1984. LA PATRULLA-X Y ALPHA FLIGHT: LA REUNIÓN DEL DREAM TEAM QUE NUNCA OCURRIÓ

ES 1984. ¿En qué llevan razón quienes critican a Marvel por aprovechar el filón X-Men? Productos tan honrosos como Muerte vivaconviven con otros que lo son algo menos, como las miniseries Iceman  y Beauty and the beast (ambas de XII 84-VI 85), o Nightcrawler(XI 85-II 86). Mary Jo Duffy, una de las mejores amigas de Claremont, trabaja en The Misfits, título derivado de The New Mutantsque no acaba de encontrar fecha de publicación; y otros autores preparan proyectos más o menos oportunistas, protagonizados por mutantes de pega, como es Firestar(III 86-VI 86), mediocre inserción en el Universo Marvel de una heroína procedente de la serie de dibujos animados Spider-Man and his amazing friends. La única miniserie en la que trabaja Claremont este año es un proyecto que Jim Shooter lleva sugiriendo desde hace meses. El director editorial pretende reunir de nuevo al Padre Mutante con John Byrne. Se trataría de que ambos hicieran una miniserie protagonizada por la Patrulla-X y Alpha Flight, grupo cuya colección creara Byrne dos años atrás. Se anuncia la salida para ese mismo invierno y Claremont, siempre cuidadoso con la continuidad, inserta la historia entre medias del UXM 192.

En cuanto Ann Nocenti, editora mutante, y Dennis O’Neil, editor de Alpha Flight, empiezan a trabajar en el nuevo título, Byrne anuncia que cambia cromos con Bill Mantlo. Éste pasa a encargarse de los Alphas y él a ocupar Incredible Hulk. En principio, no tiene por qué haber problema para que siga adelante el crossover con la Patrulla-X, pero el canadiense se desentiende del proyecto. Alega que su llegada a la colección del coloso esmeralda y la preparación de una novela gráfica dedicada a Hulka se llevan veinticinco horas diarias de su tiempo. Los editores insisten en seguir adelante sin Byrne, aunque sea con un especial de treinta y dos páginas que aproveche lo que llevan avanzado, pero es necesario un dibujante. Nocenti llama por teléfono a Paul Smith.

 

-Hola chico. ¿Te apetece hacer un número especial de la Patrulla-X?

-Déjalo, Ann. Seréis muy majos y todo lo que tú quieras, pero no me interesa la Patrulla-X. Estoy harto de que sólo me pidan dibujos de la Patrulla-X. No quiero que me volváis a llamar para hacer un cómic de la Patrulla-X. ¿Vale? Venga, un beso.

 

Por la tarde, Smith se acerca a una tienda de motocicletas. Antes de entrar, se queda pegado al escaparate. Acaba de enamorarse. Ella es la última BMW. La primera desde los años cincuenta que lleva un flamante motor nuevo. Tiene que ser suya.

 

-Hola Ann, soy Paul Smith. Me acabo de enterar que antes has llamado a casa y has hablado con mi Malvado Hermano Gemelo. Eso que te ha dicho de que no quiero trabajar para vosotros es mentira. Estoy deseando volver. ¡Con lo que a mí me gusta la Patrulla-X! De hecho, ¿qué es eso de treinta y dos páginas? ¡quiero dibujar cien!

 

Cien páginas de Paul Smith es igual a lo que cuesta una BMW nueva de 1985. El especial se convierte así en una miniserie compuesta por dos números dobles. Para completar el equipo creativo, se recupera a Bob Wiacek, entintador de Smith durante su etapa en Uncannyy que ahora se ocupa de Power Pack. Puesto a elegir villano, Claremont decide olvidarse de los habituales de la Patrulla-X y ni acercarse a los que Byrne ha creado para Alpha Flight. A sugerencia de los editores, recurre a Loki, el malvado hermanastro de Thor, lo que entronca con la gran saga que viene desarrollando Walter Simonson en la colección del Dios del Trueno. Claremont nunca ha trabajado con las deidades asgardianas, por eso le resulta mucho más sencillo dejar de lado los típicos planes de conquista del Señor de la Mentira para entrar en su retorcida mente. ¿Cómo actuaría Loki si le obligaran a comportarse con bondad? De esa pregunta nace la historia. Loki hace un regalo a los humanos. Les concede una fuente de poder que transforma en poco menos que dioses a quienes pasen por ella. Los primeros agraciados son la tripulación de la avioneta que pilotan Madelyne Pryor y Cíclope. El guionista los denomina provisionalmente the Bersekers, el nombre que utilizan los guerreros mitológicos encargados de proteger a Odin, y encarga a Smith que los diseñe a partir de una vaga influencia asgardiana. Éste se basa en los Thorde Walter Simonson para crear personajes individualizados con poderes más místicos que superheroicos. A pesar de que recuperen su normalidad una vez terminada la aventura, Claremont no descarta recuperarlos en un futuro que nunca llega.

“Aprendí muy joven que las cosas no se obtienen gratis. Quiero saber el precio”, dice Estrella del Norte. El precio del regalo de Loki es la pérdida de la magia sobre la Tierra. Los seres mágicos, como Shaman o Ave Nevada, comienzan a agonizar, mientras que los demás olvidan su capacidad para concebir historias. En lugar de la típica lucha de un grupo de superhéroes contra otro, hombres-X y Alphas se agrupan en función de los que están decididos a sacrificar la vida de sus amigos (Coloso, Sasquatch, Madelyne o Rachel) y aquellos que sostienen que el fin nunca justifica los medios (Lobezno, Cíclope, Xavier, Estrella del Norte, Talismán o Kitty).

La pelea termina con la llegada de Loki, dispuesto a obligar a que acepten su regalo aquellos que no lo quieren. Loki no puede actuar bien, concluye Claremont. Eso significa que se comporte desinteresadamente. Pero su naturaleza embustera no concibe hacer nada por nadie sin esperar algo a cambio. La miniserie resultante sigue la línea del equipo creativo. Una sólida historia construida sobre excepcionales personajes magníficamente tratados que sienten y se comportan como si fueran reales. Satisfecho con el resultado, tan alejado de los escenarios y las situaciones propias de los hombres-X, Claremont decide continuar en los anuales mutantes de ese mismo año. Sucede que Paul Smith ya tiene suficiente dinero para comprar su moto.

