EL INCREÍBLE HULK: UN MONSTRUO EN CAMBIO PERMANENTE

La factoría Marvel es una máquina de reciclaje y modernización de mitos eternos. Sus autores toman los elementos básicos de cualquier leyenda para reinventarla de sorprendentes maneras. El caso de Hulk es uno de los más fácilmente reconocibles. Stan Lee partió de un concepto básico: la criatura de aspecto humanoide concebida por un hombre que juega a ser dios. No hay nada nuevo bajo el sol, hasta el punto de que tal idea ya había encontrado acomodo en el mito judío del Gólem, y también en dos iconos fundamentales de la literatura, Frankenstein o el moderno Prometeo, la notable novela de Mary W. Shelley en la que un visionario daba vida a un constructo compuesto con piezas de varios cadáveres; y El extraño caso del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde, donde Robert Louis Stevenson narraba la historia del científico que lograba disociar su personalidad, hasta transformarse, tras la ingesta de un brebaje, en un ser poderoso, malvado y desinhibido.

El cerebro detrás del Universo Marvel, que tenía ambas obras entre sus favoritas, decidió trasladar esos conceptos a los tiempos modernos, a la América de los años sesenta, sumida en el miedo a la bomba atómica, consecuencia inmediata de la escalada armamentística entre las democracias modernas, encabezadas por Estados Unidos, y el bloque comunista, que representaba la Unión Soviética. La histeria colectiva buscaba la válvula de escape en la fantasía y en la ciencia ficción, de tal manera que los cines se llenaban de inofensivos animales que, tras ser sometidos a la radiación, se transformaban en terribles bestias dispuestas a pulverizar ciudades enteras. Y fue en ese contexto en el que se produjo la llegada de Hulk.

 

Robert Bruce Banner, un brillante científico al servicio del ejército, crea la Bomba Gamma, un artefacto capaz de eliminar a los enemigos sin provocar la destrucción de las ciudades. Durante las pruebas de la bomba, un joven imprudente se introduce en el área sin saber lo que allí se está llevando a cabo. Banner acude a su rescate, pero no puede ponerse a salvo a sí mismo. A partir de entonces, y como consecuencia de la radiación recibida, se transforma de manera intermitente en un gigantesco monstruo de incalculable fuerza y escasa inteligencia.

 

Más allá del componente atómico, Hulk tiene una característica que le hace único: su naturaleza bondadosa. El Goliat Verde no busca la aniquilación de la humanidad; bien al contrario, desea la paz y la quietud, y son los humanos quienes no parecen dispuestos a dejarle tranquilo… Unos humanos que se concretizan en toda clase de enemigos con superpoderes, pero también en el ejército estadounidense, que persigue sin descanso a Hulk, con el General Thaddeus “Trueno” Ross a la cabeza, precisamente el padre de la mujer a la que Bruce Banner ama.

 

Varios lustros después de su nacimiento, Hulk alcanzaría fama universal, gracias a una serie de televisión en la que el culturista Lou Ferrigno encarnaba al Monstruo Gamma, mientras que el actor Bill Bixby ponía rostro al científico. La popularidad del programa fue tal que, para generaciones enteras de espectadores, quedaría grabada en su memoria una visión arquetípica de Hulk: con Bruce Banner deambulando por todo el país, ocultando su naturaleza dual ante sus semejantes, hasta que una injusticia provoca que Hulk emerja a la superficie y arregle las cosas, lo que obliga finalmente a su alter ego a emprender de nuevo la huida.

 

Sin embargo, el auténtico Hulk, el que nace y vive en las páginas de los cómics, no está esculpido en piedra precisamente. Muy al contrario, presenta diferentes cambios a lo largo de su existencia, de tal manera que cuesta encontrar una época que se parezca a otra. Quienes no han leído nunca sus tebeos tal vez desconozcan que la piel de Hulk no era verde en sus orígenes, sino gris, un color que se demostró enseguida como inapropiado para las técnicas de reproducción de la época, por lo que se optó por abandonarlo. En años recientes, a su vez, ha surgido un nuevo Hulk, esta vez de color rojo, más salvaje de lo que nunca fue el original. Igual de cambiante ha sido la inteligencia del monstruo. En sus primeras aventuras, se mostraba como astuto y sagaz, para dejar luego paso al Hulk todo músculo y nada cerebro. Años más tarde, durante una larguísima temporada, Bruce Banner llegaría a tomar control de su lado bestial, situación que posteriormente sería llevada hasta el extremo opuesto, de forma que cualquier rasgo de conocimiento abandonaría a Monstruo Gamma.

 

¿Cuál es el Hulk favorito de los lectores? ¿El Hulk gris y ladino, que regresaría en los años noventa para convertirse en un matón de casino? ¿El Hulk verde e inteligente, que sería aclamado como un héroe por las autoridades y por el resto de superhombres del Universo Marvel? ¿El Hulk desbocado, que eleva su salvajismo más allá de cualquier límite? ¿El Hulk prototípico, carente de inteligencia y perseguido por el ejército? Es difícil quedarse con uno de ellos, pero todos son sinónimos del héroe del cómic, y quizás por eso Paul Jenkins, un inteligente guionista de Marvel, tuvo la ocurrencia de no renunciar a ninguno de ellos y conjugarlos todos.

