LA TELARAÑA ENTRE LAS TORRES

Nos hemos acostumbrado a que Spiderman sea un habitual de los blockbusters cinematográficos, pero nunca fue así. En 2001, faltaba todavía un año para el estreno de su primera película y las expectativas estaban en todo lo alto. Un cartel mostraba al trepamuros asomándose entre los rascacielos de Nueva York, con el World Trade Center reflejándose en sus ojos. En verano, los pases de Parque Jurásico III estaban acompañados de un teaser de la película, que mostraba a unos atracadores escapando en helicóptero, hasta que éste quedaba atrapado en una red arácnida entre las dos Torres Gemelas. Era un avance brillante, que sin mostrar al trepamuros le señalaba como inequívoco protagonista. Pero, el 11 de septiembre de ese año, se transformó también en un amargo recuerdo.

Los atentados del World Trade Center impactaron de lleno en la industria del cómic. La respuesta inmediata del Bullpen de Marvel fue la publicación de un número del trepamuros dedicado a lo ocurrido. A las pocas horas del derrumbe de las Torres Gemelas, con el Bullpen en estado de shock, y mientras Sony se apresuraba a retirar el teaser de la película, Joe Quesada puso en marcha el que fue un manifiesto urgente de La Casa de las Ideas acerca de lo ocurrido. Spiderman era un vecino de la ciudad y el mayor representante de Marvel, así que lo eligió sin pensar otra opción. En lugar de acudir a un especial al margen de la cabecera, quiso que fuera un número más de Amazing, que interrumpiera la saga en curso, que no era otra que la de Tía May descubriendo la doble vida de Peter, porque la inmediatez así lo merecía.

 

El Director Editorial de La Casa de las Ideas pidió a Joe Michael Straczynski que escribiera la historia. Él no sabía cómo hacerlo y pasó varios días dándole vueltas. Entonces, cuando estaba lejos de casa, en el rodaje en exteriores de su teleserie Jeremiah, se metió en la caravana del productor, se hizo con un portátil y empezó a escribir. Cuarenta y cinco minutos después, había terminado el guión. Era un poema en prosa, más que una aventura de Spidey propiamente dicha. Lo envió a Marvel y allí lloraron. Pasó a John Romita Jr., y también lloró. Dibujarlo le llevó un total de seis semanas, mucho más de lo que era habitual en un artista tan rápido como él, debido a la enorme cantidad de detalles de referencia que tuvo que usar, desde fotos de la Zona Cero hasta los uniformes de policías o bomberos, pero sobre todo a causa de la intensidad emocional. Telefoneaba a sus padres no menos de cinco o seis veces cada día, todos los días. Mientras dibujaba, era incapaz de apagar la televisión, con los informativos dando constantes noticias sobre la tragedia, que hundían su ánimo, mientras le ayudaban a meterse dentro de la historia. Se abstrajo de tal manera que, tiempo después, no tenía recuerdos de esos días febriles, en los que ni él ni su mujer dejaban de llorar. Veía páginas que formaban parte del cómic, y no era capaz de recordar haberlas dibujado. Aquellas semanas, quedaron en una nebulosa.

 

Cuando The Amazing Spider-Man vol. 2, #36 USA se publicó, con una portada completamente negra, produjo un elevado impacto en la prensa generalista. Pese a la excelente acogida, la ultraderecha estadounidense se indignó, porque el cómic la equiparaba con los Ayatolás, y pedía comprensión para las minorías musulmanas. Una parte del fandom también montó en cólera, porque en una página aparecían varios villanos en la Zona Cero, y al Doctor Muerte se le saltaban las lágrimas, cuando en el Universo Marvel era lo más parecido que existía a Bin Laden. Straczynski se escudó en el valor metafórico de su trabajo, y no le dio mayor importancia, mientras que Romita Jr. confesó que fue él quien puso el llanto en los ojos de Muerte, sin que así lo indicara el guión. La presencia de Muerte no era real, sino una representación simbólica: “Añadí las lágrimas porque no era el Doctor Muerte per se quien estaba llorando”, explicaba. “Para mí, aquello era la prueba de que el suceso había provocado que todo el mundo llorara, incluso el Doctor Muerte”. Más allá de polémicas estériles, JMS, que donó sus ganancias al Fondo de Emergencia de Bomberos de Nueva York, sentía que aquel puñado de páginas habían hecho más por la gente que nada que hubiera escrito antes o después. Los bomberos se acercaban a él para darle las gracias, los profesores le decían que usaban el cómic en clase para explicar los atentados y llegó a escuchar que había pastores que lo mencionaban en sus sermones. De entre los muchos proyectos surgidos alrededor de la tragedia, aquel pequeño cómic fue el más recordado de todos, y el primero que dejó a los superhéroes en un segundo plano para señalar a la gente común como los verdaderos héroes de aquel día.

