LA SAGA DEL CLON: EL MONTAJE DEL DIRECTOR

EL ORIGEN DE LAS ESPECIES

La más polémica aventura de la dilatada trayectoria de Spiderman se publicó entre 1994 y 1996, a lo largo de unos doscientos tebeos. Sin embargo, para entender todas sus implicaciones, hay que retrotraerse hasta mucho tiempo atrás. En concreto, a los años setenta, y es ahí donde ha de empezar nuestra historia. Por aquel entonces, el Hombre Araña ya tenía a sus espaldas una larga trayectoria compuesta por diversas etapas. Estaban los años fundacionales, con Stan Lee y Steve Ditko a los guiones, en los que Peter Parker era un adolescente apocado que aprendía el oficio de superhéroe; y estaba la época dorada, con John Romita a los dibujos, durante la que la serie había añadido un importante componente romántico, gracias a la llegada de las dos chicas entre las que se dividía el corazón del protagonista, la carnal y excitante Mary Jane Watson frente a la dulce e inocente Gwen Stacy. Sería esta última la elegida por Peter Parker, pero también la que encontraría un destino fatal a manos del peor enemigo del héroe, en una aventura publicada en 1972 y escrita por Gerry Conway, un guionista de apenas diecinueve años que acababa de recibir la serie de las manos del mismísimo Stan Lee.

 

La muerte de la novia del héroe, lo que hoy en día ha llegado a convertirse casi en un tópico, era por aquel entonces un imposible. El impacto que causó en los lectores fue incomparable, hasta el punto de que muchos sintieron la pérdida como propia. La conmoción llegó a tal nivel que, dos años después, todavía eran muchos los que reclamaban el regreso de Gwen Stacy mediante cualquiera de los muchos trucos que se utilizan en los cómics de superhéroes para recuperar a los personajes populares. Sólo que Marvel en general, y Gerry Conway en particular, se negaban a ofrecerles eso. En su lugar, el escritor tejió una saga que puso a prueba la cordura de los aficionados arácnidos.

 

Un buen día, en la puerta de Peter Parker, apareció Gwen. ¡Estaba viva! Sólo que no era la Gwen de siempre, que, como muy pronto se comprobó, seguía muerta y enterrada. Esta otra Gwen era un clon creado por Miles Warren, un profesor que se había obsesionado con la joven y que, como no podía ser de otra forma, se había convertido en un villano deseoso de acabar con Spiderman, que respondía por el nombre del Chacal. En el climax de la aventura, Spiderman descubría que el de Gwen no era el único clon que el Chacal había concebido: también realizo un clon del propio Spiderman: el arma perfecta para acabar con el trepamuros. La saga se resolvería en Amazing Spider-Man #149 USA (1975. Spiderman: Los imprescindibles nº 7). En sus páginas, tanto el Chacal como el clon del lanzarredes encontraban la muerte, mientras que la doble de Gwen decidía buscar su propio camino, lejos de la sombra de su doble genético, y Peter entregaba al fin su corazón a Mary Jane, cumpliéndose así el verdadero objetivo de Conway a la hora de desarrollar este argumento.

 

 

EL REGRESO DEL CLON

Salvo por menciones ocasionales, y la aparición puntual del clon de Gwen en un Anual, no se volvió a profundizar en el asunto del clon durante los siguientes veinte años, Muchos guionistas preferían no tocar ese argumento. A principios de los ochenta, Roger Stern llegó a planificar una historia en la que el clon de Gwen había envejecido aceleradamente, para morir finalmente en la paz de un monasterio, pero decidió abandonar la trama antes siquiera de sentarse a escribirla. A lo largo de ese tiempo, Peter Parker contrajo finalmente matrimonio con Mary Jane, a la vez que el Hombre Araña alcanzaba nuevas cotas de popularidad, que llevaron a Marvel a multiplicar exponencialmente el número de sus series. A mediados de los años noventa, la sensación de que Spiderman ya no resultaba tan atractivo para los lectores se había hecho fuerte, y con ella, llegaría también la intención de buscar la manera de arreglar las cosas. Los autores y editores, con toda la buena intención del mundo, querían quitar lastre al héroe, hacerlo de nuevo divertido y romántico, devolverle su soltería, su espontaneidad y su infelicidad crónica.

 

En ese contexto, Terry Kavanagh, uno de los escritores de las diversas colecciones arácnidas, propuso en una reunión de trabajo celebrada en 1993 que trajeran de vuelta al clon: no al de Gwen, sino al del propio Spidey, un regreso que provocaría todo un cataclismo a todos los niveles. Conscientes de las posibilidades que dicho argumento ofrecía, toda la oficina arácnida decidió apoyarlo decididamente. Tom DeFalco, Director Editorial de Marvel en aquel entonces, no sólo daría luz verde a la saga, sino que se sentiría tan entusiasmado con ella que incluso decidiría sumarse a los autores de la misma.

 

Inicialmente, el arco argumental se desarrollaría a través de las cuatro colecciones que el lanzarredes protagonizaba. Dicho y hecho: en Web of Spider-Man #117 USA (1994. Spìderman vol. 2, nº 6 de Forum), el clon entraba en escena, bajo el nombre de Ben Reilly. Había logrado sobrevivir a los acontecimientos del Amazing Spider-Man #149 USA, llevaba cinco años “recorriendo América”, y tomaba la decisión de regresar al descubrir que tía May estaba grave. En los meses siguientes, Ben se alzó como la gran estrella de las series arácnidas: convertido en un nuevo superhéroe, la Araña Escarlata, luchó contra los peores enemigos del lanzarredes y se ganó la confianza de los aficionados, que veían en él a un Peter Parker que no había gozado de la buena suerte del que conocían, pero había sabido construirse a sí mismo y sobreponerse a sus desgracias. A su vez, el verdadero Peter era arrastrado por la oscuridad y la depresión, apareciendo cada vez más antipático ante los lectores.