Ann Nocenti sugiere entonces el nombre de Arthur Adams, con quien acaba de terminar la miniserie Longshot. (IX 85-II 86). Adams, un chaval californiano de apenas veintidós años, tiene un estilo lleno de barroquismo y belleza. Necesita una obra que le consolide y, a pesar de su lentitud, accede a dibujar los dos especiales. La acción traslada a los Nuevos Mutantes primero y a la Patrulla-X después a Asgard, lo que requiere la coordinación con Ralph Macchio y Walter Simonson, editor y autor, respectivamente, de Thor. Simonson les detalla cuál va a ser exactamente la situación en el país de los dioses nórdicos en el momento en que sea visitado por los chicos de Xavier, además de incluir un par de referencias mínimas en el Thor 362 (XII 85). Claremont le promete tener cuidado con el tratamiento de los personajes y escenarios. Todo tiene que encajar como un inmenso puzzle, para acentuar la coherencia del Universo Marvel. A continuación, Claremont entrega a Adams un centenar de folios con el argumento de cada Annual. Ambos autores están apasionados con la historia, que empieza a crecer y crecer, en paralelo a sus cuentas de teléfono. El número de los bebés-X salta enseguida de cuarenta y ocho a sesenta y cuatro páginas dibujadas. Existe un New Mutants Annual1 publicado en 1984, último estertor de Bob McLeod en la colección. El de Arthur Adams debería ser el Annual2, pero Nocenti quiere destacar de alguna forma la excepcionalidad del producto, por eso le encarga a Adams una portada doble y decide denominarloNew Mutants Special Edition 1. La segunda parte se queda como Uncanny X-Men Annual 9. La complejidad llega a un nivel tal que Nocenti escribe una columna en el Marvel Age en la que explica cuál es el orden en el que tiene que leerse cada una de las partes de la saga. “Dieciocho mutantes viven en la Mansión-X”, explica Nocenti. “Y eso sin contar con invitados y amigos. Este verano van a viajar de El Cairo a Asgard, de Asgard a París, y de París a Etiopía”

1985. DE CÓMO LA FURIA DE ALAN MOORE ALTERA DOS AÑOS DE ARGUMENTOS

Etiopía es, durante 1985, una referencia obligada para la industria del ocio. Al mismo tiempo que en la oficina-X preparan los especiales de Asgard, un grupo de cantantes entre los que se encuentran figurones tales como Bruce Springsteen, Michael Jackson o Tina Turner publican el disco coral USA for AFRICA We are the world, iniciativa de Bob Geldof destinada a recaudar fondos para paliar el hambre en el Continente Negro. A rebufo de la ola caritativa que recorre America, Berni Wrightson sugiere a su amigo Jim Starlin que preparen un cómic que sea el USA for AFRICA de Marvel, con los mejores guionistas y dibujantes de la industria trabajando por tan honorable causa. Starlin habla con Jim Shooter, al que le parece una gran idea. No es la primera vez que la editorial ha publicado tebeos con fines benéficos, como por ejemplo el Power Pack and Spider-Man (1985) destinado al Comité Nacional para la Prevención del Abuso Infantil. Al día siguiente, Shooter trata el tema con Mike Hobson y Jim Galton, publisher y presidente de Marvel, respectivamente. Ellos creen que, si los autores van a donar sus sueldos, la Casa de las Ideas debería hacer lo mismo. Puestas también al corriente, al carro de la solidaridad se suben tanto la distribuidora Curtis Circulation como algunas librerías especializadas. Se decide que el cómic esté protagonizado por la Patrulla-X, los protagonistas de la serie regular que mejor vende. También se anuncia a distribuidores, libreros y lectores que la tirada será única. Una vez terminada la impresión, se destruirán los fotolitos. La venta completa de la edición queda así asegurada.

 

El proyecto recala en Ann Nocenti y Chris Claremont, que se ocupan de reclutar a los guionistas, mientras Starlin y Wrightson se encargan de los dibujantes. El argumento básico se prepara entre los cuatro. La sesión creativa empieza a mediodía, en un restaurante, y se extiende hasta altas horas de la noche, ya en la oficina-X. A última hora, Shooter añade un par de ideas. El tema principal, comenta Claremont, es que la Patrulla puede salvar el mundo, puede salvar el universo, pero no puede salvar a aquellos que se mueren de hambre. Las escenas son cuidadosamente repartidas en función de quienes han de realizarlas. Stan Lee se ocupa de las páginas de presentación junto a John Romita Jr. y John Buscema.

 

Tras éstas, la acción se divide en arcos de entre dos y tres planchas protagonizados por los diferentes hombres-X. John Byrne accede a dibujar la segunda secuencia, que cuenta además con el entintado de Terry Austin. Tampoco ahora llega a reunirse el Dream Team. Quien escribe la escena no es Claremont, sino Weezie Simonson.

Berni Wrightson convence a su amigo y colaborador ocasional Stephen King para que escriba la terrorífica secuencia en la que el villano, nada menos que la encarnación del hambre, tortura a Kitty.

Alan Moore y Richard Corben se ocupan de que Magneto se enfrente a su horrible pasado (impagable la viñeta en la que Hitler reconoce al Amo del Magnetismo como su más avanzado pupilo).

Frank Miller comparte su reencuentro con Lobezno con el aclamado autor de ciencia-ficción Harlan Ellison, esta vez acompañado de las tintas de Bill Sienkiewicz.

Claremont se reserva las páginas dedicadas a Tormenta, en las que une sus fuerzas a las de Brian Bolland, uno de sus dibujantes predilectos.

Mike Baron y Steve Rude, responsables del independiente Nexus, ofrecen a continuación su visión del grupo al completo.

George R.R. Martin, otro gran escritor de terror, se ocupa de las páginas en las que la Patrulla-X llega a Etiopía en busca de su enemigo.

A los ya mencionados se añaden los nombres de Bill Mantlo, Mary Jo Duffy, Denny O´Neil, Joe Sinnot, Bob Layton, Brent Anderson, Klaus Janson, Clarles Vess, Mike Kaluta, John Bolton, Bruce Jones, Steve Englehart, Paul Gulacy o el mismísimo Jim Shooter. El cómic lo cierran Archie Goodwin, Howard Chaykin y Walt Simonson. En total, ochenta y dos guionistas, dibujantes y entintadores repartidos en veintiún equipos creativos.

Claremont entiende X-Men: Heroes for hope como un gran tributo a todos aquellos que han trabajado en la serie en los últimos diez años. Por una vez en la vida, otros escritores tienen la oportunidad de poner su rúbrica en un cómic protagonizado por sus chicos. El gran Patriarca Mutante no sabe muy bien como sentirse. Normalmente, no le resulta cómodo que los hombres-X aparezcan como invitados en otros títulos. Dichas apariciones, si se hacen correctamente, pueden dar una idea general de verosimilitud, pero casi siempre son un mero truco publicitario para vender más. Tanto Weezie primero como Ann después han seguido la política de complicar las cosas a quienes deseen utilizar a los hombres-X en otras colecciones. Heroes for hope es diferente, un caso puntual que no va a repetirse en el futuro. Claremont se estremece cuando lee las páginas dieciséis a dieciocho, escritas por Alan Moore. Este chico ha sido capaz de definir a Magneto mucho mejor de lo que yo he conseguido hacerlo nunca, y en tan sólo tres páginas, piensa. Da igual. Alan Moore nunca trabajaría para Marvel. Además, si hay alguien imprescindible para la Patrulla-X, ése es Chris Claremont.

 

Inmerso en la actividad frenética que suponen la miniserie con Alpha Flight, los especiales con Arthur Adams y la coordinación del Heroes for Hope, le queda todavía hacer frente al siguiente gran acontecimiento mutante de la temporada, el UXM 200, donde tiene lugar el juicio a Magneto por crímenes contra la humanidad.

