MARVEL EN ABRIL DE 2018: TODOS LOS ACONTECIMIENTOS DESTACADOS

30 de abril

Los Vengadores: La Guerra del Infinito tiene el mejor estreno de todos los tiempos

 

27 de abril

Estreno mundial de Los Vengadores: La guerra del Infinito

 

24 de abril

Trailer oficial de Venom, la película de Veneno

 

23 de abril

Marvel Studios está en las primeras fases de Los Eternos

 

18 de abril

Punisher #1, con Matthew Rosenberg y Riccardo Burchielli

 

16 de abril

Spider-Gwen #34 será el último número

 

13 de abril

En Astonishing X-Men #13 entra nuevo equipo, con Matthew Rosenberg y Greg Land

 

10 de abril

Erica Henderson se despide de la Chica Ardilla

 

7 de abril

Pantera Negra supera a Titanic y ya es peli #3 de todos los tiempos

C2E2 Conferencia CB Cebulski: Los orígenes

C2E2 Conferencia Young Guns 2018

  • Russell Dauterman prepara nuevo proyecto. Para Marvel, claro

 

6 de abril

C2E2 Conferencia Marvel’s Next Big Thing

  • La madre de Jason Aaron le ha dejado de hablar por la muerte de Jane Foster
  • Los Vengadores de Aaron presentan la alineación más icónica + Robbie Reyes
  • Amenaza de nivel evento en cada arco
  • Sara Pichelli dibuja Avengers #7, el origen de los Vengadores Prehistóricos
  • Daredevil #601: Mayor Murdock
  • Deadpool #300: El cómic que Marvel no dejó hacer a Duggan. Ahora sí
  • Deadpool #1: Vuelta a los orígenes
  • Lobezno “prime” será especial, pero hay planes para los otros
  • Hay planes para recuperar el Universo Ultimate, a partir de Spider-Men II
  • Pronto se anunciarán planes para Miles Morales y El Hacedor tendrá que ver

 

4 de abril

C2E2 Conferencia Marvel con libreros:

  • Avengers #1 trae doble numeración, temporada y original, y un nuevo diseño de portada
  • Sólo va a haber un equipo de Vengadores en esta temporada
  • La nueva temporada de Thor será el tercer y último acto de la etapa Aaron
  • Joe Quesada estará en las oficinas de Marvel todo este año, enseñando a CB

 

3 de abril

eXtermination #1, por Ed Brisson y Pepe Larraz

Portada para Gameinformer del videojuego de Spider-Man, por Alex Ross, con información a lo largo de todo el mes

THOR DE JASON AARON 1. PASADO, PRESENTE Y FUTURO: REESTABLECIENDO LA PIRÁMIDE ALIMENTICIA MARVEL

Marvel Now!, el movimiento que en 2012 reposicionó a todos los autores y personajes dentro de La Casa de las Ideas, fue especialmente favorable para el Dios del Trueno. Ahíto de un equipo creativo carismático, Thor recibió a dos autores que parecían destinados a cruzarse en su camino. El barbudo de Alabama amante de la cerveza y la juerga en buena compañía Jason Aaron se había curtido dentro de Marvel con personajes de peso como Lobezno y Hulk. Ahora se sumergía en una mitología diseñada para potenciar al máximo su talento de escritor trepidante, energético y adorador de los entornos de fantasía heroica. Esad Ribic, croata de talla mayúscula que ya ilustró una Asgard mitológica y fundamental en Loki, se disponía a construir cada mes ese mundo, real a la par que mágico en sus lápices. Juntos entregaron a los lectores no sólo el Thor que querían, sino también el Thor que necesitaban. 

 

 

Ocurrió durante la realización de VvX: Los Vengadores Vs. La Patrulla-X. El cónclave de guionistas que se había encargado del proyecto fue sometido a una cuestión en cuya respuesta descansaría el futuro de la compañía. ¿Qué querían hacer a continuación? La Casa de las Ideas se disponía a cambiarlo todo, a que aquellos autores, que en aquel preciso momento representaban la flor y nata de la industria del cómic estadounidense, pasaran a ocuparse de personajes con los que no tuvieran contacto previo, y que además estuvieran deseosos de abordar. “Si hay algo que siempre hayas querido escribir, ahora es el momento de hablar”, dijo el entonces Director Editorial Axel Alonso. La respuesta de Jason Aaron estaba clara: le encantaría abordar Thor. Lo sabía desde varios años antes, cuando había tenido oportunidad de leer el conjunto de historias desarrolladas por Matt Fraction que dieron en llamarse de manera conjunta Las edades del trueno. “Podía verme escribiendo la serie, pero nunca le di vueltas”, comentó luego al respecto. “De repente, una vez que Thor estuvo encima de la mesa, tenía que plantar mi bandera, aunque ni siquiera tuviera una historia que contar”.

 

En Las edades del trueno, Fraction narraba hechos ambientados en un pasado remoto, cuando Thor era joven, inexperto, cruel y orgulloso, y lo hacía con un dibujo, el de Patrick Zircher junto a otros artistas que mimetizaron su estilo en capítulos más breves, que huía del tópico superheroico para abrazar una tradición que no era extraña a Marvel, pero que llevaba muchos años sin ponerse en práctica: la de Conan El Bárbaro, el personaje de la Era Hiboria que la editorial había publicado en forma de licencia durante los últimos treinta años del siglo XX, pero cuya trascendencia había sido tan mayúscula como para convertirse en pieza esencial de la época. Conan representaba la ración de fantasía heroica diseñada para el fandom marvelita, igual que La Patrulla-X aportaba drama culebronesco, Los 4 Fantásticos se reservaban la ciencia ficción o Los Vengadores la gran epopeya. Era, en definitiva, parte de la dieta del True Believer. Desde que cayera en el ostracismo y fuera desechado por la editorial, esa parte estaba ausente y por lo tanto la pirámide alimenticia permanecía desequilibrada… hasta que llegó Aaron con su Thor.