 

 

El plan de guionistas y editores consistía en que la saga concluyera después de seis meses (unos veinticinco tebeos, teniendo en cuenta la gran cantidad de colecciones arácnidas)… Pero las cosas no salieron como tenían pensadas. Las ventas enseguida comenzaron a aumentar. Los autores se divertían con su trabajo como nunca habían hecho, y ese entusiasmo se transmitía en una gran historia-río plagada de sorpresas y conspiración, que dejaba siempre con el deseo de que llegara el próximo número. En la editorial también se entusiasmaron, a su manera. Amaban al clon, y lo querían presente tanto tiempo como fuera posible. Fue en ese punto donde empezaron los problemas. Ante la petición de retrasar la conclusión de la saga, se tuvo que improvisar, alterar decisiones ya tomadas, incorporar nuevos autores poco experimentados y estirar los argumentos deprisa y corriendo, con la consiguiente multiplicación de incoherencias y el bajón en la calidad de la saga, que fue perceptible después del Amazing Spider-Man #400 USA (1995. Spiderman vol. 2, nº 12), un emocionante episodio en el que se narraba la muerte de tía May y tras el que los guionistas se quedaron sin nada interesante que contar, pero muchas páginas que rellenar.

 

La puntilla llegó cuando se hizo necesario poner fin a “La saga de Ben Reilly”. En el ánimo del equipo creativo estaba que Peter se retirara a causa de su próxima paternidad y Ben tomara su lugar, aunque sólo de forma momentánea. Sin embargo, los convulsos tiempos que vivía Marvel influyeron en contra de la ejecución de esas intenciones. La dirección de la compañía cambió, y el nuevo director no tenía claro a qué carta jugar con Spiderman. Decidió, sin demasiados elementos de juicio, que Ben sustituyera a Peter de manera permanente, estableciendo incluso que el que había sido Peter durante veinte años era en realidad el clon, mientras que Ben se alzaba como el auténtico.

 

La respuesta de los aficionados fue rápida y unánime. No querían a Ben Reilly como Spiderman, ni mucho menos querían que el Peter Parker al que habían seguido durante dos décadas fuera calificado de impostor. La saga, cerrada en falso, todavía tendría que continuar durante unos meses más, hasta que, finalmente, en Peter Parker: Spider-Man #75 USA (1996. Nuevo Spiderman nº 12 de Forum), se llevó a cabo la corrección. El catalizador fue un inverosímil regreso de la muerte por parte de Norman Osborn, que se descubría como la mente maestra detrás de cuantas desgracias le habían ocurrido al Hombre Araña en los años anteriores. Peter volvía a vestir las telarañas, Ben Reilly moría heroicamente, a la vez que se aclaraba su condición de copia, y el embarazo de Mary Jane terminaba en tragedia: no habría bebé que cuidar y que obligara a dejar aparcado el uniforme arácnido. Y por si fuera poco, al cabo de unos meses, tía May también estaría de nuevo en danza.

 

 

En definitiva: Las cosas volverían a estar en su sitio, pese a que el daño padecido fue demasiado grande. Durante la etapa de Ben Reilly como Spiderman, las ventas descendieron de manera preocupante, en un contexto general ya de por sí átono. Muchos eran los aficionados que habían retirado su apoyo al nuevo Hombre Araña, furiosos por lo ocurrido. En la Casa de las Ideas decidieron que nunca más se volvería a hablar de clones ni a poner en duda que Peter Parker sea Spiderman. Y pese a todo, el icono tardaría todavía varios años más en recuperar el pulso, mientras que algunas de las consecuencias de lo ocurrido permanecerían activas, hasta el punto que Norman Osborn es, a día de hoy, una pieza fundamental del Universo Marvel.

 

EL MONTAJE DEL DIRECTOR

Tres lustros después de la publicación de “La saga de Ben Reilly” los ánimos se han calmado, en gran parte porque una gran cantidad de nuevos lectores siguen ahora las aventuras de Spiderman, y muchos de ellos se preguntan en qué consistió aquello tan polémico. Mark Millar, en una viñeta de su excepcional Marvel Knights: Spiderman (2004), fue el primero en el siglo XXI en atreverse a escribir, negro sobre blanco y con todas las letras, el nombre maldito: Ben Reilly. Las bromas, los chistes privados, las alusiones a los clones introducidas por lo bajini en los diálogos de Spiderman se fueron haciendo cada vez más ocasionales, sobre todo por parte de Brian Michael Bendis, en Nuevos Vengadores. Fue éste el guionista que se atrevió a ofrecer su propia versión de la “maldita” saga, en Ultimate Spiderman, y con resultados más que satisfactorios, prueba de que la idea no era mala por sí misma, y que su ejecución mejoraba en extremo cuando se dejaba a los autores hacer su trabajo.

Pero el detonante del proyecto que tienes en tus manos vino, curiosamente, a causa de las excelentes ventas logradas por el primer volumen recopilatorio de “La saga de Ben Reilly”, un tochazo de más de 400 páginas publicado por Marvel en Estados Unidos que apenas sería el primero de los muchos volúmenes necesarios el evento completo. Si había tanta gente dispuesta a hacerse con la más denostada aventura de Spiderman, quizás habría un puñado de lectores deseosos de conocer algo muy especial…

 

Y así es como llegamos a este volumen. Tom DeFalco fue el Director Editorial de Marvel que aprobó la elaboración de la historia, allá por 1994. Howard Mackie fue el guionista que tuvo que concluirla, dos años después. El dibujante Todd Nauck todavía no había entrado en la industria cuando todo esto ocurrió, pero ha dibujado a Spiderman durante algún tiempo, y su estilo recuerda en cierta forma a algunos de los autores de la aventura primigenia, como el ya olvidado Steven Butler, o el ahora inaccesible Mark Bagley. Entre todos ellos han compuesto un producto verdaderamente inusual, una “versión del director” de la saga original o, como prefiere definirlo DeFalco, “una oportunidad para dos viejos escritores de Spiderman para demostrar que todavía pueden lanzar algunas interesantes telarañas”.

 

 

¿Contiene este tomo “La saga de Ben Reilly” que le hubiera gustado escribir a los guionistas originales? Es probable que no. Para empezar, porque han pasado quince años, la memoria es débil y muchas notas de las reuniones de entonces se han perdido para siempre. Para continuar, porque faltan piezas fundamentales de aquel equipo, como J. M. DeMatteis, el guionista que mejor definiera a Ben Reilly, o Terry Kavanagh, el tipo que, pese a sus escasas habilidades como escritor, debe llevarse el mérito de haber tenido la idea original. Y para finalizar, porque aquellos elementos que configuraron los cómics que vieron la luz durante esos dos años han determinado mucho de lo que aquí se cuenta. Sorprende, por ejemplo, que DeFalco y Mackie recurran aquí a Norman Osborn, puesto que la única figura en la sombra que se les pasó por la cabeza en un principio fue la de Miles Warren, y la opción de resucitar a Norman no llegara hasta mucho tiempo después.