Un número antes, en el UXM 199 (XI 85), la Hermandad de Mutantes Diabólicos, convertida ahora en Fuerza de la Libertad al servicio del Gobierno, intenta capturar a su antiguo líder. No llegan a conseguirlo, pero él mismo se entrega. “Siempre he estado huyendo de y escondiéndome. Por mi propio bien y el de los mutantes, ha llegado la hora de enfrentarme a mis acusadores a mi destino”, dice. Cincuenta números después de haber comenzado el duro camino hacia el perdón, Magneto comparece ante el Tribunal Internacional que se ocupara del juicio de Nuremberg (UXM 200, XII 85).

Al frente de la acusación está James Jaspers es un fanático perseguidor de superhéroes con capacidad para alterar la realidad y que proviene del serial inglés del Capitán Britania, publicado por la filial de la compañía en Gran Bretaña.

La aparición de Jaspers insinúa un largo argumento destinado a durar los dos años siguientes: Nimrod, el centinela llegado del futuro, va a fusionarse con La Furia, un androide creado por Jaspers que en las historias del Capitán Britania escritas por Alan Moore ha llegado a exterminar a los superhéroes de varios mundos alternativos. Esta nueva amenaza destruirá a Los Morlocks y al Club Fuego Infernal, además de enfrentarse a La Patrulla-X en varias batallas, durante las que Rondador Nocturno se verá gravemente herido. Kitty logrará derrotarlo, con sus poderes de fase, pero también sufrirá las consecuencias. Junto a Rondador, Coloso y Longshot, un nuevo miembro del grupo que ha introducido Ann Nocenti en una miniserie dibujada por Arthur Adams, se marcharán a vivir a Inglaterra. A largo plazo, de todo ese plan surgirá un nuevo equipo, llamado Excalibur. En paralelo, Jaspers se aliaría con la fusión entre Nimrod y La Furia, para reavivar el racismo contra los mutantes. Como respuesta, La Patrulla-X se verá obligada a aliarse con otros mutantes a escala mundial. La batalla final obligará a Forja a unirse con Roma, una deidad que fuera introducida por Claremont en la creación del Capitán Britania, y juntos desterrarán a Jaspers y la criatura a una dimensión paralela, pero en el proceso Jaspers utilizará sus poderes para alterar radicalmente a La Patrulla-X.

 

Cuando Alan Moore, el escritor de las aventuras de Britania en que aparecía Jaspers, descubre esos planes, se enfurece y plantea un problema legal a Marvel al respecto de la utilización de los personajes que él ha creado durante ese periodo. Se resolverá al cabo de un tiempo, pero mientras tanto los abogados de Marvel aconsejan que ningún elemento procedente de esas historias sea utilizado en los cómics. Claremont se ve, por lo tanto, obligado a eliminar tanto a Jaspers como a La Furia de su planificación. Recurrirá, en su lugar, a otros personajes, pero, más allá de esta circunstancia, los cómics que va a escribir en los dos años siguientes mantienen muchas de las situaciones planteadas desde el principio.

La defensa de Magneto que esgrimen sus abogados, Gabrielle Haller y Charles Xavier, es la misma que lleva haciendo Claremont en los últimos años a todos aquellos que quieran escucharle. “Magneto”, explica Gabrielle, “fue convertido en niño… Puede decirse que su vida volvió a empezar. El hombre que era dejó de existir. A todos los efectos, murió. Esa es la máxima pena para cualquier crimen”

“Estamos ante la evolución de un hombre”, dice Claremont. “En nuestro propio mundo, durante treinta y cinco años, Menachem Begin fue considerado un terrorista por el gobierno británico. Ahora, tras su retiro, se ha convertido en primer ministro israelí, respetado en gran parte del mundo. Hace diez años, los vietnamitas eran nuestros peores enemigos. Quién sabe lo que pasará dentro de otros diez. Todo es posible”. No hay veredicto para el Amo del Magnetismo, ya que el juicio no llega a concluir a causa de la intervención de los hijos del Barón Strucker, a quien combatieran Xavier y Magneto en su juventud. La pelea agrava las heridas de Xavier sufridas durante el apaleamiento del UXM 192. Sólo la llegada de Lilandra le permitirá sobrevivir, pero la emperatriz shi’ar necesita curarlo en el espacio, sin asegurar cuando va a devolverlo a la tierra. Llegado a esta situación extrema, el Profesor-X obliga a que Magneto dé un paso al frente:

-Ve a mi escuela. Vigila a mis hombres-X. Enseña a mis Nuevos Mutantes.

-Imposible. Nunca me admitirían.

-¿Tienes miedo?

-Tengo mis razones. No soy digno de tu confianza ni de esa responsabilidad, Charles. No me pidas algo que no puedo cumplir.

-Prueba que eres digno. Piensa en Israel, cuando eras joven. Los sueños. Los ideales que compartimos. Después tomamos caminos distintos. Has dicho que te equivocaste. Que rectificarías. Ésta es tu oportunidad. Haz lo que nadie cree que puedes hacer.

-¿Y si fallo? ¿Y si traiciono tu sueño?

-¡”Nuestro” sueño, maldita sea! Nunca lo sabrás si no lo intentas.

El juicio de Magneto culmina el proceso iniciado por Claremont en el UXM 150: el cambio de bando del que fuera el peor enemigo de la Patrulla-X, un revulsivo equiparable a la muerte de Fénix, una catarsis que da por completo la vuelta a la strip. Puede que Xavier no haya muerto pero, en la práctica, su salida es poco menos que definitiva. El Profesor-X no volverá a dirigir a sus alumnos, no mientras la decisión esté en las manos del Padre Mutante. La Patrulla-X vuela ahora en solitario y Magneto, tras su promesa a Xavier, se ha convertido en el profesor de los Nuevos Mutantes, cargo que ejerce a partir del TNM 35 (I 86). La sorpresa constante vuelve a ser una de las principales características de la serie. Lo que no espera Claremont es que el sorprendido sea él.

1985. EL IMPACTO DE LA RESURRECCIÓN DE JEAN GREY

Es otoño de 1985. Jean Grey vive de nuevo. La resurrección tiene lugar en un triple crossover, la palabra mágica que alegra los oídos de Shooter. Para acometerlo, Bob Layton se alía con dos de sus mejores amigos, Roger Stern y John Byrne. En la primera parte, escrita por Stern (The Avengers 263, I 86), los Vengadores encuentran una misteriosa crisálida en el fondo de la bahía de Jamaica; en la segunda parte, obra de Byrne (The Fantastic Four 286, I 86) Jean emerge de la crisálida, con la sorpresa de quien lo último que recuerda es estar pilotando un transbordador espacial. En X-Factor 1 (II 86) ocurre el reencuentro de la Patrulla-X original, con un Scott Summers que hace cosas tan opuestas a su personalidad como dejar abandonada a su familia, a Madelyne y al recién nacido Nathan para acudir a los brazos de su antigua amante ahora resucitada. También se asientan las bases del nuevo grupo. Los miembros de X-Factor se harán pasar por cazadores de mutantes, con anuncios en prensa y televisión incluidos. Así podrán localizar mutantes buenos a los que ayudar y mutantes malos a los que combatir. Nadie señala que para localizar mutantes no es necesario montar semejante numerito, sino que basta con recurrir a un localizador electrónico de mutantes, llámese o no Cerebro.

