LOBEZNO Y LA PATRULLA-X DE JASON AARON: ESTUDIOS SUPERIORES DE MOLONERÍA

“Regénesis” dividió a La Patrulla-X en dos grupos claramente diferenciados, lo que se tradujo en el lanzamiento de sendas colecciones, que se aproximaban al concepto de los mutantes de Marvel desde perspectivas contrapuestas. Mientras La Imposible Patrulla-X apostaba por la sofisticación en las historias escritas por Kieron Gillen, y el espectáculo, de la mano del dibujo de Carlos Pacheco, en Lobezno y La Patrulla-X, el equipo formado por Jason Aaron y Chris Bachalo optó por la ruptura, la extravagancia y por no tomarse demasiado en serio los habituales dramas del mundo mutante. Logan reabría la vieja escuela del Profesor Xavier, pero todo era distinto, desde el nombre de la academia a los métodos de enseñanza, pasando por un alumnado rebelde y un patio de colegio capaz de zamparse a las visitas no deseadas. Nunca fue más divertido ir al colegio.

 

 

Olvídate de lo que hayas leído anteriormente sobre La Patrulla-X. Esta colección, que arranca en el tomo que tienes en tus manos, está hecha para tirar a la basura todos los esquemas y todas las ideas preconcebidas. Es un cambio radical de paradigma, pero también es el perfecto ejemplo de lo que deberían ser siempre los cómics de mutantes: algo único, desafiante, y no una compra por inercia, para leerla y olvidarla inmediatamente. Desde que Grant Morrison pasó por los pasillos del Instituto Xavier, allá por el comienzo del siglo XXI, nadie se había atrevido a tanto. Esta serie es en lo que se convierte La Patrulla-X cuando se la libera de restricciones, ideas manidas, exceso de control editorial y miedo escénico. El responsable de tanto atrevimiento es un tipo calvotora (no, no es Charles Xavier) y barbudo, llamado Jason Aaron, que si un día te lo encuentras en un callejón oscuro lo mismo sales corriendo, pero que si te paras a conocerle y a conocer lo que escribe, seguro que lo que querrás es irte de copas con él. La carrera del señor Aaron ha sido fulgurante: Algún avispado editor de Marvel le echó el lazo después de leer esa maravilla titulada Scalped y publicada dentro de Vertigo. Desde entonces no ha hecho más que subir enteros su figura dentro de La Casa de las Ideas. Primero con una imaginativa etapa del Motorista Fantasma y luego con la más estimulante época que haya atravesado la colección de Lobezno en décadas. Cuando parecía que había alcanzado la cima, Aaron nos reta, a nosotros y a Marvel. Se lanza al vacío y echa a volar, de la mano del propio Logan y todos los personajes que pululan alrededor de su heterodoxa escuela.

 

El concepto mismo de La Patrulla-X como una escuela para que los mutantes que acaban de descubrir sus poderes aprendan a controlarlos y a convivir con esos humanos siempre tan suspicaces por la posibilidad de que aparezca alguien que los aniquile con sus rayos ópticos estaba en desuso. En realidad, a lo largo de la historia del grupo, muy pocos autores lo han explotado al máximo o siquiera han manifestado interés por hacerlo. En tiempos de Stan Lee y Jack Kirby, la escuela de mutantes se limitaba a cinco alumnos, lo que convertía su única clase en la que ofrecía el mejor ratio profesor-alumno que se haya visto jamás. La siguiente generación de estudiantes, ya en los años ochenta, no fue mucho más abultada. Los Nuevos Mutantes empezaron siendo también cinco. Y, cuando una década después, La Escuela del Profesor Xavier para Jóvenes Talentos pasó a estar dirigida por Sean Cassidy y Emma Frost y a educar a los chicos de Generación-X, el número se mantuvo igualmente manejable, aunque irreal: no podía compararse con ningún colegio o instituto que estuviera en la cabeza de nadie.

 

Es, verdaderamente, con Grant Morrison, ya en el siglo XXI, cuando el rebautizado Instituto Xavier se transformó, de verdad, en un centro de enseñanza con un elevado número de alumnos, y con todo lo que eso significa: un claustro de profesores, clases normalizadas, taquillas en los pasillos, exámenes, hermandades, riñas, rivalidades y amoríos… Fueron los años de la Academia-X, que también tocaron a su fin en un momento dado, cuando el empuje dramático de los acontecimientos obligó a un enfoque más proactivo para los mutantes. La única lección que tuvieron que aprender los que escaparon del Día-M fue la de mantenerse con vida todo el tiempo que pudieran. Pero esos tiempos quedaron atrás después de “Complejo de Mesías”, y ahora es el momento de construir un nuevo espíritu.

 

Para ello, Aaron se vale de un peculiarísimo elenco, en el que se combinan personajes referenciales del Universo Mutante en una posición inesperada: Logan y Kitty Pryde de directores, Bobby Drake, también conocido como El Hombre de Hielo, de contable…  Junto a ellos, se sitúan personajes con un carácter más marginal pero destinados a dar mucho juego, desde El Sapo a Doop, sin olvidarnos de Quentin Quire, la cita morrisoniana de Aaron que ya utilizara en Patrulla-X: Cisma. De allí provienen de igual forma los villanos que marcan el contrapunto de la serie: Kade Kilgore y sus amigos dan nueva vida a un Club Fuego Infernal que ha dejado atrás los trajes horteras, las luchas intestinas y la decadencia decimonónica, pero que es igualmente peligroso.

 

A tan chispeante propuesta se le suman unos cuantos grados más de locura gracias al dibujo de Chris Bachalo y Nick Bradshaw, artistas que se alternan en la cabecera y cuyo estilo, que amalgaman multitud de influencias, escapa al canon tradicional de los superhéroes. Ya en el tomo que tienes en tus manos, puedes ver una amplia muestra de las capacidades de ambos, junto con un montón de sorpresas más, que van desde el peculiar jardín de nuestra escuela a los alumnos de intercambio, de un catálogo de asignaturas que deja con la boca abierta a los embarazos inesperados.

 

Con Lobezno y La Patrulla-X, Jason Aaron y sus compañeros de aventura se decidieron a conseguir una colección distinta, que entusiasmara al lector y que le hiciera desear cada nuevo número con la pureza del verdadero creyente que necesita saber lo que ocurrirá a continuación. Y a fe que lo lograron.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Deluxe. Lobezno y La Patrulla-X nº 1

LA RECONSTRUCCIÓN DE LA TELARAÑA: LOS PRIMEROS PASOS DE “UN NUEVO DÍA”

Dejando al margen todas la polémica generada alrededor de la manera en la que Marvel puso abrupto fin al matrimonio de Spiderman, las diferencias entre la etapa de Joe Michael Straczynski al frente del destino del trepamuros de Marvel y la era de “Un nuevo día” son tan grandes y profundas que la mayoría de los lectores, incluso aquellos desprovistos de suspicacias e ideas preconcebidas, tuvieron que aclimatarse de la noche al día a una manera de concebir al personaje que, siendo tan legítima como canónica, en nada se parecía a la que estaban acostumbrados desde hacía años.

