única mujer reuniera todas esas características, antitéticas entre ellas en algunos casos? El resultado fue el nacimiento de María Tifoidea, que se convertía en el obstáculo en el camino, es la pieza disonante, la pequeña bomba de relojería que Kingpin introducía en la vida perfecta de su peor enemigo y con la que esperaba cobrarse su revancha. Matt Murdock superó su peor golpe, renació de las cenizas y se reinventó a sí mismo como defensor de La Cocina del Infierno. Pero, ¿Cuán duraderos son los muros con los que Daredevil ha construido su nuevo mundo? Como devoto cristiano que es, Matt asienta su fe sobre la superación de las tentaciones… y María es la mayor de las tentaciones con las que se haya cruzado nunca.

 

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Héroes. Daredevil: María Tifoidea

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 18: EL DÍA QUE FELLINI VISITÓ MARVEL

Romita envidiaba el desfile de habilidades pictóricas que había desarrollado Ditko en las apariciones de Mysterio, así que se concentró en llevar al villano al terreno de los efectos especiales, en lugar del de las ilusiones, en que se había concentrado su antecesor. Fue a él, y no a Stan, a quien se le ocurrió la idea de simular el empequeñecimiento del trepamuros (p 113).

 

Spidey pasaba por encima de los jóvenes que portaban pancartas y entre los que abundaba variedad racial y de género. El dibujante no los había representado como extremistas radicales, sino como personas convencionales con buenas razones para indignarse. […] En otros tiempos, el dibujante de Amazing se habría encargado de que la policía pusiera a buen recaudo a los alborotadores, pero las cosas habían cambiado (p 113).

 

“La saga de la tablilla” se extendió para cubrir casi un año de publicaciones, hasta el Amazing #77 (octubre de 1969), lo que la convirtió en la aventura más larga del trepamuros publicada hasta la fecha. “Creo que quizás lo alargamos un pelín demasiado”,

 

Cabello de Plata obligaba a Connors a sintetizar un compuesto químico rejuvenecedor basado en las inscripciones de la tablilla. Tras beberlo, pasaba de anciano a maduro, pero el proceso no acababa ahí, y seguía rejuveneciendo sin parar. “Esa idea tan tonta se me ocurrió a mí y creí que Stan no la aceptaría”, desvela Romita (p 114).

 

“Cuando Federico Fellini vino a las oficinas de Marvel a conocer a Stan Lee”, rememora Jazzy al respecto de la época, “no fue un truco publicitario. Fellini se daba cuenta de que Stan estaba haciendo algo con los cómics que era digno de elogio. No hacía falta que los llamara cómics adultos, lo estaba haciendo en el campo de los cómics infantiles, pero les estaba dando unos niveles de profundidad que nunca habían tenido” (p 115).

 

Habla Romita: “Los lectores solían escribir cosas como ‘Dejad que Peter Parker se divierta de vez en cuando’. Incluso me lo decía John Jr. cuando tenía trece años. Estábamos ideando una historia juntos y yo decía que Peter tenía problemas amorosos y él contestaba: ‘¿Por qué no le dejáis tranquilo de vez en cuando? ¡No hacéis más que meterle en problemas!’. Y esto me lo decía un crío de trece años” (p 115).

 

En verano de 1968, Eye Magazine, una revista de gran formato publicada por Hearst Corporation y destinada a cubrir los segmentos universitarios de la población, llevaba, entre artículos dedicados a los Beatles y a Bob Dylan, un largo reportaje sobre La Casa de las Ideas (p 116).

 

Eye centraba una parte del contenido del reportaje en “La saga de la tablilla”, como ejemplo del interés de Marvel por los problemas del mundo real, toda vez que se maravillaba por una discusión que había surgido en el correo de los lectores acerca de si Spidey debía acudir a filas para luchar en la guerra del Vietnam (p 116).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

EL AMAZING SPIDER-MAN #600 USA: UN 00 COMO NINGÚN OTRO

Había pasado una semana desde la llegada a las librerías de The Amazing Spider-Man #600 USA. Aquel cómic era uno de los cómics más complicados que había acometido jamás Dan Slott, pero también uno de los más satisfactorios. Sabedor de que los números redondos son muy especiales y se quedan en la retina del lector, para bien o para mal, puso todo su empeño en componer algo memorable. ¿Lo había conseguido? Con el Spidey de “Un nuevo día”, siempre era difícil saberlo, puesto que muchos aficionados continuaban mirando al trepamuros desde la desconfianza provocada por el descasamiento. Tras sentarse ante la audiencia que le esperaba en la Chicago Comic-Con, aquel verano de 2009, las primeras palabras de Slott fueron: “Chicos, ¿habéis leído ya el #600?”. Y entonces, la multitud rompió en aplausos.

 

 

Los números 00 siempre habían representado una ocasión destacable, incluso en tiempos en los que la editorial mantenía intacto el número de páginas pese a la significativa circunstancia. Stan Lee todavía tenía esa limitación cuando alcanzó The Amazing Spider-Man #100 USA (1971). Apenas contaba con las 19 planchas habituales en aquel entonces, pero eso no impidió a The Man ofrecer un relato memorable, en el que Spidey revivía su origen y se enfrentaba metafóricamente a sus peores enemigos, para terminar en una situación tan sorprendente como que le hubieran crecido cuatro brazos extra. Ocho años después, Marv Wolfman ya había conseguido que el Fantastic Four #200 USA tuviera extensión doble. Unida esta circunstancia a que en sus páginas concluía una emocionante saga que enfrentaba al cuarteto con su peor enemigo, el Doctor Muerte, dio como resultado que las ventas aumentaran considerablemente, pese a que el mayor número de páginas entrañaba también un precio mayor. Con el terreno allanado, The Amazing Spider-Man #200 USA (1979) fue también doble, también la culminación de una gran historia escrita por el mismo equipo de Los 4 Fantásticos y además una fiesta tan señalada que incluso Stan regresó, para escribir el epílogo.