Desde el UXM 137, la muerte de Fénix, hasta el UXM 201, publicado en el mes en el que regresa Jean Grey, Claremont ha explotado al máximo el suspense. Esperad lo inesperado de la Patrulla-X, dice cada mes a sus fans, porque es lo que vais a encontrar. La sensación de imprevisibilidad crece aún más desde el UXM 202, en un intento de contrarrestar los efectos mortales que para la credibilidad de la strip supone la vuelta de la Chica Maravillosa. De igual manera, Claremont evita cualquier posible encuentro de la Patrulla-X con Jean. Cuanto más se ignore la nueva situación más fácil resulta mantener la antigua. Unidos ambos efectos, Uncanny X-Men alcanza unos niveles dramáticos jamás conocidos. Es una Patrulla-X que vive en el arroyo, que se arrastra por callejones sin salida. Que sufran, que el dolor y la angustia condicione sus vidas ahora con más razón que nunca. Como ejemplo radical queda la tercera colaboración de Claremont y Barry Smith, que cambia el protagonismo de Tormenta por el de Lobezno.

Como en Kitty Pryde and Wolverine, una niña, en este caso Katie Power, de Power Pack, acompaña a Logan en un viaje de ida y vuelta a los infiernos. Lobo herido (UXM 205, V 86) contiene veintidós páginas de vértigo vomitivo en las que el guionista introduce en su propio universo mutante hallazgos ajenos. De Longshot, la miniserie de Nocenti y Adams, se trae a Espiral, a quien, meses atrás, ha integrado dentro de la Fuerza de la Libertad de Mística. Espiral es una inquietante bailarina de seis brazos que transforma en una cibernética máquina de matar a Yuriko Osama, la hija del científico que inventó el proceso para recubrir de adamántium los huesos humanos. Aunque el debut de Yuriko, alias Dama Mortal, tiene lugar en Daredevil 197 (VIII 1983), su odio hacia el canadiense procede de los Alpha Flight 33-34 (III-IV 86). En esta aventura, Bill Mantlo explica el primer encuentro entre Logan y los Hudson, además de insinuar que Mac estuvo involucrado en el experimento que transformó los huesos de Logan. Claremont, disgustado con la idea de que alguien tome su personaje y explique parte de su origen en una vulgar aparición especial, se apresura enseguida a afirmar que esa información es irrelevante, que lo sustancial en la vida de Lobezno es lo que ocurrió antes de conocer a los Hudson, sucesos que han de permanecer en la penumbra si se quiere mantener el halo de misterio que rodea al personaje. Siguiendo tal norma de ocultación de datos, en el UXM 205 se sabe sólo la mitad de lo que ocurre. El cómic, narrado desde el punto de vista de Katie Power, empieza cuando la niña se encuentra a Logan medio moribundo, desnudo y siendo perseguido por Dama Mortal y sus secuaces. Igual que el pasado de Lobezno, cómo se ha llegado a esa circunstancia es un misterio encerrado en medias verdades, frases como “Me convertiste en un animal, Dama Mortal” que tienen tantas interpretaciones como quieran dar los que las lean. Para evitar problemas anteriores, en esta ocasión Claremont se sienta a la mesa con Smith y juntos preparan el argumento de la historia. La coautoría de poco sirve. De nuevo Smith hace de su capa un sayo y modifica lo acordado. Sin embargo, lo que llega a enfurecer a Claremont son las notas en los márgenes que deja escritas el dibujante. En ellas trata de explicarle cómo debe escribir la historia. Hasta aquí hemos llegado, es la conclusión inmediata. A partir de ese momento, Smith pasa a ilustrar un buen número de portadas (sobre todo de The New Mutants) mientras queda exiliado de los lápices interiores, a los que no vuelve, más que como medida de emergencia, en el UXM 214 (II 86).

En línea con esa actitud fatalista de respuesta al regreso de Jean, Claremont se deshace bruscamente de la nueva Fénix. Una Rachel que se parece cada vez más a su madre decide matar a Selene. La ejecución no se consuma, ya que Lobezno lo impide al clavar sus garras en el estómago de ella. “Esto Rachel”, dice Logan, “es asesinato. Justifícalo, racionalízalo, pero lo sigue siendo. No es digno de ti, ni de Rachel, ni de Fénix, y mucho menos de la Patrulla-X” (UXM 207, VII 86). A juicio de Claremont, Lobezno no tiene otra alternativa. De haberla dejado actuar, Rachel estaría a un paso de convertirse en Fénix Oscura. “Lo que hace Lobezno”, dice Claremont, “es lo mismo que hubiera hecho Jean Grey de estar en esa situación”. Rachel sobrevive, pero, dos números más tarde, Espiral la introduce en un portal a otra dimensión. Su destino queda reservado para una miniserie.

1986. PLANIFICANDO LA MASACRE MUTANTE

Es 1986. UXM 210 y XF 10 (XI 86). Un grupo de asesinos mutantes llamado los Merodeadores asalta las cloacas donde viven los Morlocks y los elimina en su mayor parte. Nada se sabe de su origen ni de sus motivos. Pese a pasearse por cada rincón de los túneles Morlock, ni la Patrulla-X ni X-Factor llega siquiera a rozarse, gracias a las filigranas que hacen los autores para que tal encuentro no se produzca. Uncanny es la única serie que presenta con un mínimo detalle a los Merodeadores, personajes casi todos de nueva creación liderados por un tal Cazador de Cabelleras de los que nada se sabe sobre la razón de sus intenciones u origen. “Matamos mutantes”, es su tarjeta de presentación. Las víctimas, o son totalmente desconocidas para los lectores o apenas han tenido alguna pequeña relevancia en números anteriores, muertos anónimos con los que no hay otra conexión emocional más allá de la sorpresa que causa tal carnicería. “Mi primo Kenny trabaja en un matadero de Chicago. Una vez me llevó allí. Olía igual”, dice Kitty. Nadie cae en las filas de la Patrulla-X, pero la mitad del grupo resulta dañado. Coloso con heridas que le matarían de abandonar su forma blindada; Rondador en coma y Kitty incapaz de volver a su forma corpórea. “Puede pasar cualquier cosa”, repite con insistencia Claremont.

En X-Factor, la acción se entremezcla con Power Pack y Thor, títulos escritos por Weezie y Walt Simonson respectivamente. Los Merodeadores dejan al Ángel con sus alas gangrenadas y listas para que llegue Apocalipsis y se las cambie por otras de metal (XF 10). Por último, la participación de los Nuevos Mutantes en la saga se queda en lo anecdótico. “Este cementerio no es para vosotros”, ordena Tormenta. En TNM 46 (XII 86), los bebés-X se quedan cuidando a los heridos. A Claremont le preocupa mucho más prepararles para el gran choque contra Magus, el padre de Warlock, acontecimiento reservado para el TNM 50, donde también reaparece, aunque brevemente, el profesor Xavier, quien recibe la visita de sus antiguos alumnos. No, sigue empeñado Claremont. El calvo no volverá de su destierro estelar.

