SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 7: AYN RAND SE METE EN LA CABEZA DE DITKO

“Steve quería que El Duende Verde fuera algún personaje que nunca antes hubiéramos visto”, recordaba Stan Lee. “Porque, decía, en la vida real, el villano lo más probable es que fuera alguien que el protagonista no conocía. Yo sentía que eso hubiera estado mal. Sentí, de hecho, que sería como engañar al lector. Se había vuelto una especie de misterioso asesinato en el que, al final de todo, descubrías que el culpable era el mayordomo o la inocente tía o alguien así. Pero si fuera alguien que no hubiera aparecido hasta entonces, ¿dónde estaría el sentido de seguir todas las pistas? Pensé que algo así frustraría al lector. Así que esa fue la gran discusión que tuvimos. Y yo gané. Probablemente no porque tuviera más razón que Steve, sino porque yo era el editor” (pp. 58 y 59).

 

Sin que casi nadie se percatara, Norman Osborn llevaba unos cuantos meses apareciendo. Se dejó ver por primera vez en el Amazing #23 (página seis, viñetas siete y ocho). Repitió, siempre fugazmente en el Amazing #25 (página tres, viñeta cinco), en el Amazing #26 (viñeta seis de la página ocho, la primera en la que habló) y en el Amazing #27 (viñeta uno, página dieciocho) (pp. 59).

 

La pareja creativa de Spider-Man cada vez tenía diferencias más pronunciadas alrededor de la dirección que debía llevar la serie, lo que coincidió con el interés que suscitó en el artista el movimiento filosófico conocido como Objetivismo, que impulsaba la escritora Ayn Rand. Ditko ya era alguien con escasas relaciones sociales, que probablemente se tomaba a sí mismo demasiado en serio y que mantenía unas convicciones radicales acerca del trabajo y de la vida. En el Objetivismo encontró una percha de la que quedarse colgado y no bajarse nunca (pp. 59).

 

Los primeros síntomas del Objetivismo que cabe encontrar en las aventuras de Spider-Man tienen que ver con el cambio de perspectiva que se produjo con respecto al papel de la policía: si en los primeros tiempos, aparecían siempre persiguiendo a Spider-Man, en un momento dado se representó a las fuerzas del orden de manera mucho más amable, e incluso heroica. Los agentes figuraban como verdaderos gigantes para el Objetivismo (pp. 60).

 

Las enseñanzas objetivistas también estaban detrás del cambio de estrategia de Peter con respecto a su trabajo. “¿Por qué tengo que venderle siempre mis fotos a un canalla como Jameson?”, se preguntaba en el Amazing #27, para a continuación llevarle las instantáneas a Barney Bushkin, el entusiasta editor del Daily Globe, principal competidor del Bugle (pp. 61).

 

La intrusión más antipática del Objetivismo en las aventuras de Spider-Man apareció en el último número que dibujó Ditko, el Amazing #38 (julio de 1966). Peter expresaba su disgusto al encontrarse con una manifestación estudiantil, cuyos participantes se encaraban con él. La escena, que ridiculizaba las protestas con saña, fue introducida por el artista poco después de haber leído un panfleto de la propia Rand muy crítico con las manifestaciones de los estudiantes (pp. 61 y 62).

 

Ditko aprendió a crear imágenes alegóricas, con las que solía abrir y cerrar el cómic, que contaban por sí mismas una historia épica, exponían una cuestión o adelantaban una tragedia. Con todo, el mayor disfrute estaba en el propio Spider-Man, siempre en movimiento, siempre en posturas que ninguna persona normal adoptaría, siempre pegado a paredes y techos, saltando y balanceándose con una ligereza inhumana, pero golpeando con poderosa contundencia (pp. 62).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

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