LOS 4 FANTÁSTICOS DE WALTER SIMONSON: UN VIAJE AL CORAZÓN DEL INFINITO

Los 4 Fantásticos representan el alfa y el omega del Universo Marvel. Con ellos empezó todo y con sus aventuras Stan Lee y Jack Kirby alcanzaron las mayores cotas de grandeza que haya conocido jamás el Noveno Arte, a lo largo de una amplísima etapa de más de cien números que se extendió a lo largo de nueve años, los comprendidos entre 1961 y 1970. ¿Cómo superar la perfección? Es imposible, y sin embargo unos pocos autores han logrado al menos igualarla. Bien es cierto que la lista es escasa. Los aficionados pueden darse por más que satisfechos si cada década arroja al menos un nombre de oro: John Byrne en los ochenta, Mark Waid junto a Mike Wieringo en los 2000… Y en los noventa, nada más arrancar la década, la genialidad en lo que a la cabecera de La Primera Familia se refiere fue sinónimo de Walter Simonson.

 

Primero fue la pasión por los dinosaurios. Llegó después de que su padre le acompañara a ver Fantasia y se quedara hipnotizado por la aparición de las grandes bestias prehistóricas durante “La consagración de la primavera”. El joven Walter Simonson (1946, Knoxville, Tennessee) se propuso entonces ser paleontólogo. Su otra pasión estaba en las viñetas. Desde que tenía recuerdos, había leído cómics, todos los que caían en sus manos, desde los de superhéroes de DC hasta los de personajes de Disney que escribía y dibujaba Carl Barks. Pero en 1965, todo cambió. En 1965, Walt Simonson se dejó hechizar por Marvel y sus personajes. Thor se convirtió en su favorito, ya que se enmarcaba en otro de sus intereses, la mitología nórdica, y a él se añadieron pronto Spiderman, Iron Man y Los 4 Fantásticos. A estos últimos los descubrió con The Fantastic Four #47 USA, en plena efervescencia del reinado Lee/Kirby.

 

Cuando comprendió que la búsqueda incansable de fósiles no formaba parte de su futuro, Simonson ya había ingresado en la Escuela de Diseño de Rhode Island y, antes de que hubiera terminado las clases, su carrera se orientaba en la dirección del Noveno Arte. Se presentó en DC con su portafolio y allí es donde acabaría trabajando, a principios de los años setenta, con un trazo suelto y ágil, que cambiaba el detallismo y la limpieza de líneas habitual en el género superheroico por una poderosa espontaneidad que quedaba un tanto oculta cuando era otro quien le entintaba. Manhunter, un complemento de Detective Comics escrito por Archie Goodwin, le elevaría a la categoría de artista de culto, y se sumaría a otras historias de Batman, Metal Men, Dr. Fate y Hercules Unbound, también producidas por dicha editorial. En 1975, además, ilustraría la espectacular adaptación de la película Alien, de Ridley Scott. A Marvel llegó en 1977, con Rampaging Hulk, un magazine en blanco y negro que trataba de emular el espíritu de las primeras historias del Goliat Esmeralda. En ese mismo año acometería su primera y breve estancia en The Mighty Thor, sólo como dibujante y acompañado de entintadores que restarían fuerza a su personalísimo estilo. Trabajos en las versiones para cómic de Battlestar Galactica o Star Wars, el cruce entre La Patrulla-X y Los Nuevos Titanes o su obra personal, la novela gráfica Star Slammers, se sumarían a su currículum en esta época, hasta alcanzar el comienzo de los años ochenta.

 

Entonces llegaría la oportunidad de su vida, cuando se hizo cargo como autor completo de la colección de Thor y la llevó a cotas de excelencia nunca antes conocidas. A lo largo de cuatro irrepetibles años (1983-87), Simonson encadenaría aventuras con una grandilocuencia y épica equiparable a la de los tiempos de Stan Lee y Jack Kirby, acometería una perfecta modernización de las leyendas nórdicas al más puro estilo Marvel y salpicaría cada página con unas deliciosas gotas de humor, con las que el autor daba a entender que todo era posible: desde dudar de la inteligencia del protagonista a transformarlo en rana.