 

Mientras tanto, continúa la política de acoso y derribo a DC. Contra su renacido universo, Shooter levanta de la nada otro Nuevo Universo. Si Stan Lee fue capaz, ¿por qué él no? El director editorial se rodea de sus mejores colaboradores y les ordena que trabajen sobre una idea concebida por él mismo. Se trata de crear un universo de ficción que nada tenga que ver con Marvel. Shooter lo describe como un mundo muy parecido al real, pero desbordado por la fantasía y el misterio. Un lugar ordinario poblado por gente ordinaria donde suceden cosas extraordinarias. Nadie entiende muy bien lo que quiere decir, pero se ponen con ello. En publicidad preparan la campaña más atronadora de la historia de la Casa de las Ideas. Antes del verano hay que lanzar ocho gloriosas colecciones que barran con toda esa basura de DC. En los meses sucesivos, en cada título Marvel se repiten, machaconamente, los anuncios del Leviatán de Shooter. “Más allá del límite de tu imaginación empieza un Nuevo Universo”, dicen unos. “Espera lo inesperado”, prometen otros. Desde su Bullpen Bulletins, Shooter compara el debut de su creación con el nacimiento de los Cuatro Fantásticos. Cuando aparece la ficha de suscripción de las nuevas colecciones las acompaña un texto que asegura que éste es “el acontecimiento más significativo de la historia del cómic desde el nacimiento del Universo Marvel veinticinco años atrás”. Los equipos artísticos se elaboran cuidadosamente mediante personas de confianza no demasiado significadas por su talento o independencia artística. Shooter se reserva la serie que considera el buque insignia de la nueva línea editorial, el titán que haga sombra a Stan Lee y Jack Kirby en los libros de historia. Star Brand se llama, y va a superar cualquier cota imaginable. “Os prometo que vendemos un millón de ejemplares”, dice. Semejante número uno necesita un artista que le haga justicia. Shooter quiere a John Romita Jr., al dibujante de la serie Marvel que más vende. El director editorial comunica a Ann Nocenti que el chico se merece una oportunidad así. Nocenti calla y otorga.

De momento, la editora de Uncanny X-Men no tiene recambio. A toda prisa, contrata varios interinos de lujo para que terminen La masacre mutante. Bret Blevins ayuda a Romita en su último número, el UXM 211 (XI 86), y Rick Leonardi, quien ya le sustituyera en el UXM 201, se encarga del UXM 212 (XII 86). Podría sustituirle, pero es un dibujante demasiado lento que Nocenti prefiere reservar para los fill-ins, tanto de Uncanny como de The New Mutants. Sigue sin aparecer un artista apropiado para quedarse de forma definitiva, pero las fechas de entrega se echan encima. Claremont se acuerda entonces de Alan Davis y le llama. A Davis le liga todavía su contrato con DC, pero como favor personal, accede a dibujar el UXM 213 (I 87). Este número presenta un combate entre Lobezno y Dientes de Sable, aquel villano que Byrne identificaba como padre de Logan. Dientes de Sable, antes un bruto peludo de escaso interés, adquiere con este duelo la entidad de nemesis definitiva de Lobezno. El nuevo Dientes de Sable es una versión oscura del héroe canadiense, un salvaje asesino imparable contra el que la única victoria es la supervivencia. Poco después, aparece una historia de complemento en Classic X-Men 10 (VI 87) en la que Claremont establece que, una vez al año, el villano reta a muerte a Lobezno.

Pasa un mes. Barry Smith lleva a cabo el UXM 214, las terribles fechas de entrega se vuelven a echar encima y, una vez más, Claremont llama a Davis:

 

-Alan, por favor, seguimos necesitando ayuda, ¿puedes hacer otro número?

 

Davis saca tiempo de donde puede y firma el UXM 215 (III 87), donde Claremont recupera a Madelyne, dada por muerta un mes antes en XF 13, ahora ingresada en un hospital de San Francisco. El mismo donde, en el The Avengers Annual 10, había una niña perdida que afirmaba llamarse Maddy Pryor. Davis no puede ser el dibujante fijo de la strip, pero sí puede acometer algunos proyectos especiales. Este mismo año, Arthur Adams sólo puede dibujar uno de los dos anuales mutantes, por lo que el de los bebés-X queda en manos de Davis. Tanto en uno como en otro debutan en la cosmogonía mutante personajes procedentes de otras colecciones.

En el UXM Annual 10 (1986) aterriza Longshot. Se trata del protagonista de la miniserie escrita por Ann Nocenti en la que Adams hacía su primer trabajo para Marvel. Longshot no es mutante, sino que viene de una dimensión en la que lidera la revuelta contra Mojo, invertebrado dictador que controla a las masas mediante el poder de la televisión. Ésta es la segunda visita a la Tierra que hace desde la miniserie, la cual termina con Longshot regresando a su mundo. Nocenti y Adams prometen explicar en una novela gráfica lo que ha ocurrido en el intervalo de tiempo que va desde entonces hasta el UXM Annual 10.

Mojo es también el villano del TNM Annual 2 (1986), en el que llega Mariposa Mental, la hermana gemela del Capitán Britania. Claremont la retoma donde la dejó Alan Davis en la última entrega del serial de la Marvel UK dedicado al Capitán: viviendo en Suiza, ciega como consecuencia de su actividad superheróica. Mojo la obsequia con unos ojos biónicos que, al tiempo que la permiten recuperar la vista sirven al villano para espiar a la Patrulla-X. Mariposa se une de forma oficial al grupo en el UXM 215, donde tiene que luchar contra Dientes de Sable, aunque quien termine la batalla sea Lobezno.

 

 

Junto a Dazzler, que ingresa en el UXM 214, Longshot y Mariposa Mental llenan el espacio dejado por Coloso, Rondador y Kitty. Al lado de Pícara, Claremont los traslada a la Isla Muir, donde les da cancha durante varios números en los que los lectores tienen ocasión de familiarizarse con ellos y olvidar recelos hacia el nuevo status quo, en el que, por primera vez en años, no encuentran ni a Kitty, ni a Coloso, ni a Rondador. La técnica es la habitual. Primero, hay que generar cierto cariño hacia los nuevos personajes y, una vez conseguido, hay que hacerles sufrir lo indecible. Destaca el tratamiento de Dazzler, la mutante que nunca ha querido ser mujer-X pero que, ante el fracaso de su carrera musical tras descubrirse su pertenencia al Homo superior, se ve obligada a ingresar en las filas del grupo en el que está Pícara, encarnizada enemiga en su clausurada serie regular. Con ella tendrá ocasión de arreglar cuentas en el UXM 221 (IX 87) y con ella compartirá amoroso interés hacia Longshot. Apasionado de cualquier clase de conflicto interno, el Patriarca Mutante rescata a Kaos en el UXM 219 (VII 87), sólo para que, en el mismo número, Malicia, perteneciente a los Merodeadores, se haga con el control de la mente de Polaris, la novia de Kaos, y la convierta en una de las peores enemigas de los hombres-X. Este UXM 219 adquiere especial interés analítico, ya que pone en práctica algunos de los nuevos recursos narrativos que Claremont está sistematizando en los últimos meses. El primero, el uso y abuso de lo onírico, a veces sin establecer demasiadas diferencias entre sueño y realidad, elemento que puede conducir a la confusión de los lectores menos acostumbrados a los caprichos del escritor. El segundo, el punto de vista del desconcertado. Nada sabe Kaos de lo que ha sido de la Patrulla-X en los últimos meses, ni del cambio de bando de Magneto, ni de La masacre mutante. Los lectores tampoco saben que la Patrulla-X ha cambiado su cómoda estancia en la mansión por una clandestinidad itinerante. Lo descubren, junto con Alex Summers, en las últimas páginas del cómic.