 

Ése fue el punto de arranque de una estimulante etapa, que se desarrolló durante los años 2000 y 2001, y en la que las diversas versiones de Hulk toman la voz cantante en función de las necesidades que se plantean, al tiempo que sobre Bruce Banner, desesperado tras el fallecimiento de Betty, pende toda una sentencia de muerte: ha descubierto que padece esclerosis lateral amiotrófica, también conocida como la enfermedad de Lou Gehrig. “Los perros de la guerra” es el arco argumental en el que se pone en práctica el pacto entre las diversas personalidades de Hulk. La prueba de fuego llega de la mano de un nuevo e implacable enemigo, el General John Ryker, un genio estratega que ha extendido sus tentáculos a través del poder y la política, hasta situarle en una posición poco menos que intocable. Además de por su trepidante argumento, esta obra merece destacarse por su capacidad para inspirar la película de Hulk que dirigiera Ang Lee en 2003, y en la que aparecían unos perros contaminados por radiación gamma muy similares a los que dan título a esta saga, y contra los que el Monstruo Esmeralda combate en el curso de la misma.

 

El volumen se completa, además, con el cómic en el que se produjo el debut del personaje, en el lejano 1962. La comparación de aquel primer episodio con “Los perros de la guerra”, una de sus más brillantes interpretaciones, permite al lector asombrarse de la gigantesca riqueza adquirida por El Increíble Hulk a lo largo de sus cinco décadas de historias, en las que, más allá de sus continuas transformaciones, permanece siempre la dialéctica entre el hombre y el monstruo que habita en su interior.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. Hulk: Los perros de la guerra

DETRÁS DE PLANETA HULK: MÁS HULK QUE NUNCA

No recuerdo con exactitud cuál fue mi primera toma de contacto con El Increíble Hulk. Probablemente fuera una publicidad de su cómic, en los tiempos en que los publicaba Bruguera. Puede que se tratara de aquella con una gloriosa ilustración del Monstruo Gamma recién transformado, en un estallido de furia en medio de una turba humana. Muchos años después sabría que ese dibujo lo había hecho Earl Norem para el magazine The Hulk!, y que la pieza completa era todavía más impresionante, pero eso no viene ahora al caso. “La arrolladora acción del cíclope llamado… La Masa”, decía un titular superior. Sí, porque en aquel entonces ese era todavía el nombre por el que muchos lo conocían, herencia de Ediciones Vértice. “El ser más perseguido del mundo… ¡pero también el más fuerte!”, se añadía bajo la ilustración. También es bien posible que mi primer encuentro con Hulk fuera otra publicidad, también de Bruguera, en la que se advertía: “Si te tropiezas por ahí con La Masa… ¡No la provoques! ¡No la interceptes! ¡No la enfurezcas! ¡No la contradigas! …O sería lo último que hicieras…”.

 

 

Cualquiera de las dos opciones es válida, porque en cualquier caso me quedó bastante claro que Hulk no era un tipo amable, con el que te pudieras tomar un Cola-Cao, como sí lo era Spiderman. Y cuando por fin leí sus cómics, tuve claro por qué. Eran las historias arquetípicas del Hulk de buena parte de los sesenta y los setenta, con el monstruo tonto perseguido por el ejército y deambulando de aquí para allá, mientras se encontraba con los más variopintos villanos, enemigos y seres humanos necesitados de su ayuda o tratando de aprovecharse de él. Hulk daba miedo por buenas razones: era grande, verde, malhumorado, lo destrozaba todo, iba por ahí con un pantalón hecho jirones y hablaba raro, como los indios de las películas. Cuando luego conseguí ver algún capítulo de la teleserie de imagen real de Bill Bixby y Lou Ferrigno, que también era pieza codiciada en una población rural donde en pocas casas se veía la Segunda Cadena, ese concepto arquetípico del monstruo de naturaleza bondadosa perseguido por la humanidad fue reforzado en mi cabeza. Aquello era Hulk, lo mismo que Superman luchaba con Lex Luthor mientras trataba de proteger su identidad secreta de la cotilla de Lois Lane, o igual que Batman perseguía a los criminales de Gotham tan pronto como se encendía la Batseñal.

 

 

Una de las cosas que nos da la lectura de los cómics, una vez nos convertimos en aficionados y acometemos el disfrute de nuestros personajes favoritos de manera continuada, es que los tópicos están para romperlos. Llega el momento en que Steve Rogers abandona su identidad de Capitán América para pasar a ser El Nómada, en que a Spiderman le tiran a la novia desde un puente y tú te quedas a cuadros, porque no era eso lo que te habían contado de ese personaje, no era eso lo que se supone que debía ocurrir. Entonces, claro, te enganchan todavía más las viñetas. Tienes que estar ahí cuando suceda eso tan trascendental que cambiará para siempre la vida de tal o cual héroe.