 

Nada más sentarse a escribir, el de Alabama quiso que Las edades del trueno perviviera en una parte de la colección: en un tercio, para ser exactos. Porque ahí regresaba el joven Thor, “este dios de los vikingos, cabeza de chorlito, al que le encanta bajar a Midgard y meterse en problemas”, tal y como describía el guionista, y no era más que el principio. A continuación, presentó al Thor actual, al que podemos ver en otras series del Universo Marvel o formando parte de Los Vengadores. Y aunque la historia se insertaba plenamente en continuidad, Aaron trató casi en todo momento de olvidarse de personajes secundarios o de héroes invitados y centrarse en el protagonista en sí mismo. Por último, los fans se dieron de bruces con el Thor del futuro, de un futuro indeterminado, pero al borde del fin de los tiempos, en que se habrá convertido en rey de Asgard después de que ocurrir algo horrible. “Disponemos de esas tres versiones diferentes de Thor”, continuaba Aaron, “por tanto estamos mirando a este personaje en tres épocas diferentes e importantes de su vida. Lo que quiero es profundizar en él y averiguar quién es este tipo, o este dios. Por qué hace las cosas que hace. Qué quiere”.

 

El villano de la historia servía como conexión entre las tres épocas. En obras anteriores, el guionista había manifestado su inquietud acerca del concepto de la religión, de la manera en que la fabulación de un más allá y de unos dioses que crean a los humanos y conducen su destino como si se tratara de figuras articuladas en manos de un niño afecta a la vida cotidiana de los creyentes. Lo abordó en un lugar tan impropio como la colección de Lobezno, uno de los ateos por excelencia del Universo Marvel, cuyas experiencias le llevaban a abrazar una suerte de fe, pero era en la serie protagonizada por un dios propiamente dicho donde podría profundizar en todos esos temas. ¿Eran acaso los panteones Marvelianos, desde el nórdico de Thor al olímpico de Hércules, equiparables a las religiones convencionales? ¿Cómo afectaba la presencia constante de esos dioses en el ánimo y en las vidas de los meros humanos? ¿Cuál era la respuesta de quienes tenían legítimos motivos para despreciar a esos dioses? ¿Podían los dioses morir? El antagonista del Hijo de Odín venía a responder a todas esas preguntas. Y su golpe, aunque se circunscribió a los doce primeros números, estaba llamado a impactar sobre la totalidad de la etapa.

 

Un hombre de espesa barba y nula preocupación por su aspecto cuya comida favorita consistía en algo que hubiera estado vivo, que se cocinara a fuego lento y en parrilla y luego se regara con bebidas de la más alta graduación. Un europeo del este también barbudo cuyas manos podían reducir bloques a cenizas y cuyos ojos estaban siempre hambrientos por el dulce sabor del combate, en palabras del propio guionista. Aquellos eran los autores que ahora se encargaban de narrar las andanzas de Thor. El primero escuchaba “Inmigrant Song” de Led Zeppelin mientras escribía, para añadir Manowar y Amon Amarth en los momentos de mayor épica. “Baterías tronantes y gritos guturales sobre dioses, sangre y guerra, que es exactamente cómo me imagino que suenan los grandes salones de Asgard cada viernes por la noche”, decía el escritor, que todavía encontraba momentos para la ortodoxia clásica, y entonces por sus altavoces sonaba “El Anillo del Nibelungo”, de Richard Wagner, porque incluso alguien como él a veces necesitaba un descanso entre tantos chillidos.

 

De esa forma, trascendencia y aventura, épica y juerga, se entremezclaban en las páginas de un proyecto que, desde el comienzo, se antojó como memorable, y que habría de extenderse durante largos años, en sentido opuesto a lo que venía siendo habitual en la industria. Jason Aaron y Esad Ribic disfrutaron sin remilgos mientras componían los movimientos de apertura de esta sinfonía, y ese entusiasmo trascendió a las viñetas hasta colarse en el ánimo del lector. Entre rondas de hidromiel y barbacoas, entre el heavy atronador y la ópera wagneriana, con cada página, con cada viñeta y en cada golpe de martillo de Thor, Aaron y Ribic encontraban una multitud de devotos a la única religión verdadera: la de Marvel.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Now! Deluxe. Thor de Jason Aaron nº 1

LOBEZNO Y LA PATRULLA-X DE JASON AARON: ESTUDIOS SUPERIORES DE MOLONERÍA

“Regénesis” dividió a La Patrulla-X en dos grupos claramente diferenciados, lo que se tradujo en el lanzamiento de sendas colecciones, que se aproximaban al concepto de los mutantes de Marvel desde perspectivas contrapuestas. Mientras La Imposible Patrulla-X apostaba por la sofisticación en las historias escritas por Kieron Gillen, y el espectáculo, de la mano del dibujo de Carlos Pacheco, en Lobezno y La Patrulla-X, el equipo formado por Jason Aaron y Chris Bachalo optó por la ruptura, la extravagancia y por no tomarse demasiado en serio los habituales dramas del mundo mutante. Logan reabría la vieja escuela del Profesor Xavier, pero todo era distinto, desde el nombre de la academia a los métodos de enseñanza, pasando por un alumnado rebelde y un patio de colegio capaz de zamparse a las visitas no deseadas. Nunca fue más divertido ir al colegio.

