LA HISTORIA DETRÁS DEL NACIMIENTO Y EL DESARROLLO DE SPIDER-GIRL: UN PEQUEÑO MILAGRO FEMENINO ARÁCNIDO

En 1998, Tom DeFalco, veterano escritor y guionista del trepamuros que vivió sus días de mayor gloria en los años ochenta, encontró la manera de seguir escribiendo historias de Spider-Man sin que tuviera que responder a nadie y continuando en el punto en el que había dejado de participar en la franquicia. Él y su amigo Ron Frenz estaban buscando una excusa para volver a trabajar juntos, después de que el artista hubiera estado un tiempo dibujando Superman, y la encontraron con el What If #105 (febrero de 1998), un cómic que viajaba quince años en el futuro para mostrar un universo alternativo en el que Bob Harras nunca había dado la orden de resucitar a Tía May y Peter había luchado una última vez con El Duende Verde, había perdido una pierna y había rescatado a su hija, a la que llamó May en recuerdo de su ahora definitivamente fallecida figura materna. Al cabo de tres lustros May Mayday Parker era una jovencita tan inteligente como su padre y tan extrovertida como su madre. De Peter había heredado también sus poderes arácnidos, y un buen día tomaba el traje del Tío Ben Reilly para convertirse en Spider-Girl y salvar la vida de su progenitor, amenazado por una nueva encarnación de El Duende Verde, que resultaba ser Normie, el hijo de Harry y nieto de Norman. Al final de la historia, Mayday quemaba el traje, tal y como había hecho su padre en la continuidad tradicional, y al igual que él, también volvería a actuar como superheroína al cabo de un tiempo.

 

 

“Quería hacer un What If que fuera diferente a la mayoría, que suelen acabar en muerte y destrucción, para probar que el Universo Marvel es el mejor de los posibles”, comenta Tom D. “Aspiraba a crear una historia que diera la esperanza de un futuro mejor”. Cuando el escritor se aproximó a Frenz con la idea, éste dudó de que el nombre fuera el más apropiado, e incluso preguntó si no estaba disponible el de Spider-Woman. Lo estaba, pero a juicio de DeFalco olía a muerte. “Confía en mí. Debe ser Spider-Girl”, aseguró. Frenz, como había ocurrido en los anteriores proyectos conjuntos, no sólo se encargaría de dibujar la aventura, sino que además participó de su desarrollo argumental. Fue él quien sugirió que adaptaran el traje arácnido de Ben Reilly a la anatomía femenina de Spider-Girl, porque estaba convencido que era perfecto para tal circunstancia. Juntos, abordaron el proyecto como si ninguna aventura de Spidey se hubiera publicado desde finales de los ochenta, y ahora la editorial estuviera relanzando el concepto a través de la siguiente generación. Tomaron la medida de que el cómic pareciera el piloto de una serie de televisión, aunque no barajaran que se presentara la posibilidad de continuarlo. Había una conexión emocional con los personajes, porque era como reencontrarse con Peter y Mary Jane al cabo de todo ese tiempo y descubrir que habían tenido una niña. “Originalmente, estaba basada en mi sobrina”, comenta el guionista. “Su padre, mi hermano, luchó en Vietnam y cuando ella quiso convertirse en policía, él estaba hecho un manojo de nervios. Decía: ‘Ella es una niña, ¿cómo puede pensar en arriesgar su vida?’ Y yo le contestaba: ‘Pero John, tú tenías dieciocho años cuando fuiste a Vietnam’. Me respondía que eso era diferente, que él sabía lo que estaba haciendo y ella no. Siempre me ha gustado ese conflicto entre padres con vida aventurera que temen que sus hijos sigan sus pasos. Cuando tuve que crear a Spider-Girl, pensé que por fin podría usar esas discusiones que mantenían ellos dos todo el tiempo”.

 

 

El debut de la hija de Spider-Man se agotó en pocas horas, lo que nadie se esperaba. En Marvel, felicitaron a DeFalco, porque muchos consideraban el cómic extraordinario, pero lo más sorprendente de todo fue que Bob Harras le llamó un buen día, y le dijo: “Escucha. La cosa esta de Spider-Girl… Entiendo que querrás hacer una serie, ¿verdad?”. Había visto los bocetos trazados por Frenz para establecer al personaje, y asumió que se trataba de una propuesta para un cómic mensual, pero a Tom D nada de eso se le había pasado por la cabeza, por más que la cantidad de material de background que llegaron a hacer estaba por encima de lo habitual. “Bien, he tenido esta idea”, respondió Harras. “Queremos hacer una bolsa con cómics que vendamos en grandes almacenes, pero gran parte del material que hacemos no es apropiado para eso, así que algunos autores clásicos nos harán algo para ese mercado. ¿Estarías interesado?”.

DeFalco dijo que sí. Marvel Comics 2 había nacido.

