SOMBRAS DEL PASADO: DE LA GATA NEGRA A NORMAN OSBORN EN “UN NUEVO DÍA”

En los años ochenta, mucho antes de que decidiera asentar la cabeza y casarse, el trepamuros vivió el más ardiente romance de su historia. Decimos el trepamuros y decimos bien, porque La Gata Negra, la espectacular ladrona de buen corazón con la que Spidey compartió cama y hazañas superheroicas durante una buena temporada, no quería saber nada del hombre detrás de la máscara. Felicia Hardy fue una de las grandes atracciones de la época, y su impronta quedó marcada en el Hombre Araña de tal manera que el personaje regresó de forma intermitente a lo largo de los años del matrimonio. La gran diferencia que encontraron los guionistas arácnidos en 2010 es que ese matrimonio había dejado de existir. ¡Miau!

 

La Gata Negra fue una creación de Marv Wolfman y Keith Pollard que había debutado en The Amazing Spider-Man #194 USA (1979). Desde el principio entabló una química muy especial con el protagonista de la serie, que tenía que dar caza y captura a una delincuente por la que se sentía extraordinariamente atraído. Felicia Hardy y Spidey estuvieron varios años jugando, nunca mejor dicho, el juego del gato y el ratón, hasta que ella se alzó como la gran novia arácnida de los años ochenta, en un romance auspiciado por la etapa que estaba escribiendo Roger Stern en The Amazing Spider-Man, pero que desarrolló fundamentalmente Bill Mantlo en la colección hermana, Peter Parker, The Spectacular Spider-Man. Ambos formaban pareja tanto en la vida privada como en las aventuras que vivían en las calles de Nueva York, y ocurrieron circunstancias tan peculiares como que, durante una temporada, las fotos que vendía Peter al Daily Bugle eran las que hacía Felicia. Pero la relación tenía un indudable problema de confianza: cuando el trepamuros se desenmascaró ante su nuevo amor, ella rechazó de plano a Peter Parker, puesto que quien de verdad le resultaba atractivo era el Hombre Araña, no un individuo convencional y sin el menor atractivo. Felicia además no se sentía a la altura de Spidey frente a villanos temibles, como El Duende, así que pactó con Kingpin que le concediera poderes “de mala suerte”. El secreto fue, en último término, lo que dio al traste con la relación, dejando poco después la vía abierta para que Mary Jane entrara en escena y se encadenara a Peter en matrimonio.

 

En los años siguiente, La Gata Negra siguió formando parte de la vida de Spiderman, pero de manera intermitente y girando alrededor de otros personajes secundarios, como Flash Thompson, con el que estuvo saliendo una temporada. En 2002, una miniserie compartida entre Spidey y Felicia la colocó de nuevo en el disparadero. La historia de Kevin Smith, con dibujo de Terry y Rachel Dodson, descubrió al personaje a nuevas generaciones y lo redefinió para el siglo XXI. La Gata Negra repitió durante la etapa de Mark Millar y también de los Dodson, en Marvel Knights: Spider-Man, pero se perdió de vista con la locura en que se convirtió la vida de Spidey a partir del momento en que se unió a Los Nuevos Vengadores. Es así como llegamos al momento actual, en que Mary Jane vuelve a formar parte de la vida de Peter, después de una larga ausencia, pero hay un hecho diferencial evidente, y es que ya no es su esposa. El editor Stephen Wacker encargó en este punto a Joe Kelly que tejiera una historia de enredo, en que La Gata Negra recupera su actitud de los años ochenta, con su interés delimitado al Hombre Araña, y no a quien quiera que sea cuando se quite la máscara, y con muchas otras mujeres revoloteando alrededor de su figura: Carlie, Michelle, Norah y, por supuesto, Mary Jane.

 

“No veía la hora de recuperar a la Gata Negra”, confesó Kelly en aquel momento. “Es muy divertida, y consigue meter siempre a Spiderman en enormes líos. Es una fuerza irresistible de la que Peter no puede apartar sus ojos. Con ella alrededor, sabes que las cosas saldrán mal, pero no puedes evitarlo”. El relato inicial dedicado al personaje se ve complementado con una segunda historia, también escrita por Kelly, con dibujos del madrileño Ken Nimura. En Estados Unidos, se publicó en un número posterior de Amazing, pero en esta edición se adelante unos pocos números, para así mantener la unidad literaria, cronológica y temática.

 

El segundo bloque de este tomo lo ocupa la última saga escrita por Marc Guggenheim para Spiderman antes de marcharse de Marvel para concentrar sus esfuerzos en la televisión. En ella, se volvía sobre otra figura que había sido de enorme relevancia en el pasado del personaje, para luego desaparecer. Se trataba de Ben Reilly, el clon de Peter Parker que fuera creado por Miles Warren en una sobrecogedora historia a mediados de los años setenta y que a mediados de los noventa protagonizó la más larga y convulsa saga de la Franquicia Arácnida. Ben Reilly alcanzó tal importancia que llegó a sustituir al propio Peter en su papel de Spiderman durante una pequeña temporada, que finalizó ante las protestas generalizadas de los lectores. En aquel momento, y para acallar el vendaval de críticas, los editores y guionistas decidieron eliminar a Ben Reilly y certificar que se trataba del clon de Spidey. A partir de ese momento, se extendió una sombra de silencio sobre su figura, quedando vetada la posibilidad de su regreso. Guggenheim, no obstante, encontró una falla en ese edicto. Ben Reilly debía permanecer desaparecido, pero nadie había dicho nada sobre Kaine, el primer e imperfecto clon de Peter Parker, que en los noventa amagó con alzarse como uno de sus villanos más interesantes y cuyo potencial estaba todavía por desarrollar. El regreso de Kaine en estas páginas supuso el comienzo de un largo camino, que habría de desarrollarse a lo largo de los años posteriores.

