SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 9: LA INSPIRACIÓN DE GWEN STACY

“Siempre me consideraste una rubia tonta… ¡Y puede que lo sea! ¡Pero ya es hora de que también me gradúe de esa parte de mi vida!”, decía Liz en la ceremonia de graduación. A excepción de una breve aparición en el Amazing #30, no volvió hasta casi diez años después (p. 67).

 

“Quiero un hombre que tenga un trabajo fijo y decente… que venga a casa cada noche con su pipa y su periódico… ¡y conmigo!”. El episodio concluía con una escalofriante viñeta, en que el fantasma de Spider-Man separaba a los amantes (p. 67).

 

El Amazing Annual #2 (1965) fue testigo del largamente esperado encuentro de Spider-Man y el Doctor Extraño, las dos grandes creaciones de la pareja Lee/Ditko. Pocos años antes de la generalización de los alucinógenos en Estados Unidos, Ditko ya había imaginado un auténtico viaje al fondo de la mente plagado de referencias oníricas y experimentos visuales (p. 67).

 

En el Amazing #31 debutaron tres personajes capitales para el futuro de Spider-Man. Los dos primeros fueron Harry Osborn y Gwen Stacy. Harry encarnaba al típico jovencito caprichoso y acomodado, mientras que ella era una mujer fatal a lo Veronica Lake (p. 68).

 

El nombre de Gwen constituía un homenaje de Ditko a Sweet Gwendoline, una rubia ingenua y escultural siempre necesitada de rescate y siempre vestida en ropa interior. Había sido creada por John Willie, uno de los pioneros del bondage, y Eric Stanton la había retomado tras la muerte del autor, en sus cómics de erotismo soft (p. 68).

 

En la historia orquestada por Ditko, los criminales servían a las órdenes del misterioso Planeador Maestro, como un adelanto de la aventura que comenzaba en el número siguiente. En los textos, sin embargo, Stan Lee atribuía su lealtad al villano de ese episodio (p. 68).

 

En la viñeta final, el antídoto aparecía en primer plano, pero inalcanzable para un diminuto Spider-Man, sepultado e impotente. A los ojos de Ditko, representaba al hombre al que el peso de la sociedad impide alcanzar sus objetivos. Puro Objetivismo, pero también un brillante “Continuará” (p. 69).

 

 

Décadas después de la publicación de “La saga del Planeador Maestro”, Ditko todavía saltó ofendido, después de que Lee se atribuyera, en una entrevista, la idea de esa escena cumbre. El guionista sacaba a colación el tema para elogiar a su antiguo compañero (p. 70).

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

CLÁSICOS MARVEL GUÍA DE LECTURA 2018

Este es el orden recomendado de lectura para la línea de clásicos Marvel de Panini Comics, actualizado a enero de 2018.

 

DOCTOR EXTRAÑO: EL JURAMENTO – UNA PUERTA A LO DESCONOCIDO

Si hay una característica que describe al Universo Marvel esa es, sin lugar a dudas, la variedad. Los personajes creados por Stan Lee buscan la renovación de los grandes mitos de la cultura popular desde todas las ópticas posibles. La ciencia-ficción está en el origen de Los 4 Fantásticos, Hulk o Spiderman, pero Thor procede del mundo de la mitología, mientras que Iron Man se cimenta sobre la tecnología, La Patrulla-X en la genética y el Sargento Furia encuadra sus aventuras en el género bélico primero, en el espionaje más tarde.

 

 

Con la llegada del Doctor Extraño, un nuevo escenario se abrió ante los lectores: el de la magia, la hechicería y las artes místicas. Como en tantas otras ocasiones, Stan Lee no hacía sino recoger elementos que ya estaban ahí, para unirlos de una manera innovadora. La inspiración del arquitecto del Universo Marvel para la construcción del Doctor Extraño habría que buscarla, como él mismo ha reconocido, en Chandu el mago, un serial radiofónico que había hecho sus delicias cuando apenas contaba con diez años. Las aventuras de Chandu se emitieron entre 1932 y 1935, siendo uno de los programas más longevos y populares de las ondas.