 

 

Olvídate de lo que hayas leído anteriormente sobre La Patrulla-X. Esta colección, que arranca en el tomo que tienes en tus manos, está hecha para tirar a la basura todos los esquemas y todas las ideas preconcebidas. Es un cambio radical de paradigma, pero también es el perfecto ejemplo de lo que deberían ser siempre los cómics de mutantes: algo único, desafiante, y no una compra por inercia, para leerla y olvidarla inmediatamente. Desde que Grant Morrison pasó por los pasillos del Instituto Xavier, allá por el comienzo del siglo XXI, nadie se había atrevido a tanto. Esta serie es en lo que se convierte La Patrulla-X cuando se la libera de restricciones, ideas manidas, exceso de control editorial y miedo escénico. El responsable de tanto atrevimiento es un tipo calvotora (no, no es Charles Xavier) y barbudo, llamado Jason Aaron, que si un día te lo encuentras en un callejón oscuro lo mismo sales corriendo, pero que si te paras a conocerle y a conocer lo que escribe, seguro que lo que querrás es irte de copas con él. La carrera del señor Aaron ha sido fulgurante: Algún avispado editor de Marvel le echó el lazo después de leer esa maravilla titulada Scalped y publicada dentro de Vertigo. Desde entonces no ha hecho más que subir enteros su figura dentro de La Casa de las Ideas. Primero con una imaginativa etapa del Motorista Fantasma y luego con la más estimulante época que haya atravesado la colección de Lobezno en décadas. Cuando parecía que había alcanzado la cima, Aaron nos reta, a nosotros y a Marvel. Se lanza al vacío y echa a volar, de la mano del propio Logan y todos los personajes que pululan alrededor de su heterodoxa escuela.

 

El concepto mismo de La Patrulla-X como una escuela para que los mutantes que acaban de descubrir sus poderes aprendan a controlarlos y a convivir con esos humanos siempre tan suspicaces por la posibilidad de que aparezca alguien que los aniquile con sus rayos ópticos estaba en desuso. En realidad, a lo largo de la historia del grupo, muy pocos autores lo han explotado al máximo o siquiera han manifestado interés por hacerlo. En tiempos de Stan Lee y Jack Kirby, la escuela de mutantes se limitaba a cinco alumnos, lo que convertía su única clase en la que ofrecía el mejor ratio profesor-alumno que se haya visto jamás. La siguiente generación de estudiantes, ya en los años ochenta, no fue mucho más abultada. Los Nuevos Mutantes empezaron siendo también cinco. Y, cuando una década después, La Escuela del Profesor Xavier para Jóvenes Talentos pasó a estar dirigida por Sean Cassidy y Emma Frost y a educar a los chicos de Generación-X, el número se mantuvo igualmente manejable, aunque irreal: no podía compararse con ningún colegio o instituto que estuviera en la cabeza de nadie.

 

Es, verdaderamente, con Grant Morrison, ya en el siglo XXI, cuando el rebautizado Instituto Xavier se transformó, de verdad, en un centro de enseñanza con un elevado número de alumnos, y con todo lo que eso significa: un claustro de profesores, clases normalizadas, taquillas en los pasillos, exámenes, hermandades, riñas, rivalidades y amoríos… Fueron los años de la Academia-X, que también tocaron a su fin en un momento dado, cuando el empuje dramático de los acontecimientos obligó a un enfoque más proactivo para los mutantes. La única lección que tuvieron que aprender los que escaparon del Día-M fue la de mantenerse con vida todo el tiempo que pudieran. Pero esos tiempos quedaron atrás después de “Complejo de Mesías”, y ahora es el momento de construir un nuevo espíritu.

 

Para ello, Aaron se vale de un peculiarísimo elenco, en el que se combinan personajes referenciales del Universo Mutante en una posición inesperada: Logan y Kitty Pryde de directores, Bobby Drake, también conocido como El Hombre de Hielo, de contable…  Junto a ellos, se sitúan personajes con un carácter más marginal pero destinados a dar mucho juego, desde El Sapo a Doop, sin olvidarnos de Quentin Quire, la cita morrisoniana de Aaron que ya utilizara en Patrulla-X: Cisma. De allí provienen de igual forma los villanos que marcan el contrapunto de la serie: Kade Kilgore y sus amigos dan nueva vida a un Club Fuego Infernal que ha dejado atrás los trajes horteras, las luchas intestinas y la decadencia decimonónica, pero que es igualmente peligroso.

 

A tan chispeante propuesta se le suman unos cuantos grados más de locura gracias al dibujo de Chris Bachalo y Nick Bradshaw, artistas que se alternan en la cabecera y cuyo estilo, que amalgaman multitud de influencias, escapa al canon tradicional de los superhéroes. Ya en el tomo que tienes en tus manos, puedes ver una amplia muestra de las capacidades de ambos, junto con un montón de sorpresas más, que van desde el peculiar jardín de nuestra escuela a los alumnos de intercambio, de un catálogo de asignaturas que deja con la boca abierta a los embarazos inesperados.