Para el guionista, y al contrario de lo que no demasiado tiempo atrás había supuesto la línea 2099, el futuro de Marvel no debía ser apocalíptico ni pesimista, sino un tiempo muy parecido al actual en el que los hijos de los antiguos superhéroes aceptaron la herencia de sus padres y siguieron adelante, sin coches que volaban ni tecnología imposible, porque las películas de 1983 no mostraban un mundo muy distinto al que existía en 1998. El MC2 enseñaba cómo habría evolucionado el propio Universo Marvel tal y como él lo entendía.

 

 

El lanzamiento simultáneo del primer número de Spider-Girl, A-Next y J2 (octubre de 1998) marcó el comienzo de todo. Estaba previsto que, al cabo de doce números, sustituirían las tres series por otras nuevas, salvo que alguna de ellas funcionara y mereciera una “segunda temporada”. Frenz se involucró, como director artístico no oficial, y tendría que haber dibujado Spider-Girl, mientras que Pat Olliffe se ocuparía de A-Next, pero en cuanto Frenz supo que en esa colección iba a estar el hijo de Thunderstrike, un personaje que había creado él mismo y que estaba deseando utilizar, pidió el cambio. Tras su paso por Untold Tales, Olliffe parecía la elección perfecta para la Chica Araña.

De cara al plan de Harras, Spider-Girl y A-Next se posicionaron enseguida como las destinadas a sobrevivir, pero la hija de Spider-Man ganó la partida. A-Next fue reemplazada por Fantastic Five y J2 por Wild Thing, pero entonces el acuerdo de distribución que se había apalabrado no pudo cerrarse, por lo que en Marvel prefirieron cancelar la línea al completo. Fantastic Five y Wild Thing cayeron tras apenas unos pocos números publicados, mientras que el Spider-Girl #17 se programó como el último.

Fue la primera vez que el título se vio al borde del abismo. La primera de muchas. En esta ocasión, alguien dentro de la editorial comprobó que las ventas estaban siendo buenas, lo que supuso una prórroga. Para las siguientes amenazas, los grupos de fans saltaron a la palestra, con intensas campañas de Internet que se saldaron en victoria. “Cada vez que Spider-Girl fue cancelada, yo no hice nada. Sólo asumí que se había acabado”, aseguraba Tom D. “Fueron los fans quienes, sin que yo les animara a hacerlo, hicieron oír su desaprobación”.

 

En el cómic propiamente dicho, DeFalco alternaba elementos conocidos con otros nuevos, aunque siempre con un aire nostálgico. De esta forma, May asistía al Instituto Midtown, como hiciera Peter, si bien ella resultaba popular entre sus compañeros y jugaba al baloncesto como una estrella. En el elenco de secundarios abundaban las caras conocidas, incluidos J. Jonah Jameson, Phil Urich, Flash Thompson y Felicia Hardy (estos dos emparejados y también con una hija) o el resto de los héroes del MC2. Los compañeros de instituto se dividieron entre los populares, que enlazaban con el lado más abierto de la protagonista, y los empollones, que apelaban a su corazón nerd. La serie siguió un esquema que evocaba los tiempos gloriosos de la Franquicia Arácnida, con gran parte de la atención descansando sobre la relación de Mayday con sus amigos del Midtown y con su familia, poniendo el acento sobre los conflictos que acarreaba su actividad superheroica. Tom D ya había cumplido los cincuenta cuando empezó a escribir las andanzas de la quinceañera. Sus adolescentes recordaban más a los de veinte años atrás que a los que poblaban los institutos en la primera década del siglo XXI, pero al menos sí consiguió dotarles de una enorme diversidad, e incluso se atrevió con temas polémicos, que no solían encontrarse en un cómic dirigido a todos los públicos.

Al igual que le ocurriera al trepamuros original, Spider-Girl sufría su condición de heroína novata; luchaba con un buen número de villanos peculiares que luego formaron su grupo de supercriminales, Los Seis Salvajes; perdía los poderes durante una pequeña temporada; peleaba una y otra vez con El Duende Verde, quien acababa por reformarse e incluso por caer enamorado de ella; se encontraba con los hijos de la primera Spider-Woman o de Ben Reilly, y se veía frente a su propio clon, April Parker. De hecho, las alusiones a “El retorno del clon” fueron en aumento conforme avanzaba la cabecera; inicialmente, bajo la orden de ignorar la existencia de Ben Reilly, eran escasas y veladas, pero al cabo de los años se hicieron más presentes, hasta que los autores llegaron a recuperar a Kaine o los Scrier.

DeFalco cerraba cada hipotético último número con una splash de despedida, pero luego se encontraba con un cambio de planes de última hora. Tras una sucesión de tentativas de cierre, el Spider-Girl #60 (julio de 2003), en el que acababa de nacer Benjamin Richard Parker, el segundo hijo de Peter y Mary Jane, debía ser el último con total seguridad. Olliffe incluso tenía ya un nuevo encargo y para los tres números finales se había requerido la vuelta de Frenz. A Tom D le aseguraron hasta en tres ocasiones que no habría vuelta atrás. En aquel entonces y desde hacía mucho tiempo, Spider-Girl era ya el único título que seguía escribiendo para Marvel. Una vez cerrase, su relación con la editorial habría acabado para siempre. Se acercó a las oficinas para despedirse de todo el mundo y, apenas dos semanas después, Andy Schmidt, el editor de Spider-Girl, le telefoneó para decirle que la cabecera se había ganado otra oportunidad más. “¿Puedes tener un argumento para el viernes?”, preguntó.