 

En 1986, con su esposa Louise como guionista, se hizo con el dibujo de X-Factor, la cabecera dedicada a la formación original de La Patrulla-X. Ese mismo año, comenzó a escribir The Avengers… Y allí nacería la semilla que llevó a Walter Simonson a The Fantastic Four. El artista comenzó a desarrollar una compleja trama durante la cual Nébula, la supuesta nieta de Thanos, se infiltraba en el Consejo de Kangs, una organización formada por versiones alternativas del peor enemigo de Los Vengadores. Nébula manipularía a héroes y villanos, con el objetivo de llegar a una fuente de poder que le daría el control del Universo. Un Celestial renegado había escondido tan formidable arma dentro de una impenetrable burbuja temporal. Simonson desarrolló con mimo la trama durante varios episodios, haciendo que aumentara progresivamente su importancia, hasta que, de repente, la cerró abruptamente, en The Avengers #297 USA (1988). Cualquier lector avispado podría deducir que allí había gato encerrado: nadie teje un argumento tan complejo para abandonarlo sin más en unas pocas viñetas… ¡Y tendría razón! Pero era algo que tardaría en comprobarse. Tres números más tarde, llegó la sorpresa, cuando nada menos que Mister Fantástico y la Mujer Invisible se unieron a Los Vengadores. Simonson pretendía integrarlos en el equipo durante una buena temporada, e incluso tenía en mente que Reed y el Capitán América se pelearan por el liderazgo, pero de inmediato llegó la orden de que ambos personajes debían volver a Los 4 Efe. Esto último fue el catalizador que provocó la marcha de Simonson, hastiado por las condiciones en que la estaba escribiendo. Cada dos por tres, le requerían que prescindiera de tal o cual héroe, lo que le obligaba a acortar los argumentos o cercenarlos de raíz. ¡Incluso cuando había recurrido a dos personajes como Reed y Sue, que no estaban siendo utilizados en su lugar natural, debía renunciar a ellos! En esas condiciones, le resultaba imposible contar sus historias, así que decidió tirar la toalla. Concluía así una corta etapa, recopilada en su totalidad en Marvel Gold. Los Vengadores: Disolución y renacimiento.

 

En aquel entonces, Los 4 Fantásticos estaban envueltos en un buen embrollo. El guionista Steve Englehart había desarrollado un conjunto de culebronescos argumentos, a partir de una cada vez más extraña alineación, por la que había pasado incluso el Doctor Muerte y en la que, en esos precisos momentos, militaba Sharon Ventura, un personaje surgido de las páginas de la colección de La Cosa que adoptó el aspecto rocoso de ésta. La vuelta de Mister Fantástico y La Mujer Invisible no hizo sino añadir más confusión a la fórmula. En su último episodio, y sin encontrar siquiera una manera digna de cerrar capítulo, Englehart, bajo el seudónimo de John Harkness, concluía que cuanto había sucedido a Los 4 Efe en los anteriores números era un sueño. El guionista aparecía en la última viñeta, entonando una petición: “Hace falta alguien mejor que yo para arreglar este lío”, decía. Ese “alguien mejor” sería Walter Simonson, como anunciaba el dibujo de La Cosa que figuraba al final del episodio. Ralph Macchio, el entonces editor de la serie, le ofreció encargarse de ella tan pronto como estuvo fuera de The Avengers, ya que Englehart había decidido marcharse. El artista pensó que, dado que Los 4 Fantásticos carecían de la posición central de Los Vengadores dentro del Universo Marvel, gozaría de una facilidad para desarrollar su trabajo superior a la que había contado en el caso de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra, así que aceptó. A continuación, analizaremos a fondo su estancia en la serie, por lo que los lectores que no conozcan las líneas maestras de la misma quizás encuentren más satisfactoria la lectura del resto del artículo una vez finalizados los cómics.

El final de The Fantastic Four #333 USA, inmediatamente anterior a la llegada de Simonson.