 

Con Lobezno y La Patrulla-X, Jason Aaron y sus compañeros de aventura se decidieron a conseguir una colección distinta, que entusiasmara al lector y que le hiciera desear cada nuevo número con la pureza del verdadero creyente que necesita saber lo que ocurrirá a continuación. Y a fe que lo lograron.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Deluxe. Lobezno y La Patrulla-X nº 1

UNA ROSA CRECE EN UTOPÍA: REFLEXIONES PARA DESPUÉS DE LA GUERRA ENTRE VENGADORES Y PATRULLA-X

Pocas historias han marcado un final de etapa dentro del Universo Marvel de una manera tan indeleble como “VvX: Los Vengadores Vs. La Patrulla-X”. El ciclo argumental que se abriera con “Dinastía de M” llegó a su clausura, después de años en que los mutantes vivieran al borde de la extinción, pero, más importante que eso, fue que en el Bullpen terminó una manera de hacer las cosas, la que había alumbrado Joe Quesada en 2005. Después de todo un lustro al frente de la editorial en que había huido de la idea de la idea de cosmos compartido y en que los personajes habían vivido sus aventuras de manera casi autónoma y en compartimentos estancos, se dio un giro radical a la política de la compañía, para abrazar de nuevo uno de sus rasgos más significativos: que todo estuviera conectado, que cada cómic no fuera sino una pequeña pieza de un gigantesco puzle y que cualquier cambio en la más minúscula de las piezas afectase a la imagen de conjunto. Bajo la dirección de su sucesor, Axel Alonso, y aunque se mantendría un cierto hilo conductor, se iba a perder cohesión a favor de una mayor independencia de cada personaje y de los propios autores.

 

 

Eso lo facilitó, en gran medida, el gesto que representaba “VvX”, por el que el grupo de guionistas al frente del proyecto dejaban recogidos los juguetes de los que habían estado disfrutando durante mucho tiempo, aunque en algunos casos esos juguetes hubieran cambiado hasta hacerse casi irreconocibles. Y es que, en esa última fiesta que fue la guerra entre Los Vengadores y La Patrulla-X, se atrevieron a ir con algunos de los protagonistas hasta donde nunca antes había llegado nadie. “VvX” se maceraba con temas trascendentales: la fe, la religión y la supervivencia, de los que hablaba Jason Aaron, pero estos no formaban sino parte del trasfondo de la historia, mientras que el desarrollo de la misma se llenaba de espectaculares batallas, giros insospechados y en ocasiones rocambolescos, muertes dramáticas y cuanto hiciera falta para añadir pirotecnia al espectáculo.

 

En una de las entrevistas promocionales publicadas durante el desarrollo del evento, el veterano artista Adam Kubert llegó a confesar que nunca había tenido que dibujar tal cantidad de personajes en un único cómic como le había tocado en “VvX”. Ni siquiera en “Onslaught”, a finales de los noventa, había dibujado a tantos. Las declaraciones dan buena muestra de la envergadura del relato. Guionistas, dibujantes y editores rompieron con lo que cabía esperar de ellos no una, sino varias veces, a lo largo de los doce episodios, más sus prólogos, sus tie-ins, sus series-companion y sus derivados digitales, ofrecidos por primera vez en papel en esta recopilación.

 

En el guión previo escrito en la cabeza de cada lector, estaba la opción de que la Fuerza Fénix se encarnara en Hope, o de que lo hiciera en Cíclope, o incluso que recayera sobre la figura de algún vengador… pero ninguno de esos fans hubiera elucubrado, ni en sus más febriles sueños, que la entidad cósmica repartiría su poder entre cinco elegidos con nombre de grupo de estrellas de pop, esos Cinco Fénix que llegan a convertirse en los villanos de la historia, pero que nunca dejan de ser héroes conducidos por la desesperación, el miedo, el deseo de salvar a los suyos y la borrachera de omnipotencia hacia un destino que sólo puede ser fatal. Incluso cuando buscan beneficiar a la humanidad, los Cinco Fénix se equivocan. Bajo la influencia de una fuerza que no pueden controlar, perpetran actos terribles. Una vez perdido el poder, habrá quienes emprendan el camino de la redención, pero también los que opten por la huida hacia delante. Fue aquí, en “VvX”, donde Jonathan Hickman entró en contacto con ese Namor furioso y aniquilador como no se conocía desde los años cuarenta, y el guionista seguiría profundizando luego en esa vertiente del personaje, a lo largo de su etapa al frente de la franquicia de Los Vengadores, pero el personaje que salió irremediablemente alterado de la experiencia iba a ser, sin lugar a las dudas, Cíclope, que había cruzado el rubicón con un acto tan terrible como el de haber asesinado al hombre que había sido un padre para él.

 

Porque Scott Summers quizás sea el gran vencedor de la batalla, ya que consigue aquello que se proponía, salvar a la raza mutante, pero al mismo tiempo, y en lo personal, es el inequívoco perdedor de “VvX”. Antes de comenzar la saga, representaba un líder para su pueblo, apenas cuestionado por Lobezno y su nueva escuela. Durante la trama, se convertía en un terrorista, odiado por los suyos y probablemente por sí mismo. Ni siquiera le queda el amor de Emma Frost, y el que tuviera por Jean Grey ha quedado mancillado, por el uso que le ha dado a la Fuerza Fénix. Para desgracia de quienes consideraran a Cíclope el primer y más importante hombre-X, su evolución modélica de los años anteriores quedaba empañada, hasta verse transformado casi en una caricatura, por muchas excusas que se le quisiera poner a su actuación en estas páginas.

