LOS 4 FANTÁSTICOS: DETRÁS DE LA VUELTA DE GALACTUS

A lo largo de los años sesenta, Los 4 Fantásticos fue la colección más importante del Universo Marvel, una ventana a un mundo lleno de posibilidades infinitas. No sólo el hecho de haber sido la colección en inaugurar aquel cosmos de ficción era importante, sino también el que fuera el título más preciado por Stan Lee y Jack Kirby. En la concepción misma de La Primera Familia estaba implícito el descubrimiento de nuevos horizontes. Porque Los 4 Fantásticos no sólo son superhéroes, sino también pioneros, investigadores de lo desconocido, rastreadores de la siguiente frontera del universo.

Durante toda esa década, un conjunto de conceptos más-grandes-que-la-vida fueron surgiendo de las páginas de The Fantastic Four. Ya en su segunda aventura, tuvieron la oportunidad de enfrentarse a los Skrull, una raza metamórfica de extraterrestres que perseguía la conquista de la Tierra. Este primer choque, que se resolvió de manera imaginativa en apenas veinte páginas, tuvo como consecuencias el inicio de la enemistad permanente entre los hombrecillos verdes y Los 4 Fantásticos, que volvieron a enfrentarse en multitud de ocasiones a partir de entonces. Con el tiempo, los alienígenas incluso lanzarían a su propio campeón, el Super-Skrull, un miembro de su raza capaz de emular las habilidades de los integrantes del cuarteto, y que les metería en aprietos en más de una ocasión.

 

Pero los Skrull no eran más que una muestra de los peligros que aguardaban “ahí fuera”. Debemos fijarnos en la época más fructífera de la colaboración entre Lee y Kirby, la que se desarrollaría entre los años 1965 y 1967, trienio maravilloso en el que se presentaron en sociedad un torrente de personajes que pasarían a formar parte indispensable de la Casa de las Ideas: la raza oculta de Los Inhumanos, Pantera Negra y su país, Wakanda, Warlock (llamado entonces, simplemente, Él)… Pero, por encima de todo, estaba Galactus y su heraldo, Estela Plateada.

 

Galactus, cuya primera aparición tuvo lugar en Fantastic Four #48 USA (1966. Marvel Deluxe. Los 4 Fantásticos: La Edad Dorada), no se presentaba como un villano al uso, sino como una auténtica fuerza cósmica que se limitaba a cumplir con su destino, el de consumir los mundos con los que saciar su infinita sed. Después de entrar en contacto con la humanidad, Estela Plateada decidía volverse contra su amo, mientras que El Vigilante, otra entidad de naturaleza celestial, prestaba su ayuda a la Primera Familia, al sugerirles la localización de la única arma que podría vencer a Galactus. Aquella memorable aventura se quedó grabada en la retina de los lectores, de tal manera que cada nueva aparición de Galactus sería recibida con alborozo. Los guionistas, tanto Lee como sus sucesores, se verían obligados a su vez a encontrar argumentos imaginativos en los que emplear al Devorador de Mundos, puesto que había que ofrecer nuevas sagas a la altura de la primera y que no se limitasen a repetir sus esquemas.

 

Esa categoría de serie en la que se desarrollaban las grandes aventuras de carácter cósmico fue cedida, ya en los años setenta, a Los Vengadores. Sin embargo, a finales de dicha década, Los 4 Fantásticos volvieron a convertirse en protagonistas de una de las mayores epopeyas galácticas que se hayan publicado jamás. A lo largo de once episodios, lo que equivalía a prácticamente un año entero de la serie, la Primera Familia se vio inmersa en una conflagración de gigantescas proporciones, que envolvería tanto a algunos de sus contrincantes habituales como otros que habían surgido de diversas fuentes.

 

El responsable de esta ambiciosa propuesta fue el escritor Marv Wolfman, uno de los autores clave de la época, acostumbrado a desplegar numerosos repartos a lo largo de multitud de escenarios, y que en este caso no hacía sino continuar un puñado de argumentos que habían quedado inconclusos en otro de sus proyectos: Nova, el Cohete Humano. Inicialmente, Nova se había movido en el terreno de una serie ligera, centrada en las andanzas superheroicas de un adolescente que recordaba a Peter Parker. Progresivamente, sin embargo, Wolfman fue introduciendo una mayor complejidad en las historias, ahondando en las raíces espaciales del Cuerpo Nova, una especie de policía galáctica, y llevando al héroe a vivir grandes aventuras más allá de su planeta de origen. Todo eso tenía lugar mientras el enigmático y poderoso ser llamado La Esfinge cobraba importancia y reclutaba a todo un grupo de superhéroes: Los Nuevos Campeones. Nova #25 USA (1979. Biblioteca Marvel: Nova), el último número de la colección, concluía con La Esfinge y Los Nuevos Campeones, entre los que se encontraba Nova, camino del planeta Xandar, donde les esperaba un destino incierto.

 

Ante la cancelación de la cabecera, Wolfman decidió trasladar todos los argumentos inconclusos a las aventuras de Los 4 Fantásticos, aunque la saga subsiguiente podría leerse de manera independiente y autónoma, puesto que eran muchos más los lectores que tenían éstos que los que dejaba atrás Nova. El resultado no pudo haber sido más espectacular. Con la llegada de la Primera Familia, el conflicto que se estaba tejiendo se transformaba en una guerra intergaláctica en la que los héroes se veían implicados casi por accidente y de la que ya no podrían escapar hasta su conclusión. El relato navegaría por inesperados lugares, sumando más y más personajes a cada nueva entrega, hasta un apoteósico final que enfrentaría a Galactus con La Esfinge, con Los 4 Fantásticos librando a su vez una aterradora batalla contra la muerte. Quedaría también un hueco para la sonrisa, con la presentación en los cómics de HERBIE, un pequeño robot volador que había ocupado el lugar de La Antorcha Humana en una serie de dibujos animados que el cuarteto protagonizara en aquel entonces, pero tan pequeña anécdota no empañaría la trascendencia y épica que se respiraba en cada página.

 

A la espectacularidad del resultado contribuiría no sólo el planteamiento de gran odisea coral diseñado por Wolfman, sino el impresionante trabajo realizado por los dibujantes. La saga fue iniciada por Keith Pollard en su mejor momento artístico, con un sólido estilo que le alineaba como discípulo de John Buscema. Tras un par de episodios del hermano de éste, Sal Buscema, la historia alcanzaría su apoteosis con la llegada de John Byrne, el que poco tiempo después se convertiría en autor completo de la cabecera. Joe Sinnott, en tareas de entintado, aportaría homogeneidad y elegancia al conjunto.

 

Eran tiempos en los que a los cines llegaba Star Wars, cuando todavía la llamábamos La Guerra de las Galaxias, y en los que Star Trek se hacía mayor con su propio largometraje. Sin embargo, la más alucinante película de ciencia-ficción no estaba en la gran pantalla, sino en las modestas viñetas de un tebeo que, superadas sus doscientas entregas publicadas y próximo a su vigésimo aniversario, hacía apropiado el lema de portada: “¡El cómic más grande del mundo!”

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