 

Kaine fue elegido para inaugurar una nueva serie arácnida, Web of Spider-Man, consagrada a sustituir a los Amazing Spider-Man Extra y Amazing Spider-Man Family que se venían alternando hasta ese momento. Stephen Wacker volvió así sobre una cabecera histórica de los ochenta y los noventa, aquella en la que, precisamente, tuvo lugar el regreso de Ben Reilly. El propósito de esta nueva iteración era mucho más claro que el de los títulos que sustituía. Web of estaba consagrada a servir de background para Amazing. En la edición española, cada historia se ofrece intercalada en el momento argumental oportuno, de manera que el relato de Kaine con el que se inaugura la iniciativa antecede a la saga de Guggenheim. Su guionista es nada menos que J. M. DeMatteis, escritor de “La última cacería de Kraven” y que fuera el creador de Kaine en la miniserie: Spider-Man: The Lost Years (1995).

 

El tomo continúa de nuevo con Joe Kelly, que viene acompañado del que fuera su personaje fetiche, Masacre. En 1997, este guionista se dio a conocer a través de la primera y muy divertida serie abierta del Mercenario Bocazas, que encontró uno de sus momentos más destacados en un episodio donde Wade Wilson viajaba hasta el pasado y se integraba en un cómic mítico del Amazing Spider-Man de Stan Lee y John Romita… ¡haciéndose pasar por Spidey! Masacre gozaba de una renovada popularidad en el momento de publicarse la historia que aquí ofrecemos, de forma que era cuestión de tiempo que se cruzara en el camino del trepamuros, y qué mejor que hacerlo de la mano de Kelly. No sería sino el prólogo de una futura reunión mucho más ambiciosa.

 

Y para el cierre, una guinda muy especial: el episodio de Spiderman relacionado con “Reinado Oscuro: La lista”, en el que Dan Slott y Adam Kubert retomaban el argumento de “Hijo de América”. En “La Lista”, el jefe de HAMMER se proponía cumplir sus objetivos más ambiciosos, y entre ellos se encontraba la aniquilación de Spiderman. Poco imaginaba que el final de su Reinado Oscuro estaba cada vez más cerca, y que Peter Parker jugaría un papel fundamental en el mismo.

 

 

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 24

EL RETO DEL CLON: DE CÓMO REPETIR LA SAGA DEL CLON Y SALIR AIROSO

Cuando Marvel tomó la decisión de lanzar Ultimate Spider-Man, hacía falta una reinvención completa del personaje, destrozado por el maltrato que sufrió durante buena parte de los años noventa. El estado de desamparo en que se encontraba el Hombre Araña era el resultado de un conjunto de causas: el matrimonio con Mary Jane había abocado al personaje a un callejón sin salida del que los guionistas y editores trataron de sacarlo una y otra vez, sin conseguirlo, pero con perjuicios todavía mayores.

 

 

Una de esas intentonas consistió en traer de vuelta al clon de Peter Parker, un personaje olvidado, que había aparecido al final de una dramática saga publicada a mediados de los años setenta y que en realidad era a su vez consecuencia de las peticiones de muchos lectores de que volviera Gwen Stacy. Para ello, el guionista Gerry Conway había optado por recurrir a una versión clonada de la trágicamente fallecida novia de Peter. La mano negra detrás de todo era Miles Warren, profesor de ciencias del protagonista, enamorado en secreto de la joven y que había desarrollado una personalidad psicótica, bajo la identidad del Chacal. Al final de la historia, publicada en The Amazing Spider-Man #144-150 USA (1975), el clon de Gwen optaba por desaparecer de la vida de Peter, mientras que éste arrojaba a una chimenea industrial el cuerpo de su propio clon, aparentemente muerto. Puesto que el héroe y su doble se habían encontrado y confundido entre ellos durante una épica batalla, la duda de si el superviviente era el auténtico o el clon quedaba en el aire, a modo de recurso dramático.

 

Esa duda permitió en los años noventa que ese clon regresara, bajo el nombre de Ben Reilly, y se reclamara como el auténtico Hombre Araña, lo que llevaría a una larguísima aventura, que se extendió durante más de dos años, entre 1994 y 1996, conllevó gran número de decisiones inapropiadas, alienó a los autores, enfureció a los lectores y se saldó con la aniquilación definitiva del clon, con la reafirmación de que Peter Parker era el único, el auténtico y el original Spiderman y con una orden incontrovertible: a partir de entonces, no se volvería a hablar jamás de los clones arácnidos. Era un tabú. Un tema radiactivo.

 

Ocurre que no hay mal que mil años dure y con el paso del tiempo hasta el más siniestro de los recuerdos encuentra algún aspecto agradable. Transcurrida una década de “La saga de Ben Reilly”, algunos pocos autores se atrevieron a recuperar elementos puntuales de aquella historia, que seguía desatando la polémica entre los lectores tan pronto se mencionaba.