La época de Joe M. Straczynski en The Amazing Spider-Man había estado caracterizada por la supeditación del resto de títulos a la que estaba considerada, indiscutiblemente, como la principal cabecera arácnida. Cuando JMS aterrizó en la serie, Spidey venía de una época en la que buena parte de las señas de identidad del héroe, entre ellas su rica tradición de villanos y personajes secundarios, se encontraba terriblemente devaluada. El autor de Babylon 5 optó por simplificar el terreno de juego. Durante sus años en la serie, y aunque hubiera tímidos amagos en el sentido contrario, el elenco de personajes fue reducido a la mínima expresión, de manera que se concentraba en las figuras de Peter, Mary Jane y Tía May. Las tramas, aunque mantuvieran un hilo conductor entre ellas, quedaban acotadas a arcos argumentales que permitieran la fácil recopilación posterior. En el apartado de villanos, JMS concibió nuevos enemigos a los que enfrentar a Spidey, mientras que los clásicos se atrincheraron, fundamentalmente, en las colecciones subsidiarias. Por último, el guionista dio preponderancia a temas complejos y adultos, como la naturaleza de los poderes arácnidos, el verdadero significado del heroísmo o los sacrificios que hay que hacer para mantenerse fiel a las creencias propias. Había mucho humor, y además muy inteligente, pero el componente culebronesco de los cómics clásicos de Spiderman, la ligereza que en muchas ocasiones solían tener sus aventuras, fue dejado de lado en beneficio de una intensidad y un dramatismo elevados.

 

A la hora de poner en marcha “Un día más”, el comité de guionistas dirigido por Stephen Wacker desechó muchas de las herramientas de la época Straczynski. Para sustituirlas, tiraron de manual clásico. El cambio más relevante consistía en que, por primera vez en décadas, se había roto la estructura de Amazing como serie core junto a otras dos de menor importancia: ahora todo era Amazing, con tres salidas cada mes y equipos creativos alternándose y coordinándose mediante un engrasado armazón editorial. En consecuencia, tampoco había ningún autor que pudiera calificarse como más destacado que el resto. Con el tiempo, como era natural, los lectores se decantarían hacia sus favoritos, pero todos empezaron la carrera en igualdad de condiciones.

 

Con respecto al elenco, el péndulo basculó hacia el extremo opuesto. Peter ya no estaba casado y, de repente, su vida se llenó de viejos y nuevos amigos, novias y compañeros de trabajo, cada uno con su propio ciclo argumental que se extendería a lo largo de muchas entregas y cada uno susceptible de trasladarse, en cualquier momento, desde el mundo de Peter Parker al de Spiderman. La facilidad para que uno se viera contaminado por el otro, y viceversa, que instituyera Stan Lee cuando hizo que tras la máscara de El Duende Verde estuviera el padre del mejor amigo de Peter, funcionaba de nuevo a plena potencia. Wacker decretó además que los villanos habituales merecían un descanso que permitiera la incorporación de otros de nuevo cuño, cada uno con su idiosincrasia particular, pero todos siguiendo los cánones tradicionales, de tal manera que recordasen a los veteranos sin necesidad de que fueran ellos. Y por supuesto habría misterios destinados a resolverse al cabo de un gran número de entregas. Por más que luego se reuniera en tomos, “Un nuevo día” respondía al andamiaje de una novela-río formada por capítulos de longitud desigual. En el lanzamiento, cada equipo produjo una aventura de tres entregas, pero a partir de ahí la extensión sería variable, e iría del episodio autoconclusivo a la saga de seis números. No es extraño que Wacker fuera el último en salir de las oficinas de Marvel a partir de entonces.

 

Puestos a buscar una época similar en la historia de Spiderman, la que más se parecía a aquello era la de comienzos de los ochenta, cuando Tom DeFalco era el editor de las series del trepamuros. Durante su mandato, las tres colecciones que componían la franquicia alcanzaron una consistencia equivalente y, aunque cada una presentaba historias independientes, estaban coordinadas con tal solidez que podían leerse como piezas de un único puzzle: los secundarios se movían de una cabecera a otra perfectamente sincronizados; lo que ocurría en una afectaba con sutil elegancia al resto y todo se desarrollaba sin necesidad de trucos de artificio, con absoluta naturalidad.

