NOCHES DE MADRIPUR: LA HISTORIA DE CÓMO LOBEZNO CONSIGUIÓ COLECCIÓN PROPIA

Los Vengadores, Los 4 Fantásticos y Spiderman fueron los personajes de cómic más importantes de los años sesenta y setenta, pero, en las décadas posteriores, La Patrulla-X en general y Lobezno en particular se añadieron a ese selecto Olimpo en el que sólo caben unos pocos elegidos y en el que la renovación es poco menos que un sueño imposible.

El ascenso del mutante de las garras de adamántium fue lento, pero imparable, culminado con su transformación en personaje de cine y televisión, pero mediatizado por un alto en el camino que marca un antes y un después: el lanzamiento de su propia serie mensual. Aquel era un sueño largo tiempo acariciado por los fans, que, hasta 1988, fecha del lanzamiento de la cabecera, se habían tenido que conformar con contadas aventuras de Logan en solitario, tanto dentro como fuera de las páginas de La Patrulla-X. A ese respecto, hay que tener en cuenta que, en un primer momento, los lectores no estaban demasiados interesados en Lobezno, hasta el punto de que más de uno exigió su eliminación y el guionista Chris Claremont llegó a planteársela. Fue la llegada de John Byrne a los mutantes la que permitió un giro radical y lanzó a Lobezno hasta el estrellato, en un proceso que puede contemplarse en los dos primeros volúmenes de Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X, donde se recopilan los cinco años iniciales de los nuevos hombres-X. En ellos, la participación de Logan va en aumento, hasta resultar determinante en unas pocas historias, como el viaje a Canadá en el que los mutantes se enfrentan con Alpha Flight o “Días del futuro pasado”, en donde se presentaba a un Lobezno maduro y canoso en un futuro apocalíptico. Sin embargo, y salvo alguna historia corta completamente anecdótica, hasta Uncanny X-Men #162 USA (1982. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X nº 4) los lectores no contemplaron una gran aventura en la que Logan fuera el único y exclusivo protagonista. Aquella historia, en la que luchaba contra los alienígenas de El Nido y conseguía eliminar al embrión que trataba de crecer en su interior, se quedó en la memoria de los aficionados como un momento verdaderamente especial. Pero era insuficiente: querían más… Y Marvel no tardó en dárselo.

 

Apenas un par de meses más tarde, vio la luz la mítica primera miniserie de Lobezno, cuatro memorables números realizados por Claremont con dibujos de Frank Miller y ambientados en Japón, que además de recibir la aclamación de público y crítica lograron unas ventas extraordinarias. No es extraño que, en cuestión de dos años, Marvel lanzara una secuela, en la que Lobezno compartía cartel con su compañera Kitty Pryde, también con Japón como escenario. Para entonces, las peticiones de que Logan tuviera una colección mensual ya era un clamor dentro de la editorial. Chris Claremont, sin embargo, no lo tenía claro: el que había sido casi el único guionista del personaje hasta entonces era muy celoso de su trabajo. No estaba dispuesto a que ningún otro autor tocara a sus mutantes y tampoco acababa de encontrar tiempo para encargarse él mismo del ansiado proyecto. Además, ¿cómo podría coordinar todas esas aventuras al margen de La Patrulla-X con las que vivía el héroe dentro del grupo? Las anteriores miniseries ya habían supuesto un gran esfuerzo en ese sentido. Convertir lo esporádico en permanente no podía sino traer quebraderos de cabeza.

 

Sin embargo, la insistencia de Marvel fue tal que, al fin, Claremont logró encontrar la fórmula para que todo encajara. Tras una épica saga titulada “La caída de los mutantes”, La Patrulla-X había pasado de estar en su plácida mansión de Salem Center a establecerse en una aldea abandonada en el desierto australiano. Mientras el mundo entero creía que sus integrantes habían muerto y un hechizo impedía que sus imágenes fueran recogidas por medios tecnológicos, los héroes llevaban a cabo incursiones furtivas allá donde eran requeridos, mediante la ayuda de Pórtico, un nuevo miembro del grupo capaz de teleportarles allá donde fueran necesarios. Por tanto, no era demasiado complicado que Logan hiciera, de vez en cuando, escapadas que le llevaran lejos, muy lejos, donde pudiera ser un hombre distinto al que los lectores conocían.

 

Claremont siempre ha sostenido que Lobezno es un personaje universal y atemporal, la moderna encarnación del aventurero arquetípico que podía haber vivido en cualquier lugar y época: El Conan de los tiempos pre-cataclísmicos, el Han Solo de una galaxia muy lejana… O el Rick Blaine de Casablanca. Siguiendo el ejemplo, el guionista creó una nueva personalidad para Logan, la de Parche, que guardaba un buen número de paralelismos con el mítico personaje cinematográfico. Al igual que éste, contaba con un pasado envuelto en brumas, era un tipo de vuelta de todo, pero honorable y de fuertes convicciones, que había pagado un alto precio por mantenerlas. Además, disponía de un bar ubicado en un lugar exótico que recibía las visitas de los más diversos clientes.

 

El Rick’s Café se convertía entonces en el Princesa, mientras que Casablanca se transformaba en Madripur, una ciudad imaginaria, al sur de Singapur, “donde el siglo XXI vive hombro con hombro con el XVIII”, decía Claremont. En definitiva, el escenario perfecto en el que incluir a Lobezno. No es extraño que, para insistir en ese toque de aventura clásica, el guionista eligiera como compañero de viajes a John Buscema, el veterano artista que había dibujado Conan durante tantos y tantos episodios y que encajaba a la perfección en las premisas que tendría la nueva serie. Ésta vio la luz con fecha de portada de noviembre de 1988, aunque antes contó con una introducción de diez entregas, contenido en la revista Marvel Comics Presents y publicado en los meses precedentes.

 

Este volumen ofrece tanto ese prólogo como los cinco primeros episodios de la colección propiamente dicha. En ella, quedó marcado a fuego el momento en el que Lobezno adquirió independencia y vida propia. Es el instante trascendental en el que el más popular mutante que jamás haya existido se elevó sobre sí mismo, para alzarse como un mito moderno, quizás el último de los muchos que ofreció el siglo XX.

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Héroes. Lobezno: Noches de Madripur

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