 

Ultimate Spiderman representaba la revitalización llevada a cabo con el personaje a partir de la llegada de Joe Quesada a la dirección editorial de La Casa de las Ideas. En el fondo, su nacimiento era consecuencia directa de la búsqueda de un Spiderman comprensible para todo tipo de lectores y que huyera, por tanto, de todo lo malo que había representado “La saga de Ben Reilly”. Pero, una vez consolidado el proyecto de Brian Michael Bendis y Mark Bagley, los lectores empezaron a preguntarse cómo sería una versión Ultimate de la dichosa aventura. Bendis no era ajeno a la polémica, de manera que, cuando la portada de Ultimate Spider-Man #32 USA (2003. Coleccionable Ultimate nº 14. Ultimate Spiderman nº 7: Escrutinio público) mostró a dos Hombres Araña luchando entre ellos, Internet ardió ante la posibilidad de que los clones ya estuvieran aquí. Fue una falsa alarma, puesto que se trataba de un mero impostor.

 

Lo que nadie sabía es que Bendis no había descartado en absoluto hacer ese remake maldito. Sólo que lo haría en sus propios términos: cuando tuviera sentido argumental llevarlo a cabo. De hecho, sería la más ambiciosa historia jamás publicada en la cabecera, de manera que llevaría hasta Ultimate Spider-Man #100 USA y, no contento el autor con ello, lo superaría con creces, hasta convertirse en la saga más extensa que hubiera escrito Bendis para el Hombre Araña Definitivo. El plan fue cuidadosamente trazado, de manera que el germen estaría, como en la continuidad clásica, en la muerte de Gwen. Tal cosa había ocurrido a manos de Matanza, una criatura creada accidentalmente a partir de la sangre de Peter (Coleccionable Ultimate nº 29. Ultimate Spiderman nº 13: Matanza). Una muestra de aquella sangre acabaría en manos del ayudante de laboratorio de Curt Conners, al que Bendis había llamado Ben Reilly, por un lado para hacer saltar de nuevo las alarmas de los lectores, pero por el otro porque él sería el detonante de los acontecimientos.

 

La nueva historia pondría además el foco en el misterio alrededor de los padres de Peter, un tema en el que Bendis se había concentrado desde el comienzo. En la continuidad tradicional, poco antes de “La saga de Ben Reilly”, habían tenido la ocurrencia de resucitarlos, sólo para luego explica que se trataba de un par de androides controlados por un villano: un pequeño sinsentido argumental que sólo fue olvidado por los lectores porque el desastre del clon fue todavía mayor. Bendis tomó buena nota: incorporaría aquello a su historia. Incluso sacaría partido a la idea de Joe Michael Straczynski de que Peter y tía May tuvieran una larga conversación al respecto de las actividades superheroicas del sobrino, una vez ella descubriera su identidad secreta. Bendis no estaba muy conforme con la manera en que había reaccionado la anciana. De haber ocurrido en su serie, lo habría manejado de una manera radicalmente distinta. Ahora podría demostrarlo. Por si fuera poco, también habría homenajes a la mítica historia del Amazing Spider-Man #100 USA (1971), en la que Peter conseguía seis brazos extra. “Esto es el Universo Ultimate y estamos en posición de partir de muchas cosas de la continuidad tradicional y construir con ellas nuestra propia leyenda de Spiderman, de una manera que nunca se ha hecho anteriormente”, declararía Bendis al respecto.

 

Los ingredientes, por más que hubieran surgido de los más insospechados lugares, no pendían del vacío, sino que eran la consecuencia natural de cuanto había tenido lugar en la serie hasta entonces: hilos narrativos que se enhebrarían en los nueve capítulos de una historia que rondaría las 230 páginas. Son muchas, desde luego, más que ninguna otra aventura de Ultimate Spiderman, pero la cifra estaba muy alejada de las más de 5.000 planchas que había abarcado “La saga de Ben Reilly” de los noventa, y lo que es más importante, mantenían una coherencia y una planificación irreprochable de principio a fin. Sí, Ultimate Spider-Man por fin se había atrevido con los clones, pero esta vez el resultado no podía haber sido mejor. La aventura representó otro hito para Brian Michael Bendis y Mark Bagley, puesto que con ella superaron el récord de permanencia ininterrumpida del mismo equipo creativo en una serie Marvel, que hasta entonces lo tenían nada menos que Stan Lee y Jack Kirby, con sus 102 entregas continuadas de The Fantastic Four. Y superados semejantes retos, cualquier cosa era posible.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 19

LA HISTORIA DETRÁS DEL NACIMIENTO Y EL DESARROLLO DE SPIDER-GIRL: UN PEQUEÑO MILAGRO FEMENINO ARÁCNIDO

En 1998, Tom DeFalco, veterano escritor y guionista del trepamuros que vivió sus días de mayor gloria en los años ochenta, encontró la manera de seguir escribiendo historias de Spider-Man sin que tuviera que responder a nadie y continuando en el punto en el que había dejado de participar en la franquicia. Él y su amigo Ron Frenz estaban buscando una excusa para volver a trabajar juntos, después de que el artista hubiera estado un tiempo dibujando Superman, y la encontraron con el What If #105 (febrero de 1998), un cómic que viajaba quince años en el futuro para mostrar un universo alternativo en el que Bob Harras nunca había dado la orden de resucitar a Tía May y Peter había luchado una última vez con El Duende Verde, había perdido una pierna y había rescatado a su hija, a la que llamó May en recuerdo de su ahora definitivamente fallecida figura materna. Al cabo de tres lustros May Mayday Parker era una jovencita tan inteligente como su padre y tan extrovertida como su madre. De Peter había heredado también sus poderes arácnidos, y un buen día tomaba el traje del Tío Ben Reilly para convertirse en Spider-Girl y salvar la vida de su progenitor, amenazado por una nueva encarnación de El Duende Verde, que resultaba ser Normie, el hijo de Harry y nieto de Norman. Al final de la historia, Mayday quemaba el traje, tal y como había hecho su padre en la continuidad tradicional, y al igual que él, también volvería a actuar como superheroína al cabo de un tiempo.