 

En este tomo de Marvel Saga. El Asombroso Spiderman se completa la presentación de los cuatro equipos con los que abrió fuego “Un nuevo día”. Bob Gale, leyenda de la narrativa cuyos guiones para la trilogía Regreso al futuro se estudian en las escuelas de cine, se unía al detallista Phil Jimenez en la presentación de Freak, para cuya creación seguía, quizás inconscientemente, un esquema muy similar al que hubiera aplicado Roger Stern en el nacimiento de El Duende. A continuación, Zeb Wells y Chris Bachalo sacan a Spidey de su elemento para enseñarnos cómo se las apaña en la peor nevada que haya sufrido Nueva York. Por último, regresa Gale, con Freak bajo el brazo, y avanza sobre el misterio de Amenaza, el remedo de El Duende Verde que fuera presentado por Marc Guggenheim y Salvador Larroca un par de meses antes. Y mientras tanto, la telaraña que forma Peter con Tía May, J. Jonah Jameson, Dexter Bennett, Carlie Cooper, Vin Gonzales y muchos más continúa enredándose y tejiéndose, igual que el propio héroe remienda su traje, una vieja escena anecdótica que llevaba mucho tiempo sin verse, pero que representaba toda una declaración de intenciones. Como muchos otros comienzos, el de “Un nuevo día” fue complejo, difícil y por ocasiones desconcertante, pero tenía potencial para la grandeza, y muy pronto la alcanzaría.

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 15

LA METAMORFOSIS DE LAS ARAÑAS: UN SPIDERMAN PARA DESPUÉS DE “EL OTRO”

“Nada volverá a ser igual”. Esa frase, augurio del fin de una época que nunca volverá, ha sido utilizada por Marvel hasta la saciedad a lo largo de su historia, hasta convertirla en tópico recurrente, aunque la realidad constata que, en demasiadas ocasiones, los cambios que anuncia suelen verse diluidos hasta desaparecer al cabo de un tiempo. Con “El Otro”, el primer gran crossover arácnido del siglo XXI, se proclamaban alteraciones de amplio espectro para el trepamuros. En el transcurso de la historia, Peter Parker había muerto, y era entonces cuando las cosas se ponían interesantes…

Las últimas páginas del anterior volumen nos dejaban una sorpresa mayúscula: mientras Mary Jane y Tía May iniciaban los trámites funerarios, del cadáver de Peter emergía… algo… que dejaba atrás una ventana rota en la Torre de Los Vengadores y un cascarón vacío donde antes estaba el cuerpo del héroe. Aquello que había escapado formaba entonces una crisálida y se preparaba para el siguiente paso en la evolución del Hombre Araña. A lo largo de este tomo descubriremos las circunstancias de esa evolución, así como la aventura que sirvió de prólogo a la participación de Spiderman en la Guerra Civil Superheroica que estallaría a lo largo de 2006. En las próximas líneas entraremos en detalles al respecto, pero antes de hacerlo es conveniente avisar al respecto, puesto que ahondaremos en detalles argumentales de lo que ocurre en este volumen, por lo que aconsejamos postergar la lectura del mismo a todos los que no conozcan los hechos aquí descritos.

 

El Peter Parker que surgía de la crisálida no era muy distinto al que hasta entonces recordaban los lectores, salvo que añadía nuevas habilidades a los poderes arácnidos, en consonancia con el discurso totémico que había venido manteniendo Joe Michael Straczynski durante los años anteriores. Estas habilidades se sumaban además al cambio de los tradicionales lanzarredes mecánicos por los cinematográficos lanzarredes orgánicos que había puesto de moda la saga cinematográfica dirigida por Sam Raimi. La alteración de los lanzarredes había tenido lugar un par de años atrás, en las páginas de Spectacular Spider-Man vol. 2, #15-20 USA (2004), con Paul Jenkins como guionista, mientras que la que ahora tenía lugar había sido planificada por el propio Straczynski, con ayuda del comité de editores y guionistas que elaboraron “El Otro”. Durante los últimos capítulos de saga, las nuevas habilidades arácnidas eran presentadas en todo detalle, con la promesa de que formarían parte integral del personaje a partir de entonces. Sin embargo, en los meses siguientes, apenas iban a ser utilizadas. De entre todos los guionistas, curiosamente fue Peter David quien mejor las integró en sus historias, las consideró más interesantes y las defendió a capa y espada en cuanta discusión pública tuvo lugar al respecto. David escribía Friendly Neighborhood Spider-Man, la nueva cabecera lanzada junto con “El Otro” y que, una vez concluída la historia, seguiría adelante en paralelo con The Amazing Spider-Man, centrándose en las historias relacionadas con el instituto en el que trabajaba Peter, y donde se reencontraba nada menos que con Flash Thompson. La tercera serie en liza, Marvel Knights: Spider-Man, fue retitulada The Sensational Spider-Man tras el crossover. A tal efecto, cambió de equipo creativo y de orientación. El prestigioso dramaturgo Roberto Aguirre-Sacasa y el dibujante Ángel Medina la enfocaron como un revival de los tiempos en que Todd McFarlane escribía y dibujaba al trepamuros, con una preponderancia marcada de los villanos monstruosos.

