1993. EL PINCHAZO DE LA BURBUJA DE LOS CÓMICS

Es otoño de 1993. Después de una década de subidas ininterrumpidas y tres años de ventas desorbitadas, las editoriales ven las orejas del lobo. A pesar de su portada completamente metalizada, en las tiendas especializadas se comen con patatas tres cuartas partes del millón de ejemplares que han pedido del Turok dinosaur hunter 1 (VI 93), publicado por Valiant. Es un síntoma, sólo un síntoma, de lo que se avecina. Un vistazo general a las ventas sirve para comprobar que han empezado a descender de forma inusitada.

 

Las anunciadas líneas de superhéroes de pequeñas compañías comienzan su andadura por debajo de las expectativas iniciales (Malibu) o se hunden en cuanto salen a competir con los grandes gigantes (Valiant). La Franquicia Mutante, que repite su posición de liderazgo mes a mes junto con los grandes éxitos de Image, se convierte en el termómetro perfecto para diagnosticar el estado de salud del paciente. Está enfermo, no cabe duda. Las cifras, que a finales de 1992 rozan los 750.000 ejemplares vendidos de Uncanny, retroceden por debajo de los 600.000. Es un dato preocupante, desde luego, pero la sangría es todavía mayor en títulos como X-Force o Excalibur. Lejos de estabilizarse, las ventas descienden mes a mes. Se lanzan menos colecciones mientras crece el número de las que se cancelan. El nerviosismo cunde en las esferas, donde solucionan cualquier atisbo de crisis a golpe de talonario. Marvel diversifica mercados con la compra de una empresa juguetera, Toy Biz, y otra dedicada a la comercialización de cromos y juegos de cartas, Fleer. Ya no buscan al público lector, sino al coleccionista.

 

La situación se traduce dentro de la Franquicia Mutante en una intensificación de los métodos utilizados con anterioridad. Nada más terminar Atracciones Fatales aparece Lazos de sangre, un crossover, otro más, que celebra el treinta aniversario de la creación de la Patrulla-X y los Vengadores (UXM 307, XM 26, The Avengers 368-369 y Avengers West Coast 101, XI-XII 93). Superado el compromiso, la generosidad de Harras llega a tal extremo que en X-Men ocurre un hecho relevante. Después de tres décadas de noviazgo, Jean Grey y Scott Summers pasan por la vicaría. Como viene ocurriendo a lo largo de todos esos años, Jean toma la iniciativa y es quien propone al chico dejar de vivir en pecado (UXM 308, I 94). Fabian Nicieza escribe el episodio de la boda, uno de los pocos de toda su etapa en X-Men de los que se siente orgulloso (XM 30, III 94). “Creo que es una buena idea para los personajes, y me alegro de poder tratarla desde una perspectiva adulta”, declara. Nada de villanos, pues, en un acontecimiento sin número doble ni cubierta plastifica. Como mucho, Marvel y Fox, la productora de la serie de dibujos animados dedicada a la Patrulla-X, imprimen unas invitaciones de boda, detalle simpático alejado de la que podría haber sido una enorme campaña de marketing. Tal vez por ello, pocos días después del XM 30, la Oficina-X recibe multitud de cartas con fans que aplauden la historia. Otro de los tebeos favoritos de Nicieza también pertenece a esta época. El UX 33 (V 94) conecta los años como ladrón de Gambito con el pasado de Dientes de Sable en un estupendo relato autoconclusivo que hace preguntarse qué sería de la strip si Nicieza contara con una mayor libertad creativa.

Dejando aparte estos casos concretos, sigue la tortura existencialista de los mutantes, que en actitud rayana en la vagancia pasan el día apoyados en las paredes de la mansión mientras se quejan de cuánto les teme y les odia la humanidad que han jurado proteger. Son tebeos, según Bob Harras, “de tratamiento de personajes”. Esto significa que un par de hombres-X dialogan sin decir realmente nada y sin que esos diálogos sirvan para diferenciar a los unos de los otros, especialidad en la que Lobdell se supera mes a mes. La explicación de éste es todavía más divertida que la de Harras: “He trabajado en terapias de grupo en campamentos de niños con problemas emocionales. Por eso hago tandas de cuatro o cinco episodios en los que no se pelea nadie y la gente se pasa el rato sentada y relacionándose”. Confesado su crimen, el guionista de Uncanny se responsabiliza también de La alianza Falange (UXM 316 y 317, XM 36 y 37, XF 106, XFO 38, EX 82 y CB 16, IX-X 94), saga en la que aparecen por primera vez los miembros de la futura Generación-X. El crossover se desarrolla con desigual fortuna hasta un final absurdo con el que Lobdell demuestra su escasa capacidad para resolver incluso historias propias.

Generation-X (GX) 1 (XI 94) supone una agradable sorpresa gracias a los dibujos de Chris Bachalo, un artista con fama de rarito proveniente de la línea Vertigo de DC. Lobdell pide su incorporación al proyecto después de ver algunas de sus páginas para el XMU 1. Bachalo acomete un trabajo fresco y agradable alejado del tono trascendente del resto de la Franquicia Mutante. Junto a Lobdell diseña unos personajes con cierta gracia estética en los que se ha exagerado el lado freak. Incluso la bella Paige Guthrie, hermana de Bala de Cañón, resulta bastante desagradable cuando utiliza su poder de cambio de piel. Luego está Cámara, un chaval torturado a causa de que la primera manifestación de sus habilidades mutantes destrozó la mitad de su pecho y gran parte de la cara. M, alias de Monet St. Croix, es la sex symbol de la tropa, aunque se echa a perder con su actitud ególatra; a Pellejo le sobran unos diez metros de piel, circunstancia que lo afea en extremo; Penitencia no puede tocar a nadie a riesgo de cortarle en cachitos por culpa de su cuerpo filoso… “Cada personaje tiene algo de mí”, explica Bachalo. “Pellejo es mi lado desagradable; M mi lado femenino; Paige es mi lado eficiente y limpio”. La parada de los monstruos se completa con los que pueden considerarse “normales”: Sincro, Mondo y Júbilo, esta última degradada a la segunda división mutante por un Harras que nunca la ha querido dentro de la Patrulla-X.