 

lustración con la que se anunciaba la llegada de Walter Simonson.

 

La peculiar, algunos dirían desastrosa, etapa de Englehart no había sido más que un síntoma de la pérdida de rumbo que padecía La Primera Familia en aquellos momentos. La larga sombra de John Byrne, el artista que había estado allí entre 1981 y 1986, pesaba como una losa. La comprensión total de los personajes, su entorno y sus enemigos con la que Byrne había acometido aquellos años le acreditaban como el autor definitivo del cuarteto. Ni Englehart, ni Roger Stern antes que él, consiguieron acercarse a la grandeza que les precedía. Si había alguien que podía competir con Byrne en cuanto a su capacidad para entender a Los 4 Efe de manera global, ése era Walter Simonson, aunque su llegada a la colección tendría lugar de una manera poco ortodoxa. En los tres primeros, sólo se ocuparía del guión, mientras que del dibujo se encargó Rich Buckler, (quien ya ilustraba las últimas historias de Englehart), y Ron Lim.

 

¿Por qué esperar hasta The Fantastic Four #337 USA para hacerse también con los dibujos? Había diversos motivos, más allá de que Simonson tuviera compromisos pendientes que le mantenían ocupado. En primer lugar, esos tres primeros números estaban destinados a albergar los cruces de la serie con “Actos de Venganza”, un gigantesco evento que estaba orquestando John Byrne, paradójicamente desde The Avengers. El concepto consistía en que los supervillanos se intercambiaran entre ellos a los héroes con los que se enfrentaban habitualmente, lo que daría lugar a encuentros tan singulares como el de La Patrulla-X con El Mandarín o el de Spiderman con Magneto. Partiendo de cierta libertad para elegir los villanos, Simonson optó por lo que nadie hubiera elegido: en lugar de recurrir a algún personaje carismático, pensó que sería divertido optar por los villanos más ridículos que fuera capaz de encontrar, lo que dio lugar a una simpática historia sin mayor pretensión que la de divertir.

 

El segundo motivo para esperar era fundamentalmente simbólico. Simonson había comenzado a escribir y dibujar las aventuras del Dios del Trueno en Thor #337 USA (1983), de forma que le hacía ilusión arrancar con el mismo número en otra colección, sobre todo si se trataba de una tan señalada como The Fantastic Four. Una vez cumplido el compromiso del crossover, podría desarrollar las historias que tenía pensadas y que, en parte, no había podido usar en The Avengers. El argumento de la burbuja temporal, Nébula y el Celestial renegado volvía con fuerza, e incluso incorporaba a Thor y Iron Man como invitados especiales… ¡Precisamente, dos de los héroes que se le habían negado en Los Vengadores!

 

 

Más allá del préstamo de personajes y de las circunstancias editoriales, la aventura tendría el más puro estilo de La Primera Familia. De la misma forma en que durante sus años como responsable de Thor, Simonson había llevado al límite el elemento mitológico que caracterizara la cabecera, aquí se trataba de sustituir el género y acudir a la ciencia ficción. En un suma y sigue que no hacía sino acrecentar la épica de la historia, tuvo lugar el regreso tanto de Galactus como del arma que servía para vencerle, el Nulificador Supremo, sobre cuyas cualidades Simonson deseaba profundizar. Recordaba que, en su primer encuentro, Reed había amenazado a Galactus con el Nulificador, un arma capaz “de destruir una galaxia, de aniquilar un universo”, pero nunca había llegado a dispararla. ¿Qué ocurriría si alguien lo hiciera? ¡Era el momento de averiguarlo!

 

Portada de Silver Surfer vol. 2, #10 USA, en la que Walter Simonson dibujó a Galactus.