 

La muerte de Charles Xavier, el hombre que lo había empezado todo el día que reunió a aquellos cinco chavales, tenía por fuerza que marcar un punto y final, pero que viniera de la mano del mutante que más apreciaba de aquellos primeros alumnos no podía ser más amargo. Si anteriormente “Cisma” ya había roto con la dinámica Xavier-Magneto, al entregar estos sus respectivos papeles a Lobezno y Cíclope respectivamente, “VvX” confirmaba la ruptura, al hacer que los otrora rivales no fueran sino actores invitados en este drama, y la subrayaba como definitiva, al eliminar a uno de los dos. Sí, la muerte no es algo en absoluto definitivo dentro del Universo Marvel, más en el caso que nos ocupa, el de un personaje que ha resucitado no una, sino varias ocasiones… pero en este caso los autores de esta saga tenían una intención sincera, y al menos en el lustro que siguió a la publicación del evento nadie vino a desdecirlos, prueba de que iban en serio.

 

En “VvX” había víctimas, hay verdugos, pero también héroes, en este caso heroínas. La alianza final entre Hope y La Bruja Escarlata revestía una importancia extraordinaria. Eran dos mujeres las que venían a poner punto y final a un conflicto en el que los hombres habían llevado, en casi todas sus fases, la voz cantante. Para Wanda, su acto representaba también una forma de redención, sumada a la que ya encontrase en Los Vengadores: La cruzada de los niños, pero que aquí cobraba verdadera importancia, ya que respondía a una decisión consciente y meditada. Para Hope, suponía la culminación del camino que había seguido desde que se presentara en Patrulla-X: Complejo de Mesías: el camino de la guerrera. Todavía quedarían muchos misterios por resolver alrededor de ella, y aunque el personaje siguió presente en el Universo Marvel posterior, ya nunca volvería a tener relevancia. Su círculo se había cerrado.

 

Como se había cerrado el gran círculo sobre el que gravitaran las historias de La Casa de las Ideas durante tanto tiempo. En el día después de “VvX”, aguardaba Brian Michael Bendis fuera de Los Vengadores y al frente de La Patrulla-X; Jonathan Hickman como albacea de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra, y un nuevo equipo, el Escuadrón de Unidad, nacido de la unión del propósito de superhéroes humanos y mutantes de construir juntos la paz del mañana. Aguardaban, en definitiva, grandes cambios. Un brillante pasado quedaba atrás, mientras un nuevo tiempo se abría camino. Había llegado la hora de Marvel Now!

 

Texto publicado originalmente en Marvel Deluxe. VvX: Los Vengadores vs. La Patrulla-X. Segunda Parte

LA PATRULLA-X VS. LOS VENGADORES: CUANDO CHOCAN LOS TITANES

Los Vengadores y La Patrulla-X nacieron el mismo mes del mismo año. El primer número de cada una de sus colecciones llevaba fecha de portada de septiembre de 1963. Ambos grupos fueron creados por Stan Lee y Jack Kirby, en la efervescencia de los superhéroes que había tenido lugar tras el lanzamiento de Los Cuatro Fantásticos. Desde entonces, han seguido caminos paralelos, con ocasiones puntuales en que sus historias se cruzaban o alguno de sus miembros saltaba de un equipo al otro. Antes que integrantes de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra, Mercurio y La Bruja Escarlata fueron enemigos de La Patrulla-X; de igual manera, La Bestia, uno de los miembros fundadores del equipo de mutantes, perteneció durante una larga temporada a Los Vengadores. En el terreno comercial, sus éxitos han sido alternos, toda vez que los últimos tuvieron un arranque mucho más positivo que el de los mutantes, y que esa ventaja dio un vuelco entre finales de los años setenta y el comienzo de los años ochenta, hasta bien entrado el siglo XXI, cuando las tornas volvieron a cambiar.

 

 

El ciclo narrativo que se inauguró en 2005, con la disolución de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra en “Vengadores Desunidos”, impulsó una cadena de argumentos que volvía a relacionar estrechamente a ambos grupos. La locura de La Bruja Escarlata, que había sido el detonante de lo sucedido, volvió a ponerse de manifiesto en “Dinastía de M”, el primer gran evento de Marvel en mucho tiempo. En sus páginas finales, tres simples palabras de Wanda Maximoff (“No más mutantes”) abocaron al Homo superior a la extinción. La práctica totalidad perdió sus poderes y ningún nuevo nacimiento se produjo tras el llamado Día-M. Tiempo después, surgió una pequeña esperanza, en la figura de Hope, una niña que parecía haber escapado a la maldición de Wanda. Para que pudiera sobrevivir, Cable tuvo que criarla en el futuro, tal y como se contó en una espectacular trilogía de aventuras enmarcada en la franquicia de La Patrulla-X: “Complejo de Mesías”, “La guerra del Mesías” y “Advenimiento”. Al final de esta última, Hope volvía, ya adulta, al presente, y su vuelta coincidía con la reactivación del gen mutante.