 

Más allá de esa influencia inicial, el Doctor Extraño enseguida adquiriría una personalidad propia y una riqueza superior a la que hubiera tenido su inspirador. Para ello, fue fundamental la participación de Steve Ditko, su creador gráfico, al que Stan Lee elegía cada vez que tenía que orquestar una historia en la que el suspense, lo misterioso y lo terrorífico tuvieran cabida. Lee y Ditko habían firmado decenas de relatos de esas características, aparecidos en publicaciones como Amazing Adult Fantasy o Strange Tales.

 

Fue en esta última donde tuvo lugar el debut del Doctor Extraño, en concreto en el número 110 USA, aparecido con fecha de marzo de 1963. En apenas cinco páginas, irrumpía un hechicero que en nada se parecía a los prestidigitadores de circo con traje de etiqueta, sombrero de copa y varita mágica a los que estaban acostumbrados los aficionados de la época. El Doctor Extraño se presentaba como un misterioso individuo parco en palabras, de rasgos y vestimenta asiáticos, lo que hacía aventurar que él también procedía del lejano oriente, pese a que su casa estuviera enclavada en Greenwich Village, el más variopinto barrio de Nueva York, hogar de artistas y hippies. Las siguientes apariciones del personaje en Strange Tales permitieron añadir nuevos elementos al mito, que encontró el aplauso de los lectores. Finalmente, en la cuarta de sus historias, Stan Lee y Steve Ditko cerraron un primer ciclo formativo, cuando al fin desvelaron el origen del Doctor Extraño y occidentalizaron sus rasgos: Stephen Extraño era un neoyorkino entregado al materialismo… Hasta que un golpe de la vida le obligó a buscar el verdadero sentido de la vida en un templo perdido en el Himalaya, ante un anciano maestro. El argumento recordaba, hasta cierto punto, al best-seller de Sommerset Maugham El filo de la navaja, que contaba por aquel entonces con una popular adaptación cinematográfica.

 

Desde esos primeros relatos de unas pocas páginas, en los que se alternaban casos típicos, como una casa encantada o una invasión alienígena, con frecuentes combates contra el Barón Mordo, el gran rival de Extraño, la serie iría creciendo paulatinamente en complejidad y sofisticación, hasta ofrecer auténticos espectáculos visuales, en los que abundaban las visitas a mundos más allá del nuestro, próximos a lo onírico y surrealista; dimensiones habitadas por terribles criaturas que pugnan por conquistar nuestra realidad. Muchos lectores llegaron a pensar que Stan Lee era un auténtico iniciado en el esoterismo, a lo que se sumaba la sospecha de que Ditko frecuentaba los alucinógenos. En ambos casos, tales afirmaciones eran falsas: Los dos autores se limitaban a exprimir al máximo su fértil imaginación, pero de tal manera que el Hechicero Supremo llegaría a alzarse como icono de la contracultura y los movimientos New Age.

 

Apenas un año después de su debut, el Hechicero Supremo viviría su primera gran saga, publicada en Strange Tales #126 y 127, que evidencia un salto cualitativo en la ambición de la obra: una longitud superior, un gran villano como nunca antes había conocido Extraño, la llegada de Clea, que con el tiempo habría de convertirse en su discípula y amante; la “graduación” del protagonista, al recibir de manos de su Maestro las desde entonces características Capa de Levitación y Amuleto de Agamotto… Y, sobre todo, una explosión creativa por parte de Steve Ditko desde todos los frentes: el narrativo, ya que pasó a ser también autor de los argumentos y no sólo de los dibujos, y el pictórico, con un verdadero festival de representaciones psicodélicas y personajes tan imposibles como fascinantes, desde el propio Dormammu, el contrincante de Extraño en la aventura, hasta los Sin Mente, herederos directos de la imaginería de H. P. Lovecraft: habitantes, apenas humanoides, de un mundo de caos y destrucción en el que están condenados a morar.

 

La etapa Lee-Ditko continuaría todavía muchos meses más, preñados de fértiles descubrimientos, hasta alcanzar el Strange Tales #146 USA (julio de 1966), que fue el último en el que participaría el dibujante. Ditko abandonaba tanto Marvel como sus dos creaciones más destacadas, Spiderman y el Doctor Extraño, por diferencias creativas con Lee. Pese a ello, las aventuras del Maestro de las Artes Místicas seguirían adelante, hasta que, a la altura del #169 USA (junio de 1968), la serie que hasta entonces le había acogido cambiaría su nombre por el del protagonista. Para celebrarlo, Roy Thomas y Dan Adkins, representantes de la siguiente generación de autores que habían aterrizado en Marvel, llevarían a cabo una detallada reconstrucción, actualización y ampliación del origen del Doctor Extraño, signo de que los aficionados se estaban renovando con respecto a los que habían disfrutado de primeras aventuras.

