Spider-Man, el videojuego. La emoción de los píxeles

Por Julián M. Clemente
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Tengo un gran colega que se llama David. Es uno de los mayores expertos de videojuegos que puede encontrarse en nuestro país. Si a vosotros también os gusta el asunto, seguro que reconoceríais su cara nada más verle, porque suele aparecer en las columnas de una de las más prestigiosas revistas dedicadas a este particular y revolucionario arte. David, consumado jugador que no se deja llevar por los fuegos artificiales, suele ser justo en sus apreciaciones… El problema es que también es un gran fan de Star Wars, y eso le lleva a considerar Rogue Squadron una obra maestra, cuando no se trata más que de un juego correcto y algo aburridillo que a servidor no le aguanta ni cinco minutos encendido antes del primer bostezo. ¿Y qué tiene todo esto que ver con Spider-Man? Pues muy sencillo. En el fondo, comprendo perfectamente a David…. Comprendo su emoción a la hora de jugar a Rogue Squadron, porque más allá de la calidad del juego, le invade la emoción de estar montado a bordo del X-Wing.


Algo así me ocurre con el último videojuego dedicado a nuestro amistoso trepamuros. En realidad, se trata de la segunda parte del estupendo juego publicado hace años y que pudimos disfrutar para Playstation, PC y la añorada DreamCast. Hasta su llegada, la participación de Spider-Man en cualquier sistema de juego habían dejado bastante que desear. Daba igual, porque los seguidores del lanzarredes nos hacíamos con las todas ellas y nos pasábamos horas muertas recorriendo pantallas y pantallas hasta liberar a Mary Jane o pelear contra el malo de turno (de todo ha habido, desde Misterio a Veneno).
El juego del que os estoy hablando supuso toda una revolución que se distanciaba de los anteriores. En primer lugar porque, aunque no se tratara precisamente de una obra maestra, estábamos ante una propuesta de lo más divertida. Por primera vez, disfrutábamos del trepamuros en tres dimensiones, nada de primitivos escenarios 2D pasados de moda. Spider-Man se movía tal y como lo hacía en los tebeos. Todavía recuerdo la emoción que sentí la primera vez que me balancee por los tejados de Nueva York… ¡Era lo más cercano a convertirse en Spider-Man que podía haber! Me debí pasar media hora saltando de aquí para allá, tirando telarañas por todo el decorado hasta que se me acabaron… ¡Poco faltó para soltar unas lágrimas!
Luego te metías en el juego y seguía la emoción. Spidey luchaba contra su peores enemigos, gozaba de todos los poderes que posee en los tebeos, sentido arácnido y capacidad para pegarse a las paredes incluidos, y además, conforme pasabas las diferentes fases, sacabas suculentos extras (si te sabías las claves necesarias, podías sacarlos igualmente sólo con marcarlas). ¡Y menudos extras! Ilustraciones de tus dibujantes favoritos, los diferentes trajes arácnidos (desde el traje negro al de la Araña Escarlata)… Una absoluta gozada de ésas que los fans disfrutan al máximo.
Con el nuevo juego, que sirve para GameCube, XBox y Playstation 2, ocurre exactamente lo mismo. En realidad, si no fuera por el evidente salto tecnológico y por la adaptación a la estética de la película dirigida por Sam Raimi, nos encontraríamos prácticamente ante el mismo producto: los movimientos son casi idénticos, el sistema de fases es el mismo y coinciden la gran mayoría de los villanos, con la salvedad de que en esta ocasión los desarrolladores han intentado mantener mínimamente el argumento del filme, de tal forma que empezamos persiguiendo al asesino del tío Ben, seguimos luchando contra el Duende Verde y rescatando a Mary Jane, etc, etc. Para los amantes de las anécdotas, el mismo Tobey Maguire dobla a Peter, mientras que su rostro ha sido prerenderizado para utilizarlo en las escenas de vídeo, por otra parte bastante modestitas.
No se puede decir, como en el caso de Rogue Squadron, que Spider-Man sea el videojuego que me llevaría a una isla desierta. Desde luego, no estamos ante ninguna maravilla que se puede comparar a clásicos como Zelda, Super Mario o Gran Turismo, pero… ¿Qué queréis que os diga? Me pone la carne de gallina jugarlo. Tiene ese algo que nos llega al corazón a los aficionados arácnidos, ese acelerón que te da el pulso… Es indescriptible, pero estoy seguro que sabéis de lo que estoy hablando. Por eso, en el fondo, comprendo a David.
Aunque vaya latazo de juego que es el Rogue Squadron, de verdad.

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