 

Durante todo ese tiempo, los guionistas de Marvel mantuvieron un calculado silencio alrededor de la verdadera naturaleza de Hope. No se conocía el nombre de sus padres, asesinados por supremacistas humanos poco después del nacimiento de ella; su aspecto, con una llamativa melena pelirroja, apuntaba a una hipotética relación familiar con Jean Grey, lo que conducía, acto seguido, hacia la Fuerza Fénix, uno de los elementos más potentes de la mitología de La Patrulla-X. En sus orígenes, Fénix no era más que el nombre adoptado por Jean Grey después de verse sometida a una tormenta solar que multiplicó sus poderes hasta hacerla poco menos que omnipotente, pero también difícil de controlar. Jean prefirió acabar con su vida, antes de dejarse arrastrar por la locura que amenazaba con destruir a todos sus compañeros y, quizás, al universo. Ocurrió en “La saga de Fénix Oscura” (1980. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X nº 2), mítica historia que, además de lanzar a los mutantes al estrellato, cambió la manera de hacer cómics en aquel entonces, hasta el punto de que la caída de La Bruja Escarlata, que narrara Brian Michael Bendis un cuarto de siglo después, está muy influida por ella. Revisiones posteriores de la figura de Fénix establecieron que se trataba de una fuerza de la naturaleza capaz de encarnarse en personas concretas. Y es ahí donde surgían las cuestiones sin respuesta. ¿Acaso la Fuerza Fénix se reencarnaría en Hope? ¿Qué podría significar tal cosa, tanto para humanos como para mutantes? ¿Volvería Fénix como una fuerza benévola, o en cambio arrastraría nuestro planeta a la destrucción?

 

En 2012, el Director Editorial de Marvel, Axel Alonso, decidió que era el momento de responder a todas esas preguntas, y hacerlo a través de un espectacular evento que, al tiempo que cerraba casi una década de historias, servía como punto de arranque para muchas otras. El resorte de los acontecimientos no sería otro que el ansiado regreso de la Fuerza Fénix, lo que motivaría la ruptura entre La Patrulla-X y Los Vengadores. Mientras que Cíclope, como líder de la primera, estaría convencido de que Hope devolvería sus días de gloria a la maltrecha raza mutante, el regreso de Fénix sería considerado por Los Héroes Más Poderosos de la Tierra como una amenaza de primer orden.

 

Dada la envergadura y extensión del evento, en el Bullpen decidieron adoptar una estructura para “VvX: Los Vengadores Vs. La Patrulla-X” que rompía el esquema de proyectos anteriores, encabezados por un único guionista y un único dibujante. Por contra, para la nueva saga se llamó a los cuatro escritores fundamentales de La Casa de las Ideas en ese momento. Brian Michael Bendis, por su veteranía en esa clase de historias, por haber sido durante una larga temporada el responsable de la franquicia de Los Vengadores y porque, tras la finalización de “VvX” pasaría a desempeñar una labor equivalente con La Patrulla-X; Jason Aaron, como uno de los autores más importantes de los mutantes en los últimos años, escritor en esos momentos de una de sus cabeceras estrella, La Patrulla-X y Lobezno; Ed Brubaker, como el hombre que había asesinado y traído del más allá al Capitán América y que se había significado entre las grandes estrellas literarias del cómic del siglo XXI; Matt Fraction, por su larga trayectoria en la colección de Iron Man o Uncanny X-Men; y Jonathan Hickman, por disponerse a sustituir a Bendis en Los Vengadores. De igual forma, para la parte artística, se reclamó a los grandes espadas del lápiz dentro de Marvel. Estos eran: Frank Cho, en un prólogo centrado en las dos grandes figuras femeninas de cada equipo, La Bruja Escarlata y Hope; y John Romita Jr., Olivier Coipel y Adam Kubert, que se repartirían, respectivamente, el comienzo, el nudo y el desenlace de la aventura, todo ello coordinado por el editor habitual en estas lides, Tom Brevoort.

 

El choque entre Los Vengadores y La Patrulla-X respondía a unas razones argumentales muy claras, a las que la editorial había llegado de manera natural, pero detrás de las que latía una de las tradiciones más viejas de Marvel, la de enfrentar a sus héroes entre ellos. En los primeros tiempos, que Hulk luchara contra La Cosa o que Spiderman se enfrentara a Los Cuatro Fantásticos, o más adelante que Los Vengadores se las vieran contra Los Defensores, solía responder a la confusión o a un plan trazado por algún villano en la sombra. Pero, conforme se fueron sofisticando las historias, esta clase de lucha empezó a relacionarse con tomas de postura ideológica alrededor de un tema determinado. Había ocurrido así con “Civil War”, cuando los héroes se separaron en dos bandos irreconciliables, a favor y en contra del registro de superhumanos. En cualquier caso, suponía una ocasión perfecta para que los iconos de la compañía midieran fuerzas y los aficionados a su vez se posicionaran a un lado u otro.

 

Además de la serie principal en que tenía lugar el evento, “VvX” contó con un puñado de episodios colaterales que vieron la luz en formato digital exclusivamente. La trama se extendió a su vez hasta un título de acompañamiento, “VvX: Versus”, además de cruces en las cabeceras principales de ambas franquicias. De cara a su recopilación en castellano, y dada la extensión del proyecto, la colección troncal, junto a sus episodios digitales situados en su lugar cronológico oportuno, se recopila en dos volúmenes de Marvel Deluxe. “VvX: Versus” cuenta con su propio tomo independiente, mientras que los cruces aparecen en sus respectivas series dentro de la línea.

