SPIDERMAN Y LA ANTORCHA HUMANA: EL ESTÚPIDO VIENE CONMIGO

En los inicios de sus respectivas carreras como justicieros, fueron los dos adolescentes más deslenguados y traviesos del Universo Marvel, siempre dispuestos a gastar una buena novatada a cualquiera que se le pusiera por delante. No es extraño que el Hombre Araña y la Antorcha se detestaran primero, se respetaran más tarde y se hicieran amigos al fin. El cabeza de red y la cerillita han cruzado su camino en decenas de ocasiones desde aquellas primeras escaramuzas, e incluso a punto estuvieron de compartir una colección, Marvel Team-Up, que finalmente se repartiría el lanzarredes con otros muchos colegas, aunque Johnny se dejara caer por allí de cuando en cuando, sacando muchas veces de apuros a su entrañable vecino arácnido, metiéndolo hasta las cejas en irresolubles problemas en otras tantas ocasiones, y divirtiendo al común de los aficionados siempre.

Ahora, más de cuatro décadas después del nacimiento de ambos personajes, Marvel lanza esta golosina, una miniserie muy especial, aquí reunida en un único tomo de Marvel Style, siguiendo la política de la editorial americana a la hora de utilizar este formato de cara a recopilar una historia que pretende llegar al máximo posible de fans. Otros proyectos en los que la Casa de las Ideas cruza a sus populares iconos están realizados por autores escasamente versados en la trayectoria de las criaturas con las que tratan, hasta el punto de cometer errores que provocan que los lectores se lleven las manos a la cabeza. En esta ocasión, por el contrario, el cuidado y el respeto hacia la biografía de los protagonistas es el aspecto más emblemático de la obra. Bueno, eso… ¡Y la diversión!

 

La miniserie de Spiderman y La Antorcha Humana publicada en 2005 repasa todos estos años de amistad y rivalidad entre Spiderman y la Antorcha Humana, tomando cuatro momentos concretos del pasado para rematar la faena en el presente. El timón del viaje lo lleva Dan Slott, quien, gracias a esta obra o su trabajo en Hulka, ha conseguido alzarse como el autor-revelación de la temporada. Este autor, unas veces escribe historias terriblemente ingeniosas, inteligentes y divertidas, mientras que otras se deja llevar por lo tétrico y la profundidad psicológica, pero siempre podemos encontrar un denominador común en su trabajo: Slott utiliza el pasado que cargan a cuestas sus personajes como un elemento con el que enriquecer el resultado final. Los lectores que no hayan seguido las aventuras pasadas a las que Slott se refiere se divertirán como el que más, pero el que lleve un tiempo en el mundillo probablemente no dará crédito a la capacidad del escritor para que todo encaje y todo tenga sentido. Es evidente, además, que a Slott le encanta Spiderman, cuyas bromas ganan muchos enteros cuando se las escribe un escriba con semejante bis cómica. Ya le utilizaría en un desternillante episodio de Hulka, y quizás por eso los editores de la Casa de las Ideas se fijaron en él a la hora de lanzar esta obra.

 

Al guionista le acompaña Ty Templeton, también su compañero en la maravillosa Batman Adventures, quien abandona su habitual estilo cartoon para atreverse a imitar a los artistas característicos del periodo histórico al que alude cada capítulo. Tan pronto emula a Steve Ditko, como a John Romita, Ross Andru o Ron Frenz, y eso sin renunciar a su propia huella. Puede que no resulte demasiado espectacular, pero Templeton cumple y se complementa a la perfección con la narración ágil de Slott.

 

Son, sin embargo, los pequeños detalles de este cómic los que hacen que servidor se quite el sombrero. La primera parte se ambienta en los años de instituto de Peter Parker, cuando Johnny salía con Dorrie Evans y ambos héroes, en sus identidades civiles, se habían cruzado apenas en un par de ocasiones: el Amazing Spider-Man 3, donde una conferencia del miembro más joven de los Cuatro Efe animaba a Peter Parker a continuar con su labor arácnida, después de estar a punto de colgar las redes a causa de una soberana paliza del Doctor Octopus, y en el Amazing 21, donde se veían cara a cara por primera vez. La trama que ahora nos ocupa retoma un cabo suelto, y absolutamente olvidado, perteneciente al Amazing Spider-Man 5, donde el Doctor Muerte ofrecía al lanzarredes una alianza contra los Cuatro Fantásticos. Además, Slott despeja una gran duda: ¿Por qué Pete Pote de Pasta, el más recurrente enemigo de la Antorcha en aquellos años, cambió de nombre por el mucho más respetable de “El Trampero”?

