¿Qué hiciste en la guerra secreta, papi?

Por Julián M. Clemente secret1.JPG

Estuve allí, hijo. En primera línea de fuego. Nunca había visto nada igual. Los principales héroes de la Tierra reunidos en un planeta distante por un caprichoso ser todopoderoso para luchar contra sus principales enemigos. Puede que hubiera vivido encuentros impresionantes, pero no a semejante escala. Las Guerras Secretas marcaron un antes y un después, pero también el final de tantas cosas…

Como cualquier otro cómic que merezca la pena descubrir, recordar o volver a leer, Secret Wars es hijo de su época. Te podría contar las circunstancias editoriales en las que nació, los motivos y los resultados, pero déjame que aparque todas esas cosas para cuando caiga el telón y no haya nada que temer, porque ahora prefiero hablarte de aquellos años y de la generación que los vivimos.

Éramos los niños de la transición, los que habíamos nacido en los setenta, poco antes o poco después de la muerte de Franco, en una España que despertaba de un largo letargo. Descubrimos los tebeos en el quiosco del barrio, mucho antes de que llegaran las librerías especializadas. Para casi todos fue igual: Empezó con Mortadelos, Don Mikis o Truenos, pero ninguno de ellos nos atrapó tanto como los cómics de Marvel. No lo buscamos, pero ocurrió. ¿Cómo no iba a ocurrir? Estábamos en el momento adecuado en el lugar correcto. Con la llegada de Cómics Forum, Marvel empezó a vivir una época dorada en España. Lo supimos porque, en las librerías de viejo y en los rastros, quedaban muestras de anteriores ediciones, sobre todo de Bruguera, y no había punto de comparación.

Ahora parece lo normal, pero con Forum llegó la edición ordenada de material inédito, la traducción y la rotulación profesional y los correos de lectores, fuentes inagotables de sabiduría donde se fraguó la comunicación entre los lectores. El fin de semana comenzaba los viernes, cuando salíamos corriendo del colegio para ver qué nuevos tebeos habían llegado: Vengadores, Cuatro Fantásticos, Thor y Daredevil se alternaban a lo largo del mes, semana a semana, mientras que Spiderman, La Masa (mucho antes de que todos le llamaran Hulk) y Conan llegaban cada quince días, en lo que ya entonces nos parecía excesivo, porque a nadie le alcanzaba la paga para todo.

Por fortuna, en verano, Semana Santa y Navidad siempre había posibilidad de llenar los huecos de unas colecciones cada vez más abultadas, tesoros que leíamos e intercambiábamos entre los chavales del barrio una y otra vez hasta gastar las páginas. Poco a poco entendimos las reglas del Universo Marvel: Todos los personajes vivían en el mismo sitio y a la misma hora, casi siempre en Nueva York (Bueno, puede que Conan rompiera esa regla, pero el Cimmerio acabaría teniendo su afición propia, que sólo a veces coincidía con el resto). Todos podían, por tanto, encontrarse en algún momento u otro… Y además, como enseguida vendrían a enseñarnos el Coleccionista y Korvak en las páginas de Los Vengadores, podían llegar a vivir largas y complejas sagas que ponían a prueba nuestra capacidad de comprensión sin que eso sirviera para otra cosa que aumentar las ansias por saber más de aquel universo.

Comenzamos incluso a distinguir autores, a saber lo que era realmente bueno. George Pérez (otra vez en Vengadores), John Byrne y Frank Miller ascendieron enseguida a los altares. Entonces llegaron las Secret Wars, como si todo lo que habíamos vivido en aquellos primeros años de Forum no hubiera sido más que prólogo de lo que se avecinaba. La portada del primer número embriagaba, con el Capitán América liderando a una auténtica legión de personajes. En Secret Wars coincidían todos los héroes que conocíamos (menos Daredevil) y alguno que no (la Patrulla-X de la que tanto oíamos hablar y que había mencionado Juggernaut en aquel combate contra Spiderman) contra los peores villanos imaginables. Después de la tremenda impresión que supuso el primer número, esperamos los siguientes con ansia infinita, con la conciencia de que ocurrirían eventos fabulosos que, con nuestra inexperiencia a cuestas, se antojaban como irreversibles. Recuerdo que me impresionó especialmente el plan maestro del Doctor Muerte. Por si alguien lo duda, él es el gran protagonista de esta historia. Y también Spiderman, que vence a la Patrulla-X y consigue un nuevo traje. (Fijáos si yo era inocente, que pensaba que jamás se pondría otra vez el rojiazul). Y también La Masa, que lleva a cabo la mayor proeza de su historia (¡otra portada que nos dejó sin aliento, la del cuarto episodio!). Y también Galactus, ominoso y por encima de todo y de todos. Y también Magneto, a quien desde entonces sólo podríamos ver del lado de los buenos. (Sigo pensando que es el mejor Hombre-X). Y también La Cosa, o, mejor dicho, Ben Grimm. Y también…

Secret Wars fue un tebeo generacional, tanto que los lectores veteranos, los que venían de la Era Vértice y habían padecido Bruguera, lo detestaban. Estaban curados de espanto y probablemente habían perdido la capacidad de asombro, después de tantos años leyendo. Pero los que éramos niños en los ochenta lo adoramos con locura. Era NUESTRO cómic, por encima de ningún otro. Vivimos las Guerras Secretas, más que leerlas. Incluso las recreamos en nuestro cuarto, con aquellos maravillosos muñecos que pedíamos por Reyes o que nos fábricábamos con clicks de Famobil, papel, tijeras, rotuladores, pegamento e imaginación. (Yo me hice en cartón incluso la base secreta de los villanos). Entonces no lo vi, pero Secret Wars puso punto y final a toda una época. Pronto empezaríamos a interesarnos por otras cosas, más allá del Universo Marvel (Zinco venía pegando con fuerza), y la segunda parte de la saga no conseguiría repetir el sentido de la maravilla provocado por la primera. Mirando las cosas con perspectiva, la Casa de las Ideas perdió fuelle después de que los héroes regresaran del planeta del Todopoderoso. Nosotros tampoco éramos los mismos. Seguiríamos leyendo tebeos, sí, pero nunca más los veríamos tan trascendentes, ni nos sentiríamos tan parte de ellos. Supongo que es lo que pasa cuando creces.

Artículo aparecido originalmente como prólogo del tomo recopilatorio de Secret Wars, publicado por Cómics Forum.

Un comentario

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