 

Por el contrario, estos seis números que condensan, redefinen y alteran aquel caudal infinito de tebeos sí se acerca, en espíritu, a lo que podía haber sido pero no fue “La saga de Ben Reilly”: una trascendental aventura de Spiderman con un principio, un nudo y un desenlace planificados con coherencia. Las cosas son como son, y no como nos hubieran gustado que fueran, pero hay que alabar este sorprendente experimento que se lee como un desquite por parte de sus autores: otra una manera de decirnos que las cosas se podrían haber hecho mucho mejor. Quién sabe si este proyecto será el germen que lleve, algún día, a reposicionar en el escenario a Ben Reilly. Tantos años después, con la perspectiva que da el paso del tiempo, va a ser verdad eso de que algunos le echamos de menos.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Spiderman: La saga del clon

LA SAGA DE FÉNIX OSCURA: EL NACIMIENTO DE UN MITO

Eran el patito feo del Universo Marvel. Frente al drama adolescente de Spiderman, a la épica de Los Vengadores o la ciencia-ficción sofisticada de Los 4 Fantásticos, las andanzas de cinco chavales a las órdenes de un señor calvo no conseguían concitar la atención y el cariño de las masas. La Patrulla-X de Stan Lee y Jack Kirby nació en 1963, en plena ebullición creativa de La Casa de las Ideas, y lo hizo a partir de una idea tan inteligente como sugestiva: la existencia de un nuevo tipo de personas, dotadas con superpoderes como consecuencia de su herencia genética. Así vieron la luz los mutantes, en un contexto de miedo atómico y reivindicación de minorías, porque ahí sí acertó Stan Lee: cuando convirtió a sus hombres-X en marginados por su condición racial. Las mismas turbas que desconfiaban de Spiderman saltaban enfurecidos y aterrorizados ante la simple idea del homo superior, el siguiente eslabón en la cadena de Darwin, aquellos llamados un día a sustituir al homo sapiens. ¿Qué podían hacer los mutantes, frente a quienes los odiaban? “Aprender a convivir con ellos y enseñarles que no tienen que temernos”, decía Charles Xavier, el maestro que había dado un propósito vital a Cíclope, El Ángel, La Bestia, el Hombre de Hielo y la Chica Maravillosa. “Aniquilarlos y dominarlos”, respondía Magneto, su contrapartida malvada, en una dialéctica que situaba a Xavier en el papel de Martin Luther King y al Amo del Magnetismo más próximo a las invectivas de Malcom X.

 

Era un concepto en cierta forma revolucionario, tanto que llegó demasiado pronto para conseguir la aceptación entre los lectores. Bien hay que decir que sus autores tampoco consiguieron sacarle todo el partido posible, ya que Stan y Jack abandonaron la cabecera demasiado pronto, cuando apenas empezaban a apuntar maneras, e incorporar elementos tan sugestivos como el de Los Centinelas, robots asesinos de mutantes que presagiaban un futuro oscuro para toda la humanidad. Sólo algunos años más tarde, el imaginativo trabajo desarrollado en la serie por Roy Thomas y el mítico dibujante Neal Adams conseguiría vislumbrar cuán lejos podría llegar esa Patrulla-X si se la permitía.

 

Pero no se la permitió, y en el cambio de década, la colección fue puesta en barbecho. Cinco años tardaría en salir del limbo, hasta que, en 1975, los entonces responsables de La Casa de las Ideas decidieron dar una segunda oportunidad a los mutantes… Sólo que la idea sería reformulada en su práctica totalidad. Cíclope y Xavier permanecerían como cabeza visible del equipo, pero todos los demás serían sustituidos por nuevos personajes, procedentes cada uno de ellos de los más diferentes lugares del globo. Había una africana, Tormenta; un ruso, Coloso; un alemán, Rondador Nocturno; un canadiense, Lobezno… El tono de pequeña aventurilla era sustituido por la grandilocuencia, en línea con lo que ya habían hecho Thomas y Adams en los estertores de la primera andadura, mientras que el dibujante Dave Cockrum aportaba un toque eminentemente moderno al diseño de la obra. Quiso la suerte que el guionista responsable, Len Wein, apenas sí llegara a encargarse del episodio de estreno y de apuntar la saga posterior: pronto dejó el trabajo en manos de su joven ayudante, un inglés de veinticinco años llamado Chris Claremont.

Ocurrió de manera gradual, sin hacer ruido y por la puerta de atrás. La “nueva” Patrulla-X de Claremont y Cockrum fue afianzándose poco a poco, haciéndose fuerte allá por donde nunca habían transitado los antiguos hombres-X. Se apelaba a la angustia de la condición mutante, a la minuciosa caracterización de personajes, al acento en aquello que les hacía diferente y únicos, con una mirada puesta en sus vidas privadas; a la concatenación de aventuras sin dejar al lector un momento para respirar, y al tono internacional del equipo, al que muy pronto se le quedó el mundo lo suficientemente pequeño como para viajar a las estrellas y más allá.

 

Tales principios fueron potenciados aún más si cabe cuando Cockum cedió los lápices a John Byrne, el que estaba llamado a ser el gran dibujante estrella de la Marvel de los ochenta, quien ya había desarrollado cierta química de trabajo con Claremont y cuyo estilo realista y dramático se adaptaba a todo lo que necesitaba La Patrulla-X. Aquél era el cómic que Byrne no sólo quería dibujar, sino del que quería formar parte. Tan es así, que su labor se haría extensiva a los argumentos. Gracias a Byrne, los lectores llegarían a mirar con otros ojos a Lobezno, ése pequeño y brutal mutante por el que anteriormente no sentían demasiadas simpatías. Con su misterio a cuestas, su actitud desafiante, con esa rabia enjaulada que nunca sabías cuándo quedaría libre.

En La Patrulla-X había exóticos viajes a lugares como la Tierra Salvaje, Japón o la Antártida; había terribles amenazas, como la de Magneto, renacido y ebrio de poder, o Proteus, un mutante capaz de asesinar a sus víctimas con sólo tocarlas; situaciones dramáticas, en las que una parte del equipo llegaba a creer durante meses y más meses que la otra había muerto, y viceversa; mujeres atractivas, inteligentes e independientes como no se habían visto nunca en un cómic de superhéroes; héroes que era el epítome de la masculinidad… Cada victoria tenía un precio, cada cosa que ocurría dejaba su poso en los personajes, pero también en los lectores, que poco a poco se fueron asomando a aquella Patrulla-X, porque era “el cómic que había que leer”.