 

 

“Quería hacer un What If que fuera diferente a la mayoría, que suelen acabar en muerte y destrucción, para probar que el Universo Marvel es el mejor de los posibles”, comenta Tom D. “Aspiraba a crear una historia que diera la esperanza de un futuro mejor”. Cuando el escritor se aproximó a Frenz con la idea, éste dudó de que el nombre fuera el más apropiado, e incluso preguntó si no estaba disponible el de Spider-Woman. Lo estaba, pero a juicio de DeFalco olía a muerte. “Confía en mí. Debe ser Spider-Girl”, aseguró. Frenz, como había ocurrido en los anteriores proyectos conjuntos, no sólo se encargaría de dibujar la aventura, sino que además participó de su desarrollo argumental. Fue él quien sugirió que adaptaran el traje arácnido de Ben Reilly a la anatomía femenina de Spider-Girl, porque estaba convencido que era perfecto para tal circunstancia. Juntos, abordaron el proyecto como si ninguna aventura de Spidey se hubiera publicado desde finales de los ochenta, y ahora la editorial estuviera relanzando el concepto a través de la siguiente generación. Tomaron la medida de que el cómic pareciera el piloto de una serie de televisión, aunque no barajaran que se presentara la posibilidad de continuarlo. Había una conexión emocional con los personajes, porque era como reencontrarse con Peter y Mary Jane al cabo de todo ese tiempo y descubrir que habían tenido una niña. “Originalmente, estaba basada en mi sobrina”, comenta el guionista. “Su padre, mi hermano, luchó en Vietnam y cuando ella quiso convertirse en policía, él estaba hecho un manojo de nervios. Decía: ‘Ella es una niña, ¿cómo puede pensar en arriesgar su vida?’ Y yo le contestaba: ‘Pero John, tú tenías dieciocho años cuando fuiste a Vietnam’. Me respondía que eso era diferente, que él sabía lo que estaba haciendo y ella no. Siempre me ha gustado ese conflicto entre padres con vida aventurera que temen que sus hijos sigan sus pasos. Cuando tuve que crear a Spider-Girl, pensé que por fin podría usar esas discusiones que mantenían ellos dos todo el tiempo”.

 

 

El debut de la hija de Spider-Man se agotó en pocas horas, lo que nadie se esperaba. En Marvel, felicitaron a DeFalco, porque muchos consideraban el cómic extraordinario, pero lo más sorprendente de todo fue que Bob Harras le llamó un buen día, y le dijo: “Escucha. La cosa esta de Spider-Girl… Entiendo que querrás hacer una serie, ¿verdad?”. Había visto los bocetos trazados por Frenz para establecer al personaje, y asumió que se trataba de una propuesta para un cómic mensual, pero a Tom D nada de eso se le había pasado por la cabeza, por más que la cantidad de material de background que llegaron a hacer estaba por encima de lo habitual. “Bien, he tenido esta idea”, respondió Harras. “Queremos hacer una bolsa con cómics que vendamos en grandes almacenes, pero gran parte del material que hacemos no es apropiado para eso, así que algunos autores clásicos nos harán algo para ese mercado. ¿Estarías interesado?”.

DeFalco dijo que sí. Marvel Comics 2 había nacido.

Para el guionista, y al contrario de lo que no demasiado tiempo atrás había supuesto la línea 2099, el futuro de Marvel no debía ser apocalíptico ni pesimista, sino un tiempo muy parecido al actual en el que los hijos de los antiguos superhéroes aceptaron la herencia de sus padres y siguieron adelante, sin coches que volaban ni tecnología imposible, porque las películas de 1983 no mostraban un mundo muy distinto al que existía en 1998. El MC2 enseñaba cómo habría evolucionado el propio Universo Marvel tal y como él lo entendía.

 

 

El lanzamiento simultáneo del primer número de Spider-Girl, A-Next y J2 (octubre de 1998) marcó el comienzo de todo. Estaba previsto que, al cabo de doce números, sustituirían las tres series por otras nuevas, salvo que alguna de ellas funcionara y mereciera una “segunda temporada”. Frenz se involucró, como director artístico no oficial, y tendría que haber dibujado Spider-Girl, mientras que Pat Olliffe se ocuparía de A-Next, pero en cuanto Frenz supo que en esa colección iba a estar el hijo de Thunderstrike, un personaje que había creado él mismo y que estaba deseando utilizar, pidió el cambio. Tras su paso por Untold Tales, Olliffe parecía la elección perfecta para la Chica Araña.

De cara al plan de Harras, Spider-Girl y A-Next se posicionaron enseguida como las destinadas a sobrevivir, pero la hija de Spider-Man ganó la partida. A-Next fue reemplazada por Fantastic Five y J2 por Wild Thing, pero entonces el acuerdo de distribución que se había apalabrado no pudo cerrarse, por lo que en Marvel prefirieron cancelar la línea al completo. Fantastic Five y Wild Thing cayeron tras apenas unos pocos números publicados, mientras que el Spider-Girl #17 se programó como el último.

Fue la primera vez que el título se vio al borde del abismo. La primera de muchas. En esta ocasión, alguien dentro de la editorial comprobó que las ventas estaban siendo buenas, lo que supuso una prórroga. Para las siguientes amenazas, los grupos de fans saltaron a la palestra, con intensas campañas de Internet que se saldaron en victoria. “Cada vez que Spider-Girl fue cancelada, yo no hice nada. Sólo asumí que se había acabado”, aseguraba Tom D. “Fueron los fans quienes, sin que yo les animara a hacerlo, hicieron oír su desaprobación”.