 

En los años ochenta, Hulk no era una de las colecciones que siguiera de manera habitual, por más que me gustara el personaje. Estaba, como aquel que dice, todo el pescado vendido. No había sorpresas en el mundo del Piel Verde, y parecía mucho más interesante el Daredevil de Frank Miller, donde también mataban a las novias, o el Thor de Walter Simonson, donde llegaba un tío con cara de caballo y levantaba el martillo. No debí de ser el único que no se enganchaba con Hulk, porque la colección de Forum pasó de quincenal a mensual, signo de que las cosas no iban bien, y más tarde terminó por ser cancelada. Pero antes de eso, cayó en mis manos unos tebeos en los que Bruce Banner retenía su inteligencia cuando se transformaba. Había toda una nueva perspectiva, que daba lugar a reinterpretar su mundo paso a paso, y eso sí me flipó. Seguí leyendo la saga, que se extendía como una de esas largas historias-río que se leían en la Marvel de entonces, y Hulk pasó al extremo opuesto, a hacerse más bestia que nunca, hasta el punto de que se enfrentaba a un montón de héroes y el Doctor Extraño se veía obligado a exiliarlo a un lugar lejos de la Tierra que se llamaba La Encrucijada. Lejos de acabar la trama, Hulk iba a quedarse una larga temporada en esa dimensión extraña, repleta de portales a los más extraños mundos que pudiera haber imaginado nunca. En un episodio, Hulk era libertador, en otro esclavo, en un tercero un pirata… Lo de La Encrucijada era raro de narices, un tebeo de superhéroes que no era de superhéroes, sino de fantasía, y de ciencia ficción, y de espada y brujería, y de terror…

 

 

Más de un año estuvo Hulk en La Encrucijada. ¿Sabes lo que es eso cuando eres adolescente? Una eternidad de historias. Luego regresó a la Tierra, y volvió a ser perseguido, y separaron a Bruce Banner de la bestia… pero eso es material para otra charleta. El caso es que, en mi memoria, La Encrucijada quedó grabada como el último resquicio del Hulk clásico, y al mismo tiempo el instrumento a través del que Marvel en general, y el guionista Bill Mantlo en particular, pulverizó el concepto del Hulk clásico. Mantlo estaba por aquel entonces escribiendo también una estupenda etapa de Spidey, y luego lo descubrí en Los Micronautas o en miniseries como las de Capa y Puñal o Jack, la Sota de Corazones. Se alzó como uno de mis escritores favoritos, en el momento en que empezabas a fijarte en ese tipo de cosas. Era distinto a los demás. No le importaba romper los huevos para hacer una buena tortilla y tenía una preocupación sincera por contarte una buena historia, no sólo por tirar para adelante y dejarse llevar por los esquemas de siempre. Era un grandioso profesional del cómic, y cuando años más tarde supe que su carrera se había visto truncada por un atropello que le dejó las siguientes décadas postrado en una cama y con su actividad cerebral muy disminuida, me sentí triste como pocas veces me había sentido.

 

Creo que algo así le debió pasar a Greg Pak, un tipo que había leído más o menos los mismos cómics que yo, que también se había sentido apasionado por la obra de Bill Mantlo y al que también se le había desencajado la mandíbula con La Encrucijada. Sabía Greg Pak que cada superhéroe es lo que es, y por eso se queda grabado en la retina del populacho, pero que también pueden ser cosas distintas a lo que son habitualmente, y que a veces de esas grandes ocasiones surgen las historias que se recuerdan para siempre. Hijo de padre coreano y madre estadounidense, Pak había nacido en Dallas, el 23 de agosto de 1968 y enseguida había orientado su carrera hacia la industria cinematográfica. A mediados de la primera década del siglo XX, Joe Quesada, que andaba buscando talento externo a la industria tradicional, se fijó en él y le invitó a escribir para Marvel. Desarrolló un par de miniseries, y la segunda de ellas, “La canción final de Fénix”, tuvo cierta repercusión entre los lectores. Casi sonaba como guionista fijo de Uncanny X-Men cuando el bueno de Joe Q le propuso otra cosa completamente distinta. Estaban en el Bullpen planeando “Civil War”, la saga por la que el Universo Marvel se dividía en dos bandos enfrentados, y no querían que Hulk desequilibrara ninguno de ellos con su poder. Habían decidido mandarlo lejos, necesitaban que alguien hiciera una historia con eso, y Pak fue uno de los primeros candidatos sobre la mesa.

 

 

Me imagino la emoción que debió sentir, cuando supo del concepto que le ofrecía la editorial. En síntesis, no era muy distinto de lo que había hecho Mantlo con La Encrucijada en su momento, sólo que había pasado el tiempo suficiente como para que casi nadie recordase aquello, y que quienes lo hicieran sintieran una tremenda nostalgia. Fue así, en líneas generales, como nació “Planeta Hulk”. Era un cómic de Hulk, desde luego, y tenía muchas de las constantes. ¿Cómo no reconocerlo como tal, si en esencia se trataba de una actualización de una de sus sagas memorables? Pero había mucho más ahí que una puesta al día. Había una película de gladiadores con un mensaje libertario. Había una saga que expandía los límites del Universo Marvel para presentarnos un nuevo escenario fascinante que invitaba a la construcción de nuevos relatos. Había una historia de amor y una historia de amistad. Estaba llamado a convertirse en un clásico.