 

Después de tantos años de historias alrededor del futuro de la raza mutante, “VvX. Los Vengadores Vs. La Patrulla-X” señala el final del camino. La Fuerza Fénix se aproxima a la Tierra, y todo cambia. “El de Fénix es un concepto muy fácil de entender”, explica Brian Michael Bendis. “Se trata de un cometa viviente que arrasa mundos, hace crecer algo nuevo de las cenizas y necesita un huésped para dar rienda suelta a su poder. Cuando se dirige a tu planeta, ¿qué haces? ¿Vas a temerla o abrazarla?”. Mientras Los Vengadores aprecian el peligro, Cíclope, al frente de los mutantes, no hace sino contemplar ante él una pléyade de oportunidades. “Para el Capi”, explica Jason Aaron, el siguiente guionista del evento, “La misión es simple. No es personal. Se trata de salvar el mundo. En cambio, para Cíclope, todo lo que ocurre es personal. Es una cuestión de fe, religión y supervivencia”.

 

Texto originalmente aparecido en Marvel Deluxe. VvX: Los Vengadores Contra La Patrulla-X Primera Parte

DENTRO DEL ORIGEN DE THANOS: LOS PRIMEROS PASOS DE UN GENOCIDA CÓSMICO

En 2012, el mundo entero despertó a La Era de los Prodigios. Sí, hacía muchas décadas que unos pocos elegidos conocían de aquella maravilla. Accedían a ella a través de un código secreto, sólo disponible para aquellos que hubieran tenido la suerte de percibir la magia: el código de los cómics de Marvel. Pero ahora ese lenguaje se había traducido al lenguaje común, mediante otra forma de magia. Todos contemplaron entonces a Los Héroes Más Poderosos de la Tierra uniéndose contra una amenaza a la que no podían hacer frente en solitario. Los que aguantaron en su sillón hasta el final de la velada, recibieron un regalo final: la identidad de la verdadera amenaza que se encontraba detrás de lo ocurrido. Contemplaron su rostro, pero sólo los Verdaderos Creyentes supieron identificarlo. Sólo ellos supieron que aquel era Thanos y que tenían motivos para temerlo.

 

 

La más famosa y celebrada creación de Jim Starlin para el Universo Marvel nunca vio su origen narrado en detalle por parte de éste o de cualquiera de los autores que tocaron al personaje durante las décadas siguientes. En el cuadragésimo aniversario de su nacimiento, y en coincidencia con una nueva era de popularidad impulsada por su salto al cine, Marvel Comics se atrevió con una miniserie que se acercaba a los primeros días de Thanos, y para la que confió en nada menos que Jason Aaron, uno de sus guionistas más destacados, autor entre otras obras de celebradas etapas de Thor o de Lobezno, y del artista Simone Bianchi, requerido sólo para proyectos de especial importancia.

 

¿Con qué herramientas trabajó Aaron para componer su relato? Si escrudiñamos las apariciones del villano, ya fuera mientras fue coto exclusivo de Starlin, ya fuera en manos de sus sucesores, apenas podemos encontrar unas pocas pinceladas, dispersas aquí y allá, y siempre mediante sucintos flashbacks. Cuando fue presentado, en Iron Man #55 USA (1973), Thanos ya era adulto y malvado. Starlin lo había concebido, junto a Drax El Destructor, cuando todavía estaba en la Universidad, asistía a clase de Psicoanálisis y abría las puertas de su mente a través del LSD. Con Thanos llegaron también su padre Mentor y su hermano Eros, el fascinante escenario de Titán, el satélite de Saturno, horadado para dar cobijo a un paraíso tecnológico autosuficiente y a una raza, la de los titanes, cuasi divina, que sin embargo ocultaba en la figura de Thanos la semilla de la discordia, “la serpiente en el paraíso”, como llegó a expresar el artista en sus textos de apoyo. La complejidad de la mitología que Starlin introdujo en apenas unas páginas rivalizaba con la que había establecido Jack Kirby en su fuga a DC Comics, cuando creó a Darkseid, de Los Nuevos Dioses, y no en pocas ocasiones fueron comparadas entre sí. El andamiaje inicial del Titán Loco se completó con nuevos elementos, que hicieron de Thanos algo único en su especie: la adoración hacia el avatar de la muerte, encarnada por una figura de rostro oculto y envuelta en una túnica; su elevación a la categoría de dios, un “dios loco, creador y aniquilador de mundos”; la aparición de nuevos enemigos y aliados, como Pip El Troll y Gamora; la instrumentación de objetos de poder, primero el Cubo Cósmico y luego las Gemas del Infinito… elevaron al personaje a la categoría de amenaza extrema dentro del Universo Marvel, un antagonista cuya mera presencia obligaba a desarrollar grandes epopeyas a su alrededor.

 

La década de los setenta fue su época por excelencia, cuando tuvo un conjunto de apariciones memorables en diversos especiales y series abiertas, que, siempre bajo la batuta de Starlin, conformaron lo que hemos dado en llamar “La saga de Thanos”, una gigantesca ópera espacial que finalizó con la muerte del genocida cósmico. Starlin no tardó demasiado en abandonar Marvel, una marcha para la que fue eliminando, con sistemática crueldad, a todos los grandes personajes que habían pasado por sus manos, lo que aseguraba que ningún otro llegara a utilizarlos. No es extraño que, a su regreso a La Casa de las Ideas, ya peinando canas en los comerciales noventa, resucitara a Thanos y su cohorte de enemigos, para dedicarles un nuevo ciclo de historias que se extendió hasta los primeros pasos del siglo XXI y que iba a servir para dar a conocer al autor y a sus criaturas a las nuevas generaciones. Fue el tiempo de la Trilogía del Infinito, compuesta por El Guantelete, La Guerra y La Cruzada del Infinito, sagas multitudinarias precedidas a su vez por una auténtica obra maestra, Thanos Quest, en que tenía lugar la búsqueda de las Gemas del Infinito. Bien sabe Stan Lee que Kevin Feige y sus chicos del Universo Cinemático Marvel repasaron estos cómics en decenas de ocasiones, para llevar a cabo la epopeya audiovisual que culminaba en la tercera aventura fílmica de Los Vengadores.