 

Esa ambición en los planteamientos se trasladaba al plano gráfico, donde Simonson jugó desde el principio con gigantescas imágenes del grupo surcando el espacio-tiempo a lomos de una nave en forma de trineo que recibía el nombre de Rosebud II, en homenaje al final de Ciudadano Kane. No menos portentosas resultaban las irrupciones de Galactus y del Celestial renegado, o una doble página en la que el autor, por cuestiones de guión, recurría al blanco absoluto como fondo sobre el que navegaban los héroes, a los que se veía diminutos, únicamente en la segunda plancha. La suerte vino a visitarle con esa escena en concreto. En la edición americana del cómic, en el anverso de la primera de las dos páginas, se colocó un anuncio de la película Dick Tracy, que acababa de estrenarse. La creatividad era fundamentalmente negra, con lo que, al transparentarse, producía un efecto inesperado y elegante. El propio Simonson quedó encantado con el resultado, aunque se molestaría cuando, en una recopilación posterior, la editorial optó por eliminar la primera página, totalmente en blanco, ignorando así su valor narrativo. Otro importante detalle pictórico al que el artista daría especial importancia fue la representación del poder de los personajes, no como algo físico y violento, sino como energía cinética, en línea con el estilo de Jack Kirby. No quería emular al Rey, pero si había un aspecto en el que deseaba seguir sus pasos, era precisamente ése, y a buen seguro que lo logró: rayos de poder, líneas cinéticas, motores en combustión, naves fulgurantes, gigantescas explosiones… Cuesta encontrar unas pocas viñetas seguidas sin que Simonson recurra a alguno de esos efectos con espectáculo y generosidad.

La doble con el fondo blanco

 

La etapa en su totalidad se orquestaría a través del viaje espacio temporal de los protagonistas, dividida en diversas etapas, cada una consecuencia de la anterior: la primera tenía como temas centrales la burbuja temporal, el Celestial renegado y Galactus. La segunda sería un gran tributo a las aventuras de viajes en el tiempo y las paradojas a las que dan lugar, un tema del que Simonson estaba enamorado desde que, siendo un niño, leyó Twist in Time, un relato de Murray Leinster y La máquina del tiempo, de H. G. Wells. Los 4 Fantásticos tan pronto terminaban en un mundo en que nunca había terminado la Guerra Fría como en la época de los dinosaurios, lo que permitiría a Simonson dar rienda suelta a su amor por estas bestias. Por más que fuera algo que incluso proclamaba a través de su firma en forma de brontosaurio, hasta ese momento había podido dibujarlos en sus cómics en contadísimas ocasiones. La historia partía de otro libro clave en su infancia. Se llamaba Dangerous Island, y aunque no recordaba su autor, sí se había grabado en su memoria la epopeya de tres chavales que aparecían en una pequeña isla después de que se accidentara el barco en que viajaban. Una mañana, descubrían que la propia isla se estaba hundiendo en la profundidad del océano.

 

La tercera etapa del viaje colocaba a la Autoridad de Variación Temporal en el foco de atención y era la consecuencia directa de todo lo ocurrido anteriormente. Simonson había apuntado la existencia de la AVT durante su etapa en el Dios del Trueno, en Thor #372 USA (1986), aunque fue en The Fantastic Four donde contaría con oportunidad de desarrollar el concepto en su máxima amplitud. El objetivo de esta organización, cuyo acrónimo recuerda expresamente a la Autoridad del Valle del Tennessee, consiste en regular los viajes a través del tiempo y sancionar aquellos que tienen lugar al margen de unas determinadas normas. En cierta forma, la Autoridad de Variación Temporal vigila que no se produzcan errores de continuidad en el Universo Marvel, ni más ni menos que el mismo papel que desempeñaba por aquel entonces Mark Gruenwald, el editor y guionista que había desarrollado proyectos como el Official Index of the Marvel Universe o el Official Handbook of the Marvel Universe. En homenaje a éste, la cabeza visible de la AVT sería su viva imagen, y el funcionamiento de la misma un reflejo de la burocratización que llevaba padeciendo La Casa de las Ideas en los últimos años.