 

No menos importancia revistió The Amazing Spider-Man #300 USA (1988), en que David Michelinie y Todd McFarlane presentaron a Veneno, el peor enemigo con el que se encontraría el trepamuros en mucho tiempo. The Amazing Spider-Man #400 USA (1995) formaba parte de “El regreso del clon”, y por lo tanto ni empezaba ni finalizaba ninguna trama, pero J. M. DeMatteis y Mark Bagley hicieron de aquel número algo único, al presentar la muerte de Tía May. Continuó siendo un tebeo para recordar, incluso cuando esa muerte fue deshecha, algunos años después. ¿Y qué decir de The Amazing Spider-Man #500 USA (2003)? Joe M. Straczynski y John Romita Jr. condujeron a Peter Parker a lo largo de toda su carrera como trepamuros, para en las páginas finales reencontrarse tanto con Tío Ben como con John Romita. Una aventura extraordinaria, sin lugar a dudas.

 

En 2009, llegaba la hora para The Amazing Spider-Man #600 USA. Tras un año del arranque de “Un nuevo día” y con más de cincuenta entregas a las espaldas del landscape, el editor Stephen Wacker mantenía un cierto equilibrio entre los diversos escritores que componían el proyecto. Todos habían tenido grandes oportunidades para brillar y las habían aprovechado, pero quizás ninguno con tanto acierto como Dan Slott. No sólo se ganó el derecho a encargarse de ese número tan destacado, sino que además se moría por hacerlo. John Romita Jr., al que Joe Quesada calificaba por aquel entonces como “el mejor dibujante de cómics del mundo”, regresaba a casa, con lo que se reunía el equipo creativo que había dado lugar a “Nuevas formas de morir”, uno de los mayores campanazos de todo “Un nuevo día”. Wacker puso todo de su parte para que aquella entrega fuera distinta a las demás, e incluso por encima de cualquier otro 00 que hubiera protagonizado el trepamuros. El cómic tendría cerca de un centenar de páginas, con más de la mitad dedicadas a la historia principal, lo que equivalía a tres números convencionales, y con el resto a pequeños relatos elaborados por otros miembros del braintrust arácnido, a los que también se sumó una pequeña joya de Stan Lee y Marcos Martín que brillaba con luz propia. La historia principal estaba destinada a narrar la boda de Tía May con J. Jonah Jameson Senior, un subargumento que se venía desarrollando desde unos cuantos números antes, pero Slott tuvo la idea de traer al villano perfecto para una ocasión así… un hombre que, en el pasado, llevó también a la buena de May Parker ante el altar, aunque Spiderman impidió que se culminara la ceremonia: Otto Octavius, también conocido como Doctor Octopus.

 

A juicio de Slott, Spidey no tenía un antagonista mayor que el Doctor Octopus. Su enemistad había dado pie a algunas de las más memorables aventuras arácnidas, y el guionista veía a Otto Octavius como el reverso tenebroso de Peter Parker: un genio de la ciencia, introvertido y falto de habilidades para relacionarse con los demás, que se había deslizado por la senda criminal al carecer del fondo ético que el Tío Ben aportó a Peter. En el horizonte a largo plazo, la mayor epopeya de Spiderman que llegaría a escribir Slott iba a colocar a Octopus en el centro del escenario, y era en este Amazing #600 USA donde se daba el primer paso del que sería un largo camino, cuyo impacto completo no se entendería hasta pasados otros cien números. Phil Jimenez, uno de los artistas habituales de la serie, rediseñó por completo al villano, para reflejar la situación en la que se encontraba y que le llevaría hasta territorios nunca antes explorados.

 

En lo estructural, la referencia básica de Slott fue The Amazing Spider-Man Annual #1 USA (1964), el primer gran especial del personaje, que permanecía como uno de los mejores y más completos de su historia. Como entonces, estaba Octopus como gran amenaza en la sombra, aquí sin el resto de Los Seis Siniestros, la aparición especial de buena parte de los héroes del Universo Marvel, el secuestro de personas cercanas a Peter y un tono lúdico que hacía de la lectura un disfrute en cada página. La última, además, reservaba una sorpresa destinada a alimentar las siguientes historias. Amazing había alcanzado seiscientas entregas publicadas y la fiesta que celebraba la ocasión no hacía sino adelantar un futuro brillante.

 

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 23

EL RASTRO DE LA ARAÑA: LOS DETALLES SOBRE EL FIN DE TEMPORADA PARA “UN NUEVO DÍA”

En los meses iniciales de “Un nuevo día”, los guionistas y editores que conformaban la Oficina Arácnida plantearon una gran cantidad de subargumentos llamados a desarrollarse como trasfondo de muchos meses de cómics. Los dos misterios más importantes que lanzaba el nuevo landscape del trepamuros giraban alrededor de la identidad de Amenaza, una villana heredera de algunas de las características de El Duende Verde, y de la aparición de multitud de cadáveres con una rastreadora arácnida. En paralelo, se desarrollaba la campaña electoral destinada a elegir nuevo alcalde de Nueva York y el asunto venía impactando en el día a día del trepamuros. Cuando se cumplía un año del arranque de la etapa, “El rastro de la araña” arrojó luz sobre esos grandes misterios, mientras daba la vuelta al mundo de Spiderman.

 

Numerosas salidas cada mes, equipos de guionistas y dibujantes rotantes, una intensa coordinación por parte del editor, reuniones interminables para estructurar al detalle cada argumento, de manera que el público disfrutase de un resultado con la consistencia que hubiera tenido de estar realizado por un único escritor… el sistema de trabajo de “Un nuevo día” era lo más parecido que ha habido jamás en el mundo del cómic a la writer’s room de una teleserie. Tanto que llegó a incorporar un elemento tan característico de éstas como pueda serlo la “season finale”: un gran episodio en el que culminen las más importantes tramas que se han desarrollado a lo largo de la temporada.

