LA PATRULLA-X – HIJOS DEL ÁTOMO: ANTES DE QUE TODO EMPEZARA

La capacidad de síntesis narrativa es una de las características fundamentales de la Edad de Plata de los Cómics, en la que vivió su nacimiento y auge el Universo Marvel. Basta repasar el origen de los principales personajes de la Casa de las Ideas para percibir que bastaban unas pocas páginas para establecer el escenario, caracterizar al protagonista y su entorno y relatar el suceso extraordinario que cambiaba su vida para siempre.

 

 

Por ejemplo, el debut de Spiderman consta de apenas once páginas, en la que se explicaba todo lo que era necesario saber sobre Peter Parker; Los 4 Fantásticos viajaron al espacio y fueron alterados por los rayos cósmicos en apenas trece planchas, las mismas que necesitaron, respectivamente, Iron Man y Thor para ser presentados en sociedad. Algunos privilegiados, como Hulk, Los Vengadores y La Patrulla-X gozaron de relatos un poco más largos, pero no demasiado: en torno a las veinte páginas. Se trataba de poner al corriente al lector de manera inmediata, y saltar cuanto antes a la aventura, porque así era la estructura habitual del cómic en aquellos años sesenta: historias cortas y autoconclusivas, que ocuparan la mitad de un cuadernillo, o a lo sumo la totalidad de sus páginas.

 

Hasta la consolidación del proyecto capitaneado por Stan Lee, éste no se atrevió a colocar la palabra “continuará” en ninguno de los cómics que escribía. Cuando lo hizo, sin embargo, el Universo Marvel alcanzó su máximo potencial y épica. La historia-río se convirtió en el modelo a seguir, hasta que, llegados a la actualidad, rara vez se encuentra una aventura que se extienda por menos de cuatro o cinco episodios.

 

El paso del tiempo, la acumulación de décadas en la trayectoria de los personajes, ha servido además para la proliferación de otro fenómeno, el del revisionismo: se actualizan los orígenes de los más destacados héroes, para así poner a los nuevos lectores al tanto de cómo empezó todo, y tal operación se hace con las herramientas del cómic moderno, con una narrativa descomprimida que entra en detalles pasados por alto en su momento o que simplemente no se llegaron jamás a plantear, ante la necesidad de comprimir toda la trama en un espacio reducido.

 

Y es así como llegamos a La Patrulla-X: Hijos del átomo, la obra que reconstruye el nacimiento del equipo de mutantes de Marvel. La mayoría del público se ha acercado a estos en su encarnación moderna, la surgida en 1975 con carácter internacional, ya que incluía miembros de multitud de nacionalidades, como el canadiense Lobezno, el alemán Rondador Nocturno o el ruso Coloso o. Sin embargo, los hombres-X habían nacido más de una década antes, en 1963, cuando Stan Lee y Jack Kirby concibieron a este quinteto de chavales, todos ellos estadounidenses, con habilidades especiales desarrolladas durante la adolescencia, que recibían las enseñanzas de un maestro en silla de ruedas llamado Charles Xavier. En aquellos comienzos, el número de mutantes era muy escaso, y en rara vez la aparición de nuevos especímenes del homo superior tenía lugar más allá de las fronteras del país. Los miembros de La Patrulla-X se podían contar con los dedos de una mano, y la inclusión de nuevos fichajes tardaría mucho en producirse. En definitiva, el contexto de aquellos cómics era reducido, podría decirse que doméstico, en comparación con su posterior desarrollo.