 

Marvel Saga se concentra, no obstante, en la recuperación de The Amazing Spider-Man, como título central del trepamuros. Allí también hubo cambios: sus páginas acogieron un cambio creativo, de forma que Mike Deodato fue sustituido por Ron Garney, un valor sólido cuya llegada fue interrumpida por dos números en los que quien se encargó de los lápices fue Tyler Kirkham. Este autor pertenecía a la escudería de Top Cow, estudo de Marc Silvestri que en aquel entonces tenía un acuerdo firmado con Marvel por el que sus artistas desfilaban por algunas series de La Casa de las Ideas. La presencia de Kirkham vino a deslucir un tanto unos episodios en los que Stracyznki fue preparando el terreno para la Guerra Civil Superheroica que en aquellos momentos cocinaba Marvel. No hubo ni siquiera un respiro tras la conclusión de “El Otro”, de manera que, en la última página del evento, los lectores podían contemplar cómo Tony Stark preparaba a espaldas de Peter un nuevo uniforme arácnido con los colores de la armadura de Iron Man.

 

JMS veía la relación entre Tony y Peter similar a la que pudiera darse entre un mentor y su discípulo. Tony Stark era un triunfador, el genio hecho a su medida en que podría haberse convertido Peter Parker de no haberse interpuesto el destino en forma de araña radiactiva. El guionista daba a entender que en el joven trepamuros había potencial para que algún día se alzara como un científico brillante que construyera artefactos con los que cambiar el mundo. La idea de profesor de instituto, de superhéroe ceñido a un mundo asequible y abarcable para el lector medio comenzaba a desdibujarse. En cuanto al nuevo traje de Spidey, Chris Bachalo presentó varias propuestas, con diferentes variaciones de los colores clásicos. Entre todas ellas, al Director Editorial Joe Quesada le llamó la atención un diseño en el que Spider-Man disponía de unos tentáculos similares a los del Doctor Octopus. Le pareció una gran idea, como si el héroe estuviera buscando nuevas maneras de luchar contra sus enemigos. Encajaba en la manera de pensar de Tony Stark, propenso a combatir el fuego con el fuego. El traje que finalmente delimitó el propio Quesada recordaba explícitamente a la armadura de Iron Man, al partir del rojo y el dorado como colores básicos; contaba con unas patas mecánicas que simulaban la forma de una araña y podían usarse como armas; permitía además que el trepamuros hiciera algo tan ajeno a él como volar y desde el comienzo tuvo fecha de caducidad, aunque no se anunciara tal cosa. Los lectores se dividieron nada más verlo. Les encantaba o lo odiaban en porcentajes equiparables, que era la clase de reacción que esperaba Joe Q. El nuevo traje estaba allí para un propósito argumental, no para vender muñecos, aunque desde luego que los acabó vendiendo.

 

Y así, de rojo y oro, el Hombre Araña emprendió, sin saberlo, el camino que le conduciría, a él y a todo el Universo Marvel, a la más ambiciosa saga superheroica jamás publicada.

Prólogo aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 10