 

Con ese espíritu nació “El rastro de la araña”, un arco argumental de importancia, cuyo origen hay que buscarlo en la segunda gran reunión de los guionistas de Amazing. Fue durante la misma cuando surgió la posibilidad de que las tres grandes tramas que tenían abiertas confluyeran en una única aventura. Entre todos los participantes trazaron las líneas maestras que tendría la historia, pero Marc Guggenheim fue el elegido para materializarlas en un guión completo, en el que dio vueltas al esqueleto original, cambió, añadiría y quitó cosas, para luego devolverlo a las manos del editor Stephen Wacker, responsable de dar un lavado de cara a la última versión. “He intentado que parezca que la historia se cuenta por sí misma”, comentaba Guggenheim a la prensa especializada. “Quiero dar a los lectores la mejor representación posible de lo que ocurre, aunque no deja de ser un tremendo esfuerzo de grupo”.

 

Había muchos motivos para que fuera él, y no otro, quien afrontara la tarea. Dan Slott ya había escrito demasiadas historias de trascendencia dentro del proyecto. Pese a que sus libretos despuntaran por encima de los del resto, Wacker quería procurar un cierto equilibrio entre sus chicos. ¿Por qué Guggenheim en concreto? En primer lugar, porque era él quien había creado a Amenaza y más se había concentrado en el desarrollo de su figura criminal. En segundo lugar, porque conocía perfectamente el mecanismo que hacía funcionar a esas “season finale”, ya que había trabajado para el medio televisivo durante años, todavía lo estaba haciendo y más que lo haría luego. En tercer lugar, porque su labor en la pequeña pantalla le había posibilitado escribir muchos procedimentales de temática judicial, como Ley y Orden. Esa clase de series implican la utilización de legalismos, términos jurídicos y trucos de abogados… y es que por ahí precisamente iba a ir la historia.

 

“Character Assassination”, el título original de la aventura, es una expresión, carente de traducción literal adecuada, que hace referencia al proceso deliberado de destruir la reputación de una persona, recurriendo para ello a rumores, acusaciones falsas o informaciones manipuladas. En este cómic, alude a la aparición repetida de rastreadoras arácnidas de nuestro trepamuros en cuerpos de personas fallecidas en misteriosas circunstancias. Ocurrió por primera vez nada más arrancar “Un nuevo día”, y se venía repitiendo desde entonces con cierta asiduidad, sin que apenas hubiera pistas sobre quién se ocultaba detrás de todo esto… sólo un caso policial por resolver, el de los “asesinatos de las rastreadoras arácnidas”. El propio lanzarredes era el más interesado en resolverlo, no sólo porque alguien estaba utilizando sus gadgets para cometer crímenes abominables, sino también porque muchos ciudadanos, incluida la policía, le señalaban como el principal sospechoso.

 

“El rastro de la araña” también abordaba uno de los tópicos que ha tenido el mundo de Spiderman casi desde sus comienzos, y es el relativo a la identidad secreta de algún villano de relieve, asociado a la estirpe de El Duende Verde. Todo había comenzado en la época de Stan Lee y Steve Ditko, cuando el verdadero rostro de este villano despertó la duda entre los lectores durante meses. Norman Osborn, el padre de Harry, quien a su vez era el amigo de universidad de Peter Parker, se ocultaba bajo la capucha, y los episodios en que al fin se descubrió tal cosa supusieron una conmoción entre el fandom, ya que además coincidieron con la histórica llegada de John Romita. Tras la muerte de Norman, Marvel había repetido el esquema en tantas ocasiones como para convertirlo en rito. La identidad de El Duende Verde fue retomada siempre por individuos ligados al mundo de Peter, de forma que su desenmascaramiento se alzaba como un momento de máximo interés. Amenaza no representaba sino el siguiente nombre en sumarse a una larga lista. ¿Y qué mejor que fuera John Romita Jr., el hijo del gran Jazzy Romita, quien lo plasmara en viñetas? “Habrá gente que dirá que desde el primer número sabía quién era Amenaza”, dijo el guionista al respecto de la revelación. “Si hay algo que he aprendido, no sólo de Ley y Orden, sino también como guionista de cómics, es que puedes engañar a la gente durante un tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo durante todo el tiempo. Sabía que esto no iba a ser una sorpresa para absolutamente todos los lectores. No voy a engañar a miles de personas. No soy un político”.

 

La tercera de las tramas que coleaban desde la salida a la calle de “Un nuevo día” y que también encontró solución en “El rastro de la araña” fue la de la elección del nuevo alcalde de Nueva York. Spidey había sido incapaz de impedir que Amenaza asesinara a una de las candidatas y Bill Hollister, el padre de la que ahora era novia de Harry, también se postulaba para el argo. La aventura se desarrolló en plenos comicios, lo que añadía un punto de complicación. Al llegar a las últimas páginas, habría un ganador… pero no todo sería tan sencillo como pudiera parecer. Y es que “El rastro de la araña” no sólo culminaba un año de intrincadas aventuras de Spiderman: también lanzaba las primeras pistas acerca de por dónde iría la siguiente temporada.

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 20

DETRÁS DE LA SEGUNDA GUERRA DE LAS ARMADURAS DE IRON MAN

Hay hombres que no se pueden estar quietos. Que miran a su alrededor y no se sienten satisfechos con lo que encuentran. Que les incomodan aquellos que dicen que algo es imposible. Que despegan sus pies del suelo y dirigen la mirada a las estrellas. Que son capaces de adelantarse al futuro, o mejor aún: inventarlo.

 

Uno de esos hombres es Tony Stark. Empresario. Emprendedor. Conquistador. Héroe. Hombre de Hierro. Y todo en uno. Sí, es cierto que tantas virtudes se compensan con unos cuantos defectos. El primero de ellos, resulta obvio: Tony no es real, o al menos no todo lo real que nos gustaría. Nació en las viñetas de un cómic, de la imaginación de Stan Lee, efervescente en aquellos primeros años sesenta en los que también llegaron al mundo Los 4 Fantásticos, La Patrulla-X, Los Vengadores o Spiderman. No obstante, pese a que pertenezca a esta particular cosmogonía de ficción, Tony Stark cuenta con un modelo tomado directamente de nuestro mundo por Lee. Se trata de Howard Hughes, el productor de cine, millonario, pionero de la ingeniería, genio autodidacta y playboy cuya vida y milagros eran objeto de atención en aquel entonces por parte de los tabloides de Hollywood, y cuya trayectoria luego sería recogida de manera brillante en la película El aviador (2004), dirigida por Martin Scorsese y en la que Leonardo DiCaprio dio vida a Hughes.

