LA LLEGADA DE LA IMPOSIBLE PATRULLA-X. DE LAS CENIZAS DEL PASADO

Entre los grandes conceptos creados por Stan Lee a comienzos de los años sesenta y que conforman las piezas angulares del Universo Marvel, pocos tuvieron en aquel entonces un menor impacto comercial que La Patrulla-X. Sin embargo, aquel cómic viviría, más de una década después de su nacimiento, una profunda transformación que le llevó, primero, a ganarse la categoría de título de culto, luego, a alzarse como la más poderosa franquicia de la industria, y finalmente a significarse como un fenómeno capaz de saltar a la televisión y al cine, hasta instalarse en un lugar de honor dentro de la cultura popular. Con el primer volumen de La Imposible Patrulla-X, arranca la recopilación de esa larga y fructífera etapa de oro, quizás la más importante y determinante que haya tenido jamás un cómic de superhéroes, pero cuyos inicios fueron tan modestos y fortuitos que hubiera sido imposible aventurar semejante futuro resplandeciente.

 

Concebida en 1963 por Stan Lee junto al dibujante Jack Kirby, el otro gran hombre de los albores de la Casa de las Ideas, La Patrulla-X ahondaba en una idea común en la ciencia-ficción de la época, la de los mutantes, seres cuyos genes se diferenciaban del de los meros humanos, una alteración debida fundamentalmente a los efectos de la Era Nuclear. El propio Lee, en este caso junto a Steve Ditko, ya había producido un año antes un relato corto protagonizado por el que podría calificarse como el primer homo superior de Marvel: Tad Carter, el hijo de un científico atómico con asombrosos poderes que le granjearían el desprecio de sus semejantes.

 

La idea del aislamiento adolescente, que el guionista ya había explorado en Spiderman, volvía con fuerza en estos mutantes. De hecho, ése era el título, Los Mutantes, que le hubiera gustado poner a la nueva serie que llegaría a las tiendas con fecha de septiembre de 1963, pero Martin Goodman, el dueño de la compañía, no lo tenía tan claro. En cambio, encontró más atractiva la segunda propuesta de Lee: The X-Men, los hombres-X que, en su traducción española, se convertirían en La Patrulla-X: Cinco jóvenes con poderes (Cíclope, El Ángel, La Bestia, El Hombre de Hielo y La Chica Maravillosa) que habían sido reunidos por Charles Xavier, un hombre confinado en una silla de ruedas, pero capaz de leer mentes y proyectar sus pensamientos.

 

Las habilidades de los mutantes no se debían a ningún suceso o accidente extraordinario, sino a una alteración en el ADN. Nacían con ellas, aunque no se manifestaban hasta alcanzar la pubertad, y era entonces cuando se convertían en una bendición para los suyos… o en la peor de las amenazas. Charles Xavier, el mentor de La Patrulla-X, se situaba en el primer grupo, mientras que Magneto, el que enseguida se alzó como su peor enemigo, en el segundo. La dialéctica de ambos personajes discurría en paralelo a la que se producía, en el mundo real, entre Martin Luther King y Malcom X alrededor de la discriminación racial. Stan Lee buscaba plantear una metáfora del racismo: Mientras Xavier apostaba por la convivencia con los humanos, Magneto proclamaba que el homo superior debía subyugarlos. La Patrulla-X había jurado proteger a una humanidad que les temía y odiaba. Protegerla de los prejuicios, pero también de aquellos mutantes que representaran una amenaza.

 

Quizás fuera porque el planteamiento no cuajara entre los lectores. Tal vez porque se diluía en las aventuras más o menos ligeras que vivían los cinco héroes protagonistas y su figura paterna. O puede que los autores que sustituyeron a Lee y Kirby no siempre consiguieran desarrollar las mejores historias posibles. En todo caso, las ventas de La Patrulla-X fueron perdiendo fuelle, para entrar en un lento declive comercial, hasta que en, The X-Men #66 USA (1970), se presentó la última de sus historias. A partir del siguiente episodio, la colección pasaría a acoger reediciones de aventuras publicadas anteriormente.