 

Los que todavía se resistían a hacerlo cayeron en las redes de los mutantes con una larga epopeya cuyo final redefiniría, desde su publicación en adelante, la manera de hacer tebeos, en más aspectos de los que podría llegar a imaginarse. Fue el arco argumental que, con posterioridad, ha recibido el nombre de “La saga de Fénix Oscura”.

 

La Fénix del título es la Chica Maravillosa, una de las fundadoras del equipo, la eterna novia de Cíclope, que había vuelto al redil poco después de la refundación, con una nueva identidad y unos nuevos poderes que, en ocasiones, hacía que la presencia del resto de sus compañeros fuera poco menos que inútil. ¿Qué ocurre cuando un poder de semejante envergadura es pervertido o cae en manos equivocadas? ¿Qué sucede cuando uno de los tuyos se vuelve contra ti? ¿Cuál es el precio a pagar por el culpable de genocidio? ¿Hasta dónde pueden llegar las ansias de justicia? ¿Hasta dónde el amor?

 

Todas esas preguntas se abordan, y se responden, en estas páginas, en un cómic que establece la medida de cómo narrar una historia en viñetas sin que el ritmo decaiga en ningún momento, sin que el lector adivine nunca lo que encontrará en la siguiente viñeta, sin que ninguna relectura sea menos provechosa que la anterior. El desarrollo ya es modélico, pero lo que convierte en mítica a “La saga de Fénix Oscura” quizás sea su conclusión, un final nunca pretendido ni buscado por sus autores, sino forzado por las circunstancias editoriales y las exigencias de Jim Shooter, el entonces Director Editorial de Marvel. Poco imaginaba él que aquella decisión de cambiar las últimas páginas de la historia, de teñir de negro lo que antes sólo estaba cubierto por la amargura, tendría unas consecuencias tan grandes que nunca han dejado de sentirse, que empapan cuanto tebeo de superhéroes se ha escrito y dibujado desde entonces.

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. La Patrulla-X: La saga de Fénix Oscura

UN COSMOS EN EXPANSIÓN

Una vez cumplido el objetivo de poner en marcha las dos colecciones con las que se abrió el Universo Ultimate, y mientras Mark Millar y Bryan Hitch trabajaban en la llegada de Los Ultimates, en La Casa de las Ideas tuvieron una gran duda: ¿Qué hacer a continuación? El Universo Ultimate se había convertido en el éxito del año y las leyes del mercado siempre dictan que si algo se vende mucho, debe producirse en masa.

En cualquier otra circunstancia, los títulos de la Línea Ultimate se habrían multiplicado de inmediato, con los lanzamientos que hiciera falta. Pero en la editorial comprendían que no era buena idea. Mantendrían la línea Ultimate reducida a unos pocos títulos, lo que permitiría cuidarla al máximo. El objetivo es que nunca llegase a haber más de cuatro series al mismo tiempo. Tenían ya dos en las librerías, una más en preparación y una tercera que sugeriría Brian Michael Bendis, el guionista de Ultimate Spiderman.

Tras muchos años como autor independiente, Bendis había logrado dar el salto al mainstream con una aclamación unánime. En Marvel se preguntaban cuál sería su siguiente proyecto y éste les ofreció fusionar dos viejos conceptos ya desaparecidos, Marvel Fanfare, una colección con autores y protagonistas que cambiaban cada mes, y Marvel Team-Up, una cabecera de Spiderman en la que le acompañaba un héroe diferente por número. De esta forma, Bendis preguntaría a artistas que admiraba qué personaje les gustaría dibujar para Marvel. Él adaptaría la historia y el estilo literario a los deseos de cada uno de ellos, al tiempo que Spidey serviría de maestro de ceremonias. En las oficinas de la editorial, en un momento en que estaban muy abiertos a la experimentación y a nuevos puntos de vista, estimaron que la idea podría funcionar bien, además de expandir el cosmos del Universo Ultimate, sin necesidad de multiplicar exponencialmente el número de colecciones.

Bajo esas premisas, Ultimate Marvel Team-Up se convirtió en la tercera cabecera del Universo Definitivo en ver la luz. La serie abría a lo grande, mediante una historia que era importante por tres motivos: suponía el primer encuentro de Spidey con otro superhéroe, era también la primera vez que el trepamuros se cruzaba en el camino de un mutante y el primer cruce de la versión definitiva de los dos personajes más comerciales de la editorial: el Hombre Araña… Y Lobezno. Matt Wagner, el genio detrás de Grendel, uno de los más sugestivos tebeos del panorama independiente americano, se encargaba de los lápices.

No menos importante fue la segunda historia, un encuentro con Hulk dibujado por Phil Hester (Green Arrow), ya que serviría para dar consistencia a un conjunto de ideas alrededor del escenario sobre el que se movía el Universo Ultimate. Al ambiente de Guerra Fría y paranoia radiactiva que presidía los cómics que hicieran Stan Lee y Jack Kirby en el nacimiento del Universo Marvel convencional, Bendis y Millar querían contraponer un modelo adaptado al siglo XXI, el de “la gran conspiración”, con un reducido número de individuos moviendo los hilos desde las sombras, un Gran Hermano que se sitúa en lo más alto de la cadena alimenticia y controla el mundo. En el choque de Spidey con Hulk se apuntaría por primera vez esta circunstancia.

 

Tras el Goliat Esmeralda, el siguiente “Team-Up” supuso el debut de Iron Man, otro de los héroes que pronto aparecería en The Ultimates. El dibujante era todavía más inusual que los anteriores, puesto que se trataba de Mike Allred, cuyo delirio pop también podía encontrarse en X-Force, otro heterodoxo proyecto que La Casa de las Ideas acababa de estrenar. La apuesta se elevaría aún más con la aventura que, acto seguido, reuniría a Spiderman con Daredevil y Punisher. Bendis se mantuvo fiel al concepto original de estos dos oscuros vigilantes de Marvel, pero fue más allá en todo lo demás: no sólo se trataba de la aventura más larga publicada hasta entonces en MTU, sino que además estaba ilustrada nada menos que por Bill Sienkiewicz, un genio de estilo diametralmente opuesto al típico autor de superhéroes.

 

 

En este volumen se recogen todas esas historias. En total, los ocho primeros números de Ultimate Marvel Team-Up, un esclarecedor y brillante ejemplo de lo mucho que arriesgaba La Casa de las Ideas a comienzos de la primera década del siglo XXI. Porque quien nunca arriesga, nunca gana.