 

¿Quieres saber un secreto más, esta vez de la intrahistoria de Panini? Cuando nos tocó publicar “Planeta Hulk”, la colección iba francamente mal. Vendía muy poco desde los tiempos de Forum y en Panini no habían mejorado las cosas. Ése era el motivo por el que se editaba en aquellos tomitos que eran tan habituales en los comienzos de la editorial en España. “Planeta Hulk” parecía interesante, pero nada hacía pensar que aquello cambiaría las cosas, así que la programamos, como hubiéramos programado cualquier otra historia… ¡y fue un éxito brutal, como no había conocido Hulk desde mucho tiempo atrás! Todavía me arrepiento de no haberla publicado en grapa. Se agotaron todos los tomos, se reeditaron otra vez, se volvieron a agotar, y luego se lanzó la aventura en formato Marvel Deluxe, hasta entonces acotado a los verdaderos pesos pesados. Con “Planeta Hulk” empezó una nueva edad dorada para el Piel Verde, y también se disparó la carrera de Greg Pak, quien desde entonces ha seguido unido de manera intermitente a Hulk, e incluso ha hecho de uno de los secundarios de esta saga, Amadeus Cho, el perfecto heredero de Bruce Banner. Aunque eso también es una historia para otro momento.

 

Probablemente te hayas acercado a este volumen con unas ideas preconcebidas. Quizás conozcas al Hulk de las películas, al monstruo sin mente, a la bestia trágica. Aquí descubrirás muchos más aspectos del personaje, en los que nunca antes habías caído. Como me pasó a mí en otro tiempo, tal vez se te quede grabada a fuego esta epopeya que muestra a un Hulk que no es lo que se supone que debe ser, pero que es más Hulk que nunca.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Integral: Planeta Hulk

POTENCIAL PARA LA GRANDEZA: EL HULK DE JOHN BYRNE

Pocos autores de Marvel tocaron en los años ochenta a un número tan elevado de personajes de la editorial como fue el caso de John Byrne. Durante los primeros años de carrera, por las manos del popular artista pasaron héroes tan diversos como Spiderman, Puño de Hierro, Los Campeones o Los Vengadores; cuando alcanzó la consolidación, fue autor de épocas históricas para La Patrulla-X, Los 4 Fantásticos o el Capitán América, además de lanzar y permanecer durante más de dos años en la colección de un grupo de creación propia, Alpha Flight. Fue esta serie la que intercambió en 1985 con el equipo creativo que entonces estaba al frente de The Incredible Hulk, en una curiosa iniciativa que debería haber marcado el comienzo de otra larga y provechosa etapa más, aunque las circunstancias se aliarían para abortarla tras apenas medio año de su inicio. Ésta es la historia de lo que fue… y de lo que pudo haber sido.

 

 

La relación entre John Byrne y el Gigante Gamma había comenzado mucho tiempo atrás, cuando el canadiense apenas era un niño y el Universo Marvel echaba a andar. Como había hecho con Los 4 Fantásticos, el joven Byrne siguió las primeras aventuras de Hulk y se enganchó a ellas cuando la criatura de Stan Lee y Jack Kirby apenas daba sus primeros pasos y estaba todo por hacer. Era un Hulk que cambiaba de aspecto, de habilidades, de inteligencia y actitud casi en cada número, que muy pocos lectores reconocerían como el icónico, que fue cancelado tras apenas seis entregas y que todavía no encajaba en los tópicos posteriores de bestia perseguida y en el fondo pacífica, pero que a Byrne se le quedó grabado a fuego.

 

El autor había tenido, antes de 1985, escasas y muy breves oportunidades para acercarse a su figura, aunque fueron ocasiones de una importancia destacable. Hulk pasó por las manos de Byrne como invitado especial en Marvel Team-Up #53 USA (1977), con guión de Bill Mantlo. Apenas un año después, coescribió, con Roger Stern, y dibujó The Incredible Hulk Annual #7 USA (1978), un cómic que se convirtió en un clásico instantáneo. Y el mismo equipo literario repitió, doce meses más tarde, en The Incredible Hulk Annual #8 USA (1979), con Sal Buscema al dibujo. En todas esas historias, el Piel Verde que se mostraba era el que estaba arraigado en el imaginario colectivo de los lectores, un bruto bondadoso de escaso cerebro y verbo limitado, con inigualable capacidad destructora. Byrne sí tuvo un contacto más continuado con Hulka, un personaje muy próximo a Bruce Banner, a la que convirtió en integrante de Los 4 Fantásticos y el epítome de mujer con la que a cualquier lector le hubiera gustado salir, inteligente, divertida y sexy. No había en ella ningún rastro de la furia gamma de su primo, ni trazas que la relacionaran con él, al margen del parentesco y de la sangre irradiada que compartían.

