Sergei, cazador con honores

Por Pau González
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Hace cuarenta años, un cazador ruso atacó en Norte América a un arácnido. Una presa más de su currículum. Una presa que le obsesionaría y le atormentaría durante años. Hasta acabar con él.


Sergei Kravinoff, ese cazador que apareció en Agosto de 1964, eras tú. Naciste en una fría Rusia decadente y sin honor alguno, pero tú buscaste ese honor. Y empezaste a descubrirlo cazando. Al principio fueron animales comunes, luego fieras, y finalmente superhéroes. En concreto uno, una fiera arácnida.
Llegaste a New York, avisado por tu hermano, con pocas pretensiones. Hubo villanos, Sergei, que nacieron para ser grandes. Tú naciste para ser villano. Con ese traje circense costaba tomarte en serio y la gente te equiparaba a Electro o Misterio, grandes villanos, pero que nunca llegaron a serlo con mayúsculas como solo unos pocos lo han logrado. Y tú llegaste a serlo, Sergei.
Tus inicios te auguraban una carrera común. Unido al Camaleón, luego a los Seis Siniestros, luego al Gibón… Nadie esperaba de ti más que buenas aventuras. Nadie esperaba obras maestras a pesar de que tu eterna búsqueda del honor quería labrárselas. Nadie esperaba que veintitrés años más tarde, harías algo por lo que serías recordado como uno de los más grandes enemigos que nadie pueda tener.
Muchos intentaron ocupar tu lugar, Sergei, después de aquel frío Noviembre del 87. Primero fue tu antigua amante Calipso, logrando algo de éxito, pero lejos de tu grandeza. Después fue uno de tus desheredables vástagos, Vladimir, que con el sobrenombre de Cazador Macabro, hizo bien en caer en las manos de un asesino de villanos. Poco después llegó otro vástago, Alyosha, que aunque se las prometía bien el chico, se quedó en el camino. El último ha sido esa parodia tuya que, de nuevo, lleva tu misma sangre: tu hermano Dmitri Kravinoff, antiguo alias, el Camaleón.
Ay, Sergei, parece que tu legado está destinado al fracaso. Tú mismo lo parecías. Pero no fue así, ¿verdad? Serás recordado, siempre, por hacer lo que nadie ha hecho. Tú, Sergei, tú y solo tú, enterraste vivo a Spider-man. Incluso Tarantino con su Novia quiso emularte, querido Sergei, pero tú siempre serás recordado por ello. Por enterrarle, por aquella batalla épica en la que llegaste a suplantarle y a demostrar que eras superior que él derrotando sin ayuda a una rata de cloaca llamada Alimaña. Lograste el honor después de tanto tiempo. Y aunque otros han querido recoger tu legado de honor, solo tú fuiste digno de él. Solo tú puedes ser enterrado con un epitafio lleno de significado. Murió con honor. Con honor, Sergei, con honor. Honor de haber derrotado a tu máximo enemigo y haberle dado la posibilidad de seguir viviendo (como buen cazador). Sentiste lo que él sentía y demostraste ser mejor que ese insecto. Y lograste tu fin en esta vida. Y al sentir el dulce sabor de la victoria, esa victoria que tanto tardó en llegar y que tanto ansiaste, pusiste fin a tu vida. Kooom. Así acabaste tu carrera, Sergei.
Sergei, naciste en un ambiente falto de honor, pero tu diste honor a tu vida. Tu lograste lo que pocos han logrado. Naciste como segundón y llegaste a la primera división, al Olimpo de los villanos, en el mismo momento de tu muerte. Que gran hazaña, Sergei. Una última cacería que creó un mito. Creó al grande y temible Kraven, el Cazador.
Aquí yaces, Sergei Kravinoff. En la memoria de todos. Kraven el Cazador. Murió con honor.

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