Artículo aparecido en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 3: Un mundo compartido

CLÁSICOS MARVEL GUÍA DE LECTURA 2017

Este es el orden recomendado de lectura para la línea de clásicos Marvel de Panini Comics, actualizado a diciembre de 2017.

LA RECUPERACIÓN

La pelea entre Spider-Man y Cabeza de Martillo ha terminado, pero a la guerra todavía le puede quedar mucho por delante. Faltan todavía tres episodios antes de que saltemos a Marvel Legacy, donde además de la llegada de Los Seis Siniestros y la vuelta a la numeración clásica de Ultimate Spider-Man vamos a tener alguna importante sorpresa que afectará a Miles, y aunque todo parezca ahora muy tranquilo después de la batalla, la semilla de lo que habrá de venir se está sembrando en estas mismas páginas. ¡Atento!

LA GRADUACIÓN DE BOLAS DORADAS Ya le vimos actuar en varias ocasiones durante sus tiempos como alumno de La Imposible Patrulla-X de Cíclope, pero hacía tiempo que Bolas Doradas no tenía un choque contra un villano, al menos no de la envergadura de Cabeza de Martillo, al que vence con cierta facilidad pese a tratarse del tipo que acaba de propinar una paliza al Hombre Araña. ¿Cuál será el siguiente paso en la carrera superheroica del mutante? ¿Permanecerá al lado de Miles o se dispone a emprender su propio camino? A día de hoy, Fabio Medina es uno de los personajes secundarios más interesantes de esta cabecera, pero qué duda cabe que todavía no está preparado para sostener un proyecto por sí mismo, y ni siquiera cabe imaginarlo en una miniserie propia… aunque cosas más extrañas se han visto.

EL REGRESO DE RIO MORALES Primero no se tomó demasiado bien el secreto de su hijo, pero una madre es una madre y Rio ha vuelto para ayudarlo en el momento en que él más lo necesitaba. La situación guarda paralelismos con lo ocurrido con la Tía May y el Peter Parker Ultimate. Ella descubrió su identidad secreta en plena saga del clon y no le gustó lo más mínimo… hasta que luego tuvieron tiempo para hablar. Falta por ver cuál será la posición de Rio Morales en la vida de su hijo en lo sucesivo, algo sobre lo que tendremos más pistas en el próximo número, pero su trabajo en el hospital bien podría servir de cobertura a Miles en otras futuras aventuras.

LA VIDA ES UN COSPLAY Al menos es lo que parece en las colecciones arácnidas de Brian Michael Bendis, donde siempre encontramos a un tipo disfrazado en el momento y lugar más inesperado. ¿Te has fijado del que aparece en la sala de espera del hospital? Se trata del Hombre-D, viejo colega del Capitán América, al que Bendis ya ha recurrido en alguna que otra ocasión. Por ejemplo, estuvo en The Pulse y también formó parte de aquel equipo organizado por el Hombre Maravilla para destruir a Los Vengadores. ¿Que cómo sabemos que es un tipo disfrazada del Hombre-D y no el auténtico? Pues porque Dennis Dunphy viene siendo secundario de la colección de Sam Wilson, donde ha dejado atrás su uniforme clásico, y seguro que Bendis debe estar al tanto de ello, ¿verdad?

 

DE VUELTA AL RING El Hombre-D en su más reciente aventura

ABRAZOS QUE MATAN O que por lo menos hacen daño. Más allá de la entrañable escena en la que Lana agradece a Miles que devolviera el golpe a Cabeza de Martillo, está por ver las repercusiones que tendrá esa declaración de amor por parte de ella. Y hay un detalle que no debemos perder de vista… ¿cómo se lo tomará su madre? ¿Tendrá algo que ver con eso el que vaya a unirse a los Seis Siniestros con motivo de Marvel Legacy?

 

COSAS POR VENIR Miles no lo va a tener fácil

Spot On aparecido originalmente en Spider-Man nº 18

MARVEL DELUXE GUÍA DE LECTURA 2017

Este es el orden recomendado de lectura para la línea Marvel Deluxe de Panini Comics, actualizado a diciembre de 2017

 

EL DILEMA DE PETER Y MARY JANE

En el momento en que Joe Michael Straczynski comenzó su etapa como guionista de El Asombroso Spider-Man, Marvel había dejado despejado el terreno de juego. No había tramas colgadas de épocas anteriores y el asunto que más había complicado la Franquicia Arácnida durante años estaba más o menos resuelto. Ese asunto era la relación de Peter Parker con Mary Jane Watson. Se trataba de un matrimonio forzado por las circunstancias editoriales que nunca había funcionado bien en el día a día de las viñetas: o bien suponía un lastre para los autores o bien anulaba buena parte de la tensión romántica que siempre habían ofrecido las aventuras del trepamuros. Fue así como JMS se hizo cargo de un Peter separado. Faltaba por dilucidar si esa circunstancia se mantendría en el tiempo o si bien la pareja volvería a estar unida.

El primer año largo de Joe en The Amazing Spider-Man estuvo consagrado a la caracterización del protagonista y la reconstrucción de su entorno, a partir de dos circunstancias determinantes: la aparición de Ezequiel Sims, el hombre que le revelaba que sus poderes y su destino estaba unido a un tótem arácnido del que nunca había oído hablar, y el descubrimiento por parte de Tía May de su identidad secreta. Ambas circunstancias obligaron a Peter a crecer, tanto como persona como superhéroe. Había aceptado un trabajo como profesor en su viejo instituto, se había enfrentado, y vencido, a la primera de las amenazas que Ezequiel le anunciara que tratarían de acabar con él y se había sincerado con la mujer que le criara como una madre, desvelándole toda la verdad acerca de su actividad como superhéroe.

 

¿Cuál era el siguiente paso? El escritor lo tenía muy claro: era necesario despejar la duda acerca de Mary Jane. Una separación no era equivalente a un divorcio, sino un estado intermedio, a partir del cual se podía avanzar o se podía retroceder. Con esa idea en mente, ya desde The Amazing Spider-Man vol. 2, #39 (2002) JMS mostró la solitaria vida de ella en Los Ángeles, y cómo era incapaz de dejar de pensar en Peter. Apenas unos números después, empezó a jugar con la posibilidad de que la pelirroja regresara a primer plano, recurriendo para ello a los mejores instrumentos de comedia romántica que estaban al alcance de un guionista televisivo tan brillante como él. Un viaje de Peter y Tía May hasta la Costa Oeste, al encuentro de la pelirroja, además de una ácida mirada al Hollywood comercial, certificó que Peter podía estar separado de su esposa, pero la seguía amando. La amaría, como decía el título del tomo anterior a éste, hasta que las estrellas se congelaran.