El Hulk icónico ilustrado por Byrne a finales de los setenta

 

Llegados a 1985, Hulk no había hecho sino dar pasos que lo alejaban no sólo de su imagen primigenia, sino también de su iconicidad. Bill Mantlo llevaba escribiéndolo todo el último lustro, y en ese tiempo había jugado a que Bruce Banner mantuviera su inteligencia durante las transformaciones y, una vez que el público se había acostumbrado a esa situación, la había basculado hasta el extremo opuesto, anulando hasta la más mínima expresión de raciocinio en la bestia. Por si fuera poco, durante más de un año, el personaje había permanecido exiliado en La Encrucijada, un entorno de fantasía alejado de la Tierra. Sí, estaba claro que aquel Hulk no tenía nada que ver con el tradicional. Y Byrne lo echaba de menos como nunca le había pasado. “Sentía, y esto sorprenderá a todo el mundo, estoy seguro, que el personaje estaba demasiado alejado de sus orígenes, y una aproximación de vuelta a lo básico era necesaria”, explicaba años después en su página web oficial. “A tal fin, mencioné lo que pensaba que debía hacerse con Hulk al Director Editorial [Jim Shooter], y su respuesta fue ‘¡Eso es genial! ¡Debería hacerte cargo de la serie de Hulk!’. Bueno, en aquella época yo estaba hasta arriba de trabajo, así que asumir también Hulk parecía algo improbable… hasta que comprendí que ya había dicho todo lo que tenía que decir de Alpha Flight. Así que llamé a Bill Mantlo, que estaba escribiendo Hulk en aquella época, y le pregunté si le parecía bien hacer un cambio”. La decisión terminó por fraguarse entre Byrne y Shooter, cuando ambos se encontraban en un taxi. El autor explicó cuanto pensaba hacer en la serie y al editor le pareció lo suficientemente acertado como para darle luz verde.

 

Anuncio del intercambio de autores entre Alpha Flight y The Incredible Hulk, aparecido en Alpha Flight #28 USA (1985)

 

Mantlo aceptó también, de manera que Hulk regresaba de su exilio en La Encrucijada, y la herramienta argumental para hacerlo no era otra que Alpha Flight. El primer episodio del antiguo guionista de Hulk en esta serie mostraba la vuelta a la Tierra del Piel Verde y su enfrentamiento con el grupo canadiense. Al final de la historia, Hulk se perdía en el horizonte, dando saltos por las montañas nevadas. Fue ahí donde ya le retomaba Byrne, el primer mes por partida doble, con el que puede calificarse de manera oficial como el primer número de su etapa, el The Incredible Hulk #314 USA, y con un Annual dibujado por Sal Buscema, el artista que más tiempo había estado dibujando al monstruo. Volvía momentáneamente a hacerlo después de que, apenas unos meses antes, hubiera abandonado la cabecera por desavenencias con Mantlo. En cualquier caso, el cambio de autoría fue recibido con alborozo por los lectores, que vieron así reposicionada una colección que languidecía comercialmente. Byrne era, en aquel entonces, una de las mayores estrellas del cómic estadounidense, capaz de mover masas de aficionados allá donde fuera. Sus cómics tenían algo mágico; su habilidad para reinventar a los grandes iconos de Marvel desde una perspectiva clasicista acompañada de un acercamiento moderno estaba más que contrastada por su etapa en Fantastic Four, por lo que el fandom no podía estar menos que entusiasmado. A partir de este punto del artículo, entraremos en algunos detalles argumentales sobre el objeto de estudio, de manera que recomendamos postergar su lectura a aquellos que no conozcan el material previamente.

 

El plan de Byrne para The Incredible Hulk, esa vuelta a los orígenes de la que hablábamos antes, debía llevarse a cabo en el primer medio año que permaneciera al frente de la nave, hasta alcanzar el statu quo en que se movería el personaje en lo sucesivo. Venía a ser un espejo de aquellos seis primeros números de la colección original, junto a The Avengers #1 USA (1963), lo que el autor consideraba como el “Hulk definitivo”: un Hulk más salvaje, que reaccionaba siempre con furia y brutalidad, frente al “buen salvaje” en que se había transformado posteriormente.

 

Sus primeros números estarían preñados de grandes sorpresas y acontecimientos inesperados que dejaban con la boca abierta a quienes los leyeran. Todo ello se entremezclaba no tanto con una repetición de los detalles característicos de Hulk en sus años iniciales, sino de aquellos aspectos que, como lector fervoroso reconvertido luego en autor, Byrne encontraba más significativos. El The Incredible Hulk #314 USA se abría con una declaración de intenciones: la muerte inintencionada de un pobre ciervo que tomaba la mala decisión de enfrentarse con el monstruo. Éste respondía con todo su poder sin pensárselo dos veces y luego se limitaba a constatar sus resultados. En otros tiempos, los hubiera lamentado hasta dejar incluso escapar unas lágrimas, un comportamiento que Byrne identificaba con las historias que Len Wein había narrado en los años setenta, y que en las que, a su juicio, Hulk recordaba a Goofy, el personaje tontorrón y bondadoso de Disney. “No es Goofy: es el Pato Donald”, vino a concluir al repasar los trabajos de Stan Lee y Jack Kirby. La búsqueda de los instintos primitivos se reflejó en lo estético. Este remozado Hulk se diferenciaba del que hubiera dibujado el propio Byrne una década antes en un aspecto casi simiesco, de troglodita: cejas gruesas y largas, brazos colganderos que se balanceaban como si el monstruo cargara con ellos, figura encorvada… el poder se redujo hasta un nivel más manejable, pero también más bestial. No era, como decía el autor, un Arnold Schwarzenegger aumentado de tamaño: era un auténtico monstruo destructor y debía diferenciarse como tal. Toda esa filosofía estaba condensada en la imagen de Hulk que Byrne realizó para The Official Handbook of the Marvel Universe Deluxe Edition #5 USA, publicado en 1985, meses antes de que el canadiense irrumpiera en la serie gamma.

