MONOGRÁFICO JIM LEE 2. ACTOS DE VENGANZA

En 1989, los mutantes de Marvel atravesaban un momento complejo. Las enrevesadas tramas de Chris Claremont habían alcanzado un punto de catarsis a partir del cual lo imposible era probable. La Patrulla-X había muerto ante las cámaras de televisión para luego, lejos de ojos indiscretos, volver a la vida y asumir el papel de leyenda urbana. Como consecuencia de ello, sus miembros ya no podían ser detectados por medios mecánicos y habían cambiado su residencia hasta un pueblo perdido de Australia, donde Claremont complicaría aún más sus vidas. Acosados por sus enemigos, cada uno de los hombres-X había saltado a otra dimensión, llamada el Lugar Peligroso, de la que regresaban completamente alterados. 

 

Mientras discurría aquella historia-río, Bob Harras, entonces responsable editorial de las colecciones mutantes, se encontró con un pequeño problema. Durante los meses de verano, la serie aparecería quincenalmente. El dibujante habitual, Marc Silvestri, que ya acumulaba unos cuantos retrasos, no podría acometer tantas entregas. Al menos tres de ellas debían ser cedidas a otro autor.

Por entonces, Harras ya se había fijado en Jim Lee, quien más pronto que tarde estaba llamado a misiones de mayor envergadura que la colección secundaria de Punisher. Pero el editor nunca había trabajado con él, así que primero le puso a prueba. Le encargó que dibujara, a toda prisa, el The Uncanny X-Men #248 USA (1989). No era un cómic fácil, pero quince días después, Harras tuvo en sus manos las 22 páginas y la portada, todas de una elevada calidad. Era evidente que Lee podía acometer aquellos tres episodios veraniegos, de suma importancia no ya para su futuro, sino para el de la industria del cómic.

Dicha aventura (The Uncanny X-Men #256-258 USA, 1989-1990) estaba encuadrada dentro de “Actos de Venganza”, una saga que, pese a leerse de forma independiente, enlazaba con otros títulos de la editorial. La premisa era, cuanto menos, interesante: los grandes villanos se intercambiaban entre ellos a sus principales enemigos, lo que daba lugar a situaciones nunca antes vista. Por ejemplo: mientras Magneto estaba batallando contra Spiderman, a La Patrulla-X le tocaba enfrentarse con… ¡El Mandarín! Sin embargo, a causa de la diáspora al Lugar Peligroso, de los hombres-X sólo quedaba en pie Lobezno y una joven ayudante, recién adquirida por Logan, llamado Júbilo. Al lado del criminal, por contra, los lectores descubrirían una insospechada presencia: la de una antigua mujer-X que, tras pasar por el Lugar Peligroso, incluso cambiaba de raza.

 

Había llegado su oportunidad y no la iba a desaprovechar. En esos tres números, Jim Lee explotó sus habilidades hasta el paroxismo: composiciones cinematográficas, detallismo casi enfermizo, figuras humanas perfectas y en posturas de revista… Todo eso estaba presente en uno de los guiones más inspirados de Claremont. El escritor había contado durante su carrera con compañeros de viaje capaces de sacar todo el jugo a su prosa, como John Byrne, Paul Smith, Bill Sienkiewicz, Frank Miller, John Romita Jr. o Arthur Adams. Sin embargo, llevaba largo tiempo sin encontrar un aliado con el que alcanzar los niveles de éxito logrados junto a los anteriormente mencionados.

Lo más sorprendente es que Jim Lee no era todavía el dibujante fijo de La Patrulla-X, sólo un mero sustituto. Pero aquellos memorables episodios bastaron para que todos, lectores y aparato editorial, ansiaran que asumiera tal posición, algo que ocurriría apenas unos meses después.

Artículo aparecido originalmente en Maestros Marvel: Jim Lee

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