 

Tony Stark, además de una apariencia similar a la de Hughes, reúne todas las virtudes que adornaran a éste, amplificadas hasta la excelencia, como sólo puede ocurrir con un personaje de cómic cuya vida se encuadra en un universo donde lo prodigioso es habitual. Es inteligente y cautivador, capaz de concebir hoy la tecnología del mañana, de conquistar a las más bellas mujeres y de dirigir con precisión quirúrgica un poderoso emporio industrial. Pero hay algo que le convierte en verdaderamente excepcional, por encima de cualquier otra consideración. La historia es bien conocida por todos, hasta el punto que ha sido trasladada al cine con exquisita fidelidad, pero bien haremos en recordarla. Un día, el destino colocó a Tony entre la espada y la pared. Se vio obligado a construir un arma para sus propios enemigos… Sólo que, en lugar de eso, creó el traje de Iron Man, un prodigio de la tecnología que le permitió vencerles, además de cambiar su vida para siempre. Tony no sólo había creado una prodigiosa armadura moderna que le convierte en un ejército de un solo hombre: se había reinventado a sí mismo. Tras el nacimiento de Iron Man, abandonaría la carrera armamentística, para dedicar sus empresas a fines pacíficos. La historia no habría hecho sino comenzar. En el camino de Iron Man esperaban espías industriales, supervillanos de toda clase y condición, tiburones de las finanzas en busca de caza mayor y decenas de enemigos deseosos de plantar cara al Hombre de Hierro. No es extraño que, ante semejante caterva de villanos, el Tony Stark de los cómics eligiera mantener su identidad de Iron Man en secreto: inventar una mascarada según la cual el Hombre de Hierro era en realidad su guardaespaldas, por más que nunca se les viera juntos, detalle que sería resuelto por los autores de la colección con el paso del tiempo, cuando alguien tuvo la idea de que la armadura podía controlarse por control remoto.

 

¿Y qué hay de esos defectos a los que nos referíamos antes? Al igual que ocurre con todos los grandes personajes de Marvel, Iron Man posee debilidades que le colocan a ras de suelo. Durante los primeros tiempos, la metralla alojada cerca de su corazón le obligaba a vivir conectado a la armadura, un trauma superado con el paso del tiempo, pero que sería sustituido por otros. Como su modelo en la vida real, Tony es un hombre de excesos, igualmente elevados a la enésima potencia. Alcohólico con varias recaídas, sabe que puede perderlo todo si se deja seducir por una botella. De aquel infierno, narrado en la mítica aventura “El demonio en una botella”, consiguió salir con su fuerza de voluntad, pero también con la ayuda de sus amigos. Entre ellos cabe destacar a James Rhodes, quien le sustituyera como Iron Man durante una larga temporada, lo que le convierte en poco menos que un hermano, no unido por la sangre, pero sí por un vínculo que puede llegar a ser incluso más fuerte.

 

“La segunda guerra de las armaduras”, aventura recogida en este tomo y que fue publicada por Marvel en 1990, supuso todo un revulsivo para el Hombre de Hierro. Su título recordaba la existencia de una aclamada saga anterior, “La guerra de las armaduras” original, en la que Iron Man decidía enfrentarse a todos aquellos que habían robado sus descubrimientos. La historia, publicada por Panini en un volumen de su colección Best of Marvel Essentials, caló hondo en sentir de los lectores, que adquirieron una nueva perspectiva del personaje. La armadura no sólo había servido para luchar contra las injusticias: sus fundamentos básicos también se utilizaban para perpetrar crímenes y asesinatos, lo que convertía a Tony Stark en involuntario responsable de los mismos, un sentimiento de culpa que le acompañaría el resto de sus días.

 

A partir de ese punto, John Byrne, uno de los más fructíferos autores de la época, construiría una nueva saga, independiente de la anterior salvo por el detalle del nombre, en la que el objeto de codicia no es la armadura, sino el mismo Tony Stark: si controlas al hombre que está dentro del traje de hierro, poseerás no sólo aquello que ha inventado, sino también su fortuna, conocimiento y habilidades. Byrne, guionista al mismo tiempo que dibujante en memorables etapas de Los 4 Fantásticos, Alpha Flight, Hulk o Superman (en este caso, para DC Comics), decidió en este caso restringir su participación al ámbito literario, mientras que del artístico se encargaba un viejo conocido del personaje: John Romita Jr.

 

Este inmenso dibujante, hijo de un mítico autor de los años sesenta, ha consagrado su carrera a trabajar en la Casa de las Ideas. Por sus manos han pasado la plana mayor de sus héroes, dejando en todos ellos una huella indeleble: Spiderman, La Patrulla-X, Hulk, Thor, Daredevil, Punisher… Y también Iron Man. De hecho, Romita Jr. despuntó, entre finales de los setenta y primeros años ochenta, en una larga estancia en la cabecera del Hombre de Hierro, con un estilo eminentemente realista que se beneficiaba de la meticulosidad del entintado de Bob Layton, muy agradecido a la hora de retratar la armadura del héroe. “La segunda guerra de las armaduras” es un buen ejemplo de la evolución experimentada por Romita Jr. a lo largo de unos años en los que desarrolló soltura, espontaneidad, sencillez, habilidad narrativa y grandilocuencia. Un observador poco experimentado podría suponer incluso que el dibujante de aquella primera época no tiene nada que ver con el de esta segunda, aunque en ambos casos coincidan calidad y espectáculo.

 

Byrne y Romita Jr, en la cumbre de sus carreras, ofrecen un ejemplo intemporal de lo que debe ser una excelente aventura de Iron Man, en la que nos recuerdan que lo importante no es la última innovación que incluya la armadura o el poder de los conspiradores en la sombra, sino el ingenio, la inteligencia, la perseverancia y capacidad de sacrificio del hombre que se oculta bajo la máscara de hierro.