 

El Hulk de Byrne en el Official Handbook

 

También en ese primer número, Byrne enfrentaba al Piel Verde contra sus enemigos más icónicos mientras en paralelo recontaba el origen, un tópico que repetía en cualquier serie por la que pasara. Los contrincantes eran nada menos que Juggernaut, MODOK, El Rino y La Abominación. La utilización de todos ellos de una tacada obedecía a la intención de satisfacer cuanto antes a los lectores habituales. El autor pretendía ignorar a todos esos enemigos en lo sucesivo, salvo quizás a La Abominación. Entendía que se había abusado demasiado de ellos y que además se trataba de personajes que se habían tomado prestados de otras series. Hulk, a juicio de Byrne, presentaba una necesidad acuciante de encontrar nuevas amenazas. En realidad, en este episodio el verdadero rival era Doc Samson, un viejo secundario de la franquicia, que regresaba a casa encarnado en herramienta necesaria para acometer la maniobra que tenía planeada Byrne. Como elemento novedoso, el autor introdujo una justificación acerca del motivo por el que tantas aventuras de Hulk tenían lugar en el desierto en que había tenido lugar su “nacimiento”. Era una de esas explicaciones racionales que el autor siempre intentaba dar a circunstancias tópicas que rodeaban a cuanto personaje pasaba por sus manos.

 

En esa línea, pronto recordó, después de mucho tiempo sin que se hubiera vuelto a mencionar el asunto, que Hulk en su primera aparición había tenido una pigmentación gris, para luego pasar al verde característico. El motivo en su momento había sido puramente industrial, dado que el gris no se imprimía con la calidad suficiente en el papel de los añejos comic-books, pero Byrne quiso dar una justificación verosímil dentro del contexto de la serie. Por primera vez, las generaciones más jóvenes contemplaron al Monstruo Gamma tal y como había sido en su nacimiento.

 

Siguiendo con la reivindicación, a su manera, de esos elementos característicos, el segundo número se abría con una ensoñación ambientada en la cámara subacuática en la que, con ayuda de Rick Jones, Bruce Banner se ocultaba para contener el poder de su alter ego. La primera página, de hecho, era un homenaje a la que Jack Kirby hubiera dibujado para el tercer número de la colección, casi veinticinco años atrás. En las últimas páginas, regresaba a la serie Betty Ross, la eterna novia de Banner, que jugaría un papel fundamental en los siguientes números y a la que Byrne imaginaba sustituyendo a Rick Jones en el papel de carcelero del Piel Verde. Jones, el joven imprudente al que había salvado Banner de la bomba gamma, también estaba de vuelta, para The Incredible Hulk #319 USA, así como el padre de Betty, el iracundo “Trueno” Ross, lo que completaba el rescate del elenco original de Stan y Jack. Por supuesto, también figuraba Hulka, porque el personaje fetiche de Byrne no podía faltar. En recuerdo de aquel The Avengers #1 USA, donde Loki confundía a los protagonistas para que se enfrentaran con Hulk, Los Vengadores también saltaban a escena, aunque esta vez sus motivos para enfrentarse a la bestia estaban más que justificados. Y lejos de quedarse en los secundarios ya conocidos, Byrne introdujo un nuevo grupo de Cazahulks, compuesto por cinco variopintos individuos con potencial suficiente para aderezar años de historias… y sin embargo…

 

El monstruo atrapado, según Jack Kirby

 

…Sin embargo, el The Incredible Hulk #319 USA, publicado apenas seis meses después del arranque de la etapa y en el que culminaba la batería de cambios cataclísmicos que alumbraban el escenario sobre el que debía haberse movido Byrne en lo sucesivo, fue también el último que realizó. En aquel momento, la gran estrella de Marvel no hacía sino chocar con el estamento editorial allá donde se encontraba. Las disputas le llevaron a abandonar tanto Fantastic Four como The Incredible Hulk. En este caso en concreto, muchos de los cambios que había llevado a cabo, y que explicara a Shooter en aquel viaje en taxi mencionado antes, no despertaron el entusiasmo de éste una vez empezó a aplicarlos, y así se lo transmitió el editor de la serie, Dennis O’Neil. La gota que colmó el vaso estuvo en el rechazo de todo un número. En aquel entonces, Byrne estaba llevando a cabo muchos experimentos gráficos que se reflejaron en esos pocos episodios que había llegado a firmar para Hulk. Pero componer toda una entrega con viñetas a toda página parecía excesivo para los cánones de la época. El episodio sólo vio la luz algunos meses después, dentro de la cabecera antológica Marvel Fanfare, cuando su autor ya había volado de la colección gamma. Algunas de las muchas ideas que se quedaron en el tintero pasaban por crear un ejército de Abominaciones, a partir de la resurrección de la original; dar una mayor importancia de Bruce Banner y que éste y Hulk volvieran a verse como la cara y la cruz de la serie, aunque desde la nueva perspectiva que daba el cambio revolucionario con el que Byrne había abierto la etapa; presentar a El General, un nuevo villano cuyo poder rivalizaría con el del protagonista, y, en el colmo del revisionismo de los primeros sesenta, recuperar a El Amo del Metal, el que fuera enemigo del último número de la serie original y del que nadie se acordaba ya. Para dar lustre a esta rentrée, Byrne quería servirse de una estatua de Hulk fabricada en adamántium que había sido utilizada por Bill Mantlo.

