La mano que mece la cuna, es la mano que domina el mundo

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Si hay una cosa que no acierto a entender es que la gente se inmiscuya en los asuntos de los demás. Cómo alguien es capaz de meterse en la vida de otro individuo para moldearla según su criterio, incapacitándolo para la toma de decisiones y el desarrollo de una vida y personalidad propias.
Y tía May, en mi opinión, es una de esas personas que necesita estar siempre en medio.


aymay.jpgMay ha sido una madre sobreprotectora, que crió un hijo representativo de ese tipo de relación materno-filial. Aunque nunca sabremos si la responsable del carácter introvertido -y la constitución enfermiza- que Peter tuvo de pequeño es responsabilidad absoluta de Tía May, lo que está claro es que cuando fue picado por una araña radioactiva y empezó a distanciarse de esta mujer debido a su nueva situación, alcanzó mayor grado de madurez y bienestar. De no haberse cruzado el arácnido en su vida, May habría convertido a Peter en un adulto marginado bajo sus faldas, con serios problemas psicológicos.
Esta natural separación “evolución- de su hijo, supuso todo un torpedo a su frágil línea de flotación emocional. Por esto no es extraño que siempre intentara mantenerlo sometido a su yugo, con continuas enfermedades “somatizadas- y todo tipo de tretas, para reclamar su atención conforme Peter se iba alejando de ella. Y es que, al fin y al cabo, May está sola.
Ben era un padre normal, que en ocasiones tenía algún conflicto con su mujer por culpa de la forma de educar al muchacho. él era perfectamente consciente de que ése no era el camino. Su muerte supuso para ella una acentuación en su patológico estilo de criar a Peter, rayando lo ridículo.
La relación de Peter con alguna chica podía suponer un problema grave para su presencia hegemónica, y de hecho lo fue. Gwen lo vio llegar y supo reaccionar como la situación merecía, poniendo las cosas en su sitio. Lástima que no pudiera completar el trabajo.
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Nathan Lubensky supuso un soplo de aire fresco para May, que adoptó una actitud totalmente nueva ante la vida, llegando incluso a dejar de hablar a Peter al enterarse de que había abandonado sus estudios. Pero otra vez la muerte se cruzó.
Cuando May volvió del secuestro de Norman, que había simulado su fallecimiento, regresó para quedarse. Y con más fuerza que nunca.
Conociendo a MJ, que comparte su vida con Peter, poco podíamos adivinar que se sometería de forma tan sumisa ante las injerencias de Tía May. Pero lo hizo, cayendo también ella bajo su influencia. En contadas ocasiones ha hecho frente a estas intromisiones, es más, acepta de buena gana que la anciana conviva con ellos y comparta las decisiones de pareja. Y tía May tan contenta, claro.
Que la abuela viva en el domicilio familiar parece habitual en los países latinos, pero en la cultura anglosajona resulta algo más excepcional. Y menos tratándose de una persona completamente válida como lo es ella.
maysabe.jpgEl descubrimiento de que su hijo es Spider-Man le ha dado un buen argumento para seguir aferrada con fuertes tentáculos a la vida del muchacho. Un verdadero yacimiento de sufrimiento que dispara aún más el complejo de culpabilidad tan presente en Peter, hábilmente sembrado por ella, y que lo vuelve todavía más permeable a sus manipulaciones. Ahora no solo influye en el ámbito personal, si no también directamente en el superheroico.
Posteriormente Charlie Weiderman quemó su casa, justificando de esta manera un nuevo traslado con la pareja. Pero a May nunca le han hecho falta excusas, ya lo sabemos. Hará lo que ella quiera mientras estos dos no sean capaces de reaccionar.
Y esto no es todo. Los acontecimientos que se están sucediendo en las series americanas refuerzan todavía más su figura, otorgándole un mayor poder decisorio en la vida de Peter. Y sobre todo de Spider-Man.
Por todo ello, el debate urgente no es si MJ y Peter deben separarse. Es que tía May debe morir cuanto antes. O que Jarvis la retire de circulación.

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