 

 

El segundo capítulo es el más romántico de todos, al trasladarnos a la época de Gwen Stacy, Crystal y el Café Bean como lugar de reunión de la panda de Peter Parker (Atentos a los carteles de las paredes, que son los mismos que dibujaba en su momento Jazzy Romita). Contrasta la alegría de esa historia, donde hasta los villanos son un poco inocentones, con la amargura de la siguiente, ambientada poco después de la muerte de Gwen y de la ruptura de Johnny con Crystal. Son los tiempos bizarros del Spider-Móvil, un utilitario de lo más ridículo diseñado por Johnny para uso y disfrute de un Hombre Araña que nunca se había sacado el carnet de conducir. El coche no escalaría paredes hasta un tiempo más tarde, después de que el Chapucero le hiciera ciertas modificaciones, pero aquí se estrena ya en tal prestación, aunque sólo momentáneamente (Slott se ha estudiado los tebeos a conciencia), gracias al genio de Reed Richards. Increíble, el cameo del joven Daniel Ketch, destinado a convertirse algún día en el segundo Motorista Fantasma, y que aquí aparece en homenaje a los lectores más avezados a la hora de pillar guiños, y de paso a Kurt Busiek y Alex Ross, quienes también lo mostraran, también de chavalín, al final de sus Marvels.

 

De ahí saltamos al cuarto capítulo, ya ambientado en los años ochenta, con Spidey luciendo su traje negro, antes de que supiera que se trataba de un simbionte alienígena, y ennoviado con la Gata Negra, algo que despertaba los celos de Johnny Storm, quien tampoco daba crédito a la llegada de cierto bellezón verde para sustituir a la adorable Cosa de los ojos azules dentro de la Primera Familia. Los tiempos estaban cambiando, e incluso el lanzarredes ya no se llevaba tan mal con la policía. No en vano anda por ahí la capitana Jean DeWolff, mirando a la Gata con muy malos ojos.

 

El final de la historia pasa por alto los noventa (aunque no falte una descacharrante alusión a La saga de Ben Reilly, en la que Spiderman era sustituido por su clon) y nos deja en el presente, un tiempo en el que Peter Parker ya no es un estudiante de secundaria, sino un respetable profesor; y en el que Johnny Storm ya no es un adolescente irresponsable, sino un adulto… irresponsable. No nos engañemos: el primero ha llegado a casarse con una supermodelo y fabrica ahora sus propias telarañas sin necesidad de ningún lanzarredes mecánico, mientras que el segundo se ha hecho cargo de algunas tareas empresariales dentro de los Cuatro Fantásticos, además de tener un par de sobrinos, pero básicamente siguen siendo los mismos personajes que nacieron hace cuarenta años.

 

Aquí es donde Slott aprovecha una excusa argumental para dar un salto cualitativo en la relación entre los dos héroes, haciendo que la miniserie se salde con un importante suceso a recordar en el futuro y a sumarse a la continuidad que han ido apuntalando los primeros cuatro episodios. El guionista matiza así todo lo leído en las páginas precedentes, pero también viene a hacer una reivindicación pública acerca de la necesidad de mantener cierto sentido en torno a las cosas que ocurren en el Universo Marvel. Probablemente, Slott andaba espantado al contemplar cómo todo el mundo parecía haber descubierto quién se ocultaba bajo la máscara de Spiderman, mientras que el superhéroe que más merecía conocer esa información continuaba, y nunca mejor dicho, a dos velas. Es de justicia ese gesto final que hace un guionista consciente de los personajes con los que está tratando, de su historia pasada, de su presente y su posible futuro. Ojalá ese futuro esté lleno de tebeos tan condenadamente buenos como éste. Dicen en la contraportada del recopilatorio americano que es la mejor aventura de Spiderman de los últimos diez años. De la Antorcha también, añado yo. Y en este caso no es una frase publicitaria.

 

 

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Style. Spiderman y La Antorcha Humana

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *