LA REFORMULACIÓN DEL CABALLERO LUNA A MANOS DE CHARLIE HUSTON: CICLOS LUNARES

Hay personajes cuya fuerza excede a cualquier previsión inicial que pudieran hacer sus creadores. Entre ellos, hay que contar la figura del Caballero Luna. Creado en 1973 por el guionista Doug Moench y el dibujante Don Perlin con el único objetivo de que sirviera como oponente al Hombre Lobo marveliano, este misterioso individuo, a medio camino en aquel primer momento entre héroe y villano, causó una honda impresión entre los lectores de la época.

 

El trabajo de diseño del personaje estaba enfocado en la dirección de encontrar el perfecto rival contra el licántropo, y de ahí el recurso a jugar con los elementos distintivos del satélite terrestre, el que determina las transformaciones del Hombre Lobo. Moench se basó en un silogismo muy sencillo: la Luna es de color plateado. La plata daña a los Hombres Lobo, haciéndoles sangrar… Por lo tanto el nuevo personaje debía integrar tales circunstancias en sus elementos distintivos, desde el traje hasta su nombre de batalla. Cuenta Moench que su primera opción consistía en llamarle Moonblood (Lunasangre), pero que el editor de la historia, Len Wein, le aconsejó cambiarlo, de manera que ambos decidieron quedarse con Moon Knight (Caballero Luna).

 

Al final de aquella primera aparición se revelaba la condición benévola del Caballero Luna, que visitaría al Hombre Lobo en un par de ocasiones más, lo que permitiría al escritor definirle con mayor precisión: “Soldado de fortuna, veterano de tres guerras africanas y cinco revoluciones sudamericanas, relaciones con la CIA, experto en armamento, versátil en todas las artes marciales, ex-boxeador, marine, comando”, decía su expediente. Pero el aspecto diferenciador estaba, sin lugar a dudas, en su personalidad… O mejor dicho: en sus personalidades. El Caballero Luna asumía los papeles del mercenario Marc Spector, del millonario Steven Grant o del taxista Jake Lockley, en función de las necesidades de sus misiones. Moench le rodeó además de una corte de interesantes secundarios: Frenchie, el piloto del helicóptero que usaba en sus misiones; Marlene, su compañera sentimental, y Samuel, su mayordomo. Un tiempo más adelante, se incorporaría un detalle de suma importancia: la devoción hacia Khonshu, un dios del antiguo Egipto que habría salvado su vida y al que el Caballero Luna debía su propósito vital y representaba como avatar.

 

El golpe de suerte que ascendiera a los altares marvelitas al nuevo justiciero de la ciudad llegó gracias a una revista protagonizada por cierto Goliat Verde, que formaba parte de una iniciativa de Marvel destinada a llegar a un público más amplio que el habitual comprador de cómics. Se trataba de Rampaging Hulk, un título que, a partir de 1978, incluyó historias de complemento protagonizadas por el Caballero Luna. A partir de la tercera de las mismas, el dibujante sería Bill Sienkiewicz, un joven desconocido que destacaba por un estilo realista próximo al del legendario Neal Adams, que rompía con la línea, algo más conservadora, seguida por Don Perlin. El Caballero Luna se convertía así en una verdadera criatura de la noche, de un mundo cruel a la par que misterioso, con sus propias reglas y demonios. El éxito sería tal que, apenas un año más tarde, llegaría la colección propia.

 

Para entonces, no tardó en surgir una broma entre los lectores. “Si de verdad quieres leer buenas historias de Batman”, decían entonces, “debes seguir al Caballero Luna de Marvel”. Tal afirmación adquirió cierta oficialidad al saltar incluso a la portada de la prestigiosa revista Comics Journal, para la que Sienkiewicz dibujó una impactante ilustración en la que su héroe empujaba al veterano Hombre Murciélago. Y era cierto que el Caballero Luna le había tomado prestados algunos detalles: ambos coincidían en ser hombres convencionales entrenados hasta los límites de la resistencia humana o millonario con una doble vida; los dos utilizaban gadgets para resolver todas las circunstancias imaginables, e incluso el uniforme y la manera de moverse eran similares… pero en muchos aspectos, y de ahí los comentarios, el personaje de Marvel superaba cualquier cosa que pudiera ofrecer Batman en aquel entonces. No había acompañantes joviales ni villanos ridículos ni situaciones abracadabrantes. Además, Marc Spector disfrutaba de una relación plena y adulta con una mujer, algo que no solía verse en la acartonada vida privada de Bruce Wayne.

 

Sienkiewicz permaneció en la colección hasta Moon Knight #30 USA (1983). Para entonces, había tenido lugar una sorprendente evolución en su trazo, cada vez más experimental y sucio, un verdadero espectáculo para los sentidos que, junto con los complejos guiones de Moench, situaban las aventuras del Caballero Luna en la cumbre de la sofisticación. Por desgracia, el escritor apenas tardó unos pocos episodios en seguir el camino de su compañero, y en ausencia de ambos la cabecera echaría el cierre en cuestión de meses. Posteriores regresos no contarían con ninguno de ellos, salvo por un par de miniseries, escritas por Moench a finales de los noventa, en las que devolvía sus esencias al Puño de Khonshu, aunque fuera por un espacio de tiempo limitado.

 

No fue en vano, sin embargo, ya que esas historias mantuvieron viva la llama del Caballero Luna. Al fin, en 2006, y tomando las aventuras originales como modelo a seguir, el novelista policiaco Charlie Huston y el dibujante David Finch acometieron un espectacular relanzamiento. En “El fondo” estamos ante una vuelta a nacer del personaje en toda regla, al comienzo de la cual se presenta a un Marc Spector que no sólo ha dejado atrás su pasado como héroe enmascarado, sino también todo aquello que le importa: el amor, la amistad, su vida, en definitiva. Es entonces cuando eleva sus plegarias a Khonshu… Y empieza de nuevo el ciclo de la Luna.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. El Caballero Luna: El fondo

UN COSMOS EN EXPANSIÓN

Una vez cumplido el objetivo de poner en marcha las dos colecciones con las que se abrió el Universo Ultimate, y mientras Mark Millar y Bryan Hitch trabajaban en la llegada de Los Ultimates, en La Casa de las Ideas tuvieron una gran duda: ¿Qué hacer a continuación? El Universo Ultimate se había convertido en el éxito del año y las leyes del mercado siempre dictan que si algo se vende mucho, debe producirse en masa.

En cualquier otra circunstancia, los títulos de la Línea Ultimate se habrían multiplicado de inmediato, con los lanzamientos que hiciera falta. Pero en la editorial comprendían que no era buena idea. Mantendrían la línea Ultimate reducida a unos pocos títulos, lo que permitiría cuidarla al máximo. El objetivo es que nunca llegase a haber más de cuatro series al mismo tiempo. Tenían ya dos en las librerías, una más en preparación y una tercera que sugeriría Brian Michael Bendis, el guionista de Ultimate Spiderman.

Tras muchos años como autor independiente, Bendis había logrado dar el salto al mainstream con una aclamación unánime. En Marvel se preguntaban cuál sería su siguiente proyecto y éste les ofreció fusionar dos viejos conceptos ya desaparecidos, Marvel Fanfare, una colección con autores y protagonistas que cambiaban cada mes, y Marvel Team-Up, una cabecera de Spiderman en la que le acompañaba un héroe diferente por número. De esta forma, Bendis preguntaría a artistas que admiraba qué personaje les gustaría dibujar para Marvel. Él adaptaría la historia y el estilo literario a los deseos de cada uno de ellos, al tiempo que Spidey serviría de maestro de ceremonias. En las oficinas de la editorial, en un momento en que estaban muy abiertos a la experimentación y a nuevos puntos de vista, estimaron que la idea podría funcionar bien, además de expandir el cosmos del Universo Ultimate, sin necesidad de multiplicar exponencialmente el número de colecciones.

Bajo esas premisas, Ultimate Marvel Team-Up se convirtió en la tercera cabecera del Universo Definitivo en ver la luz. La serie abría a lo grande, mediante una historia que era importante por tres motivos: suponía el primer encuentro de Spidey con otro superhéroe, era también la primera vez que el trepamuros se cruzaba en el camino de un mutante y el primer cruce de la versión definitiva de los dos personajes más comerciales de la editorial: el Hombre Araña… Y Lobezno. Matt Wagner, el genio detrás de Grendel, uno de los más sugestivos tebeos del panorama independiente americano, se encargaba de los lápices.

No menos importante fue la segunda historia, un encuentro con Hulk dibujado por Phil Hester (Green Arrow), ya que serviría para dar consistencia a un conjunto de ideas alrededor del escenario sobre el que se movía el Universo Ultimate. Al ambiente de Guerra Fría y paranoia radiactiva que presidía los cómics que hicieran Stan Lee y Jack Kirby en el nacimiento del Universo Marvel convencional, Bendis y Millar querían contraponer un modelo adaptado al siglo XXI, el de “la gran conspiración”, con un reducido número de individuos moviendo los hilos desde las sombras, un Gran Hermano que se sitúa en lo más alto de la cadena alimenticia y controla el mundo. En el choque de Spidey con Hulk se apuntaría por primera vez esta circunstancia.

 

Tras el Goliat Esmeralda, el siguiente “Team-Up” supuso el debut de Iron Man, otro de los héroes que pronto aparecería en The Ultimates. El dibujante era todavía más inusual que los anteriores, puesto que se trataba de Mike Allred, cuyo delirio pop también podía encontrarse en X-Force, otro heterodoxo proyecto que La Casa de las Ideas acababa de estrenar. La apuesta se elevaría aún más con la aventura que, acto seguido, reuniría a Spiderman con Daredevil y Punisher. Bendis se mantuvo fiel al concepto original de estos dos oscuros vigilantes de Marvel, pero fue más allá en todo lo demás: no sólo se trataba de la aventura más larga publicada hasta entonces en MTU, sino que además estaba ilustrada nada menos que por Bill Sienkiewicz, un genio de estilo diametralmente opuesto al típico autor de superhéroes.

 

 

En este volumen se recogen todas esas historias. En total, los ocho primeros números de Ultimate Marvel Team-Up, un esclarecedor y brillante ejemplo de lo mucho que arriesgaba La Casa de las Ideas a comienzos de la primera década del siglo XXI. Porque quien nunca arriesga, nunca gana.

Artículo aparecido en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 3: Un mundo compartido