SPIDER-MAN BACK IN BLACK: NEGRO COMO LA NOCHE, NEGRO COMO EL CARBÓN

Durante más de dos décadas, Spiderman vistió de rojo y azul. Su uniforme era tan icónico como el de otros grandes personajes del cómic universal, desde Superman hasta Asterix, desde el Fantasma Enmascarado al Capitán América. Pero nada dura para siempre, y en 1984 Marvel se atrevió a alterar radicalmente la vestimenta del trepamuros. El traje negro supuso una revolución estética que, contra todo pronóstico, agradó a la mayoría de lectores. Y aunque el personaje no tardó en volver a los orígenes, a partir de entonces se hizo cada vez más habitual que renovara su fondo de armario, con toda clase de variantes, que iban de lo absurdo a lo genial. En 2007, coincidiendo con la aparición del traje negro en Spider-Man 3, el trepamuros volvió también a vestirlo en los cómics… y tenía importantes razones para hacerlo.

 

“Civil War” había acabado de la peor manera posible para el Hombre Araña, con Tía May como víctima involuntaria de las decisiones que había tomado su sobrino en el curso de la Guerra Civil Superheroica. Fue él quien, siguiendo el consejo y los ruegos de Tony Stark, reveló su identidad secreta en público y se convirtió en la cara amable del registro. Fue él quien, después de comprender lo errado de su comportamiento, adjuró del mismo ante las cámaras de televisión y se pasó al bando a favor de las libertades, encabezado por el Capitán América. Ese bando había perdido, y sus cabecillas sufrirían las consecuencias.

 

El Universo Marvel se teñía de pesimismo y división tras “Civil War”, a imagen de lo que estaba ocurriendo en Estados Unidos como consecuencia de las políticas llevadas a cabo por el presidente George W. Bush. El Capitán América fue asesinado en las escaleras del tribunal que iba a juzgarlo por delitos de traición, lo que supondría el inicio de uno de los más celebrados arcos argumentales que hubiera conocido jamás la colección del Centinela de la Libertad. En cuanto a Spidey, en La Casa de las Ideas tenían unos planes muy definidos acerca de su futuro, siguiendo los dictados del Director Editorial, Joe Quesada. Éste llevaba un tiempo acariciando la idea de romper el statu quo del trepamuros como no había ocurrido en veinte años, mediante el regreso de su soltería. Era una vieja aspiración de muchos de los autores que habían pasado por la Franquicia Arácnida desde que se consumó el matrimonio con Mary Jane, ya que estimaban que con él se perdían una parte sustancial de las señas de identidad del personaje. Quesada no era el único a favor de borrar todo rastro de aquella unión, pero sí el más significativo y visible de los partidarios. Joe Michael Straczynski había compartido su intención de abandonar la serie principal del héroe, así que el otro Joe estimó que aquél sería el momento adecuado para acometer la operación.

 

Pero esa historia tendría todavía que esperar unos meses, porque en el camino apareció el siguiente blockbuster cinematográfico de Marvel. Spider-Man 3, cuyo estreno estaba programado en Estados Unidos para el 4 de mayo de 2007, venía a plantear el célebre arco argumental del traje negro. Aquella aventura se remontaba a los años ochenta, cuando un lector consiguió vender a la editorial la idea de que Spidey adoptara una nueva vestimenta. Después de un cúmulo de circunstancias que alteraron el plan inicial, el traje negro debutó con motivo de “Secret Wars”, la gran aventura que en 1984 reunió a los mayores héroes de la factoría, y supuso un inesperado éxito. Luego salió a la luz que el traje era, en realidad, un simbionte alienígena que trataba de asimilar a Peter Parker, pero gustaba tanto que los autores recurrieron a la tela convencional para seguir vistiéndolo de negro. El traje sólo fue abandonado después de que el simbionte diera lugar a Veneno, el nuevo y amenazante villano que irrumpió algunos años después. Desde entonces, Peter Parker lo había vuelto a vestir en contadísimas ocasiones, pero la película lo había puesto de nuevo de moda. Los cómics tenían que reflejar eso de alguna manera, y en la Oficina Arácnida decidieron que la mejor forma de hacerlo era montar un “landscape” que durase unos pocos meses y posibilitara aquella mimetización con el filme.

 

En la planificación de Joe Michael Straczynski no había nada en ese sentido. Su objetivo consistía en saltar a su historia de despedida tan pronto como terminarse “Civil War”, pero aceptó aguantar unos pocos meses más y formar parte del proyecto, que recibió el nombre de “De vuelta al negro”. Tal decisión no pudo beneficiar más a los lectores. El resto de colecciones de Spidey aprovecharon a su manera el cambio de uniforme, pero ninguna con tantísimo acierto como Amazing. JMS conjuró un gigantesco relato de un Spiderman desesperado y furioso, como pocas veces se había visto antes, a lo que se añadió una caracterización de Kingpin, el gran villano detrás de todo, equiparable a la que había hecho Frank Miller en “Daredevil: Born Again”. El Jefe del Crimen, que casi se había olvidado del Hombre Araña en los últimos veinte años de cómics, se mostró como nunca lo había hecho ante el lanzarredes: como la encarnación del mal absoluto, aquello capaz de corromperlo todo. La batalla con la que se coronaba el relato quedó como uno de los momentos más escalofriantes de toda la etapa de Straczynski, mientras que el dibujante Ron Garney, quien también se disponía a abandonar la franquicia, dejó el que podría calificarse como el mejor trabajo de su carrera, reflejando en cada viñeta el peso trágico de aquel Spiderman desesperado, al borde del abismo. En aquellas páginas de desesperación absoluta, casi se podía escuchar martilleando el “Paint It Black” de Rolling Stones.

 

“Miro en mi interior

y veo que mi corazón es negro

No es fácil plantar cara

cuando todo se ha vuelto negro”.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 12

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