 

Entre los viajes temporales de Los 4 Efe se insertarían a su vez un par de historias cortas, pero extraordinariamente significativas y ambiciosas, por diferentes causas. Al llegar a The Fantastic Four #347 USA (1990), Simonson necesitaba un pequeño descanso de tres meses. Aunque continuaría escribiendo los guiones, dejaría el lápiz en manos de nada menos que Arthur Adams, un fabuloso artista con el que compartía el amor por la diversión sin frenos y los grandes monstruos. Adams se había hecho famoso por sus incursiones anuales en el Universo Mutante, entre las que destacaba una pantagruélica saga de los hombres-X en el reino de los dioses nórdicos (Marvel Gold. La Patrulla-X: Las guerras asgardianas). Simonson y Adams eran viejos colegas y se tomaron el trabajo compartido como un divertimento del que disfrutar al máximo: harían exactamente lo que más le apeteciera. En concreto, el artista se moría por dibujar los monstruos de Marvel en los años cincuenta, cuando la editorial se llamaba Atlas, y también tenía una extraña obsesión por retratar a Hulk montado en una motocicleta. Además, señalaba al Hombre Topo y a los Skrull como sus favoritos entre los enemigos de Los 4 Fantásticos, así que el escritor buscaría la manera de complacerle.

 

El tema de esos tres episodios surgiría en una reunión en el departamento de ventas, dirigido por Carol Kalish y en el que trabajaba por aquel entonces Kurt Busiek, el que acabaría convirtiéndose en guionista de Marvels. Al respecto, Simonson recuerda que llegó con la idea de introducir a Spiderman como invitado. Busiek repuso que sería una buena idea añadir también al Motorista Fantasma, Punisher y Lobezno, ya que eran los personajes más populares del momento. A este respecto hay una pequeña disonancia: Busiek sostiene que también mencionó a Hulk, pero Simonson afirma que en realidad no fue así: que Hulk apareció en escena cuando llamó a Adams y éste le dijo que no le apetecía dibujar a Punisher, que en su lugar prefería utilizar al Monstruo Gamma. Fue entonces cuando se dieron cuenta que habían elegido ya a cuatro invitados especiales, así que… ¿Por qué no hacer que sustituyeran por completo al equipo titular? Cada uno de los seleccionados guardaba paralelismos con Los 4 Efe, o al menos eso pensaban los autores: Hulk es un monstruo superfuerte, como La Cosa; Spidey domina la ciencia, como lo hace Mister Fantástico; el cráneo del Motorista Fantasma arde con intensidad equiparable a la de La Antorcha Humana, y Lobezno… Bueno, en realidad Lobezno no tenía nada que ver con La Mujer Invisible, pero cualquier tebeo en que saliera aumentaba de inmediato las ventas. La aventura parodiaba y se reía a gusto del uso y abuso de los trucos de mercadotecnia a los que venía recurriendo Marvel entonces. Al final, incluso Punisher tuvo un hueco, y sirvió como excusa para una deliciosa broma en portada.

 

Los tres episodios de “Los Nuevos 4 Fantásticos” atrajeron multitud de miradas y billetes hacia la serie, a la vez que desataban las críticas de los lectores que no entendían el tono paródico de la saga. Pero, una vez terminada, llegó el momento de ponerse serios. Simonson estaba de nuevo en el tablero de dibujo, a tiempo para The Fantastic Four #350 USA, en el que se producía el regreso del villano por excelencia de La Primera Familia: El Doctor Muerte. El propósito fundamental del autor consistía en devolver el esplendor al personaje mediante el borrado de sus anteriores apariciones. Para ello, recurrió a un truco inventado por John Byrne, el de asignar tales momentos a los Muertebots, utilizados por el auténtico Muerte para sustituirle siempre que fuera necesario… Pero Simonson daba un paso más allá, puesto que el villano llegaba a insinuar que había pasado mucho, mucho tiempo fuera de juego.

