MARVEL 2 EN UNO 3: EL CAMINO POR DELANTE

Continuamos con la búsqueda de Reed, Sue y su prole, en un tercer episodio que ya nos deja el relevo artístico del que te hablamos desde el principio: entra Valerio Schiti, un dibujante tan rápido como espectacular, que sí puede aguantar la cadencia de una serie mensual, aunque no será algo que le veamos demostrar aquí. Jim Cheung sigue todavía en las cubiertas, y también le tenemos apuntado para el cierre del primer arco, en el sexto número (definido por Zdarsky como “monstruosamente épico”), pero tras eso, se acabó. El artista ha anunciado su marcha de Marvel, con lo que nos podemos despedir de sus escasas, pero excepcionales, incursiones, que solía hacer cada año para Marvel. Desde aquí, le deseamos la mejor de las suertes. Es un artista genial, con la mayor parte de su carrera desarrollada en La Casa de las Ideas, así que estamos convencidos de que tarde o temprano regresará a su hogar natural. Por los avances de Marvel, sabemos que el segundo arco correrá visualmente a cargo de Paco Medina, mientras que Declan Shalvey se encargará del primer Annual de la serie. Uhm… ¿será eso porque Schiti ha sido el dibujante elegido para el relanzamiento y se ha puesto ya a trabajar en ello? Ojalá que sea el motivo, aunque podría tratarse de otra persona. En lo argumental, podemos aventurar que la búsqueda llegará a su clímax hacia el décimo número, y que Zdarsky tiene ya planificados los dos siguientes, a los que se refiere como “muy emocionales, afrontando las consecuencias”.

 

ADIÓS A JIM CHEUNG

Al menos por ahora

 

LAS CIRCUNSTANCIAS CONCRETAS

Hay que ver qué apañaditos le están quedando los guiones a nuestro escritor: buen ritmo, un excelente humor y unos cuantos giros de tuerca por cada número, en el más puro estilo de la Marvel clásica que pregona el nuevo régimen de La Casa de las Ideas. La revelación de que no sólo La Antorcha Humana está perdiendo sus poderes, sino también La Cosa nos sitúa en un tópico muy habitual para Ben Grimm, el de la reversión a su estado humano, aunque está por ver que esa vaya a ser la meta que nos encontremos. En paralelo, tenemos al Doctor Muerte, reclutando al Pensador Loco, que resulta extremadamente divertido a nuestro escritor. Éste además adelanta que nos encontraremos también con Galactus en el curso de la saga. La caracterización de Victor cae más del lado del mal que de esa pretendida redención que ha emprendido el personaje en su reciente serie. “Siente que está en un conflicto interno, desde luego”, dice Zdarsky. “Es duro para él reconciliar sus nuevas y heroicas maneras con su necesidad de poder y control, y veremos mucho de eso en los próximos números. El Multiverso nos mostrará otras versiones de cómo podría haber llegado a ser, para mejor y para peor”. Al respecto de ese viaje por mundos paralelos que se anuncia para el próximo número, el guionista también nos hace un adelanto: “La primera parada es un mundo que es similar al suyo, pero diverge en un hecho fundamental que tuvo lugar en el comienzo de la carrera de Los Cuatro Fantásticos que lo cambió todo. Están comenzando su búsqueda multiversal de Reed, Sue y los críos, pero, como sabemos, Ben piensa que están muertos y ha estado mintiendo a Johnny. Así que ¿quién les estará esperando ahí?”. Terminamos con una posible incoherencia: Johnny también está apareciendo en “Sin rendición”, la saga en curso de Vengadores, donde ocurre algo… uhm, un poco radical con él, en el primer tomo de este microevento. ¿Cómo casa aquello con esto? Tendremos que seguir leyendo antes de determinar cuál de las historias tiene lugar primero, pero apostamos por la de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra.

 

ALGO PASA CON JOHNNY

Atento a Vengadores nos 92 y 93

 

Spot On originalmente aparecido en Marvel 2 En Uno 3

EL DOCTOR MUERTE Y LA NATURALEZA DEL MAL

Uno de los mejores, más complejos y fascinantes personajes del Universo Marvel es también su más terrible villano. Victor von Muerte es la antítesis perfecta de Reed Richards, el líder de Los 4 Fantásticos, pero su alcance y carisma le lleva mucho más allá, hasta alzarse como una gigantesca presencia dentro de La Casa de las Ideas.

 