El nuevo equipo mutante forma la cuarta promoción de la Escuela del Profesor Xavier para Jóvenes Talentos. No obstante, Lobdell toma una decisión que acaba de una vez por todas con la condición académica del hogar de los hombres-X. De esta forma, la mansión de la Patrulla cambia su denominación por la de Instituto Xavier de Estudios Superiores, mientras que la escuela se instala en la Academia de Massachusetts de Emma Frost. La antigua Reina Blanca del Club Fuego Infernal pasa al bando de los buenos después de contemplar la muerte de todos y cada uno de sus anteriores alumnos, los Infernales (UXM 314, VII 94). Como contrapunto de Emma, tanto sexual como pedagógico, se trae de vuelta a Banshee, recuperado de las afecciones de garganta que causaran su retiro. “Quiero establecer un sentido de esperanza y optimismo que actualmente no se encuentra en ningún cómic. Generación-X no va a ser una Patrulla-X de reserva, sino una pandilla de chavales aprendiendo a utilizar sus poderes”, explica Lobdell, que sin el menor indicio de estar bromeando añade: “espero que Generation-X tenga unas repercusión parecida a la de Watchmen o Dark Knight”. Sin duda, este chico es un genio.

Mientras crece la familia mutante, Harras pone a su gente a la búsqueda de nuevos colaboradores. Lisa Patrick hace un par de llamadas y las preguntas de rigor:

 

-Tengo que hacerte cuatro preguntas. Primera: ¿estás disponible?

-Sí.

-Dos: ¿lees habitualmente las series de mutantes?

-Por supuesto, las llevo todas al día.

-Tres: ¿cumples los plazos de entrega?

-Sí, pregunta a cualquiera de DC.

-Cuatro: ¿sabes cómo se trabaja en la Oficina-X?

.No. No tengo ni idea.

-¡Has contestado correctamente a todas las preguntas!

 

Quien responde al teléfono es Jeph Loeb, guionista de películas como Commando o Teen wolf (ambas de 1985). Loeb, un fan del noveno arte que posee cada cómic publicado por Marvel o DC a partir de 1964, ha hecho algunos trabajos interesantes en la Distinguida Competencia. Patrick le conoce gracias a un especial de Batman ambientado en Halloween que le ha gustado mucho. Junto al dibujante Tim Sale, Loeb prepara una historia de complemento para el UXM Annual 18 (1994). Poco después se convierte en el guionista regular de Cable (CB 15, IX 94). En una reunión editorial conoce a Scott Lobdell, de quien pronto se hace amigo. “Voy a enseñarte cómo se escribe la Patrulla-X”, le dice éste en su primera conversación. Lobdell le explica básicamente cómo trabajar con Bob Harras y le ofrece la posibilidad de realizar diversos crossovers entre Cable y Uncanny. A partir de ese momento, la esperanza de Loeb es llegar a convertirse en el guionista de X-Men, por eso procura incluir en sus historias alguno de los hombres-X.

Suzanne Gaffney realiza idéntica llamada, pero al otro lado del Atlántico. Warren Ellis también contesta correctamente las cuatro grandes preguntas. Ellis viene de Inglaterra para escribir Excalibur (EX 83, XI 94). Tras unos meses a la deriva con ilustres desconocidos a su cargo, la serie necesita un nuevo rumbo. El nombre de Ellis empieza a sonar con fuerza en círculos especializados gracias a sus guiones oscuros llenos de humor negro, muy en la línea británica de autores como Alan Moore o Neil Gaiman. La misma Gaffney también se pone en contacto con Carlos Pacheco para encargarle una miniserie protagonizada por Bishop (Bishop 1-4, XII 94-III 95) que el gaditano realiza en compañía de John Ostrander, veterano guionista procedente de DC.

 

1996. HEROES REBORN HACE SALTAR TODO POR LOS AIRES

Es otoño de 1995. Los problemas financieros de Marvel siguen agravándose al tiempo que el resto de la industria del tebeo americano acompaña a la Casa de las Ideas en su viaje al abismo. “Juntos permanecemos, divididos caemos”, gritan todos. Marvel y DC se alían para preparar un crossover conjunto a la vez que  DC, Image y Dark Horse acuerdan distribuirse en exclusiva a través de Diamond Comics. Editoriales más pequeñas hacen un pacto similar con Capitol. El recién llegado presidente Jerry Calabrese repasa los resultados financieros de Marvel desde que fuera comprada por Perelman. Tres millones, siete millones, ocho millones… Esta editorial vendía millones de ejemplares de X-Men en 1991. ¿Por qué ahora sólo vende medio millón? ¿Qué ha pasado aquí? Calabrese enciende la máquina de pensar. Enseguida identifica el problema. Todd McFarlane, Jim Lee, Rob Liefeld. Estos señores vendían millones y nos los dejamos escapar. Hay que contratarles otra vez. Y todos nuestros problemas se habrán resuelto.

 

Es 14 de diciembre de 1995. Jim Lee y Rob Liefeld anuncian su retorno triunfal a Marvel. La misión que han aceptado consiste en relanzar a los Cuatro Fantásticos y los Vengadores, cuyas colecciones siguen publicándose hasta ahora por una simple cuestión de prestigio. Un intento similar de que Todd McFarlane regrese a Spider-Man queda en el olvido ante la negativa tajante del creador de Spawn a volver a la editorial que detesta desde lo más profundo de su alma. Con Heroes Reborn, los chicos de Image van a rehacer el origen de los personajes. Marvel lo único que tiene que hacer es tirar por la borda sus treinta años de continuidad para recomenzar desde el número uno las cuatro series que contempla el contrato. Eso o nada. “¿Dónde hay que firmar?”, pregunta Calabrese. La operación se cierra en los despachos, de espaldas al staff creativo de la empresa. Ese mismo mes, el presidente de Marvel da por concluido el periodo de interinidad sufrido por la compañía desde la destitución de Tom DeFalco. Calabrese nombra a Bob Harras nuevo director editorial, ya que sus colecciones son las únicas que han mantenido el tipo mientras que el resto se despeñaba en el Top 100 de ventas. La última reunión que Harras celebra con su gente de la Franquicia Mutante está dedicada a la modificación del final de la saga de Onslaught. Los grandes héroes del Universo Marvel tendrán la despedida que se merecen, el sacrificio que se merecen, la muerte que se merecen. Lo que en un principio era un crossover más de la Patrulla-X y sus colecciones aledañas se convierte en el evento de la década. Los mutantes rompen con el aislamiento al que viven sometidos en los últimos años para recibir en casa al resto de sus compañeros del Universo Marvel. No es una visita de cortesía, sino la antesala del fin. “He hecho mi trabajo. Fui testigo de una maravilla única. Un lapso de tiempo en que campeones de leyenda arriesgaban a diario sus vidas para combatir las fuerzas del mal y la tiranía. Una era en que la medida de un héroe no la daba su fuerza, sino su nobleza. Esa era ha terminado”, pone Mark Waid en boca del Vigilante (Onslaught: Marvel Universe, X 96). Los Vengadores y Cuatro Fantásticos derrotan a Onslaught a costa de caer en las garras de Jim Lee y Rob Liefeld. La Patrulla-X y la opinión pública les cree muertos, pero la parca sería algo demasiado piadoso en comparación con el castigo impuesto por los ejecutivos de la editorial. A pie de obra, cunde el desencanto entre quienes han liderado durante los últimos años la guerra contra Image. “No sólo nos han vencido, también se han quedado con nuestro Universo”, dice alguien. El enemigo duerme con nosotros, Bob Harras es el primero que lo sabe. Para lavar su conciencia, el nuevo director editorial impulsa propuestas como Thunderbolts, Deadpool, Ka-Zar o Heroes for Hire. Todas ellas tratan de recuperar un pasado glorioso con historias que contar y personajes con los que emocionarse.

 

 

Es primavera de 1996. Bob Harras deja la Franquicia Mutante en manos de Mark Powers, antiguo ayudante de Terry Kavanagh. Scott Lobdell escribe ahora tanto X-Men como Uncanny, situación inédita hasta el momento que deja al descubierto las precarias habilidades del guionista para sostener en solitario ambas Patrullas. Lobdell vuelve por sus fueros habituales con historias que no cuentan nada y mutantes que se quejan mucho. “Estoy explorando cómo se comportan los mutantes sin el Profesor-X”, dice, pero todo es falso y redundante. Nunca explica las ausencias de los personajes, apunta ideas que no resuelve o se olvida por completo de tramas enteras. En general, las colecciones mutantes viven una temporada baja. Aquéllas con un cierto atractivo, como X-Force, Cable o X-Man, caen en una peligrosa desidia. Warren Ellis consigue que Excalibur sea de nuevo interesante, pero su etapa concluye demasiado pronto (EX 103, XI 96). El grupo británico cae luego en manos de Ben Raab, quien cada mes compite con Terry Kavanagh por el título de peor guionista del cómic mundial. La fuga de Chris Bachalo de Generarion-X (GX 6, VIII 95) pone de manifiesto que todo el interés de la colección reside en su creador gráfico, obligado a volver poco después (GX 16, VII 96). Incluso Larry Hama en Wolverine comienza a mostrar claros signos de cansancio, que se acentúan cuando pierde los lápices de Adam Kubert (WOL 102, VI 96). Como en los últimos tiempos de Claremont, los mutantes siguen adelante por pura inercia. Cada día se hace más necesario un cambio. En X-Men, Carlos Pacheco sustituye a Andy Kubert (XM 62, III 97). El español realiza una obra sin tacha, pero esos guiones no la merecen.

 

Es otoño de 1996. Las dos colecciones de Heroes Reborn asignadas al equipo de Jim Lee tienen un comienzo espectacular sin alcanzar ni de lejos las cifras millonarias de 1991. Hacia el tercer número se desinflan. Las de Liefeld ni siquiera consiguen el arranque esperado. La operación firmada por Calabrese se califica de éxito relativo, pero el balance de cuentas sigue en números rojos. Ron Perelman despide a Calabrese y pone en marcha un plan de saneamiento para la Casa de las Ideas que pasa por disgregar las partes rentables de la compañía y prescindir de las deficitarias. Con el fin de evitarlo, un grupo de accionistas minoritarios liderados por Toy Biz interpone una demanda contra Perelman, quien debe dinero a todos ellos. El 27 de diciembre, el juez aprueba una suspensión de pagos de un año, tiempo en el que la compañía no está obligada a pagar sus deudas. Perelman no tarda ni tres meses en anunciar su rendición. Después de ocho años al frente de Marvel, decide que el negocio de los tebeos no es lo suyo. Retira su plan de saneamiento, saca todo su dinero y abandona la compañía, que queda en manos de los socios menores. Éstos dan un giro editorial inmediato encaminado a que el mercado recupere la confianza en la Casa de las Ideas que empieza con la vuelta a la distribución a través de Diamond.

Es primavera de 1997. Marvel anuncia que no renovará el contrato por un año firmado con Jim Lee y Rob Liefeld. Superado el mal trago y con las manos algo más libres, Harras decide que ha llegado la hora de una profunda renovación tanto de los personajes retenidos por la gente de Image como de los mutantes. El director editorial contrata a autores de prestigio para rescatar de la muerte a Vengadores y Cuatro Fantásticos mientras que para la Franquicia Mutante prepara una remodelación de arriba abajo que pone a temblar a unos cuantos guionistas con síndrome de funcionario. Una mañana, Scott Lobdell se acerca a su despacho:

 

-Bob, ¿verdad que no estás pensando en sustituirme por Chris Claremont?

-Noooo, nada de eso. ¿Cómo se te ocurren esas cosas?

-Lo he leído en Wizard.

-Pues no es verdad. Te lo prometo. Además, esas decisiones las toma ahora Mark Powers. Habla con él.

 

Mark no sabe nada, o eso dice. Harras sin embargo ha escuchado los insultos y descalificaciones que Lobdell va diciendo por ahí de Mark Waid. No está nada contento con esa actitud que enturbia las buenas relaciones de la empresa con los autores. Llama a Waid, le ofrece disculpas e incluso el despido fulminante de Lobdell. “No hace falta. Es tentador, pero no. Gracias de todas formas”, responde el guionista. Pocas semanas después, Harras vuelve a convocar a Lobdell. Tiene una recompensa por todos estos años de sacrificio.

 

-Vas a escribir The Fantastic Four.

-Jo, Bob. No sé que decir. Muchas gracias.

-De nada. Por cierto, también vas a dejar las colecciones mutantes.

 

1998. EL 35º ANIVERSARIO DE LA PRIMERA PATRULLA-X

Es 1998, el año del treinta y cinco aniversario de la primera Patrulla-X. Las celebraciones se traducen en un crossover detrás de otro. Hasta tres grandes sagas sitúa el editor Mark Powers en su calendario, si bien es cierto que sólo afectan a las dos colecciones principales. La primero de esas sagas (UXM 360 y 361, XM 80 y 81, X y XI 98) sirve para que la Franquicia Mutante complete su remodelación. Por un lado, los viejos hombres-X perdidos en Excalibur (Kitty Pryde, Rondador y Coloso) regresan a casa después del cierre inevitable de la colección (EX 125, X 98). Por el otro, dado el éxito de los universos paralelos, X-Factor termina su andadura en el XF 149 (IX 98) para ser sustituida un mes después por Mutant-X, serie protagonizada por Kaos que transcurre en una dimensión alternativa.

 

Por último, los objetivos para las dos formaciones de la Patrulla-X pasan por potenciar su lado clásico. Que quien se acerque a los mutantes después de veinte años sin leerlos pueda reconocer inmediatamente al grupo que tanto le gustó en su juventud. Ese planteamiento choca con gran parte de las ideas de Kelly y Seagle. No obstante, aceptan seguir adelante, más convencidos que nunca de que su capacidad de actuación dentro de la Oficina-X está reducida a la mínima expresión. Con la trama del crossover firmada, los guionistas vuelven a casa para escribir. A mitad del trabajo, reciben la típica llamada del editor asociado de turno. “Oye, que de lo hablado en la reunión nada de nada, que hemos cambiado de idea”. La falta de seriedad a la que ya estaba acostumbrado y de la que incluso participara Scott Lobdell cae como otro jarro de agua fría sobre sus cabezas. El siguiente bofetón se lo llevan cuando descubren que alguien trastoca sus textos. “Dios mío, yo no escribí esto. Ni de lejos”, piensa horrorizado Steve Seagle cuando recibe el UXM 361, impresión idéntica a la que saca Kelly del XM 80. Con el cuerpo editorial hemos topado, amigo Sancho. “Este sitio es kafkiano”, sostiene Seagle. Los dos guionistas soportan un clima enrarecido bajo el que pronto son tachados de autores conflictivos con un afán demasiado innovador. Mejor sujetarse a lo que ha funcionado siempre, dicen en Marvel. Si los Vengadores, los Cuatro Fantásticos, Spider-Man han conseguido superar el bache de los últimos años mediante el truco de parecerse a cómo eran en su época dorada, a la Patrulla-X le conviene olvidarse de tonterías e ir a lo seguro. Abajo con las ideas de estos dos. Fuera lo nuevo y vuelta a lo viejo. “Por favor, ¿por qué no ingresamos a Xavier en un asilo con su sillita?”, sugiere Kelly cuando le anuncian que el Profesor-X ha de volver a regir los destinos de sus alumnos.

Es verano de 1998. Los constantes bailes entre los autores de la Franquicia Mutante dejan fuera a Larry Hama, muy criticado por su corta etapa en Generation-X (GX 33-44, XII 97-XI 98). Resulta obvio que al perfecto guionista de Lobezno no le sienta nada bien el cambio de registro. James Robinson cede Cable a Joey Casey, un amiguete de una librería especializada que enseguida despunta como uno de los más inteligentes escritores de la nueva hornada (CB 52, III 98). También hay bajas entre los dibujantes, ya que Chris Bachalo tiene previsto abandonar Marvel a finales de año (UXM 365, III 99). Por último, X-Men lleva sin artista fijo desde que Carlos Pacheco dejara la serie para ayudar a Kurt Busiek con varios proyectos especiales relacionados con los Vengadores (XM 75, IV 98). Para rellenar el hueco, la Oficina-X se pone en contacto con Alan Davis, quien acepta volver a casa a condición de que también pueda escribir los argumentos. Joe Kelly sólo es informado de la primera parte.

 

-Vas a tener a Alan Davis en X-Men, ¿qué te parece?

-Ah, de puta madre.

 

Kelly se entera de la segunda parte por la prensa. “No puede ser, ¿me han tomado por un dialoguista o qué?”, afirma sorprendido. Ambos autores coinciden en septiembre durante la convención de cómics que se celebra en Avilés (Gijón). Tratan de ponerse de acuerdo, pero no lo consiguen. Tienen ideas completamente contrarias acerca de lo que quieren hacer. Nada más volver a Estados Unidos, Kelly habla con Seagle. Llevan meses hartos de que les toquen los argumentos y los cojones. Ambos deciden hacer efectivo un acuerdo según el cual si uno se marcha, el otro también. Inmediatamente, presentan su dimisión conjunta. “Joder, lo que faltaba ahora”, gritan en la Oficina-X. Los tebeos más vendidos y mejor pagados del mundo buscan guionista. Y no lo encuentran. Alan Davis es una solución temporal, un parche de oro hasta que Mark Powers y compañía den con un nombre que, primero, tenga el suficiente prestigio como para que el situarlo en las series mutantes no contradiga las nuevas consignas de calidad (los años en los que “no importa quien escriba X-Men” han terminado); segundo, cargue con la paciencia necesaria como para convivir con el sistema interno de la franquicia. Yo de verdad que no entiendo por qué no consiguen amoldarse a nosotros, sostiene Powers.

Alan Davis viene a X-Men en una temporada baja de su carrera. Una enfermedad le ha mantenido apartado del tablero de dibujo en los últimos meses. Nada más recuperarse, descubre que algunos de sus compromisos profesionales han sido atrasados. Es el caso de una serie que prepara para Marvel sobre Killraven. Necesita volver a figurar en primera línea de las agendas editoriales. Cuando Powers llama a su puerta, casi le besa. “Bueno, puedo quedarme aquí medio año, me llevo la pasta y vuelvo a lo mío”, piensa. Sabe muy bien como funcionan las cosas. Acaba de ver como Marvel engañaba a Kelly y Seagle. Sospecha que a él le harán lo mismo a la menor oportunidad, por eso no se plantea su estancia en la Franquicia más allá de los seis meses por los que firma.

Con los argumentos de ambas series en sus manos y ayudado por su amigo Terry Kavanagh a los diálogos, Davis hace lo que mejor sabe: ata cabos sueltos al tiempo que recupera el clasicismo de la strip. En sus tres primeros números, resuelve todos los problemas en torno a Magneto y su doble Joseph, pero también sitúa al Amo del Magnetismo en una posición inédita, la de líder de toda una nación como Genosha (XM 87, V 99). Mientras tanto, Powers sigue buscando un autor que le soporte, pero sigue sin encontrarlo. Por fin, pide a Davis que renueve por medio año más. Éste se divierte en la serie y más todavía cuando le llega la nómina. “Venga, otros seis meses”. En ellos, aprovechando algunas tramas apuntadas por Joey Casey en Cable, desarrolla la saga de Los Doce, durante la que vuelve Apocalipsis (UXM 377, XII 99) y Lobezno recupera su adamántium (WOL 145, XII 99). Son historias de una suma importancia, ya que dejan limpia la casa de polvo y paja a la espera de la ansiada renovación, que además ha de coincidir con el estreno en verano de 2000 de X-Men the movie, en la que Marvel ha depositado todas sus esperanzas.

Concluido su contrato, Davis se despide a lo grande, con una muerte que hace temblar las estructuras de la familia mutante. Cíclope, el primer y durante años más importante hombre-X, se ha convertido con el paso de los años en el más redundante. Los lazos familiares del único huérfano de la prehistórica Patrulla-X se extienden ahora por varias líneas temporales. De elemento que daba cohesión al sueño de Xavier, Scott Summers ha pasado a ser la plañidera incapaz de tomar decisiones bajo otra influencia que no sea la de su esposa Jean Grey, entronizada ahora como verdadera figura central del Universo Mutante. La desaparición de Cíclope es la más llorada por lo que representa y la más fácil de encajar debido al papel, por completo prescindible, que ha adquirido el personaje. El suceso, por supuesto, carece de cualquier posibilidad de permanencia, a la vista de la falta absoluta de credibilidad que la muerte tiene en Marvel desde la resurrección de Jean.

Es verano de 1999. Powers concluye su búsqueda del guionista perdido. La clave la encuentra en casa, en ese The Fantastic Four escrito por Chris Claremont al que los lectores maliciosos acusan de ser el mejor Excalibur de los últimos años. La presencia constante de personajes y situaciones procedentes de sus años al frente de la Franquicia Mutante, así como la extraña petición de integrar a Kitty Pryde en la Primera Familia Marveliana –respondida con una negativa– dejan claros los deseos del guionista. ¿Cuánto tiempo puede pasar Chris Claremont encerrado en un despacho de Marvel antes de volverse loco? ¿Cuánto tiempo antes de que empiece, medio en broma, medio en serio, a redactar guiones que luego no firma? ¿Cuánto tiempo aconsejando posibles argumentos a Kavanagh o a Davis? Gran parte de las ideas que utiliza éste durante su segundo semestre proceden del Patriarca Mutante, que de rondón consigue colar por fin aquella historia con Lobezno muerto (UXM 375. X 99) y convertido en un villano (Astonishing X-Men 1-3, IX-XI 99). ¿Y por qué no os libráis de Xavier? ¿Y por qué no matáis a Cíclope? ¿Y por qué no disgregáis el grupo durante una temporadita?… ¿Y por qué no lo escribes tú, Chris? Por que no me dejan, Alan, por que no me dejan.

 

 

Han pasado veinticinco años desde que, casi por casualidad, aquel desconocido recién llegado de Inglaterra recibiera el encargo de escribir un tebeo de segunda categoría llamado X-Men. En esos años, el título creció, superó sus límites y se multiplicó exponencialmente, primero bajo la influencia de Claremont, luego como un imparable rodillo comercial. La industria del cómic es hoy muy distinta de cómo lo era en aquel verano de 1975. Y lo es, en gran medida, gracias a (o por culpa de) los mutantes de Chris Claremont. Sus criaturas, sus niños, sus hijos, mucho más resistentes que él mismo, con una fortaleza que les ha permitido superar el trato y el maltrato de un cuarto de siglo de éxito. Por encima de cualquier circunstancia, Logan, Ororo, Kurt, Peter, Kitty… se levantan indemnes, con fuerzas cada vez mayores. Mientras John Byrne regresa a casa con un título dedicado a narrar las aventuras de los pupilos de Xavier durante sus años ocultos, comienzan las conversaciones, los tira y afloja. Bob Harras, en contra de su propio criterio, pone encima de la mesa de Claremont una oferta que el Patriarca Mutante es incapaz de rechazar. Los guiones de las dos series principales, la cesión de las colecciones mutantes peor vendidas a un autor de su completa afinidad y una libertad para hacer y deshacer de la que ningún otro guionista goza en la Marvel actual. Sin trucos. Sin cuerpo editorial que valga metiendo mano en los guiones. Con los Hijos del Átomo en manos de quien mejor los conoce, ahora que se acerca la dura prueba que representa el filme de Fox, con millones de ojos mirando hacia la Patrulla-X.  Claremont piensa en ello. Piensa en si va a ser él menos que Byrne. Piensa en las decisiones que tomó. En las que no tomó. ¿Debería haber dejado que se convirtiera en una parte tan fundamental de mi vida? ¿Debería haberme marchado antes? ¿Debería haberme quedado? Piensa en las historias que contó. En las historias que no contó. En las historias que pudo haber contado mejor. La parte más triste de este negocio es su naturaleza transitoria. Trabajas en una serie. Trabajas en unos personajes que son como tus hijos. Luego te vas. Cada guionista, cada dibujante o editor que llega detrás de ti modela tus conceptos para que encajen en su visión, no en la tuya. Lo que pasó antes es cambiado. O apartado. O simplemente olvidado. Pero hubo un tiempo en que la visión era la mía. El concepto a modelar era el mío. Los personajes eran los míos.

Es 24 de septiembre de 1999. Marvel anuncia que el nuevo guionista de X-Men y Uncanny X-Men se llama Chris Claremont.

 

EL PÁJARO QUE SIEMPRE VUELVE: LAS VIDAS, MUERTES Y RESURRECCIONES DE FÉNIX

Cualquier lector que lleve un tiempo en esta afición, sabe que las muertes y posteriores regresos de los personajes forman parte de las reglas del juego. Lo uno y lo otro suele utilizarse como resorte para llamar la atención del lector, de manera que, con el paso de los años, esta clase de acontecimientos cada vez reviste una menor dosis de sorpresa. La apuesta es cada vez más elevada, a la hora de acometer una operación de esta clase que impacte de verdad en el ánimo del aficionado: debes convencerlo de la autenticidad de una muerte, pero también de la necesidad de un regreso. No hay reglas escritas con ningún personaje, así que la editorial siempre puede tratar de convencer a sus fieles de lo irremediable de unos sucesos que, por definición, han devenido en pronosticables. Hay un caso particular en el que el fin y el nuevo comienzo forma parte intrínseca del icono, de tal manera que su esencia es despedirse para luego reaparecer. Y ese caso es el de Jean Grey.

1976. PRIMERA MUERTE

Cuando todo empezó, Jean Grey y Fénix no eran dos entidades diferenciadas, aunque Chris Claremont supo dar una poesía a la transformación de la una en la otra que, en una relectura posterior, podría llegar a interpretarse como tal. Como el resto de La Patrulla-X original, salvo Cíclope, Jean estaba destinada a perderse de vista para dar paso a la Segunda Génesis. Pero no fue así. El personaje era la pareja de Scott Summers, por lo que pronto volvió a su lado. Atrapada junto al resto por Los Centinelas y conducida hasta el espacio, Jean demostraba una iniciativa y un ardor del que nunca antes hizo gala. Era la única mujer entre los fundadores, y como tal nunca desempeñó otro papel que el de servir de interés amoroso. Pero, en esta nueva fase, desde su traje a su nombre de heroína, el de Chica Maravillosa, todo eso debía quedar atrás para de cara a los rupturistas setenta. Nada más hacerse con las riendas del personaje, Claremont cambió su personalidad, para convertirla en una mujer resuelta e independiente, algo que, como veremos más adelante, molestó fuera y dentro de Marvel. Al final de la aventura con Los Centinelas, en una escena pletórica de drama y sacrificio, Jean conducía la nave que permitía al grupo regresar a casa, atravesando una tormenta solar destinada a acabar con su vida, sólo que…

 

1976. PRIMERA RESURRECCIÓN

…sólo que no fue así. Al comienzo del siguiente número, la nave llegaba a la Tierra y se sumergía en las aguas de las que, acto seguido, emergía Jean. “¡Escuchadme, Patrulla-X! ¡Ya no soy la mujer que conocisteis! ¡Soy el fuego! ¡Soy la vida encarnada! Ahora y para siempre… ¡Soy Fénix!”, proclamaba, vestida con un nuevo y resplandeciente traje que había creado de la nada, utilizando para ello habilidades que nunca había mostrado. Efectivamente, la tormenta solar había redefinido a la mutante, que pasó a ser la integrante más poderosa del equipo. La Patrulla-X ya marcaba pautas que, al cabo de unos años, asumiría todo el género superheróico. Para el nuevo diseño, Dave Cockrum tomó como modelo a Farraw Fawcett en los anuncios de Wella-Balsan y en las portadas de Cosmopolitan, mientras que el cambio de nombre buscaba diferenciarla de Ms. Marvel, que entonces escribía el propio Claremont y que también estaba a la vanguardia del feminismo superheroico. Los colores iniciales eran blanco y dorado, pero el editor Archie Goodwin pidió que se cambiara el blanco por verde, para evitar que se notara la transparencia del papel.

1980. SEGUNDA MUERTE

Mientras que Chris Claremont y Dave Cockrum pretendían que el poder de Fénix fuera en aumento, hasta alcanzar una categoría cósmica, Goodwin demandó que fueran en otra dirección, antes de que ella hiciera superflua al resto de integrantes. Después de que salvara el Universo, en The X-Men #108 USA, el guionista procedió a una rebaja de esos poderes, y los justificó mediante un bloqueo mental: Jean todavía no estaba preparada para asumir semejante carga. Además, trató de fijar que tenía una rica vida privada al margen del equipo, al que acudía en los momentos de necesidad, algo que ya se estaba haciendo con Thor con respecto a Los Vengadores. En paralelo, el guionista estaba jugando con el concepto mismo del poder: la manera en que puede corromper a una persona y cómo es necesario que, conforme aumentan sus capacidades, aumente también su consciencia. Cockrum dio paso a John Byrne, en calidad tanto de dibujante como de coargumentista de la serie. Era un fan de la Chica Maravillosa de siempre y no le gustaba la excepcionalidad de Fénix. En el tira y afloja, ambos autores concibieron una saga en la que Jean era manipulada por Mente Maestra y el Club Fuego Infernal, lo que la llevaba a la locura, a la orgía genocida y a transformarse, en definitiva, en Fénix Oscura. La aventura debía haber acabado con Jean lobotomizada por el Imperio Shi’ar, pero el entonces director editorial Jim Shooter pidió su cabeza, así que Claremont y Byrne cambiaron la historia: Jean se sacrificaba, suicidándose, y The X-Men #137 USA se convirtió en una auténtica leyenda, el mito sobre el que se iba a asentar el éxito arrollador de la serie en los años posteriores.

 

1985. SEGUNDA RESURRECCIÓN

Poco después de “La saga de Fénix Oscura”, John Byrne abandonó la serie, quedándose Claremont como cabeza visible de los mutantes, muy consciente de que la efervescencia que se vivía alrededor de ellos era en gran medida consecuencia de que uno de los más respetados y queridos integrantes del equipo había encontrado la muerte. ¿Recuerdas lo que comentábamos al comienzo, acerca del ciclo de muertes y resurrecciones de personajes populares? Todavía no había empezado. Corrían los ochenta, el Universo Marvel revestía una solidez y una coherencia impresionantes y lo que moría permanecía muerto. Así que el Patriarca Mutante, en lugar de resucitar a Jean, se sacó de la manga a una hija venida de un futuro alternativo, o a una esposa para Cíclope cuyo aspecto era exactamente el mismo que el de su amor perdido… sin llegar a tratarse de ella.

 

Y entonces llegó Factor-X.

 

Bob Layton y Jackson Guice querían hacer un nuevo equipo que reuniera a La Patrulla-X original. Trajeron a La Bestia, El Ángel y El Hombre de Hielo de las filas de Los Nuevos Defensores y arrastraron a Cíclope desde su retiro. El hueco de Jean lo iba a llenar Madelyne Pryor, Rachel Summers, Dazzler o cualquier otra chica disponible. En el proceso, Kurt Busiek, futuro guionista de prestigio y entonces machaca dentro del Bullpen, se enteró de que Factor-X estaba en proceso y propuso a sus autores una idea: que Jean Grey volviera, pero sorteando su muerte como Fénix. Fue en ese momento en que se estableció lo que antes no era en absoluto así: que se trataba de dos seres diferenciados. Se volvía así a lo ocurrido en The X-Men #100 y 101 USA, cuando Jean había estado a punto de morir, pero emergió transformada en Fénix, y se estableció que ésta era una auténtica fuerza cósmica, que había duplicado la forma de Jean y seguido adelante con su vida sin siquiera ser consciente de ello, mientras que la auténtica Jean se recuperaba en el fondo del mar, envuelta en una crisálida que encontraban Los Vengadores y abrían Los Cuatro Fantásticos. Roger Stern, guionista de los primeros, y John Byrne, responsables de los segundos, que a su vez habían estado implicados en el desarrollo de Fénix, participaron de la trama. Por fin, en la primera historia de Factor-X, Jean y Scott volvían a reencontrarse.