 

Stephen Extraño seguiría gozando de serie regular, con puntuales altibajos, durante las siguientes décadas, hasta bien entrados los noventa. En todo ese tiempo, grandes autores pasarían por sus páginas, de los que cabe destacar las etapas de Steve Englehart y Frank Brunner, con la que se dio inicio a una nueva cabecera, o la de Roger Stern y Marshall Rogers, caracterizada por la grandiosidad y dramatismo de sus planteamientos, también la gran cantidad de episodios dibujados por Gene Colan, “el decano de las luces y las sombras”, como se le llegaría a conocer. En todo ese tiempo, Extraño se asentó como el hechicero por excelencia del Universo Marvel, además de servir de pieza central para Los Defensores, un equipo de superhéroes que tendría gran importancia en los setenta, y del que también formaban parte Hulk, Namor o Estela Plateada. A mediados de 1996, sin embargo, con el número 90 de Doctor Strange: Sorcerer Supreme (la que hacía tercera serie con el nombre de nuestro héroe), se puso fin a las aventuras continuadas del Hechicero Supremo, que a partir de entonces habría que buscar sólo como invitado especial en las andanzas de otros personajes y, de manera puntual, en diversas miniseries de mayor o menor interés, pero que nunca llegarían a calar entre los lectores. Para entonces, el Doctor Extraño ya se había convertido en esa clase de icono, como Nick Furia o Estela Plateada, fundamental dentro de la estructura del Universo Marvel, pero que no necesariamente contaba con una serie abierta y mensual en la que desarrollarse y evolucionar.

 

Ya en el siglo XXI, el Doctor Extraño recuperaría cierta atención dentro del Universo Marvel, puesto que pasaría a formar parte de Los Nuevos Vengadores, grupo central de la Casa de las Ideas. En 2007, a causa del renovado interés hacia el Hechicero Supremo, la editorial lanzó El juramento, una nueva miniserie que reunía a dos de los más pujantes autores del momento: Brian K. Vaughan a los guiones (responsable de la creación de revolucionarios conceptos, como Runaways o Y, el último hombre y guionista de la teleserie Perdidos) y el español Marcos Martín a los dibujos, cuyo estilo, eminentemente deudor de Steve Ditko, encajaba a la perfección con el héroe mágico.

 

Es El Juramento la obra de extraordinaria calidad que nutre en gran medida el tomo del coleccionable Marvel Héroes dedicado al Doctor Extraño, pero también otros relatos objeto en este artículo, como las cuatro primeras historias de la época Lee-Ditko, la saga que permitió al mago su salto a la grandeza o el episodio en el que se contó de manera detallada su origen. Todas estas aventuras conforman el perfecto punto de partida para conocer a un héroe de importancia capital dentro del Universo Marvel, pese a que no siempre haya gozado del éxito de otros iconos de la factoría. No en vano, Stephen Extraño prefiere mantenerse en la esfera de lo desconocido.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. Doctor Extraño: El juramento

 

CLÁSICOS MARVEL GUÍA DE LECTURA 2017

Este es el orden recomendado de lectura para la línea de clásicos Marvel de Panini Comics, actualizado a diciembre de 2017.

EL NACIMIENTO DE UN ARTISTA SOBRESALIENTE

Un vistazo a la historia del cómic estadounidense desvela que cada generación tiene dos o tres autores que despuntan por encima de la media y cuyas obras sirven de modelo a la gran mayoría de sus contemporáneos y sucesores. La Marvel de los años ochenta fue afortunada en cuanto a la generación de esa clase de genios, capaces de insuflar nueva vida a personajes agotados y encontrar nuevos caminos que recorrer por parte de toda una industria. En aquella época, estaba John Byrne. Estaba Walter Simonson. Y desde luego, estaba Frank Miller.