 

Straczynski anunció en público que la solución al dilema llegaría con un número redondo, The Amazing Spider-Man #50 (2003), y se negó a posicionarse al respecto de lo que ocurriría en sus páginas, para que nadie intuyera en qué sentido se decantaría la historia. Unos meses antes, se había estrenado al fin la ansiada película del lanzarredes, en la que la Mary Jane encarnada por Kirsten Dunst quedaba entronizada como la pareja por excelencia de Peter. Marvel había hecho seguidismo del largometraje en algunos aspectos, como la vuelta a primer término del Duende Verde, pero JMS continuaba gozando de carta blanca, por lo que cualquier opción estaba sobre la mesa. Tampoco era necesario que la pareja volviera a estar unida: como se venía demostrando en números anteriores, Mary Jane podía formar parte del elenco de secundarios sin necesidad de unir el destino al de su todavía marido.

 

Las circunstancias fueron propiciadas por la llegada de un segundo enemigo de los tótems arácnidos, que trataba de vencer allí donde Morlum había fracasado. La saga de dicho villano había sido tan apabullante que el guionista difícilmente podría ofrecer algo que estuviera a la misma altura emocional y dramática. En lugar de buscar la superación de unos parámetros que se antojaban inmejorables, decidió irse al extremo opuesto: Shathra, la nueva amenaza que sustituía al vampiresco individuo, atacaba en una esfera distinta de la vida de Spiderman, al tiempo que Ezequiel reaparecía en escena para ofrecer más detalles sobre la naturaleza totémica de los poderes arácnidos y desmentía que entrasen en contradicción con el origen establecido del superhéroe, una queja que habían lanzado algunos aficionados. Shathra no llegó en absoluto a epatar a la audiencia de la manera que lo hiciera Morlum, pero supuso una interesante vuelta de tuerca, además de aportar uno de los escasos villanos femeninos del protagonista. Por si fuera poco, sirvió de catalizador para el regreso de Mary Jane. El episodio estaba en su mayor parte compuesto por una larga conversación entre ella y Peter. “Traté de imaginar cómo sería si yo estuviera en su lugar”, explicó el guionista al respecto de cómo había desarrollado la historia. “Luego hice que Peter fuera más listo que yo, porque siempre estropeo las cosas cuando estoy en ese lugar”.

 

Sin duda era necesario reexaminar la relación. ¿En qué había fallado? Por mucho que ambos se quisieran, ¿había alguna manera de hacer funcionar el día a día? Todos los anteriores guionistas del trepamuros se negaban a abordar el verdadero problema: que la relación no estaba cimentada sobre base real alguna, sino que era el resultado de una operación de marketing editorial que había tenido cierto sentido en el momento de llevarse a cabo, pero que no estaba pensada para seguir adelante más allá de ese trance. La que fuera una chica imprevisible, seductora y alocada en los gloriosos años sesenta, una vez firmados los papeles, había quedado como una esposa antipática y aguafiestas, que se mostraba disconforme con que su marido fuera Spiderman y que le había rogado en multitud de ocasiones que colgara las redes. Su presencia era un lastre de negatividad para las historias, que anulaba además cualquier ingrediente romántico, un elemento clave en la trayectoria del lanzarredes. La cuestión resultaba realmente endiablada y muy difícil de abordar.

 

Por suerte, JMS encontró una brillante solución para todo ello, que encajaba como un guante en cuanto venía construyendo desde su llegada. ¿En qué consistía? Y sobre todo, ¿de qué lado se decantaría, a favor del regreso o la marcha de Mary Jane? La respuesta se encuentra en las siguientes páginas.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 3

DIBUJANTE AL MANDO

Ya lo adelantábamos el mes pasado y lo puedes comprobar en este número. Ryan Stegman se ha puesto delante del procesador de textos y es, a partir de este momento, guionista de la serie… ¡todavía con Conway al lado! ¿Qué cabe esperar del futuro? Francamente, no lo sabemos con certeza. Los dos siguientes números está anunciados por Marvel con guión de Conway, mientras que los dos siguientes llevan la firma de Stegman… lo que todavía no tenemos nada claro es si será como en este mismo episodio, con apoyo del mítico escritor, o volando libre, y tampoco sabemos si será algo definitivo o sólo circunstancial. Conway acaba de cumplir 65 años, edad en que algunos se jubilan, pero ha demostrado estar en una forma excelente, así que dudamos mucho que vaya a hacerlo. Por cierto, Stegman aparece como guionista, pero no como dibujante, salvo por las portadas. De esta manera, además de Juan Frigeri, que nos acompaña este mes, en sucesivas entregas veremos por aquí a Nathan Stockman (Spidey) y a Brian Level (Masacre, Inhumanos). Frigeri de momento nos ha molado bastante, así que no seremos nosotros los que nos quejemos, ya que la serie continúa manteniendo un excelente nivel. Artista argentino nacido en 1983, era conocido hasta ahora en el mercado estadounidense por una miniserie dedicada a Darth Maul, que publicó Dark Horse cuando tenía los derechos de La Guerra de las Galaxias, y por su participación en God Is Dead, la serie creada por Jonathan Hickman y Mike Costa para Avatar Press.

EL VENENO EN CASA Así empezó la última batalla…

MUERTE PARA UN SIMBIONTE …Y así terminó

 