Cuando fue creado, en Fantastic Four #5 USA (1962. Marvel Masterworks: Los 4 Fantásticos nº 1) de la mano de Stan Lee y Jack Kirby, Muerte ya contaba con una complejidad muy por encima de la que tenían las típicas amenazas a las que se enfrentaban habitualmente los superhéroes. Quizás el primer plan con el que se presentó ante La Primera Familia no fuera demasiado temible: les enviaba atrás en el tiempo para localizar el tesoro del pirata Barbanegra. Era una época en que la primigenia Marvel todavía se debatía entre la aventura ligera y la trascendencia, y ésta venía de la mano de la firme caracterización que Stan Lee ofrecía del Doctor Muerte. No estábamos ante un criminal cualquiera, sino frente al dictador de un país, el imaginario Latveria, situado en los Alpes Bávaros, muy cerca de Transilvania, y al que no parecía haber llegado la edad moderna. Muerte era un maestro de la hechicería, como demostraban los libros de cabecera que acompañaban a la primera imagen en que apareció. Pero en uno de esos títulos ya se intuía la naturaleza dual del villano: “Ciencia y Brujería”. Porque, pese a que habitara en un castillo, vistiera una armadura medieval y le acompañara un cuervo ominoso, aquel tipo siniestro era también un hombre del siglo XX, como Reed Richards confirmaría unas páginas más tarde, al desvelar que había conocido al Doctor Muerte en la universidad, cuando era un brillante estudiante de ciencias a la par que un seguidor de la magia negra, y que habían sido sus “experimentos prohibidos” los que habían provocado el terrible accidente del que salió desfigurado y expulsado de la universidad, sólo para emprender el viaje que le llevaría a convertirse en un maestro del mal encerrado en una armadura tecnificada y capaz de crear artefactos imposibles a la altura de los que construía el propio Mister Fantástico: Una máquina del tiempo, robots que le sustituyeran cuando fuera necesario, o, como se descubriría en el siguiente número, un mecanismo para arrancar el Edificio Baxter de sus cimientos y llevarlo hasta el espacio exterior. A ese rico background se sumaba la contundente imagen de la que le dotó Kirby, que convertiría a Muerte en un verdadero icono intemporal, el prototipo por el que se deberían medir los grandes villanos a partir de entonces, algo que George Lucas sabía muy bien cuando tomó sus líneas maestras para concebir a Darth Vader.

 

Desde aquella primera aparición, Lee y Kirby cayeron rendidos ante las posibilidades que ofrecía el personaje. Sucesivamente volverían sobre él, en sagas cada vez más imaginativas y sobresalientes, en las que Muerte mostraba su ingenio supremo, su inteligencia sólo equiparable a la de Richards y su odio supremo hacia Los 4 Fantásticos, pero también la majestuosidad y el retorcido sentido del honor que le llevaría a actuar siempre según sus reglas. El mayor defecto de Muerte, el que le llevaba a perder una y otra vez en sus monumentales choques con el cuarteto, y en el que estaba en cierta forma el origen del desprecio hacia Richards, no era otro que su arrogancia, el convencimiento de estar por encima de cualquier otro individuo en todos los aspectos imaginables.

 

En 1964, Lee y Kirby le dedicaron el segundo Anual de Los 4 Fantásticos, un significativo número que comenzaba con una escalofriante historia en la que se ampliaba y modernizaba el origen del villano: allí se descubrían sus orígenes gitanos, la trágica e injusta muerte de sus padres, su lucha con el tiránico barón que había gobernado su país con mano de hierro… La conclusión era que Muerte no siempre había sido un villano terrible, sino alguien a quien las desgracias de la vida había conducido por ese camino, igual que a Reed le había llevado por la vía contraria.

 

Con el paso de los años, la influencia de Muerte se extendió más allá de la cabecera de los Imaginautas, hasta enfrentarse con otros héroes y liderar a los grandes villanos de la Casa de las Ideas en momentos críticos, como pudieron ser, en los años ochenta, las Secret Wars, una de las aventuras que mejor describía y caracterizaba al dictador de Latveria. Muerte parecía superar, quizás no en poder o maldad, pero sí en inteligencia, maquiavelismo y capacidad de manipulación, a cualquiera de sus homólogos de fechorías. A través de las décadas, autores como Roy Thomas, John Byrne, Roger Stern o Walter Simonson hicieron grandes sagas que profundizaban en sus motivaciones. Fue Byrne, por ejemplo, quien estableció que los latverianos en realidad están orgullosos de Muerte, puesto que ha sido él quien les ha procurado paz y bienestar, por mucho que les haya robado la libertad.

 

Pero, con medio siglo de existencia a sus espaldas, no resulta fácil construir nuevas historias sin caer en la repetición o en la vacuidad. Con el cargo de guionista de Los 4 Fantásticos va en cierta forma la obligación de ofrecer un choque electrizante con Victor von Muerte, pero no siempre los autores están a la altura del reto. No ocurrió tal cosa con Mark Waid y Mike Wieringo, responsables de una excelente etapa de La Primera Familia que se desarrolló entre los años 2002 y 2005, y cuyo arranque se ofreció en el volumen del coleccionable Marvel Héroes titulado Los 4 Fantásticos: Imagináutas.

 

 

Este segundo tomo de la andadura Waid/Wieringo sigue allá donde se quedó el anterior, para conformar un argumento completo y autónomo, en el que tiene lugar ese ambicioso enfrentamiento con un Doctor Muerte tan temible como en sus orígenes. Waid, guionista que posee un meticuloso conocimiento del pasado de los personajes, pero que no tiene miedo en saltar hacia delante, ofrece, al comienzo de la historia, un interesante giro de tuerca. Como resultado de ello, tenemos una severa transformación que en ningún momento abandona la coherencia con todo lo que se conoce sobre el villano. Más aún: lo enriquece, sofistica y completa. Bienvenido por tanto a una de las mejores historias jamás realizadas sobre el hombre más temible del Universo Marvel.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. Los 4 Fantásticos: Impensable