Lo cierto es que en el currículum de ningún genio figura una obra maestra al comienzo del documento. Primero tiene que haber, por fuerza, voluntariosos intentos, esperanzadores reflejos de lo que será, ensayos que están muy lejos de la perfección, pero que consiguen divisarla a lo lejos. El caso de Miller no es diferente. El artista destinado a crear Daredevil: Born Again, Batman: Dark Knight o Sin City (por mencionar tres de sus más reconocidas obras), nació el 27 de enero de 1957, en Maryland y creció leyendo los cómics de Spiderman, Superboy o Los 4 Fantásticos. Era tal su pasión por las viñetas que, a los seis años, su madre ya le dijo que se dedicaría a ese negocio. Pero no sólo de tebeos se nutrió la imaginación del joven Miller, que frecuentaba también las novelas de género negro de Mickey Spillane, el creador de Mike Hammer o las películas de Alfred Hitchcock.

 

Decidido a convertirse en un profesional de las viñetas, utodidacta del dibujo y aprendiz de técnicas narrativas a través de libros sobre cinematografía, Miller malvivió durante buena parte de su juventud, intentándose abrir camino en el mundo del cómic. Tras unos pequeños encargos de las editoriales Gold Key y DC, recibió la llamada de Marvel. Y aquí es donde las cosas se ponen verdaderamente interesantes.

 

Miller, en aquel 1979, no era más que uno de los muchos autores que empezaba su carrera, y en la Casa de las Ideas le hicieron un encargo a la altura de un desconocido: Debía dibujar un par de episodios de la segunda serie del Hombre Araña, titulada Spectacular Spider-Man. Aquellos dos números formaban parte de una saga en la que el trepamuros se enfrentaba a un nuevo y mortífero enemigo llamado Carroña. Pero el detalle importante de aquella historia, desarrollada por el prolífico guionista Bill Mantlo, estaba en la presencia de un viejo amigo de Spidey: Daredevil.

 

Pese a los muchos rasgos que delataban la juventud y falta de experiencia de la joven promesa, para los editores de la compañía brillaron mucho más sus aciertos, todo el potencial que había en aquel Nueva York sucio y auténtico, en aquellas composiciones de página tan originales, en aquellos personajes secundarios que parecían tipos que te podías encontrar por la calle, o en aquellos dos héroes que, donde otros muchos encontraban semejanzas, este dibujante procuraba destacar las diferencias. Si los movimientos de Spiderman resultaban elásticos y espontáneos, con posturas sólo posibles para alguien capaz de dislocar sus miembros, los de Daredevil eran propios de alguien que, aunque había recibido un severo entrenamiento, seguía siendo humano. Había, en autor aquel recién llegado, influencias de artistas como Gil Kane, Will Eisner o Neal Adams; un realismo heredado del cine y una oscuridad propia de la novela negra. Todo en potencia, todo esperando a ser tallado, como un diamante en la piedra.

 

Cuenta la leyenda que Jim Shooter, el Director de la Compañía en aquel entonces, se enamoró del trabajo de Miller, que su fe y confianza en el recién llegado fueron las que le llevaron a darle el espaldarazo definitivo. Quiso el destino que Gene Colan deseara abandonar Daredevil y que el joven Frank hubiera demostrado su capacidad para dibujar al héroe ciego. Apenas dos meses después de su breve paso por Spectacular Spider-Man, Miller fue nombrado dibujante habitual de la cabecera protagonizada por el Hombre Sin Miedo, de la que poco tiempo después se convertiría también en guionista.

 

La que entonces era una serie moribunda, pasaría a situarse como uno de los mayores referentes artísticos y comerciales de Marvel. Pero de nuevo, aquel proceso fue lento, de tal forma que, en el momento de aterrizar Miller en la colección, Daredevil mostraba unas paupérrimas ventas que habían obligado a que su llegada a las librerías se produjera cada dos meses, en lugar de los treinta días habituales. Miller tenía por lo tanto mucho tiempo libre para ocuparse de otros encargos puntuales, de tal manera que, en un plazo de dos años, llegaría a frecuentar al trepamuros en repetidas ocasiones. Daredevil era su esposa, pero Spiderman era su amante secreta.