 

El salto al cine fue propiciado por Joss Whedon, el director de Los Vengadores, que llevaba fascinado por la figura del Titán Loco desde que, siendo niño, leyera The Avengers Annual #8 USA (1977). Se trataba de un capítulo fundamental de “La saga de Thanos”. La trama alcanzaba tal envergadura que Warlock y el Capitán Marvel, los dos aventureros que hasta entonces habían combatido al antagonista con mayor ahínco, requerían de la ayuda de Los Vengadores para la más decisiva de las batallas. Hasta entonces, no podía decirse que este supergrupo se encontrara en la órbita de Thanos, pero el Annual se bastaba por sí mismo para cambiar esa circunstancia. Marcó de tal manera a Whedon que, para elegir un archienemigo por encima de cualquier otro, no pensó ni en Kang El Conquistador, ni en Ultrón, ni en Los Señores del Mal: pensó en Thanos.

 

Bastó la escena postcréditos de Los Vengadores para que las apariciones fundamentales del personaje en los cómics comenzaran a cotizarse a precios astronómicos en el mercado coleccionista y para que Marvel lo recuperara en todo su esplendor. A día de hoy, Thanos es más importante y más conocido que nunca. Paradójicamente, la mayor parte de su público, todos esos que se han unido a la fiesta con las películas de Marvel Studios y albergan un conocimiento muy reducido de las viñetas, no saben gran cosa de su bagaje, más allá de que se trata de un tipo escalofriante al que los héroes tienen motivos para temer. Y así llegamos a la razón de ser de este cómic, que recopila la miniserie de cinco episodios titulada originalmente Thanos Rising. El guionista Jason Aaron (Jasper, Alabama, 28 de enero de 1973) es un laureado profesional del cómic estadounidense poco dado a los territorios cósmicos, pero especialista en sondear almas oscuras. El dibujante Simone Bianchi (Lucca, 10 de julio de 1972) destaca como profesional meticuloso, al que Marvel requiere para historias épicas, con tintes mitológicos o que transcurren en mundos imposibles. En un primer momento, la editorial seleccionó a dos autores mucho menos destacados para acometer el proyecto, pero cuando se vislumbró la envergadura del reto, La Casa de las Ideas prefirió empezar desde cero, cancelar aquel Thanos: Son Of Titan que iban a hacer Joe Keatinge y Richard Elson, pasar a estos un encargo de consolación y poner a Thanos en manos de autores que de verdad concitaran la atención de todos.

 

Aaron se acerca a Thanos mediante un relato iniciático, de descubrimiento y revelación, siguiendo un tratamiento próximo al que utilizó Truman Capote en A sangre fría o al empleado por Thomas Harris en las novelas de Hannibal Lecter, de las que el guionista se siente deudor. El protagonista es un genocida, un serial killer, galáctico si se quiere, pero serial killer al fin y al cabo, y todos los asesinos en serie tuvieron unos padres, y una infancia, y un territorio en el que empezó su historia. Antes de que sintamos el temor hacia Thanos, Aaron quiere que conozcamos al niño que fue, que simpaticemos con él y lleguemos a entenderlo como un ser de carne y hueso, como una figura trágica, por muchas atrocidades que luego fuera a cometer.

 

El relato aspira a un doble triunfo. En primera instancia, quiere mantenerse fiel a la herencia de Starlin, sin contradecir nada de lo que él escribió, pero a veces teniendo que resolver incoherencias, como las que existían alrededor de las circunstancias de la muerte de la madre de Thanos. Por otro lado, ofrece a quienes no lo conocieran un tratado completo para comprender la figura del protagonista. En palabras del autor, el resultado es una combinación del trabajo que hizo en Scalped con el acometido para Thor. “Y ciertamente”, afirma, “es más oscuro y extraño que la mayoría de las cosas que he escrito en Marvel, porque es la historia de un villano. No hay buenos chicos que aparezcan para salvar el mundo. Es el origen de un asesino de masas”.

 

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel HC. Thanos: Origen

Jason Aaron: “Me encanta escribir Spider-Man”

Lo dice en su página web. El estupendo guionista de Max Punisher, Scalped, Lobezno, La Patrulla-X y Lobezno o Motorista Fantasma no es un extraño para Spider-Man: ya escribió una aventura compartida con Logan (Marvel Graphic Novels. Astonishing Spider-Man & Lobezno) y ahora, en tiempos en que se avecinan grandes cambios, deja caer su amor hacia el trepamuros a cuenta de uno de los números de Los Vengadores Vs. La Patrulla-X de los que se ha encargado de escribir, en concreto, el noveno de la saga. Dice Aaron: "Me encanta esta portada. Y me encanta escribir Spider-Man. Incluso cuando le hago cosas terribles, como ésta".

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