 

El Amo del Metal, el villano que Byrne no tuvo tiempo de recuperar

 

La primera época de Byrne en La Casa de las Ideas, una auténtica edad dorada dentro de la carrera del autor, llegaba a su fin y, a juicio de muchos, no se repetiría jamás. Saltó entonces a DC Comics, para acometer otro particular “back to the basics” sobre el primero de los superhéroes, Superman. Sólo regresó a Marvel cuando Jim Shooter ya no estaba en la editorial, y, al cabo de varios lustros más, ya en 1999, tuvo la oportunidad de volver a acercarse al Piel Verde, en una etapa igualmente breve, pero que en absoluto despertó el entusiasmo y la expectación lograda con aquella primera estancia. Ya no era el genio de los tiempos pasados, sino una vieja gloria venida a menos. Contemplada en la actualidad su breve estancia de mitad de los ochenta, compuesta por seis entregas de la serie abierta, un Annual y el episodio “rescatado” en Marvel Fanfare, sigue apreciándose la extraordinaria energía puesta en aquel puñado de números. Algunos de los cambios introducidos por Byrne fueron enseguida desechos, mientras que unos pocos perduraron durante años, en especial los relativos a Betty. Pero cuesta mucho imaginar hasta dónde podría haber llegado la etapa de haberla podido continuar su autor: se aprecia un diamante en bruto, sin llegar a vislumbrarse la pieza a la que podría haber dado lugar. Fue, como llegó a decir el autor en alguna ocasión, un menú degustación de ocho platos del que sólo llegamos a disfrutar del primero de ellos. Un enorme disfrute, no obstante.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel HC. El Increíble Hulk de John Byrne

CLÁSICOS MARVEL GUÍA DE LECTURA 2018

Este es el orden recomendado de lectura para la línea de clásicos Marvel de Panini Comics, actualizado a enero de 2018.

 

UN COSMOS EN EXPANSIÓN

Una vez cumplido el objetivo de poner en marcha las dos colecciones con las que se abrió el Universo Ultimate, y mientras Mark Millar y Bryan Hitch trabajaban en la llegada de Los Ultimates, en La Casa de las Ideas tuvieron una gran duda: ¿Qué hacer a continuación? El Universo Ultimate se había convertido en el éxito del año y las leyes del mercado siempre dictan que si algo se vende mucho, debe producirse en masa.

En cualquier otra circunstancia, los títulos de la Línea Ultimate se habrían multiplicado de inmediato, con los lanzamientos que hiciera falta. Pero en la editorial comprendían que no era buena idea. Mantendrían la línea Ultimate reducida a unos pocos títulos, lo que permitiría cuidarla al máximo. El objetivo es que nunca llegase a haber más de cuatro series al mismo tiempo. Tenían ya dos en las librerías, una más en preparación y una tercera que sugeriría Brian Michael Bendis, el guionista de Ultimate Spiderman.

Tras muchos años como autor independiente, Bendis había logrado dar el salto al mainstream con una aclamación unánime. En Marvel se preguntaban cuál sería su siguiente proyecto y éste les ofreció fusionar dos viejos conceptos ya desaparecidos, Marvel Fanfare, una colección con autores y protagonistas que cambiaban cada mes, y Marvel Team-Up, una cabecera de Spiderman en la que le acompañaba un héroe diferente por número. De esta forma, Bendis preguntaría a artistas que admiraba qué personaje les gustaría dibujar para Marvel. Él adaptaría la historia y el estilo literario a los deseos de cada uno de ellos, al tiempo que Spidey serviría de maestro de ceremonias. En las oficinas de la editorial, en un momento en que estaban muy abiertos a la experimentación y a nuevos puntos de vista, estimaron que la idea podría funcionar bien, además de expandir el cosmos del Universo Ultimate, sin necesidad de multiplicar exponencialmente el número de colecciones.

Bajo esas premisas, Ultimate Marvel Team-Up se convirtió en la tercera cabecera del Universo Definitivo en ver la luz. La serie abría a lo grande, mediante una historia que era importante por tres motivos: suponía el primer encuentro de Spidey con otro superhéroe, era también la primera vez que el trepamuros se cruzaba en el camino de un mutante y el primer cruce de la versión definitiva de los dos personajes más comerciales de la editorial: el Hombre Araña… Y Lobezno. Matt Wagner, el genio detrás de Grendel, uno de los más sugestivos tebeos del panorama independiente americano, se encargaba de los lápices.