Son meses de transición entre la Patrulla-X urbana y la que ha de venir, todavía imprecisa a causa de la necesidad que tiene Claremont de saber quién será el dibujante. Mientras espera, empieza a escribir una novela titulada First Flight, la primera parte de una trilogía protagonizada por Nicole Shea, personaje de grandes similitudes con Tormenta. También escribe la miniserie Fantastic Four vs. X-Men (II-V 87), donde el Doctor Muerte y Reed Richards unen esfuerzos para salvar la vida de Kitty. Claremont demuestra que no sólo es capaz de torturar mutantes, sino también a la Primera Familia, colocada en la situación más crítica y conflictiva de su historia. Desbordado por el trabajo, deja en manos de Roger Stern el guión de X-Men vs. Avengers (IV-VII 87), donde tenía previsto terminar el juicio a Magneto. No es suficiente. Calcula que la novela estará lista en seis meses. Propone a Weezie Simonson que ella se ocupe entretanto de guionizar a los bebés-X. Simonson acepta y se hace cargo de la colección a partir del TNM 55 (IX 87), donde se encuentra con una serie que, una vez superados los experimentos de Sienkiewicz, regresa sobre el tono juvenil que conociera en sus primeros tiempos, con el interés centrado en la caracterización de personajes, sobre todo de Warlock (el bromista del grupo), Doug Ramsey (el inteligente) y Magik (la chica mala y sexy). Como aliciente, Magneto tiene que hacerles de niñera mientras entabla conversaciones de paz con el Club Fuego Infernal. “El destino puede habernos hecho rivales, pero nunca enemigos. Si fuera necesario, Seréis siempre bienvenidos a mi casa y a mi mesa ”, les promete la Reina Blanca (TNM 40,VI 86).

 

En la miniserie donde la Patrulla-X se enfrenta contra los Vengadores Ann Nocenti descubre a Marc Silvestri, un dibujante curtido en las páginas de King Conan que se adapta sin problemas a atmósferas más actuales. Nocenti quiere que Silvestri pase a The New Mutants, pero, ante la situación de continua interinidad que atraviesa Uncanny, prefiere proponerlo para la primera división mutante. “Mira, antes de que te vuelvas loco con el follón que tenemos con los dibujantes, quiero que veas unas páginas… Este chico lo hace bastante bien. Sabe dibujar peleas y las chicas le salen muy guapas”, le explica a Claremont, que queda convencido tras un excelente número de prueba, el UXM 218 (VI 87). Silvestri, a diferencia de John Romita Jr., no vive en Nueva York, sino en Malibú (California). Además de la necesaria exploración del tipo de historias que mejor se adaptan a su estilo, Claremont y Nocenti han de acostumbrarse ahora a reducir las habituales reuniones de guionista, editor y dibujante alrededor de la mesa de un buen restaurante de Manhattan. Con el artista al otro lado del continente, toca ahora volver sobre la línea telefónica como principal medio de comunicación. Ocurre que Silvestri odia hablar por teléfono y prefiere trabajar únicamente con lo que Claremont le hace llegar en sus plots. Pronto descubre, para su sorpresa, que el Padre Mutante no ejerce un incuestionable control sobre el producto, sino que está abierto a sugerencias. Algunas de ellas: a Silvestri le encanta dibujar tecnología y chicas, casi todas ellas parecidas a su impresionante esposa Cinthya. Del modelo femenino cotidiano de Romita salta a las estupendas modelos que propone Silvestri, el primer dibujante que descubre la belleza oculta de Pícara o que devuelve su exotismo salvaje a Tormenta, quien enseguida recupera su melena al viento. Aficionado al surf y a la musculación, Silvestri sigue con la tendencia agigantadora que imprimiera Romita en Coloso o Lobezno, a la que añade una cierta rudeza que escapa tanto a Longshot como a Kaos, asombrosamente estilizados, cuasi femenino el primero. La querencia tecnológica se hace presente sobre todo en los villanos, mucho menos tibios que en el pasado, cercanos como nunca al tradicional modelo de malo malísimo, reflejado en rostros de imposible fealdad.

Marc Silvestri y su esposa Cynthia, en una foto de Comics Interview #76 (1989)

No obstante, a pesar de la llegada del nuevo artista, Claremont sigue empeñado en trabajar con Alan Davis. Por enésima vez en los dos últimos años, se pone en contacto con el británico, en esta ocasión con una oferta que no puede rechazar. En el departamento de ventas vuelven a pedir otra colección de mutantes. Puestos a pensarla, a Claremont se le enciende la bombilla.

-Venga Alan, si tanto miedo te da dibujar Uncanny, ¿Que te parecería si hiciéramos una colección con una Patrulla-X inglesa liderada por el Capitán Britania? Una colección hecha para que tú la dibujes, con esos policías, esas farolas y esas calles que sólo pueden verse en Londres.

-Bueno, la verdad es que odio Londres, Chris. Tanto como Nueva York. Vivo en el campo, en Northamptonshire.

-Eso es lo de menos. El Londres que me interesa es el Londres idealizado, con su misterio, su niebla, sus espectros y su magia.

El que Davis esté harto de tener como editor en DC a Dennis O’Neil sirve de aliciente definitivo para dar el gran paso. Está bien, dibujará esa nueva colección, provisionalmente titulada X-Calibre. No obstante, el nuevo título tendrá que esperar, al menos, a que concluyan los seis meses que Claremont se ha puesto de plazo para escribir First Flight. Al mismo tiempo, Davis trabaja en el TNM Annual 3 y el UXM Annual 11 (1987), éste último con el Capitán Britania como héroe invitado, aunque toda la gloria se la lleve un Lobezno que, en el aniversario de su fallida boda con Mariko, renuncia al poder de un dios para salvar el destino del universo. “Cuida de nosotros como digno campeón de la Patrulla-X”, sentencia Tormenta. El Lobezno incontrolable parece un mero recuerdo del pasado.

 

 

 

Es febrero de 1987.

-Pasa Jim, hay algo que queremos hablar contigo.

Jim Shooter entra al despacho de James Galton, el presidente de Marvel. Dentro le espera Galton y también Mike Hobson, el segundo de a bordo. Esta mañana está previsto iniciar las negociaciones para renovar contrato a Shooter. Nada importante, meras formalidades.

-Jim, hemos decidido que no vas a seguir siendo el director editorial.