 

Un repaso detenido a The X-Men #1 (1963) permite constatar algunas circunstancias que llaman la atención al lector actual. En el comienzo de la historia, La Patrulla-X ya está formada, y todos sus integrantes masculinos habitan la mansión del Profesor Xavier. De hecho, Lee y Kirby recurrieron a una técnica narrativa bastante moderna, la de la “acción empezada”, ya que no desvelan cómo reclutó Charles Xavier a sus pupilos ni de dónde había salido aquel misterioso individuo en silla de ruedas. El motivo elegido para arrancar el cómic fue la llegada de la única fémina que formaría parte del equipo, Jean Grey, también conocida como Chica Maravillosa. Bastaban unas viñetas para hacer las presentaciones de cortesía y explicar la existencia del homo superior, dividido en dos facciones, la que lidera Xavier, a favor de la convivencia con los humanos convencionales, y la que lidera Magneto, decidido a subyugarlos. Todavía quedaba espacio en aquel primer cómic de La Patrulla-X para un primer enfrentamiento de los jóvenes alumnos de Xavier contra el Amo del Magnetismo, que perdía la partida.

 

Ya durante la misma década de los años sesenta, Roy Thomas, el sucesor de Stan Lee en los guiones de la serie, constató que faltaban muchos detalles por explicar, de ahí que, a partir de The X-Men #38 (1967) se incluyera un pequeño complemento a la historia principal, en el que se desgranaría la procedencia del Profesor Xavier, cómo se habían manifestado los poderes de sus futuros alumnos y la manera en la que éstos fueron reclutados para la causa. El resultado era un conjunto de relatos breves que, cronológicamente, precedían al debut del equipo, publicado siete años antes. “Los orígenes de La Patrulla-X”, como se llamó aquel serial, sin embargo, caerían al vacío del olvido, por dos motivos fundamentales: El primero: se publicaron en el momento en que la colección había entrado en decadencia y contaba con una escasísimas ventas. El segundo: el posterior relanzamiento de la serie, acompañado ya de un contundente éxito comercial, ponía su acento en temas por los que Thomas había pasado muy por encima o que ni siquiera contemplaba, como el racismo, la soledad adolescente o del papel de los medios de comunicación masivos como generadores de opinión pública. Por tanto, aunque los aficionados modernos hubieran tenido acceso a aquellos “orígenes”, probablemente no hubieran sido de su agrado.

 

Entre quienes desconocían el serial de “Los orígenes” se encontraba el guionista Joe Casey, un excelente autor que irrumpió en Marvel a mediados de los años noventa y que estaba destinado a grandes empresas. En los siguientes años, desarrollaría interesantes proyectos, tanto en La Casa de las Ideas como en DC Comics y en Wildstorm, aunque su mayor triunfo hay que buscarlo fuera del cómic, ya que figura entre los creadores de Ben Ten, uno de los mayores fenómenos de la animación del siglo XXI.

 

En 1999, Casey formaba parte de la nueva generación de escritores que acababa de irrumpir en escena, con una exquisita formación literaria, elevado dominio de la técnica narrativa y habilidad para actualizar conceptos añejos. Su labor en Cable, colección mutante que reinventó por completo con un tono evidentemente clasicista, le señaló como el hombre propicio para acometer una miniserie que reconstruiría, con la sensibilidad del presente, pero sin olvidar el pasado, cuanto había sucedido antes de la primera página de The X-Men #1. A la empresa se sumaría Steve Rude, dibujante de elegancia portentosa, en cuyo estilo resonaba con fuerza la influencia de Jack Kirby. Rude, sin embargo, no conseguiría completar el proyecto, motivo por el que Marvel contaría con dos dibujantes más, ambos con un talento equiparable: Paul Smith, que años atrás ya hubiera desarrollado una mítica etapa dentro de La Patrulla-X, y Esad Ribic, croata recién llegado entonces a la industria y que sabría mimetizar el trazo de sus colegas. En unos pocos años, acabaría posicionándose como una estrella absoluta del dibujo.

 

Este volumen ofrece los seis episodios de Hijos del átomo, además de completarse con el contenido más apropiado que pueda imaginarse: nada menos que The X-Men #1, allá donde empezó todo, pero también el punto final señalado por Casey, Rude, Smith y Ribic para completar su historia… Nada menos que los primeros pasos de aquellos chicos asustados que compondrían el más extraño grupo de superhéroes… ¡La Patrulla-X!

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. La Patrulla-X: Hijos del Átomo

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