Chris Claremont no estuvo nada contento con lo ocurrido, y desde el principio trató de torpedear la nueva serie. No consiguió pararla, pero sí que su guionista fuera sustituido por Louise Simonson, alguien de su entera confianza. Juntos trataron los años siguientes de remendar todo el estropicio que a su juicio había tenido lugar, algo que consiguieron parcialmente en “Inferno”, una saga mutante publicada en 1989, que se saldó con la muerte de Madelyne Pryor, que se había descubierto como un clon de Jean producido por Mister Siniestro, y la fusión de sus recuerdos con los de Jean. Ella y Cíclope se casaron unos años más adelante, ya con Claremont fuera del escenario.

 

2004. TERCERA MUERTE

Después de que Alan Davis, en las páginas de Excalibur, diera una explicación coherente al concepto de la Fuerza Fénix, ahora encarnada en Rachel Summers, la editorial dio un descanso a la entidad, si bien recurrieron a ella de manera testimonial en 1995, con motivo de un cruce entre el Universo Marvel y el Ultraverso que respondía al nombre profético de The Phoenix Resurrection y que quedó en lo meramente anecdótico. Tuvo que tener lugar la irrupción de Grant Morrison en el cosmos mutante para que la Fuerza Fénix resurgiera, una vez más, de sus cenizas. Morrison puso al día la plana mayor de los conceptos de la era Claremont-Byrne, y el de la entidad cósmica no iba a ser menos: pronto volvió a manifestarse como parte de Jean, con un toque muy próximo al de la posesión demoniaca. Para completar el ciclo, Jean murió una vez más, en New X-Men #150 USA, a manos de quien Morrison pretendía que fuera Magneto y que luego, en una reescritura de otros autores, se desveló como Xorn.

 

En los años posteriores, Jean permaneció bajo tierra, pero la Fuerza Fénix siguió reapareciendo de manera recurrente, para asociarse con otros huéspedes, en historias como “La canción final de Fénix” (2005), “La canción de guerra de Fénix” (2006-07) y “VvX. Los Vengadores Vs. La Patrulla-X” (2012). A la búsqueda de la simplificación, quedó establecido que Fénix era un ser de naturaleza cósmica que, cada cierto tiempo, pasaba por nuestro planeta y se encarnaba en un ser humano, con preferencia, pero no de manera exclusiva, por las mutantes pelirrojas. A lo largo de su trayectoria, además de la copia de Jean por la que se justificó su primera muerte o Rachel Summers, la entidad tomó como anfitriones a Hope Summers, las hermanas Cuco, los Cinco Fénix (Namor, Magik, Coloso, Emma Frost y Cíclope) y una larga lista de personajes.

 

2018. TERCERA RESURRECCIÓN

La colección protagonizada por la joven Jean Grey del pasado presentaba, como su principal atractivo, el enésimo retorno de la Fuerza Fénix. Era en realidad el preámbulo que facilitaría otra vuelta, la que tiene lugar en La resurrección de Jean Grey, con un “adulta” entre paréntesis en el título dado inicialmente por Marvel, para que no hubiera duda alguna. El ciclo se repite una vez más, confirmando la circularidad de la historia, sólo que ahora hay circunstancias distintas a las que tuvieron lugar en 1984. Esta vez no han transcurrido cuatro escasos años desde la muerte y la resurrección, sino casi tres lustros, en los que el Universo Marvel en general y el entorno mutante, en particular han cambiado como nunca antes y en los que la ausencia de Jean ha llegado a formar parte del paisaje. Sin ella, el Homo superior ha alcanzado momentos de esplendor, y como tal cabe calificar las épocas del Astonishing X-Men de Joss Whedon y John Cassaday, de La Patrulla-X de Matt Fraction, del cisma orquestado por Jason Aaron y Kieron Gillen, o de La Patrulla-X del ayer de Brian Michael Bendis, pero también hemos vivido tiempos de incertidumbre, en que los mutantes parecían arrinconados y al borde de la extinción dentro de Marvel. Lo que ocurre es que, si algo han demostrado estos personajes en sus décadas de existencia, es su capacidad para resurgir, como ave fénix, de las cenizas, y hacerlo más fuertes que nunca. Ojalá que la resurrección de Jean Grey no sea sino el presagio de una nueva, y necesaria, era de grandeza.

 

EL GRUPO EXTINCIÓN DE LA PATRULLA-X: ARMAS MUTANTES DE DESTRUCCIÓN MASIVA

La que podríamos llamar como “etapa de las dos Patrullas” se recuerda como uno de los pináculos de la historia de la Franquicia Mutante. Fue así como, en 1991, cuando The Uncanny X-Men arrojaba ventas millonarias que se habían visto potenciadas por la incorporación del dibujante Jim Lee, en la Oficina Mutante decidieron desdoblar la serie, de tal manera que, cada mes, el lector tuviera dos colecciones principales de La Patrulla-X, en lugar de una. Chris Claremont y Jim Lee saltaron al nuevo título, llamado X-Men, sin adjetivo alguno, mientras que The Uncanny X-Men pasó a contar con otros autores de menor relieve. En lo que a la estructura argumental se refiere, la formación se dividía en dos equipos: el Equipo Azul, que contaba con los personajes más atractivos y televisivos, estaba en X-Men, mientras que el Equipo Oro, con mutantes de menor impacto comercial, se quedó en Uncanny.

 

La respuesta comercial de “las dos Patrullas” fue incomparable, de manera que X-Men batió récords millonarios, mientras que su hermana mayor mantuvo el tipo, y ambas siguieron encabezando las listas de ventas incluso cuando Claremont primero y Lee después abandonaron el barco. Con el paso de los años, La Casa de las Ideas buscó fórmulas para repetir el éxito, pero nunca llegó a aplicarlas de una forma tan obvia como cuando el editor Nick Lowe puso en marcha el relanzamiento que dio en llamarse “Regénesis”.

 

La piedra de toque fue la ruptura del equipo, como puede leerse en Marvel Deluxe. Patrulla-X: Cisma. Las disensiones entre Cíclope y Lobezno acerca de la manera en que los mutantes debían encarar sus retos de futuro llevaron al enrocamiento del primero en un proyecto mesiánico asentado en la isla artificial de Utopía y al abandono del segundo, a quien le acompañó un buen número de hombres-X de vuelta a Nueva York. Marvel optó por lanzar una nueva cabecera, que siguiera el rastro de Logan y compañía y a la que puso por título Wolverine And The X-Men, y relanzar The Uncanny X-Men desde el primer número, algo que no había ocurrido en los casi cincuenta años de existencia de la colección, manteniendo en ella a Cíclope junto a sus fieles de Utopía.