EL DESTINO DE EDDIE BROCK

Sí, ya sabemos que en el Universo Marvel convencional, o en la Tierra Primordial Marvel, como la bautizó Jonathan Hickman tras las Guerras Secretas, Eddie Brock no sólo está a salvo, sino que se dispone a unirse de nuevo con cierto simbionte, para así dar lugar a una nueva serie de Veneno que ha sido todo un campanazo en Estados Unidos y que muy pronto te ofreceremos en España… pero hay que recordar que el Spidey casado y con hija vive en otro mundo, y allí las cosas fueron un poco diferentes. Conway y Stegman han tenido esto en cuenta a la hora de construir su historia. Para ello, se han apoyado en la miniserie original que tuviera el personaje, la que formaba parte de “Secret Wars” y que en España conformó El Asombroso Spiderman nº 110… ¡todavía disponible en tu librería favorita o en la Tienda Panini! Pues bien, en caso de que no la hayas leído, o en caso de que la hayas olvidado, te refrescamos la memoria, o te ponemos al tanto de lo que pasaba en las páginas del primer episodio: Veneno se presentaba en casa y tomaba como rehenes tanto a Mary Jane como a Annie, para iniciarse una encarnizada pelea con Peter, que finalizaba con la muerte de Eddie y del simbionte, atrapados en un incendio después de que nuestro trepamuros hubiera decidido que aquella era la única manera de proteger a su familia. La escena era bastante sorprendente, porque en ella Spiderman no asesinaba al villano de forma directa, pero sí provocaba las circunstancias que llevaban a su muerte, una decisión que, por mucha familia que hubiera por medio, parecía fuera de lo que cabía esperar del Hombre Araña. Del monólogo interior de este número, cabe inferir que Peter ha asimilado lo que hizo: que realmente asesinó a un hombre, aunque fuera un tipo tan peligroso como Eddie Brock. Y el caso es que, cuando ha ocurrido una situación tan extrema en la vida del trepamuros, siempre, siempre, siempre ha habido luego consecuencias negativas para él. Esta aventura trata precisamente acerca de eso. En cuanto a Liz Allan… uhm, el mes que viene tendremos que hablar sobre ella. Y también sobre Normie.

Spot On de El Asombroso Spiderman: Renueva tus votos nº 9

EL HÉROE FUERA DEL TIEMPO

Los héroes fundamentales surgidos de la imaginación de Stan Lee que conformarían lo que hemos dado en denominar Universo Marvel surgieron a comienzos de los años sesenta, en lo que se dio en llamar la Era de Plata de los cómics. Stan Lee, junto a los dibujantes Jack Kirby y Steve Ditko, entre otros, concibió personajes como Los 4 Fantásticos, Spiderman, Hulk, Los Vengadores o La Patrulla-X, que consiguieron dar nueva vida a un género, el de los superhéroes, que por aquel entonces todos daban por acabado.

La editorial que lanzó esos grandes éxitos pronto tomaría la denominación de Marvel Comics. Sin embargo, aquella factoría burbujeante de ideas que acababa de alcanzar el estrellato llevaba ya más de dos décadas produciendo tebeos. Su auge hay que buscarlo en la década de los años cuarenta, la Edad de Oro de los Cómics. El nacimiento de Superman y Batman, ambos de National Periodicals (posterior DC Comics), animó al editor Martin Goodman, dueño de Timely (el germen de lo que luego sería Marvel), a presentar nuevos personajes circunscritos al género superheroico. Entre otros, Timely presentó a la Antorcha Humana original, a Namor, el Hombre Submarino… Y al Capitán América.

 

Fueron dos jóvenes de origen judío, el escritor Joe Simon y el dibujante Jack Kirby, quienes, furiosos e impotentes ante el auge de las Fuerzas del Eje, decidieron crear un nuevo icono que representara el espíritu de una juventud que quería luchar contra el nazismo. Steve Rogers, un humilde hijo de la Depresión Americana, es quien se transforma, gracias al suero del supersoldado, en el Centinela de la Libertad. El primer número de su colección aparecería con fecha de marzo de 1941, y en la portada el Capi, vestido con su traje tricolor y armado con su escudo, golpeaba al dictador en la cara. La imagen estremeció a un país que, apenas unos meses después, entraría en guerra contra Alemania.

 

El Capitán América fue el mayor representante de Timely durante los años siguientes, un verdadero símbolo de la justicia que incluso llegaría a contar con seriales cinematográficos. El final de la guerra, sin embargo, traería su declive y desaparición. ¡Pero el mito no había hecho más que nacer! En 1963, en plena ebullición de Marvel, Stan Lee tuvo la brillante idea de unir en un único equipo de justicieros a las principales espadas de la editorial. En Los Vengadores estarían Thor, Iron Man, Hulk, El Hombre Hormiga y La Avispa. Pero faltaba algo. Y entonces, Stan se acordó de la figura del Capitán América, y encontró la manera perfecta de recuperarlo. En su cuarta aventura, Los Vengadores encontraban por casualidad al veterano héroe, congelado en hielo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y que de nuevo volvería a entrar en acción.

 

El gran acierto de Stan Lee, más allá de recuperar a un personaje que permanecía en el recuerdo del país, estuvo en presentarlo como un hombre fuera de su tiempo: alguien que había vivido en un mundo de buenos y malos y ahora descubría la existencia de toda una escala de grises. Además de sus aventuras junto a Los Vengadores, de los que pronto se convertiría en líder, Steve Rogers contaría enseguida con su propia colección, también desarrollada por Lee con dibujos de Jack Kirby, el que hubiera sido su creador gráfico y que tenía la oportunidad, veinte años después, de reinterpretarlo para las nuevas generaciones.

 

En los años siguientes, grandes autores como Jim Steranko, John Romita, Gene Colan, Steve Englehart o Sal Buscema apuntalarían el mito. El trabajo de estos dos últimos, ya a mediados de los setenta, fue especialmente revelador: Uno a los guiones, el otro a los lápices, narrarían un largo ciclo de historias en el que el Capi tendría que abrir los ojos a la América corrupta del escándalo Watergate, el mismo que había hecho despertar al país a la dura realidad. Desencantado, Steve Rogers decidía abandonar la identidad del Capitán América para adoptar la del Nómada, un héroe sin patria. Tras comprender que el sueño al que representa no reside en los políticos, sino en el pueblo, el Centinela de la Libertad volvía a su puesto, con más fuerza que nunca.

 

La etapa que recoge este volumen se publicaría unos años más tarde, entre 1980 y 81, y supondría otro nuevo acierto, no sólo para el héroe de las barras y estrellas, sino también para Marvel. Sus responsables son el guionista Roger Stern y el dibujante John Byrne, quienes se habían amamantado con las grandes sagas de Stan Lee y Jack Kirby para pasar luego a convertirse en piezas fundamentales de la factoría. Curiosamente, cuando recibió el encargo de escribir la serie, Stern ya había pasado un año coordinándola, pero no por ello se sintió menos intimidado. Veía al personaje como un idealista y un patriota: un símbolo viviente del Sueño Americano. ¡Y es muy difícil que una persona convencional se sienta identificada con alguien así! Por eso, Stern quiso meterse en la cabeza de Steve Rogers, misión que se tomó muy en serio y para la cual realizó un profundo estudio de los años veinte, la época en la que hubiera nacido el hombre bajo la máscara. Fue entonces cuando hizo un descubrimiento que le sorprendió: aquél había sido un tiempo tan depravado como el actual, con grandes injusticias económicas y corrupción política generalizada. No era cierto que las cosas hubieran cambiado tanto desde entonces: simplemente, los demagogos que engañaban a la gente habían cambiado la radio por la televisión.