 

Pero, casi desde el momento de su entrada en letargo, Roy Thomas, que sustituiría a Stan Lee como Director Editorial de Marvel en 1972, se propuso que los mutantes volvieran a la carga. El que había sido escritor de aquella última etapa, y había demostrado lo lejos que La Patrulla-X podía llegar, en un puñado de electrizantes episodios realizados junto al excepcional artista Neal Adams, concibió un plan para insuflar nueva vida a la serie. Consistía en renovar la alineación del equipo, mediante miembros de diferentes nacionalidades, lo que quizás facilitaría la venta de la serie fuera de Estados Unidos. La propuesta fue lanzada en varias ocasiones, hasta que al fin entró a trámite en 1974, cuatro años después de que los hijos del átomo fueran puestos en suspenso y restringieran su papel al de meros invitados en otros títulos de Marvel.

 

La Casa de las Ideas de mediados de los setenta había crecido más allá de cualquier previsión optimista. Con una mayor capacidad financiera que la que contaba en sus inicios y la independencia que eso traía consigo, Marvel aumentó su producción en cantidad y en variedad de títulos. Se dio entonces impulso al proyecto de una “nueva” Patrulla-X. Los responsables de materializarla serían el guionista Mike Friedrich, uno de los profesionales de la casa, y el dibujante Dave Cockrum, quien había alcanzado gran popularidad por su labor en La Legión de Superhéroes de DC Comics, donde destacaba por sus imaginativos personajes, entre los que destacaban las integrantes femeninas del grupo, dotadas de un inmenso atractivo y elegancia.

 

 

Era una época de efervescencia dentro de Marvel, pero la cantidad de trabajo sobrepasaba a los medios materiales para hacerle frente. Después de la salida de Stan Lee, fueron varios los responsables editoriales que accedieron al cargo de manera sucesiva, tirando la toalla al cabo de un tiempo, por puro agotamiento. El cargo no sólo implicaba la supervisión de todas las colecciones, sino también ocuparse de los guiones de algunas de ellas. Tras dos años al mando, Roy Thomas renunció al puesto de cabeza visible de la editorial, que recayó en el también guionista Len Wein. Éste agregó el relanzamiento de La Patrulla-X a un paquete de proyectos en el que estaban incluidos otros grupos. Los mutantes no eran, por tanto, una prioridad esencial para la maquinaria de la Casa de las Ideas: simplemente una de las muchas novedades en la que trabajaban en aquel momento, un bosquejo que todavía debería pasar por modificaciones antes de fructificar, porque, antes de colocarse ante la máquina de escribir, Mike Friedrich decidió a su vez abandonar Marvel. Con la patata caliente en las manos, Wein asumió las tareas de guionista, al tiempo que asignaba al relanzamiento mutante un nuevo formato que estaba ensayando en aquel entonces con diversas series, el Giant-Size o, lo que es lo mismo, episodios trimestrales con un mayor número de páginas que un cómic convencional. Cockrum seguía como dibujante, e incluso llevaba meses preparando diseños.

 

 

El Giant-Size X-Men #1 USA estaría encabezado con una espectacular portada del maestro Gil Kane, en la que los nuevos integrantes del equipo rasgaban el papel. El toque que la convertiría en obra maestra vino de la mano de Cockrum, que completó la ilustración con una panorámica de la formación original, mirando con ojos asombrados a sus sustitutos. Tan sólo uno de aquélla, Cíclope, se colocaba al lado de los recién llegados, aunque en una posición secundaria. Su función sería la de enlace entre el pasado y el futuro, último vestigio de la inocente Patrulla-X original que, en todas las propuestas de recuperación del título, siempre surgía como elemento a mantener intacto. No en vano, había sido el líder natural del equipo hasta ese momento, y quizás el miembro más carismático. De cara a actualizar su imagen, Cockrum rediseñó su visor, lo que añadiría un mayor dramatismo al semblante. Cíclope tendría que lidiar con personajes de los que nadie había oído hablar hasta entonces, o que apenas sí habían aparecido en algún otro cómic.