 

En el cómic propiamente dicho, DeFalco alternaba elementos conocidos con otros nuevos, aunque siempre con un aire nostálgico. De esta forma, May asistía al Instituto Midtown, como hiciera Peter, si bien ella resultaba popular entre sus compañeros y jugaba al baloncesto como una estrella. En el elenco de secundarios abundaban las caras conocidas, incluidos J. Jonah Jameson, Phil Urich, Flash Thompson y Felicia Hardy (estos dos emparejados y también con una hija) o el resto de los héroes del MC2. Los compañeros de instituto se dividieron entre los populares, que enlazaban con el lado más abierto de la protagonista, y los empollones, que apelaban a su corazón nerd. La serie siguió un esquema que evocaba los tiempos gloriosos de la Franquicia Arácnida, con gran parte de la atención descansando sobre la relación de Mayday con sus amigos del Midtown y con su familia, poniendo el acento sobre los conflictos que acarreaba su actividad superheroica. Tom D ya había cumplido los cincuenta cuando empezó a escribir las andanzas de la quinceañera. Sus adolescentes recordaban más a los de veinte años atrás que a los que poblaban los institutos en la primera década del siglo XXI, pero al menos sí consiguió dotarles de una enorme diversidad, e incluso se atrevió con temas polémicos, que no solían encontrarse en un cómic dirigido a todos los públicos.

Al igual que le ocurriera al trepamuros original, Spider-Girl sufría su condición de heroína novata; luchaba con un buen número de villanos peculiares que luego formaron su grupo de supercriminales, Los Seis Salvajes; perdía los poderes durante una pequeña temporada; peleaba una y otra vez con El Duende Verde, quien acababa por reformarse e incluso por caer enamorado de ella; se encontraba con los hijos de la primera Spider-Woman o de Ben Reilly, y se veía frente a su propio clon, April Parker. De hecho, las alusiones a “El retorno del clon” fueron en aumento conforme avanzaba la cabecera; inicialmente, bajo la orden de ignorar la existencia de Ben Reilly, eran escasas y veladas, pero al cabo de los años se hicieron más presentes, hasta que los autores llegaron a recuperar a Kaine o los Scrier.

DeFalco cerraba cada hipotético último número con una splash de despedida, pero luego se encontraba con un cambio de planes de última hora. Tras una sucesión de tentativas de cierre, el Spider-Girl #60 (julio de 2003), en el que acababa de nacer Benjamin Richard Parker, el segundo hijo de Peter y Mary Jane, debía ser el último con total seguridad. Olliffe incluso tenía ya un nuevo encargo y para los tres números finales se había requerido la vuelta de Frenz. A Tom D le aseguraron hasta en tres ocasiones que no habría vuelta atrás. En aquel entonces y desde hacía mucho tiempo, Spider-Girl era ya el único título que seguía escribiendo para Marvel. Una vez cerrase, su relación con la editorial habría acabado para siempre. Se acercó a las oficinas para despedirse de todo el mundo y, apenas dos semanas después, Andy Schmidt, el editor de Spider-Girl, le telefoneó para decirle que la cabecera se había ganado otra oportunidad más. “¿Puedes tener un argumento para el viernes?”, preguntó.

 

Era el 1 de abril de 2003 y el guionista entendió que se trataba de una broma del April Fool’s Day. “Oh, ¿sólo necesitas uno? Puedo hacer cuatro o cinco para el viernes”, respondió, siguiendo la supuesta broma. Y colgó. Schmidt, por entonces un recién llegado a Marvel, hablaba en serio. Insistió, pero DeFalco colgó un par de veces más, igual que colgó a todo el mundo que, a petición del editor, le vino con la misma cantinela. Finalmente, Tom Brevoort llamó. “Son las siete y media de la tarde, todavía estoy en la oficina y eres la última persona con la que quiero hablar”, le dijo. “La serie no está cancelada. Sé que es el 1 de abril. Voy a llamarte mañana y a recordarte esto. Pero de verdad que necesitamos ese argumento para el viernes. Créeme, te lo pagaremos”. Por fin convencido, a DeFalco sólo le quedó por decir una última cosa: “Si lo necesitas para el viernes, lo tendrás el viernes”. Acto seguido, habló con Frenz y le confesó que no tenía ni idea de qué clase de historia podía contar. Sólo se le ocurrió el título, “Marcada por la muerte”, de lo más apropiado dadas las circunstancias. Sería una historia de misterio en varios números, algo inusual para la serie, pero en aquel momento estaba claro que Mayday Parker tenía dos tipos de seguidores, los que no se perdían ningún episodio y los que leían sus aventuras a través de los tomos recopilatorios. La estructura en sagas beneficiaría a éstos. Tras el Spider-Girl #60, Frenz se quedó como dibujante fijo, con puntuales regresos de Olliffe y, un poco más adelante, con Sal Buscema a las tintas, lo que hizo de la colección el título más eminentemente clásico de Marvel, una especie extraña que no tenía con qué equipararse. Incluso nacieron productos derivados a su alrededor, como las miniseries Last Hero Standing (2005) y Last Planet Standing (2006), microeventos a cargo de DeFalco y Olliffe de los que participaban todos los héroes del MC2 y que llegaron a vender por encima de la propia Spider-Girl.