Galton y Hobson no dan demasiadas explicaciones. Más que un simple motivo, hay una concatenación de razones. El fracaso estrepitoso del Nuevo Universo (El Star Brand 1 apenas vende 150.000 copias, frente al millón de ejemplares anunciado por Shooter), unido a la humillación de Marvel en los tribunales después de que Shooter se negara contra toda razón a devolver sus originales a Jack Kirby y la delantera que ha tomado DC en cuanto a productos innovadores y contratación de estrellas se unen a los aires de renovación que quiere introducir New World Pictures, la nueva propietaria de Marvel. Shooter rechaza alternativas airosas, como un posible cargo de editor/escritor. Coge su gabardina, el maletín y sale a la calle, donde pide un taxi para el aeropuerto. Horas más tarde, está ante las oficinas de New World en Los Angeles. Cuando consigue ser recibido, exige el despido fulminante de Galton y Hobson. Él es mucho más valioso y ha dado mucho más dinero y prestigio a la compañía. Nadie le escucha. Regresa a Nueva York. Llama a Hobson.

-Está bien. Negociemos.

Antes de su llegada, la secretaria de Hobson arranca todos los carteles anónimos anti-Shooter que han invadido las paredes del Bullpen en los dos últimos días. La negociación concluye sin acuerdo. “Ha caído la bruja mala”, escribe alguien en el servicio de noticias de Compuserve antes de que el cese salga a la luz pública. Rumores no contrastados atribuyen la frase a Walter Simonson.

Con Shooter en la calle, Galton y Hobson nombran sustituto a Tom DeFalco. El nuevo director editorial viene con la intención de suavizar la presión sobre los autores, buscar nuevas estrellas aunque sea debajo de las piedras y conseguir que la legión de dibujantes y guionistas que se ha ido a DC a causa del carácter de Shooter regrese por la puerta grande. Es necesario recuperar a gente como Frank Miller o John Byrne y promocionar a la siguiente generación, sangre joven que sirva para dar nuevo aliento a la editorial. Chicos como Marc Silvestri, dibujante fijo de Uncanny desde el UXM 220 (VIII 86).

 

 

-Hola Marc, bienvenido a bordo. ¿Te gusta Australia?

-Pues sí, supongo, ¿por qué?

-No importa, tú vete documentando sobre Australia, busca fotos y cosas así, que ya hablaremos.

1988. DETRÁS DE LA SERIE MENSUAL DE LOBEZNO

Es 1988. “Back to the basics, vuelta a los orígenes!!” insiste Tom DeFalco cuando da la orden de lanzar nuevas colecciones que remocen conceptos de las décadas anteriores, como es el caso de Silver Surfer, Doctor Strange, Marc Spector: Moon Knight, Nick Fury agent of SHIELD o The Sensational She-Hulk. Wolverine nace con la pretensión de recuperar el ambiente de las dos series limitadas protagonizadas por Lobezno sin necesidad de urgar en su pasado, que Claremont prefiere mantener oculto. De la noche a la mañana, el Patriarca Mutante aparece con una retahíla de conceptos absolutamente nuevos. Cree que la serie regular de Lobezno está llamada a ser la sustituta de Conan The Barbarian. El público que la compre no sólo es el lector habitual de mutantes, sino también y sobre todo aquél que, de haber nacido una década antes, sería fiel seguidor del cimmerio. En solitario, Logan va a volver sobre sus fueros salvajes, pero, ante todo, sobre la aventura. Conan en el mundo de Terry y los Piratas con unas gotas de Fu Manchu. Villanos malévolos, mujeres exóticas, lugares fantásticos, civilizaciones perdidas… Sin que falten villanos, por supuesto. Es fácil sacar al Lobezno desencadenado, pero le interesa más su quietud, la sensación de que puede vaciar una habitación con sólo levantar una ceja. “Lobezno”, afirma, “es un arma tan mortal que no necesita ser usada”. Como dibujante, Claremont elige a John Buscema, aquél que diera sus mayores días de gloria comercial a Conan. Buscema hace años que no oculta su aversión a los superhéroes, pero piensa que la atmósfera de Wolverine va a ser muy diferente a la que se respira en el tradicional cómic Marvel. De hecho, Lobezno no lucirá su habitual uniforme-X, sino que irá de negro de pies a cabeza. Para mal solucionar el hecho de que el mundo piense que Logan, como el resto de los hombres-X, ha muerto en Dallas, Claremont le crea una nueva identidad, Parche, cuya caracterización se limita a añadir tal complemento al rostro del protagonista. Nadie sugiere que quizás un simple parche no es suficiente para que el héroe no sea reconocido. Buscema aconseja un par de variaciones en el peinado, pero Claremont se niega. Ese pelo es uno de los rasgos distintivos de su chico. Como localización, el Padre Mutante crea una ciudad al completo. Madripur es la Casablanca ficticia del sur de Asia, un Singapur imaginario convertido en el destino definitivo de los perdedores al estilo Bogart, refugio también de la basura y la maldad. “En Madripur”, dice Claremont, “el siglo XIX convive codo a codo con el XVIII. La gran riqueza junto a la más pobre de las miserias. Aquí no hay reglas. Todo puede pasar. Todo puede romperse. Es un contexto diferente al de las aventuras de la Patrulla-X. Es el mundo real, con pistolas de verdad, con muertes de verdad. Y Lobezno combatirá el fuego con fuego”. Como en Casablanca, Madripur tiene un local, el Princesa, donde todo el mundo hace contactos, cierra tratos, propone trabajos o compra y vende información. Falta Sam tocando el piano, pero está O’Donnell, el misterioso regente del local. Un sosias del Rick bogartiano incluso en su manera de vestir y hablar.

Como adelanto de lo que va a ser Wolverine, Marvel lanza una peculiar colección llamada Marvel Comics Presents, proyecto largamente planeado que no acaba de confirmarse hasta que DC anuncia la reconversión de Action Comics a un formato similar. MCP es una colección quincenal que, junto a Excalibur, la ya anunciada Wolverine y la batería de nuevos lanzamientos planeados por DeFalco, salta del dólar que cuestan los tebeos normales desde principio de año a un dólar con veinticinco centavos. A cambio, mejor papel e ilustraciones en contraportada. MCP cuenta, además, con más páginas de tebeo y menos de publicidad. En concreto, cada número contiene cuatro seriales de ocho páginas dedicados a diferentes personajes de la casa. Un mutante será siempre la estrella principal, con su nombre en portada. Al serial, en diez partes, de Lobezno, seguirá uno de Coloso que ya prepara Ann Nocenti junto a Rick Leonardi con el material de lo que un principio iba a ser una miniserie. Además, Barry Smith hará un episodio autoconclusivo dedicado también a Lobezno.

Claremont aprovecha la estructura que le ofrece MCP para desarrollar una típica aventura encuadrada en lo folletinesco que refuerza su clasicismo mediante títulos tan obvios como “El bueno” (MCP 1, X 88), “El malo” (MCP 2, X 88), “La chica” (MCP 3, XI 88), etc. Hacia el final, los lectores a tienen una idea bastante definida de lo que van a encontrarse en Wolverine. En quien no piensan es en Jessica Drew y Lindsay McCabe, olvidadas protagonista y secundaria, respectivamente, de Spider-Woman. Claremont las rescata en el primer número de la serie regular para unirlas al plantel de secundarios que habitan Madripur. Un fino observador puede descubrir que Lindsay es la verdadera protagonista de los WOL 1 a 3 (XI 88-I 89). En números sucesivos, tanto ella como Jessica, Karma o una ocasional amante de Lobezno apodada el Tigre destacan tan sólo por debajo de Logan. La serie parece una reunión de viejas amigas. Obligado a escribir colecciones que preferiría que no existieran, Claremont se permite estas pequeñas libertades. Ventajas de las cárceles de oro.