 

En cuanto supo que su amigo Stern escribiría la serie, John Byrne tuvo claro que él debía dibujarla, y nadie se hubiera atrevido a negar tal deseo al que estaba considerado como uno de los grandes autores de la época. El entintador Joe Rubinstein completaría un equipo que se encargaría de nueve trepidantes episodios repletos de acción, con nuevos y viejos enemigos y un renovado plantel de secundarios del que surgiría el nuevo interés amoroso de Steve Rogers. Entre las aventuras narradas, algunas se quedarían para siempre en la memoria del lector. A destacar, el encuentro con el Barón Sangre, una escalofriante amenaza de los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, cuya conclusión dejó boquiabiertos a miles de fans; el capítulo en el que se aborda la hipotética candidatura del Capi a la presidencia, que a punto estuvo de tener un final diferente, o el flashback con el que se corona la etapa, y en el que se rememora el origen del héroe, tan redondo y certero que acabaría siendo novelizado, e incluso convertido en audiolibro.

Aquella época dorada terminó demasiado pronto, cuando ya había alcanzado la categoría de excelente. Los motivos habría que buscarlos en las discrepancias editoriales acerca de algo tan nimio como la duración de la siguiente saga que Stern y Byrne tenían proyectado realizar: un choque contra Cráneo Rojo, el archienemigo del Capi. Ante la imposibilidad de seguir adelante con sus planes, el guionista decidió abandonar la colección, y con él también se fue el dibujante. Pese a todo, ambos recuerdan todavía esta colaboración como una fuente de inmenso disfrute y alegría. Quedó para siempre como uno de los mejores periodos jamás vividos por el Capitán América, y entre los que más acertadamente definen a este defensor de los sueños que no teme nunca enfrentarse a la realidad, por dura que sea.

Artículo aparecido en Marvel Héroes. Capitán América: La leyenda viviente

SPIDER-MAN: AÑO 1

Los noventa fueron terribles para Spider-Man.

El personaje llevaba más de tres décadas en activo, y seguía siendo uno de los más populares, si no el que más, de los héroes Marvel. Sus aventuras se extendían a lo largo de varias colecciones que seguían cada mes cientos de miles de lectores en todo el mundo.

Sin embargo, algo no funcionaba.

Las historias del lanzarredes habían caído en un pesimismo existencialista de difícil solución. En realidad, los guionistas no sabían muy bien qué hacer. Después de unos años ochenta vigorosos, y de un comienzo de década presidido por los más espectaculares dibujantes, el Hombre Araña parecía haberse quedado sin vitalidad. ¿Qué fallaba? Un conjunto de cosas. En primer lugar, el exceso de series jugaba en contra de la trascendencia de las mismas. Había muchos títulos, pero pocas ideas que desarrollar en ellas; para continuar, la negativa de Marvel a permitir la evolución del protagonista no hacía ningún favor al espíritu que le había guiado durante su trayectoria hasta la fecha. Si Spider-Man se había pasado toda su existencia madurando, desde los dieciséis años a los que recibió la picadura de la araña a los veinticinco recién cumplidos poco después de casarse con Mary Jane Watson, ahora la editorial se mostraba reticente a mostrar la verdadera edad del héroe. El desesperado intento por hacerlo parecer más joven de lo que realmente era dio al traste con buena parte de su encanto. Por si fuera poco, para afrontar todos estos problemas, en Marvel tomaron una decisión radical que acabó por hundir al trepamuros en la miseria: traer de vuelta al clon de Peter Parker que llevaba dos décadas aparentemente muerto y desvelar que se trataba del auténtico Spider-Man. Los lectores rechazaron por completo el planteamiento, y las ventas descendieron en picado.

En un contexto tan poco propicio para las obras maestras, una pequeña y valiente propuesta abrió una brecha y mostró el camino a seguir para sacar al Hombre Araña de la peligrosa senda en la que se había introducido. A finales de 1996, Marvel planeaba lanzar una línea de títulos “baratos” (99 céntimos de dólar frente a los 1,95 $ que costaba entonces un cómic convencional) que fueran atractivos para las nuevas generaciones. Spider-Man sería uno de los baluartes del nuevo sello y las historias que se narrasen en la nueva colección transcurrirían en su época de universidad, según había planeado el editor Tom Brevoort antes siquiera de tener un equipo creativo que se encargara de ella. Fue entonces cuando Kurt Busiek entró en escena. Busiek, guionista de Marvels, el cómic más importante que ofrecería la Casa de las Ideas a lo largo de toda la década, percibió mejor que nadie qué había que hacer con el lanzarredes.

Obsesionado con los primeros tiempos vividos por el personaje, aquellos míticos episodios de Stan Lee y Steve Ditko, Busiek propuso retroceder hasta ese punto, hasta el primer año de actividad heroica de Peter Parker, y narrar hechos situados entre las aventuras de Lee y Ditko, con absoluto respeto hacia la continuidad establecida, de tal manera que, en lugar de contradecir aquellos tebeos, las nuevas historias sirvieran de complemento a los mismos y aclarasen puntos oscuros del pasado de Spider-Man. Brevoort dio el visto bueno, y además eligió un compañero de viaje cuyo estilo recordaba poderosamente a Steve Ditko: el dibujante Pat Olliffe.

Una vez en la calle, Las historias jamás contadas de Spider-Man no sólo entusiasmaron al lector veterano, que encontró en ellas multitud de segundas lecturas: Los lectores de nuevo cuño tuvieron ante sí un perfecto vehículo para introducirse al fascinante Universo Arácnido y conocer a quienes lo pueblan, desde el mismo Peter Parker a toda la pléyade de secundarios: tía May, Betty Brant, Liz Allan, Jonah Jameson, Flash Thompson e incluso Mary Jane Watson, que todavía no conocía a Peter, aunque eso no impida su presencia en estas páginas; Desde los grandes villanos como el Doctor Octopus, el Duende Verde o El Buitre a otros héroes de Marvel, como La Patrulla-X, el Doctor Extraño o Los Cuatro Fantásticos. Y eso sin olvidar los nuevos personajes creados por Busiek, que forman ya parte de la leyenda.

Artículo aparecido originalmente en Las historias jamás contadas de Spiderman vol. 1 (forum)

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