 

 

En todos los años en los que la hija de Spider-Man se mantuvo a salvo, Marvel no publicaba nada tan remotamente nostálgico y orgullosamente retro, plagado de alusiones a cómics con décadas de antigüedad que sólo podían pillar los más entregados fans, y a su vez imbuido de un espíritu para todos los públicos que sirvió a La Casa de las Ideas para reciclar el producto fuera de las librerías especializadas, mediante tomos en formato digest que alcanzaron cifras sorprendentes y permitieron el rescate, en el mismo formato, de otros títulos del MC2 originario. Paso a paso, Spider-Girl llegó a convertirse en la superheroína de Marvel con un mayor número de aventuras publicadas. Una vez que el éxito comercial dejó de acompañar, la editorial la sostuvo todavía con vida por el prestigio que eso suponía, pero la situación no pudo mantenerse eternamente.

La colección llegó al centenar de entregas publicadas (septiembre de 2006), para regresar, con una segunda serie, The Amazing Spider-Girl, un par de meses más tarde y durante treinta entregas más, la última con fecha de mayo de 2009. A continuación, DeFalco, Frenz y Buscema encontraron cobijo temporal para el personaje, como complemento de la revivida Web Of Spider-Man, pero sólo durante siete breves números. Todavía hubo un intento más, en forma de miniserie de cuatro entregas, Spectacular Spider-Girl (julio-octubre de 2010). Tras una breve existencia en cómic digital, dentro de la web de Marvel, la saga parecía destinada a terminar en Spider-Girl: The End (octubre de 2010), porque tras el lanzamiento de ese especial Marvel decidió utilizar el nombre con otro personaje, adscrito a la continuidad tradicional y cuya andadura no pasó de los ocho números, pero Mayday todavía tenía un futuro por delante.

 

Tom DeFalco terminaba cada aventura de Spider-Girl con la misma frase: “El fin… ¡Por ahora!”. En un principio, era una manera de enviar el mensaje a los lectores de que todos los episodios eran autoconclusivos, y por lo tanto podían empezar a leer por donde quisieran. Cuando la posibilidad de cierre quedó instalada en el ánimo del autor, pasó a ser una manera de cubrirse las espaldas. Pero cuando los fans contemplaron que Spider-Girl regresaba siempre, llegaron a interpretar ese “por ahora” como una promesa de que, pasara lo que pasara, habría una siguiente historia. Quizás Spider-Girl ya no cuente con una colección mensual, pero puede que esté destinada a regresar al Universo Arácnido cada cierto tiempo, al menos mientras viva su guionista, al que un día le pidieron que escribiera su propio epitafio: “Aquí yace Tom DeFalco, que trató de entretener a algunas personas. A veces lo consiguió. Gracias por estar ahí”.

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada.

LA SAGA DEL CLON: EL MONTAJE DEL DIRECTOR

EL ORIGEN DE LAS ESPECIES

La más polémica aventura de la dilatada trayectoria de Spiderman se publicó entre 1994 y 1996, a lo largo de unos doscientos tebeos. Sin embargo, para entender todas sus implicaciones, hay que retrotraerse hasta mucho tiempo atrás. En concreto, a los años setenta, y es ahí donde ha de empezar nuestra historia. Por aquel entonces, el Hombre Araña ya tenía a sus espaldas una larga trayectoria compuesta por diversas etapas. Estaban los años fundacionales, con Stan Lee y Steve Ditko a los guiones, en los que Peter Parker era un adolescente apocado que aprendía el oficio de superhéroe; y estaba la época dorada, con John Romita a los dibujos, durante la que la serie había añadido un importante componente romántico, gracias a la llegada de las dos chicas entre las que se dividía el corazón del protagonista, la carnal y excitante Mary Jane Watson frente a la dulce e inocente Gwen Stacy. Sería esta última la elegida por Peter Parker, pero también la que encontraría un destino fatal a manos del peor enemigo del héroe, en una aventura publicada en 1972 y escrita por Gerry Conway, un guionista de apenas diecinueve años que acababa de recibir la serie de las manos del mismísimo Stan Lee.

 

La muerte de la novia del héroe, lo que hoy en día ha llegado a convertirse casi en un tópico, era por aquel entonces un imposible. El impacto que causó en los lectores fue incomparable, hasta el punto de que muchos sintieron la pérdida como propia. La conmoción llegó a tal nivel que, dos años después, todavía eran muchos los que reclamaban el regreso de Gwen Stacy mediante cualquiera de los muchos trucos que se utilizan en los cómics de superhéroes para recuperar a los personajes populares. Sólo que Marvel en general, y Gerry Conway en particular, se negaban a ofrecerles eso. En su lugar, el escritor tejió una saga que puso a prueba la cordura de los aficionados arácnidos.

 

Un buen día, en la puerta de Peter Parker, apareció Gwen. ¡Estaba viva! Sólo que no era la Gwen de siempre, que, como muy pronto se comprobó, seguía muerta y enterrada. Esta otra Gwen era un clon creado por Miles Warren, un profesor que se había obsesionado con la joven y que, como no podía ser de otra forma, se había convertido en un villano deseoso de acabar con Spiderman, que respondía por el nombre del Chacal. En el climax de la aventura, Spiderman descubría que el de Gwen no era el único clon que el Chacal había concebido: también realizo un clon del propio Spiderman: el arma perfecta para acabar con el trepamuros. La saga se resolvería en Amazing Spider-Man #149 USA (1975. Spiderman: Los imprescindibles nº 7). En sus páginas, tanto el Chacal como el clon del lanzarredes encontraban la muerte, mientras que la doble de Gwen decidía buscar su propio camino, lejos de la sombra de su doble genético, y Peter entregaba al fin su corazón a Mary Jane, cumpliéndose así el verdadero objetivo de Conway a la hora de desarrollar este argumento.