La aparición de Wolverine coincide además con la salida de Ann Nocenti de la oficina-X. Al igual que Weezie Simonson, Nocenti ha ganado el derecho a convertirse en guionista a tiempo completo. En primavera, coincidiendo con el UXM 232 (VIII 88), Bob Harras la sustituye. Harras, hasta ahora encargado de editar X-Factor y de supervisar las apariciones de los mutantes en otros títulos Marvel, se hace cargo de Uncanny, New Mutants, Classic X-Men y Wolverine. A partir de ahora, ayudará a Claremont y Simonson a sostener el intrincado universo mutante en colaboración con Terry Kavanagh, otro de los ayudantes de Nocenti, que pasa a ocuparse de Excalibur. No sólo son tiempos de cambio para los mutantes, sino también para Marvel. A vueltas de verano, New World anuncia la venta de la editorial a Andrews Group, multinacional propietaria de empresas tan dispares como Revlon o Four Star. Los setenta millones de dólares de beneficio que ha tenido la Casa de las Ideas en el último ejercicio son suficiente razón para que los nuevos dueños decidan mantener a Tom DeFalco como director editorial. DeFalco responde ante los accionistas de un consejo de administración, gente que nada sabe, ni quiere saber, sobre cómics. Gente preocupada tan sólo por la cuenta de resultados. “Hubo una época en la que aquí veníamos a divertirnos y hacer buenos tebeos”, recuerdan los más viejos del Bullpen. Aquellos años, con Martin Goodman, Stan Lee o Roy Thomas siempre a pie de obra como responsables máximos de la editorial pertenecen más que nunca al pasado. Para bien y para mal.

DAREDEVIL Y LA CREACIÓN DE MARÍA TIFOIDEA: CAYENDO EN LA TENTACIÓN

Si en la actualidad el nombre de Daredevil sigue asociado al de Frank Miller, cabe imaginar que nunca existió un abismo mayor ante los editores de Marvel que en el preciso momento de la marcha de éste. El héroe tardaría cierto tiempo en encontrar un camino tan sólido como el que había transitado hasta entonces.

Como prueba de esa desorientación inicial, en un primer vistazo se barajó la opción de que fuera Steve Englehart, un mítico guionista que sin embargo ya había dejado muy atrás sus días de gloria, quien se hiciera cargo del personaje. Englehart, quien llegó a firmar algún episodio de Daredevil con el seudónimo de John Harkness, tenía pensado cambiar el habitual escenario de La Cocina del Infierno por el de la soleada California. Por suerte, aquella idea fue pronto desechada, de manera que Marvel optó por quedarse con Ann Nocenti, una guionista que hasta entonces había tenido un corto recorrido, pero que llevaba largo tiempo en Marvel, como excelente editora de las colecciones de mutantes.

 

Nocenti había escrito un fabuloso número de relleno, el primero que se había publicado tras la marcha de Miller, en el que contó con nada menos que el legendario Barry Smith como dibujante y en el que ya se ponía de manifiesto que su ideología, claramente progresista y con una sensibilidad especial hacia los marginados, empapaba cada página que escribía. Enseguida se adaptó al héroe, sin necesidad de romper con el pasado y partiendo de donde se había quedado Miller. Hay que recordar que, al final de “Born Again”, Daredevil salvó a La Cocina del Infierno de un ataque paramilitar, a la par que él mismo encontraba la redención a través de Karen Page. La conclusión de la guionista consistía en que Daredevil jamás tiraría la toalla. Había superado la crisis de fe a la que le sometió Kingpin durante “Born Again”, tenía un amor al que venerar y un barrio al que proteger. La vida se presentaba ante él más plena que nunca. Bajo esos parámetros, Nocenti escribió todas sus historias, que navegaban entre la denuncia y la búsqueda de la justicia.

 

La etapa se hubiera alzado por méritos propios con una legión de seguidores, pero no lo hizo hasta pasado el primer año desde la llegada de la escritora, puesto que, en todo ese tiempo, nunca contó con un dibujante estable, y los que la acompañaron en pocas ocasiones estuvieron a la altura de las circunstancias. Sería con la llegada de John Romita Jr. cuando todo cambió. Romita Jr. conocía a Nocenti de su época en La Patrulla-X y enseguida se estableció entre ellos una complicidad absoluta, de tal forma que, por primera vez en su carrera, el dibujante pudo aportar ideas a la historia, lo que aumentó su implicación personal en el proyecto y permitió llevar a la serie un escalón más allá en cuanto a relevancia y grandilocuencia. Enseguida se hace patente la seguridad que adquiere la escritora gracias al respaldo que supone la presencia de un compañero de viaje tan sólido. Si hasta ese momento sus relatos solían abarcar apenas uno o dos episodios, con algunas pequeñas tramas transversales entre ellos, desde la llegada del nuevo ilustrador Nocenti se lanzó a hacer grandes ciclos argumentales.

 

El primero de los que planificó, incluido en este volumen, es en el que se presentaba a una nueva rival para Daredevil que brillaría por su originalidad y carisma. Si nos atenemos sólo a las grandes pinceladas, podría decirse que María Tifoidea sigue las líneas maestras establecidas por Frank Miller para Elektra, que no nos encontramos sino a un repuesto para ésta: una asesina a sueldo que responde a las órdenes de Kingpin, el archienemigo de Daredevil, y que a la vez es la amante de Matt Murdock. Sin embargo, afirmar tal cosa sería quedarse en el barniz exterior del personaje, ignorando el verdadero significado que María Tifoidea guarda en la leyenda del Hombre Sin Miedo.

 

Porque ella es mucho más que de lo que cabe imaginar en ese primer vistazo. De hecho, el objetivo perseguido por Nocenti a la hora de introducir al personaje consistía en romper con todos los tópicos del cómic alrededor de las mujeres. La guionista estimaba que la mayoría de sus colegas barones construían a los personajes femeninos a través de imagen simplistas y categóricas: la mujer ardiente, la virginal, la buena madre… ¿Qué pasaría si una única mujer reuniera todas esas características, antitéticas entre ellas en algunos casos? El resultado fue el nacimiento de María Tifoidea, que se convertía en el obstáculo en el camino, es la pieza disonante, la pequeña bomba de relojería que Kingpin introducía en la vida perfecta de su peor enemigo y con la que esperaba cobrarse su revancha. Matt Murdock superó su peor golpe, renació de las cenizas y se reinventó a sí mismo como defensor de La Cocina del Infierno. Pero, ¿Cuán duraderos son los muros con los que Daredevil ha construido su nuevo mundo? Como devoto cristiano que es, Matt asienta su fe sobre la superación de las tentaciones… y María es la mayor de las tentaciones con las que se haya cruzado nunca.

 

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Héroes. Daredevil: María Tifoidea