 

Este segundo volumen de Marvel Saga. El Asombroso Spiderman se abre, precisamente, con ese memorable episodio, extraído del punto en que se ubicó originalmente en la edición americana para así mantener intacta la cronología del personaje. A continuación, se abre el siguiente arco argumental de la etapa Straczynski-Romita Jr., con la que el guionista continuaba los presupuestos planteados hasta entonces. El primero de los episodios se rendía a una propuesta trasversal de Marvel, por la que todos los cómics publicados por la editorial en un mes concreto carecerían de diálogos. En realidad, el de Amazing se retrasó un tiempo con respecto al resto, lo que evidenciaba la flexibilidad que el guionista había logrado alcanzar. Fue el del regreso de Mary Jane a la franquicia. Establecido el nuevo trabajo de Peter, su nueva relación con Tía May basada en la sinceridad y el propósito de renovar villanos y secundarios, JMS quiso acometer el regreso paulatino de la que todavía era la esposa del protagonista, sin tener todavía claro cuál sería su papel a partir de ahí.

 

En los propósitos del guionista estaba mantener el Instituto Midtown como escenario de referencia, e incluso en estas páginas así lo refleja, con el centro escolar como punto de partida para la llegada de un nuevo villano. También estaba dispuesto a ampliar los parámetros del entorno arácnido, de forma que presentó al Teniente William Lamont, un policía en la tradición del Capitán Stacy o de la Capitana DeWolff, que serviría a Spidey como enlace con la policía. Sin embargo, todas esas intenciones se irían desdibujando con el paso del tiempo. Mientras tanto, Tía May se abría paso como un espectacular descubrimiento. En su papel de confidente y cómplice de su sobrino alcanzó el aplauso de los lectores como no se había visto en mucho tiempo. JMS también se permitió bromear con la relación que ella había mantenido en el pasado con el Doctor Octopus, pero parecía obvio que tocaba de oído en lo que a conocimiento profundo del pasado se refiere, algo que ya se había puesto de manifiesto en algunos detalles vistos durante “La conversación”, como que el guionista situara la muerte de Tío Ben fuera de la casa familiar, en lugar de en la cocina de la misma, o en otra escena, que colocaba la figura de Gwen Stacy en la época de Instituto de Peter. Pese a ello, Straczynski no se resistió a narrar su momento con Spidey resurgiendo de las ruinas del edificio que le habían tirado encima, una escena evidente homenaje a la clásica de The Amazing Spider-Man #33 (1966. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman nº 2). Aquí como entonces, el villano era Octopus, aunque en el ánimo del escritor de presentar nuevas amenazas, también recurría a la ocasión para ofrecer un aspirante a sustituto de Doc Ock, y todo ello en un ambiente hollywoodiense, que le permitía mofarse de algunos de los aspectos más risibles de una industria de la que por otra parte era partícipe habitual.

 

“Hasta que las estrellas se congelen” quedó como una deliciosa historia, con un humor encomiable, un tratamiento de personajes modélico, una vez se perdonaba que, al estilo Aaron Sorkin, J. Michael Straczynski hiciera a todos sus protagonistas más inteligentes e incisivos de lo que nunca habían sido. También quedó como el siguiente ladrillo en el proyecto que estaba construyendo. Era un proyecto que, de alguna u otra manera, pasaba a centrarse en las figuras de Peter, Tía May… y Mary Jane.

Artículo aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 2

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