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Héroes. Iron Man: La Segunda Guerra de las Armaduras

SLOTT Y ROMITA JR. EN “UN NUEVO DÍA”: NUEVAS FORMAS DE EPATAR

2008 fue un año relativamente tranquilo para el trepamuros. No había película a la vista y la recién estrenada estructura de publicación de los cómics estaba en periodo de consolidación. Mientras, el Universo Marvel vivía un momento de impasse, consecuencia del final de la Guerra Civil Superheroica. Los héroes que se habían negado a firmar el Acta de Registro seguían en la clandestinidad, mientras que villanos como Norman Osborn habían pasado a trabajar para el gobierno, algo que no parecía incidir demasiado en el mundo de Spidey. El periodo de aventuras de “Un nuevo día” estaba tan desconectado de la actualidad que hubo lectores que incluso dudaron de que aquellas historias tuvieran lugar en una realidad alternativa. Eso cambió con una espectacular saga orquestada para reconectar al personaje con el resto de La Casa de las Ideas: “Nuevas formas de morir”

 

Stephen Wacker, el coordinador de los títulos arácnidos, sabía que los aficionados necesitaban un blockbuster arácnido, y ya que el cine no estaba dispuesto a dárselo esa temporada, tendrían que ser él y los suyos quienes lo procuraran. El equipo de Amazing había demostrado que estaba bien engrasado: cumpliendo las fechas de entrega, sin problemas de coordinación y con unas ventas consistentes, pese a que el coro de plañideras que seguían sin superar “Un día más” cargasen una y otra vez contra ellos. Con todo, faltaba una historia verdaderamente carismática y excepcional, que atrajera la atención más allá del día a día, y esa historia fue “Nuevas formas de morir”.

 

No bastaba con un título que parecía sacado de las películas de James Bond, y quizás tampoco fuera suficiente con que Dan Slott, el que se estaba alzando como la estrella literaria del braintrust arácnido, se encargara de escribir. Para esos seis episodios en los que se desarrollaría la acción, Wacker consiguió que se cumpliera una promesa hecha a los lectores largo tiempo atrás. Que John Romita Jr., el hombre que había nacido para dibujar a Spiderman, la leyenda viviente que había tenido que dejar Amazing de manera abrupta, a mitad de la época escrita por Joe Michael Straczynski, regresara a casa y lo hiciera por la puerta grande. Ya lo había hecho, en cierta forma, meses atrás, en la presentación de “Un nuevo día”, cuando fue requerido para ilustrar la doble página en que se presentaba la situación que tendría Peter Parker a partir de ese momento, pero no era en absoluto suficiente, y los lectores por fin tendrían la opinión de resarcirse.

 

Entre esos fanboys se encontraba el propio Dan Slott. “Necesito que Romita Jr. cuente el origen de Spidey”, fue lo primero que pensó en cuando supo del regreso del artista. No importó que su colega de mesa de guionistas, Bob Gale, protestara enérgicamente, aduciendo que ya habíamos visto muchas veces eso. Era un sueño de fan que debía hacerse realidad, pero la escena, con la que comenzó la aventura, era mucho más que eso: buscaba conectar el pasado con la actualidad. La tercera página contextualizaba el mundo de Peter Parker tal y como se había establecido durante “Un nuevo día”. Eran muchos los lectores que volverían junto a Romita Jr. y era necesario ponerlos al día con rapidez.

 

“Nuevas formas de morir” tenía también como objetivo recordar a todos que Spiderman formaba parte del Universo Marvel. A ese respecto, resultaba sangrante la escasa incidencia que para el trepamuros había tenido la ascensión de Norman Osborn, y que además hubiera elegido a otro de sus peores enemigos, Veneno, entre sus colaboradores más cercanos. Lo cierto es que a Norman le sentaba bien alejarse del entorno arácnido, donde la fórmula de batalla decisiva entre El Duende Verde y Spiderman había alcanzado su apoteosis con el Marvel Knights: Spider-Man de Mark Millar, Terry Dodson y Frank Cho, a partir de lo que sólo restaba la repetición agotadora de tópicos. La ruptura se había producido cuando Warren Ellis lo reclamó para dirigir una nueva fase de los Thunderbolts. Su etapa, junto a Mike Deodato Jr., apenas abarcó doce números, pero representó una verdadera hecatombe dentro de Marvel, que acabaría por producir, meses más tarde, un cambio de escenario como hacía mucho tiempo que no tenía lugar. Ellis nunca llegó a considerar la posibilidad de que su escuadrón de villanos al servicio del poder establecido se cruzara en el camino de aquel con el que tanto habían batallado algunos de los integrantes, pero Slott supo ver la incoherencia y convertirla en motor de su relato. Por debajo del choque, latía además una cuestión. Aquello que había hecho Peter Parker para que su identidad volviera a ser secreta, ¿afectaba también a Norman Osborn, el hombre que primero había descubierto el verdadero rostro de Spiderman? El braintrust arácnido todavía no iba a aclarar todas las dudas al respecto, puesto que era una cuestión a resolver en profundidad más adelante, aunque sí aportaría importantes pistas con las que dejar al fan haciendo conjeturas.

 

Veneno figuraba de manera destacada en las filas de los Thunderbolts, aunque desde los tiempos de Marvel Knights: Spider-Man no era Eddie Brock quien vestía el simbionte, sino Mac Gargan, en antiguo Escorpión, lo que había llevado a que el personaje diera rienda suelta a su salvajismo, con toques abiertamente gores. Mientras tanto, Eddie llevaba a cuestas un cáncer terminal, pero todavía estaba vivo. Coincidió que, en aquel momento, Activision se disponía a lanzar un videojuego arácnido, titulado Spider-Man: Web Of Shadows (Spiderman: El reino de la oscuridad en España), en el que se presentaba una nueva especie de simbiontes, con un diseño en que el color negro y el blanco intercambiaban su lugar. Slott encontró una imaginativa manera de incorporar a la aventura aquel detalle. Así nació Anti-Veneno, el hallazgo que, una vez asentado el polvo, quedó para la posteridad.