 

El misterio alrededor del “retorno” de Muerte, así como las insinuaciones que se hacían a lo largo del cómic, despertaron enseguida las especulaciones de los lectores, que no tardaron en enviar sus cábalas a Marvel. ¿Durante cuántos años el villano no había sido más que un robot? ¿Quizás el verdadero Muerte no se dejaba ver desde los tiempos de Stan Lee y Jack Kirby, en concreto desde Fantastic Four #40 USA (1965), como se llegaba a deducir por un diálogo con La Cosa? ¿O su ausencia se limitaba a unos pocos números atrás, tal vez el epílogo de Secret Wars II en The Fantastic Four #319 USA (1988)? Un lector, llamado Eric Stephenson, que acabaría por convertirse en destacado profesional de la industria, proclamaba, convencido, que era imposible que El Todopoderoso confundiera a Muerte con un robot. En realidad, el objetivo de Simonson con su maniobra argumental no era sino quitarse de encima, de la manera más sencilla posible, los problemas de continuidad que venía arrastrando el monarca de Latveria en los últimos años, pero ni siquiera tenía demasiado claro en qué punto del pasado Muerte había iniciado el viaje que terminaba en The Fantastic Four #350 USA. Para él, todas las apariciones de Muerte durante la era Lee/Kirby eran auténticas. A partir de ahí, la decisión quedaba en manos de los lectores, que se quedarían con sus aventuras favoritas como auténticas y descartarían el resto.

 

La aventura con el Doctor Muerte alcanzaba su apogeo en el capítulo final, un ejercicio narrativo de enorme sofisticación, para el que Simonson bifurcó la historia en dos líneas temporales. Mientras Muerte y Mister Fantástico luchan entre ellos, viajando atrás y adelante en el tiempo, el resto de Los 4 Fantásticos permanece en el presente. El autor optó por incorporar dos relojes, uno para cada línea, a la vez que recurría al blanco y negro y a la utilización de tramas para las viñetas en las que tenía lugar el combate entre el líder del equipo y su peor enemigo. El resultado era portentoso y de una originalidad apabullante. En portada, el habitual lema de “¡El mejor cómic del mundo!” fue sustituido por el de “¡El cómic más confuso del mundo!”, mientras que en el correo de lectores de la edición americana, Simonson, a sugerencia de su esposa, incluyó unas “instrucciones de lectura”, temiendo que algún aficionado no entendiera muy bien cómo funcionaba, aunque bien es cierto que muchos de ellos conocerían los libros en que el autor se había inspirado para construir la historia: la línea de Elige tu propia aventura, en la que el lector podía escoger entre varios hilos argumentales, además de Criaturas de luz y tinieblas, un clásico de la literatura fantástica escrito por Roger Zelazny que incluye una batalla similar a la que llevan a cabo Reed y Muerte.

 

La etapa de Walter Simonson en la serie finalizaría con The Fantastic Four #354 (1991), tras poco menos de dos años al frente, lo que no deja de ser una cifra respetable, aunque se queda muy lejos de la larga temporada que permaneció en The Mighty Thor. Podría haber seguido adelante, ya que mantenía una buena relación con Macchio, el editor y tenía unas cuantas ideas pendientes de desarrollar. Por ejemplo, planeaba hacer que una coalición de villanos destruyera el hogar de La Primera Familia, lo que les obligaría a renunciar a su habitual exposición al público y les llevaría a pasar a la clandestinidad, moviendo su residencia por todo Nueva York cada pocos días. Un argumento como éste hubiera dado al menos para otro año más, pero las cosas estaban cambiando en Marvel, y lo hacían demasiado deprisa. Llegada la década de los noventa, Walter Simonson ya no se sentía cómodo en la compañía. Su esposa Louise acababa de ser apartada de sus tareas como guionista en The New Mutants a causa de una disputa con un jovenzuelo y avaricioso dibujante, y otro tanto estaba ocurriendo con unos cuantos buenos amigos. Daba la impresión de que la editorial estaba tomada por una nueva generación que cortaba lazos con el pasado, y además lo hacía de forma maleducada y abrupta. La Casa de las Ideas había dejado de ser el hogar de los dinosaurios de siempre, así que, después de diecisiete años ininterrumpidos trabajando para la editorial, Simonson decidió buscar nuevos territorios. No sólo había terminado una época dorada en su carrera, sino también en la historia de Los 4 Fantásticos y, aunque todavía no fuera evidente, dentro de la industria del cómic.

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Héroes. Los 4 Fantásticos de Walter Simonson

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