No menos importante fue la segunda historia, un encuentro con Hulk dibujado por Phil Hester (Green Arrow), ya que serviría para dar consistencia a un conjunto de ideas alrededor del escenario sobre el que se movía el Universo Ultimate. Al ambiente de Guerra Fría y paranoia radiactiva que presidía los cómics que hicieran Stan Lee y Jack Kirby en el nacimiento del Universo Marvel convencional, Bendis y Millar querían contraponer un modelo adaptado al siglo XXI, el de “la gran conspiración”, con un reducido número de individuos moviendo los hilos desde las sombras, un Gran Hermano que se sitúa en lo más alto de la cadena alimenticia y controla el mundo. En el choque de Spidey con Hulk se apuntaría por primera vez esta circunstancia.

 

Tras el Goliat Esmeralda, el siguiente “Team-Up” supuso el debut de Iron Man, otro de los héroes que pronto aparecería en The Ultimates. El dibujante era todavía más inusual que los anteriores, puesto que se trataba de Mike Allred, cuyo delirio pop también podía encontrarse en X-Force, otro heterodoxo proyecto que La Casa de las Ideas acababa de estrenar. La apuesta se elevaría aún más con la aventura que, acto seguido, reuniría a Spiderman con Daredevil y Punisher. Bendis se mantuvo fiel al concepto original de estos dos oscuros vigilantes de Marvel, pero fue más allá en todo lo demás: no sólo se trataba de la aventura más larga publicada hasta entonces en MTU, sino que además estaba ilustrada nada menos que por Bill Sienkiewicz, un genio de estilo diametralmente opuesto al típico autor de superhéroes.

 

 

En este volumen se recogen todas esas historias. En total, los ocho primeros números de Ultimate Marvel Team-Up, un esclarecedor y brillante ejemplo de lo mucho que arriesgaba La Casa de las Ideas a comienzos de la primera década del siglo XXI. Porque quien nunca arriesga, nunca gana.

Artículo aparecido en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 3: Un mundo compartido

CLÁSICOS MARVEL GUÍA DE LECTURA 2017

Este es el orden recomendado de lectura para la línea de clásicos Marvel de Panini Comics, actualizado a diciembre de 2017.

Novedades Junio 2016

Verano, ya lo tenemos aquí, un año más. La canícula, los helados, la playa, …, pero estoy divagando (after Peter David). Se nos viene encima ese tiempo en el que apetece leer tebeos en la terraza, en el balcón, en la playa, incluso puede que quedarnos amodorrados leyendo, pero si os pasa eso, id con cuidado no vaya a ser que el cómic sufra daños. En fin, aprovechad, que en cuatro días llegará el invierno.

En lo que a cómics respecta, este mes tenemos de todo un poco, destacando el debut de Miles en su nueva cabecera, trasplantado ya desde el Universo Ultimate a la Tierra Primordial, por eso veréis que el título de las secciones ha cambiado un poco.

Leer más

Novedades Mayo 2016

Si algo destacaba del Universo Marvel en sus inicios, era la interconexión de los personajes, lo cual reforzaba esa sensación de universo conectado. Spider-Man apareciendo en la serie de Daredevil, Vengadores paseando por las viñetas del primer anual del Trepamuros. Ha habido momentos en los que esa interconexión se ha diluido o ha pasado a ser testimonial, pero parece que no es el caso actual. Tal es así, que veréis que este mes tenemos una nueva categoría, una dedicada a la pelirroja más explosiva del Universo Marvel, que está de camino a trabajar en una empresa de tecnología competencia directa de Industrias Parker. Así que, al turrón!!!

Leer más

Novedades Abril 2016

Creo que llego a tiempo de publicar esta entrada justo el día del libro. Y, bueno, ¿quién dice que el día del libro no se pueden regalar cómics? Ademas de la ración de grapa habitual, tenemos unos cuantos tochales que pueden ser muy buenos regalos.

Tres omnigolds, uno de ellos de Spider-Man y dos más en los que el Trepamuros tiene presencia. A parte, hay otros tomos recopilando material muy interesante, además de inédito.

Pero no adelantemos acontecimientos, que lo tenéis todo detallado a continuación.

Leer más

Novedades Marzo 2016

Si señores, hemos llegado al final de las Secret Wars, un camino que ha transitado el Universo Marvel durante varios meses en ese mundo de batalla de Dios Muerte y que, como destino final, nos deja en un totalmente nuevo y diferente Universo Marvel, bueno, eso de diferente quizás no lo sea tanto.

Varias colecciones arrancan este mismo mes y otras más lo irán haciendo en los próximos, destacar las nuevas situaciones de Peter y Miles, al primero ya le tenemos en su cabecera disfrutando el nuevo statu quo y, del segundo, veremos como termina su universo y tendremos pistas de donde se queda, si bien, su nueva cabecera tardará un poco en llegar.

Leer más

1 2