 

“Nuevas formas de morir” matizó el modo de estructurar las historias dentro de la Franquicia Arácnida, en el contexto de un Amazing como hilo conductor de todas las aventuras del personaje. Aunque el seguimiento de las tramas fuera más lineal que nunca, a partir de ese momento algunas sagas en concreto tendrían una importancia superior a las del resto. En el Universo Marvel, estaban teniendo lugar eventos que requerían de serie principal, serie complementaria e innumerables tie-ins. Stephen Wacker y su equipo demostró en The Amazing Spider-Man que, para montar un gran espectáculo, que a ellos les bastaba con disponer de la historia y los autores apropiados.

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 17

SECRETOS DE CONFESIÓN: DETRÁS DE “PECADOS DEL PASADO”

Cuando John Romita Jr. fue requerido, en 2004, para encargarse del relanzamiento de Pantera Negra, esto supuso su salida de la serie que estaba dibujando desde muchos años atrás: The Amazing Spider-Man. El éxito del proyecto escrito por Joe Michael Straczynski estaba tan asentado que en Marvel bien podían permitirse la salida del dibujante que había contribuido al mismo. En su lugar, el editor Axel Alonso requirió los servicios de Mike Deodato, un dibujante de origen brasileño que había escapado de la tendencia clonificadora de los años noventa para renovar por completo su estilo en el siglo XXI y hacerlo por tanto equiparable a los cánones de la nueva época. Coincidiendo con la integración de Deodato, JMS acometió un cambio radical de rumbo que se tradujo en una aventura polémica como pocas que hubiera vivido el trepamuros.

 

Deodato había formado parte de la generación que irrumpió en el cómic estadounidense siguiendo la ola arrasadora de Jim Lee, con todos los excesos que eso significaba: viñetas rotas, posados artificiosos de los héroes, cosificación de la mujer y escasa atención a la narrativa. Tras una larga temporada desaparecido del mapa, Deodato había regresado coincidiendo con los primeros tiempos de la Neomarvel. Axel Alonso vio que todo eso había quedado atrás. El Deodato de los 2000 se apoyaba más sobre el juego de luces y sombras, la referencia fotográfica y una sobriedad en las escenas cotidianas que se compensaba con momentos de acción que se apoyaban más en la estructura de la página que en la pose de revista. Tras unos meses en The Incredible Hulk que sirvieron para señalarlo como autor hot ante el fandom, su incorporación a Amazing fue visto por la audiencia de manera neutra, cuando no favorable. El Spidey de Deodato no se parecía en nada al de Romita Jr, e incluso recuperaba cierta retorcimiento propio de la Era McFarlane, pero el tipo de historias que estaba planificando Straczynski ponían más el acento en la relación de pareja de Peter y Mary Jane, con lo que el artista podría hacer valer una habilidad que ya había demostrado en su paso por el mundo Gamma: la de que una pareja conversando en una habitación resultara algo atractivo.

 

En el primer número de Deodato, The Amazing Spider-Man #509 USA (2004), comenzaba “Pecados del pasado”, una saga en la que JMS iba a contracorriente de todo lo que él mismo venía haciendo. Si hasta ese momento había eludido tratar temas del pasado del héroe, ahora se revolcaba sobre ellos con la excitación de un colegial. La trama partía de un descubrimiento inquietante, tanto que, si algún lector de esta edición desconociera de qué se trata, recomendamos que retrase la lectura del resto del artículo hasta haber llegado a la última página de cómic.

 

Sí, porque Gwen Stacy, a la que Straczynski sólo había aludido en un par de ocasiones, y siempre para glorificarla de alguna manera, Gwen, a la que Straczynski sólo había aludido de pasada en un par de viñetas en los tres años que llevaba allí, había tenido dos hijos en secreto, en algún punto de la continuidad que el guionista trató de fijar a martillazos. Descubrir quién era el padre de esos mellizos que de alguna inexplicable manera ya eran adultos estaba entre los reclamos de la saga. La intención del autor consistía en que se tratase del propio Peter, pero los tiempos en los que en Marvel no le discutían ni una coma habían terminado ya. Joe Quesada, el Director Editorial, se opuso firmemente a la historia y como el comienzo estaba en marcha, solicitó a JMS que buscara un progenitor alternativo y sugirió que este fuera… Norman Osborn. En el curso de un tiempo en el que Gwen no estaba saliendo con Peter, o ambos estaban distanciados, había sido seducida por éste y, como consecuencia de ello, habían nacido Gabriel y Sarah. Éstos, afectados por la Fórmula Duende, habían experimentado un crecimiento acelerado, y de ahí que ahora fueran adultos.

 

Cuando el argumento completo salió a la luz, la comunidad de seguidores arácnidos cayó encima de Straczynski con una furia demoledora, como no había ocurrido desde los tiempos de “El regreso del clon”, en los aciagos noventa, sólo que ahora Internet ya era una máquina generadora de insultos y de demagogia al alcance de cualquiera. JMS cometió el error de bajar al barrizal. Se peleó con los fans y dio explicaciones de cómo todo tenía mucho sentido y lo había encajado de manera incuestionable dentro de los cómics clásicos, pero su lógica sólo funcionaba si se forzaban demasiado las cosas; si se aceptaban afirmaciones tan inexactas como que The Amazing Spider-Man #116-118 USA (1973. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman nº 6) eran una mera reedición de The Spectacular Spider-Man #1 USA (1973. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman nº 3), en cuyo impasse había dado tiempo a que Gwen se ausentara y diera a luz. Quien conocía esos cómics sabía que Straczynski o no los había visto realmente o se apoyaba en la ignorancia de los aficionados más jóvenes para retorcer la realidad: las modificaciones llevadas a cabo en su momento sobre el Spectacular #1 USA lo habían integrado en la continuidad actual, así que la explicación del guionista no servía. Esa historia no era ya una reedición sin más, sino una aventura que de hecho estaba contextualizada con sumo detalle en ese momento preciso y en la que podía verse a Gwen con su esbelta figura.