 

La continuidad de Uncanny  con el proyecto anterior vino dada por el hecho de que fuera Kieron Gillen quien permaneciera a los mandos. Autor anglosajón de sensibilidad indie, Gillen provenía del campo del periodismo especializado, con trabajos en publicaciones sobre videojuegos y música. En Marvel había recibido el aplauso general gracias a la miniserie SWORD, protagonizada por la organización que presentó Joss Whedon en Astonishing X-Men. En 2011, recibió el testigo de Uncanny de las manos de Matt Fraction, por lo que llevaba escribiendo la serie durante más de un año cuando tuvo lugar “Regenesis”. En esta nueva etapa, Gillen ofrecería un cómic en la mejor tradición inglesa, siguiendo los pasos de Grant Morrison o de Warren Ellis.

 

Personajes que habían recibido atención en la época anterior, como Magneto o Namor, pasaban a figurar en primer plano, mientras que dos fetiches de Gillen, Peligro y Hope, la mesías mutante con la que se había reactivado el Homo superior como consecuencia de “Advenimiento”, acompañaban a opciones más obvias, como los ineludibles Cíclope y Emma Frost, que venían componiendo la pareja mutante preferida de todos desde los tiempos de Astonishing; Tormenta, desde una postura de afinidad crítica a los planteamientos de Scott, y finalmente Coloso y Magik, los dos hermanos cuya interacción daría lugar a grandes momentos. El escenario continuaba siendo San Francisco, y para la ocasión Gillen consideró oportuno recordar las características únicas de la ciudad, así como la presencia del Celestial que plantara allí Neil Gaiman.

 

Mientras que en su serie Jason Aaron se lanzaba a los brazos de la diversión gamberra, Gillen se quedó con el discurso alegórico que venía empleando, para subir un peldaño en su apuesta. El “Equipo Extinción” marcaba como objetivo la supervivencia de la especie, aunque eso significara destacarse como un potencial peligro para Estados Unidos. No es extraño que Scott Summers, en su planteamiento discursivo, llegara a comparar Utopía con los países pertenecientes a lo que George Bush Jr. dio en llamar “El Eje del Mal”. Si Estados Unidos decidió atacar Iraq por más que no tuviera armas de destrucción masiva, ¿qué podría ocurrir con una isla artificial, proclamada independiente por sus habitantes, quienes sí que disponen del poder suficiente para desatar una Tercera Guerra Mundial? El toque sofisticado de Gillen encajaba con la elegancia y majestuosidad de las composiciones de Carlos Pacheco, el artista elegido para el lanzamiento del proyecto. “Mi visión de la serie es muy similar a la de Carlos”, decía el guionista en la presentación. “Tendremos problemas a escala planetaria sumados con genuinos momentos intimistas, en la tradición que siempre han tenido las historias de mutantes. Carlos maneja lo sobrehumano y lo humano con la misma facilidad. El equipo de Cíclope continua luchando por una humanidad que les teme y les odia, pero ha decidido que nunca más serán sus víctimas”.

 

Este primer volumen en Marvel Deluxe de los tres de los que constará la serie, contiene un total de cuatro breves aventuras. En el comienzo, con Pacheco a los lápices, La Patrulla-X de Cíclope se enfrenta contra un viejo enemigo, Mister Siniestro, y su visión particular de la evolución y los mutantes. Un interludio con Brandon Peterson de artista invitado sirve para traer de vuelta a La Falange, especie alienígena vírica nacida en los años noventa y que, para el siglo XXI, Gillen optó por llevársela a la vertiente zombie. Acto seguido, Greg Land, el dibujante con el que se alternaría Pacheco, irrumpe en escena, en una historia que envía al Equipo Extinción hasta Tabula Rasa, escenario presentado por Rick Remender en Imposibles X-Force nº 3 y que a Gillen le resultó tan sugestivo como para pedirle que se lo prestara. La última historia, de apenas dos episodios, traía de vuelta a Pacheco y reconectaba con los temas de SWORD. En su reparto figuraba Unidad, un androide diseñado para la búsqueda del bien mayor… mediante la muerte y la destrucción. Esa misma aventura procuraba un incómodo encuentro entre La Patrulla-X y Los Vengadores, presagio de lo que habría de venir. Pronto, los dos grupos fundamentales del Universo Marvel entrarían en conflicto, y, una vez más, todo volvería a cambiar.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Deluxe. Patrulla-X – Equipo Extinción nº 1

Spider-Man: Bajo la Máscara 106. Entrevista a Julián M. Clemente sobre la Exposición “Superhéroes con Ñ”.

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Al final tenía que llegar dicho reconocimiento, tarde o temprano pero tenía que llegar. Los españoles (con “Ñ”) ya llevan tiempo en el mercado americano de los cómics de Superhéroes ofreciendo mes a mes su buen hacer y demostrando que tienen todavía mucho que decir.

Nunca nos olvidaremos de las portadas de López Espí para la editorial Vértice o de José Luis García López y sus superhéroes DC (sí, de aquí eran ellos), pero también parece que fue ayer cuando Carlos Pacheco y Salvador Larroca dieron sus primeros pinitos cruzando el charco (no sin antes “probar su valía” en la editorial Forum con no pocos encargos).

Al final, a día de hoy, la lista se ha ampliado notablemente y sería cuasi interminable nombrarlos a todos en este espacio.

Íñigo de Prada entrevista a Julián M. Clemente -ninguno de los dos necesitan presentación- sobre la Exposición que hay en estos momentos en el Museo ABC de Dibujo e Ilustración de Madrid.

Pero no sólo los casi 50 minutos de entrevista son de interés para vosotros, si no que en la página de de “Universo Marvel” (donde podéis encontrar esta entrevista también) se sortea un ejemplar del catálogo de dicha exposición. Un placer para la vista debido a la gran calidad que atesoran los dibujantes que todos tenemos en mente. La fecha final del sorteo es la del día 23 de Marzo del 2016.

Casting: Íñigo de Prada y Julián M. Clemente.

*Para escuchar/ descargar este Podcast basta con pinchar en la imagen que abre este artículo.

**También disponible en ITUNES.