 

¿De dónde habían salido? En gran medida, del cuaderno de dibujo de Dave Cockrum, con las convenientes matizaciones llevadas a cabo por Wein. Además, había viejos conocidos o recientes incorporaciones al Universo Marvel a la búsqueda de un hueco donde cobijarse. Mejor será seguir su orden de aparición en el cómic para señalar su procedencia. El primero de los nuevos integrantes de La Patrulla-X era también el preferido del dibujante, el germano Rondador Nocturno. Cockrum lo había inventado muchos años atrás, cuando estaba sirviendo en la Marina, destinado en Guam junto a su primera esposa. Una noche de tormenta, no encontraron mejor manera de matar el tiempo que crear personajes de cómic. Entre ellos, estaba Intruder, una mezcla entre Batman y Punisher que iba acompañado de un demonio que escalaba muros. Éste era la semilla de lo que luego se convertiría en Rondador Nocturno, aunque todavía habría de pasar por serias alteraciones. El concepto fue sido rechazado por el editor de La Legión de Superhéroes, que lo consideraba demasiado extraño, pero a Wein le resultó perfecto para el tipo de grupo heterodoxo que quería componer. Cockrum también aportaría los poderes de teleportación, el uniforme y el nombre real del simpático elfo, Kurt Wagner, resultado de fusionar el del canciller Kurt Waldheim con el del músico Richard Wagner. En cambio, se desecharía la idea de que Rondador fuera un auténtico demonio confinado en la Tierra después de fracasar en una de sus misiones, así como que se le caracterizara como “el gran hijo de perra” del equipo.

 

 

Tal calificativo recaería, en realidad, sobre Lobezno, el siguiente recluta de Xavier. Este violento agente del servicio secreto canadiense debutó meses antes, en una aventura también escrita por Wein en la que se enfrentaba contra Hulk. Su origen editorial puede que se remontase a los primeros intentos de Roy Thomas por relanzar La Patrulla-X. En las reuniones con Cockrum, éste le había enseñado a una pareja de hermanos vampiros, y uno de ellos respondía a la denominación de Wolverine (cuya traducción exacta al castellano sería la de carcayú, una pequeña y brutal criatura de los bosques canadienses). El guionista se olvidó por completo de aquello, pero meses después le sugirió a Len Wein que introdujera en Increíble Hulk a un personaje canadiense, que se llamara Wolverine, y que como dicho animal fuera de escaso tamaño pero muy feroz. Esa misma descripción llegó a manos de John Romita, el director artístico de Marvel, que realizó el diseño a partir de la foto de un auténtico Wolverine, con una máscara de aspecto felino, unas manchas atigradas y unas garras metálicas que surgían del dorso de la mano, después de descartar la opción de que formaran parte de los dedos. En aquel entonces, Wein no tenía demasiado claro los orígenes de Lobezno, aunque se le pasaba por la cabeza que, de hecho, fuera un animal evolucionado. El guionista lo veía además como un veinteañero desairado, probablemente un nacionalista quebequés. Tampoco llegó a contemplar jamás que las garras no fueran otra cosa que un artilugio que formaba parte de los guantes, o que el metal del que estaban hechas recubriera el esqueleto del portador o fuera adamántium. En aquel entonces, Lobezno no era más que un canadiense ágil, con sentidos agudizados, agresivo y malhablado. Cockrum, que no tenía demasiadas simpatías por él, cambió mínimamente la máscara que dibujara Romita, pero mantuvo intacto el resto.