 

Mayor peso tuvieron los argumentos contra los comentarios machistas que enjuiciaban el comportamiento de ella. “Muchas de las críticas estaban fuera de lugar porque dirigían su furia no contra mí, sino contra Gwen”, se defendía JMS. “Haz una búsqueda en Google de Gwen junto a las palabras zorra, puta y golfa. Algunos, que insisten en que ella es un personaje importante, alguien de quien se preocupaban, fueron los primeros en llamarla puta, porque había tenido relaciones sexuales con Norman Osborn. Llamar a alguien puta porque tiene sexo con otra persona demuestra algunos problemas psicológicos subyacentes que deben ser abordados, que nada tienen que ver con lo que cuenta el cómic, sino con la mente de esos lectores”.

 

En el curso de “Pecados del pasado” se ponía de manifiesto que Gwen, tras descubrir su embarazo, se había enfrentado con Norman para proteger a sus hijos: en último término, éste había sido el motivo real detrás de su asesinato a manos de El Duende Verde. Por si no hubiera suficiente reescritura en la trama, Mary Jane no sólo conocía los hechos, sino que se los había ocultado a Peter durante años. “Todos cometemos errores… Esa es una parte esencial del núcleo de ‘Pecados del pasado’. La cuestión consiste en cómo afrontamos nuestros errores, en cómo Gwen afrontó honorablemente y con fortaleza los suyos, y en cómo otros afrontan nuestros errores, en cómo Peter nunca deja de preocuparse por Gwen, aunque sepa lo que ha ocurrido”, esgrimía JMS. “¿No es un buen mensaje que enviar a la gente? ¿Que podemos superar nuestros errores, hacernos responsables e intentar hacer las cosas mejor? Aquéllos que nos quieren, ¿no pueden ver nuestros errores y seguir preocupándose por nosotros?”.

 

El guionista presumió de que las ventas de Amazing se habían disparado gracias a la saga y de que muchos aficionados le habían felicitado por ella, aunque pocos se atrevieran a contarlo en los foros. Lo que no llegó a manifestar entonces es que no había quedado satisfecho con el remiendo que había tenido que hacer a causa de la intervención editorial, de la que tampoco se supo nada hasta unos años después. El destino de los gemelos, con Gabriel erigido como la enésima variante de El Duende Verde, lo dejó en manos de su amiga Fiona Avery, en una continuación en cuatro partes que apareció en The Spectacular Spider-Man #23-26 USA (2005) y que se ofrece en el siguiente volumen de Marvel Saga. El Asombroso Spiderman.

 

Una vez terminada de publicar esa aventura, el olvido cayó sobre los mellizos, los comportamientos sexuales de Gwen y Norman, el silencio de Mary Jane o cualquier otro detalle que pudiera recordar el incidente. Algunos aficionados continuaron paseando su furia en la red, pero los ánimos se apaciguaron conforme pasaban los meses y surgían otras polémicas que enmudecían a las anteriores. El mecanismo perfecto por el que la industria generaba historias controvertidas, los foros de Internet las magnificaban hasta el agotamiento y el círculo volvía a empezar, estaba en marcha y ya nunca iba a parar. Siempre había alguien dispuesto a enfadarse por algo y a proclamar su opinión particular como general, mientras que en los cómics siempre había algo lo suficientemente llamativo o absurdo como para producir reacciones airadas.

 

La saga de los pecados de Gwen estaba escrita con tanta profesionalidad y buen hacer como otras aventuras arácnidas de Straczynski. Tenía momentos emocionantes, caracterizaba muy bien a los personajes y creaba un suspense intenso en cada viñeta. Pero el fondo de la historia no se sostenía. Straczynski, un autor que había basado su éxito en Amazing en dejar el pasado atrás y mirar hacia el futuro, se regodeaba ahora en fabular unas situaciones que habrían tenido lugar hacía más de tres décadas, en despojar de su magia a la época dorada de Stan Lee y John Romita para envolverla de una sordidez que era impropia del cabeza de red. Cuando le echaron en cara la transformación acometida en la personalidad de Gwen, se justificó, diciendo que no quería que se mantuviera intocable, como una mosca en el ámbar, que quería hacerla de nuevo relevante. Detrás de sus palabras, latía el reconocimiento de que aquella época dorada de los sesenta y los setenta era tan irrepetible que se hacía necesario volver una y otra vez sobre ella, aunque fuera para deconstruirla y demolerla. Viniendo del guionista que había sabido sacar a Spiderman del pozo insondable de los noventa, se antojaba como un discurso descorazonador. Pero “Pecados del pasado” también marcó una ruptura con la independencia del resto del Universo Marvel que hasta entonces atesoraba Straczynski. Muy pronto, Spidey se vería envuelto en la órbita de Los Vengadores, y aunque esto no dejara espacio para que JMS desarrollara muchas de las tramas que mantenía abiertas en los tiempos de Romita Jr., su trabajo alcanzó tal excelencia bajo las nuevas circunstancias que “Pecados del pasado” quedó para muchos como un mero paréntesis que olvidar.

 

Texto aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 6: Pecados del pasado

EL SPIDER-MAN DE STRACZYNSKI: EL FIN DE LA INDEPENDENCIA

En el arranque de la etapa de Joe Michael Straczynski y John Romita Jr. en The Amazing Spider-Man, el guionista introdujo a Ezequiel Sims, un misterioso personaje con habilidades arácnidas similares a las de Peter Parker que le hizo saber acerca de la herencia totémica que conllevaban sus poderes. La saga de Ezequiel se desarrolló durante los dos años siguientes, hasta alcanzar su final, quizás un tanto prematuro, pero que coincidió con dos hechos que cambiarían radicalmente la configuración de las aventuras del trepamuros hasta entonces: la marcha de John Romita Jr. a otra serie y la decisión de integrar a Spidey en Los Vengadores y, de esa manera, hacerle partícipe de las grandes decisiones que se tomaran en el corazón del Universo Marvel. Hasta entonces, JMS había desarrollado las historias sin tener en cuenta otros parámetros que los de su imaginación, pero ese tiempo se agotaba…

Afirman los eruditos de la Biblia que El Libro de Ezequiel se diferencia de otros pasajes en que apela a la responsabilidad individual de cada persona, lo que marca una distinción significativa con respecto a la culpa y los castigos colectivos que pueblan las versiones más primitivas del judaísmo y el cristianismo. No es extraño que Joe Michael Straczynski recurriera al profeta para nombrar su más significativa aportación al mito de Spiderman. Porque la responsabilidad es el tema central que rodea al trepamuros, sobre el que pivota toda la etapa del escritor.

