JESSICA JONES: LA PALABRA QUE EMPIEZA POR J Y TODO LO DEMÁS

El cómic de superhéroes nació como un entretenimiento para niños, jóvenes y preadolescentes. En la época dorada del género, cuando se dejaban atrás los pantalones cortos, se abandonaba su lectura. Eso cambió cuando Stan Lee dio vida al Universo Marvel, con sus personajes imperfectos y plagados de humanidad, y se acentuó aún más a partir de mediados de los años ochenta, con la llegada de obras clave como La Patrulla-X de Chris Claremont, Watchmen o el Daredevil y el Dark Knight de Frank Miller. Al acabar la década, DC Comics se animó con su propio sello para lectores adultos, Vertigo, que ofreció desde entonces los títulos más interesantes de la Distinguida Competencia. Y en 2001, Marvel lanzó por fin un equivalente. Así fue como nació MAX.

 

 

“Sabes que lo quieres”. Decía una sobria publicidad aparecida en los cómics de la época, con un fondo de rojo intenso y el logotipo de MAX a tamaño gigante. La Casa de las Ideas atravesaba un momento delicado, lo que sirvió para agudizar el ingenio. El entonces presidente de La Casa de las Ideas, Bill Jemas, tenía como máxima la producción de cómics legibles, que escaparan a la intrincada continuidad de más de cuatro décadas de publicaciones, y de esas premisas nacieron estimulantes iniciativas. En la línea Ultimate, el contador fue puesto a cero, para que las historias de Spiderman, La Patrulla-X o Los Vengadores, ahora rebautizados Ultimates, pudieran contarse para las nuevas generaciones; autores de renombre, como Joe M. Straczynki y Grant Morrison, fueron atraídos a las cuadras de Marvel, mientras que el Director Editorial Joe Quesada rastreaba en terrenos indies a la caza de talentos frescos y sin el amaneramiento de años de contar exclusivamente las vivencias de tipos en mallas.

 

David Mack, un autor con el que Quesada había trabajado en Daredevil, le hizo llegar la obra que había firmado un amigo suyo. Era un voluminoso cómic en blanco y negro, sobre un asesino en serie que mataba niños. Se titulaba Torso y estaba escrito y dibujado por alguien de quien pocos habían oído hablar: Brian Michael Bendis. Éste había hecho otros libros de temática noir y orientación similar a la de Torso, todos ellos en la independiente Caliber Comics, y en un terreno más comercial acababa de lanzar Powers, una serie de detectives enmarcada en un cosmos superheroico, que publicaba Image y pronto se situaría entre las favoritas de la crítica. En Marvel quedaron hechizados con su habilidad narrativa, su naturalismo en la construcción de historias y su espontaneidad con los diálogos. Le asignaron la reinvención del Hombre Araña, en Ultimate Spider-Man, y fue uno de los mayores éxitos editoriales del momento. Realizó también varias historias cortas de Daredevil, antes de ser elegido como su guionista fijo.

 

En paralelo, Bendis planteó a Marvel su más arriesgada propuesta. Tenía por título Marvel Inc., o algo parecido que el autor no termina de recordar, y llevaría a los superhéroes al terreno de la serie negra en el que el guionista se movía con tanta facilidad. Estaba protagonizada por Jessica Drew, la que había sido Spiderwoman, que ahora estaba retirada del superheroismo pero no lo había dejado del todo. Se dedicaba a investigar casos relacionados con su antigua profesión, de manera que por allí estarían los grandes iconos de la editorial… desde una perspectiva inesperada. “Tengo este concepto, y es un poco como una película de calificación R”, dijo Bendis a Bill Jemas. “El tema es adulto. No me la puedo imaginar sin palabrotas. Y vosotros no publicáis cosas así”. El presidente de Marvel respondió con otra pregunta: “¿Y por qué no hacemos cosas así?”. Pero Bendis no sabía explicárselo. Le envió las once primeras páginas de aquel proyecto adulto, en lugar de la típica propuesta técnica. A las dos horas, Jemas le llamó y le dijo que tenía razón. En Marvel no estaban haciendo nada parecido. Pero empezarían a hacerlo. Iban a lanzar toda una línea destinada a lectores adultos y el título de lanzamiento sería ése.

 

MAX arrancó en otoño de 2001. La colección insignia era la que había propuesto Bendis, aunque ya no se titulaba Marvel Inc, sino Alias, y tampoco estaba protagonizada por Jessica Drew, sino por un nuevo personaje llamado Jessica Jones, imbricado en el pasado del Universo Marvel de una manera que los lectores irían descubriendo sobre la marcha. Por supuesto, la palabra que empieza por J estaba por todas partes. A mitad de primer número, Luke Cage mantenía sexo anal con Jessica después de que ella se lo hubiera pedido. Aunque la escena no fuera explícita, provocó que el dueño de la imprenta de la republicana Alabama, en que debía tirarse el tebeo, se negara a hacerlo, lo que obligó a irse a otro sitio. El incidente supuso para Marvel una impagable publicidad gratuita. Pero el sexo no era lo verdaderamente relevante en un cómic que invitaba a mirar al Universo Marvel como nunca antes se había visto y a una mujer derrotada por la vida que necesitaba encontrar su camino. “Es como Sam Spade”, dijo Bendis. “Bebe y se odia a sí misma”. Michael Gaydos, un viejo amigo del escritor de los tiempos del independentismo en Caliber, con el que incluso había coincidido en el Instituto de Arte de Cleveland, dibujaba las páginas interiores, que recordaban en estructura y diálogos a Powers, sólo que el encanto del dibujo de ésta había sido sustituido por un trazo adusto. Además, frente a los misterios detectivescos, Alias ponía el acento en el intimismo bañado en alcohol. David Mack se ocuparía de las portadas, con su estilo pictórico característico, así que en el fondo todo quedaba un poco en casa: era un cómic familiar bajo el paraguas de Marvel.

 

Stuart Moore, hombre de confianza de Quesada y editor de MAX, encargó proyectos como Fury, US War Machine, Night Nurse, Howard The Duck, Black Widow o Cage. Alias brillaría por encima de sus coetáneos, sería la única cabecera abierta que tendría MAX en su primera fase, devolvió su popularidad de antaño a Luke Cage y lanzaría al estrellato a Jessica Jones, que se alzó como uno de los más importantes personajes que surgieron en la primera década del siglo XXI. Su camino no había hecho más que comenzar…

 

Texto aparecido originalmente en Marvel Saga. Jessica Jones nº 1

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