 

Este volumen recoge todos aquellos trabajos, realizados entre 1979 y 1981 en las diversas publicaciones protagonizadas por el héroe rojiazul. Abre fuego el Amazing Spider-Man Annual #14 (1980), una colaboración con el veterano escritor Denny O’Neil, en la que tiene lugar a su vez un encuentro entre Spidey y el Doctor Extraño. Se trata de los dos personajes que creara gráficamente Steve Ditko, un autor que influyó de manera determinante a Miller en estos primeros tiempos. Las dimensiones mágicas de Ditko, plagados de criaturas gelatinosas y donde no se cumplen las leyes físicas de nuestro mundo, se abren paso en una aventura plena de viñetas de gran belleza y composiciones tan originales como sugestivas.

 

A continuación, figura el Marvel Team-Up #100 (1980), un cómic sobresaliente por varios motivos. El primero, que Miller tuvo la oportunidad de trabajar por primera vez con Chris Claremont, el guionista de La Patrulla-X, junto con el que luego firmaría la más aclamada aventura de Lobezno de todos los tiempos. El segundo, que supone la presentación de un nuevo personaje, Karma, destinado a situarse luego en la cosmogonía mutante. El tercero, que se trata de una de las escasas oportunidades de contemplar la interpretación que Miller hace de unos personajes tan alejados de sus querencias habituales, como son Los 4 Fantásticos. A destacar, el flashback con el origen de Karma, en el que el artista ensaya nuevas técnicas pictóricas y narrativas. Faltaba mucho para la llegada de Sin City, pero aquí hay una lejana sombra del estilo de esa futura obra.

 

Llega luego una sorpresa, el Marvel Team-Up Annual #4 (1981), donde Miller no dibuja –esta tarea queda en manos de Herb Trimpe-, sino que es el encargado de escribir una historia que reúne de nuevo a Spiderman junto a Daredevil, además de otros justicieros urbanos de la editorial: El Caballero Luna (considerado por muchos como el Batman de Marvel), Power Man y Puño de Hierro. Por encima de los héroes, es el tratamiento del villano lo que verdaderamente destaca: un Kingpin habitualmente adscrito al lanzarredes, que Miller acabaría por convertirlo en el enemigo por excelencia de Daredevil.

 

Sigue el Amazing Spider-Man Annual #15 (1981), otra colaboración con O’Neil, el que era su editor en la colección del Hombre sin Miedo y luego le sustituiría como guionista. Aquí ambos componen un divertido aunque absorbente relato urbano en el que destaca el genial tratamiento de personaje llevado a cabo con J. Jonah Jameson, el verborréico  director del Daily Bugle, así como el detalle de que Miller entre en contacto con Punisher, un implacable vigilante que pocos meses después recuperaría en Daredevil. La pelea con el Doctor Octopus, en medio de las rotativas del Bugle, trae de nuevo a la memoria los mejores momentos del Spiderman de Ditko.

 

El volumen se cierra con aquel puñado de páginas que permitieron a Miller hacerse con una colección propia: una curiosidad que demuestra la inexperiencia del autor en aquel entonces, pero también la fuerza arrasadora de su trazo. Se incluyen además las muchas portadas de diversas series arácnidas que Miller dibujó en este periodo, y que sirven de colofón a un volumen dedicado a la época más desconocida de un autor que, en aquel entonces, ni siquiera sospechaba los infinitos horizontes que habría de conquistar.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. Spiderman: Integral Frank Miller

UNIVERSO SPIDER-MAN EN EL CINE ¿ALGÚN DÍA?

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Ahora que Sony tiene un acuerdo con Marvel para que Spider-Man entre en el Universo Cinemático no sólo podemos estar hablando de que el trepamuros entre a jugar con los Vengadores. El acuerdo habla de que Marvel produce la cinta de Spidey para Sony y, pese a que muchas partes de ese acuerdo no se han revelado de manera oficial, el interés de Sony para que el trepamuros contase con su propio universo no debe haber muerto del todo… o no debería.

En España acaba de terminar Universo Spider-Man, saga ideada por Dan Slott en la que Morlun y su familia se pasean por distintos universos para cazar a todo trepamuros que se les presente por delante. Con esta base en mente, se presentan varias opciones a favor para que esta aventura pueda trasladarse a la gran pantalla, satisfaciendo a muchos y sacando partido de otras encarnaciones que harían las delicias del fan. Vamos a verlo.

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