 

Al respecto, conviene hacer una importante acotación. Cuando JMS se convirtió en el guionista del trepamuros, allá por el año 2000, Marvel en general y la Franquicia Arácnida en particular arrastraban una merecida fama de abuso de la injerencia editorial. Abundaban los casos en que para escribir personajes de elevada importancia se escogía un guionista de perfil bajo. Así el editor podía moldear a su antojo el rumbo de la serie, llegando incluso a reescribir los guiones. Las consecuencias de esta política fue la desbandada de todas las firmas de calidad con las que pudiera contar la compañía, un importante bajón en la calidad de esos cómics “escritos al dictado” y el abandono de los propios lectores, en un círculo vicioso que no parecía tener fin.

 

La revolución de Joe Quesada consistía en romper con las inercias del pasado y recuperar el prestigio que nunca debería haber perdido La Casa de las Ideas, de ahí que se buscaran los autores más punteros del medio, pero también que se les diera carta blanca para acometer su trabajo, puesto que esos grandes nombres se hubieran negado a trabajar bajo las condiciones de la anterior administración.

 

Joe Michael Straczynski en The Amazing Spiderman y Grant Morrison en New X-Men fueron los pesos pesados con cuyos servicios se hizo Quesada. El Director Editorial les prometió que nadie tocaría una coma de lo que escribieran. En el caso del trepamuros, esa promesa se extendió durante cuatro largos y fructíferos años, quizás los mejores de los que gozó Spiderman durante la primera década del siglo XXI, lo que coincidió con la presencia como dibujante de John Romita Jr. y con la desvinculación del lanzarredes del resto del Universo Marvel. Bien es cierto que Straczynski recurrió durante ese tiempo a un buen número de invitados especiales, desde el Capitán América a su favorito, el Doctor Extraño; que Spidey siguió gozando de otras series paralelas a Amazing, aunque fueran a remolque de lo que se cociera en ésta; y que el héroe continuó visitando multitud de títulos… Pero JMS gozó de una autonomía tal que nada de eso importaba: sus historias seguían un camino al margen del resto.

 

En 2004 se decidió recuperar la intensa estructura de universo compartido que hubiera sido moneda común durante buena parte de la historia de Marvel. Se trataba de que el lector fuera consciente de que todos esos héroes viven en el mismo escenario y en la misma época. Para ello, resultó fundamental la creación de Los Nuevos Vengadores, una formación en la que, junto a miembros clásicos del equipo, como Iron Man y Capitán América, también estarían algunos héroes olvidados (Spiderwoman, Luke Cage, El Vigía…), así como los dos iconos más comerciales de Marvel: Lobezno y, por supuesto, Spiderman. La consecuencia de esto último es que sus aventuras cada vez estarían más imbricadas en las de estos.

 

El cambio de rumbo coincidiría además con una destacable circunstancia artística: John Romita Jr. abandonaría Amazing Spider-Man, para acometer otros proyectos que la editorial estimara oportunos. Con todos esos condicionantes encima de la mesa, Joe Michael Straczynski decidió que estaba lo suficientemente satisfecho como para continuar al frente del barco. Sabía que todo iba a cambiar, que ya no sería él quien eligiera el rumbo a seguir, pero aceptó el reto, hasta el punto que todavía escribiría la serie durante tres largos años en los que mantuvo un inmenso nivel de calidad.

 

No obstante, antes de dar ese giro a su manera de abordar al trepamuros y de decir adiós a Romita Jr, Straczynski quiso cerrar la trama de Ezequiel Sims. Fue este misterioso Hombre Araña quien apuntó que las habilidades de Peter no son el resultado de la picadura de la araña radiactiva, sino que proceden de una herencia totémica que se transmite desde tiempo inmemorial: habría habido otros Hombres Araña a lo largo de la historia y otros más que tendrían que venir algún día. ¿Es esto cierto y hasta qué punto debe hacer que Peter reconsidere su posición en el mundo? En todo este tiempo, Ezequiel ha ejercido la posición de mentor: un maestro sabio que ofrece al trepamuros nuevas revelaciones, toda vez que le ayuda a vencer a los enemigos que se encuentra en su camino y que están, precisamente, ligados a los poderes totémicos, como Morlum y Shathra. Mientras tanto, el mayor misterio no es otro que el propio Ezequiel Sims. ¿Quién es realmente? ¿Por qué ha permanecido fuera de la vida de Peter hasta ahora? ¿Cuáles son sus auténticos objetivos?

 

La gran diferencia entre un Hombre Araña y el otro radica en la manera en que encaran la existencia. Spiderman asumió la culpa por la muerte de tío Ben y se convirtió en un gran superhéroe; Ezequiel ha usado sus poderes para el bien personal, para amasar una enorme fortuna, en lugar de para el bien general. Cuando contempla a Peter, ve al hombre en que podría haberse convertido de seguir otro camino. A la hora de abordar la historia definitiva alrededor de Ezequiel Sims, la pregunta que lanza JMS es qué camino elegirá éste, si abrazará la responsabilidad individual proclamada por el libro del profeta o continuará adelante con la vida que ha llevado hasta ahora. En la respuesta, claro está, se encontraba implícito el destino de Peter Parker y el final de una época de excelencia irrepetible y, a día de hoy, insuperable.

 

Texto aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 5: El libro de Ezequiel.

 

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