 

Era el 1 de abril de 2003 y el guionista entendió que se trataba de una broma del April Fool’s Day. “Oh, ¿sólo necesitas uno? Puedo hacer cuatro o cinco para el viernes”, respondió, siguiendo la supuesta broma. Y colgó. Schmidt, por entonces un recién llegado a Marvel, hablaba en serio. Insistió, pero DeFalco colgó un par de veces más, igual que colgó a todo el mundo que, a petición del editor, le vino con la misma cantinela. Finalmente, Tom Brevoort llamó. “Son las siete y media de la tarde, todavía estoy en la oficina y eres la última persona con la que quiero hablar”, le dijo. “La serie no está cancelada. Sé que es el 1 de abril. Voy a llamarte mañana y a recordarte esto. Pero de verdad que necesitamos ese argumento para el viernes. Créeme, te lo pagaremos”. Por fin convencido, a DeFalco sólo le quedó por decir una última cosa: “Si lo necesitas para el viernes, lo tendrás el viernes”. Acto seguido, habló con Frenz y le confesó que no tenía ni idea de qué clase de historia podía contar. Sólo se le ocurrió el título, “Marcada por la muerte”, de lo más apropiado dadas las circunstancias. Sería una historia de misterio en varios números, algo inusual para la serie, pero en aquel momento estaba claro que Mayday Parker tenía dos tipos de seguidores, los que no se perdían ningún episodio y los que leían sus aventuras a través de los tomos recopilatorios. La estructura en sagas beneficiaría a éstos. Tras el Spider-Girl #60, Frenz se quedó como dibujante fijo, con puntuales regresos de Olliffe y, un poco más adelante, con Sal Buscema a las tintas, lo que hizo de la colección el título más eminentemente clásico de Marvel, una especie extraña que no tenía con qué equipararse. Incluso nacieron productos derivados a su alrededor, como las miniseries Last Hero Standing (2005) y Last Planet Standing (2006), microeventos a cargo de DeFalco y Olliffe de los que participaban todos los héroes del MC2 y que llegaron a vender por encima de la propia Spider-Girl.

 

 

En todos los años en los que la hija de Spider-Man se mantuvo a salvo, Marvel no publicaba nada tan remotamente nostálgico y orgullosamente retro, plagado de alusiones a cómics con décadas de antigüedad que sólo podían pillar los más entregados fans, y a su vez imbuido de un espíritu para todos los públicos que sirvió a La Casa de las Ideas para reciclar el producto fuera de las librerías especializadas, mediante tomos en formato digest que alcanzaron cifras sorprendentes y permitieron el rescate, en el mismo formato, de otros títulos del MC2 originario. Paso a paso, Spider-Girl llegó a convertirse en la superheroína de Marvel con un mayor número de aventuras publicadas. Una vez que el éxito comercial dejó de acompañar, la editorial la sostuvo todavía con vida por el prestigio que eso suponía, pero la situación no pudo mantenerse eternamente.

La colección llegó al centenar de entregas publicadas (septiembre de 2006), para regresar, con una segunda serie, The Amazing Spider-Girl, un par de meses más tarde y durante treinta entregas más, la última con fecha de mayo de 2009. A continuación, DeFalco, Frenz y Buscema encontraron cobijo temporal para el personaje, como complemento de la revivida Web Of Spider-Man, pero sólo durante siete breves números. Todavía hubo un intento más, en forma de miniserie de cuatro entregas, Spectacular Spider-Girl (julio-octubre de 2010). Tras una breve existencia en cómic digital, dentro de la web de Marvel, la saga parecía destinada a terminar en Spider-Girl: The End (octubre de 2010), porque tras el lanzamiento de ese especial Marvel decidió utilizar el nombre con otro personaje, adscrito a la continuidad tradicional y cuya andadura no pasó de los ocho números, pero Mayday todavía tenía un futuro por delante.

 

Tom DeFalco terminaba cada aventura de Spider-Girl con la misma frase: “El fin… ¡Por ahora!”. En un principio, era una manera de enviar el mensaje a los lectores de que todos los episodios eran autoconclusivos, y por lo tanto podían empezar a leer por donde quisieran. Cuando la posibilidad de cierre quedó instalada en el ánimo del autor, pasó a ser una manera de cubrirse las espaldas. Pero cuando los fans contemplaron que Spider-Girl regresaba siempre, llegaron a interpretar ese “por ahora” como una promesa de que, pasara lo que pasara, habría una siguiente historia. Quizás Spider-Girl ya no cuente con una colección mensual, pero puede que esté destinada a regresar al Universo Arácnido cada cierto tiempo, al menos mientras viva su guionista, al que un día le pidieron que escribiera su propio epitafio: “Aquí yace Tom DeFalco, que trató de entretener a algunas personas. A veces lo consiguió. Gracias por estar ahí”.

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada.

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