 

El siguiente miembro de la nueva Patrulla-X fue Banshee, un viejo conocido del equipo original. De hecho, se habían enfrentado contra él, en The X-Men #28 USA (1967), aunque en aquel entonces se encontraba bajo el control mental de una malvada organización. El ingreso en el equipo del irlandés Sean Cassidy, sobre el papel el más veterano de los nuevos integrantes, se saldaba en apenas unas pocas viñetas, para dar espacio al único fichaje femenino: Tormenta, una voluptuosa africana capaz de controlar los elementos, que había alcanzado la consideración de diosa entre los habitantes de una tribu. Con Tormenta, de nuevo nos hallamos ante una idea de Cockrum, que en este caso fusionaba aspectos de varios personajes: Tifón, un tipo al que obedece el trueno y la lluvia; Quetzal, una joven con alas en los brazos, y la Gata Negra, una adolescente capaz de adoptar la forma de un gato. Los poderes del primero, el color de piel de la segunda y los ojos felinos de la última dieron como resultado a Tormenta.

 

 

Tras su presentación, quedarían una pocas viñetas más para la llegada de Fuego Solar, cuya entrada en escena hay que buscarla en uno de los últimos episodios de la etapa original de La Patrulla-X, cortesía de Roy Thomas y Don Heck, quienes pergeñaron al primer mutante japonés, hijo de una víctima de la bomba de Hiroshima. Enseguida saltamos de Japón a Rusia, donde espera Coloso, el héroe que ocupaba el mayor espacio de portada y al que se le auguraba una posición destacada dentro del equipo, similar a la que desempeña La Cosa en Los 4 Fantásticos o Thor en Los Vengadores. De nuevo, procede de las propuestas de Cockrum para La Legión de Superhéroes que nunca culminaron tal propósito. Coloso es una buena persona, vestida con colores primarios, cuyo nombre, Peter Rasputín, homenajeaba a dos iconos rusos, Pedro el grande y el consejero zarista Rasputín.

 

Ave de Trueno, el último en sumarse a la fiesta, también salió de los descartes del dibujante para la Legión. En este caso, un indio nativo con elevada fuerza y rapidez, al que Cockrum modificó ligeramente el traje previsto y por el que se decidieron después de rechazar la opción de incluir a Vampyre, un supervelocista de fuerte carácter que resultaba un tanto reiterativo ante la presencia de Lobezno y Ave de Trueno.

 

Establecidos los protagonistas, el argumento de aquel relato iniciático seguía una estructura más o menos tradicional, en cuanto a lo que cabía esperar de una historia de origen. Durante la primera parte, Charles Xavier reunía al nuevo grupo de mutantes para llevar a cabo una misión desesperada. En el nudo de la trama, se presentaba la amenaza a la que deberían hacer frente, mientras que en la parte final tenía lugar el enfrentamiento. Hacía falta un enemigo de altura, que hubiera derrotado fácilmente a la formación original y supusiera todo un reto para la improvisada formación convocada por Xavier. La previsión inicial de Len Wein consistía en recurrir a Sudamérica como escenario, y a un grupo de dioses aztecas como villanos, pero Cockrum, convencido de que tal opción resultaba horrible, ofreció la alternativa que acabaría triunfando. Lo cierto es que el dibujante concibió un peligro tan formidable que costaba imaginar la forma de vencerlo. La solución llegó de manos de Chris Claremont, el ayudante de Wein, un joven inglés de veinticinco años con muy buenas ideas y una especial sensibilidad literaria, en quien ya habían recaído algunos encargos literarios puntuales. El final de la aventura dejaría además abierta la incógnita sobre quién se quedaría y quién se marcharía de la ahora superpoblada Patrulla-X, duda pendiente de resolverse en el siguiente número de la recién inaugurada etapa.

 

A comienzos de 1975, el Giant-Size X-Men #1 saldría al mundo a la búsqueda de lectores. La propuesta se encuadraba junto a otros lanzamientos protagonizados por grupos de la más diversa índole, que estaba ofreciendo la Casa de las Ideas en aquel preciso momento, y sus resultados eran toda una incógnita, pero cualquiera hubiera aventurado un destino similar al que pudieran correr Los Campeones, Los Inhumanos, Los Invasores o Los Guardianes de la Galaxia. Fuera como fuera, lo cierto es que, después de cinco años sin publicarse una nueva aventura de La Patrulla-X, ésta se disponía a renacer, muy distinta a como nadie la había conocido.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X nº 1

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