 

 

EL REGRESO DEL CLON

Salvo por menciones ocasionales, y la aparición puntual del clon de Gwen en un Anual, no se volvió a profundizar en el asunto del clon durante los siguientes veinte años, Muchos guionistas preferían no tocar ese argumento. A principios de los ochenta, Roger Stern llegó a planificar una historia en la que el clon de Gwen había envejecido aceleradamente, para morir finalmente en la paz de un monasterio, pero decidió abandonar la trama antes siquiera de sentarse a escribirla. A lo largo de ese tiempo, Peter Parker contrajo finalmente matrimonio con Mary Jane, a la vez que el Hombre Araña alcanzaba nuevas cotas de popularidad, que llevaron a Marvel a multiplicar exponencialmente el número de sus series. A mediados de los años noventa, la sensación de que Spiderman ya no resultaba tan atractivo para los lectores se había hecho fuerte, y con ella, llegaría también la intención de buscar la manera de arreglar las cosas. Los autores y editores, con toda la buena intención del mundo, querían quitar lastre al héroe, hacerlo de nuevo divertido y romántico, devolverle su soltería, su espontaneidad y su infelicidad crónica.

 

En ese contexto, Terry Kavanagh, uno de los escritores de las diversas colecciones arácnidas, propuso en una reunión de trabajo celebrada en 1993 que trajeran de vuelta al clon: no al de Gwen, sino al del propio Spidey, un regreso que provocaría todo un cataclismo a todos los niveles. Conscientes de las posibilidades que dicho argumento ofrecía, toda la oficina arácnida decidió apoyarlo decididamente. Tom DeFalco, Director Editorial de Marvel en aquel entonces, no sólo daría luz verde a la saga, sino que se sentiría tan entusiasmado con ella que incluso decidiría sumarse a los autores de la misma.

 

Inicialmente, el arco argumental se desarrollaría a través de las cuatro colecciones que el lanzarredes protagonizaba. Dicho y hecho: en Web of Spider-Man #117 USA (1994. Spìderman vol. 2, nº 6 de Forum), el clon entraba en escena, bajo el nombre de Ben Reilly. Había logrado sobrevivir a los acontecimientos del Amazing Spider-Man #149 USA, llevaba cinco años “recorriendo América”, y tomaba la decisión de regresar al descubrir que tía May estaba grave. En los meses siguientes, Ben se alzó como la gran estrella de las series arácnidas: convertido en un nuevo superhéroe, la Araña Escarlata, luchó contra los peores enemigos del lanzarredes y se ganó la confianza de los aficionados, que veían en él a un Peter Parker que no había gozado de la buena suerte del que conocían, pero había sabido construirse a sí mismo y sobreponerse a sus desgracias. A su vez, el verdadero Peter era arrastrado por la oscuridad y la depresión, apareciendo cada vez más antipático ante los lectores.

 

 

El plan de guionistas y editores consistía en que la saga concluyera después de seis meses (unos veinticinco tebeos, teniendo en cuenta la gran cantidad de colecciones arácnidas)… Pero las cosas no salieron como tenían pensadas. Las ventas enseguida comenzaron a aumentar. Los autores se divertían con su trabajo como nunca habían hecho, y ese entusiasmo se transmitía en una gran historia-río plagada de sorpresas y conspiración, que dejaba siempre con el deseo de que llegara el próximo número. En la editorial también se entusiasmaron, a su manera. Amaban al clon, y lo querían presente tanto tiempo como fuera posible. Fue en ese punto donde empezaron los problemas. Ante la petición de retrasar la conclusión de la saga, se tuvo que improvisar, alterar decisiones ya tomadas, incorporar nuevos autores poco experimentados y estirar los argumentos deprisa y corriendo, con la consiguiente multiplicación de incoherencias y el bajón en la calidad de la saga, que fue perceptible después del Amazing Spider-Man #400 USA (1995. Spiderman vol. 2, nº 12), un emocionante episodio en el que se narraba la muerte de tía May y tras el que los guionistas se quedaron sin nada interesante que contar, pero muchas páginas que rellenar.

 

La puntilla llegó cuando se hizo necesario poner fin a “La saga de Ben Reilly”. En el ánimo del equipo creativo estaba que Peter se retirara a causa de su próxima paternidad y Ben tomara su lugar, aunque sólo de forma momentánea. Sin embargo, los convulsos tiempos que vivía Marvel influyeron en contra de la ejecución de esas intenciones. La dirección de la compañía cambió, y el nuevo director no tenía claro a qué carta jugar con Spiderman. Decidió, sin demasiados elementos de juicio, que Ben sustituyera a Peter de manera permanente, estableciendo incluso que el que había sido Peter durante veinte años era en realidad el clon, mientras que Ben se alzaba como el auténtico.

 

La respuesta de los aficionados fue rápida y unánime. No querían a Ben Reilly como Spiderman, ni mucho menos querían que el Peter Parker al que habían seguido durante dos décadas fuera calificado de impostor. La saga, cerrada en falso, todavía tendría que continuar durante unos meses más, hasta que, finalmente, en Peter Parker: Spider-Man #75 USA (1996. Nuevo Spiderman nº 12 de Forum), se llevó a cabo la corrección. El catalizador fue un inverosímil regreso de la muerte por parte de Norman Osborn, que se descubría como la mente maestra detrás de cuantas desgracias le habían ocurrido al Hombre Araña en los años anteriores. Peter volvía a vestir las telarañas, Ben Reilly moría heroicamente, a la vez que se aclaraba su condición de copia, y el embarazo de Mary Jane terminaba en tragedia: no habría bebé que cuidar y que obligara a dejar aparcado el uniforme arácnido. Y por si fuera poco, al cabo de unos meses, tía May también estaría de nuevo en danza.

 

 

En definitiva: Las cosas volverían a estar en su sitio, pese a que el daño padecido fue demasiado grande. Durante la etapa de Ben Reilly como Spiderman, las ventas descendieron de manera preocupante, en un contexto general ya de por sí átono. Muchos eran los aficionados que habían retirado su apoyo al nuevo Hombre Araña, furiosos por lo ocurrido. En la Casa de las Ideas decidieron que nunca más se volvería a hablar de clones ni a poner en duda que Peter Parker sea Spiderman. Y pese a todo, el icono tardaría todavía varios años más en recuperar el pulso, mientras que algunas de las consecuencias de lo ocurrido permanecerían activas, hasta el punto que Norman Osborn es, a día de hoy, una pieza fundamental del Universo Marvel.

 

EL MONTAJE DEL DIRECTOR

Tres lustros después de la publicación de “La saga de Ben Reilly” los ánimos se han calmado, en gran parte porque una gran cantidad de nuevos lectores siguen ahora las aventuras de Spiderman, y muchos de ellos se preguntan en qué consistió aquello tan polémico. Mark Millar, en una viñeta de su excepcional Marvel Knights: Spiderman (2004), fue el primero en el siglo XXI en atreverse a escribir, negro sobre blanco y con todas las letras, el nombre maldito: Ben Reilly. Las bromas, los chistes privados, las alusiones a los clones introducidas por lo bajini en los diálogos de Spiderman se fueron haciendo cada vez más ocasionales, sobre todo por parte de Brian Michael Bendis, en Nuevos Vengadores. Fue éste el guionista que se atrevió a ofrecer su propia versión de la “maldita” saga, en Ultimate Spiderman, y con resultados más que satisfactorios, prueba de que la idea no era mala por sí misma, y que su ejecución mejoraba en extremo cuando se dejaba a los autores hacer su trabajo.

Pero el detonante del proyecto que tienes en tus manos vino, curiosamente, a causa de las excelentes ventas logradas por el primer volumen recopilatorio de “La saga de Ben Reilly”, un tochazo de más de 400 páginas publicado por Marvel en Estados Unidos que apenas sería el primero de los muchos volúmenes necesarios el evento completo. Si había tanta gente dispuesta a hacerse con la más denostada aventura de Spiderman, quizás habría un puñado de lectores deseosos de conocer algo muy especial…

 

Y así es como llegamos a este volumen. Tom DeFalco fue el Director Editorial de Marvel que aprobó la elaboración de la historia, allá por 1994. Howard Mackie fue el guionista que tuvo que concluirla, dos años después. El dibujante Todd Nauck todavía no había entrado en la industria cuando todo esto ocurrió, pero ha dibujado a Spiderman durante algún tiempo, y su estilo recuerda en cierta forma a algunos de los autores de la aventura primigenia, como el ya olvidado Steven Butler, o el ahora inaccesible Mark Bagley. Entre todos ellos han compuesto un producto verdaderamente inusual, una “versión del director” de la saga original o, como prefiere definirlo DeFalco, “una oportunidad para dos viejos escritores de Spiderman para demostrar que todavía pueden lanzar algunas interesantes telarañas”.

 

 

¿Contiene este tomo “La saga de Ben Reilly” que le hubiera gustado escribir a los guionistas originales? Es probable que no. Para empezar, porque han pasado quince años, la memoria es débil y muchas notas de las reuniones de entonces se han perdido para siempre. Para continuar, porque faltan piezas fundamentales de aquel equipo, como J. M. DeMatteis, el guionista que mejor definiera a Ben Reilly, o Terry Kavanagh, el tipo que, pese a sus escasas habilidades como escritor, debe llevarse el mérito de haber tenido la idea original. Y para finalizar, porque aquellos elementos que configuraron los cómics que vieron la luz durante esos dos años han determinado mucho de lo que aquí se cuenta. Sorprende, por ejemplo, que DeFalco y Mackie recurran aquí a Norman Osborn, puesto que la única figura en la sombra que se les pasó por la cabeza en un principio fue la de Miles Warren, y la opción de resucitar a Norman no llegara hasta mucho tiempo después.

 

Por el contrario, estos seis números que condensan, redefinen y alteran aquel caudal infinito de tebeos sí se acerca, en espíritu, a lo que podía haber sido pero no fue “La saga de Ben Reilly”: una trascendental aventura de Spiderman con un principio, un nudo y un desenlace planificados con coherencia. Las cosas son como son, y no como nos hubieran gustado que fueran, pero hay que alabar este sorprendente experimento que se lee como un desquite por parte de sus autores: otra una manera de decirnos que las cosas se podrían haber hecho mucho mejor. Quién sabe si este proyecto será el germen que lleve, algún día, a reposicionar en el escenario a Ben Reilly. Tantos años después, con la perspectiva que da el paso del tiempo, va a ser verdad eso de que algunos le echamos de menos.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Spiderman: La saga del clon

Phil Urich: los años del Duende Verde

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Como todos sabemos, el actual Duende es el sobrino del mítico periodista del Bugle, Ben Urich, y es el villano con más presencia en Amazing desde el famoso Mefistazo, sin contar a Norman, claro. Sin embargo, el concurso de Phil Urich en la serie ya tiene unos cuantos años y aunque llegó a tener cabecera propia -de 13 números- cuando se enfundó el traje del Duende Verde, pasó sin pena ni gloria por la franquicia arácnida(entonces era Ben Reilly quien estaba bajo la máscara de Spider-Man).
Vamos a hacer un repaso de la vida de Phil antes de convertirse en el Duende.

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